"Aprender a soltar, debes" - Maestro Yoda, Star Wars.
- ¡Despierta!¡Despierta! – Bárbara entró en la habitación de su hijo y avanzó hacia él. – No querrás dormirte en tu gran día.
- ¿Gran día? – Jim dio una sonrisa dormilona.
- ¡El gran día empieza con los panqueques especiales de tu madre! – La mujer colocó una bandeja de panqueques sobre el regazo de su hijo.
Tan pronto Jim los vio su mirada se puso triste, al igual que la que tenían los panqueques.
- Parece que estuviera gritando. – Comenta Jim.
- Está emocionado. – Responde Bárbara. – Lo sé, lo sé. Sé que siempre odias tus cumpleaños. ¡Pero tienes dieciséis! Este es importante. Deberíamos hacer algo esta noche.
- Oh, mamá, sabes que no quiero…
- Esto no está a discusión. – Bárbara abrió la ventana del cuarto, permitiendo que entrara el aire fresco. – Nadie debería estar solo en su cumpleaños. – Cuando termines, tengo otra sorpresa para ti abajo. – La madre procedió a salir del cuarto con una sonrisa.
El sonido inconfundible de un walkie-talkie sonó en la habitación de Jim. El Cazatroles se levantó de la cama y se dirigió a su escritorio. Se sentó en la silla mientras tomó el dispositivo en sus manos.
- Te copio. ¿Qué pasa, Tobs? – Jim habló al walkie-talkie.
- ¡Mira por tu ventana! – Respondió su amigo, a través del dispositivo.
Jim fue hacia su ventana y vio hacia la casa de Toby. Su mejor amigo le estaba mostrando un cartel con forma de pastel que tenía escrito, "Jim, felices dieciséis". Esto hizo que el humor del chico mejorara.
- Gracias, Tobs. – Dice Jim.
- ¡Por nada, Jimbo! – Dice Toby. - ¿Alguna noticia sobre Clara?
Jim soltó un suspiro de tristeza antes de responder.
- No, ella no responde mis mensajes. – Se recostó contra la silla y se hundió. – No es como si hubiera destruido su casa o algo. Oh, espera. Si lo hice. – Jim empezaba a sentirse mal al recordar a Clara.
- Aún no puedo creer que lo hicieras. – Comenta Toby, con algo de asombro. – Sé que no sabes cuidar bebés, pero ¿cómo te las arreglaste para destruir su casa?
- Oh… ya sabes… - Jim contestaba sin ganas. – Soy muy torpe a veces.
- ¡Aunque este es otro nivel! – Toby se rio un poco. Jim también, aunque sin ganas.
- ¡Toby Bombón! – Se escucha una voz viniendo del walkie-talkie. - ¡A desayunar! – La nana de Toby lo llama.
- ¡Uff! ¡Debo irme, Jimbo! ¡Nos vemos después! Y no te preocupes por Clara, ¡seguro ya se le pasará! ¡Cambio y fuera!
Jim dejó el walkie-talkie y bajo la mirada con tristeza.
- Si…
La expresión de odio en el rostro de Clara aún estaba bien plasmada en su memoria. Aunque si ella en estos momentos lo odia, Jim siente que es por las razones equivocadas. No fue nada agradable tener que aceptar la culpa por lo que le pasó a la casa de los Nuñez, aunque el verdadero responsable haya sido NoEnrique y no él.
Pero eso no era lo que atormentaba a Jim. Lo que de verdad lamentaba, es saber que Enrique realmente fue secuestrado por un goblin, y Jim pudo haberlo detenido, pero en su descuido se le escapó de las manos. Un bebé inocente fue separado de su familia y él falló en evitarlo.
Dando un suspiro más, Jim procedió a vestirse y bajó las escaleras para comenzar el día que más odiaba.
- ¡Blinky! ¡¿Qué está pasando?! – Exclamó Jim, entrando en la forja del héroe.
El Cazatroles había recibido una llamada de su mentor, diciéndole que viniera a Mercadotrol de inmediato. Cuando entró en la forja, vio a todos los troles corriendo y gritando en pánico.
- ¡Es muy tarde, Maese Jim! – Exclamó Blinky mientras corría. - ¡Aaarrrgghh ha perdido la cabeza! ¡Sálvese usted!
El trol de melena verde se acercó de manera amenazante hacia Jim, con una mirada de aparente locura.
