Restaurante El Porteño Gourmet.

En aquel momento tan extraño, Amelie buscó la mirada de su nuevo compañero para que la ayudase. Hizo un mohín al encontrarse con una sonrisa burlona, a la lejanía. Regresó su mirada a los futbolistas.

-Quizás te equivocás de persona... no recuerdo haberte conocido antes, porque, claro, sé quien sos y dónde jugás...- Le dijo ella al japonés, que la miraba expectante.

-Siendo así, ¿por qué sabe tu nombre?- Comentó Gino, mirando intercaladamente a uno y otro.

-Buen punto.- Se cruzó de brazos. Miró a Aoi, intentando recordar de dónde lo conocía. Nada se le ocurrió. -Perdón, no puedo acordarme.

Shingo sintió una punzada de decepción al oír eso. Sonrió con pena.

-Verás... fué el año pasado. La Selección de Japón fué invitada a la Copa América que se jugó en Argentina y Uruguay.- Comenzó a explicarle, a ver si así ella recordaba algo. Al notar su cara de desentendida, continuó. -Si mal no recuerdo, trabajabas en el Porteño Gourmet de Buenos Aires, que estaba en aquel lugar lleno de barcos... ¿cuál era el nombre? Puerto... algo.

-Puerto Madero.

-Exacto.- Sonrió.

-Sí, trabajaba ahí. De hecho de ahí me trajeron para acá.

-Fuimos a cenar ahí con la Selección.- Insistió Shingo.

Ella frunció el ceño.

-Recuerdo que la Selección de Japón fué, pero no recuerdo haberte visto.

-¡Pero te digo que es así!- Aoi hizo un mohín, fastidiado. -¡Es más, tú tenías el cabello más largo! ¡Y ese día chocaste conmigo e hice que se te cayera una cesta de papas fritas sobre Kojiro!

Amelie abrió enorme sus ojos, para luego reír. Aquello sí lo recordaba. Lo que inició como un momento tenso, culminó en una noche de puras risas para los finalistas de aquella Copa América.

-¡Me acuerdo de eso! Pero... ¿por qué no te recuerdo?

-Quizás pasé demasiado desapercibido.- Rascó su nuca, sonriendo apenado.

-Bueno, es que... realmente no seguí mucho los partidos de Japón. Solo seguía los de mi propia Selección. Quizás fué por eso.

-Pero a los demás sí los reconociste.- Murmuró él, casi con ofensa.

-Solo reconozco a Tsubasa Ozora, Kojiro Hyuga, Genzo Wakabayashi y Taro Misaki. Y no menosprecio a los demás...- Remarcó sus palabras al notar su cara de ofensa. -...pero no podría reconocerlos si no me dicen quiénes son.

-Pues... soy Shingo Aoi.- Estiró su mano, para estrecharla.

Ella sonrió y la tomó.

-Amelie.

-Acaba de llamarte por tu nombre.- Dijo Freddie en voz alta, divertido por esa escena.

Ella volteó a él y lo miró feo. El italiano, quien se estaba colocando un nuevo delantal, le guiñó un ojo.

-Bien, chicos... ¿qué van a pedir?

-Dos cafés, dos jugos de naranja, dos tostados y un muffin de Carrot Cake y otro de arándanos y chocolate blanco.- Habló Gino, mirando a Aoi para que aprobara su pedido. Éste asintió con una sonrisa.

-Perfecto. En unos minutitos se los traigo.- Les sonrió, retirándose.

Ambos la vieron marcharse y les divirtió la manera tan ofendida en la que ella miró al joven al pasar por su lado para llevar la comanda a la barra. Freddie rió ante ello. A leguas se notaba el buen humor que el chico se cargaba todo el tiempo.

-Shingo... ¿esa es la chica que me habías comentado aquella vez?- Preguntó Gino, sintiendo algo de pena por él. Era muy notable que su presencia aquel día había pasado más que desapercibida para ella, mientras que Aoi se había cansado de hablar y hablar sobre la camarera tan linda que había conocido en su viaje a Argentina.

