La RintoriWeek2022 dio inicio hoy y aquí está mi primera aportación.

Día 1: Reencuentro de Secundaria.

Advertencias: Fluff y algo de OoC, posiblemente se pierde el sentido en algun momento pero ¡Todo es con buenas intenciones!

Disclaimer: Free! ni sus personajes me pertenecen, todo esto es de fans para fans.


Reencuentro

A Rintori fanfiction.

"¡Me gustas, Rin-senpai!" —fueron las palabras, llenas de emoción nerviosa, que salieron de la boca de Aiichiro Nitori, quince minutos antes del inicio de la ceremonia de graduación de su senpai.

Rin sólo pudo verlo con total sorpresa plasmada en su rostro, con los labios ligeramente abiertos, sin poder apartar la mirada del más bajo de los dos, tragando saliva en un intento de tragar también la noticia recién confesada, sin encontrar verdaderas palabras que podía dar, más que un escueto "Ah" apenas audible.

"Pero... No es necesario que me correspondas" —Aiichiro, en un intento de calmar la situación y el ambiente tenso entre los dos se apuró a retractarse, dar un paso hacia atrás en sus verdaderas intenciones, soltando el suspiro más pesado que jamás hubiera salido desde su pecho, negando con la cabeza — "Yo, solo quería que lo supieras, lamento haberte incomodado" —y sin esperar más, sin detenerse a obtener siquiera la contestación del tipo más asombroso ante sus ojos, salió huyendo de ahí, dejando atrás el pasillo de la academia, con Matsuoka Rin anonadado, decorando el lugar, completamente en silencio.

La primavera del 2013 se veía marcada por ese suceso, el instante en que Aiichiro tomaba todo su esfuerzo para acercarse a la persona que significaba demasiado para él, su primer amor, su ejemplo a seguir y con sólo dos palabras tiraba todo a la basura, tantos años admirándolo... Todo, directamente al caño.

Y eran casi 10 años desde aquella fría tarde de marzo que no podía disculparse a sí mismo.

Ese día también había sido el último en el cual supo algo de él de forma personal, su último encuentro, la última de todas las interacciones y había estado tan nervioso que lo dejó pasar, simplemente vio a la lejanía a Matsuoka graduarse, celebrar con sus amigos más cercanos, su familia y compañeros, mientras él se negaba a dejar pasar todo como un malentendido, acercarse e intercambiar algunas palabras, mínimamente para cerrar bien todo lo vivido.

—¡Aii-senpai! — Momo salió detrás de la montaña de libros en el cubículo de enfrente, ataviado con ese uniforme de profesor de deportes de la Academia Samezuka, sonriendo de oreja a oreja, mientras llamaba la atención del profesor Nitori, justo frente de él—Sousuke me comentó que todo el equipo de Natación está organizando una fiesta de reencuentro y me pidió que te avisara, ¡que es importante que vayas!

Aii solo dio un respingo al escuchar la voz de su colega, tan emocionada como siempre, diciendo la noticia tan rápido como su lengua se lo permitía, mientras notaba como daba pequeños brinquitos emocionados, recordando al pequeño Mikoshiba de 16 años que había conocido tiempo atrás.

— Ah... ¿Por qué sería tan importante que yo vaya? —Nitori tomó el suficiente aire para volver a tener el pulso de siempre, mientras acomodaba el puente de los lentes sobre su nariz y evitaba que estos cayeran sobre su rostro — Te lo agradezco, pero ese día tengo que ir a comer con mi madre y...

—Senpai... No te he dicho siquiera el día de la reunión —Momotaro ladeó un poquito la cabeza luego de notar como el peligris se apuraba a negarse antes de saber la información completa.

—Pu-Pues seguramente es un día que no tengo tiempo —nervioso, al ser pillado en su táctica, volteó a otro lado —¡Ahora déjame terminar con mi trabajo, Momo-kun! ¡Deberías hacer lo mismo!