- ¡Oh, no! – Exclamó Jim, retrocediendo. - ¿Fue la arena de gato?
Aaarrrgghh tomó a Jim en su mano y procedió a soltar un rugido contra la del chico, haciendo que a este se le alborotara el cabello y cerrara los ojos por unos segundos. Cuando Jim volvió a abrirlos, se encontró con globos cayendo del techo y que todo el mundo había dejado de gritar y correr.
- ¡Sorpresa! – Gritaron los troles
- ¡Feliz día de nacimiento, Maese Jim!
Él se mostró muy confuso por lo que estaba sucediendo.
- ¿Qué? – Dejó escapar un pequeño grito cuando Aaarrrgghh lo levantó y lo colocó en su hombro.
- Buen actor. – Dice el trol.
- Me he informado sobre sus costumbres humanas sobre sorpresas de cumpleaños. – Dice Blinky. - ¿Estás sorprendido?
- Uhh… - Jim se coloca frente a su mentor. – Eso podría decirse.
Mientras su mentor comentaba lo que significaban los dieciséis para los troles, una fuerte voz los interrumpió.
- ¡La forja del héroe! – Vendel se abrió camino con su bastón hacia los troles y el chico. – Terrenos de prueba sagrados para Cazatroles pasados, presente y futuros, reducidos a una burla.
Vendel no se mostraba nada feliz con las decoraciones, haciendo que tanto Jim como Blinky se pusieran nerviosos cuando les hablaba.
- Lo limpiarán de inmediato. No quiero que nada retrase el entrenamiento del Cazatroles. – Vendel se retiró.
Los troles alrededor miraron al suelo tristes por no seguir con la fiesta.
- No mencionó al hermano de Clara. – Jim le susurra a Blinky.
- En su defensa, él nunca conoció a Enrique. – Responde el trol.
- Quieres decir que, ¿no le hablaste de Enrique?
- Vendel no cree que tengamos un problema con los cambiantes, Maese Jim. Desde luego, no aceptará simplemente mi palabra de que el hermano de Clara ha sido reemplazado por uno. – Las palabras de su mentor hicieron que Jim se encorvara. – Pero tiene razón sobre tu entrenamiento. ¡Y qué mejor manera de celebrar tu día de nacimiento que trabajar para prevenir el día de tu muerte!
Después de terminar de limpiar la forja, Jim se colocó su armadura y siguió con su entrenamiento. El Cazatroles intentaba perseguir a Aaarrrgghh, mientras iba esquivando las cuchillas que iban apareciendo en su camino.
- No siempre será la presa, Maese Jim. – Habla Blinky, observando. - ¡El cazado debe convertirse en cazador! La velocidad y la precisión son el objetivo de este ejercicio, Maese Jim. Debe atrapar a Aaarrrgghh sin depender de su amuleto o la espada que manifiesta.
Aaarrrgghh corría felizmente a través de la forja, mientras que Jim parecía tener problemas para atraparlo.
- El Maese Jim no parece ser él mismo. – Blinky susurraba para sí mismo, viendo a su alumno a distancia, notando como le costaba superar las cuchillas. – Esperaba que la celebración del día de su nacimiento le diera un poco de vitalidad a su paso.
El trol no sabía lo que el día de su cumpleaños significaba para el Cazatroles, pero pronto lo descubriría.
- Muy bien amigo. ¿Estás listo para tu regalo de cumpleaños? – Dice Toby, sosteniendo una carpeta amarilla y sacudiéndola mientras habla.
- ¿Vamos a demandar a alguien? – Pregunta Jim.
- No, ese es el regalo del próximo año.
Luego de entrenar, Jim se encontró con Toby frente a la tienda de motos. Su amigo dijo que tenía algo especial para él.
- Dame tu billetera. – Pide Toby
- Creo que no sabes cómo se supone que funciona este asunto de los regalos. – Dice Jim
- Lo tengo cubierto. Dame tu billetera.
Con una mirada de duda, Jim entregó su billetera a Toby.
Resulta que su amigo logró convencer al vendedor de la tienda de que lo dejara dar un paseo en Vespa durante un tiempo, como regalo de cumpleaños.
Jim se sintió muy feliz por el gesto de su mejor amigo. Justo cuando pensó que el día empezaba a mejorar, la repentina aparición de Steve y de un trol volador persiguiéndolo, le recordó que hoy no era su día.
