Capítulo 1: La Academia de Heroísmo

Tras ese emotivo momento, estuve esperando con ansias que llegase el día de puertas abiertas de La Colmena. Solo faltaba una semana, pero ese poco tiempo fue el suficiente para que se me hiciese eterna. Sin embargo, no desaproveché ni un solo minuto, pues me pasaba todo el día entrenando mi don; no quería hacer el ridículo el primer día en el caso de que nos pidiesen una demostración de nuestras habilidades.

En ese caso no tendría mucho de que presumir, no porque mi don no fuese útil, sino porque hasta ese entonces sólo me había molestado en utilizarlo como una ayuda en mis actividades del día a día y no como un arma ni nada parecido. Así, en esos siete días pasé de simplemente usarlo para alcanzar los lugares a los que no llegaba en mi casa a intentar utilizarlo para lanzar objetos cada vez más pesados desde la distancia. De esta manera, al final de la semana ya era capaz de levantar objetos de alrededor de 20 kilos y lanzarlos con precisión a unos 4 metros de distancia, algo que, aunque no parece muy impresionante, supuso una enorme mejora para mí en ese entonces.

Después de esa intensa semana de entrenamiento llegó por fin el 3 de enero. Ese día me puse más alarmas de las que me gustaría reconocer y me preparé lo más rápido posible; ni en el fin del mundo hubiese llegado tarde a mi primer día en una academia de héroes.

Así, y gracias a mi marcada insistencia, salimos de mi casa bastante más temprano de lo necesario y por lo tanto llegamos a la academia veinte minutos antes de lo que marcaba la circular. Sin embargo, no éramos los únicos en llegar tan pronto. Según parecía, al menos cuatro o cinco alumnos más habían pensado como yo y ya se encontraban a las puertas del edificio de La Colmena junto a sus familiares y demás acompañantes. En mi caso eran mis padres y mi hermano los que me acompañaban hoy, aprovechando que nos encontrábamos durante las vacaciones de invierno.

Nada más salir del coche los cuatro nos quedamos embobados con la infraestructura del lugar. Tres enormes edificios se encontraban en el área frente a nosotros. El central, siendo el más alto del grupo, estaba conectado con los otros dos mediante unos bonitos pasillos al aire libre decorados con setos y arcos de flores, como si fuese el jardín de un rey o algo parecido. En sus fachadas se podían ver grandes cristaleras que reflejaban el cielo dándole un bonito toque azul. Además, estos cristales tenían forma hexagonal, lo cual me daba la impresión de que hacía referencia al nombre de la academia.

Tras ese momento de impresión, los cuatro nos despejamos y nos dirigimos directamente a la puerta principal. Sabíamos que aún faltaba algo de tiempo para que empezase la visita, pero queríamos ver si había una recepción o algo parecido en donde nos pudiesen dar algo más de información extra. Tampoco fuimos los únicos en pensar así puesto que otro grupo de personas se encontraban también hablando con el conserje.

Nos acercamos para ver si podíamos meternos en la conversación y enterarnos un poco de lo que hablaban. Según entendí, estaban hablando de un tema de la residencia. La verdad es que no me interesaba demasiado, por lo que me senté en unos sillones que había a la derecha de la entrada y agarré uno de los panfletos que se encontraban en la mesa. En él había información varia sobre la academia; sus instalaciones, su fundador, algunos de sus profesores, etc. Ésta era la misma información que se encontraba en su página web y aun así no dejó de sorprenderme. Realmente no me podía creer que uno de los mejores héroes de los Estados Unidos, Arster, fuese a darme clase en unos pocos días.

-El mismísimo Arster, ni más ni menos.-dijo de repente mi hermano-. Es increíble, ¿a que sí?

-La verdad es que sí. Espera, ¿cómo has sabido que-? Sabes que no me gusta que utilices tu don en mí, Hayato.

-Sí, lo sé, pero compréndeme.-se justificó mientras se sentaba a mi lado-. Estabas tan absorto mirando ese folleto que tenía curiosidad con qué te había enganchado tanto.

-Bueno, tampoco exageres. Simplemente lo estaba leyendo.

-A ver, que no pasa nada. Para ser sincero, yo también estaría así si fuese mi primer día aquí, este sitio es impresionante. ¿Sabías que tiene hasta un búnker anti bombardeos?

-¿Enserio? Eso no lo ponía en el folleto.-dije rebuscando entre los folletos en busca de esa información-.

-Nah, era broma. Aunque para ser justos no me sorprendería que sí que tuviese uno. Por cierto, creo que deberías ir a presentarte.-dijo haciéndome un gesto con la cabeza señalando a una chica que se encontraba al otro lado de la habitación-. Parece de tu edad, seguro que también es alumna aquí. Ve y dile algo.

-Pero, ¿qué quieres? ¿Qué vaya a presentarme así, sin más? ¿No sería un poco raro?