—Es importante porque no has ido las últimas dos reuniones, tampoco fuiste a la fiesta de graduación de Sou y Rin-senpai ¡Así que te han perdido la pista desde hace 10 años! —el pelinaranja solo había crecido varios centímetros de altura y cambiado de peinado a uno más acorde a su edad, mientras sus acciones y forma de hablar seguían siendo de ese niño hiperactivo de toda la vida, pues soltaba con un tono bastante alto, tanto que los demás profesores escuchaban la conversación, conversación a la cual se le aplicaba un tono de tristeza y victimización del profesor de deportes quien sabía vuelta con la silla giratoria.

Y Aii solo esperaba verle caer para que guardará silencio.

—Sousuke-senpai me ha visto muchas veces, al final de cuentas estas casado con él y a ti te tengo que ver a diario, así que no es la excusa de ninguno de los dos el que no me han visto en diez años —si había algo que envidiaba de su ex aprendiz era su suerte por haber tenido el cuento de hadas que por muchas veces buscó para sí mismo en su imaginación; un senpai que lo amara y aceptara, una boda hermosa y una vida en pareja tan funcional como Yamazaki y Mikoshiba la llevaban.

—¡Pero hablo de todo el equipo! ¡Seguramente ya olvidaste a todos! ¡TIENES QUE IR SENPAI! ¡DEBES DE IR O VOY A TRAERTE UNA INVITACIÓN CANTADA! —sí, el de cabello naranja comenzó a levantar cada vez más la voz, repitiendo una y otra vez su "amenaza" en búsqueda del hartazgo y la promesa de Nitori.

—¡Por el amor de todo lo bueno! —el profesor de inglés, quien era conocido por hablar más alto que todos debido a ser extranjero, intentó levantar la voz para callar a Momotaro, sin embargo, apenas y se podía oír — ¡Nitori-san te promete que va a ir a su absurda fiesta! ¡Solo cállate!

Y con la sonrisa más amplia del mundo, Mikoshiba solo se calló, regresando su atención a lo que había estado haciendo minutos antes. Dejando a Aiichiro con un compromiso, el cual no deseaba.

Aiichiro entró la noche pactada al restaurante de aquel elegante hotel donde sus compañeros de equipo de Natación habían elegido para la celebración y, apenas vio el recinto, sintió como su sueldo de profesor de preparatoria se esfuma a con sólo respirar el oxígeno endulzado con perfume fino.

Busco con la mirada desde la entrada al grupo de tipos, sin éxito aparente, antes de preguntar por la reservación.

La dulce anfitriona sonrió amablemente luego de escuchar el nombre de la reserva, acompañándolo hasta el fondo del lugar, a una de esas zonas apartadas de todo el mundo, donde estaba seguro todo iba a ser mucho más caro por el simple hecho de estar en una habitación exclusiva.

El primero en saltar hacia su encuentro fue su querido colega del trabajo, tomándolo del brazo para llevarlo hasta donde todos estaban reunidos, presentándolo como si ese cabello platinado fuese difícil de recordar, aunque Momo lo creía posible debido al nuevo y más moderno corte de cabello del actual Nitori.

Todos se veían emocionados, hablando tan alto como podían mientras pasaban los vasos servidos de algún tipo de alcohol entre todos los presentes, contando historias y recordando cosas, preguntándose unos a otros sobre sus vidas, como si la reunión de 5 años hubiese sido hace 15. Y Aiichiro no tardó mucho en adaptarse al ambiente, se sentía de 16 de cuenta nueva, hablando libremente con sus compañeros, sus antiguos superiores e incluso el equipo que él había liderado casi 9 años atrás.

Era perfecto, nadie parecía reparar en las cosas malas o incómodas, solo risas y diversión, mientras se preguntaba la razón por la cual había evitado tanto tiempo el volver a reunirse con todos ellos.

—Lamento la demora, acabo de hacer check-In y no quería bajar hasta quitarme el viaje de encima —la voz del recién llegado se robó toda la atención, haciendo que todo el grupo de antiguos compañeros volteara y entre vítores y emoción saludaran al recién llegado.

Y en ese momento los ojos azules de Nitori se centraron en el rostro maduro del nadador olímpico más impresionante de todos, en esa sonrisa puntiaguda parecida a la de un tiburón y su cabello de tonos magenta lo suficientemente largo como para lucir una pequeña colita de caballo en la parte baja de su nuca, que sólo lo hacía parecer tres niveles más atractivo de lo que ya era.

