Jim se encontraba en La Forja del héroe, entrenando. Una máquina le lanzaba fuego desde los lados, el Cazatroles salió rodando del fuego con facilidad, para luego usar su espada para bloquear objetos afilados que le eran arrojados desde distintas direcciones.

- Siempre ten miedo. - Hablaba Blinky, desde el medio de la forja. - El miedo aumenta tus sentidos, el miedo te mantiene vivo.

Cuando Jim bloqueó la última cuchilla, se sintió muy confiado, creyendo que ya había terminado, se apoyó sobre su espada, con una mirada de confianza, y luego cayó al suelo cuando una bola plateada lo golpeó por la espalda.

- La arrogancia hará que lo maten. - Blinky levantó a Jim del suelo y lo colocó sobre sus pies.

- Si. - Gimió Jim. - Tendré que recordar eso.

- Draal, sin embargo, no le teme. Esa será su debilidad, pero no la suya. Su armadura estará repleta de miedo. Esa será su fortaleza.

Jim levantó su espada y volvió a entrenar. El Cazatroles fue cortando cada figura de piedra que se le atravesaba en su camino. Una figura metálica apareció por sorpresa, arrojándole lanzas de metal afiladas desde sus agujeros, las cuales Jim detuvo fácilmente.

- Sabes, creo que tener miedo es la única regla en la que yo... ¡Oh! - Jim se agachó, esquivando más lanzas de metal que pasaron sobre su cabeza. - Me destaco. - Se paró con una sonrisa tímida.

- No, Maese Jim. - Exclamó Blinky. - Debe sobresalir en las tres. Si los troles alguna vez van a abrazarlo como el Cazatroles, debe ignorar sus instintos humanos.

Jim escuchaba a Blinky, pero su atención luego fue captada por otra máquina que estaba a punto de atacarlo. Antes de que la máquina disparara, Jim arrojó su espada, el metal cortó fácilmente la roca.

- Haz eso, y no tengo ninguna duda de que derrotarás a Draal. - Blinky le dio a Jim una mirada de confianza.

Aaarrrgghh, quien había estado sentado a orillas de la forja, levantó ambos pulgares, dandole a entender a Jim que tenía su apoyo también.

Mientras acababan el entrenamiento, notaron como dos troles pasaban por la forja, uno de ellos era Draal.

- Mira. - Draal se burló de Jim. - Entrenando. Lindo.

Ambos troles continuaron su camino, riéndose del Cazatroles.

- Deja que tu miedo te mantenga vivo. - Blinky miró a Jim. - Deja que su arrogancia lo lleve por mal camino. Derrótalo y harás historia.


Jim y todos su compañeros de clase se encontraba en la entrada del museo de Arcadia, mientras escuchaban hablar a la señorita Nomura.

- Sé que los medios contemporáneos pueden llevarlos a creer que la historia europea está llena de espadas, hechicería y escándalos. Les aseguro que la verdad es mucho más interesante. Y no hay mejor lugar para comenzar que la época del Renacimiento.

Casi todos los alumnos suspiran de aburrimiento, excepto por el chico de antejos, Eli, que jadeaba de asombro.

- Dado que tenemos un tiempo limitado, Señorita Nomura, - Habló el profesor Strickler. - tal vez sea mejor si exploran el museo por su cuenta. ¿No cree?

Al escuchar las palabras de su maestro, los alumnos se animaron y entraron al museo, dispersándose por diferentes lados.

- Entonces, si camino cincuenta mil pasos, obtengo la camiseta. - Toby se encontraba hablando con Jim. - Cien mil me dan la botella de agua. Pero si obtengo quinientos mil, oh, amigo, ¡es cuando se pone interesante!

El amigo gordito del Cazatroles le hablaba sobre el aparato que tenía en su muñeca, el contador de pasos. Jim iba observando los detalles del museo mientras caminaba con Toby. Sus ojos notaron una parte del museo en la que habían unas grandes cortinas blancas con un letrero que decía "No entrar". No le dio mucha importancia y siguieron caminando.

Mientras caminaban por el segundo piso, Jim se detuvo al ver a Clara. La chica se veía bastante interesada en un vestido. Para disgusto de Jim, Steve estaba cerca de Clara, hablándole.

- Mira ese bordado. - Comentó Clara, admirando el vestido.

- Oye, lamento que estuvieras en medio de esa pelea entre Lake y yo, pero quiero que sepas que desde que me uní a la obra, siento que hay otro lado de mí que quiere salir. - Steve intentó ser encantador con Clara.

