Jim se encontraba sentado en el auto de su madre, afuera de la estación de polícia. Bárbara se encontraba en la acera hablando con el maestro de su hijo, el señor Strickler.

En el auto, Jim estaba perdido en sus pensamientos, reflexionando lo que había sido su descubrimiento de esta noche.

- ¿Esa mujer era una especie de trol cambiaformas? - Jim hablaba consigo mismo. - ¿Habrá más como ella? ¿Caminan entre nosotros? - Abrió los ojos ante este pensamiento.

El Cazatroles sacó su teléfono y vio la foto que había alcanzado a tomar en el museo. Observó la silueta de la enorme estructura en forma de puente.

- ¿Dónde he visto este puente antes? - Jim entrecerró los ojos, luego los abrió al darse cuenta de algo. - Es el mismo del que Blinky estaba hablando.

El Cazatroles recordó la historia que su entrenador le había enseñado. La historia del puente Muertenfrente. La realización golpeó a Jim de repente. Tomó una buena bocanada de aire al mismo tiempo que levantaba la cabeza, con los ojos bien abiertos.

- Están tratando de liberar a Gunmar. Esto es malo. - Jim se llevó una mano a la cabeza. - Tan pronto llegue a casa debo ir con Blinky y Aaarrrgghh.

Los pensamientos de Jim fueron cortados cuando su madre abrió la puerta del auto y se subió.

- Realmente no tenía que pasar por todos estos problemas, Señor Strickler. - Bárbara se abrochaba el cinturón, mientras hablaba con el maestro desde la ventana del pasajero.

Jim se apresuró a guardar su celular y se dio cuenta de que Strickler se inclinaba por la ventana.

- Por favor. Llámame Walter. - Strickler respondió en tono amable. - Lamento que tuviéramos que reunirnos en circunstancias tan lamentables.

- Debe haber una forma en la que pueda pagarle. - Barbará insistía. - ¿Café? ¿Cena? ¿Remoción de apéndice?

Jim escuchaba la conversación que tenían los dos, con una ceja arqueada.

- Yo... un café sería una delicia. - Contestó Strickler. - Y un control del apéndice.

- Estoy deseando que llegue, Walter. - Bárbara le sonrió.

El Señor Strickler miró a Jim antes de marcharse, dándole una advertencia discreta.

- Ten cuidado, Joven Atlas. La próxima vez, las consecuencias podrían ser más graves. - El maestro de marchó.

Jim se volvió a su mamá con el ceño fruncido.

- ¿Acabas de pedirle a mi maestro una cita?

- No te atrevas a decirme nada. - Bárbara levantó la voz, haciendo retroceder a Jim. - ¡Irrumpiste en un museo! ¿Por un aparato que perdió tu amigo? - Jim le dio una sonrisa nerviosa. - ¡Estás castigado hasta que te disculpes con esa mujer!

Bárbara puso en marcha el auto y luego señaló con el dedo a su hijo.

- ¿Me entiendes?

Jim soltó un gran suspiro mientras bajaba la mirada.

- Sí, mamá.

Una vez que llegaron a casa, Jim se fue directo a su habitación. El Cazatroles arrojó su sábana sobre unas almohadas en su cama, para luego empezar a escabullirse por la ventana.

- Lo siento, mamá.


Jim se encontraba en Mercadotrol, sentado en una mesa en la taberna, enseñándoles la foto en su teléfono a Blinky y Aaarrrgghh.

- ¿Estás seguro? - Pregunta Blinky. - ¿Estás incuestionable, inequivocadamente...

- Estoy seguro. - Respondió Jim.

- Poder ser cualquier cosa. - Aaarrrgghh comentó.

- Estoy de acuerdo. - Asintió Blinky. La foto que estaban viendo no tenía una imagen muy clara para ellos. - Sus habilidades fotográficas son menos que ejemplares, Maese Jim.

- Lo siento. - Exclamó Jim. - Pero tenía prisa por salir de ahí. ¿Y qué pasa con la curadora? ¿Cómo podría cambiar así?

Blinky tomó un trago de su vaso, luego él y Aaarrrgghh intercambiaron algunas palabras en lenguaje trol.

- ¿Qué? - Jim los miraba con curiosidad. - ¿Qué es?

- Cambiante. - Aaarrrgghh trató de decir en voz baja, pero se escuchó más fuerte de lo que debía.