-Raro sería que no lo hicieses. Total, os vais a tener que presentar antes o después, cuanto antes mejor. Venga, no te quedes ahí mirándola que das mal rollo, ve y dile algo.

-Agh.-suspiré mientras me levantaba del sillón-. No sé cómo lo haces, pero siempre logras convencerme de lo que quieres.

-Tal vez ese sea mi verdadero don.-comentó acompañándolo con una risa-.

Me acerqué a paso lento a la chica barajando las opciones de como presentarme; no quería quedar mal con ella nada más conocerla, y menos si nos íbamos a ver a diario a partir de entonces. Mientras seguía pensando en eso, de repente una voz femenina se dirigió a mí; la de ella.

-Perdona, ¿tú estudias aquí?-me preguntó-.

Tras eso alcé la mirada para verla y, al hacerlo de cerca, me percaté de que era bastante guapa. Tenía un largo pelo de un color azul marino, ondulado en las puntas, y sus ojos también eran azules, solo que de un tono más claro. Además, su piel era bastante morena, aunque, para decir verdad, comparada con mi pálida piel cualquiera lo parece.

-Eh sí, pero no.-respondí nervioso-. Bueno, en plan, técnicamente empiezo mañana, por lo que aún no estudio aquí, ya sabes.-intenté corregirme, estropeándolo aún más-.

-Sí, ya sé.-dijo ella, a lo cual le siguió una pequeña risa-. Bueno, yo estoy igual, si todo sigue así también estudiaré aquí. Por cierto, no me he presentado. Me llamo Mizuko Shizumu, encantada.

-Ah sí, cierto. Yo me llamo Hiroto Kato, un placer.-me presenté también, estrechándole la mano-.

- Venga, ¡no seas tan formal!-exclamó chocándome los cinco en vez de estrecharme la mano tambié somos unos adultos aburridos; somos estudiantes de instituto, ¡comportémonos como tal!-dijo esbozando una gran sonrisa-.

-Tienes razón, tal vez debería calmarme un poco. Con todo esto nuevo de la academia de heroísmo he estado un poco tenso últimamente.

-Qué bien suena eso.

-¿El qué?

-Lo de "academia de heroísmo". Cada vez que lo oigo suena mejor.

-Es verdad. Decirlo en alto suena tan bien. "Academia de heroísmo". Es como un sueño cumplido para mí. Bueno, supongo que para ti también.

-Pues sí, lo es. Hoy mismo no he podido dormir de la emoción.

-Sí, entiendo esa sensación. Desde que recibí la carta no he parado de entrenar de los nervios que tenía.

-Espera, ¡¿debería haber entrenado para venir aquí hoy?!-me preguntó un poco angustiada-. No sabía nada. Pff. Ya empiezo mal.

-No no. Bueno, creo que no. Yo es que no suelo utilizar mucho mi don a diario, así que quería venir aquí sin empezar de cero sabes.

-Uff, menos mal. Pero bueno, te entiendo, aunque, por mi parte si que tengo algo de experiencia previa, pero tampoco demasiada. Por cierto, no te lo he preguntado, ¿cuál es tu don?

-Cierto. Bueno, básicamente mi don me permite mover objetos con la mente.

-Ah, ¿algo parecido a la telekinesis?

-Sí, de hecho, es prácticamente eso. Sin embargo, no funciona como pensarías que lo haría. Más que controlar el objeto en sí, con mi don creo una capa alrededor de éste. Eso es lo que puedo mover y, al hacerlo, muevo el objeto también.

-Oh, interesante. Entonces, ¿podrías levantarme a mi ahora?

-Bueno, me ha faltado decir tiene algunas restricciones, y el peso es una de ellas.

-¿Me estás diciendo que estoy subida de peso?-preguntó demasiado seria-.

-No no, para nada. Pero es que hasta ahora solo he conseguido levantar objetos de hasta 20 kilos. Y bueno, esa no es la única restricción. Para poder moverlos, tienen que ser objetos a los cuales esté mirando o señalando en ese momento.

-Hmm, entiendo.

-¿Y cuál es tu don?

-Pues ahora no te lo voy a decir.-dijo en tono burlesco dándose media vuelta-. Eso por haberme llamado gorda.

-Sabes que no me refería a eso, pero bueno, si no quieres no me lo digas.

-Espera, ¿no vas a insistir un poco?-me preguntó sorprendida girando la cabeza-.

-¿Para qué? Si no quieres decírmelo no me lo digas, no pasa nada.

-Venga, no seas tonto, que era broma.-dijo volviéndose hacia a mi y pasándome el brazo por el cuello-. Mi don es bastante simple; me permite convertir el dióxido de carbono en agua y controlarla.

-¡Ala! Eso es súper útil para combatir incendios, ¿no?

-La verdad es que sí. Sin embargo, sólo puedo controlar el agua proveniente de mi transformación por unos 20 minutos y, no sé por qué, pero únicamente en forma de torbellinos. Si no lo hago de esa forma, se desestabiliza y dejo de poder controlarla.

