Disclaimer: Los personajes de Naruto y Naruto Shippuden no me pertenecen, son propiedad intelectual de Masashi Kishimoto. Sin embargo, la historia plasmada a continuación es de autoría propia en colaboración con Shane McKetchup. Queda prohibido su uso no autorizado.

Summary: Sakura Haruno y Sasuke Uchiha son dos residentes de cirugía que ahora no sólo tendrán que compartir hospital, sino el mismo departamento. ¿Qué pasará cuando un cambio de guardia lo haga llegar en el lugar y momento correctos?

Advertencias: AU, +18


Claroscuro

Caballeros, si alguno de ustedes está leyendo esto, sólo lo diré una vez: un verdadero hombre, jamás debería llevarse a la cama a una mujer que no está dispuesto a comerse. Ellas disfrutan que nosotros bajemos tanto como nosotros que ellas lo hagan. Hacer lo contrario sería como ir al mejor restaurante de la ciudad, el más costoso, cinco estrellas, con reservaciones de meses de anticipación; pedir su mejor platillo y… dejarlo a la mitad.

Y bueno, Sakura Haruno, es todo lo que está bien en esta vida.

La imagen de ella abierta de piernas, exponiendo delante de mis narices la parte más íntima de su ser e instándome a tomar más de ella, será una que atesoraré por el resto de mis días.

Eso, y su delicioso aroma.

No tengo palabras para describirlo, y aunque así fuera, soy demasiado egoísta como para compartirlo.

Terminé de saciarme casi al mismo tiempo que ella me sujetó la cara con ambas manos, apremiándome a besarla, sin importarle que toda mi boca estuviera impregnada de ella. A diferencia de los besos anteriores, este fue… dulce, y no hablo de su sabor. Incluso podría decir que 'tierno', viniendo de alguien que no tiene corazón.

Unos segundos después, literal, me pidió que me la cogiera.

Me puse el condón, y no fui consciente de lo mucho que había anhelado esto hasta el preciso instante que me sentí dentro de ella. Húmeda y apretada.

Sakura Haruno no sólo era la médico más brillante de su generación, sino también la más guapa. Siempre me lo pareció, solo que, a diferencia del resto de idiotas descerebrados del hospital, yo no iba gritando por los pasillos profesando mi amor. O, haciendo estúpidas apuestas en el inter del quirófano sobre si finalmente algún conocido sería capaz de llevársela a la cama.

Siempre preferí mantenerme al margen de los comentarios sobre ella, aunque los escuchara curiosidad.

Supongo que, perdido en mis cavilaciones Sakura me sintió algo flojo, ya que me sujetó de las nalgas y empezó a empujar mi pelvis contra la suya con sus uñas enterrándose deliciosamente en mi carne. La ardorosa caricia no sólo me trajo presente, sino que también me prendió más.

Cogí una de sus piernas colocándomela por encima del hombro y me afiancé a su cintura arremetiendo mejor contra ella, pero pronto cambié de idea, pasando ambas manos hacia sus caderas y procurando alzarla con el cuidado de no perder el ritmo el estímulo. Como si de malabares se tratara, me las arreglé para colocar un cojín debajo de ella. De inmediato, me acarició una mejilla y me miró entre divertida y gloriosa, anticipando el placer que se venía.

—Chico listo —fue todo lo que dijo, pero me bastó para sentirme como un jodido adolescente calenturiento follándose a su profesora favorita.

Me apegué a esa fantasía, llevándome al otro hombro la pierna faltante y embistiendo lo más profundo que nuestras pelvis lo permitieron. Con cada empuje Sakura apretaba más fuerte, de manera que pude sentir los espasmos de su vagina estrujándome como si quisiera hasta la última gota de mi ser.

Sus gemidos comenzaron a sentirse cada vez menos ensayados y mientras me enfocaba en el hipnotizante vaivén de sus pechos yendo al ritmo de mi pene chocando dentro suyo, me percaté que parecía estar llorando. Un Sasuke más inexperto se habría alarmado, pero ahora por lo menos podía presumir tener la experiencia suficiente para saber que si aunábamos a eso, sus gestos y la forma frenética con que se mordía el labio inferior de vez en cuando para ahogar uno que otro quejido, sólo podía significar que Sakura lo estaba disfrutando tanto como yo.

Me sentí orgulloso de mí mismo, pero por si las dudas, preferí limpiarle la mejilla con el pulgar.

—¿Vas bien? —pregunté con la voz algo ronca por la agitación, y de inmediato ella sujetó mi mano para pegarla contra su mejilla.

