Resumen: Aquel día me dejaste en los huesos, sin voz y temblando de miedo. Hiciste metástasis en mi corazón con tu silencio y opresión, implacable, extendiéndose lentamente por mis huesos. SasuSaku / NaruSaku.
Nota de la autora: Los personajes de Naruto no me pertenecen, son propiedad de Masashi Kishimoto. Está terminantemente prohibido cualquier intento de plagio de esta historia o de cualquiera de las que están bajo mi autoría. La imagen de portada no me pertenece, reconozco el crédito a su respectivo autor, si sabéis quién es el artista y modelo hacédmelo saber en un comentario para darle reconocimiento.
Metástasis.
Siempre fuiste un chico perfecto. Es algo que recuerdo desde el primer momento que te vi. Mi enamoramiento fue instantáneo como un flechazo, casi enfermizo e irracional, que a día de hoy me resigna solo de pensarlo. Desde pequeña yo misma me alimenté de falsas esperanzas e ideas estúpidas. Quise creer que estábamos hechos el uno para el otro y que tarde o temprano el destino acabaría juntándonos. Que tú te enamorarías irremediablemente de mí y yo al fin me sentiría tan desdichada teniendo lo que siempre quise. Que yo sería tu amor verdadero como los de cuentos de hadas. Que al final me habría quedado con el chico que todas codiciaban, aquel que todas deseaban tener como marido. Me aferré a la ilusión de que yo sería la única mujer que ocuparía tu corazón y vida, con la que compartirías un futuro establecido y planearías tener hijos. Pero estuve completamente ciega desde el principio y cuando me di cuenta de que el matrimonio contigo pasó de ser una cárcel a convertirse en el mismo infierno, sin una fácil escapatoria, ya fue demasiado tarde.
Uno de los primeros errores que cometí fue dejar de ser yo misma para tratar agradarte. Quise ser una mujer perfecta, delgada, esbelta, delicada pero vigorosa y fuerte, al igual que un cisne. Quise ser recatada, correcta, educada, de alta cuna, de buenos modales, capaz de tener una buena conversación y una interesante agenda social. Deseaba ser lo suficientemente buena para ti. Quería estar a tu altura. Pero tú siempre fuiste un chico frío y sin sentimientos, incapaz de ver más allá de tu propio ego. Fue ahí cuando empezaste a anularme como persona por tu insoportable indiferencia y silencio. Apenas hablabas en las comidas, únicamente te veía por las mañanas y en las cenas después de tu interminable jornada laboral. Sabía lo mucho que te gustaba tu trabajo pero siempre parecía ser más importante que yo, porque apenas me prestabas atención. No te autoengañes, por mucho que te desvivieras por tu trabajo y por ganar un buen sueldo nunca fuiste un buen marido. Quise ser amable, comprensiva y todo aquello que se supone que se esperaba de mí. Gruñías sin decir palabra, te sentabas en la mesa esperando por un plato de comida caliente sin decir nada. Y yo siempre esperaba algo a cambio. Nunca oí un agradecimiento salir de tus labios cuando me pasaba las tardes enteras leyendo libros y recetas de cocina para tratar de ser una buena esposa. Quería hacerte feliz e impresionarte. Jamás me diste nada a cambio cuando mi amor siempre fue desinteresado. Era difícil comunicarse contigo, Sasuke, y cuando lo hacías exclusivamente hablabas de lo importante que era tu trabajo. Fue ahí cuando me arrepentí de jugar a estar casada contigo.
Pensé que tal vez la culpa era mía, que no me prestabas atención porque no te parecía lo suficientemente atractiva y que te gustaban otro tipo de mujeres. Quizás con más curvas, más pecho y un mentón más alto. Como no me veía bien físicamente, empecé a obsesionarme por perder unos kilos, así que decidí la mejor decisión era dejar de comer y beber. Al principio me costó pero con esfuerzo acabé consiguiendo verme más delgada. Me volví más vanidosa y cínica pero me sentía mejor, orgullosa y satisfecha en aquel atentado contra mi cuerpo, sin importar las consecuencias de mi salud. Fingía estar bien. Deseaba desesperadamente verme delgada para sentirme bonita como aquellas chicas de las revistas. Todo lo hacía por ti, para hacerte feliz pero parecía que mis intentos fracasaban. El resultado era el mismo, seguía siendo invisible aunque más débil y extenuada. Me sentía terriblemente ahogada en aquel malestar que me consumía aunque me gustara lucirme como nunca lo había hecho. Dejé de ser yo misma. Cambié por ti. Ataqué mi cuerpo y todos mis principios, que eran lo más valioso para mí. Dejé de hacer las cosas que me gustaban porque carecía de la energía y ganas para hacer cualquier de ellas y mi aspecto se volvió más enfermizo. Más demacrado y pálido. Ya no era la misma. Mi problema fue querer ser una chica perfecta, pero fue más tarde cuando comprendí que la perfección no existía.
