Este ha sido el capítulo más difícil de escribir, y creo que es el más importante en esta historia. Espero sea de su agrado.
El sonido de espadas chocando se escuchaba en el patio de la casa Lake. Era de noche, y Jim se encontraba entrenando con Draal.
- Si esta fuera una auténtica batalla, Cazatroles. – Dice Draal. – Hubieras perdido tu pierna derecha, tres dedos, y tus grok-nuks. – No se contenía a la hora de entrenar al chico. Había notado que no parecía estar enfocado en la pelea.
- Lo siento. – Dice Jim, bajando la guardia. – Creo que estoy algo distraído esta noche.
Draal aprovechó su descuido, derribando a Jim y sujetándolo por la espalda contra el suelo.
- Bular usará tu distracción como una oportunidad para remover tu cabeza de tus hombros.
Jim reaccionó ante el comentario de Draal, era cierto. Si en una pelea con Bular no se enfocaba, él iba a terminar muerto. El trol liberó a Jim luego de un momento.
- No es la primera vez que estás así. Estos días he notado que no estás enfocado ¿Qué es lo que te distrae esta noche? – Pregunta Draal
- No lo entenderías. – Jim apartó la mirada.
Con un gruñido, Draal volvió a arrojar a Jim al suelo e inmovilizándolo con su brazo en la espalda.
- Soy el hijo del anterior Cazatroles, Cazatroles. – Gruñó Draal.
Jim no tardó en soltar lo que le pasa.
- Estoy preocupado por besar a Clara.
- No lo entiendo. – El rostro de Draal mostró en total confusión.
- La obra de la escuela, Romeo y Julieta. Estamos ensayando la escena del beso, y tengo que besarla mañana. – Jim miró hacia el suelo, con pena.
Draal liberó a Jim de su agarre y ambos se pararon.
- ¿Besar? – El trol se sentó en una roca, intrigado. - ¿Qué es eso de besar?
Jim desapareció su armadura y se sentó en una roca más pequeña, frente a su compañero.
- Es… - El chico decía, con una sonrisa tímida. – Es, algo bueno. Cuando dos personas se gustan, ellos unen sus labios. Y dependiendo de cuanto se gusten, el beso dura más. A veces horas.
El trol lo miró con repugnancia.
- ¡Qué salvaje! Matar suena más fácil.
El chico se sentía incómodo por aquella conversación. El tema sobre la chica que le gusta era algo que últimamente había estado rondando mucho por su cabeza, y ahora estaba explicando lo que era un beso a un trol.
- Agh… - Jim colocó su rostro entre sus manos. – No puedo creer que estoy hablando de esto contigo.
- ¿Y por qué eso te preocupa? – Draal lo miró con confusión. - ¿No dijiste que este, beso, es, algo bueno?
- Lo es. – Jim levanta su cabeza, una mirada un poco triste. – Si ambas partes están de acuerdo.
- ¿No estás de acuerdo? – Draal arqueó una ceja.
- Es que… - Jim dudó por un momento. – Clara es especial. Enserio me gusta, y yo… no le he dado la mejor impresión. Yo… no quisiera obligarla a hacer algo que ella no quiere.
El Cazatroles miró al suelo con desgana, sintiéndose mal al recordar cómo está su situación con la chica que le gusta actualmente.
- Mmm. – Draal observa al chico. Viendo que parecía importarle mucho lo que esa chica pensara de él. – Así que es eso lo que te ha estado molestando. ¿Y esa chica, Clara? ¿Cómo es?
- Ella es… - Jim dio una mirada soñadora. – Muy bonita, inteligente, amable, divertida…
- No. – Draal lo interrumpe. – Me refiero a, ¿qué tal es para apoyarte?
- ¿Qué? – Jim lo mira con confusión.
- Para ser tu compañera. ¿Ella es capaz de cuidar tu espalda?
- Cuidar mi… ¿Espalda? – Jim lo mira aún más confuso.
- ¿No lo sabes? – Draal exclama. - ¿Estás interesado en ella, pero no sabes de qué sería capaz? ¿Si es digna de tu confianza?
- ¿Digna?
- Entre los troles tenemos este acuerdo. Yo cuido tu espalda, tú cuidas la mía. – Draal empezó a elevar su voz. - ¿Esta chica ha probado que puede hacer eso?
- ¿Qué? – Exclama Jim, sin saber que decir. – Pues… yo… yo… no creo que Clara tenga que hacer eso. – Jim no entendía nada de esto. ¿Por qué debería Clara "probar ser digna"? Ella era mucho para él, eso es lo que pensaba.
- ¿Y por qué no? – Desafió Draal.
- Porque… porque… - Jim tartamudeo, se estaba poniendo nervioso. – Porque ella no ha hecho nada malo, soy yo quien le ha estado causando problemas.
- Has estado cumpliendo con tu deber como Cazatroles. – Argumentó Draal.
- Lo sé. – Jim suspiró. – Y por eso le he causado problemas a Clara, ella ha estado muy enojada conmigo. – Miró al suelo con tristeza.
- ¿Y tú permites que lo que ella piense te afecte? – El trol estaba empezando a enfadarse.
- Bueno… yo… es que ella tiene razón.
- ¿En qué tiene razón?
- Pues… destruí su casa…
- ¿De verdad fuiste tú quien lo hizo?
- Pues… no…
- Así que cuando ella, alguien que no sabes si es digna de tu confianza, arremete contra ti, ¿qué haces?
- Yo… trato de disculparme, no quiero que ella me odie.