En un gesto que me tomó por completo con la guardia baja, me besó el dorso de la mano.

—Mejor que nunca —respondió, y luego cogió el mismo pulgar para llevárselo a la boca y comenzar a lamerlo. Chupó, mordió y jugueteó con él todo lo que quiso, y mientras lo hacía, bajó sus piernas de mis hombros, abriéndolas delante mío en un ángulo obtuso. Colocó su otra mano sobre mi boca y esperó a que yo hiciera con ella lo mismo que estaba haciendo conmigo. No fue hasta que sus dedos estuvieron lo bastante húmedos que me sorprendió con otro de esos actos suyos que jamás hubiera esperado de la perfecta Sakura Haruno. Llevó esa mano hasta el punto donde se unían nuestros cuerpos y empezó a estimularse. Arqueó la pelvis, comenzando a empujar ella también sus caderas contra las mías, ansiando nuestras colisiones y frotándose contra mí en círculos que solo hicieron que sintiera que estaba a punto de venirme.

Estuve a dos de sacarle la mano y hacerlo yo mismo.

En ese momento, quise todo de ella como nunca antes lo quise de alguna otra mujer, pero por sobre todas las malditas cosas, anhelaba ser yo quien la hiciera terminar. Aun así, dejé mi ego de lado y antepuse su placer y su experiencia, eligiendo admirar con absorta devoción su trabajo manual. La forma errática con que sus dedos se movían por encima de aquel botón rosado, por momentos parecía no tener ritmo ni sentido para mí, hasta que nuevamente la escuché gemir y en ocasiones, para mi deleite, reír.

Sakura reía del más puro placer, y me resultó muy sencillo, casi natural, decidir que aquel sería mi nuevo sonido favorito.

—Un poco, más… sólo… un poco… —pidió ahogando ese último gemido, en un punto que ya me parecía una tarea imposible de cumplir. Podía sentir mis propios espasmos y palpitaciones advirtiéndome que no podría continuar durante más tiempo.

Pude haber cambiado la posición y retardarlo unos minutos, pero algo me dijo que aquella bien podría haber sido la peor idea que alguien hubiera tenido en la historia de los encuentros sexuales. Al punto en que sentía a Sakura, estaba casi seguro que estaba cerca de terminar. Así que volví a enfocarme y coloqué nuevamente ambas manos sujetando su cintura. Pronto, la sentí tensarse bajo mi agarre y envolverme con una de sus piernas en un medio abrazo, arqueó la espalda y soltó un gemido tal, que bien podría haber alertado a todos los vecinos del edificio si es que todo lo anterior no la había hecho ya.

Supe en ese instante que ésa era mi señal y me dejé correr liberando toda la tensión de mi miembro.

Solté un gemido ronco de pura satisfacción y Sakura volvió a reír de placer, con las mejillas sonrosadas y la mayor parte de su piel perlada en sudor. Tenía los cabellos desperdigados sobre el sofá y los pechos hinchados con los pezones aun erectos.

Olíamos a sexo.

Sus fluidos entremezclados con los míos, resultaban en algo sumamente tranquilizante y embriagador. Casi tanto como Sakura mirándome con lo que parecía cierto afecto. En otro de esos arrebatos suyos, acarició mi rostro y se incorporó hacia mí para besarme mientras yo la ayudaba a acomodarse entre mis piernas, cortando nuestro beso sólo para acurrucarse en mi cuello al tiempo que comenzaba a olisquearme. No mentiré al respecto, me sentí como un perro siendo reconocido por otro; y, sin embargo, la nueva experiencia me resultó extrañamente placentera.

La abracé ya más calmado y comencé a acariciarle la espalda y el pelo.

—Eso ha estado bien, ¿eh? —soltó de repente, evidentemente complacida.

—Eso ha estado más que bien —admití. Sonando menos entusiasta de lo que en verdad me sentía.

Quizá algún día, cuando finalmente decida ser honesto conmigo mismo, me atreva a confesar que le pertenecí enteramente desde aquél día.

Entre más besos y caricias, y créanme cuando les digo que hubieron muchos más, terminamos haciéndolo otra vez.

Soy humano y un hombre común y corriente. Nada de Christian Grey ni de esos hombres que les gusta leer a las mujeres. Así que mi límite son dos seguidas. Luego de eso, como todo hombre promedio, requiero mucha agua, bastante comida y tal vez algo de fútbol americano para recargar energías.

