Una mañana cálida en Hillwood, en la tienda de Bippers:

—Helga, despierta... tu abuela te manda esto por tu cumpleaños.

Helga, va abriendo de apoco los párpados dejando ver su color azul cielo, luego los frota suavemente.

—Gracias, Miriam... porque se que te costó trabajo traerlo hasta aquí.

—Estaré en la cocina, preparando el desayuno para tu padre—contesta y se retira la mujer rubia.

Helga, convertida en una jovencita de doce años recién cumplidos. luce: sus coletas a los lados, más bajas, su uniceja, ya no el moño, ni vestido rosa; ahora, una camiseta rosa de mangas largas, pantalón jeans azul y tenis negros con morado. En cuanto a físico, se asemeja por herencia al de su hermana mayor y madre, pero en crecimiento, más que ella hace deportes y ello ayuda a una mejor figura.

Querida, Helga, ¿cómo estás?, espero que bien. ¡Feliz cumpleaños, querida nieta!, te mando esté obsequio, que era como un tesoro para tu abuelo, lo disfrutó tanto mientras pudo, espero que lo disfrutes tanto como él. No quiero quitarte tiempo, espero que te la pases muy feliz en tú día. No olvides, que te quiere, tu abuela.

Espero y vengas a verme, muy pronto.

Helga, sonríe complacida de leer, vuelve a guardar la carta en el sobre y la deja mientras tanto bajo la almohadá.

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En la secundaria de Hillwood

Una vez cerca del aula de historia:

—¡Auch!—esclama Phoebe con dolor.

—¡Lo siento, cuatro ojos!—rie y burla.

—¿Deberías de fijarte, Wolfgang?—reclamo Helga

Wolfgang, la queda viendo como un tonto baboso.

—Ah, pero si es la pequeña uniceja, ahora no tan pequeña

Wolfgang, de trece años, repitió el año, por inasistencia y otras razones.

—No me digas que querías fugarte de la escuela, Wolfgang, ¿acaso quieres repetir año otra vez?

—¡Mejor cierra, tú linda boca, Helga—dice molesto—sino es que quieres que te la cierre de un puñetazo!—ameneza

Helga, lo reta con la mirada y mucha audacia:

—Tú no me haras callar, Wolfgang.

Él gran chico iba a replicar, pero:

—¡No quiero peleas tan temprano, hoy!—dijo llegando muy estricto, él profesor de historia.

—Wolfgang, ¡entra a clases!, ¿sino quieres repetir otro año?—le habla firme, él hombre.

Así que, al grandote rubio con cara de malandrin, no le queda de otra que hacer caso.

Phoebe, sugiere lo mismo a Helga:

—Entremos a clases, Helga.

—Si, será mejor que entremos—responde Helga.

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Más tarde a la salida de la escuela secundaria. Phoebe y Helga se separan, una para ir a estudiar a la biblioteca y la otra, se fue directo para la tienda de bippers.

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Helga en el techo de la tienda y sentada sobre un cajón, apoyando su lap top en una parte del mismo también, sostiene la guitarra acústica, que le regalo su abuela materna, la cual llegó está mañana muy temprano...

...trata de poner en práctica cada una de las lecciónes del tutorial de guitarra, que buscó en YouTube.

Media hora después:

—¡Vaya, que aprendo rápido!—exclama Helga toda orgullosa, de haber hecho sonar una melodía, la misma del vídeo.

Rin, Rin, interrumpe sus lecciones su celular.

—¿Diga?—esclama Helga atendiendo y colocando el celular sobre la oreja.

—Helga, ya terminé de estudiar, ¿salimos por ahí?

—Phoebe, no quiero ser mala contigo, pero, ¡estoy ocupada!

—¡Vamos, Helga, no puedes quedarte encerrada, menos en tú cumpleaños!—le dice su amiga del otro lado de la línea.

—No, sí, puedo.

—Bueno, sí, pero no debes, debes de tratar de relajarte y pásala bien, como cualquier joven de nuestra edad.

—¿Quién dice que no hago lo primero y, lo último?, sí, ¡sé divertirme, Phibs!, pero en estos momentos, estoy haciendo otra cosa.

—¿Y qué?, ¿se puede saber?

—Asunto mío, Phibs, ya sabes como soy, para que preguntas.

—Esta bien, Helga. ¡Pero pido permiso a mis padres y voy enseguida por tí!—emocionada Phoebe, por pasar el día especial de su mejor amiga con ella.

—¡No, Phoebe, enserio, no quiero salir... —el tono de que la asiática, colgó—...hoy!—termina Helga de decir, pero ya fue tarde.

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Media hora después:

—¿Lista, Helga?—dice con alegría Phoebe, en la entrada de la tienda de bippers, una vez que Helga salió a reunirse con ella.

Helga, la queda viendo extrañada:

—¿Lista para qué?

—Para pasarla gratificante hoy, Helga. Iremos al cine, haber la película que deses, luego vamos a comer salchichas a mixtas y a tomar malteadas a Slausen y... finalmente vamos a ver un partido de béisbol, ¿Helga que dices?

—Bueno, vamos, no quiero romper tu frágil corazón.

—Bien, vamos.

Después de unos breves segundos de que Helga ve a Phoebe con mucho afecto y agradecimiento:

—¡Gracias, Phoebe!—agradece de corazón Helga.

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De ahí, Helga y Phoebe se fueron al cine, vieron una película elegida por Helga mientras comían palomitas de maíz y al terminar la película, fueron a comer salchichas a mixtas; pasaron a Slausen, por malteadas, una extra grande para Helga, y por último, fueron a ver un partido de béisbol en vivo.

