*.*Notas de la Autora: Hace años que no escribo fan fictions y solamente una vez publique uno en una cuenta que perdí hace años cuando tenia 13 años, compartí esta historia con unos amigos y les agrado. Estoy abierta a criticas constructivas en la forma de escribir porque suelo ser muy redundante con las palabras. Me animaron a publicarla y espero de corazón que les agrade. Aclaro, esta historia es multishiper pero la pareja final esta definida. Digamos que son 3 historias en 1 que se conectan entre ellas, no quise separarlas en diferentes fics porque se complementan según se vaya desarrollando la historia. Igual las separé con lineas para que no llegue a ser confusa la lectura. Naruto no me pertenece, es una obra de Kishimoto. Esta ambientada en épocas de Japón Feudal.
Higeki no hana (flores trágicas)
*.*.*.*"La flor de loto esconde raíces ocultas".*.*.*
CAPITULO 1
La nieve cubría todo el basto terreno al rededor de las llanuras Uchihas. Todo lo deslumbrado con la visita estaba cubierto en su totalidad de blanco a kilómetros apenas dejando libre un camino directo a la mansión de Fugaku. Una carrera se divisaba a la distancia con una caravana pequeña de guerreros cubiertos con paja para soportar el difícil clima. La carrera pasaba lentamente por el camino complejo que atravesaba. El personal de la casa Uchiha se preparaba para la importante visita que se tendría ese día. Toda la mansión estaba tan limpia que parecía que los pisos de madera parecían espejos, en el jardín no había ni una pizca de nieve a pesar de las pesadas nevadas que habían pasado días anteriores. La entrada está a completamente limpia sin un solo rastro de nieve dejando ver el camino rocoso de piedras oscuras. Todos los sirvientes tenían una ocupación, mientras unos estaban en la cocina otros preparaban la entrada para recibir a los importantes personajes principales del gran evento.
Un chico de cabellera negra corta caminaba por el pasillo notoriamente molesto hacia la puerta principal ignorando al personal que corría de un lado al otro. Aflojó un poco su cinta de la cintura del kimono azul marino y se vio tentado a quitarse su bata elegante con detalles negros en la parte inferior y un enorme pez Koi. No entendía porque tanta alteración por una estupidez.
-Te he dicho una y mil veces que te acomodes bien el kimono. -Dijo a regaña dientes una voz femenina acomodando rápidamente la cinta de kimono ajustándolo más.
-Madre, no es necesario que yo asista a estás tonterías. Preferiría estar entrenando en la aldea que escuchar temas políticos y comentarios pasivo agresivos de nuestros enemigos.-Reprocho el pelinegro frunciendo el seño.
- Nada de eso, Sasuke. Tu hermano se va a casar y hoy conoceremos por fin a su enfermiza prometida. Sabes que esté compromiso es muy importante para el clan. Lo mínimo que te estoy pidiendo por el bien de la tranquilidad de tu padre es que guardes tus comentarios y te comportes. Estoy lo suficientemente estresada por aguantar a los Hyugas hoy.
El chico respiró hondo y optó por guardar silencio dándole tranquilidad a su progenitora. Sabía que al menos si no hablaba, no discutiría mientras estuvieran las visitas.
Ambos se dirigieron a la puerta principal observando al hombre de kimono rojo bordado de cuervos en la parte inferior con detalles negros en el obi, teniendo una mirada completamente tranquila. El, al divisar a su familia les ofreció una sonrisa serena con una pequeña reverencia. Su cabello estaba recogido por una coleta caída y sus brazos cruzados esperando afuera de la puerta en el marco de la gran puerta.
-Itachi, querido. ¿Hace cuánto estás aquí? ¿No tienes frío? Se que quieres ser puntual pero no tienes que sobrecargarte tanto. - Habló preocupada la mujer tomándolo del brazo. Conocía bien a su hijo, sabía que el iba a cumplir perfectamente con su papel de prometido perfecto. Después de todo el siempre fue el mejor guerrero, el gran hijo mayor y heredero grato. Cumpliría con toda expectativa que le diera el padre sin cuestionar una sola palabra como si fuese un perro guardián listo para morir por su amo. A veces deseaba que fuera más como Sasuke y por una vez le respondiera negativamente a alguna orden ridícula que se le presentará. Simplemente hiciera un gesto de descontento o mostrará una genuina emoción.