Quisiste encadenarme a ti, cortarme las alas, convertirme en una esposa sumisa y dependiente, dejarme agonizando rendida a tus pies, siempre bajo tu soberbia sonrisa. No sabes cuando llegué a odiar tu actitud y tus celos injustificables. Al principio no me daba cuenta de aquel comportamiento pero Naruto me hizo abrir los ojos poco a poco. Incluso llegaste a tener celos del que era tu mejor amigo. Yo no soy un objeto que se toma y se usa, Sasuke. No soy propiedad de nadie, ni siquiera tuya. Yo solo soy mía. Estabas tan obcecado en retenerme a tu lado, que no te diste cuenta cuando reuní coraje y tomé la irrevocable decisión que cambiaría mi vida para siempre. Fue ahí cuando dejé de ser una chica débil y frágil. Cuando recuperé las riendas de mi vida que voluntariamente te había entregado. Solo te preocupabas de ti mismo y tu egoísmo era incapaz de hacerte ver que tú eras el problema de nuestro matrimonio. Tu falta de palabras y empatía. De ilusión. Tu amargura interna.
No podré olvidar el día que me levantaste la mano. Aquel día me dejaste en los huesos, sin voz y temblando de miedo. Hiciste metástasis en mi corazón con tu silencio y opresión, implacable, extendiéndose lentamente por mis huesos. Eres una mala enfermedad que consume todo a su paso y pudre lo que toca, cuya única solución es extirparla antes de que acabe contigo. Ya no veo a la chica alegre, joven y briosa que era, solo veo en el espejo una mujer muerta en vida, como un envoltorio sin nada dentro. Cuantas veces deseé morirme para terminar en un instante con todo el dolor y el vacío que me consumía, pero nunca con el valor suficiente para hacerlo. Lo reconozco, aun soy una chica cobarde y débil, fácil de manipular para ti y usarme a tu antojo como si fuera una muñeca. No, Sasuke, ahora el juego se ha acabado. Hace tiempo que decidí dejar de llorar por ti.
Durante mucho tiempo creí esperanzada que eras la cura de este mal, pero terminaste por romper mi vida y anularme más como persona. ¿No podías caer más bajo para degradarme como mujer, verdad? El día en que terminaste por romper nuestro matrimonio fue cuando descubrí tu descarada infidelidad con la novia de tu hermano. Esa hermosa muchacha rubia, de piernas esbeltas e interminables, que caminaba agarrada de tu brazo cual modelo de revista y posaba reluciente ante los focos de la prensa. Argumentaste que se trataba de publicidad para el buffet de abogados, pero a partir de ahí mis sospechas se incrementaron. Ni si quiera te molestaste en ser discreto cuando encontré numerosos cargos en la tarjeta de hoteles y joyas que nunca me regalaste. Todo esos lujos que debía ser para ella. Al principio pensé que solo fue un desliz, que podríamos superarlo, que te darías cuenta de tu error, y volverías arrepentido. Podrías haber sido más cauteloso. Podrías haberte esforzado más en ocultarlo. No te importó engañarme. Si hubieras tenido un poco de corazón no hubieras hecho aquello, Sasuke, y mucho menos con mi amiga de la infancia. Tampoco tuviste consideración ni benevolencia hacia tu hermano mayor. Solo las personas despreciables y ruines traicionan de esa forma a su familia, pero estoy segura de que esa chica fue fruto de uno de tus caprichos. No tan diferente a ti en carácter. Tú mismo te encargaste de asestarme el golpe final que acabó conmigo. Ya no había cura ni tratamiento para aquel dolor. La metástasis se había extendido por todo el cuerpo hasta hacerme sentir morir. La enfermedad estaba avanzando y yo me encontraba en estado terminal. Me desmoroné pero a pesar de todo, seguí sonriendo aunque me doliera demasiado y mi orgullo de novia herida me impidió mostrarme vulnerable. Aun debía guardar la compostura delante de tus padres y hermano aunque lo nuestro ya estaba muerto. Tal vez algún día llegue a perdonarte por aquello, Sasuke.
Acabé rozando el umbral de la locura por la rabia y odio que sentía. No pude contárselo a nadie aunque ardí en deseos de confesar a Itachi tu romance con Ino Yamanaka. Quería que sufrieras y pagaras aquel dolor que tú mismo habías provocado. Acabé teniendo alucinaciones y sintiéndome perseguida por las calles, fruto de delirios que susurraban a mi oído. Era mentalmente inestable en aquel momento. Seguí haciendo dietas cada vez más peligrosas pero alentada creyendo que servirían para algo. Que tal vez con ello volverías a mi lado. No era yo misma. Ya no me importaba mi salud. Busqué hacerte daño de todas las formas posibles, consumida por el dolor. Empecé a comprar sin medida sin importarme los precios: bolsos de diseño, zapatos, pañuelos y caprichos caros. Todo para saciar la ansiedad, pero ni todo el dinero del mundo era capaz de compensar el vacío que sentía. ¿De qué sirve tener dinero si no da la felicidad? Aquella fue una venganza contra ti pero estabas demasiado ocupado con esa muchacha rubia de ojos azul celestes como para darte cuenta. Ni siquiera te importó mi sufrimiento. Era humillante y vejatorio. ¿De qué sirve vivir en una cárcel de oro? Los pájaros deben estar en libertad y no enjaulados a capricho del dueño. Y eso fue lo que pretendiste hacer conmigo.
