Hattori Heiji estaría mintiendo si dijera que conocer a Kudou Shinichi no le había cambiado la vida, porque sí lo hizo, y mucho; el detective del Este le había mostrado asombrosas habilidades de deducción, que no pudo hacer más que aceptarlo como a un igual o quizá como alguien superior, y lejos de molestarle, aquello le incitaba de alguna manera, era como tener a quien admirar, a quien seguir.

Desde entonces, inconscientemente buscaba su cara a donde quiera que iba, no importaba dónde estuviera o con quién, el detective que supuestamente habitaba en el barrio de Beika lo tenía realmente prendado.

—¿¡Y ahora qué, Heiji!? —bufaba la voz de una chica que le seguía a todos lados— ¿Por qué querías venir a Beika? ¿Me estás escuchando? ¡Heiji!

—¿Quieres guardar silencio? —se molestó él al girar a mirarle con el seño fruncido.

La muchacha se enfadó y se detuvo en el camino, miró al moreno a los ojos y agitó levemente la cabeza algo molesta. No sabía qué demonios pasaba; ya iba para más del mes que Heiji estaba extraño, a veces le descubría pensando sabrá dios qué cosa y nunca quería decir qué era. Le molestaba sentir que Heiji le ocultara cosas.

—¡Eres un idiota, Heiji! —gritó sin aparente motivo y echó a correr calles arriba.

—¡Hey, Kazuha! —Hattori parpadeó sin entender del todo a la muchacha.

Él quería volver a hablar con Kudou Shinichi una vez más, y había ido a visitar a Ran Mouri preguntando por él, pero desde aquel caso, dónde ambos se conocieron, no había vuelto a aparecer, así que esa mañana había planeado regresar a Beika a ver si ahora sí tenía la suerte de dar con él. Le emocionaba la idea de encontrarlo, pero como siempre Kazuha se le había pegado y no encontró forma de deshacerse de ella. Ahora, ésta, molesta, había salido corriendo huyendo del desinterés de Heiji y cuando este la quiso buscar ya no la encontró

«¿Para qué demonios me acompañó si iba a hacer esto?» se decía en su mente, caminando por las calles adornadas por varias tiendas, restaurantes pequeños y algunas cafeterías. Miró el reloj en su muñeca izquierda: casi las nueve de la noche. Suspiró «De verdad no entiendo a las chicas, ¿Dónde se habrá metido?»

Se preguntaba mirando hacia todos lados y nada, pero, de pronto abrió grande los ojos cuando, dentro de lo que era una especie de cafetería o bar, no sabría definirlo, quizá era ambas cosas, se encontraba alguien muy similar a lo que lo había traído a la ciudad de Beika.

Se acercó más al cristal de la enorme ventana y desde afuera observó a un sujeto de traje gris azuloso y corbata negra.

—¡No es cierto! —se dijo a voz extrañada al buscar con la mirada la puerta e ingresar al lugar.

El aire fresco del ambiente le resultó realmente muy agradable. Un leve aroma dulce y placentero se expandía por todo el lugar. Heiji notó que en definitiva, era una pequeña cafetería-bar, de esas donde podrían vender postres, tanto como algunas comidas y bebidas como café y uno que otro cóctel con cierto grado de alcohol. Pero nada de eso le interesaba al detective del Oeste; su mirada solo estaba fija en el único sujeto que había visto desde el otro lado del cristal que componía la ventana. Observó su impecable figura desenvuelta al estar sentado a la barra mientras conversaba con el barista que en esos momentos preparaba un café. Kudou Shinichi, era él, sin duda alguna.

Shinichi ni cuenta se dio cuando Hattori Heiji se sentó a su lado con una sonrisa tonta.

—¿Y bien? —preguntó imprimiendo algo de burla en sus palabras—. ¿Qué hace el famoso Kudou Shinichi tan solo en este lugar?

El aludido, algo confundido, llevó su mirada a donde provino el sonido de la pregunta, y parpadeó extrañado al encontrarse con aquella brillante mirada esmeralda acompañada de una sonrisa socarrona, lo cual descolocó un poco al Detective de ojos azules.

—¿Hattori?

Heiji sonrió complacido de que ese muchacho lo recordara.

—Qué gusto verte de nuevo, y que me recuerdes, Kudou.

Shinichi entrecerró los ojos y suspiró, él poseía una memoria fotográfica perfecta, obvio que no olvidaría al loco detective que se había atrevido a retarlo en lo que mejor se le daba.

Pero sinceramente no tenía muchas ganas de hablar con él, no después de haber tenido una pelea con Ran; es que de verdad no entendía a las chicas: Ran se preocupaba cuando él no estaba cerca y cuando lo estaba, todo lo que hacía era llorar y reclamarle sobre porqué desaparecía. Bufó por lo bajo y tomó su café de la barra tomando un sorbo, mas entonces se la pensó un poco y mirando al barista pidió algo que le apetecía mucho más en esos momentos, estaba estresado y la presencia del detective del oeste solo le hizo sentir una leve punzada de estrés en la cien. Pidió al barista el cóctel más fuerte que tuviera y este hizo cara de 'Yo preparo café, no cocteles' pero bueno, suspiró y comenzó a servirlo.