Blinky escupió la bebida que había estado tomando, mientras que los troles en las mesas que estaban a su alrededor se voltearon a mirarlos. El entrenador de Jim se apresuró a cubrir la boca de Aaarrrgghh con su mano mientras miraba alrededor soltando una risa nerviosa. Después de un momento, los troles alrededor se dieron la vuelta y dejaron de prestarles atención.

- Eso no ayuda. - Le indicó Blinky a Aaarrrgghh.

- Lo siento. - Contestó el gigante de meleta verde.

Blinky le indicó a Jim que se acercara más a ellos, para que pudieran hablar en voz baja.

- Hace bastante tiempo que no se habla de los cambiantes. - Blinky relataba. - En el viejo mundo, los Gumm Gumms robaban a nuestros jóvenes e hicieron algo antinatural para cambiarlos. Su único propósito. Espiar el mundo de arriba.

- ¿Qué les hicieron? - Jim estaba intrigado.

- Algo asqueroso. Muy desordenado. Estas son las razones por las que dudo de tu certeza. No dudo que hayas visto un puente, ¿pero Muertenfrente? Se necesitarían años para recolectar todas las piedras. Décadas, incluso. Necesitarías un ejército de cambiantes.

- Sé lo que vi.

- Estas son acusaciones serias, Maese Jim. Sin pruebas, se producirá un caos absoluto.

Jim dio un suspiro, sintiéndose derrotado.

Antes de que el Cazatroles volviera a hablar, una voz los interrumpió.

- Bueno, si no es la bolsa de carne que aplastaré mañana. - Draal se acercó a la mesa. - Espero con ansias tu dolor y beberé por tu muerte.

- ¿Muerte? - Jim lo miró sin entender. - ¿De qué está hablando? Pensé que esto era solo una revancha.

- Desafiar el honor de un trol solo puede terminar en la ruina. - Explicó Blinky. - Está justo ahí en el capítulo tres de Una breve recapitulación. Aún no has leído el libro.

- Espera. - Jim miró a Draal. - Esta pelea, no sé, tal vez podamos... ¿posponerla?

- ¿Posponerla, dices? - Draal exclamó. - Vaya entrenador. ¿Todos tus alumnos olvidan cómo pelear?

- Hay cosas que requieren nuestra atención. - Jim trató de explicar. - Cosas que tienen serias implicaciones.

- ¡No! ¡No! ¡No! Maese Jim, Shh. - Blinky se apresuró a callarlo.

- Por el honor de Kanjigar. - Draal se enfureció. - Hubiera hecho que tu muerte fuera rápida e indolora. Pero por este acto de cobardía, no tendré piedad de ti cuando recupere lo que es legítimamente mío. - El trol azul acercó su rostro al humano. - Dile adiós a tus seres queridos, Jim el cadáver.

Draal se alejó, dejando a Jim con una cara pálida.

- Voy a morir mañana.


Jim se encontraba en su habitación, terminando de escribir una carta para su mejor amigo. Cuando terminó la guardó en un sobre y lo depositó en la mesa junto con otro. Uno de los sobres tenía escrito el nombre Bárbara, y el otro tenía escrito el nombre de Toby.

Su madre y su mejor amigo, dos de las personas más importantes en el mundo para Jim. El joven pronto se enfrentaría a Draal, una parte de él quería creer que podría vencerlo, pero otra parte no dejaba de decirle que no tendría oportunidad, que este sería su fin. Así que Jim quería asegurarse de que si algo le sucedía, al menos su mamá y Toby merecían saber la verdad de lo que le sucedió.

El ojiazul se mantuvo mirando su escritorio durante un momento, perdido en sus pensamientos. Luego agarró otro trozo de papel, había una persona más a quien quería decirle lo que sentía.

Jim empezó a escribir su última carta para una persona importante para él.

- Querida Clara...


Jim estaba detrás de la cortina del escenario en la escuela, observando a Clara y Steve ensayando. El chico sostenía en sus manos un sobre con el nombre de Clara escrito.

Steve recitaba las líneas de Romeo, mientras Clara se quedaba a un lado, viéndolo con el ceño fruncido. Aunque el rubio no era mal actor, cuando estaban en el escenario Steve intentaba ser siempre el centro de atención, llegando incluso a apartar a Clara de la vista del público cuando este decía sus líneas, cosa que molestaba a la chica, como ahora.

La atención de Jim estaba solo enfocada en Clara. Al verla, no pudo evitar seguir las líneas de Steve.

