Un aroma familiar entró por su nariz e inundó todos sus sentidos, haciéndolo despertar. Afuera el ligero viento mecía las ramas de ese viejo árbol que competía en años con la construcción de la mansión. Todavía no aclaraba del todo, pero el nuevo amanecer hacía acto de presencia mientras haces de luz entraban suavemente por la alcoba mostrando claroscuros.
Fue así como pudo distinguir esa silueta de aquella a quien amaba cepillando su largo y sedoso cabello después de la ducha matutina. Se acomodó un poco para observarla. Había sido un acierto no requerir los servicios de una mucama para ciertas ocasiones, ese deleite para sus ojos que presenciaba en esos momentos no sería posible con la intervención del personal de la mansión. Tal y como lo había imaginado en aquella época, su amada se había convertido en una hermosa dama.
Ella al notar que él estaba despierto y observándola en silencio, le sonrió encantadoramente a través del espejo del majestuoso tocador. No había hecho ningún ruido, sin embargo sabía que su amada había sentido su mirada sobre ella, el rubio deseaba que ese instante durase el mayor tiempo posible. Era feliz y que ella lo fuera lo hacía doblemente feliz porque eso quería decir que él formaba parte de esa dicha plena que mostraban sus brillantes ojos y se lo mostraba cada vez que se miraban tan cómodamente en silencio.
-Si no nos apuramos se hará tarde- murmuró ella terminando de atar su cabello trenzado con una cinta verde que hacía de diadema coronando sus rubios rizos, sacándolo de su ensoñación.
- ¿Recuerdas la primera vez que nos conocimos?- él se levantó un poco a desgana, pero su ánimo se renovó con el recuerdo, se acercó y puso sus manos en sus delicados hombros cubiertos por la fina bata, mirándola en el espejo- me preguntaba qué había detrás de aquella chiquilla que lloraba amargamente y al segundo después mostraba su sonrisa- besó su mejilla y la abrazó dulcemente.
-Me sentía infeliz , pero en un instante apareciste ante mis ojos, eras mi príncipe, eso me bastaba para estar contenta a pesar de los maltratos de los Leagan- se levantó de la silla del tocador y le devolvió el abrazo, entonces levantó su rostro para mirarle - tus ojos siguen siendo igual, no han cambiado, la primera vez que los vi desde pequeña en ese portal pensé que eran muy dulces, de un color del cielo que siempre me ha deslumbrado.
-Y para mí los tuyos son lo más bello que he visto en mi vida, me tienen irremediablemente cautivado- alzó la barbilla de ella y le sonrió tiernamente.
Su corazón palpitaba de emoción. Ese sentimiento de amarla y sentirse amado por ella superaba cualquier cosa. Siempre era así desde aquel día, sólo ellos dos…
-Joven amo, el almuerzo está dispuesto cuando ustedes gusten- se oyó una voz fuera de la alcoba.
Ducharse y vestirse duró un santiamén agradaba pasar los días así junto a ella. Se dijo que haría que cada segundo de este día valiera la pena.
-Vamos- la tomó delicadamente del brazo y la juntó con el suyo, no sin antes darle un beso amoroso en su sien.
- El baile en honor a la llegada de la Tía Abuela es de los mejores recuerdos que tengo junto a tí, no lo cambiaría por nada del mundo- le dijo ella cuando bajaban lentamente la gran escalinata que conducía al vestíbulo central.
-También lo es para mí, de ser una ocasión aburrida para los tres, contigo se convirtió en un evento especial, no puedo decir lo mismo para los queridos primos- rió al recordar la cara de los Leagan cuando Candy se convirtió en el centro de atención.
-Me preguntaba qué pensabas de Elisa, en ese entonces, ella estaba muy enamorada de tí- dijo ella aparentemente indiferente, él se detuvo para mirarle, no podía creer que su pecosa albergara dudas de sus sentimientos.
-Siempre la ví solo como mi prima y nada más- dijo él- y tú apareciste justo para que sintiera por primera vez el amor- le dijo coqueto entrelazando sus dedos, besando la palma de su mano y guiñándole un ojo- siempre has sido tú y sólo tú.
-Anthony….. - murmuró la rubia con los ojos brillantes.
Una vez descendieron, almorzaron tranquilamente en el gran comedor, y después, salieron a dar un paseo por el jardín.
Él quería seguir con esos recuerdos del ayer que compartían
-Esa vez que me ayudaste con los fertilizantes para el jardín, fue cuando supe que te habían mandado al establo- apretó su puño al rememorar aquello.