- ¿Así que sólo agachas la cabeza y te humillas, sólo porque te sientes atraído por alguien a quien apenas conoces? ¿Dejarías incluso que te golpee? – Draal entrecerró los ojos al ver a Jim vacilar. – Eres patético.
- Eso… eso no es así Draal. – Jim trataba de defenderse.
- Te he observado, Cazatroles. Tiendes a retroceder ante lo que alguien más piense de ti. Y por lo que veo, ante esta chica siempre te rebajas. ¿Esperarías que ella hiciera eso contigo? ¿Crees que ella haría lo mismo que tú estás dispuesto a hacer por ella?, alguien que merece tu confianza, ¡no dudaría en proteger tu espalda usando su propio cuerpo como escudo ante un ataque a traición!
- ¡Wow! – Jim pensaba que Draal se estaba volviendo loco. - ¡Yo nunca usaría a Clara para que reciba un golpe por mí!
- Pero tú si lo harías por ella. – El trol entrecerró sus ojos ante el chico. – No sabes si ella haría lo mismo por ti, pero si ella te lo pidiera, ¿no dudarías en hacer lo que ella diga?
- Yo… yo… - Jim iba a responder que lo haría, pero las palabras de Draal estaban empezando a hacer que dudara de sus acciones. ¿Él simplemente haría cualquier cosa por Clara si ella se lo pide?
- En la batalla debes estar enfocado, Cazatroles – Draal se cruzó de brazos, viendo con seriedad a Jim. – Si tu mente no está bien, tu cuerpo no responderá. Permitir que esa chica te afecte es un gran error, ¡y aún peor dejarla hacerlo!
- ¡No es culpa de Clara! – Jim se levantó, enojado. – Ella… no tiene idea de todo lo que está pasando. – Seguía tratando de defender a la chica.
- Pero tú. – Draal lo señaló con su dedo. – Sí lo sabes. ¡Eso también debería importarte! – El trol se levantó, al ver que Jim solo lo miraba, sin responderle. – Has lo que tú quieras. Solo sigue agachando la cabeza, pero si piensas en entregarte por completo, sin saber de lo que es capaz, vas a terminar arrastrándote por el suelo, por alguien que seguramente, no haría lo mismo por ti.
Draal se da la vuelta y entra a la casa, dejando solo a Jim, este totalmente inmóvil, reflexionando las palabras del trol sobre la chica que le gusta.
Jim se encontraba en su cama, dando vueltas, tratando de conciliar el sueño. No había podido sacarse de la cabeza la conversación que había tenido con Draal.
Al principio, le había parecido absurdo. Clara no tenía por qué demostrarle nada. Él ya le había causado muchos problemas, entre ellos destrozar su casa, ella tenía derecho a estar enojada con él. Él haría lo mismo si estuviera en su lugar.
¿En serio? ¿Tú harías lo mismo?
Un repentino pensamiento golpeó al Cazatroles casi de inmediato. ¿En verdad lo haría? Jim trató de imaginarse estando en el lugar de Clara, dejándola a ella sola en su casa para que la cuide, volviendo y encontrar a la chica con su casa destrozada, siendo solo ella la única responsable posible.
Para desconcierto de Jim, por más que lo intentaba, le era imposible enojarse con Clara incluso en una situación así. Siente que ni siquiera le gritaría, ni pediría explicaciones, e incluso asumiría absolutamente toda la culpa de la situación y probablemente solo bastaría una dulce sonrisa de la chica para que él se sienta bien consigo mismo.
Por un lado, Jim quiso reírse por pensar en algo tan absurdo, pero de nuevo no pudo evitar reflexionar en esto. ¿O sea que, si una chica que apenas conoce destrozara su casa y lo metiera en problemas, no le importaría en lo más mínimo solamente porque le gusta?
Jim terminó sintiéndose un poco estúpido al pensar en esto.
Sus pensamientos se movieron nuevamente hacia Clara, en las cosas que ella le hace sentir. Se dio cuenta de que Draal tenía un punto, apenas si la conocía, ¿pero ya con eso ya podía decir que estaba enamorado de ella?
¿Por qué sentía que lo estaba? ¿Era porque era linda? Pero muchas chicas en la escuela son lindas, no solo ella, aunque a sus ojos, Clara era la chica más linda que jamás haya visto.
Si Jim hubiese tenido que describir alguna vez a Clara, hubiese sido como una de esas hermosas princesas en los cuentos de hadas que siempre le leía su madre de niño.
A Jim le encantaban esas historias. Solían estar llenas de aventuras y emoción, aunque nunca faltando la parte del romance. Siempre habiendo una princesa bondadosa y hermosa de la que el valiente príncipe se enamoraba perdidamente a primera vista, y lucharía contra enormes dragones y malvadas brujas con tal de rescatar a la princesa y hacerla su esposa.
Jim era consciente de que hoy en día, a muchas mujeres ya no les interesaba ese tipo de princesas. No necesitaban que un hombre viniera e hiciera todo por ellas. Querían ser capaces de hacerlo por sí mismas. Su madre era un gran ejemplo de eso. Cuando su padre los abandonó, ella sola fue capaz de criarlo y salir adelante con su vida. Jim la respetaba mucho por eso.
Viéndolo ahora con otro punto de vista, Jim podía entender un poco porque esa imagen de princesa no interesaba tanto. Parecía como alguien que era muy dependiente, al siempre tener al príncipe protegiéndola.
Pero al recordar la conversación que tuvo con Draal, algo le vino repentinamente a la mente.
¿Y qué hay del príncipe?