Heiji arqueó una ceja cuando el ojiazul le miraba fijo sin decir nada.

—¿Mal día? —preguntó un tanto condescendiente.

Shinichi, quien no había encontrado ninguna gota de falsedad en su pregunta, asintió al mascullar algo molesto.

—¿Te has preguntado alguna vez que le pasa a las chicas por la cabeza?

Hattori rio por la pregunta y, recordando a Kazuha, soltó un suspiro frustrado al profesar:

—Más de lo que te imaginas, ¡Son demasiado complicadas!

Justo en ese momento, el barista colocó en la barra la bebida solicitada, y Shinichi la tomó mirando aún a Hattori mientras recordaba a Ran quien no había parado de gritarle durante la tarde.

Había tenido la suerte de encontrar algo más que causara el mismo efecto que aquel alcohol chino llamado Baigar, que le había dado a beber el mismo sujeto que ahora tenía a su lado. Era cierto que había tenido que beber un poco de muchos de los vinos que había comprado el tío Kogoro, y que le habían desagradado pero al menos lo había logrado, sabía que el efecto no duraría mucho y Ran, en vez de pasar el día con él, se había dedicado a gritarle. Así que simplemente había huido y aprovechando su pequeña fase adulta, la utilizó para hacer algunas cosas que no podría siendo Edogawa Conan.

Y así había sido como había terminado en ese lugar.

Kudou tomó un sorbo a su bebida y se relajó un poco. Bueno, ahora tenía a alguien con quien conversar un rato, alguien que entendería de qué estaba hablando.

No pasó mucho tiempo antes de que Shinichi se relajara por completo y empezara a disfrutar de la compañía de Hattori, el cual había pedido un café mientras no paraba de hablar sobre todos los emocionantes casos criminales en los que había participado y había terminado resolviendo.

Shinichi compartía los suyos, y mientras sonreía, para Hattori no pasó desapercibido el cómo los ojos de ese muchacho brillaban a cada palabra, podía captar con mucha facilidad que el trabajo de detective era algo que de verdad apasionaba a Kudou. Pronto descubrió lo mucho que tenían en común y la velada se volvió tan amena y agradable que la confianza se dio tan envolventemente y las risas no se hicieron esperar.

Shinichi no había parado de beber y Hattori de observarlo tan atentamente, mientras las mejillas del contrario adquirían un tono rosado y sus ojos se volvían vidriosos a causa del alcohol. Pronto, una palabra de Heiji causó una carcajada en él, mas, al instante hizo un gesto extraño que Heiji se le acercó mucho.

—Hey —le llamó mientras tomaba la copa de Shinichi y la examinaba— ¿No crees que has bebido demasiado? ¿Esto tiene alcohol?

Shinichi se sentía mareado y se llevó la palma de la mano a la cara mientras soltaba una risita disimulada.

—Solo un poco.

—¿Un poco? —Heiji puso cara de pocos amigos— Kudou, está cosa es fuerte.

Shinichi, movido por el alcohol, soltó una risa más fuerte mientras le miraba de fijo al morderse el labio inferior, con lo que Hattori sintió escalofríos por toda la espalda, desvió un poco la mirada de aquella que le había parecido tan sugerente y atractiva. Dios, no podía negarse que encontraba algo encantador al detective frente a él, agitó la cabeza ante el pensamiento, pero mierda, Kudou Shinichi se le antojaba bastante sexy.

—¡Kudou! —se alarmó al ver como el detective del este se tambaleaba un poco sobre el asiento que ocupaba cual si fuese a caer de él—. ¿Estás bien?

Shinichi había sido sujetado en ese momento por los brazos de Hattori y soltó a reír levemente. Admitía que beber seis cocteles no había sido buena idea si consideraba que no eran dulces ni de frutas, estos contenían altas concentraciones de alcohol y le habían afectado.

Hattori pagó por las bebidas y levantándose del asiento, caminó donde el otro detective y tomando su brazo derecho, se lo pasó por los hombros y le ayudó a salir del lugar.

—Puedo yo solo —balbuceaba el ojiazul hablándole al oído mientras parecía olfatear su cuello causando que Heiji se espantara un poco.

—¡No, no puedes! —reclamaba el moreno viéndole a la cara.

Hattori Heiji no pudo evitar soltar un suspiro, maldita fuera la vida, Kudou Shinichi era hermoso, aún en ese lamentable estado donde cualquier otra persona luciría ridícula o fatal, Shinichi no hacía más que resplandecer; sus ojos brillaban como zafiros bajo la luz de la luna que los recibió al salir del lugar. Mientras caminaban por las calles, Hattori comenzó a cuestionarse mentalmente si existiría algún momento en el que la belleza se peleara con Kudou y lo abandonara e intentó no reírse al deducir que ésta misma parecía tan enamorada de Shinichi que lo acompañaba a dónde quiera que este fuera.

—Eres un buen tipo, Hattori —escuchó el ojiverde que el otro balbuceaba y soltó a reír.