Shingo suspiró y sonrió con mucho pesar.

-Y pensar que he pasado casi toda la noche charlando con ella y ni así me recuerda.- Hizo un breve puchero. -No debí dejarme llevar porque me haya sonreído.

-Bueno... quizás tuvo demasiado trabajo aquella vez.

-O quizás simplemente le valgo un rábano.- Rió.

-No digas eso, tonto.- Lo regañó el rubio. -Además... ahora está aquí, en Milán. Te recomendaría que intentaras ser su amigo, ya que pedirte que te acerques a ella en modo romántico sería demasiado para ti.

-¿Acercarme en modo romántico? ¿A alguien que apenas y sabe que existo? No, no, no.- Enarcó una ceja y negó, una y otra vez, con la cabeza. -Olvídalo, Gino. Solo seré su amigo, si me lo permite.

-Es lo que acabo de decirte.- Sonrió nervioso el portero.

En la barra, mientras tanto, Amelie veía con ojos entrecerrados al joven que desde hacía cinco minutos se encontraba fajinando una copa, encontrando esa sonrisa tan fresca y burlona como algo extremadamente irritante. Claro, cuando no le parecía cautivadora.

-Sos muy desesperante, ¿lo sabías?

Giovanna, quien se encontraba preparando los pedidos, miró su atrevimiento con ojos muy abiertos. Freddie, en cambio, soltó una risa burlona.

-Solo intento hacer este día más llevadero.

-Y esa copa se va a deshacer.

-Mira...- Se la mostró. Relucía. -No sé cómo harán las cosas en Argentina, pero en Italia se hacen bien.

-¿Cómo sabes que hago las cosas mal? Ni siquiera toqué mi primera copa.

-Solo juego contigo. No te tomes todo tan personal, Ame. Van a comerte los tiburones de la pecera. Especialmente éste.- Señaló hacia atrás.

La chica de pelo negro, quien estaba atenta a aquella charla, se sonrojó.

-A mi no me metas en tus cosas raras.- Bufó, entregándole a la nueva su primer pedido. -Aquí tienes.- Terminó por colocar los muffins. -Uno Carrot y otro de arándanos.

-Perfecto.- Amelie le dió una sonrisa brillante, tomando aquella bandeja y llevándola a su mesa.

-Soy un camarero, Gio.- Le dijo Freddie a la chica. -¿Podrías hacerme el favor?

-Pero... ¿por qué?

-Quiero que se sienta cómoda. No te imaginas la bola de tensión que era esa chica cuando atravesó la puerta.

-Oh, bueno. De todas formas, eres un camarero. Y el mejor.- Sonrió. -No olvidemos cómo convences para que pidan los vinos más caros.

-Digamos que sé persuadir a la gente.- Se rió él.

-Y qué lo digas.- Suspiró, risueña. Sin embargo, notó cómo él veía a la chica nueva mientras que ella charlaba animosamente con sus comensales. Frunció un poco el ceño, celosa. -"¿Por qué se toma tantas molestias por ella? Siempre dejó que todas y todos nos arreglaramos como se nos antojara. Bueno... quizás es porque es extranjera."

-No me mires como si fuera un degenerado. No pretendo nada romántico ni sexual con ella.- Le dijo Freddie, mirándola con una ceja enarcada.

Giovanna no pudo reprimir una sonrisa divertida al verse atrapada. Freddie, siempre tan perceptivo y directo...

-Bueno... apenas llegó y ya la arropaste bajo tu ala protectora.- Se mofó.

-Como dije, solo quiero que se sienta cómoda. Cuando lo haga, la voy a patear fuera del nido para que aprenda a volar por su cuenta.- Sonrió.

-Espero que sea pronto.- Murmuró, avisándole con la mirada que una pareja había llegado justo a una de sus mesas.

Él, con una gran sonrisa, los recibió.