Si bien, la princesa siempre parecía no tener más opción que depender del príncipe, al menos ella siempre tendría la seguridad de lo que su amor podría hacer por ella. El príncipe luchaba contra peligros y arriesgaba su vida sin dudarlo, solamente por poder ganarse el afecto de la princesa, así es como la dama terminaba enamorada del noble caballero que la salvaba.
¿Pero cómo es que se enamoraba el príncipe de la princesa? ¿Solamente al verla, se quedaba con su belleza y no cuestionaba nada más? ¿Simplemente arriesgaría la vida por ganarse el afecto de alguien que apenas conoce?
En los cuentos de hadas, el príncipe siempre es descrito como alguien que enfrenta los peligros solo, lleno de gloria y sin necesitar el apoyo de alguien.
La experiencia que tenía Jim con su propia aventura en una armadura no era nada como en los cuentos. Era arriesgada, peligrosa, dolorosa, y varias veces una gran carga. Muchas veces el chico llegaba al punto de sentirse solo en su labor, le encantaría tener a alguien que pudiera cuidarle la espalda.
Por un lado, el Cazatroles podía entender la parte de salvar a alguien porque necesita ayuda, pero simplemente ya entregarle tu vida a alguien que a penas conociste y no sabes qué haría por ti, solo porque te gusta, le pareció algo tonto.
Viendo esas historias desde el punto de vista de Draal, el príncipe parecía alguien estúpido, al menos así fue cómo lo vio Jim.
El chico no pudo evitar comparar su situación con esas historias. ¿Acaso no había visto a Clara, se había enamorado de ella, y ya estaba dispuesto a hacer cualquier cosa que ella le pidiera?
Te he observado, Cazatroles. Tiendes a retroceder ante lo que alguien más piense de ti. Y por lo que veo, ante esa chica siempre te rebajas.
Las palabras de Draal no paraban de resonar en la cabeza de Jim, haciéndolo dar vueltas y vueltas en su cama.
¿Esperarías que ella hiciera eso contigo?
Jim jamás en su vida esperaría que Clara se rebajara ante él, siempre la ha visto como alguien que es demasiado buena para él.
Desde que la conoció, no podía hacer otra cosa que no fuera admirarla, y soñar en poder tomar su mano y que ella lo aceptara. Ese era su sueño, estar al lado de Clara Nuñez.
¿Crees que ella haría lo mismo que tú estás dispuesto a hacer por ella?
Los pensamientos venían sin que el chico pudiera detenerlos, y con eso, la reflexión ante ello.
Si estás enamorado de alguien, siempre debes pensar esa persona antes que en ti. ¿Acaso no es egoísta si piensas en ti?
Jim terminó cuestionándose, ¿acaso sería posible que él algún día también fuera el sueño de Clara? La respuesta, le llegó casi de inmediato.
No.
Por supuesto que no. Su sueño es ser actriz. Jim recordaba las veces que la ha visto ensayando, era obvio que eso era lo que de verdad amaba ella, no era alguien que esperaba que un príncipe azul viniera a rescatarla.
Clara Nuñez no era una damisela en apuros que necesitara ayuda. Era alguien que era segura de sí misma y sabía lo que quería. No como él, que siempre se ha mostrado muy inseguro de lo que quiere y lo que le apasiona.
Jim sabe lo lista que es Clara, y si ella, era lista al tener un sueño que la apasionara tanto, entonces, ¿él era alguien estúpido porque su mayor sueño fuera estar con otra persona?
El sonido de la alarma del despertador sacó a Jim de sus pensamientos. Estaba tan absorto en su mente sin darse cuenta de que ya había amanecido. No fue capaz de dormir en toda la noche, y eso se notaba en su aspecto.
La noche sin sueño le estaba pasando factura a Jim en la escuela. Tenía ojeras, los ojos entrecerrados y algo rojos por no dormir. Le era difícil enfocarse en clases, no sólo por el cansancio, sino que incluso su cabeza no paraba de molestarlo con todas las dudas que seguían formándose.
Algo que lo desconcertó es que, si los alumnos lo veían, no hacían otra cosa que no sea soltar una risa. Jim sabía que estaba lejos de ser popular en la escuela, pero no cree que su aspecto de fatiga sea algo que de risa.
- ¿Jim? - El chico no se había dado cuenta de que Strickler se había acercado a él en el patio de la escuela. - ¿Te sientes bien? Te ves muy cansando. – Lo miró con algo de preocupación.
- Yo… no pude dormir anoche. – Jim dio un bostezo. – Muchas cosas que pensar, supongo.
La mirada de Strickler se suavizó un poco antes de dar una pequeña sonrisa, un tanto traviesa.
- ¿La señorita Nuñez tiene tu mente muy ocupada?
Jim abrió mucho los ojos ante las palabras de su maestro, sorprendido.
- ¿Cómo… – Trató de preguntar.
Todo el mundo está hablando sobre la escena que ensayarán hoy para la obra de Romeo y Julieta. – La sonrisa de Strickler se mostró más relajada. – Supuse que eso es lo que te tiene tan tenso. Parece ser que acerté.
- Oh… claro… la obra… - Jim de repente entendía por qué todo el mundo parecía reírse al verlo. Sabían que Clara y él tendrían que besarse en el ensayo de hoy. – Si… si… es justo eso. Je je je. – Se ríe nerviosamente.
Aunque su maestro tenía razón en que Clara ha mantenido su mente ocupada, la escena del beso no era lo que había estado pensando.
- Bueno. Que tengas suerte. – Comenta Strickler, sacando su bolígrafo. – Tengo que retirarme, hoy debo atender un asunto personal, así que no estaré dando clases.
- Ok. – Jim empezó a alejarse de su maestro. – Nos vemos, señor Strickler.