Estaba ahí, justo frente a sus ojos con el atuendo más casual de la vida, dejando ver su porte elegante y maduro, la razón de su temor para volver a reencontrarse con todo el equipo, estaba a sólo 3 metros de distancia o menos, siendo perfecto, exitoso y único.

Y dejando ver que, a pesar de todo el tiempo... Seguía tan enamorado como su yo de 17...

El cuchicheo alrededor de Matsuoka comenzó a hacerse cada vez más notorio, encapsulando al recién llegado y dándole la oportunidad necesaria para salir de ahí, antes de siquiera ser notado. Sin embargo, su suerte no era tan buena pues apenas había salido de su rincón para dejar el vaso con el dinero que creía correcto para pagar la bebida, escucho el revoloteo en la entrada.

—¡Aii! ¡Qué bueno es volver a verte! —Rin se había alejado de todos solo para alcanzar a su kohai, mostrándole una sonrisa tranquila tomando el billete de ¥5.000 de debajo del vaso vacío, doblándolo para regresárselo a su dueño como si fuera un pequeño volante. —¿Cuánto tiempo?

Aiichiro tragó saliva luego de ver lo cerca que estaba su mayor, sintiendo como su corazón comenzaba a latir más rápido de lo normal, dando un pequeño paso hacia atrás, agradeciendo por el billete antes de guardarlo de nuevo, mientras intentaba no perderse en todos sus pensamientos, en decidir si ese aroma era nuevo o era el de siempre, el que recordaba la de versión adolescente del nadador Olímpico.

—R-Rin —y sin esperar nada más hizo una profunda reverencia frente al pelirrojo, llamando la atención de varios alrededores — ¡Lamento los inconvenientes que pude haberte ocasionado anteriormente! ¡No era mi intención!

El murmullo en el ambiente se escuchó alrededor del dúo, mientras el más alto colocaba una mano suavemente sobre el cabello ajeno, despeinándolo un poquito como una acción típica de "darle ánimos" a su kohai.

— ¿De qué hablas? No hay nada de qué preocuparte —confesó, mientras le tomaba de los hombros para indicarle que se levantara y así poder ver su rostro, sin dejar de sonreír o mostrar una mueca casi cariñosa, mientras pasaba su mirada rojiza sobre el rostro del más bajo, como si intentara grabárselo en la memoria —Veo que estabas por irte ¿cierto?

—Ah... Si, ya los vi a todos y fue un momento agradable, seguramente los volveré a encontrar en... —las palabras del peligris pausaron por segundos, mientras sentía como el cuerpo de Rin acorta a su espacio de separación, haciéndole retroceder hasta sentir como la mesa pegaba contra sus muslos — en cualquier otra celebración de Sousuke y Momo...

—Sabes... Me alegra haberte visto de cuenta nueva, aunque —la diestra del pelimagenta fue directamente hacia su rostro, acariciando suavemente la mejilla más cercana de Aiichiro con el dorso de la mano —me gustaría platicar más contigo, tal vez... Podríamos salir de aquí ¿te parece?

Aiichiro sentía como su pálida piel se tornaba de un suave tono rosado conforme las caricias iban de arriba hacia abajo y con la intensidad con la que los brillantes ocelos contrarios le observaban. Tragó pesado una vez más, cerrando lentamente aquel ojo con su notorio lunar decorando debajo de él, conforme las caricias en su rostro continuaban.

—Pero... ¿Y la fiesta?

—Como dijiste, los veremos en la próxima celebración del par de tortolos.

Y sin esperar ningún otro tipo de pregunta o justificación para salir de la reunión, ambos se escabulleron fuera del restaurante.

Nitori era testigo de cómo, incluso en la tranquilidad del jardín interior, a esas horas de la noche, la fama que seguía a Rin no lo dejaba, pues ahora podía ver como terminaba de firmar un par de libretas pequeñitas y tomarse fotos con demasiado flash en ellas para contrarrestar la oscuridad alrededor de todo.