- No me importaba mucho, tan solo me hizo sentirme sola, y extrañar el Hogar- la pecosa se encogió de hombros.
-A mí sí me importaba, saber que esa familia te trataban mal y siendo tan pequeña tus manos estaban maltratadas. Sólo se me ocurrió que podía darte un regalo y qué mejor que regalarte el día de tu cumpleaños.
Estaban cerca del lugar especial del jardín, justo al lado de aquella rosa que orgullosamente había creado por ella y sólo para ella.
-La Dulce Candy es maravillosa- declaró ella y se acercó a oler su dulce aroma- la rosa y tú me daban ánimos para soportarlo todo.
-Yo me preocupé bastante, pensé que no había sido justo contigo ese día de la cascada, Neil se lo tenía merecido y también pensaba con impotencia que no podíamos hacer nada por tí y alejarte de mis odiosos primos- dijo él determinado.
-Y yo imaginándome que estaba en un lugar tan lejano como Europa- rió ella. Él la tomo del brazo entrelazando de nuevos sus manos y siguieron su paseo.
-No tiene perdón lo que hice, fue un acto cobarde- ese recuerdo siempre le tenía apesadumbrado, era el miedo que había tenido de que le hubiera pasado algo, pero eso no lo justificaba.
-Lo había olvidado, no hay nada que perdonar- ella apretó sus manos, y él lo interpretó como un signo de que confiaría siempre en él.
-Entonces se nos ocurrió la idea de que los Andley te adoptaran, pero solo fue una idea, aun así serías siempre una sirvienta, eso no se alejaba de mi cabeza y salí a trotar a caballo.- el rubio recordaba la impotencia que había sentido por no tener el poder suficiente para protegerla.
-En ese momento cuando me encontraste, supe que te amaba solo a tí Anthony. Esa cabalgata en el bosque, con el viento a nuestro lado, escuché en mi corazón que me susurraba en mi interior el amor que sentía por tí, no me quería separar de tu lado sabiendo que pronto me iría de la mansión Leagan- ambos se detuvieron, ella se volvió para mirarle con una tierna sonrisa.
-Con razón te noté distraída- pellizcó amorosamente su nariz- yo también escuché tu corazón, porque sentía lo mismo, quería desde ese entonces que viviéramos juntos, sin embargo era sólo para que ya no sufrieras más y así no sentirnos solos- la imagen de su madre llegó a su pensamiento. Ya no sentía esa pesadumbre al recordarle, no ahora que tenía a Candy a su lado.
Volvieron a reanudar su paseo alejándose poco a poco del jardín de rosas ambos distrayéndose en sus recuerdos.
-Las maldades de ese par no terminaban, no estuvieron en paz hasta que me mandaron a México.
-Sentí verdadera rabia con ellos y la tía Abuela, no lo merecías y también sentí que se paralizaba mi corazón, sobre todo al no poder impedir tu partida- las lágrimas vertidas por saberla perdida le habían hecho un nudo en la garganta aquella vez y no pudo seguir el ritmo de sus primos al tocar esa melodía del adiós.
-Afortunadamente George me encontró y logré regresar sana y salva. Estaba tan contenta de verlos nuevamente- se habían detenido y ella acercó su pequeña y delicada mano a su rostro, intuyendo cómo se sentía.
-Y yo tan agradecido con el tío Abuelo por haber aceptado mi petición en la carta y permitiera que la familia te adoptara- tomó su mano y dió pequeños besos en ella.
-Más que los lujos de la mansión, me hacía feliz estar entre personas que me apreciaban, sin contar a la tía Abuela por supuesto, mis pocos modales no le agradaban mucho además era muy mala influencia para ustedes- rio mostrándole su traviesa lengua- pero tenía la voluntad de aprender, si con eso podía pagar de alguna forma ser una Andley.
Anthony estaba muy orgulloso de ella y de la nada la levantó en sus brazos, la pecosa tan solo atinó a rodearlo con los suyos un poco sorprendida.
-¿No te lo he dicho? En tu presentación ya imaginaba que en un futuro serías mi esposa- le dijo encantado de tenerla en sus brazos como tantas veces.
-Que curioso, con esta ya van 100 veces que me lo dices, me pregunto ¿cuántas más serán?- ella se mofó un poco de él.
-Pero tú solo pensabas en tu príncipe de la Colina, aun sigues teniendo ese broche..- él hizo un gesto mohín al recordarlo.
-¿Sigues celoso? - se acercó a su rostro sonriendo y le besó en la mejilla, no hubo reacción, su segundo intento fue en la otra mejilla, él permaneció igual, se mordió un poco el labio, para a continuación darle un beso en sus labios.