- Y Jim. – El maestro llamó a su alumno, antes de que este se fuera, mientras seguía manejando su bolígrafo. – Te dije que hablar con la señorita Nuñez sería más productivo que observarla. Pero… - El rostro de Strickler se tornó algo serio. – Tal vez deberías conocerla mejor antes de decidir entregarle todo de ti. No es saludable pensar tanto en alguien, en especial, si no sabes si haría lo mismo por ti.
Jim se quedó helado ante las palabras de su maestro, nuevamente escuchando lo que Draal le había dicho ayer sobre Clara.
- Cuídate, Joven Atlas.
Strickler se alejó, y Jim volvió a meterse en sus pensamientos.
- Strickler está ausente hoy. – Dice el entrenador Lawrence a sus alumnos en el salón de clase. – Así que yo lo sustituyo. Me pidió que les enseñara algo de historia. Así que, sin más preámbulos, ¡les presento Arma Robot 3! – Apagó las luces del salón y puso la película en el proyector frente al pizarrón. Los alumnos se acomodaron en sus asientos para disfrutar la función.
Jim apenas prestaba atención a la película, su mente no lo dejaba tranquilo, duda tras duda se venía formando en su cabeza.
- Amigo, te ves terrible. – Toby comenta, desde el asiento detrás de Jim. - ¿Nervioso por tu gran día? – Dio una sonrisa descarada.
- Sí, seguro. – Jim observó a Clara viendo la película, no prestándole mucha atención al comentario de Toby.
- ¿Tienes pastillas de menta? – El gordito colocó su mano frente a la cara del Cazatroles, mostrándole las pastillas que tenía.
- ¿Qué cosa? – Jim lo miró con confusión.
- Para el aliento. – Toby depositó las pastillas en la mano de su amigo. – No querrás tener mal aliento en tu sesión especial, ¿eh? – Trataba de darle ánimos a su mejor amigo.
- Oh, claro, sí. La escena del beso – Jim vio las pastillas.
Tener que besar a Clara hubiera sido lo que más nervioso hubiese puesto a Jim, de no ser por todo lo que ha estado pensando últimamente.
- Oye, Tobs. – El Cazatroles volteó a su amigo con duda. – Dime algo. ¿Crees que soy alguien que se humilla demasiado?
- ¿Enserio preguntas eso? – Toby soltó una risa. – Oh, Jimbo. ¡Por supuesto que lo eres! ¡Oh, viejo! ¡Me encanta esa parte! – Terminó distrayéndose con la película luego de su comentario.
- Yo… - Jim se desconcertó ante la respuesta de su mejor amigo. - ¿Lo soy?
Mientras tanto, Clara estaba teniendo su propia conversación con su amiga Mary.
La castaña se encontraba mordisqueando la punta de un lápiz debido a los nervios que sentía por el ensayo de hoy.
- No actúes tímidamente, Bombón. – Mary le quitó el lápiz de la mano. – Sé que es lo que estás pensando.
- Sólo es actuar, Mary. – Clara recupera su lápiz. – Nada más.
- Nada más que un poco de esto. – Mary sujeta a Clara por las mejillas y hace gestos de besos, molestando a su amiga.
- ¡Mary! – Clara se ríe de su amiga mientras esta la imita.
- ¿Y qué tal van las cosas con Lake? – Mary se acerca a Clara con atención. - ¿No te ha dado alguna explicación de cómo le hizo para destruir tu casa?
- Pues… No. La verdad no. – Clara vuelve a sentirse un poco molesta al recordar el incidente de Jim cuidando su casa. – Quiero decir, parece que en verdad lo lamenta, pero aun así…
- ¿Y sobre esos problemas que te comentó en esa extraña carta? ¿No te ha dicho nada más?
- No. Bueno, tampoco es que hayamos tenido tiempo de hablar, pero dijo que tiene algunos problemas, y es por eso que a veces llega tarde a los ensayos.
- ¡Ay, Bombón! – Exclama Mary, soltando una risa. - ¡Eres tan inocente!
- ¿Qué? – Clara la mira con desconcierto.
- Esos, "problemas", de los que Lake habla es solo una excusa para tapar lo que en verdad hace.
- ¿Y qué es lo que hace?
- No lo sé. – Mary se encoge de hombros. – Leer historietas, jugar videojuegos, salir a vagar con su amigo, hacer cosas tontas que a chicos como él le parecen interesantes. Él solo te está tomando el pelo.
- ¡¿Qué?! – Clara exclamó. – Tú… ¿crees eso?
- Obvio que sí. – Mary notó a Jim. – Parece bastante fatigado.
Clara volteó de reojo, sintió algo de preocupación al verlo, pero rápidamente desaparece ante las palabras de Mary.
- Seguramente se habrá desvelado con sus videojuegos. – Comenta la chica.
Clara empieza a asimilar las palabras de su amiga. Lo que ella decía parecía tener sentido. Ella había visto que Jim no solo no se mostraba siendo muy responsable con la obra, a veces llegaba tarde a clases, o incluso faltaba a estas.
Por lo que sabía, sus calificaciones no eran buenas y su desempeño como estudiante no era bueno, y siempre ponía excusas de que hubo algo que lo entretuvo o alguna otra cosa, pero nunca daba una explicación clara.
La castaña siente como su mano se aprieta en un puño, mientras poco a poco la ira dentro empieza a tomar forma.
Clara no era una estudiante con honores por nada. Ella constantemente se esforzaba en sus estudios, al mismo tiempo que debía ser responsable en casa ayudando a sus padres y cuidando de su hermanito.