-Madre, estoy perfectamente. No te preocupes. Todo está preparado para recibir a los Hyugas. Solo quiero ser el primero que les de la bienvenida. - La serenidad no abandonó la sonrisa del hombre ni un solo segundo. Se sintió más como la expresión que tenía con cualquier misión u orden de su padre, que la llegada de su misteriosa prometida. La madre no pudo decir ninguna otra palabra y se dedicó a acomodarle el kimono con cuidado. Tenía un nudo enorme en la garganta al obligar a su amado hijo a comprometerse con una desconocida con la que llevaba más de 10 años distanciado, sin saber si algún día iban a conciliar el tan esperado matrimonio. Muy dentro de su corazón quería que la delicada salud que enfrentaba la chica se quebrará para dejar en libertad la vida de hijo para que el pudiera casarse con una persona que realmente amará. Nunca imagino que llegaría el día en que realmente pudieran formalizar sus lazos, pero entendía que era necesario. Los detalles de la enfermedad de la chica eran un misterio para los Uchihas y las personas de la aldea, había rumores que su enfermedad era tan contagiosa que se había aislado a la joven en una habitación en las tierras más lejanas de los Hyugas a una semana de distancia. Otros decían, que solo estaban prolongando lo inevitable sin que quebrar la paz al dejar la promesa del compromiso. Al principio pensaba que esperaban que la novia tuviera más edad, al inicio del compromiso era una niña que apenas tenía solo 10 años. Pero al pasar el tiempo llegando a edad apta para el matrimonio, la enfermedad seguía como excusa para retrasar lo inevitable. Después de todo, se sabía que la boda era indispensable para evitar la guerra entre ambos clanes teniendo a Konoha en medio de un conflicto sanguinario entre familias nobles y guerreras.
-Ya están aquí. -Dijo seriamente un hombre con semblante rudo uniéndose a su familia.
Los guerreros de la caravana se dispersaron lado a lado de la carroza bajando la cabeza en señal de respeto. Uno de ellos se acercó y abrió la puerta para darle paso a sus amos. Un hombre de kimono blanco y largos cabellos a la cadera bajo rápidamente encontrándose con la mirada con el patriarca de la familia Uchiha. Ambos dándose una pequeña reverencia cómo saludo sin dejar de lado su semblante serio y cortante. Bajó del carruaje solo para ofrecer la mano para ayudar a salir a la dama sentada. Se podia divisar una pequeña mano delicada saliendo del carruaje.
Su cabeza de asomaba por el marco del carruaje dejando ver un rostro tan blanco como si se confundiera con la misma nieve, con un ligero toque rojizo en sus mejillas y labios. Sus ojos grises con ligeros toques lilas estaban enmarcados con elegancia por pestañas largas y negras. Su cabello largo azulado tornaba su rostro con un ligero fleco y largos cabellos al rededor. La figura que dibujaba el kimono dejaba ver unas curvas prominentes femeninas que podían hacer suspirar a cualquiera que las notará, pero a su vez tenía un semblante tan elegante que en ella jamás podría ser vulgar. Llevaba un elegante kimono blanco con un toque imperceptible de lila en la parte inferior y las mangas decoradas con hermosas flores moradas asemejando un jardín del Eden. El obi decorado con pequeñas joyas imitando a las flores de su vestido, dejaba ver la modestia pero elegancia que emanaba de la joven.
Lo acontecido ese día fue descrito por los sirvientes de la mansión y más tarde tomado por los demás del clan Uchiha como la llegada de una leyenda viva.
La joven era la belleza más grande que algún Uchiha o aldeano de Konoha haya llegado a conocer alguna vez. Hasta Mikoto se impacto de la apariencia de la joven sorpréndanse al presenciarla.
La chica caminó al lado de su padre bajando la mirada en todo momento, dando pequeños pasos en la nieve del pasillo a la entrada. El primero en llegar a saludarlos fue Hiashi dando una reverencia con la cabeza.
-Nos honra con su presencia Hiashi-sama. Espero que el largo viaje no haya sido pesado para su encantadora hija. -Dijo el patriarca Uchiha siendo lo más cortes que podía sin dejar su semblante serio e infinitamente.
-Gracias por tan su recibimiento Fugaku-sama, nos alaga tan... -Dijo mirando de arriba a abajo a la familia de la entrada. - ...discreta bienvenida.
-Bueno, al ser tan inesperada la noticia de su visita. Optamos que sería mejor estar solo la familia cercana para este evento. Habíamos quedado que algo discreto y simple, sería bueno para evitar... -Dijo mirándolo despectiva, pero cortésmente. - ... Posibles complicaciones.
-Tiene razón, perdone déjeme presentarle a mi amada hija. Preséntate, cariño. - Habló con tono notoriamente falso de cortesía y cariño en su voz. Más para desviar el tema de una posible discusión.
-Mucho gusto, Uchiha-sama. -Dijo entre una reverencia completa bajando completamente su cabeza y torso poniendo sus manos juntas elegantemente juntas en señal de respeto. - Gracias por tomarse la molestia de darme tan grata bienvenida usted y su familia. Me siento alagada.