- Por una vez, tienes razón. – Habla Vendel a Blinky. – Y el horror de eso, la amenaza de Gunmar está justo sobre nuestras cabezas y todo lo que Mercadotrol tiene para protegerse es a tu niño humano Cazatroles.
Vendel, Blinky y Aaarrrgghh se encontraban en la cantina de Mercadotrol. Blinky había traído en un saco a NoEnrique para probarle a Vendel que el asunto de los cambiantes era real.
- Puedes confiar en el Cazatroles. – Dice Blinky, con seguridad. – Ante el mayor peligro, se mantendrá firme y valiente.
- ¡Blinky! – Jim llega corriendo, aterrorizado. – ¡Blinky, tienes que salvarme! ¡Un enorme pájaro troll, como un avión con garras, trató de matarme!
Blinky se apresuró a cubrir la boca de Jim con todas sus manos, mientras le daba a Vendel una sonrisa nerviosa.
- Me tranquiliza ver tanta valentía. – Comenta Vendel, sin ganas.
- Acechador. – Comenta Aaarrrgghh, quitándose a NoEnrique de su cabeza. – Muy asqueroso.
- ¿Acechador? – Pregunta Jim.
- ¿Acechador? – Blinky usa dos manos para cubrir su boca en estado de shock y preocupación.
- Volaba al sol. ¿Cómo podía volar a la luz del día?
- Los Acechadores, - Vendel saca un libro y le muestra un dibujo a Jim. – son una de las únicas especies de troles que inmunes a los efectos de la luz solar.
- Eso no parece tan aterrador como lo que me atacó.
- Eso es porque los pocos desafortunados que son atrapados solos con él no viven lo suficiente para representarlo. – Vende cerró el libro. – Tengo curiosidad, ¿cómo es que estás vivo?
- No lo sé. Lo golpeé con mi espada, creo.
- ¿Golpeaste al acechador? – Blinky trata de que Vendel se impresione con su alumno. - ¡Qué acción tan valiente!
- Bueno. – Jim trata de decir. – Fue más bien suerte…
- Increíblemente heroico y valiente. – Blinky se apresura a callar a Jim con todas sus manos. – ¡Y de todo un Cazatroles!
- Ya veremos. – Vendel procede a levantarse e irse, nada impresionado. – Una vez que el Acechador marca su objetivo, lo persigue hasta la muerte. – El trol viejo se marchó.
Jim volteó hacia su mentor con preocupación.
- Eso no suena bien.
- No temas, Maese Jim. – Blinky trata de animarlo. – Mientras no estés solo, permanecerás ileso.
- ¿Quieres decir que no puedo estar solo por el resto de mi vida?
- ¿Es eso un problema? Parece ser alguien sociable.
La mirada en el rostro de Jim decía todo lo contrario.
- Uf, este tipo de la Vespa sigue llamando por los daños. – Toby comenta, mientras guardo su celular.
- Ugh. – Jim cierra su casillero y se vuelve hacia su mejor amigo. – ¿Se dio cuenta del espejo?
- ¿Tienes los trecientos veintiocho dólares y treinta y dos centavos que ahorraste? Él lo quiere todo.
Ambos jóvenes empezaron a caminar hacia el gimnasio de la escuela.
- Entonces… - Comenta Jim, algo nervioso sabiendo que el Acechador está tras de él - ¿Qué tal si luego vamos juntos a jugar Go Go Sushi, Tobs? – Jim trataba lo mejor que podía para no quedarse solo.
A Toby le parecía buena idea. Hace bastantes días que no pasaba una tarde entera con su mejor amigo, cosa que le empezaba a preocupar un poco. Antes de que el gordito pudiera aceptar, una voz los interrumpe.
- ¡Ahí estás! – Clara aparece y se dirige directo a Jim.
- ¿Clara? – Jim voltea a verla, sorprendido de que ella le hablara.
Toby nota a la chica con una sonrisa traviesa formándosele en los labios.
- Creo que hoy estás ocupado. – Le susurra a Jim. - ¡Nos vemos, Jimbo! – Se aleja rápidamente.
- Yo… - Jim voltea a ver a Clara.
- No hables. – Dice Clara, con firmeza. – Te necesitamos en el ensayo.
- ¿Qué?
La puerta del gimnasio se abre y aparece la señorita Janeth.
- ¡Ahí estás, Jim! ¡Me alegro que estés aquí! Espero que ustedes dos estén listos para recrear la tragedia del amor verdadero. ¡A sus lugares en cinco minutos! – Vuelve a entrar en el gimnasio.