A pesar de lo ocupada que está, ella creyó que Jim necesitaba ayuda y quiso ayudarlo. ¿Pero cómo le ha respondido él? Falta constantemente a los ensayos, no hace otra cosa que dar excusas, y cuando se ofreció a cuidar a su hermanito terminó destruyendo su casa.
Clara todavía recuerda lo enojados y decepcionados que estaban sus padres con ella. Su madre, que de por sí ya era bastante estricta, no vacilo en regañarla por haber confiado en Jim.
No me imagino qué debe tener en la cabeza su madre si él es así.
Fueron las palabras que soltó la madre de la chica por lo enojada que estaba.
La castaña sentía como su puño se apretaba cada vez más.
Ella le había dado su confianza a Jim, le había dicho que si tenía problemas podía contárselos, que ella quería ayudar. El sólo pensar que todo este tiempo el chico solamente ha estado perdiendo el tiempo con cosas triviales y no tomando en serio la obra, algo que era muy importante para ella, le daba rabia.
Pensar que todo este tiempo ella le dio su confianza y él podría sólo estar jugando con eso la hacía sentir dolida y enojada.
- De verdad… – Clara volteó a ver a Mary, su voz un poco dura. - ¿De verdad crees que él esté haciendo eso?
- Créeme, Bombón. – Mary tenía una sonrisa confiada en su rostro. – Conozco a los hombres. Tienes que saber cuidarte, o pueden terminar aprovechándose de ti – Mary se encogió de hombros. – Aunque claro, estas son suposiciones mías, así que tienes que aclarar bien las cosas con Lake.
- ¿Y qué se supone que haga?
- Fácil. – Mary se cruzó de brazos. – Dile todo lo que sientes. Hazle saber que te debe explicaciones y que será mejor que te las dé. – La chica una sonrisa malvada en su rostro. – Es más, dale un ultimátum.
- ¿Un ultimátum? – Clara arquea una ceja.
- Una última oportunidad para que se justifique. Exígele que te aclare todo, no vaciles en presionarlo para ello. Y si no se explica, si sigue poniendo excusas, si sigue tratando de burlarse de ti. Lo envías bien lejos. – Mary terminó con una sonrisa de satisfacción.
Clara bajó la mirada, asimilando lo que su amiga le había aconsejado. Si Jim de verdad sólo jugaba con ella, la chica no tenía miedo en absoluto de encararlo.
- Tienes que hacerte respetar, Bombón. – Mary se levanta. – Es más, lo que tú y Lake necesitan es un pequeño empujón. – Empieza a caminar hacia Jim.
- ¡¿Qué?! – Clara abre los ojos al ver lo que su amiga intenta. - ¡Mary, no!
- Relájate, Bombón. – Se encoje de hombros. – Literalmente, podrías hacerle cualquier cosa a Lake y él jamás te diría nada.
- ¿Qué se supone que significa eso? – Clara trató de cuestionarla, pero su amiga ya se había alejado.
- Entrenador Lawrence. – Mary señaló a Jim. – Jim se robó mi asiento. – Este reacciona sin palabras.
- Lake, devuélvele su asiento. – El entrenador ni siquiera apartó su vista del libro que estaba leyendo.
Al escuchar la orden, Jim simplemente agacha la cabeza y se levanta, ni siquiera intenta decir que lo que la chica dice es mentira.
- Buen chico, Lake. – Mary le toca la cabeza cuando pasa junto a él, para luego sentarse en su escritorio.
Esta acción hizo que Jim detuviera su paso y volteara a ver a la chica.
- ¿Qué esperas? – Mary le hizo un gesto con su mano. – Sé un buen chico, y ve a tu lugar.
Nuevamente, Jim se sintió desconcertado. ¿Mary acababa de tratarlo como si fuera una especie de mascota?
Cuando el chico se sienta en el lugar en el que había estado Mary, capta la mirada de Toby. Su mejor amigo le hacía un gesto, como diciéndole, "te lo dije". Jim vuelve a meterse en un debate mental. Estaba tan metido en sus pensamientos que no se había dado cuenta de que estaba sentado al lado de Clara.
La chica apartó la mirada cuando él se sentó, por distintas razones. En parte, seguía nerviosa por la escena del beso, pero también, estaba teniendo conflictos sobre qué pensar de Jim luego de su conversación con Mary.
Clara volteó de reojo y vio la expresión que tenía su compañero. A pesar de las fuertes sospechas que tenía, no pudo evitar sentirse preocupada por él.
- Oye… - Ella voltea a verlo. - ¿Estás bien?
- Yo… - Jim reacciona, dándose cuenta que Clara estaba a su lado. – ¡Sí! – Responde con nervios. – Yo sólo… mucho que pensar. Tú sabes… la obra, el ensayo de hoy.
- Si… - Clara dice, no muy convencida. – A todo el mundo parece interesarle nuestra obra de repente.
- Lo sé. – Jim habla sin pensar. – Toby me dio pastillas para el aliento.
Para su sorpresa, Clara siente como una risa se le escapa, sintiéndose de repente más relajada.
- ¿De verdad? – Dice con una sonrisa.
Jim voltea a ver a Clara, y se encuentra con su sonrisa, devolviéndole el gesto.
De repente, todas esas dudas sobre Clara que lo han estado carcomiendo parecían desvanecerse. ¿Qué estaba pensando? Clara no necesitaba probarle nada. Ella jamás podría hacerle algo malo a él.
Un susurro hizo eco en la mente de Jim.
¿Estás seguro?
- ¡No, no, señor Lake! ¡Otra vez! – Exclama la señorita Janeth, sentada viendo a Jim y Clara ensayar en el escenario.