—Lamento mucho los inconvenientes Aii —Rin se acercó al sitio donde el peligris había escogido como lugar para no ocupar demasiado espacio en el universo, recargado en una pequeña barda que dividía la zona habitable del hotel con la playa, ahora totalmente inundada por la marea.

—Está bien, es comprensible —Aii solo soltó con calma, volteando a verle, una vez más delineando el rostro perfecto del contrario, absorto en ello.

—Han pasado casi 10 años desde la última vez que nos vimos —comenzó a hablar el de dientes afilados, mirando al horizonte, permitiendo que el de menor estatura continuase observando su rostro como al principio—y no creí poder guardar más lo que te tengo que decir...

Las manos de Rin, las cuales habían permanecido ligeramente lazadas entre ellas se apretaban con poca fuerza, mientras su voz iba perdiendo volumen, siendo completamente rebasada por el sonido del oleaje golpeando la desaparecida costa.

Aún con ello, Nitori lo escuchó, su corazón se avivó de cuenta nueva y sus piernas parecían querer temblar, fallar y hacerle caer, sin embargo... Solo era una sensación ante toda la emoción.

Vigésimo tercer piso, el pasillo más silencioso del edificio era ahora decorado por los leves suspiros y suaves jadeos que salían del joven profesor de la preparatoria Samezuka, Nitori Aiichiro quien ahora se encontraba recargado contra la pared adyacente a la puerta de la habitación del nadador olímpico Matsuoka Rin, teniendo al mismo sobre de él, besándolo con inquietud, mientras sus manos decidían bajar a recorrer la cuerpo de Nitori y las de este subían para aferrarse al cuerpo ajeno.

Rin levantó a su delgado contrario, cargándolo para así, mientras continuaban con los besos, poder avanzar dentro de la suite. Aiichiro solo envolvió sus piernas alrededor del cuerpo ajeno, apretando para evitar caer y aprovechar para juntarse más hacia él, mientras llenaba el rostro del pelirrojo con suaves besos, delicados y tiernos.

La gran habitación, ahora en completa oscuridad y calma fue recorrida a largos pasos por su dueño, sin importar nada, siquiera encender las luces a su paso, hasta llegar a la gran cama, dejando con sumo cuidado el cuerpo de su antiguo kohai, ahí, yaciendo perfectamente, notando como la respiración del peligris era rápida, ansiosa y sin esperar más, se posó sobre de él, concretamente entre sus piernas, mientras dejaba su cuerpo reposar ligeramente su propio peso sobre el otro.

Únicamente estirándose para alcanzar una de las lámparas a los lados de la cama, y así iluminar al precioso hombre que ahora tenía para él.

—Aii —susurró, alejándose un poquito para volver a verle, ahora mejor, notando el tono rojizo de sus mejillas, sus labios entreabiertos completamente rosados y como el calor empañaba ese par de lentes finos y redondos que ahora decoraban tan precioso rostro.

Llevó una de sus manos hacia el par de cristales antes vistos, quitándolos de su camino para notar esa carita que poco había cambiado con el tiempo, los hermosos ojos azul brillante, la pequeña nariz redonda y su famoso lunar, marca que se escondía por el reflejo de la luz en las gafas.

Era perfecto, Rin se sentía conmovido, habría deseado desde hacía diez años poder mirar más veces el precioso rostro del peligris, como de pronto su estilo de peinado había cambiado a uno donde se dividía por un costado y apenas algunas pequeñas bandas de su característico flequillo eran notorias, saber en qué momento había crecido tanto y quién le hacía esconder tan preciosa mirada.

—Rin... —el dueño de los pensamientos del aludido llamó, mientras llevaba sus manos sobre el rostro de este, atrayéndolo con cuidado para besarlo una vez más, Nitori deseaba sentir la calidez del cuerpo contrario, lo había imaginado muchas veces con anterioridad.

—Eres tan lindo —el más alto se separó después de unos cuantos segundos al responder el beso, dejando un par de besos más pequeños sobre sus labios —tan perfecto — lentamente sus labios se separaron de la boca contraria, comenzando a besar desde el mentón de su pareja hacia su cuello, ayudándose con una de sus manos para abrir la camisa del menor y de ese modo permitir más piel para besar, llenar se leves mordidas la tersa y blanca piel del menor, hasta su pecho.