Cuando terminamos la segunda vez, no hubo necesidad de palabras para saber que ambos agradecíamos internamente que el departamento contara con dos baños completos. Sakura salió del baño de su habitación envuelta en su bata de baño y oliendo a jabón. Yo salí del baño de las habitaciones compartidas solo con un bóxer encima; y unos segundos después de eso, tuvimos un raro encuentro en la cocina.

Tomábamos agua. Insisto: rehidratación. Pero por alguna razón parecíamos incapaces de mirarnos directamente a los ojos. Cada uno absorto en lo suyo y sumidos en un silencio conjunto que no diré que fuera incomodo, sino… raro.

Hacía escasos minutos atrás mi nariz había estado prácticamente dentro de su vagina, y ahora nos comportábamos como un par de críos adolescentes.

Como siempre, Sakura fue la primera en romper el hielo, preguntando si tendría guardia al día siguiente. A lo cual fui tan imbécil, que ni si quiera tuve la habilidad social de continuar con la plática, limitándome a responder con un abrupto...

—No.

Di un largo trago al vaso de agua y cuando finalmente caí en cuenta de mi tremenda estupidez, fue porque Sakura ya se estaba despidiendo. Me deseó una buena noche con una voz neutra que no supe identificar, se pasó la mano por el cabello como siempre que quería evitar algún tema y se perdió en el interior de su habitación. No sin antes dedicarme un último: —Nos vemos mañana, Sasuke Uchiha—, arrastrando las palabras del mismo modo que solía hacerlo en el hospital.

Finalmente, cerró la puerta.

Sin insinuaciones, ni una invitación.

A sabiendas que había cagado mi oportunidad, me fui a la cama con la extraña sensación de haberme acostado con la inalcanzable Sakura Haruno. Ni de broma diré que me la cogí, porque no lo hice. Aquella irrefutable verdad se sentía como un trago amargo y vacío en mi pequeña victoria. Nuestro encuentro no fue algo que yo hubiese planeado. ¡Con una mierda me hubiera salido tan bien! Yo sólo había estado en el lugar y el momento correcto para coincidir con los cinco minutos de caliente necesidad del útero de la chica.

Ella quería sexo y yo estaba a la mano. Bien le habría valido cualquier otro.

El simple hecho de pensarlo me desanimó. Era un desagradable vacío del cual decidí escapar con el recuerdo de sus piernas abiertas, los colores y la forma de su vagina, y su bendito aroma.

Me puse duro de sólo recordarlo, augurando que tiempos difíciles se avecinaban. De ahora en adelante, tendría que prohibirle a mi pene un manjar que ya había probado. O idear la manera de volver a tener un encuentro casual.

Como si del diablo se tratara, la imagen del mil veces hijo de puta Sai Souza irrumpió en mi mente.

El cabrón que sí podía cogérsela a diario.

Otro trago amargo.

Me maldije a mí mismo por no ser la clase de cabrón valemadrista que descendería hasta el infierno por una mujer. No, al contrario. Era el imbécil que prefería evitarse las molestias. No porque fuera la clase de hombre que huye de los problemas — Never on my watch!—, pero siempre tuve la creencia que había demasiadas mujeres en esta Tierra como para pelear por una. Unos años atrás, si una mujer ocupada quería estar conmigo, no lo impediría. Lo cual no significa que fuera a llegar más lejos. En mi mente de cretino, una mujer así no valía la pena.

Está de más decir que no pienso, ni pensaría jamás, eso acerca de Sakura.

Pero, siendo honesto, no iba a actuar.

Quizá si su relación estuviera en crisis. La distancia siempre resulta un inconveniente. Si ella lo dejaba. Tal vez, tendría una oportunidad.

'Tal vez'.

Sin darme cuenta, me quedé dormido con ese último pensamiento.

. . .

Unas horas más tarde, alrededor de las tres y tanto de la madrugada. Sakura volvió a decidir dejar de ser Sakura. Terminando de desechar lo poco que creí conocer acerca de ella, e irrumpiendo en mi cuarto. Primero, la oí caminar de puntas sobre la duela y luego, la sentí escabullirse como si de una niña pequeña se tratara por encima de la sábana hasta quedar recostada frente a mí.

Intenté pretender que no la había escuchado entrar y que aún continuaba dormido…— Sé que estás despierto —pero al final me vencieron Sakura y la curiosidad.