Jim había estado teniendo problemas para recitar sus líneas, cosa que empezaba a retrasar el ensayo que tenían para hoy.
- Si, sí, claro, yo. – Jim hojeaba su libreto, tratando de enfocarse en la escena que debía recitar ahora.
El día ya estaba empezando a pasarle factura. Desde el día anterior su mente no lo había dejado en paz, haciendo que le fuera difícil concentrarse en la escuela, y más aún, en el ensayo.
- Enserio Jim, estamos retrasados. Falta poco para el día de la obra – Clara le dice a su compañero. La molestia en su voz era evidente.
La chica estaba empezando a perder la paciencia con su compañero. No ayudaba el que Jim hubiese llegado tarde al ensayo, otra vez.
- Sí, sí… lo sé. – El chico responde nervioso.
- Oh, ¿enserio? – Clara le frunce el ceño. – Pues debes saber que el que vuelvas a llegar tarde no ayuda con eso.
- Si, lo siento. – Jim agacha la cabeza. – Es que… es que anoche no dormí bien.
- ¿Por qué? – Pregunta Clara. Lo mira con sospecha.
- Por… - Jim aparta la mirada. – Por nada, no es nada.
- Eso no es una respuesta. – La mirada de la chica se endurece.
- ¿Qué? – Jim la mira.
- ¿Qué fue lo que no te dejó dormir?
- Ya te dije. – Jim se encoge. – No es nada.
- Es obvio que es algo. – Presiona Clara.
Jim suelta un suspiro. Se sentía muy cansado.
- Muy bien, - Dice la señorita Janeth, desde su asiento. – Continuemos.
- Mira, volvamos al ensayo… - Trata de decir, Jim.
- No. – Clara da un paso hacia adelante. - ¿Qué es lo que tanto te molesta?
Jim se mostró sorprendido ante la actitud de Clara.
- Yo solo… - Jim vuelve a apartar la mirada. – He estado ocupado, y eso me ha mantenido pensando.
- ¿Ocupado en qué, exactamente? – Clara arquea una ceja.
- Oh… ya sabes. – Jim se empezaba a poner cada vez más nervioso. – Tarea, escuela…
- ¿Y problemas? – Clara entrecerró aún más los ojos. - ¿Qué clase de problemas?
- Um, ya sabes, problemas.
- Pues dime. – Presiona Clara.
- ¿Qué?
- Que me digas.
- Yo...
- Deja de poner excusas y di qué problemas tienes. – Clara suelta de repente.
- Agghh… ¿por qué te interesa tanto saberlo? – Jim suelta sin darse cuenta. Se empezaba a irritar ante las presiones de Clara.
- Me interesa. – Clara da otro paso más hacia él. Su mirada se endurece. – Porque eso está afectando los ensayos para la obra. Esta obra es muy importante para mí, Jim.
- Sí, lo sé.
- No. No lo sabes.
- Yo sí…
- ¡No! – La exclamación de Clara hace retroceder a Jim, y sorprende a la gente en los asientos. – Si lo supieras, te esforzarías más por llegar a tiempo a los ensayos.
- Ya te lo dije… - Jim estaba empezando a alterarse. – He estado ocupado.
- ¿Por ocupado acaso te refieres a perder el tiempo? – Desafía Clara.
- ¿Qué? – Jim la mira con desconcierto.
- ¿Las razones por las que llegas tarde es porque te la pasas jugando y andando por ahí?
- Claro que no… - Jim trata de protestar.
- ¿Entonces qué? – Clara lo desafía con la mirada. - ¿Qué es lo que tanto te mantiene ocupado que no puedes comprometerte con llegar a tiempo a los ensayos?
Jim no puede hacer otra cosa que mirarla con desesperación, para luego bajar la cabeza y apartar la vista.
- Entonces eso era. – Clara se siente dolida, al mismo tiempo que la rabia sale de ella. – Sabes, Jim, pensé que eras el tipo más agradable. – Jim mira a Clara al oírla decir eso. - ¡Y ahora veo que de verdad me equivoqué!
- Clara… - Jim empezó a sentirse dolido.
- ¡No me hables! – Clara le ordena, Jim retrocede.
La chica se sentía en verdad enojada, y ahora Jim, lo quiera o no, iba a tener que escucharla.
- Hemos estado trabajando duro para que esta obra salga bien. Yo he estado trabajando duro, ¿mientras que tú solamente te dedicas a ser un vago y no comprometerte? ¡¿Eso te parece bien?!
El Cazatroles siente como sus manos empiezan a apretarse ante las palabras de Clara.
- Cuando te dije que esta obra es muy importante para mí, hablaba enserio.
¡Sí, ya lo has dicho muchas veces!
Jim sintió este pensamiento que le vino a la mente, haciendo que empiece a irritarse, pero no se atrevía a contradecir a la chica.
- ¡No puedes simplemente poner excusas por no llegar a tiempo! Y más aún, ¡que las razones por las que te retrasas sean que te dediques a vagar por ahí!
El chico siente como su frustración empieza a aumentar.
¿Vagar? He estado protegiendo al mundo, recibiendo palizas, ¡y luchando por sobrevivir!
- Ya basta, Clara… - Jim trata de hablar, apretando los ojos.
- ¡Traté de ayudarte con tus tareas! ¡Confié en ti para cuidar a mi hermanito! ¡¿Crees que haría eso con cualquiera?!
La imagen de Enrique siendo llevado por el goblin vuelve a hacerse presente en la mente de Jim, haciéndolo sentir aún peor.