- Disculpa aceptada. Fuiste un idiota. - Clara lo vio un segundo y luego volvió a fijar su atención en el vestido.

Steve había notado que Jim los estaba viendo y se puso detrás de Clara, quien no se daba cuenta de lo que el rubio hacía, y envolvía sus brazos alrededor de si mismo mientras mientras hacía gestos de besos con los labios. Al ver esto, Jim suspiró con desánimo, y se apoyó contra sobre la barandilla del museo.

Steve realmente no estaba tratando de tener a Clara porque ella le gustara. Ella era una chica linda. No le gustaba de forma romántica, era más bien egocéntrica. Pero para él y para toda la escuela era muy obvio que Jim tenía sentimientos por Clara, así que se empezó a acercar a ella con la intensión de torturar a Jim.

- Oh, vamos amigo. - Toby trató de animar a Jim, al ver lo que pasaba. - No dejes que Steve te afecte. Clara es una chica inteligente. Ella se dará cuenta de que él es un idiota.

- ¿Cómo? - Preguntó Jim. - Está demasiado ocupada pensando que soy un idiota por faltar a los ensayos.

- Bueno, este es el momento perfecto amigo. Toma su mano, usa esos labios tuyos y habla con ella. - Toby se alejó, en dirección hacia Clara y Steve.

- ¿Qué? - Jim se sorprendió. - ¿Toby qué haces?

El mejor amigo del Cazatroles se acercó a Steve y le lanzó un comentario.

- Oye, Steve. ¿Escuchaste sobre la exhibición de neandertales? Topless.

El patán rubio se emocionó al escuchar esto.

- ¡Bien! Chicas de las cavernas. - Steve se alejó de Clara. Ella ni le prestó atención.

- Ven aquí. Ven aquí. - Toby le indicó a Jim que se acercara a la chica.

El ojiazul no sabía que decir, su amigo Toby enserio era el mejor amigo que se pudiera tener. Jim se acercó nerviosamente a Clara, mientras que Toby se alejaba para darles espacio.

- Ojalá que nuestra obra tuviera estos trajes. - Comentó el Cazatroles.

- Lo sé, ¿verdad?. - Clara no dudó en voltear hacia Jim al oír su voz. - Con el presupuesto de la escuela acabaré haciendo la escena del balcón en mi bata de baño.

- Oye. Si alguien podría lograrlo serías tú. - Jim respondió con convicción. - Eres la única en escena que parece que sabe lo que hace.

Clara se sintió alagada por su comentario.

- Díselo a mis padres. La única vez que saqué nueve, ¿cuál fue su consejo? Deja la obra.

La vida de Clara ciertamente no era tan perfecta como muchos pensarían. Era una chica linda y popular en la escuela. Era una estudiante de honor, cosa que se había ganado gracias a su duro trabajo, aunque hubo varias veces en las que sentía que era presionada bastante por sus padres. Ser la hija de la concejala al parecer implicaba que debía siempre mostrar un buen ejemplo, cosa que llegaba a cansar.

- ¿Están locos? - Jim y Clara se apoyaron contra la barandilla del museo. - ¡Naciste para esto! Es tu llamada. - Jim solo hablaba con la verdad de lo que sentía. Había visto a Clara actuar y pudo ver que eso era lo que a ella le apasionaba, era lo que ella quería hacer en la vida. - Mi mamá estaría encantada si encontrara algo que me apasionara mucho.

- Bueno. Tú mismo eres muy apasionado, señor Gurú. ¿Qué me dices de ti? ¿Qué te llama, Jim Lake Jr?

Jim se acomodó mejor y de repente, ambos estaban hablando sobre distintas cosas. Se sentía que estaban empezando a ser amigos.

- Si no ibas a ir a los ensayos. ¿Por qué hiciste la prueba? - La mirada de Clara no era de enojo ni de reproche. Era una mirada tranquila. Quería intentar entender por qué Jim no se comprometía a llegar a los ensayos.

- Honestamente. - Jim se puso un poco nervioso. - Casi audicioné por accidente. Pero... Que bueno que lo hice. Me gusta mucho la compania. - Dio una sonrisa nerviosa.

- ¡Aw! Gracias. - Clara respondió algo tímida, mientras se acomodaba un mechón detrás de su oreja.

- Amm... - Jim le jugó una broma. - Estaba hablando de Eli.

Clara entendió la broma y se rió, colocando una mano sobre el hombro de Jim.