Jim mira a Clara confundido.
- ¿De qué está hablando?
- Steve destrozó su Vespa. – Responde la chica. – Tiene una conmoción cerebral. Y la señorita Janeth dice que ya no puede ser Romeo. No podemos hacer Romeo y Julieta sin un Romeo, Jim.
- Uh, ok, pero todavía estoy confundido.
- Eres el suplente de Romeo, ¿recuerdas? – Clara levantó su ceja. – Necesito que vuelvas. Estoy dispuesta a suplicar. – Coloca su mano sobre el hombro de Jim.
- No, claro. Déjame ver si puedo hacer que mi mamá me busque. – Se llevó el teléfono a la oreja y sonrió nerviosamente.
Luego de hablarle a su madre, Jim intentó decirle algo a Clara.
- Clara, yo…
- Enfoquémonos en la obra.
Ella le dio una mirada dura antes de entrar en el gimnasio. Jim siguiéndola.
Durante la obra, para Jim era obvio el resentimiento que Clara sentía hacia a él. Pero a medida que ensayaban, ambos pudieron relajarse y disfrutar de trabajar juntos. Y para alegría de Jim, Clara finalmente le dio una sincera y tierna sonrisa.
El ensayo había terminado y tanto el Cazatroles como la chica salían del gimnasio juntos.
- Salvaste la obra hoy. – Clara le sonrió a Jim, mientras ambos salían de la escuela.
Jim le devolvió la sonrisa. Pero luego de un momento de caminar, el rostro de Clara se tornó serio. Se detuvo y miró a su compañero.
- Escucha Jim. De verdad estaba molesta. Destrozaste mi casa por completo. Mis padres me culparon por dejar a Enrique contigo. Me habría metido en menos problemas si hubieras dejado que lo secuestraran. – Pronunció Clara, sin saber el efecto que tenían sus palabras en el chico.
Jim volvió a sentir la dura mirada de la chica sobre él, haciendo que se encogiera en vergüenza.
- La cosa es… - La mirada de Clara se suavizó. – que pregunté por ahí. No pude encontrar a una sola persona que estuviera ahí. – Se acercó a Jim y sus ojos se entrecerraron con sospecha. – Se sincero conmigo. ¿Qué pasó realmente?
- Yo… Yo…
Jim miro a sus hermosos ojos castaños, y nuevamente, el recuerdo de Enrique siendo tomado por un goblin y él fallando en evitarlo lo golpea. El Cazatroles se sentía como la peor persona del mundo al verla.
El chico dio un suspiro de derrota, luego bajó los hombros y agachó la cabeza, humillándose. Sus palabras tenían un significado diferente al incidente de la casa.
- Enserio lo lamento Clara. Yo solo quería ayudar. Y lo eché a perder.
Clara vio que las palabras de Jim eran sinceras. Aun así, eso no era suficiente para ella.
- ¿Eso es todo lo que dirás? – Le levantó una ceja. Jim solo miró para abajo. Eso era todo lo que podía decirle. – Debí imaginarlo. – Clara apartó la vista de Jim, con decepción.
Esta acción por parte de la chica hizo que el Cazatroles se sintiera aún peor.
Unos segundos después, llegan los padres de Clara en su auto.
- Ya debo irme. – Dice Clara. – Y por favor, no vayas a arruinar la obra. – Se aleja de Jim antes de que este pudiera decir algo.
Un sonido proviniendo desde el cielo hizo que Jim olvidara su tristeza y le entrara el pánico. Eso sonaba como el Acechador, que estaba cerca. En ese momento, suena el teléfono de Jim. Lo saca y oye la voz de su mamá.
- Hey, soy yo. – Dice Bárbara. – Tengo que quedarme más tiempo en la clínica.
- ¡¿Qué?! – Exclama Jim, al tiempo que un rayo resuena por todo el cielo.
- Lo sé, lo sé. Aún celebraremos, lo prometo. Pero alguien chocó su Vespa y tengo que trabajar en rayos x. Tienes tu bicicleta. ¿Puedes ir solo a casa?
- ¡¿Yo solo?!
Jim se llevó su mano a la cabeza con preocupación. Si estaba solo, el Acechador iba a matarlo. Bárbara colgó antes de que su hijo pudiera responder.
Desesperado, el chico corrió hacia el auto de Clara y lo alcanzó antes de que se fueran.