Es mi culpa que su hermano fuera secuestrado, tiene razón al enojarse conmigo.
¡Y soy yo quien está arriesgando su cuello para tratar de salvarlo! ¡No ella!
La mente de Jim empezaba a entrar en conflicto, causándole dolor.
- En serio… detente. – El chico no podía ni mirarla a los ojos. Las palabras de Draal sonaban en su cabeza.
Sólo sigue agachando la cabeza.
- ¡Y tú terminas destruyendo mi casa! ¿Y haciendo qué? ¿Organizando una fiesta? ¡Alguien te da su confianza y a ti parece no importarte eso! – Las palabras de Clara era implacables, e hirientes.
- Detente… - Jim suplicaba.
Pero la chica no iba a retroceder. Recordando las palabras de su madre, Clara arremetió.
- ¿Acaso tus padres te criaron así? ¡Tu madre enserio debe estar bien loca para educarte de esa forma!
Las últimas palabras de Clara hicieron que Jim finalmente abriera los ojos y mirara hacia arriba.
- Disculpa… ¿Qué?
Clara acercó su rostro a centímetros de Jim, para asegurarse que esta vez la escuche muy bien.
- Que sí tú eres así de irresponsable… ¡No me imagino que clase de mujer loca es tu madre para haber criado a un hijo como tú!
Jim siente como algo dentro del él se rompe. Él recuerda perfectamente el día de su cumpleaños. Recuerda lo dolida que estaba su madre cuando su padre los abandonó, lo mucho que ella luchó por salir adelante, graduarse de la escuela y criarlo. Ella es una gran doctora y trabaja muy duro para mantener su casa, es la mejor madre que él hubiera podido pedir.
El Cazatroles podía tolerar cualquier cosa que dijeran de él, sin importar lo duro que sean o lo lastimen, podía tolerarlas. ¿Pero que alguien llamara loca a su madre? Eso no se lo toleraba a nadie.
A nadie.
Jim se mantuvo en shock durante unos segundos, su expresión comenzó a cambiar lentamente. Vio a Clara, la chica de la que se había enamorado, e hizo lo que jamás en la vida pensó que haría.
Enfurecerse con ella.
La expresión de enojo de Clara comenzó a desaparecer y fue remplazada por una de shock y algo de miedo al ver la expresión de Jim.
Él se veía furioso.
La postura encorvada de Jim fue remplazada por una bien firme, mientras avanzó lentamente hacia Clara, quien empezó a retroceder con algo de miedo. Con Jim bien erguido, Clara podía notar que él era más alto que ella.
- Puedes pensar y decir todo lo que quieras sobre mí. – La voz de Jim era baja, pero bien firme. – ¡Pero jamás! – Le apuntó con su mano. – ¡Vuelvas a hablar mal de mí madre!
Clara estaba totalmente sin palabras. Veía con miedo la mirada de Jim y notó su mano sosteniendo el libreto, lo apretaba muy fuerte. Por un momento, Clara tuvo miedo de que él fuera a golpearla. A pesar de su apariencia, ella sabía cómo defenderse, pero en estos momentos no podía ni hablar, jamás había visto a Jim de esta forma, y mucho menos esperaba que él la mirara con tanta furia.
La señorita Janeth y los demás miembros en los asientos estaban igual de impactados.
Jim sentía como su respiración empezaba a acelerarse, su cabeza empezaba a palpitar, sus dientes se apretaban. No sabía qué era lo que le pasaba, pero no podía seguir mirando a Clara por más tiempo.
El chico arrojó con fuerza el libreto en su mano contra el suelo, y procedió a marcharse. Necesitaba salir de ahí.
El gimnasio quedó en completo silencio durante segundos que parecieron minutos. Luego la señorita Janeth finalmente habló.
- Creo que eso es todo por hoy.
Por su parte, Clara aún no había sido capaz de moverse, sin poder creer lo que acababa de pasar. La chica se sentía desconcertada, y… dolida.
Había olvidado por completo la rabia que sentía hace unos momentos, y se sorprendió al sentir una gran tristeza.
La mirada de furia en los ojos de Jim seguía bien plasmada en su mente.
¿Por qué le dolía tanto que él la viera de esa forma?
Primero caminaba rápido, luego empezó a trotar, y luego, Jim se encontraba corriendo por las calles de Arcadia. Pensó en ir a Mercadotrol, pero en estos momentos no deseaba ver a nadie, quería estar solo.
Terminó adentrándose entre los árboles cerca de los canales, corriendo sin rumbo. Su mente seguía y seguía repitiendo lo que acababa de pasar.
Jim trataba se repetirse que esto no había sido culpa de Clara, que ella no sabe lo qué está pasando, que ella sólo reaccionó como cualquiera lo haría.
La repentina voz en su mente hizo que finalmente detuviera sus pasos.
¿Tú harías lo mismo?
El Cazatroles apretó los puños con fuerza, antes de caer de rodillas, golpeando el suelo con ambas manos, mientras soltaba un grito desgarrador.
- ¡AAAAAGGGHH! ¡¿Por qué me preocupo tanto por ella?!
Ya no tenía ganas de seguir justificando a la chica. De todas las personas que alguna vez hubiese esperado algo así, Clara era una de las que menos hubiese esperado eso, sino la que menos lo hubiese esperado.
Jim se arrastra por el suelo hacia un árbol. Con pocas fuerzas, se sienta bajo este, apoyando la espalda contra el tronco, mientras se lleva las manos a su cabeza, intentando aliviar el dolor que siente.