El Cazatroles se sintía feliz. Jim había tenido un gran enamoramiento por Clara cuando la vio bailar una canción de Papa Skull en una fiesta organizada por el hospital donde trabaja su madre, desde ese entonces no había dejado de ver a Clara en clases y soñar con ella, y ahora parecía que ellos estaban acercándose. El chico sentía que no podía pedir nada mejor.

Jim pensaba que Clara no sabía que él existía hasta el día que finalmente se animó a hablarle en clase de gimnasia. Él no tenía idea de que Clara también lo había visto en esa fiesta, y que incluso ella tenía interés en conocerlo.

Ambos jóvenes hubiesen seguido con su conversación pero una voz llamó su atención.

- ¡Primero pensé que era un alien! Definitivamente no era humano. ¡Es alguna clase de monstruo!

Jim y Clara compartieron una mirada extraña, antes de acercarse al grupo que estaba escuchando lo que Eli trataba de decir.

- Vamos, ya para con eso, Eli.

- ¡No! ¡No! - Exclamó el chico de anteojos, mostrando su teléfono. - Tengo evidencia fotográfica.

El grupo no parecía estar muy interesado, pero Jim se preocupó al oír esto y se acercó al chico. Los ojos de Jim captaron vieron en la pantalla del teléfono algo que definitivamente no parecía humano. Era una especie de cadáver, que parecía haber sido aplastado por un vehículo. El Cazatroles entró en pánico al darse cuenta de que el chico tenía evidencia de criaturas del mundo de los troles en sus manos.

- Oye, Eli, ¿puedo ver tu teléfono un momento? - Jim se apresuró a quitarle el teléfono, sin esperar respuesta por parte de Eli.

El ojiazul pretendía que hacía zoom en la imagen mientras se apresuraba a borrarla.

- Oh, cielos, cielos, cielos. ¡Oh, rayos! - Jim exclamó, cuando logró borrar la imagen.

Eli agarró su teléfono.

- ¿Pero qué? ¿La borraste? - Exclamó enojado.

- Lo siento. - Jim dio una sonrisa nerviosa, levantando las manos. - Mis manos son muy torpes.

El chico de anteojos solo gimió, desanimado.

El Cazatroles sabía que tan pronto terminaran las clases debía ir a hablar con Blinky.

Él no había notado que tanto Toby como Clara habían observado su comportamiento. El gordito levantó una ceja al ver a su mejor amigo pero rápidamente se distrajo al notar que su contador de pasos le indicó que otra caloría fue quemada, mientras que la chica inclinó la cabeza un poco, no sabiendo qué pensar de la reacción de su compañero de escena.


Era de noche. Jim, Blinky y Aaarrgghh se encontraban en la calle donde Eli había tomado la foto. El cadaver aún se encontraba ahí.

- Goblin. - Exclamó Aaarrgghh.

- ¿Goblin? - Preguntó Jim.

- Tramposos despiadados. - Explicó Blinky. - Vándalos callejeros que dejan una estela de destrucción a su paso. Esto no es bueno.

- Bueno, se hizo justicia. Deberíamos volver y entrenar para Draal.

- Oh, no, Maese Jim. Donde hay uno, hay muchos. Y, en cuanto al alma desafortunada que atropelló a este pequeño individuo, ¡que la veloz espada de Skaargen tenga piedad!

- ¿Y por qué es eso?

- La venganza de los goblins suele ser diez veces mayor.

- ¿Estás diciendo que quien sea que atropelló a este tipo está en serios problemas?

Blinky asintió.

Jim notó que estaban en frente de casa de Eli. Vio en la puerta una nota adhesiva, fue a buscarla y volvió rápidamente con sus amigos.

- Un conductor de reparto dejó esta nota. - Jim explicaba, mientras leía la nota. - El goblin podría haber sido aplastado por ese camión. Si el conductor regresa a las ocho, tenemos que estar aquí también. No voy a dejar que un pobre tipo se convierta en comida de goblin durante mi turno. - Jim estaba determinado.

- ¡Maese Jim! ¡Respondiendo al llamado! - Exclamó Blinky.


Jim y Blinky se encontraban ahora detrás de unos arbustos, mientras que Aaarrgghh, se había ocultado tras una valla de madera. Observaban la calle, esperando al repartidor.

El Cazatroles sostenía unos binoculares mientras Blinky se quejaba.

- Ya son las nueve en punto. Uff. Parece que lo único que se cumple son las expectativas fallidas.

- Al menos no hay señal de los goblins. - Jim le tendió sus binoculares a Blinky, mientras tomaba su mochila, buscando una botella de agua que tenía.