—Los párpados de las personas verdaderamente dormidas siempre están cerrados levemente, y tú no estás nada relajado, Sasuke Uchiha. Además… —ya comenzaba—, durante el sueño MOR, los ojos de una persona dormida se mueven visiblemente por debajo de los párpados.

Por supuesto que Sakura sabelotodo Haruno iba a salir con eso.

Contuve un suspiro de exasperación y finalmente me atreví a mirarla abriendo un solo ojo. Cabe mencionar, que solo traía una tanga puesta encima y que sus pechos al desnudo lucían más grandes apretujados bajo su peso.

Una vez más, volví a ceder.

Resultaba desconcertante toda esta nueva y recién descubierta faceta suya, pero si las cosas iban a ser así, debía admitir que no me molestaba acostumbrarme, y que, con tan poco tiempo, ya me proclamaba fan de su desnudez.

Apenas nuestras miradas se cruzaron, le sonreí de medio lado.

—No podía dormir —confesó, pasándome la mano por los cabellos enredados sobre mi frente, acomodándolos hacia atrás—. Bueno —rodó los ojos—, en realidad no es que no pudiera dormir, porque a decir verdad caí como un bebé luego de… Em, bueno, tú sabes.

Era más que obvio que hablaba del fascinante sexo casual que habíamos tenido unas horas atrás; y, sin embargo, arqueé una ceja entre curioso y divertido al descubrir que ella no era capaz de mencionarlo. Lo que, en definitiva, terminó de despertarme.

Siendo ella, usualmente, tan avispada, no tardó en captar que algo de lo que había dicho o hecho me tenía entretenido, pues de inmediato, desvió su mirada de la mía y lo siguiente que dijo lo hizo casi atropellando las palabras. Explicándome que llevaba más de una hora despierta y por más que lo había intentado, no podía dormir.

De cierta manera, ver a Sakura vulnerable y fuera del papel de La perra inalcanzable, la hacía ver linda.

—Puedes quedarte si así lo deseas.

—¿En serio? —casi saltó de alegría, incorporándose sobre la cama—, porque, a decir verdad, mientras estuve dando de vueltas en mi cama intentando volver a dormir, me di cuenta que hay algo que me habría gustado hacer y no me gustaría saber que perdí mi oportunidad.

Supongo que la incógnita se me notó en la cara, porque de otra manera no me explico que ella haya podido leerme tan bien, incluso antes que pudiera abrir la boca, Sakura ya me había interrumpido.

—Oh, no es nada malo. Lo prometo —dijo juntando ambas manos a modo de plegaria—. ¿Puedo?

—¿Qué es lo…? —colocó un dedo sobre mis labios y volvió a preguntar—. ¿Puedo?

Asentí sin más remedio, sólo el gesto le bastó para sacarme la sábana de encima como si fuera un truco de magia. Se colocó entre mis piernas, abriéndolas un poco más para poder sentarse, recargando sus nalgas sobre los talones, como lo habría hecho una antigua Geisha.

—Siempre supe que eras de los que duermen desnudo—. Alzó el mentón, al mismo tiempo que se ataba el pelo con una liga, como si aquello fuera algo de lo cual vanagloriarse

—Para que sepas, procuro dormir en bóxer. En esta ciudad, uno nunca sabe cuándo un temblor te despertará a mitad de la noche. Además, comparto departamento con una chica y…

Desde el instante que me arrancó la sábana, intuí lo que planeaba hacer. ¡Con una mierda!, que rogaba a todos los dioses tener razón. Cuando la vi inclinarse sobre sus codos y pude sentir la calidez de su aliento golpear contra los vellos de mi pubis; lo confirmó, erizando la piel de mis brazos y piernas por completo, Pero, en el instante que su boca me devoró, supe que este debería ser el mejor deporte de todo el puto Universo.

Entré en un estado de éxtasis.

Sakura lo chupaba y relamía como una diosa mientras yo sólo suplicaba mentalmente más y más. Una parte de mí, ansiaba como un loco desesperado arremeter mi pito entero contra su boca, pero por experiencias anteriores, sé que eso puede resultar desagradable, y lo último que hubiera querido, es que Sakura parara en ese momento.

Durante un segundo que me pareció eterno, sentí que podría vivir así por el resto de mi vida, con mi pene dentro de su boca. O de su vagina, pero dentro de ella.

Cada que el éxtasis volvía a invadirme, prefería calmarme acariciando su cabeza y jugar con los mechones que le caían en la frente; y, cuando sentía que no podría controlarme, opté por apretar la sábana del colchón, asegurándole que todo iba de maravilla desde la primera vez que preguntó.