-Ella es mi hija, Hyuga Hinata. Cómo podrá ver está completamente saludable ahora. -Dijo de forma aprensiva moviendo la mano mostrándola cómo presumiendo un objeto de valor.
- Lo puedo ver, Hiashi-sama. Espero que sea así. Entremos para evitar que la joven tenga una recaída.
Se podía ver al mayor de los Hyugas respirando profundamente ante el comentario del patriarca Uchiha. Esto apenas empezaba y las cosas iban calentándose entre los dos, tendría que contenerse mucho para evitar discusiones. No era sorpresa que los Uchihas y Hyugas no estaban en sus mejores términos, ambos tenían sus roses. No era únicamente entre ellos dos, los clanes tenían muchísimos años en conflicto por la dominancia de Konoha. Antes la guerra había hecho incontables matanzas dentro del país pero con el compromiso de los primogénitos se había contemplado una paz que de tendría las masacres de una vez por todas. No obstante, el repudio de las familias aún se sentía. Los Hyuga tenían una linea de sangre pura al realizar matrimonio entre primos, además tenían la extraña tradición de convertir en esclavos y soldados a todos los que pertenecieran la una rama familiar inferior. Pero su lugar en la política era incuestionable, sus territorios eran bastos y su riqueza incalculable. Los Uchihas jamás permitirían el esclavismo a su propia sangre, eran conocidos por ser una familia de guerreros temibles, samurais invencibles y nobles poderosos. Al ser tan orgullosos y arrogantes tenían la fama de tener un carácter agresivo el cual causaba problemas en las fronteras del país y su interior, no era novedad los rumores de que querían conquistar el país de Konoha y Suna, con ello los territorios Hyuga. El ambiente entre ambos era tan denso que podría cortarse con un cuchillo... O en su caso una espada.
Caminaron por el pasillo hasta llegar a la sala principal, entraron los lideres de los respectivos clanes para tener una 'platica privada' entre ambos. El otro grupo se disperso para tomar el té en la sala cerca del jardín. Mikoto insistió en dejar a la joven pareja sola para que se conozcan llevándose al joven Sasuke que no dudo ni un momento en separarse de ese incomodo ambiente.
Quedaron solos uno enfrente del otro en aquella sala decorada con pinturas tradicionales de montañas cubiertas de neblinas y lunas. Una pequeña chimenea calentaba e iluminaba la habitación, se veían frente a frente apenas separados por la mesa entre ellos y el juego de té. La doncella con cuidado sirvió la tetera al mayor dejando ver sus delicadas manos. El hombre la observaba detalladamente sin perder un solo rastro de sus movimientos analizándolos.
- Muchas gracias, señorita Hyuga. ¿Cómo se encuentra después del largo viaje? - Tomo la taza lentamente cerrando los ojos para darle un sorbo. Usualmente era callado pero intento quebrar el hielo que tenían. Después de todo era la primera vez que entablaban una conversación en 10 largos años.
- Muy bien, Uchiha-sama. El viaje estuvo calmado debido a la nieve. Lamento que mi inesperada visita haya sido en esta temporada. No quise causarle ningún inconveniente. - Las manos de la chica se posaron al rededor de la taza, con su dedo empezó a tazar el borde circular bajando la mirada al té. No le sostenía la mirada cuando soltaba las palabras, pero cuando él hablaba lo miraba directamente a los ojos escuchando atentamente sus palabras. De alguna forma era educada pero algo insegura al hablar por si misma. Noto que el gesto de sus manos era una forma para aliviar la timidez. Recordó que en su primer encuentro cuando niños ella tartamudeaba y se sonrojaba al intentar hablar con el sin éxito. Apenas sostuvo sufriente su voz para decir buenas tardes esa ocasión. Ahora era una mujer que podía conversar fluidamente con nobleza en sus palabras pero que aún no podía sostener con confianza su mirada. También descubrí algo de melancolía en sus ojos, que se perdía entre la perfecta actuación de muñeca Hyuga. Casi se podían ver los hilos de Hiashi en su forma tan correcta de comportarse. Cómo una voz que le obligaba a la perfección. El sabía muy bien como se sentía eso, el mismo era la perfecta marioneta de su padre.
- No es ningún inconveniente, nos alegra con su visita. Después de todo ya se esperaba desde hace mucho la celebración de nuestra unión.
- Uchiha-sama, puedo preguntar... -La chica calló rápidamente y dio un sorbo rápido de té. - Olvídalo, perdone mi imprudencia.
- Puede preguntarme cualquier cosa que quiera, señorita Hyuga. Puede ser sincera conmigo. -Hablo el mayor sonriendo con tranquilidad cerrando los ojos para ver si podía dejar aunque sea un poco de relajar su presencia.