Los ojos de Jim se arquearon en confusión cuando notó el dispositivo que había dentro de su mochila. Levantó en su mano el contador de pasos de su mejor amigo.

- Tobs debió dejarlo en mi mochila por accidente cuando fue al baño. - Jim se encogió de hombros, guardando el dispositivo en su mochila. - Se lo devolveré mañana. - Sacó la botella de agua y dio un sorbo.

Después de unos momentos el camión finalmente apareció. Jim y Blinky vieron como el repartidor se detenía frente a la casa de Eli, se bajaba del camión y se acercaba a la puerta trasera del vehículo, mientras iba distraído, escuchando música con sus auriculares puestos. Debido a su falta de atención, el paquete que estaba sacando terminó cayéndose de sus manos.

- Hay que sacarlo de aquí antes de que sea demasiado tarde. - Jim le susurró a Blinky.

El trol detuvo a Jim antes de que pudiera moverse.

- ¡Espere! Es posible que su destino ya esté sellado. Están aquí. ¡Mire! - Vieron como las luces de la calle iban apagándose una por una.

Blinky señaló al goblin con un bigote pintado que acababa de aparecer en el centro de la calle. El goblin procedió a chasquear los dedeos, lo que hizo que muchos ojos brillantes empezaran a mostrarse a través de la oscuridad de la noche.

- No. No voy a dejar que un inocente... - Jim trató de ir, pero Blinky lo detuvo antes de que pudiera avanzar.

- ¡Gran problema! Parece que hay muchos más de lo que se había anticipado. - Blinky le hizo un gesto a Aaarrgghh para que permanezca oculto. El gigante lo vio y se ocultó mejor. - Quédese abajo y no haga ruido. En su estado frenético atacarán a cualquiera que se cruce en su camino.

Mientras los goblins se acercaban, el repartidor se dirigía a la puerta de la casa, sin ser consciente de lo que pasaba a su alrededor. Se le cayó nuevamente la caja. La levantó al mismo tiempo que Eli habría la puerta.

- ¡Si! Mi equipo de espionaje ha llegado. - El chico de anteojos sacude la caja. - ¡Sin ensamblar! - No sabía que lo que venía adentro se había roto.

- Oye, ¿te importa si uso tu baño? Gracias. - Eli ni siquiera respondió cuando el repartidor entró en su casa.

Los goblins apagaron la última luz de la calle.

- ¡Pero ese es Eli! - Exclamó Jim. - ¡Está en mi clase!

- Estaba en tu clase. - Exclamó Blinky.

Con la última luz apagada, los goblins salieron de su escondite y arremetieron todos juntos contra el camión.

- ¡Waka-Chaka! ¡Waka-Chaka-wa!

- Inesperado. - Observa Blinky. - Su venganza no es con el conductor, sino más bien con el transporte que había aplastado a su pariente. Oh. No debe tener miedo, Maese Jim.

Jim vio a Blinky con confusión.

- Pensé que la primera regla del Cazatroles era siempre tener miedo.

- Troles. No goblins. - Aaarrgghh había aprovechado que los goblins estaban muy ocupados y logró llegar hasta donde estaban sus amigos.

- Los goblins anhelan la feromona del terror. - Explicó Blinky.

- Espera. ¿Quieres decir que pueden oler el miedo? - Exclamó Jim.

- Precisamente. - Blinky se levantó, indicándole a su alumno y compañero que lo siguieran. - Será mejor que nos alejemos antes de que se den cuenta de... - No llegó a terminar esa frase. porque cuando dio un paso, su pie golpeó una lata vacía que estaba tirada por ahí. La lata terminó cayendo hacia la calle, haciendo algo de ruido y llegando hasta el camión.

Los goblins se giran con un gruñido, dándose cuenta de la presencia del Cazatroles y sus compañeros troles.

- ...nosotros. - Blinky terminó su oración. - ¡Corran!

Los tres salen corriendo de ahí, los goblins no perdieron tiempo en seguirlos. Mientras Jim corría, escuchó como su amuleto se activaba y su armadura instantáneamente cubrió su cuerpo.

- ¡No es momento para la armadura! - Gritó Blinky, mientras corría por delante de Jim. - ¡Solo te ralentizará!

- ¿¡Crees que estoy tratando de hacer eso!? - Jim empezó a correr más lento.

- ¡Tu armadura está respondiendo a tu estado emocional! ¡Controla tu miedo o serás la cena!