Pude verla sonreír orgullosa, sabiendo de todo el placer que me causaba con cada lamida, cada caricia, y luego, hizo algo con los dientes que seguro era ilegal, pero jodidamente placentero.

Con el juicio nublado e incapaz de poder barajar más opciones. Decidí darles su espacio y dejar que Sakura y mi pene se conocieran. En una de esas y se volvían mejores amigos.

Jugó un rato con mis testículos, poniendo a prueba sus artes manuales como si fueran dos bolas de Baoding. Masturbó mi pene, succionó mi glande e hizo todo cuánto se le antojó y quiso. Cuando sentí que estaba a punto de venirme, le avisé para que alejara y yo pudiera escurrirme en mi mano.

Mientras tanto, ella observó todo curiosa.

Cogí dos pañuelos de la caja sobre el buró, me limpié la mano y los aventé al cesto de basura haciendo una anotación de dos puntos.

—Parece que tienes bastante práctica en esto —elogió.

—Vivo con una chica muy guapa—. Le aventé el piropo en un lapsus de valentía del que ni yo fui consciente hasta que lo hice.

Para mi sorpresa, Sakura se encogió de hombros y me agradeció apenada. Luego, se acomodó un mechón de pelo detrás de la oreja, y una vez más, me miró como quien se muere de ganas de pedir algo, pero no sabe cómo.

—Sólo dilo —le insté. Acariciándole el rostro con el pulgar, y tal y como hizo durante primera vez que lo hicimos, sujetó mi mano pegándola contra su mejilla.

—¿Puedo dormir contigo?

—Si es lo que deseas.

Entonces, por segunda vez en la noche, se giró para besarme el dorso de la mano, mirándome con vehemencia.

Algo en el verde de sus ojos, me calentó. No de la manera cachonda que haría que quisiera meter mi pene dentro de ella, sino en la que lo más importante es que se sintiera cómoda.

Estando a gatas, supuse que su plan era acomodarse a lado mío. Sin embargo, antes que pudiera acostarse, le advertí que lo mejor era que me pusiera algo de ropa. De lo contrario, no aseguraba poder contenerme.

En esta nueva y atrevida faceta, Sakura sonrió divertida, acercándose lentamente para incitar otra serie de besos, que, a diferencia de todos los anteriores, resultaron más complicados de descifrar. Carecían de la urgencia de los primeros, y aunque llevaban algo de la dulzura del beso que le di luego de hacerle un oral, tenían cierto dejo de expectativa, como si con ellos me prometiera que habría más.

—No veo ningún problema con eso —aseguró, susurrando contra mi oído.

Colocó una mano sobre mi pecho, empujándome hacia la cama, y, mientras me encontraba tumbado y alerta de su siguiente movimiento, ella decidió quitarse la tanga delante de mí.

—A diferencia de ti, yo no tengo tanta consideración por los temblores, y a , no me molesta que , me veas desnuda.

Como si fuera posible ser más sugerente, se las apañó para deslizarse sobre el colchón con cierta clase de habilidad felina que resultaba por demás insinuante. Cada movimiento suyo, cada gesto, toda ella, desbordaba femineidad.

Se acostó a lado mío, sin que yo pudiera dejar de mirarla a los ojos. Aun con su desnudez removiéndose frente a mí, con sus curvas acoplándose a mi cuerpo y envolviéndome, no fui capaz de romper el contacto visual.

De entre todas las nuevas experiencias que compartí con Sakura a lo largo de esa noche, ninguna me pareció tan íntima como aquella. Como la sensación de sus ojos verdes viendo a través de mi alma.

—Buenas noches, Sasuke Uchiha—. Fue lo último que dijo antes de quedarse dormida con su cara sobre mi pecho. Mientras le acariciaba la espalda, decidí que no iba a pensar que podría volver a ignorarme en el hospital, ni en su estúpido novio.

Tan sólo disfrutaría el momento.


N/A: Claroscuro nació alrededor de las 4:00 a.m., como un borrador en el Block de Notas de mi teléfono. Posteriormente, fue un hermoso trabajo de edición con la colaboración de Shane McKetchup, a quien le agradezco siempre su apoyo e infinita paciencia. Esto no hubiese sido ni la mitad de divertido sin ti.

A todas las personas que llegaron a este punto: muchas gracias por leer. Espero que lo hayan disfrutado, gozado y reído tanto como yo. Les mando un fuerte abrazo virtual.

Se despide, Ulrika.