- ... Usted esperaba que se diera... Esto. - Dijo limitando un poco sus palabras para no sonar maleducada. Pero sintiendo realmente la sinceridad de su voz clara. El joven estaba sonriendo pero en sus ojos se mostraba la misma mirada triste que compartía con la belleza joven. Una melancolía con correspondían, curiosamente compartían los mismos sentimientos.
- Le pedí que fuera sincera, siento que debo corresponder de la misma maneja mi petición. - Su sonrisa de desvaneció y tomo otro largo sorbo de té. Los segundos se sentían tan largos como esos 10 años y la pesadez se sentía en el ambiente.
- No, no pensé que llegará a pasar. Estaba preparado para una guerra en cualquier momento al ser más probable, que el hecho de realmente casáramos... Pero me tranquiliza que se pueda evitar una matanza sin sentido.
La chica lo miró una sonrisa ligera dibujo sus mejillas rojizas. Estaba tranquila que ese fuera el verdadero pensamiento del chico. Ambos querían lo mismo y no tenían rencor entre ellos.
No le interesaba realmente su unión como un matrimonio, si no la paz del país. Últimamente Konoha ha tenido conflictos interinos. El tercer emperador falleció hace un tiempo dejando a su paso roces entre los clanes principales y los vecinos de las fronteras. El cuarto falleció antes que el tercero junto a su esposa y su hijo recién nacido, en la matanza entre naciones conocidas como el sol negro, un evento entre la guerra que marcaría la nación para siempre. El Quinto era sabido que la emperatriz hermana del fallecido cuarto, hacia todo el trabajo mientras él estaba alejando de la escena pública. La inestabilidad del país hacia que Konoha estuviera tendida de un hilo que solo una pequeña cosa más podía hacer que colapsara. Sabían que tan terribles eran las matanzas del país, había tantos niños huérfanos y personas en situación de calle o prostitución, que la mayoría opta por convertirse en soldados de clase baja o samurais de mala monta.
- El país entero no debería morir por los conflictos de unos pocos. La nación tiene suficientes problemas con los vecinos. Debemos unirnos para defenderlo y proteger a los nuestros. - Alzó su mano dejando la taza vacía en la mesa. Dirigió su mirada esperando la respuesta de la chica.
- ... Pero... ¿nuestra unión realmente acabaría con el conflicto entre Hyugas y Uchihas?... Peor aún.. con el conflicto en Konoha.
- No lo sé... tendremos una falsa paz que dejara tranquilo al país. Con eso es suficiente por el momento. El solo compromiso hizo que parara la guerra de clanes. Espero que nuestro matrimonio ayude a crear una amistad entre familias para quitar las perezas de años y me comprometo a hacer lo necesario para ayudar a la situación de Konoha.
- Uchiha-sama, es usted un buen hombre. Sin dudarlo es un guerrero noble como se escuchaba por toda la nación -Su sonrisa de oreja a oreja parecía resplandeciente. Estaba tranquila de poder casarse con una persona así, si tan solo lo hubiera conocido años antes otra historia seria pensó en sus adentros más profundos.
*.*.*.*.*.*.*
Hinata-sama, el té ya está listo. El amo la espera. .- Dijo la joven sirvienta haciendo una reverencia con cuidado en el marco de la puerta de manera. Juntado sus manos delicadamente en una señal de respeto absoluto, bajando la mirada en su reverencia cubriendo sus ojos entre cabellos rebeldes negros que se posaban en su cara ligeramente.
La mujer de blanquecina piel le dedico una mirada amable, dejando de lado un peine de madera tallada de pequeños lirios el cual cepillaba su larga cabellera negra azulada que llegaba hasta el piso.
Muchas gracias, iré de inmediato. ¿Cómo está el amo hoy?.- Dijo mientas guardaba el peine en un cajón de su mesita de noche sin dejar de tener una amistosa sonrisa en sus labios ligeramente rojos.
El amo se siente bien hoy, solo un poco cansado. pero con apetito suficiente para comer algo decente - Dijo la muchacha mientras de sonrojaba al levantar la mirada a la mujer. Se ponía nerviosa al estar frente a aquella llamada por el clan como 'Yuki-onna'. No era que particularmente fuera una mujer fría, al contrario, era conocida por ser la mujer más cálida y amable de todo el clan. Tampoco que fuera la primera vez que le servía, llevaba años estando a su servicio. Pero cada vez que la veía, se quedaba embobada por su belleza y elegancia que apenas podía sostenerle la mirada.
-Me alegro de eso, hay que aprovechar los días así. -Dijo aproximándose delicadamente a la puerta abierta arrastrando la cola de su kimono y parte de su cabellera. Su melena adornada cómo cascada la parte trasera de su kimono lila con pequeños lirios bancos en la falda.