La respiración de Nitori se hizo más lenta, algo pesada, mientras permitía que el más alto explorará lo que deseada de su cuerpo, tanto como él quería hacerlo.

Las manos del de cabello carmesí no se quedaron quietas, lentamente buscaban hacer contacto con la piel de su antiguo compañero, acariciando las delicadas formas del cuerpo de este, subiendo desde su cintura hacia su pecho a contra dirección con forme sus labios iban marcando en besos su camino.

Los labios del de mirada zafiro se abrían más, permitiendo que los sonidos de satisfacción y placer se escucharán mucho más altos, llenando el poco silencio ahora dentro de la habitación, haciendo que los instintos contrarios despertaran, luego de tantos jadeos y quejidillos cómodos ante la sensación de ser mordido, chupado y besado experimentados por el pequeño Aiichiro, Rin se levantó lo suficiente para mirarle por completo, notando las marcas de su mordida mantenerse rojizas, brillantes. Entendía la hermosa obra de arte que era el joven profesor que ahora yacía en el mismo colchón que él y lo único que quería era tenerlo para sí mismo, amarlo como muchas veces en el pasado lo había soñado.

—Aii —desde la distancia le llamó, con la voz proyectando la firmeza de sus pensamientos, mientras lentamente se despojaba de toda prenda que aún estuviese sobre su cuerpo, sin interesarle en realidad donde quedase reposando actualmente.

Aiichiro observó con bastante atención como los movimientos de Rin se mostraban frente de él, incluso se había levantado un poquito, recargando todo el peso de su cuerpo sobre sus brazos, mientras era testigo del armónico vals del cuerpo ajeno contra las prendas. Vio como esa camisa de tonos crema era despojada y lanzada fuera, cayendo sobre el piso. La misma suerte que el par de pantalones oscuros tuvieron y poco pudo importarle el sonido de los zapatos cayendo a destiempo en la alfombra, pues nada podía simplemente distraerlo de la perfecta imagen de Adonis que representaba su amado Rin Matsuoka.

El pelirrojo no desperdicio el tiempo valioso, apurando a dejar al más bajo en las mismas condiciones, con tan sólo los boxers oscuros decorando y censurando ese fino cuerpo que poco había cambiado con el paso del tiempo y, claramente, seguía siendo increíble.

Matsuoka empujó de forma lenta el cuerpo de Nitori hacia abajo, para obligarle a volver a recostarse como antes estaba, acercándose para besar sus labios, sus mejillas y frente, dejando aquellas pinceladas de cariño con total tranquilidad, aunque muy dentro de él deseaba tomarlo con ganas, necesidad y bruteza animal, quería hacerlo suyo, que gimiera su nombre, ser el hombre de sus más oscuros deseos y simplemente marcarlo como propio para siempre.

—Rin —llamó el de mirada redonda, mientras tomaba entre sus manos una vez más su rostro, haciendo que bajara hacia él y así besarlo de nuevo, con intensidad, mientras llevaba una de sus piernas hacia la cintura ajena, rodeándolo en un intento de que no escapara, mientras impulsado por sí mismo se movía lentamente su cadera, de arriba hacia abajo, dándole esa señal inequívoca y silenciosa de también desear proseguir.

Un pequeño gruñido salió de la boca del nadador profesional como respuesta ante la erótica petición del peligris. Su zurda bajó por los costados del cuerpo delgado debajo del propio, tanteando sobre el resorte de la ropa interior contraria y bajándolo de un simple movimiento, mientras miraba firmemente a su pareja, sonriendo de medio lado como si intentara excusar todo tipo de acción con su increíble carisma.

Y por supuesto funcionaba. Aiichiro se sentía en las nubes, con sólo saber que en ese momento era el protagonista de su propia historia de amor, aderezada con esos toques sensuales que toda su adolescencia había imaginado. Se ergio ligeramente, lo suficiente para que sus manos pudieran llegar hacia la firme cintura de su amante, permitiéndose unos cuantos instantes para acariciar sobre de ella, sus costados, delineando con tranquilidad los músculos en él, antes de llegar al borde de la única prenda que aún lo vestía, bajándola con algo de inseguridad, tan lento como podía, hasta dejarla fuera del camino.