- Belleza demasiado rica para usarla. Para la tierra demasiado bella, como blanca paloma rodeada por cuervos. - Mientras Jim hablaba, Clara lo notó detrás de la cortina, observándola. La expresión de la chica se suavizó al ver a Jim. - ¿Amó mi corazón hasta este instante? Niégalo vista, pues jamás vi belleza igual, hasta esta noche.

Jim ahora entendía por qué le era fácil memorizar las líneas de Romeo y pronunciarlas bien cada vez que veía a Clara. Porque él no solo pronunciaba las palabras, él las sentía. Cuando el Cazatroles ensayaba con la chica no estaba actuando, hablaba con la verdad desde su corazón.

- Mi generosidad es ilimitada como el mar. - Clara recitó sus líneas, manteniendo su mirada en Jim. - Igual de profundo mi amor. Cuanto más te doy, más me queda. Pues ambos son infinitos.

La chica había ignorado a Steve y en cambio, se concentró en el ojiazul, como si él fuera quien estuviera en el escenario con ella.

Jim se quedó viéndola desde atrás de la cortina, pero el momento fue interrumpido por Eli apareciendo detrás de él.

- Es buena, ¿no es cierto? - Dijo el de anteojos.

El Cazatroles se sorprendió por su aparición, cerrando la cortina. Eli luego entró al escenario, dejando a Jim mirando la carta que tenía en su mano.

- Si. - Jim bajó la mirada. - Muy buena.

El chico depositó su carta en la mochila de Clara antes de marcharse.

- Adiós, Clara.

Tan pronto se fue, la chica salió de entre la cortina, esperando ver a Jim pero sin encontrarlo.

- ¡Ay! ¡Chintroles!


- ¡Ja Ja! ¡Te gané otra vez! - Exclamó Toby, levantándo el mando de su videojuego.

- ¿Cómo eres tan bueno en esto? - Jim preguntó con una sonrisa.

Ambos se encontraban en la habitación de Toby, jugando un videojuego. Como Jim aún seguía castigado por irrumpir en el museo, solo podía quedarse por poco tiempo, pero quería tener una última tarde con su mejor amigo, y poder despedirse de él.

- Años de práctica, Jimbo. - El gordito dio una mirada orgullosa.

El ojiazul le dio una sonrisa cálida, antes de dejar su control de juego a un lado y voltearse hacia Toby.

- Tobs. Lamento que últimamente no hemos pasado tanto tiempo juntos. Y también lamento haber perdido tu contador de pasos. - Jim agachó la cabeza, humillándose.

- Está bien, Jim. - Toby se encontró un poco confuso por la actitud de su amigo. Se encogió de hombros. - Era solo un tonto aparato. Además eres tú quien terminó castigado por eso. ¡No puedo creer que irrumpieras en un museo solo para recuperar algo por mi!

- Sabes que siempre te apoyaría. - Jim no dudó en hablarle a Toby.

El Cazatroles le ofreció su puño al gordito, quien lo chocó con gusto.

- Y yo a tí, amigo.

Jim y Toby han sido amigos desde que eran pequeños. El ojiazul simplemente no tenía el corazón para decirle que esta posiblemente sea la última vez que se verían. Así que había escrito todo lo que quería contarle a su mejor amigo en la carta que iba a dejarle.

- Pero si aún te sientes mal por eso. - Toby siguió hablando. - Recuerda que aún me debes unos tacos.

Jim lo vio con expresión confusa.

- ¿Qué?

- Tacos. La otra semana fuimos por tacos. Yo pagué. Tú dijiste, "la próxima pago yo". Así que tan pronto te libres de esto, iremos por tacos.

Jim quería prometerle que así sería. Cuando él hace una promesa, siempre hace hasta lo imposible por cumplirla. Tal vez Jim haya estado mintiéndole a la gente para proteger su secreto, pero él siempre cumplía su palabra. Pero no quería hacer una promesa que no podía cumplir, así que en lugar de responder solo dio una pequeña sonrisa mientras asentía lentamente con la cabeza.

- Tacos, suena bien.

Dando un suspiro, Jim procedió a levantarse.

- Bueno, tengo que irme o mi mamá se molestará si no llego a casa.

- Está bien amigo. - Toby agarró el mando, decidiendo que seguiría jugando sólo un rato más. - ¡Nos vemos!

Mientras Toby mantenía su atención en su videojuego, Jim sacó la carta de su bolsillo y la dejó sobre el escritorio de su mejor amigo, para luego salir de la habitación y de la casa.

- Adiós, Toby.