La joven volvió a bajar su mirada para hacer reverencia mientras su ama pasaba a su lado para dirigirse al pasillo.
-Muchas gracias, Himawari-san.
Los rayos del sol entraban cálidamente por la puerta abierta hacia el jardín principal. El cantar de las aves entre el pequeño edén se escuchaba entre el fluir del estanque Koi y el reír de niños pequeños. Un hombre con tez pálida y cabello tan negro como la noche, sentado con ayuda de sus almohadas y futón dejaba ver una sonrisa entre los largos cabellos que cubrían su rostro. Una pelota fue hacia él botando rápidamente a sus piernas, con mucho cuidado y lentitud la recogió en sus manos temblando por la dificultad que esto le provocaba.
Uno de los pequeños que jugaban afuera corrió rápidamente a su dirección con preocupación, miro al mayor preocupado y con sus pequeñas manitas tomo las manos del mayor junto con la pelota.
-¡Lo siento mucho, padre! Por favor no te exijas demasiado. Puedes lastimarte. - Exclamó el infante de melena rebelde oscura. Sus pequeñas manitas apenas eran la mitad del tamaño del mayor. Era prácticamente una copia del hombre en todo el sentido de la palabra si no fuera por unos ojos grises oscuros que destacaban por sus oscuros cabellos .
-Estoy bien, Inosuke. No te preocupes tanto por mi. - Con torpeza acarició la cabeza del pequeño con ternura levantando su rostro dejando ver unas ventas que cubrían sus ojos.
Las mejillas de menor se cubrían de un pequeño sonrojo y su sonrisa radiaba de alegría. Dejo un rato más el contacto, quería aprovechar lo máximo que podía el tiempo que tenía con su padre.
- Tío Sasuke nos acompañará para el té. Escuché que volvió de su viaje en la aldea del sonido. ¿No estás emocionado por conocerlo? .- Comento cambiando el tema para tranquilizar al pequeño. Lo hacía sentir culpable que a tan pequeña edad fuera tan responsable, solo debía pensar en jugar y divertirse con sus amigos. Pero prefería pasar el tiempo en el jardín principal cerca de su habitación encerrado en esa casa.
- ¡Escuché que trajo una nueva medicina! En cuanto estés mejor podemos pasear todos juntos por Kohoha, hace mucho que no veo a nii-sama desde que ...-El niño contuvo su largo parloteo al darse cuenta que dijo un tema que no debía tocar. Bajo la mirada sonrojado y triste, tomando el pantalón de su kimono aguantado las lágrimas.
- También lo extraño mucho... Tu tío va a ayudar con las labores del clan, tal vez tu hermano pueda tener más tiempo libre y entrenarte.
- Pero... Quiero que tú me entrenes cómo lo hiciste con él... - Cubrió sus ojitos dejando caer sus lágrimas por sus rosadas mejillas. El mayor solo pudo seguir acariciando su cabello con dificultad sumidos en un silencio vacío. Ambos quedaron callados buen rato sumidos una melancolía del momento.
*.*.*.*.*.*.*
Sasuke estaba notoriamente molesto, todo el día su humor se iba mal en peor. No era raro que estuviera irritado todo el tiempo, pero desde la mañana al preparase para la visita de los 'Incestuosos' cómo solía llamarlos despectivamente, aguantar los comentarios pasivo agresivos de Hiashi Hyuga y ahora dejar a su hermano en las garras de una mujer que no conocía. Odiaba el hecho que no se quejara ni un poco del compromiso forzado dejando a su amor de adolescencia. Itachi no era un mal hombre, al contrario, detestaba con todo el corazón que fuera tan comprensivo sobre la situación del clan y recibiera las órdenes como el perro que es.
El intento de su madre para acercar a la próxima pareja de manera romántica le provocaba asco, no importa si se odian a muerte, ellos dos se casarían y tendrían al futuro heredero del clan. No tenía caso intentar actuar como una pareja normal, hicieran lo que hicieran terminarían obligados a forzar su unión. Su hermano era como un héroe trágico del clan, si así su padre lo prefería mil veces antes que él, por estos actos apenas y le dirigía la palabra en raras ocasiones, solo para insultarlo o ordenarle. No podía esperar a que la boda se firmara de una vez por todas para regresar al centro de Kohoha y volver a sus actividades diarias siendo un guerrero, no un político. Desde el incidente no había pisado el campo de batalla en las fronteras, pero le gustaba entrenar a los nuevos y hacer estrategias tácticas en la central. Prefería poner su vida en riesgo que estar en casa a merced de la dictadura de su padre. Al menos en el campo era una pieza importante para las misiones de reconocimiento y espionaje. Llevaba horas afuera de la habitación donde se encontraba Itachi y su prometida. Quería hablar con él antes de su boda para reprobarle dejarse manipular de manera tan vergonzosa. Mínimo la chica no estaba tan mal, mejor que otras hembras que lo acosaban en la ciudad para desposarlas cómo esposas o amantes, si era. Odiaba a las mujeres interesadas que solo veían su buena cara o su estatus social, podía saber cómo era una chica en realidad al ver el trato que le tenían a su amigo.