En la mesa de los futbolistas, Amelie aún charlaba con ellos. Cada tanto observaba hacia la barra y hacia la entrada, en donde Leonor ya se encontraba de vuelta. La mujer le indicaba mediante sonrisas y movimientos de cabeza que no se preocupara, pues apenas habían dos mesas y cada una tenía su propio camarero y camarera ocupándose.

-Si tienes cosas que hacer, podemos charlar otro día.- Le dijo Aoi, al verla mirar hacia otro lado a menudo.

Ella negó.

-Mientras sean mis únicos clientes, no tengo otra cosa que hacer.- Sonrió. -Y sí, un día de estos me encantaría ir a ver un partido del Inter. Cuando me den los tiempos en el trabajo, claro está.

-¡Genial!- Shingo no pudo evitar su alegría al oír eso. -¡Nos encantaría que vinieras! Porque... ¡bueno!- Se sonrojó mucho, comenzando a rascar su nuca. -Eres nueva en el país, y en el continente. Supongo que querrías conocer un poco más de Milán.

-Todavía no conozco nada. Llegué hace apenas horas, me instalé y vine para acá.- Comentó, alegre. -¡Me encantaría! Podríamos comer algo por ahí.- Miró al portero, sin ver el sonrojo furioso que causó su última frase en el japonés. -¿También vas a venir?

Gino miró a Shingo y negó.

-En esta semana voy a estar demasiado ocupado. Además del Inter, estoy estudiando psicología. Son épocas de exámenes. No voy a poder ser un portero para siempre.- De encogió de hombros.

Pese a saber que tal cosa era verdad, Shingo le dió una mirada agradecida.

-Oh, bueno. Me alegra escuchar eso. Es lo mejor que podés hacer.- Le sonrió Amelie. Luego miró a Aoi. -Somos nosotros dos, entonces. Espero que no nos inventen algún romance.- Bromeó, riendo nerviosa.

-Solo es cuestión de negar...- Dijo el rubio, bebiendo su café. -...o aceptar.

-Cierto... Los chismes siempre van a andar rondando.- Hizo una mueca de disgusto. Volvió a sonreír. -No te preocupes. Es una salida de amigos. O una salida de tour, mejor dicho.- Rió por lo bajo. -Por cierto, no tenés novia, ¿no? No sea cosa que te traiga problemas.

-No, no la tengo.- Se sonrojó. -¿Tú?

Negó con la cabeza.

-Pensé que tú y ese camarero...- Gino miró a Freddie, quien reía a carcajadas con aquel hombre, mientras que la chica los veía con una gota en su cabeza.

-¿Freddie? Apenas y lo conozco.- Rió ella. -Aunque él se autobautizó "mi primer amigo aquí", así que supongo que es mi amigo.

-Ya veo.- Sonrió Shingo. Se lo notó aliviado. -Bien... entonces soy tu segundo amigo aquí, y Gino es el tercero.- Miró a su compañero, que veía con una sonrisa todo aquel intercambio. -¿Cómo haremos para contactarnos?

-Hmmm.- La chica fingió pensar. -¿Paloma mensajera? ¿Señales de humo? Oh... ¿por qué no te dejo mi número de celular?- Sonrió al final, jocosa.

-Qué chistosa eres.- Se mofó el mediocampista. -De acuerdo. Anótamelo.- Desbloqueó su celular, colocó en Contactos y se lo entregó.

Ella comenzó a teclear en el táctil. Luego de unos momentos, se lo regresó con una sonrisa.

-Gracias.- Al ver el número de ella en su celular, volvió a sonrojarse. Envió un WhatsApp, causando que algo en el bolsillo trasero de su pantalón de jean sonase.

-Te hablo más tarde.- Le dijo Amelie, retirándose para recibir a otras personas que acababan de llegar.

Al ella irse, Shingo miró a Gino con una sonrisa más que brillante. Él sonrió apenado y suspiró. Pese a no querer romper su burbuja, no pudo evitar traerlo de vuelta al mundo real.

-NO es una cita. Tenlo claro.

-Lo hago.- Sonrió él, sonrojado, dándole a entender que efectivamente, no lo tenía.