- ¿Waffles de arándanos? ¿Macarrones con queso y tocino? ¿Pastel de camarones? ¿Qué es esto? ¿Una última comida? - Preguntó Bárbara.

Jim y su madre se encontraban en su casa. El Cazatroles había preparado todos los platillos que a su madre siempre le habían gustado.

- Bueno. - Jim se encogió de hombros. - Yo quería hornear galletas. Decidí hacer tu favorita, y luego, eh, todas tus favoritas.

Bárbara vio a su hijo con seriedad.

- Si crees que esto va a evitar que te disculpes con la Señorita Nomura...

- Oye. - Jim dio una sonrisa. - ¿No podemos solo cenar? Ambos hemos estado ocupados. ¿Cuándo fue la última vez que realmente nos sentamos y hablamos?

Bárbara finalmente dio a su hijo una cálida sonrisa.

- Iré a poner la mesa.

Disfrutaron de una buena cena y un tiempo de madre e hijo. Cuando terminaron, Jim estaba levantando los platos mientras Bárbara se frotaba el estómago.

- Eso estuvo delicioso. No sé lo que haría sin tí, hijo. Pesaría cinco kilos menos, pero...

- Bueno. - Jim estaba en la cocina. - Te lo mereces.

- ¿Pasteles de camarones? ¡Cielos! No los había probado desde... - Bárbara estaba en silencio.

- ¿Desde que papá las hacía para nosotros?

Bárbara vio a su hijo con sorpresa.

- No sabía que tenías edad para recordar eso.

- Oh, recuerdo bastante. Recuerdo como su barba me picaba la cara cuando me abrazaba. Como él te hacía reír. - Jim hizo una pausa. - Pero, más que nada, lo mucho que te lastimó cuando se fue. - Cerró el refrigerador, con una expresión de dolor en su rostro, igual que en su madre.

- Jim, ¿a qué se debe eso?

El Cazatroles se acercó a su madre, con la mirada baja, humillándose.

- No importa lo que me pase, yo nunca te dejaría de esa forma. - Jim soltó un risa ligera. - Al menos, no por elección. Eres una persona asombrosa, y quiero que sepas que siempre te amaré.

Si hay algo que Jim alguna vez haya temido llegar a ser, eso seria terminar siendo como su padre, ser alguien que sólo abandona.

- No me vengas con esa charla. - Bárbara se levanta de la mesa. - Aún espero que termines en una universidad estatal. Ahora, ayúdame a lavar los platos. Vamos a envolver esto para mañana. Tienes que darme esa receta de waffles. Si hay algo que pueda comer por siempre, sería waffles.

Mientras Bárbara llevaba los platos a la cocina. Jim deslizó la carta que le había escrito dentro de su bata de médico, sin que ella lo viera.

- Está aquí cuando la necesites.


Jim estaba en su habitación, recostado en su cama. Vio en su reloj de noche que eran las 2:11 am. Él simplemente no podía dormir. Dando un suspiro, se levantó y empezó a caminar por su habitación.

Jim se detuvo frente a la casa de muñecas en las que estaba su compañero de habitación. Abrió con cuidado la casa y vio al gnomo Chompky dormir pacíficamente junto a la muñeca que tenía junto con él. El Cazatroles dio un pequeña sonrisa ante la vista, le pareció adorable. Jim esperaba que Toby pudiera cuidar al gnomo cuando él ya no esté, se había asegurado de explicarle todo en la carta que le dejó a su mejor amigo.

El ojiazul entonces sintió como el amuleto se encendía desde su bolsillo. Sacó el objeto y este alumbró con su luz uno de los posters en su habitación.

- Wow. - Jim se sorprendió al notar que las letras de sus posters pasaban de estar en su idioma a estar en idioma trol con la luz del amuleto.

El Cazatroles se sienta sobre su cama y encuentra un libro trol que había estado bajo esta. Encendió su lámpara de noche y recorrió las páginas del libro hasta que llegó a la parte del puente Muertenfrente. Jim acercó el amuleto al libro y para su sorpresa, la escritura trol que él no entendía muy bien se trasnformó en su propia escritura humana.

- Wow, ¿qué? - El ojiazul sonrió ante su descubrimiento.

Una de las razones por las que Jim no había podido leer el libro, a pesar de las insistencias de Blinky, es que no conseguía entender el lenguaje trol. No es que tuviera tiempo para ponerse a estudiarlo a fondo, tampoco.

Las páginas del libro de repente comenzaron a pasarse solas, sin que Jim las tocara, hasta que se detuvieron sobre una, la cual el amuleto tradujo, permitiéndole al chico poder leerla.