- ¡Esperen! ¡Esperen! – Jim fue recibido con la mirada nada agradable de los padres de Clara. - ¡Hola, Señor y Señora Nuñez! ¿Me preguntaba si podrían llevarme a casa?
- ¡¿Qué estás haciendo?! – Clara le susurró desde el asiento trasero.
Los padres simplemente le dieron una mirada dura antes de cerrar la ventana del auto y alejarse, dejando a Jim a su suerte.
- ¡Pero es mi cumpleaños! – El chico observó el auto alejarse. Se había quedado completamente solo.
Jim se apresuró a llegar a su bicicleta y retirar el candado. Sacó su teléfono y marcó rápidamente.
- Vamos, Tobs. Contesta. ¡Por favor, contesta!
El mejor amigo de Jim se encontraba en su habitación, entretenido con su videojuego Go Go Sushi, por lo que no escuchó su teléfono sonando.
Viendo que no tenía respuesta, y que el sonido del Acechador es escuchaba cada vez más cerca, Jim se apresuró colocarse su casco y huir en su bicicleta lo más rápido que podía.
El Acechador había aparecido y estaba acercándose cada vez más a su presa, quien pedaleaba lo más rápido que podía.
- Cumpleaños dieciséis, ¿pero tengo una Vespa? ¡No! ¡Tengo un procesador de alimentos y un trol volador asesino!
Antes de que el Acechador pudiera atraparlo, Jim conjuró su amuleto y saltó de su bicicleta.
- ¡Por la gloria de Merlín, la luz del día está bajo mi mando, porque enserio, enserio no quiero morir!
La armadura se manifestó y Jim golpeó el suelo con dureza. El Acechador atrapó la bicicleta con sus garras y se elevó en el aire. No se entretuvo mucho con el objeto en sus garras y terminó soltándolo, volviendo su atención a su presa.
El Cazatroles se encontraba aterrorizado. Corría lo más fuerte que podía, apenas esquivando las enormes garras del trol asesino que lo perseguía implacablemente.
La bestia por poco lo atrapa cuando Jim logró correr hacia unos árboles y pudo perderlo de vista. Se detuvo debajo de un árbol y se sentó en este, recostando su espalda contra el tronco, aun escuchando a la bestia merodeando por ahí.
Jim apoyó su frente contra su espada, conteniendo las lágrimas que estaban por derramarse, su respiración agitada. ¿A quién estaba engañando? Él no era un Cazatroles, no era más que un pobre niño asustado clamando por ayuda.
Este debía ser el peor día de su vida, se sentía muy solo. Nadie iba a ayudarlo, había sido dejado por completo a su suerte. Su madre lo dejó, su mejor amigo lo dejó, la chica que le gusta lo dejó, Jim se sentía totalmente abandonado, al igual que ese día.
El chico levantó la vista ante este pensamiento. Al hacerlo, pudo observar su rostro en la hoja de su espada. Repentinamente, su atención se concentró en su reflejo, se veía asustado, triste, y solo. Sentía que clamaba por alguien que viniera y lo sacara de esa situación. Sentía tanta lástima por sí mismo, y más que nada, se sentía abandonado. Fue entonces cuando Jim se dio cuenta, de que esto era lo que sentía cada año.
Y lo odiaba.
Odiaba sentirse abandonado, odiaba sentir lástima por sí mismo, y más que nada, odiaba seguir lamentándose por un afecto que jamás llegaría.
La mirada del Cazatroles poco a poco se endureció. Apretó los puños y golpeó el suelo con fuerza.
- ¡Ahhhhhrrrrgg! – Jim dio un fuerte grito, levantándose. - ¡Ya basta! ¡Ya me cansé de esto! – Salió a terreno despejado, mirando hacia el cielo tormentoso. - ¡¿Me quieres?! – Se puso en guardia con su espada. - ¡Ven por mí!
Si el Cazatroles iba a morir, al menos sería peleando.
Durante unos momentos, no sucedió nada. Jim se quedó mirando atento hacia el cielo, sin ver ni escuchar nada al Acechador. Antes de que pudiera reaccionar, la bestia lo atacó por la espalda, atrapándolo en sus enormes garras y elevándolo del suelo.
El chico luchaba por librarse del agarre del trol, mientras veía como poco a poco el suelo se iba alejando cada vez más y más.
- ¡¿A dónde me llevas?!