—Viniendo de ti supongo que debo tomarlo como un cumplido.

El viento sopló un poco y recorrió las calles iluminadas por las farolas y la luz de la luna. Ambos chicos se recargaron en una pared cercana cuando el fresco del ambiente los envolvió y la ausencia de personas les extrañó a ambos.

—¡Las diez con cuarenta minutos! —se alarmó Heiji al ver su reloj— Kazuha va a matarme.

Shinichi rio y ambos se miraron a la cara.

—Así que vienes con la novia.

—¡No es mi novia! —reclamó Hattori sintiendo como Shinichi se le pegaba al hombro— Hey, Kudou.. ¿Estás bien?

—Solo estoy un poco mareado.. —murmuró muy cerca de su cuello—. Creo que es mal momento para descubrir que tengo poca resistencia al alcohol.

—Te dije que no debías beber tanto —Hattori se estremeció sintiendo los labios del contrario en su piel.

—Lo sé.. —contestó en un suspiro y Heiji sintió su aliento en su cuello.

—Kudou..

El de ojos zafiro levantó la mirada y acorraló al ojiverde contra la pared mirándole de fijo; Heiji tragó saliva intentando hablar, pero no pudo al ver esos ojos brillantes y a esos labios tan tentadores. Agitó un poco la cabeza ante tales pensamientos tontos, «Kudou solo está afectado por el alcohol, solo eso» se dijo para sus adentros y entonces, notó como éste ocultaba la cara en su pecho.

—Es extraño —susurró Shinichi contra su cuello y Hattori quiso alejarlo— Pero hueles mejor que cualquier pay de limón.

Hattori le miró desconcertado y el detective del Este levantó la mirada y sonrió al segundo de acercársele lentamente. Heiji no se movió, estaba temblando, sentía las manos frías y fue para peor cuando aquella boca atrapó a la suya de un instante para otro.

De verdad estaba impactado. ¡Kudou lo estaba besando! Cerró los ojos mientras el corazón le latía fuertemente en el pecho, sintiendo cómo Shinichi acariciaba sus labios con su lengua provocando que los separara abriendo la boca y el beso se profundizó, y entonces intentó alejarlo, cosa que de ninguna manera consiguió, el detective de Beika le besaba tan hambrientamente que no pudo más que exhalar un gemido que murió sofocado en aquellos tan ardientes labios, que de tanta intensidad se mareó y acabó rendido al sentir como su propia lengua se encontraba con la de Shinichi en un toque travieso y provocador, que sujetarse a él fue tan imperioso cómo nada en el mundo.

—Sabes mejor que mi postre favorito.. —sonrió Shinichi al susurrar y separarse de él.

Heiji tiritaba, mirando como el otro se lamía los labios con la lengua tan sugestivamente que tembló de pies a cabeza.

¿Qué diablos acababa de pasar?

¿Se había besado con Kudou?

¿¡Qué demonios!?

Notó que Shinichi rio ante su expresión y, entonces, Heiji se apresuró a sujetarle, ya que parecía que se había mareado y caería.

—Estás ebrio, Kudou

—No estoy tan mal.. —le susurró sonriendo acariciándole un hombro con lo que el ojiverde no pudo evitar estremecerse.

Y sujetando esa mano para sacársela de encima, Heiji se sintió vibrar con solo tocarlo y fue peor cuando el mismo Shinichi giraba su mano de manera que ambas se entrelazaron, y Kudou rio encantadoramente dejando embrujado a Hattori, quien solo contuvo el aliento mientras su ser se contraía, cosa que se detuvo cuando Shinichi soltaba su mano y se llevaba la suya propia al pecho en un gesto de sorpresa, tanto como de dolor.

—¡Ah! —se quejó dándose media vuelta.

—¡Kudou!

Shinichi sabía que se le había acabado el tiempo, estaba mareado, el viento soplaba revolviendo sus cabellos mientras pensamientos de que debía buscar un lugar donde estuviera solo, asaltaban su mente.

—Estoy bien —soltó mirando a Hattori quien parecía desconcertado.

—¡Así que aquí estabas, Heiji! —gritó una voz femenina.

Heiji volteó a mirar a quien le llamaba y, Shinichi aprovechó para echar a correr silenciosamente lejos de Hattori y de cualquiera que hubiera llegado.

—Kazuha —se extrañó de ver a la muchacha acercándosele —. Kazuha, ¿Dónde rayos te habías metido?

—¡Eso debería preguntarlo yo! —farfulló ella— ¿Qué has estado haciendo?

Hattori parpadeó sintiendo que el corazón se le aceleraba al recordar lo que segundos antes había estado haciendo, y entonces giró a mirar a su acompañante, pero..

—¿Kudou? —no lo encontró, giró a mirar a todos lados y entonces lo divisó correr dando vuelta en la esquina— ¡Kudou, espera!

Quiso alcanzarlo, de verdad lo intentó, no lo consiguió. Shinichi Kudou había huido y el detective del Oeste estaba escéptico de cómo demonios se le pudo haber escapado en el estado casi etílico en el que se hallaba.

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By: Yahir Abisai