- Puntos débiles. Regla número tres: Patear los grunk-nuks. Identificar la debilidad de tu oponente.

La noche de insomnio de Jim, terminó siendo una noche de estudio.


La Forja del Héroe se encontraba repleta de espectadores a su alrededor.

- ¡Hermanos troles! - Vendel habló desde lo alto. - El Cazatroles ha presentado un desafío ante el hijo de su predecesor. Y todos ustedes serán testigos de la batalla, que pasará para la historia. - Vendel bajó la voz. - Si no notablemente breve y dolorosa.

Después de unos momentos en las que la multitud no paraba de hablar, Vendel anunció.

- Draal, hijo de Kanjigar, hijo de Tarigar. ¡Draal el Destructor!

El trol mencionado apareció rodando en forma de bola por toda la arena, para luego detenerse en medio de esta. Draal ruge y levanta sus puños ante la multitud, regodeándose.

En la entrada de la arena, Aaarrrgghh puso una mano sobre el hombro de Jim, sin mucha suavidad pero el Cazatroles lo agradeció.

- Es hora de poner en práctica todo lo que te dije. - Blinky hablaba. - Con algo de suerte, tropezará y caerá. Ahora, dime: Regla número uno.

- Siempre tener miedo. - Jim respondió.

- Regla número dos.

- Siempre terminar la pelea.

- ¿Regla número tres?

- Sobre eso. - Jim se volteó hacia Blinky. - Estaba leyendo. Cuando el venerable Bedehilde luchó contra la Hidrabestia, no había grunk-nuks, pero había una debilidad bajo sus escamas.

- ¿Leíste el libro? - Blinky se apresuró a preguntar.

- Eso me hizo pensar. ¿Draal tiene alguna debilidad?

Blinky abrazó con fuerza a Jim, levantándolo del suelo.

- ¡Leyó el libro! ¡Leyó el libro!

- Libros, ricos. - Aaarrrgghh se lamió los labios.

La voz de Vendel volvió a escucharse.

- Y ahora, el oponente de Draal. James Lake Junior, hijo de... - Un trol le susurró al oído a Vendel. - Ba-bu-rah. - El trol tenía una cara confusa. - Adelante, Cazatroles humano.

Jim dio un suspiro y entró en la arena, ignorando los abucheos de la multitud. Se detuvo cuando estuvo en medio de la arena, frente a Draal.

- Prepárate para la batalla. - El trol golpeó el suelo con los puños, dando un rugido para intimidar.

Jim invocó su armadura sin necesidad de pronunciar el encantamiento en voz alta.

- Aquí vamos. Voy a hacer esto.

Vendel exclamó bien alto.

- ¡Empiecen!

La arena fue activada cuando el combate comenzó.

A lo primero, Draal fue teniendo claramente la ventaja, el público contaba con el trol acabaría rápidamente con su oponente. Todos, incluido el propio Draal, se sorprendieron al ver que Jim no solo fue capaz de seguir vivo por más de diez segundos, sino que incluso no le estaba poniendo las cosas fáciles a su oponente.

Aún así, Draal volvió a recuperar la ventaja, dándole unos cuantos golpes que dejaron herido a Jim. Mientras el Cazatroles estaba tirado en el suelo, Draal se detuvo un momento para regodearse, antes de acercarse al chico, para finalmente terminar con él.

- ¡Regla número tres! - Jim golpeó sus grunk-nuks.

Draal se arrodilló por el dolor. No por mucho pero esta distracción le dio a Jim el tiempo que necesitaba.

Cuando el trol finalmente se recompuso, miraba por todos lados pero no conseguía encontrar a su oponente.

- ¡Por la gracia de Deya! - Blinky obervaba afuera de la arena. - ¡Lo encontró!

- ¿Encontrar qué? - Preguntó Aaarrrgghh.

- ¡Su debilidad! El punto ciego de Draal.

Jim permanecía fuera de la vista de Draal, sosteniéndose el estómago. Tenía al trol justo donde lo quería.

- ¡No puedes ser el Cazatroles! - Exclamó Draal. - ¡Eres un niño! ¡Yo soy el hijo de Kanjigar!

Jim se posicionó en su lugar antes de hablar.

- Y yo soy Jim, hijo de Bárbara. ¡Y el amuleto me eligió a mí!