A pesar de la lucha, el Acechador siguió atrapando al Cazatroles, mientras iba subiendo más y más hacia el cielo.
- Por favor déjame ir. – Jim se sentía cada vez más débil. – El aire, no puedo… no puedo respirar…
En el momento en el que Jim estaba por darse por vencido, las palabras de Blinky resonaron en su mente.
No necesita armas. Su ambiente puede ser su arma.
Viendo el cielo tormentoso, Jim hizo lo que pudo por librar su brazo y alzar su espada.
- Si me voy, ¡nos vamos!
Un rayo alcanzó la espada del Cazatroles, y tanto él como el Acechador recibieron una fuerte descarga de corriente eléctrica. La bestia quedó paralizada por el impacto y empezó a caer hacia abajo, liberando en el proceso al chico de sus garras.
Sintiendo la gran altura a la que estaba, Jim simplemente se dejó caer hacia abajo, aceptando el destino que le esperaba al chocar contra el suelo.
Justo antes de que Jim impactara contra el suelo, el amuleto en su pecho empezó a emitir una luz muy potente, envolviendo a Jim por completo en una energía de color azul, la cual sirvió para amortiguar el golpe contra el canal de Arcadia.
Jim cayó justo frente al puente, protegido por la magia azul de su armadura. Termino de espaldas en el suelo con las manos extendidas a los lados, dejando un pequeño cráter a su alrededor, mientras poco a poco la energía que lo envolvía iba desapareciendo, dejándolo seminconsciente.
La mano derecha de Jim se retorció un poco antes de que este recobrara el sentido y poco a poco abriera los ojos, justo para ver los restos de piedra del Acechador caer cerca de él, rompiéndose en varias partes.
Jim vio hacia los escombros con una mirada cansada, antes de recostarse nuevamente contra el suelo, mirando al cielo que empezaba a despejarse.
- Y por esto, odio los cumpleaños.
- Será mejor que esta no sea otra sorpresa porque no creo que pueda sobrevivir a más. – Habla Jim.
- No, no. – Dice Blinky, sonriendo orgullosamente mientras guía a Jim hacia el frente cubriéndole los ojos. Aaarrrgghh los sigue. – Si mis cálculos son correctos, quedan unos pocos minutos de su día de nacimiento. Tiempo para un regalo más. Sé que no parece mucho…
Blinky quita las manos de los ojos de Jim, pero este los mantiene cerrados por miedo.
Jim termina abriendo lentamente los ojos y no puede creer lo que ve.
- Espera. – Se acercó a la pila de piezas. – Eso es una G.S 150. Caja de cambios de cuatro velocidades, ¡unidad de faro con manillar original de sillín largo clásico! ¡Son las piezas de una Vespa de 1955!
- Pensé que tal vez algún día podríamos construirlo juntos. – Responde Blinky. – Después de tu entrenamiento, por supuesto.
El chico no perdió el tiempo en abrazar al trol.
- ¡Gracias! ¡Gracias! ¡Este es el mejor regalo que he recibido! – No podía expresar la alegría que esto le produjo.
- Oh, bien. – El trol se rio entre dientes, mientras le devolvía el abrazo, Aaarrrgghh miraba desde atrás, sonriendo. – Como tu entrenador, es mi deber velar por tu bienestar. – Blinky soltó a Jim, retrocedió unos pasos y miró fijamente al chico. – Por eso, Maese Jim, debo preguntar, ¿por qué el día de su nacimiento es malo para usted?
Jim sintió un nudo en la garganta por la repentina pregunta del trol.
- De… qué… ¿estás hablando? – Su alegría fue reemplazada por nervios.
- He notado tu comportamiento este día. No has estado bien enfocado, creo que hay algo que te perturba, y parece estar relacionado con este día.
- No… ¡es nada! – Jim apartó la vista.
- Es evidente que sí es algo, Maese Jim. – responde Blinky. – Como tu entrenador, puedes decírmelo.
- ¡No! Blinky, yo… - Jim empezaba a retroceder, pero el trol seguía insistiendo. – Yo… - Dio un suspiro antes de hablar. – Cada año es lo mismo, y ya… estoy cansado de esto. No quiero seguir pensando en esto, Blinky.
- Entonces no lo haga, Maese Jim. – La mirada del trol se suavizó. – Solo hable, y déjelo ir.
Jim vio todos los ojos del trol viéndolo con atención, intentando transmitirle confianza. El chico vio a Aaarrrgghh que los observaba, asintiendo con la cabeza, también pidiéndole que confiara en él.