Sasuke dejo un lado su ira bajando la mirada, por un momento volvió a pensar en él.
"Naruto"
Ha intentado por todos los medios ignorar el suceso trabajando en exceso o siguiendo su día a día pero en situaciones como está, piensa con dolor en su mejor amigo. A veces quiere que lo regañe por ser tan amargado, que los acompañe en eventos aburridos como este sacando una que otra tontería o burla. Seguramente le diría que la esposa de su hermano es un bombón y que tiene una gran suerte después de todo. Que disfrute el banquete y después irían a entrenar para desestresarse del aburrido momento. Llegando a Kohoha su esposa le cocinaría algo decente y platicaríamos de como fue la visita a los territorios Uchiha mientas su clon le hacía preguntas sobre las victorias a manos de sus predecesores. Esos días jamás volverán a su vida, sentir calidez familiar real aunque sea de lejos le daba mucha paz. La vida de Naruto nunca fue sencilla, lucho para ganarse el pan y convertirse en un gran samurai callejero. Recuerda con nostalgia como fue que lo reto desde niño sabiendo que tenía doctrina en el arte de la espada desde nacido por parte de su clan. Nunca se rindió a pesar de estar en la completa pobreza siendo uno de sus soldados más leales apenas manteniendo a su pequeña familia. Se había casado con una joven ciega a los 15 años teniendo hijos muy joven, no permitía darle algún tipo de limosna que no fuera el pago justo por su trabajo aunque ganara lo poco de un samurai sin amo. Sasuke le tenía mucha envidia y le tenía cariño aunque jamás llegó a expresarlo en palabras. La casa de madera vieja donde contaban sus numerosas aventuras al rededor de la estufa con un pequeño niño de ojos celestes como su testigo tomando sake con su amigo en el calor de fuego, ya no existía.
Itachi salió de la habitación mirando sorprendido a un Sasuke perdido en sus pensamientos. Cerro la puerta tras él, y deslumbro la cara de melancolía de su pequeño hermano.
-Ototo, ¿Estás bien?.
Como despertando de un sueño pesado, Sasuke parpadeo varias veces para sostenerle la mirada. Rápidamente volvió a tener el gesto de enojo para referirse a su mayor.
- Hasta que saliste de ahí. ¿Que tanto estabas haciendo con la asquerosa Hyuga? No pudiste esperar a mañana para hacer sus porquerías, te pensaba más correcto querido hermano. -Dijo con sarcasmo y una sonrisa maliciosa en los labios. El hombre solo cerro los ojos y respiro profundamente ante su ataque verbal.
- Lamento que estés molesto por venir a casa por mi boda.
- Tengo muchísimas cosas que hacer para perder el tiempo en estupideces.
- Te prometo que será rápido, mañana en cuanto termine la ceremonia puedes retirarte a la central militar. Prepararé una caravana para que puedas viajar sin complicaciones por la nieve. Tampoco me quedaré en la mansión mucho tiempo, preferiría ir casa en cuanto termine la boda.
Sasuke se rascó la cabeza extrañado ante la respuesta de su hermano. No pensó que tuviera tanta prisa de dejar el techo de su padre como él. Trabajaba en la oficina todo el día, tenerlo en el mismo techo de noche debía ser el infierno.
-Hmm. - cruzó los brazos y bajo la cabeza. De verdad quería que me contestará una negativa. - Porque no cancelaste el compromiso ante las largas de esos enfermos. Era más que obvio que no querían entregarte a su muñequita por lo visto.
-Sabes bien el porque. - Le dio la espalda a su hermano y siguió su camino por el pasillo. El sabía el porque acepto ese compromiso tan largo y pesado. Odiaba con toda su alma que fuera tan correcto.
La noche pasó lentamente en la mansión por las múltiples tensiones entre las familias. Se sentía la presión en el ambiente entre el silencio de los largos pasillos. Los sirvientes sabían que era el día de evitar la mirada del patriarca Uchiha o a cualquiera de los invitados ya sea los principales o los sirvientes de ojos blancos que tenían consigo. El rojizo amanecer pegaba en las ventanas de la casona iluminando las pesadas energías de la velada. Entre sus rayos de observaba a los sirvientes terminar de preparar todo para el gran evento decorando con flores camelias en el santuario principal del clan dentro de los territorios de la familia.