- ¡Es muy pesada! - Jim disminuía la velocidad, haciendo que los goblins lo alcanzaran.

Los pequeños pero peligrosos seres empezaron a agarrarse de los brazos y piernas del Cazatroles.

- ¡Maese Jim!

Jim de repente se encontró siendo arrastrado por los goblins, la mochila que tenía en su espalda fue arrancada de este. Mientras el chico aún era arrastrado por los goblins, sintió que una gran mano lo levantaba.

Aaarrrgghh tomó a Jim y lo colocó a salvo en su espalda, poniéndolo a salvo de los goblins. El gigante se apresuró a reunirse con Blinky. Los troles pusiseron distancia entre ellos y los goblins, mientras estos se distrajeron examinando la mochila perdida de Jim.

- ¡Necesitamos encontrar refugio! - Exclamó Blinky. - ¡Mercadotrol está muy lejos!

- ¡Atraviesa esos patios traseros! - Señaló Jim, mientras aún estaba en la espalda de Aaarrrgghh. - ¡Llegaremos a mi casa! ¡Vamos!

Corrieron y lograron llegar al patio trasero de Jim. El Cazatroles rápidamente abrió la puerta trasera. Viendo que su mamá no estaba, todos se apresuraron a entrar. A Aaarrrgghh le costó meterse por la pequeña puerta, pero finalmente logró entrar a la casa.

Dentro de la casa, Jim les indicó que subieran a su habitación. Una vez dentro de esta, vieron desde la ventana como los goblins corrían por las oscuras calles, buscándolos, hasta que finalmente se alejaron lo suficiente como para perderse de vista.

- Uff. - Jim se sentó sobre su cama, dando un suspiro. - Por fin se fueron.

- Lamento decirlo, Maese Jim. - Hablaba Blinky. - ¡Pero su ciudad está infestada de goblins!

Aaarrrgghh trataba de acomodarse en el reducido espacio de la habitación, mientras asentía.

- Está bien. - Habló Jim. - Troles. Puedo lidiar con ellos porque, al menos, permanecen bajo tierra. Pero, ¿con los goblins?

- Hay que encontrar el nido. - Habló Aaarrrgghh.

- Sí. - Asintió Blinky, con seriedad. - Y erradicarlos de inmediato antes de que busquen su venganza.

- ¿Venganza? - Jim preguntó.

- Sobre usted.

- Entonces, encontraremos su nido. Debes tener alguna idea de dónde.

- No tengo la más mínima. Podría estar en cualquier parte.

Un ruido llamó la atención de Blinky. Vio que provenía de una casa de muñecas que se encontraba en la habitación. El trol se inclinó y vio por la ventana de la pequeña casa al gnomo Chompsky, con una vela encendida junto con una muñeca en el sofá.

- ¡Gran Gronka Morka! ¿¡Qué está haciendo un gnomo en una casa de muñecas!?

- Me dijiste que me hiciera cargo del gnomo. - Jim se encogió de hombros. - Así que me hago cargo de él.

- ¡Esto es una violación a la regla número dos! ¿Qué pasó con siempre terminar la pelea?

- Y la regla número uno es siempre tener miedo, excepto si estás cerca de goblins porque huelen el miedo. - Argumentó Jim. - Tus reglas tienen menos sentido que el álgebra, que, oh si, ¡tengo en unas pocas horas a menos que me coman los goblins esta noche!

Jim levantó su mano y colocó sus dedos contra su frente, cerrando sus ojos y soltando un suspiro mientras bajaba la cabeza.

- Lo siento. No soy bueno para entender tus reglas. No estoy listo para Draal, Bular o para encontrar una estúpida guarida de goblins. - Jim se sentía estresado.

Blinky fue hacia su alumno y colocó una mano sobre su hombro.

- Como tu entrenador, solo puedo aconsejarte, no tomar tus decisiones. Lo entiendo. Eres humano. Estás aprendiendo las reglas a tu modo. Aaarrrgghh y yo buscaremos el nido, donde sea que esté. Tú concéntrate en tus estudios. Parece que la vida te ha dado suficiente por un día.

Tanto Blinky como Aaarrrgghh le dieron al joven Cazatroles una sonrisa amable. Luego Blinky exclamó.

- ¿¡Pero un gnomo en una casa de muñecas!?

Jim solo sonrió nerviosamente.


El Cazatroles se encontraba en clase de gimnasia.

- ¡Esquiva esto, Lake! - Steve arrojó un balón hacia Jim.