El Cazatroles bajó la mirada y dio un suspiro, caminando hacia las piezas de la Vespa. Realmente nunca se había atrevido a hablar sobre esto. Aunque su mejor amigo conocía su historia, ni siguiera con él se había atrevido a expresarse.
- No me gusta mi cumpleaños… - Empezó a hablar Jim. – Porque siempre me recuerda el día en que mi padre desapareció.
- Interesante. – Comenta Blinky, tocándose la barbilla. – No sabía que su padre era un mago.
- No, desaparecer como magia. – Jim responde, elevando la voz. – Más bien, desapareció de, "se fue porque es un patán" – El chico empezó a apretar las manos contra las piezas de la Vespa. – Fue en mi quinto cumpleaños, mi… padre… me había regalado un lindo kit de bicicleta. Y luego… - Jim se atragantó un poco. – Él solo, se fue. Creo que se había escapado con su novia para ser un vagabundo de esquí en Vermont.
Blinky y Aaarrrgghh intercambiaron una mirada, sorprendidos por lo que estaban oyendo.
- Mi mamá es una gran mujer. – Continuó hablando Jim. – Y ella sufrió mucho cuando él la dejo. Aún recuerdo lo lastimada y dolida que estaba ese día. – El chico sentía que sus ojos empezaban a llenarse de lágrimas, pero las contuvo.
- Qué horrible tragedia. – Comentó Blinky. Esperó unos segundos antes de volver a hablar. - ¿Y qué hay de usted?
- ¿Qué hay de mí? – Jim volteó a verlo con duda.
- ¿Cómo se siente usted al respecto?
Jim vuelve a apartar la mirada.
- Es mi madre quien más salió lastimada, Blinky, no yo.
- ¿Usted no? – Exclama Blinky. – Maese Jim, es obvio que eso también lo ha afectado.
- Lo que yo sienta no importa, Blinky.
- ¡Claro que sí! – El trol dio un paso más cerca de su alumno. – Lo que usted siente también importa, Maese Jim. Dese cuenta de eso.
Jim intentaba negarlo. Que él no tenía problemas con eso, pero sabía que era mentira. Cada año era lo mismo. Recordaba lo abandonado que se había sentido cuando se enteró que su padre los había dejado. Se da cuenta de lo mucho que le había hecho falta la seguridad y las enseñanzas de un padre en su vida, sentía un vacío dentro de él, como si algo le hiciera falta, un anhelo por un afecto ya no correspondido. Jim sentía como la ira lentamente empezaba a salir de él.
- ¡Estoy harto de seguir sintiéndose así! ¡De seguir sintiendo lástima por mí mismo! ¡De seguir lamentándome por eso! – Él golpea con fuerza los puños contra el asiento de la Vespa.
Jim respiraba con dificultad, no queriendo desmoronarse. En ese momento, Blinky coloca su mano sobre su hombro y hace que lo mire.
- No tiene por qué seguir haciéndolo, Maese Jim. – El trol lo mira con suavidad. – Esa ira, tristeza, y odio que siente, es algo que no es útil. No mantenga más eso con usted. Debe aprender a soltar, lo que ya no le sirve.
Ante las palabras de su mentor, Jim dejó que las lágrimas salieran, recostándose mientras lloraba. Era difícil, pero las palabras de Blinky eran ciertas, esto era algo que no tenía por qué mantener consigo, debía aprender a soltar todo eso. Pero por ahora, se dedicó a desahogarse.
Ambos troles lo vigilaron mientras el Cazatroles lloraba. Después de un tiempo, Jim se secó las lágrimas y vio a ambos troles que le daban una cálida sonrisa. Para su sorpresa, descubrió que se sentía mejor luego de haberse expresado, y fue capaz de devolverles el gesto.
- Gracias, Blinky. – El chico volvió a abrazar al trol de seis ojos.
- Por suerte los humanos escriben muchos libros. – Comenta Blinky. – El aspecto de la psicología humana es algo muy interesante que he estado leyendo.
Esto causó que Jim soltara una risa, al ver cómo es que un trol era capaz de dar sesiones de terapia a un humano.
- Jim mejor. – Aaarrrgghh tomó al chico en sus brazos, apretándolo un poco, pero no demasiado.
A pesar del día tan loco que ha tenido, Jim siente que este ha sido su mejor cumpleaños.