Sus ojos no escondieron ningún tipo de sorpresa, mordiendo sus labios justo después de encontrarse con el miembro de su senpai, ahí armónicamente perfecto ante toda la belleza de ese hombre. Y simplemente no pudo no darle un vistazo lento, desde abajo hacia arriba, sintiendo que tenía frente de él, al humano más hermoso de toda la historia.

Las manos del más alto fueron hacia las del de piel más blanca, sujetándolo con cuidado, luego de notar como estas continuaban sujetas a la tela de sus boxers, retirándolas con gentileza para sujetarlas cálidamente, entrelazando sus dedos, mientras volvía a recostarlo, llenando de besos su rostro, dedicándose a mostrar en forma de caricias suaves todo el cariño que le tenía.

La noche para los dos había sido eterna, gloriosa, perfecta.

Rin observaba el rostro tranquilo de Aii mientras dormía, pasando con suavidad su dedo índice sobre la tierna textura coloreada de rojizo en sus mejillas, notando como el más bajito arrugaba la nariz y apretaba sus ojos luego de sentirse tocado, moviéndose debajo de las sábanas, despertando poco después.

—Buenos días —musitó, mientras tallaba uno de sus ojos y luchaba contra el adormecimiento, apretando los labios para evitar bostezar.

—Buenos días Aii —respondió el pelirrojo, acercándose hacia su rostro para dejar un pequeño beso sobre de él, antes de solo rodar, quedar sobre de él por completo y meter sus brazos debajo del delgado cuerpo ajeno, abrazándolo.

Nitori se sorprendió un poco luego de verlo encima suyo, completamente recostado y como su cabeza se pegaba a su pecho, tan tranquilo como si nada. Una de sus manos fue hacia el cabello del hombre reconocido mundialmente, pasando lentamente entre las hebras de su cabello, acariciando con suavidad sobre de él, encantado por el momento tan adorable que ahora compartían.

—Cuando te diste vuelta, aquella vez —el pelirrojo comenzó a hablar, mientras sostenía con mayor firmeza el cuerpo contrario, con un tono como si estuviera haciendo un puchero —sentí la necesidad de ir detrás de ti, pero no me pude mover —un suspiro salió de sus labios, estrujando poquito al más bajo, mientras este continuaba acariciando sus cabello —Y entonces, me dije —levantó el rostro, para verle de nuevo — "Tendré otra oportunidad, Aii siempre va a estar aquí y podré hablar con él" pero, las veces que volví... Simplemente no estabas.

—Faltaste a la boda de Sou-senpai y Momo, quizá ahí nos hubiéramos encontrado —habló cuando encontró momento, mientras sus manos bajaban hacia el rostro del mayor, acariciando con ternura el rostro ajeno —aunque la espera hizo que ayer en la noche fuese magnífica.

—¿Sabes que es aún más magnífico que ayer? —el rostro de Aii mostró confusión, robando una risita de los labios del mayor —Amanecer contigo hoy.

Los ojos de color cielo se abrieron lo más que pudieron y brillaron mucho, mientras se acomodaba al acercarse a él para besarlo con cariño.

—Lamento haberme ido esa vez... —acarició la frente del más alto, llenando de más besos sus labios y sus mejillas —Y no acercarme a ti antes, tal vez todo hubiera sido diferente.

—Me gusta cómo ha salido hasta ahora, contigo, a mi lado, porque te quedaras conmigo ¿cierto? —la diestra de Rin salió del abrazo, buscando la mano más cercana del menor, sosteniéndola con cariño, atrayendo la para besar sobre sus nudillos — Quédate conmigo Nitori Aiichiro, por favor.

El peligris solo sonrió, asintiendo con la cabeza, usando su mano libre para abrazarlo con cuidado, atrayendo lo cariñosamente contra de él, mientras el pelirrojo se acercaba a él para besarlo de cuenta nueva, cerrando su promesa entre ambos.


Gracias por llegar hasta aquí.