Pero lo que más me dolió fue cuando un día me insultaste tras haberte recriminado tu aventura. Las evidencias y pruebas estaban en tu contra, pero quisiste seguir mintiéndome. Yo quería saber hasta dónde eras capaz de llegar. Argumentaste que no fui suficiente, que no era lo que buscabas y que inevitablemente te enamoraste de esa despampanante rubia. Que no había sido tu culpa. Que yo no era más que una molestia para ti y que te habías visto obligado a casarte conmigo. Nuestro matrimonio había sido como un contrato. Dicen que las palabras hacen más daño que los golpes. Y es verdad. Me gritaste con rabia, y luego faltándome al respeto. Puta. Puedo imagino tu mueca de desdén al mencionar esa palabra que aún retumba en mi cabeza. Ese fácil insulto con el que me llamabas a mí o a cualquier compañera de trabajo. Eres una escoria por despreciar así a una mujer, Sasuke. No mereces nada. Un hombre que no respeta a una mujer no merece ser un hombre. Estoy segura de que tu madre se avergonzaría de alguien como tú si te oyera decir eso. ¿Cómo pudiste comportarte así?
A pesar de esta enfermedad que me consume hay algo que me hace sentirme viva pero todavía no sé muy bien que es, como un pequeño hálito de esperanza que me mantiene en pie porque hace tiempo que deje de luchar por mí y por los dos. No quedaba nada. Solo cenizas y desolación de un matrimonio muerto. El día que fui al médico por continuos mareos y nauseas me replanteé que aquella esperanza debía ser el hijo que crecía lentamente en mis entrañas, que alguna vez fue fruto de nuestro amor. De aquel cariño del que ya no queda nada. Solo frío, silencio y dolor. Desde entonces me prometí que yo misma me encargaría de inculcarle todo el amor del mundo para que pudiera crecer lejos de un maltratador y egoísta como su padre. No me importaría criarlo y educarlo sola como madre divorciada. Porque sé que de las cenizas brotarán semillas, semillas que con cariño y amor crecerán hasta convertirse en hermosas flores. Además tendría a Naruto a mi lado cuando lo necesitase. Siempre está dispuesto a hacer lo que sea necesario por mí. Él es muy diferente a ti. Me siento cálida y segura a su lado cuando me apoyo sobre su hombro. Me siento protegida y sin miedo a nada. Le da alegría y color a mi vida que tú mismo le quitaste.
Por fin he conseguido reconciliarme con mi cuerpo y mente con los que estuve en guerra mucho tiempo. Aún me estoy recuperando de aquella vorágine de mentiras y dolor. De aquella vertiginosa espiral en la que se convirtió mi vida. Tengo claro que fue un error casarme contigo, pero aún así no me arrepiento porque gracias a eso descubrí a la persona que eras. Que no eras quien aparentabas ser bajo esa máscara de perfección. Que todo era un farsa. Por mucho que me duele y me pese, Sasuke, no quiero seguir a tu lado, así que márchate y recoge todas tus cosas cuando veas la demanda de divorcio que espera intacta encima de la mesa. Mis abogados se encargarán de tramitar todo. A pesar de todo fui yo la valiente, fui yo quien venció, la que dio un paso al frente, la que salió victoriosa. Planteé cara al monstruo sin corazón aunque la metástasis terminara por diseminarse más, aunque confiaba en que el tratamiento paliativo me curaría. Era mi única esperanza. Las semillas brotarían. Los pájaros volverán a cantar en libertad, y ya no en una jaula. Sasuke, ahora ya eres libre para estar con quien quieras. Deseo que seas feliz con Ino y que ella sea capaz darte la felicidad que yo no pude. Quizás ella llene el vacío de tu negro corazón. Pero no esperes que vuelva a tu lado.
Fin.
Nota de la autora: Hola de nuevo. Espero que no me lluevan tomatazos por escribir un SasuSaku, es la primera vez que escribo uno pero sentía que Sakura debía ser la protagonista de esta historia. Sé que a Sasuke y a Ino les toca el papel de malos, pero por favor no me odiéis. Ya sabéis que soy incapaz de hacer una historia donde no haya enredos amorosos por medio y me apetecía hacer una historia de maltrato y superación. La verdad es que estoy muy satisfecha con el resultado. Espero que os haya gustado. Nos vemos en la próxima historia.