-No lo estoy, ese día me dijiste que me amabas, estás a mi lado y es para siempre, siempre estaremos juntos, lo prometo- le dijo solemne en cuanto terminó el beso. Era lo que siempre había soñado y se había cumplido con creces.
La bajó delicadamente hasta que puso sus pies en el césped. Se habían alejado demasiado del jardín y habían entrado en un terreno poco explorado de la mansión, aun así seguía siendo dominios de los Andley en Lakewood.
-Ohh hace viento de nuevo, las hojas de los árboles y los pétalos de las flores caen de nuevo- observó Candy, el pudo notar cierta inquietud en ella.
Además del viento, las nubes iban cerrándose, tapando los rayos del sol y a lo lejos todo el cielo iba tornándose de tonos grises.
-Como aquella vez…- no me gusta cuando pasa esto- el matiz de la voz de la pecosa sonaba triste.
-¿Aquélla vez?- el rubio empezó a sentir que algo no andaba bien.
- Me contaste que eso pasó cuando murió tu mamá- refirió ella - y está pasando de nuevo. Candy se había soltado de su mano y estaba unos pasos delante de él. Anthony observó a su alrededor tratando de reconocer el lugar en el que unos instantes mostraba los más vivos colores y que ahora al no recibir los rayos del sol parecía marchito. Negros nubarrones aparecieron en el cielo.
Aquello lo inquietó mucho, además ella se estaba alejando de él murmurando palabras melancólicas que apenas podía oír por el ulular del viento.
-¿Recuerdas aquella promesa? No la has cumplido Anthony- alcanzó a escuchar, su voz se oía cada vez más apagada y también notó que sollozaba- prometiste ir conmigo, si no hubiera sido por ese día de mi…
-¡Candy espera! ¡no te alejes!- exclamó temeroso, al ver que no podía alcanzarla y así reconfortarla- ¡no entiendo, espera! !Candy! su corazón empezó a acelerarse desesperado, no sabía qué era lo que estaba sucediendo. De pronto no podía verla, todo se había oscurecido en torno a él.
De repente, en un segundo el mundo volvía a recuperar sus colores y el sol aparecía radiante brillando en el cenit. Lo nubarrones y el fuerte viento habían desaparecido. Estaba de nuevo en el jardín, pero no había nadie más, no se oía ningún ruido, un silencio estremecedor inundó el ambiente, parecía como si hubiera perdido la capacidad de oír, pero entonces…
No te acerques a la colina, no te alejes de ella y ten cuidado con las trampas, la felicidad de ambos depende de tí.
-¡Anthony! !Anthony!-oyó que le llamaban de muy lejos, segundos pasaron y de nuevo lo volvían a nombrar.
-¡Anthony, despierta!- reconoció la voz de su primo, seguido de una sacudida y al instante abrió sus ojos, el rostro del pelinegro estaba justo frente al suyo visiblemente emocionado, mientras él se sentía soñoliento y frotaba sus ojos algo desorientado.
-¡La cacería del zorro! !Por fin es la presentación de Candy!- exclamó Stear mientras lo zarandeaba para que se levantara.
-¡Vamos apúrate, tenemos que acompañarla!- dijo un Archie ansioso, estaba en la puerta esperando a su hermano, éste había entrado como un huracán a la habitación del rubio cuando no respondió a su primer llamado - luego no te quejes de que hacemos trampa, seremos los primeros en verla en su traje de caza- apuró a su hermano y ambos salieron corriendo al pasillo de la mansión rumbo a la habitación de la pecosa.
El no necesitó más, con el corazón acelerado de un salto salió de la cama para alistarse, ese par de bribones ya le llevaban ventaja ¡¿Cómo es que se había quedado dormido?!
Estaba terminando de vestirse y mientras colocaba su boina de caza mirándose en el espejo, se detuvo por un momento cuando aquello llegó a su mente como un relámpago.
-!Ahh el sueño, lo recuerdo perfectamente!-rememorando con alegría ese deseo anhelado de una vida junto a Candy y después con no poco temor ante lo extraño que había sido, e igual de extraña era la sensación de que había sido su propia voz quien le había hablado. Optó por no pensar más en ello, pero no estaba por demás tener cuidado.
-No acercarme a mi colina favorita, no alejarme de Candy y tener cuidado con las trampas ¡bien! ¡ningún Cornwell me ganará!- sonrió triunfante mientras salía de su habitación y emprendía la carrera por el pasillo con una sensación del mayor ánimo.
El futuro se había presentado y él con esmero haría su parte para que ese añorado sueño se hiciera realidad.
FIN