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Horas Después:

Las amigas ya habían llegado a casa de los padres de Phoebe. Suben los escalones de la entrada, Phoebe abre la puerta con su llave y pasa a su casa, luego da espacio a Helga para que entre...

...ambas en el interior de la casa, aun en el recibidor:

...las luces de la casa que estaban apagadas de repente:

—¡Sorpresa!—gritan alegres los padres de Phoebe y hacen sonar unas cornetas de cumpleaños.

Luego se detienen para acercarse a las chicas y como si fueran los padres de Helga, la abrazan cada uno con mucho cariño, dan un beso en la mejilla y felicitan:

—¡Felicidades, cariño!—felicita la madre de Phoebe, mientras la abraza—, que cumplas muchos años más, hermosa—añade, la mujer pelirroja.

—¡Feliz cumpleaños, Helga!, te queremos mucho y siempre serás bienvenida aquí—felicita también él papá de Phoebe, en su turno de abrazar.

—Gracias, gracias—responde Helga algo tímida.

—Ven, hija—le dice la mujer llevándola hasta el comedor de la casa.

Helga, se deja llevar, Phoebe y su papá van también detrás de ellas.

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En el comedor, encima y centro de la mesa, hay un pastel de chocolate, con doce velitas encendidas de la mecha: la

...la pelinegra junto a sus padres, comienzan a cantarle el feliz cumpleaños a Helga:

Happy Birthday to You

Happy Birthday to You

Happy Birthday Dear, Helga

Happy Birthday to You.

Feliz cumpleaños a ti

Feliz cumpleaños a ti

Feliz cumpleaños querida, Helga

Feliz cumpleaños a ti.

From good friends and true,

From old friends and new,

May good luck go with you,

And happiness too.

De parte de los buenos y verdaderos amigos

De parte de los viejos y nuevos amigos,

Que la suerte siempre te acompañe

y la felicidad también.

¡Viva, viva, viva...!—exclaman los tres muy felices al unisono.

Helga, sonríe ya muy conmovida y agradecida por todo lo que hacen por ella, las únicas personas que le tienen afecto real:

—¡Gracias, de verdad, muchas gracias!—sigue agradeciendo la rubia.

—¡Bien, Helga, pide un deseo y apaga las velitas!—apura Phoebe con entusiasmo.

—Claro—dice Helga.

Ojalá, Arnoldo estuviese conmigo, en éste día, ¡te extraño, mí cabeza de balón, me haces mucha falta, amor!

Con los ojos cerrados, pensó Helga.

Helga, abre poco a poco los párpados, se inclina sobre la mesa, para apagar las velitas sobre el pastel:

Rin, Rin, su celular

Helga, trata de evitar atender, porque piensa que es su padre para saber donde ésta a está hora.

Rin, Rin, Rin, Rin, nuevamente de manera repetida

Helga, pone los ojos en blanco:

—¿Helga por qué no atiendes?, podría ser importante—cuestiona y sugiere la madre de su amiga.

Helga, se incorpora a una postura más derecha y con prisa, saca del bolsillo delantero de su pantalón, el celular, atiende colocando lo sobre la oreja:

—¿Diga?

Del otro lado de la línea se escucha:

Happy Birthday to You

Happy Birthday to You

Happy Birthday Dear, Helga

Happy Birthday to You.

Feliz cumpleaños a ti

Feliz cumpleaños a ti

Feliz cumpleaños mí querida, Helga

Feliz cumpleaños a ti.

De parte de tú Romeo,

Que la suerte siempre te acompañe,

y la felicidad también!

Sí, antes Helga, sentía unas inmensas ganas de llorar, con esto, fue la última gota que derramó el vaso...

...se limpia, disimuladamente una lágrima que se le escapó:

—¡Arnoldo!, ¿e... eres tú, cabezón?—no creyendo Helga.

—Por supuesto que soy yo, angel, pensaste que me olvidaría de tú cumpleaños, ¿verdad?, ¡que los cumplas muy feliz, amor!

—Yy..yo...

—Te amo, Helga, no lo olvides. Y sí no te llamé antes, es porque es muy difícil tener señal, en medio de la selva, en donde estuve con mis padres casi todo el día, viaje con Eduardo, al pueblo y aquí estoy, llamando té, te amo y... te extraño...—lo último lo dice con la voz entre cortada.

Helga, cierra los ojos con fuerza y aprieta aún más los labios, como para no llorar allí mismo, frente a su mejor amiga y los padres de está; la rubia, se medio voltea, dándoles la espalda:

—Yo... también te amo y... te extraño, cabezón, no sabes cuánto—confiesa Helga, por lo bajo para que no la escuchen los otros.

Arnold, sonríe complacido del otro lado de la línea:

—¿Nos volveremos a comunicar, pronto?—custiona Helga.

—Muy pronto, pero no te preocupes, sí me tardo.

—Nos estamos comunicando, Arnoldo.

—Nos estamos, Angel.

Helga, cuelga su celular después de despedirse de su novio, lo vuelve guardar en el bolsillo delantero de su pantalón y:

—Ya estoy, para apagar las velitas—comunica, la rubia.

—Asombroso, vamos, Helga, que quiero comer pastel—responde él padre de su amiga.

Helga, vuelve a inclinarse sobre la mesa y, esta vez, si apaga las velitas, sobre el pastel de chocolate, con un gran soplido...

...la rubia, luego, sonríe encantada a Phoebe y a sus padres y, éstos a ella.