Estaban jugando quemados. El matón rubio intentaba golpear al ojiazul, pero Jim, gracias a su entrenamiento como Cazatroles, esquivaba sin ningún problema cada balón que le era lanzado.

- ¡Oye, vamos! - Jim le habló a su mejor amigo, que se encontraba en la cancha junto con él. - Mete tu cabeza en el juego, Tobs. ¿O tengo que hacer esto yo solo?

- ¿Por qué molestarse en dar otro paso? - Toby se veía decaído, mientras se quedaba parado quieto. - Mi contador de pasos se ha ido. La vida es tan vacía cuando no estás acumulando puntos.

Jim se sintió algo mal por su amigo, ya que fue en parte por él que ese aparato se había perdido cuando los goblins le quitaron su mochila. Pero para empezar, fue Toby quien lo perdió y lo dejó en su mochila sin darse cuenta, debió haber cuidado mejor sus cosas. Eso era algo que a veces su amigo tenía, que no cuidaba mucho sus cosas. Además, a fin de cuentas, era solo un aparato, a Jim no le pareció que era algo como para sentirse tan decaído como para no querer moverse en clase de gimnasia.

Con otro pensamiento más, Jim rodó los ojos mientras hablaba en voz baja.

- Al menos no tienes que preocuparte de que unos goblins vengan a matarte.

Jim seguía esquivando y devolviendo los balones que le eran arrojados. Sin mucha dificultad, el joven iba arrasando en la cancha, para desconcierto del entrenador y su mejor amigo, y para disgusto de Steve, quien intentaba golpearlo pero fallaba cada vez, lo cual lo irritaba.

- ¡Wow! ¡Amigo! - Exclamó Toby. - No sabía que estabas en buena forma. - Por estar distraído, Toby recibió un balonazo en la cara, y luego otro en sus gronk-nuks, haciendolo arrodillarse de dolor.

- ¡En tu cara! ¡Estás fuera, Domzalski! - Se burló Steve, y luego volvió a enfocar su atención en Jim.

Con un hábil movimiento, Jim logró sujertar dos balones y las lanzó a ambos, derribando al mismo tiempo a los dos compañeros restantes del equipo de Steve. Jim chocó los cinco con Eli, quien era el que quedaba con él en su equipo. El Cazatroles dio una mirada alegre.

- Bastante bien, Romeo. - Steve dio un aplauso lento, burlándose de Jim. - Pero dale un beso de despedida a tu Julieta. - Se abraza a si mismo y da besos en el aire.

- Deja a Clara fuera de esto. - Jim le advirtió.

- No vas a ganar esta competencia, renacuajo. Ese trofeo será mio. - Steve dio una sonrisa descarada.

- ¿¡Trofeo!? - Jim se enojó bastante por ese comentario. - ¡Steve, Clara no es un premio que sólo se gana en una competencia!

- ¡No dejes que te afecte! - Toby trató de advertir pero Steve le arrojó un balón, golpeando su cara. - ¡Ay! ¿¡Enserio!?

Jim se hartó de la actitud del matón.

- ¡Oye, Steve! ¡Besa esto!

Para desgracia de Jim, Steve terminó esquivando el balón y este golpeó a quien entró por la puerta del gimnasio, que resultó ser Clara.


- Entonces... - Hablaba Toby, mientras él y Jim estaban en los vestidores de hombres. - Ella tiene un labio inchado. Hay gente que paga mucho dinero por ese tipo de apariencia. Ella debería de agradecerte. - Trataba de levantarle el ánimo a su mejor amigo.

Jim se llevó la mano a la cabeza mientras suspiraba, se sentía fatal. Luego de humillarse y pedirle disculpas a Clara, la acompañó a la enfermería. No dijo que estuviera enojada con él pero tampoco le dirigía la palabra.

- Y justo cuando pensé que estaba haciendo bien las cosas. - El Cazatroles no dejaba de castigarse.

- Oye, ya se le pasará. - Toby hablaba, mientras caminaban para salir de los vestidores.

Antes de que el gordito volviera a hablar, su teléfono vibró, deteniendo su caminata.

- ¿Hmm? - Toby sacó su teléfono. Su rostro se iluminó al ver la pantalla. - ¡Wow! ¡Me gané una cazadora! - Le mostró su teléfono a Jim.

El ojiazul vio la pantalla con confusión.

- Pero ya no tienes tu contador de pasos.

- ¡Pero aún debe estar funcionando! - Exclamó Toby. - Alguien debe haberlo encontrado tal vez.