-Que curioso lo de los torbellinos... Aunque bueno, aun así, parece un don lo más de útil.

-Lo mismo digo. ¡Tu don es una pasada! Tienes que enseñarme cómo funciona.

-Eh, sí claro. Cuando quieras.-dije sonrojado-.

-Mizuko.-la llamó una mujer parecida a ella, supuse que era su madre-. Va a empezar la visita, ¿te vienes con nosotros o prefieres hacerla con tu nuevo amiguito?

-¡Mamá!-se quejó , no sé, lo que diga Hiroto. ¿Te apetece que la hagamos juntos?

-Ehh, sí claro. ¿Por qué no? Voy a decírselo a mis padres, ahora vuelvo.

Y así hice. Le pregunté a mis padres si había algún problema con que hiciese la visita con Mizuko y, como no era el caso, volví con ella a comentárselo. Tras eso salimos de vuelta a la fachada principal para encontrarnos que, como era obvio, en ese tiempo habían llegado todos los restantes. Bueno, casi todos, porque cuando la guía pasó lista para comprobarlo, faltaba un alumno. Sin embargo, tras esperar unos diez minutos a que se presentase los 24 alumnos restantes junto a nuestros respectivos acompañantes empezamos la visita.

Así, en esta visita nos enseñaron a fondo los tres edificios que componen la academia. El central y más alto de ellos contaba con 5 pisos, contando la planta baja. Entre estos pisos se repartían diversas clases, laboratorios, despachos y salas de reuniones. Además de esto, en el primer piso se encontraba un comedor con su respectiva cocina, por lo que nos explicaron que en ese ámbito estábamos totalmente servidos. Posteriormente pasamos al edificio situado a la izquierda, en el cual se encontraba la residencia en la que nos hospedaríamos entre semana y, como decía la información de los folletos, estaba totalmente equipada con aseos individuales, salas de estar y demás.

Por último, pero no por ello menos importante, nos enseñaron el edificio de la derecha, en dónde se encontraban el taller, el gimnasio, los almacenes y la salida al área de entrenamiento. Esa parte fue para mí la más interesante, puesto que, junto a los laboratorios, era en lo que se suponía que más destacaba la academia, y fue así de tal manera que, pese a mis altas expectativas, quedé asombrado con todo el equipamiento que tenían; realmente parecía el de una escuela de élite.

Tras terminar la visita en el mismo punto donde la habíamos empezado nos dieron indicaciones sobre la firma de la matrícula. Así, me despedí temporalmente de Mizuko para reunirme de nuevo con mis padres. Ya los cuatro reunidos, nos esperamos haciendo cola por orden de lista tal y como nos habían indicado y, gracias a la rapidez de los directivos, en menos de una hora los 24 alumnos ya habíamos terminado con el papeleo. No era demasiado, pero era el suficiente como para que se hiciese pesado rellenarlo, aunque era comprensible teniendo en cuenta que a partir de ese momento pasaríamos prácticamente a hacer vida ahí.

Al terminar el papeleo llegó el momento de despedirme. No era la primera vez que estaría una semana separado de mi familia, ya había ido a algún campamento antes, pero esta vez se sentía distinta. Incluso si los vería al final de la semana sentía que sería una eternidad. En ese momento me empezaron a venir dudas a la cabeza. ¿Me sentiría de ese modo cada vez que me despidiera de ellos? ¿Había sido una buena idea para empezar lo de la academia? Por mi culpa probablemente tendríamos que distanciarnos del resto de la familia, de su familia. No podía parar de pensar en eso. Sin embargo, un abrazo suyo bastó para disipar mis dudas por completo. Ese era mi sueño, y ellos me animaban a seguir con ello con todo el amor que sentían por mí.

-Muchas gracias, de verdad.-dije intentando expresar la gratitud que sentía por ellos en ese momento-. Os prometo que voy a ser el mejor héroe que haya existido, no voy a decepcionaros.

-Nunca podrías.-respondió mi madre-.

Después de más de un minuto así, finalmente tuvimos que separarnos. Nos despedimos y ellos se fueron de vuelta al coche, por lo que yo me puse a buscar a la única persona que conocía entre ese grupo de gente, Mizuko. Según parece, ella había pensado lo mismo, por lo que, tras hacer contacto visual, nos juntamos y nos acercamos de nuevo a la guía, que nos indicó como procederíamos en este primer día.

Puesto que la mayoría de nosotros no nos conocíamos, los profesores habían preparado una actividad de presentación en el gimnasio, por lo que nos fuimos en dirección al edificio secundario mientras debatíamos en que creíamos que consistiría la actividad. Sin embargo, ninguna de nuestras teorías era cierta, pues no esperábamos que una simple actividad de presentación fuese a ser tan exigente como resultó ser esta.

. . .

FIN DEL CAPÍTULO 1