Las dudas que surgen en su mente son imparables. Jamás pensó que Clara sería capaz de hacerle algo como esto, pero de nuevo, ¿qué sabía él de ella? Sabía muy poco, eso seguro. Pero si ella es capaz de hacerlo sentir de esta forma, ¿de qué otra cosa podría ser capaz?
Jim experimenta muchas emociones.
Por un lado, seguía culpándose por lo que pasó con la chica, por otro lado, no quería culparse por lo que pasó, que quien lo lastimó fue ella. Sentía que una parte de él quería evitar que Clara se sintiera mal, mientras que otra parte le insistía en que deje de importarle lo que Clara piense.
Se sentía enojado consigo mismo por estar enojado con Clara, y a la vez se sentía enojado por enojarse consigo mismo por eso.
Su mente era un alboroto. Era un tira y afloja dentro de su cabeza. Y era doloroso. Muy doloroso.
Jim siente como las lágrimas empiezan a brotar de sus ojos, cayendo en cascadas por sus mejillas, mientras va soltando sollozos.
El Cazatroles estaba tan absorto que no notó los pasos de una figura oscura acercándose hacia su ubicación, hasta que se detuvo a unos pocos metros frente al chico.
- Vaya, vaya. Parece que hoy es mi día de suerte.
Una tenebrosa voz hace que Jim detenga sus sollozos y levante la cabeza con fuerza, para luego llenarse de puro terror.
- Nos volvemos a ver. Cazatroles.
Frente a Jim, se encontraba Bular, con su espada en mano y dándole una mirada asesina. El trol no perdió ni un segundo en saltar hacia Jim, con la intención de rebanarlo con su espada.
Jim apenas pudo esquivar su ataque, saltando y rodando por el suelo.
La espada de Bular quedó incrustada en árbol, pero el trol fácilmente la recuperó y volvió a fijar su atención en su presa.
- ¡Por la gloria de Merlín, la luz del día está bajo mi mando! – La armadura alcanzó a cubrir a Jim justo antes de que Bular le lanzara un poderoso golpe, mandando al chico a volar unos metros y golpear el suelo del bosque con dolor.
Con dificultad, Jim se puso de pie lo más rápido que pudo, y sacó su espada, al mismo tiempo que Bular empezaba a acercarse peligrosamente.
- No sé qué te hizo correr hacia tu muerte. – El trol prepara su espada. – Pero no me importa. Te arrancaré el amuleto, ¡y me daré un festín con tu carne!
El trol arremetió con fuerzas, Jim logró bloquear su ataque con su espada, pero Bular volvió a atacar, y volvió a hacerlo retroceder de un fuerte golpe.
El trol atacaba incansablemente, y Jim no podía hacer otra cosa que no sea tratar de esquivar sus golpes.
El chico sentía su cuerpo muy pesado, mucho más pesado de lo normal, a pesar de no haber hecho esfuerzo físico alguno en todo el día. Pero no podía decir lo mismo de su mente. Jim se sentía muy agotado emocionalmente, y eso estaba afectando su movilidad en la batalla.
Draal tenía razón. Si la mente no está bien, el cuerpo simplemente no responde.
El Cazatroles sabía que no era rival para Bular, y mucho menos en el estado en el que se encontraba ahora. Sabía que debía huir, pero cada vez que intentaba escapar el trol le cerraba el camino.
Bular nuevamente volvió a lanzar a Jim varios metros hacia atrás. Este calló de espaldas justo en medio del bosque. El chico apenas tuvo tiempo de pararse cuando el trol volvió a lanzarse contra él.
Con un rápido pensamiento, y usando toda la fuerza que pudo, Jim arrojó su espada arriba, cortando ramas y hojas que había. Casi de inmediato, la luz de sol se filtró en el oscuro bosque, cubriendo el lugar en el que Jim se encontraba.
Bular rápidamente fue repelido cuando la luz del solo toca su piel. El trol suelta un gruñido.
Desde la distancia, se prepara para arrojarle con todos sus fuerzas su espada al chico, con la intención de atravesarlo.
- Morirás en este lugar. Joven Atlas.
Tan pronto las palabras salieron de la boca del trol, parecía como si el tiempo se hubiese detenido para Jim, mientras su mente reaccionaba ante esas palabras.
Atlas también cargó con el peso del mundo sobre sus hombros.
Cuidado, Joven Atlas.
Cuídate, Joven Atlas.
Sólo una persona lo llamaba así siempre. El señor Strickler.
Jim volvió a la realidad justo a tiempo para esquivar la espada de Bular, saltando lo más lejos que pudo.
Aprovechando la distancia que obtuvo, Jim aprovechó para levantarse y correr lo más rápido que pudo, con Bular pisándole los talones.
Antes de que su enemigo pudiera alcanzarlo, Jim logró hacer un último esfuerzo y logró salir de los árboles y llegar a la calle, completamente despejada, y con la luz del sol protegiéndolo en su totalidad.
La armadura de Jim se desvaneció al mismo tiempo que este se detuvo frente a la calle para recuperar el aliento. Sabía que Bular ya no podría seguirlo más. El chico volteó su mirada hacia el bosque y alcanzo a ver entre la oscuridad los ojos malévolos del trol.
Bular le dio a Jim una sonrisa malévola para luego darse la vuelta y desaparecer entre la vegetación.
Sintiéndose más aliviado, Jim procedió a caminar lentamente hacia su casa. Estaba exhausto, este día le habían pasado muchas cosas. Pero ahora, se enfocaba en el descubrimiento que acababa de hacer.
- Strickler es un cambiante.
Jlaire shippers: ¡¿Qué le has hecho a Jim?!
Yo: Lo liberé.