Los ojos de Jim se agrandaron ante el comentario de su amigo. La noche anterior cuando los goblins le robaron su mochila, uno de ellos debió haber encontrado el contador de pasos de Toby y ahora lo debe estar usando. Y ese contador se podía rastrear usando el teléfono de su amigo. Jim ahora podía saber hacia a donde se dirigían los goblins y podría incluso encontrar su nido.

- Tobs. - Jim le quitó el teléfono a Toby. - Permítete, iré a buscar tu contador de pasos.

- No hay problema, Jimbo. - Toby intentó tomar su teléfono de vuelta. - Podemos ir juntos a buscarlo.

- ¡No! - Jim se apresuró a contestar, asustando un poco a Toby. El ojiazul dio una risa nerviosa. - Quiero decir... Déjame hacerlo a mí. Me ayudaste con Clara. Déjame devolverte el favor.

Jim empezó a alejarse de su amigo, en dirección a la salida.

- Um... - Toby no sabía que decir.

- Tranquilo. Lo encontraré y lo traeré de vuelta. - Jim trató de dar una sonrisa tranquilizadora.

- Ok.

- ¡Bien! ¡Nos vemos mañana, Tobs! - Jim no perdió el tiempo y se fue.

Toby se encontró muy confundido por la actitud de Jim, pero luego se encogió de hombros. Confiaba en su mejor amigo y sabía que él encontraría su dispositivo.


Jim iba en su bicicleta por las calles de la ciudad, ya era completamente de noche. El chico pedaleaba mientras veía el celular, siguiendo el rastro del contador de pasos. Después de pedalear por un tiempo, el Cazatroles se detuvo en un pequeño campo de hierbas, dejando caer su bicicleta y observa el edificio que el contador de pasos lo había guiado.

- ¿El museo? - Jim arqueó una ceja ante la vista.

Entonces la visión del ojiazul logró captar algo que se movía por los tejados del edificio. Alcanzó a distinguir la forma distinba de un goblin que trepaba por los muros hacia el techo para luego entrar al museo.

- ¿Su nido está aquí? - Jim exclamó para sí mismo. - Tengo que decírselo a Blinky.

El Cazatroles estuvo a punto de marcharse pero se detuvo al notar que alguien se acercaba a la puerta del museo. Jim se acercó a la entrada, ocultándose tras un arbusto y pudo ver a la Señorita Nomura entrar al edificio.

- Es la señora del museo. - Jim se levantó de su escondite, hablando en voz baja. - Ella no sabe que el museo está infestado. ¡Tengo que sacarla de allí de inmediato!.

Se apresuró a llegar a la puerta, pero vio que esta estaba cerrada. Luego de varios intentos y que la puerta no se abriera, Jim caminó por los alrededores y encontró una ventana que pudo abrir y entró en el edificio.

- Vaya. Este lugar me da escalofríos con las luces apagadas. - Jim iba recorriendo los oscuros pasillos del museo.

Mientras caminaba, no notó el chorro de gotas verdes cayendo desde el techo a su espalda, por lo que no vio todos los goblins que dormián sobre el techo del museo.

Jim escuchó el sonido de música tocando desde una habitación. Se detiene detrás de una puerta luego de cruzar un gran pasillo, notando que la Señorita Nomura se encontraba en la habitación de la que provenía la música.

- ¿Qué debo decirle? - Jim se puso de espaldas a la puerta, llevándose una mano a la barbilla. - Si la asusto, los goblins podrían encontrarnos.

Al estar distraído, Jim no notó como la sombra de la señorita del museo que se alcanzaba a ver, repentinamente cambiaba de forma.

- ¿Le digo que soy de la compañía de gas, la puerta estaba abierta y olí una fuga? - Lo meditó un momento. - No, no, no funcionará. No tengo el uniforme para eso.

Los pensamientos de Jim fueron interrumpidos abruptamente por el sonido de un celular. Sacó el teléfono de Toby de su bolsillo, sin ser conciente de que ese ruido había alertado a alguien de su presencia.

- Toby ganó... - Jim leyó el mensaje, mientras arqueaba una ceja. - ¿Una nevera?

- Sabía que detectaba el hedor de carne de adolescente. - Una voz tenebrosa hizo que el aliento de Jim se detuviera, mientras volteaba su cabeza a su izquierda.

El chico observó la cara aterradora de una mujer trol de color rosa, que lo miraba con ojos verdes brillantes y una sonrisa malvada mostrando dientes afilados. Su cara estaba a centímetros de la suya.