La joven esposa se ponía su hermoso Shiramuko* con pequeñas flores de cerezo bordadas en la parte inferior de la falda con ayuda de las sirvientas de la casa. Se dejó vestir y preparar como si de una muñeca se tratara. Su larga melena fue sostenida para dar paso a su tocado. Sus bellos ojos fueron decorados por una pequeña línea roja junto con sus labios haciendo más profunda la blancura de su piel lechosa. Sonreía cortésmente pero no pronunció palabra alguna en toda la mañana.
El futuro prometido también dejo que lo vistieran a su antojo con el kimono negro a manos de sus sirvientes. Dejo que peinaran su melena en una coleta caída y platicaba sobre el helado clima de está mañana o que deseaba pronto probar los manjares que prepararon para el banquete haciendo una plática corta pero agradable con los presentes. La boda fue rápida y sencilla. Solo estuvo la familia directa de ambos como testigos además del sacerdote. Ningún sirviente aunque fueran descendientes Hyuga o Uchiha se les permitió la entrada a la ceremonia para evitar un conflicto entre clanes. Un solo comentario mal estructurado podía provocar una riña entre familias asomando el racismo que sentían ante generaciones de desprecio y guerra. Los sirvientes Hyuga esperaban en la habitación continúa disfrutando parte del banquete mientras que por el otro lado después del jardín principal, los Uchihas convivían por separado tomando sake y hablando de sus tantos relatos de peleas en las fronteras de Suna. Los Hyugas eran más de hablar sobre política y tratados que se llevaba acabo por sus semejantes, ellos tenían una capacidad nata para negociar y conseguir lo que quieran. Las familias tenían más similitudes que diferencias por lo que rozaban entre ellos.
En la ceremonia la pareja apenas susurro sus oraciones de forma automática sin mirarse a los ojos. Los padres estaban presentes fríanse en cada de las palabras que entonaban sus labios buscando cualquier inconsistencia o error. Sasuke volteaba la mirada a la puerta ansioso por retirarse, solo en breves momentos miraba a la novia analizando cada uno de sus movimientos y detalles. Debía admitir que no era particularmente fea, sabía que tenía aproximadamente su edad y su apariencia no era de una niña enfermiza que tanto les vendieron en estos años. Tenía la teoría que eran excusas para aplazar la unión y culpar a los Uchihas por incumplimiento, pero ellos no iban a dejarse ganar por unos malditos manipuladores cómo lo eran esos degenerados. Sabía que la simple idea de mezclar la pura sangre que tantas generaciones entre familias conservaron les asqueaba de maneja significativa.
Al terminar la ceremonia fue el primero en salir sin ni siquiera despedirse de los Hyugas, Fukaku lo reprendería más adelante por esa acción pero lo importante era continuar con la fiesta. Cada familia permaneció con los suyos el resto del día.
La pareja solo volvió a estar juntos hasta la noche al último paso de su consumación. Se encontraron en la habitación más lejana de la mansión en la parte trasera. La habitación se encontraba un futón matrimonial con hermosas camelias bordadas y las sábanas blancas, perfectas para la ocasión que ameritaba mancharla. Había una pequeña chimenea que mantenía acogedor el cuarto y una yukata blanca para dormir. La chica fue la primera en llegar para quitarse con ayuda de las sirvientas las pesadas y ponerse las cómodas ropas para el momento de desposarse.
Cuando el marido llegó la encontró sentada arriba del futón peinando con sus delicados dedos su larga melena nerviosa. El sonrió ante la inocencia de la chica y se dirigió al vestidor tomando su yukata para quitarse esos pesados arrapos que lo incomodaban todo el día. Entre sus pensamientos al cambiarse imagino que tocaba la parte más difícil de ese día, el problema no era que la mujer le provocará ganas de consumar el acto, la problemática era que no se sentía cómodo obligando a la chica a tener el acto carnal con un desconocido. Se sintió culpable al tentarse por la femenina figura que dibujaba la yukata en la joven, sus pronunciadas caderas y dos grandes montes parecían dibujadas por los dioses. Solo un sonido pudo sacarlo de sus pensamientos profanos. Escucho un sollozo ligero atreves del cambiador suponiendo que era su pequeña esposa, tomo un poco de aire profundamente para tomar valor para hablar con ella. La chica sollozaba sonrojada intento parar sus lágrimas que marcaba sus rojizas con sus dedos pero brotaban cómo dos cascadas blanquecinas. El hombre se hincó a su altura acercándose lentamente acariciado su mejilla izquierda limpiando una de sus lágrimas.
