Subiré un nuevo capitulo cada 2 semanas, así que espero que tengan paciencia. Para aquellos que me han dejado reviews muchísimas gracias, y espero que me dejen más comentarios.
La noche era tranquila, oscura y silenciosa, pero eso terminó cuando un chico vino volando interrumpiendo la plácida rutina nocturna y provocando la nieve a su paso. Los pequeños copos brillaban como diamantes reflejados por la luz de las farolas. Venía acompañado por su picaresca sonrisa que se podía reconocer en cualquier lugar.
Jack Frost.
Con su sudadera azul marino, sus pantalones de cuero desgastados, su bastón de madera y con su cabello blanco como la nieve que caía sobre sus profundos ojos azul como el hielo.
Volaba sobre los tejados, saltando de chimenea en chimenea congelando la nieve de las casas a su paso. Entre todas esas casas a la que más cariño tenía era donde vivía su mejor amigo Jamie, el primero que creyó en él.
Se puso de cuclillas sobre el marco de la ventana del chico y dio unos golpes en el cristal con su bastón. El niño se levantó con una sonrisa de oreja a oreja y abrió la ventana al albino.
—Hola, Jack. —le saludó Jamie entusiasmado.
—Hola Jamie, ¿Qué tal?
—Muy bien, gracias por hacer que nieve todavía más. Hemos construido una casa entre todos.
— ¿En serio? Me alegro—le sonrió burlón y añadió—lástima que yo no estuviera ahí para echaros la casa abajo.
Jamie se rió, luego se frotó los ojos para contarle algo.
—Por cierto. Ayer vi a Bunny que iba con algo de prisa.
— ¿Bunny?
—Sí, decía que tenía un mal presentimiento y que se dirigía al polo Norte.
Jack abrió los ojos como platos, y tuvo un mal presentimiento sobre aquel asunto.
—Esto no puede ser nada bueno. —murmuró el albino para sí mismo.
— ¿Qué está pasando Jack?—Jamie lo miró confuso sin entender lo que estaba ocurriendo.
Jack al ver a Jamie nervioso le esbozó una sonrisa tranquilizadora y le revolvió el cabello juguetón.
—Tranquilo Jamie, Bunny siempre anda con prisas, seguramente se le habrá escapado alguno de sus huevos.
Jamie dudó ante aquella respuesta, pero la seguridad de Jack era contagiosa, así que sonrió feliz y volvió a la cama por orden de visitante. Cuando el pequeño se quedó dormido se dirigió silenciosamente a la ventana de donde antes de salir volando echó un último vistazo al chico que tanto quería como a un hermano pequeño.
La Luna estaba llena y blanca como la nieve. Jack estaba de cuclillas sobre su bastón en la copa de un árbol. Alzó la cabeza y miró con sus especiales ojos azules hielo y entonces lo vio.
La Aurora boreal.
Jack lanzó el bastón, luego saltó él y cogiéndolo en el aire echó a volar siguiendo las intensas luces para llegar a la base de santa Claus, donde apenas un año antes tantas veces había intentado entrar, pero que no pudo a causa de los Yetis que se quedaron con su cara. Costaba creer que ahora podía ir a visitar a Norte cuando quisiera, menos cuando se encontraba de mal humor. En esos momentos era mejor ni pensarlo.