El chico esquivó en el último segundo la gran hacha que salió de la pared a su espalda. Draal no tuvo tiempo de reaccionar y fue golpeado por esta, mandándolo a volar hacia el borde de la arena. El trol terminó agarrándose del borde de esta, esperando no morir.

El público se quedó en shock por lo que habían visto. Jim se acercó cojeando lentamente hacia donde estaba Draal, aún sosteniéndose, sin poder levantarse solo.

- ¡Termina la pelea! ¡Termina la pelea! - El público le exclamaba al chico.

Jim vio a Draal mientras hacía que su espada apareciera en su mano y la levantaba. El trol veía sin poder creer que su muerte había llegado, cerró los ojos esperando el golpe que le daría su fin, pero se sorprendió cuando vio que la espada del Cazatroles fue clavada en el suelo y no contra él.

El ojiazul exaló pesadamente antes de ofrecerle su mano al trol.

- La pelea es a muerte. - Murmuró Draal.

- Reglas de la casa. - Jim se encogió de hombros. - No mías. Vamos hombre, no hagas que se vea raro.

Draal terminó aceptando la mano de Jim, y este, con el poder de la armadura, ayudó al trol a subir arriba. El público abucheó este acto.

- Debiste matarme. - Decia Draal.

Jim se acercó al centro de la arena luego de ayudar a su oponente.

- Miren, puede que no haya seguido sus reglas, pero el amuleto tampoco lo hizo cuando me eligió. - El Cazatroles habló con firmeza. - Ahora mismo, sobre nuestras cabezas, hay cambiantes en Arcadia.

La multitud jadeó al escuchar las palabras del chico.

- Necesitan un Cazatroles que no tenga que vivir en las sombras. - Continuó hablando Jim. - Es momento de trabajar juntos. Están construyendo Muerten-

- ¡Detente! ¡No digas más! - Blinky detuvo a Jim antes de que pudiera seguir hablando y lo alejó de la vista del público.

- Tienen derecho a saber. - Protestó Jim.

- ¡Y tienes derecho a escuchar! La nuestra es un raza antigua. Habrá falta tiempo para ganar corazones y mentes.

Jim luego vio a Draal, quien se retiraba de la arena a paso lento, con la cabeza baja, mientras la multitud lo despreciaba y le arrojaba cosas.

- ¿Por qué lo tratan de esa manera?

- Le perdonaste la vida, pero destruiste su honor. - Explicó Blinky. - Nunca podrá volver a mostrar sus rostro en Mercadotrol.

El Cazatroles vio con tristeza a Draal mientras se retiraba de la arena.

Mientras caminaban por el pasillo, Vendel apareció desde la entrada y los llamó.

- Aaarrrgghh, Blinky, una palabra.

Ambos troles asintieron antes de volverse hacia Jim.

- Buena pelea. - Aaarrrgghh le dio una palmada en la cabeza, antes de marcharse hacia Vendel.

- ¡Si! Muy buena pelea, Maese Jim – Exclamó Blinky. - Yo me ocuparé de Vendel. Ve a casa y descansa. Mañana nos reuniremos contigo. ¡Esto hay que celebrarlo!

Jim observa a Blinky alejarse, antes de darse la vuelta y dirigirse hacia su casa, caminando algo adolorido por el combate.

- Solo un adolescente normal, después de un día normal.


Al llegar a su casa, Jim para nada esperaba encontrarse con la visita de la Señora Nomura, y mucho menos, con la visita de Draal.

Luego de que la cambiante noqueara a su madre poniendo algo en su té y tratara de quitarle el amuleto a Jim, Draal apareció y corrió a Nomura de su casa. Draal explicó que no él no estaba ahí para matar a Jim, sino para protegerlo.

- Tus batallas no siempre se librarán en arenas. No tendrás tiempo de prepararte, de estudiar a tu oponente para encontrar sus debilidades como hiciste conmigo. Eres el Cazatroles. Es hora de empezar a tener miedo.

El trol terminó asentándose en el sótano, junto a la estufa.

- Esto es agradable. Te protegeré a ti y a tu madre. Ba-bu-rah.

- Es Bárbara. - Jim comentó.

- Tu madre despertará pronto. - Draal señaló arriba. - Yo protejo. No limpio.

Antes de que Jim se retirara arriba Draal volvió a hablar.

- Bolsa de carne. Tal vez seas un buen Cazatroles después de todo. Cuando llegue el momento, estaré orgulloso de luchar a tu lado.

Jim se acercó a su nuevo inquilino con un sonrisa suave, colocando una mano en su hombro.

- Gracias, Draal.