- Te prometo que voy a ser lo más rápido y delicado que pueda para evitar lastimarte. -Dijo suavemente para tranquilizar a la muchacha.
- No es eso. . . Es que . . .-Dijo ahogándose en llanto en perfecto pánico. - l-lo s-siento ...
La primera vez que la conoció escuchaba su adorable tartamudeo, le tranquilizó un poco que esa niña que había visto hace más de 10 años siguiera ahí en esa belleza descomunal de diosa lunar.
-Puedes decirme lo que pasa. No te preocupes.
-E-Es que... S-se lo s-suplico. N-no, p-por favor. S-se lo ruego. - Decía entre palabras tartamudas y sollozos la mujer. El esposo de me apretó el corazón al verla así.
-N-no rompa el m-matrimonio p-por mi e-estupidez. -Olio un rastro de sangre y alcanzo a asomar entre más piernas de la joven. Rápidamente por instinto descubrió la zona notando un corte muy cerca de la entre pierna leve. - M-me dijeron q-que así n-no... N-no.. N-notaria. P-pero no quiero m-mentirle. E-es tan amable que n-no puedo. N-no merece esto. N-no merece alguien como yo.
El hombre la vio con tristeza y la abrazo con fuerza.
-N-no soy v-virgen...
El hombre acarició su cabeza tiernamente respirando hondo sin soltar el abrazo. Un leve olor a lilas sacudió su nariz pensando en todo el dolor que tenía la chica en su corazón hasta quebrarse así con él. No es que el fuera Buda, pero no creía que podía juzgar la vida de los demás siendo las inestable y confusa. Se separó un poco para que sus caras estuvieran frente a frente y con una sonrisa amable y serena exclamó.
-No te preocupes, yo tampoco. Todo va a estar bien, Hinata-san.
Algo de esa noche estaría muy presente en la vida de la chica. Itachi Uchiha jamás le preguntaría algo de su pasado que ella no quisiera compartir. Es y será el mejor amigo que pudo tener ante la compleja situación que atravesaba en su momento. Necesitaba escuchar que todo iba a estar bien y que tenía alguien en qué confiar. Solos entre la oscura habitación quedaron abrazándose en silencio jurándose algo más importante que el falso amor eterno que se comprometieron en su boda, hicieron un voto de confianza entre los dos sellada por la sangre que manchaba el futón. Nadie preguntaría si el acto carnal fue consumando ante los sollozos de la chica provenientes entre los pasillos de la habitación y la tela teñida de un rojo carmesí.
*.*.*.*.*.*.*
La mujer con ojos de luna caminaba por el pasillo dejando arrastrar su larga cabellera oscura por las maderas del piso. Pudo deslumbrar la figura de un hombre enfrente de la puerta cerrada de la entrada al cuarto del jardín principal. El hombre que no se percató de la presencia de esta, respiraban profundo y cerraba los puños para tener el valor de deslizar la puerta. Sintió una mano delicada posarse en su hombro y pudo distinguir enseguida de quien se trataba. La doncella resplandeciente le digirió una sonrisa triste dando a entender el sentimiento que tenía en pelinegro.
-¿Cómo está?.- Asomó como un susurro casi sin querer descubrir la respuesta.
-El es muy fuerte, Sasuke-Kun. Sigue vivo.
-Eso no significa que esté bien... - marcó con coraje en sus palabras. - estar vivo no es lo mismo que estar bien.
Sabían a lo que se refería con eso, el dolor que pasaba día a día solo al respirar debía quemarle en el pecho. Solo podían imaginar la penumbra que atravesaba el guerrero postrado en su cama viviendo un infierno en vida que disimulaba con una sonrisa. Ningún hombre debería morir dejando niños pequeños. No había nada que se pudiera hacer en esta situación más que seguir buscando médicos fraudulentos y medicinas milagrosas por todo el continente retrasando lo inevitable. Que sera de esas pobres criaturas que amaban incondicionalmente a su querido padre. De su joven y devota viuda que estuvo con el todos estos años a su lado encerrados en esa mansión sin ningún poder político que la dejaba a merced de cualquier cerdo que quisiera manchar su estatus. Él no permitiría dejar a la deriva a los que más ama en el mundo, no está vez.
-...Lo sé. Quisiera que pudiera darse la tranquilidad de dejar este mundo sabiendo que estaremos bien...
Pero sabes cómo es él; mejor que nadie. -Sonriendo melancólicamente corrió la puerta de manera delante del pelinegro dando paso a lo inevitable.
En ese futón blanco postrado con un niño descansando en sus piernas estaba un hombre acariciando la oscura melena el menor temblando entre sus dedos . El sol le pegaba directamente enmarcando su figura gentil como si pudiera conservarse por la eternidad.