- ¡AHHHGGG! - Jim dio un grito, mientras retrocedía tembloroso, pudiendo contemplar la forma trol de Nomura.

La mujer trol se acercó lentamente al chico.

- Pero un Cazatroles humano. - Acercó sus garras a Jim. - Nunca he probado.

Antes de que se acercara más, Jim le tendió el amuleto.

- ¡Entonces veamos si te gusta el sabor de la luz del día! - La armadura de Jim se manifestó, haciendo que los ojos de Nomura se abrieran.

Jim hizo aparecer su espada e intentó golpear a la trol, pero esta detuvo fácilmente el golpe sujetando la hoja con sus dos manos, soltándo una carcajada maligna.

- ¿Qué eres tú? - Preguntó Jim.

- Soy lo que te mata.

De un movimiento, Nomura hizo retroceder a Jim, enviándolo al suelo. El Cazatroles se puso rápidamente de pie y empezó a atacar con su espada desde todas direcciones a la trol, pero esta esquivaba fácilmente cada golpe.

Nomura estaba bastante confiada, pensando que el joven no sería capaz de golpearla, pero se enfureció cuando Jim logró acestar un corte en su dedo. La trol lo miró con furia.

- ¡Morirás por eso! - Sacó dos hojas curvas de color naranja desde su espalda.

Nomura atacaba a Jim con sus dos armas. El Cazatroles apenas si podía mantener el ritmo, con cada paso que daba la trol para atacar el joven retrocedía dos. Pelearon por los pasillos del museo, hasta el punto en el que Nomura terminó golpeando fuertemente a Jim, enviándolo hacia una gran habitación.

En este punto, los goblins habían despertado y ahora estaban en la habitación junto con ellos, el líder se mantenía cerca.

Jim terminó oculto bajo una manta, pero Nomura no tardó mucho tiempo en encontrarlo.

- Eso fue divertido. ¡Ahora eres historia! - Nomura pateo la espada de las manos de Jim, dejándolo indefenso.

El Cazatroles se quedó paralizado en su lugar, mientras miraba a la trol.

- Toda esa elegante armadura. Y eres solo un niño asustado.

Mientras Nomura se regodeaba, Jim notó al lider de los goblins que se había acercado y estaba justo detrás de la cambiante. Entonces el joven recordó las palabras de su entrenador.

El miedo aumenta tus sentidos, el miedo te mantiene vivo.

Jim se agachó, agarró el borde de la sábana en la que Nomura estaba parada y exclamó.

- ¡La arrogancia hace que te maten! - Tiró de la sábana, haciéndola volar en el aire.

Nomura vio que iba a caer y aplastar al líder de los goblins. Sabiendo lo que iba a pasar, soltó un grito antes de caer.

- ¡No!

La trol terminó toda cubierta por los restos del ex lider. Los goblins vieron que su rey había caído. El más cercano se dibujó un bigote en el rostro, declarándose el nuevo líder, y luego todos los goblins procedieron a atacar a Nomura.

- ¡No! ¡No! ¡No fui yo!

Mientras los goblins y la cambiante estaban distraídos, Jim aprovechó la oportunidad y estuvo a punto de largarse cuando su vista captó la enorme estructura que había en la habitación. Debido a lo ocupado que estaba en su pelea contra la trol, Jim no había notado la gigantesca estructura en forma de puente.

- Ese puente. - Los ojos de Jim se abrieron al observarlo mejor. - Tiene marcas trol en el.

El ojiazul se apresuró a tomar una foto lo más rápido que pudo y se apresuró a salir del museo, antes de que los goblins decidieran ir tras él.

Una vez fuera del edificio, Jim tomó su bicicleta y pedaleó lo más rápido que pudo para alejarse. Cuando vio que estaba lo bastante lejos, se detuvo en medio de la calle para recuperar el aliento.

- Esa mujer... - Jim decía entre respiraciones. - ¿Era una trol? ¿Ella cambia de forma? ¿Y qué era ese puente? Tengo que decírselo a Blinky y Aaarrrgghh.

Antes de que Jim pudiera seguir su camino, unas luces rojas y azules iluminaron su rostro y una voz lo hizo detenerse.

- ¡Manos arriba!

Jim vio una patrulla y un oficial de policía que lo señalaba.

- ¿Qué está pasando? - Preguntó el Cazatroles.

- ¡Al suelo! ¡Ahora!

Mientras Jim obedecía las ordenes de los oficiales, estos hablaron por radio.

- Tenemos al adolescente que coincide con la descripción del robo al museo.