Gracias por ser pacientes conmigo, espero que les guste este capítulo y sigan leyendo. El siguiente capítulo lo subiré el 24 de agosto.
CAPITULO III
—El Demonio—
Todos se alijaron en la base de Norte para no andar en ida y vuelta. Jack se quedó con la habitación que había en el ático. Un pequeño cuarto donde la cama estaba al lado de una amplia ventana para ver el enorme paisaje que se extendía ante ellos. Tenía una mesilla de noche al lado de la cama y un gran armario al otro lado de la habitación en frente de este, con una detallada alfombra redonda a sus pies.
Al día siguiente decidieron dar comienzo a la búsqueda del demonio. Luna les dijo que tendría que tener una forma sellada, una forma similar a la humana para poder cubrir su esencia demoníaca.
Todavía estaban en shock por lo que les había dicho su líder. Todos bajaron al taller donde sacaron el enorme trineo de Norte tirado por renos rebeldes y salvajes como leones. Bunny intentó escabullirse, pero Norte lo agarró y lo metió dentro del transporte. Bunny comenzó a temblar como la primera vez que se subió a ese trasto. Los demás ocuparon sus puestos y un instante después se encontraban en el túnel de hielo lleno de puntiagudas estacas de cristal duras como el diamante. Llegaron al final y echaron a volar. Norte lanzó una esfera de cristal que creo un portal que los llevaría a su destino.
—Eh, Norte. Creo que deberíamos bajar. —dijo Jack con una sonrisa divertida pintada en el rostro.
— ¿Por qué?
—Si no quieres que le dé un ataque al corazón.
El conejo estaba agarrándose el pecho con fuerza y con la otra mano agarraba el marco del trineo. Su rostro estaba pálido he intentaba que en sus pulmones entrara aire casi sin éxito.
Norte hizo caso al albino y aterrizó sobre el tejado del ayuntamiento para luego dejar que sus renos volvieran a casa.
—Vamos allá. —dijo Bunny sacando su bumerán y saltando al tejado de la casa próxima.
"Qué rápido se ha recuperado en cuanto ha tocado tierra." Pensó Jack.
Silenciosos como el viento, escurridizos como el agua pasaron por las calles del pueblo.
— ¿Jack puedes hacer un mapa de rastreo? —le preguntó Tooth al guardián del invierno. Este asintió con la cabeza y con un movimiento de sus blancas manos creó una imagen de hielo de un mapa callejero del pueblo sobre el duro suelo de piedra. Pararon un segundo y observaron la imagen. El pueblo estaba rodeado por un denso bosque, pero en el no aparecía ningún rastro ni señal del demonio.
—Bien. Nosotros estamos aquí y el demonio está…—buscó durante unos segundos hasta encontrar un brillante que parpadeaba. — aquí, pero esto es…
—La iglesia. —terminó de decir Bunny. Todos estuvieron en silencio ante la revelación del conejo de pascua. Tras estar un largo tiempo sin pronunciar palabra comenzaron a caminar hacia su destino. Cuando llegaron se fijaron en el enorme edificio de piedra con detalles tallados en él que se encontraba en el centro del pueblo. No había nadie a esas horas de la noche, así que no tuvieron no tuvieron que andar preocupándose de que algún niño les viera. Caminaron con discreción y alerta a cualquier peligro que viniera hacia ellos. Llegaron a la gran puerta de madera de roble tallado a mano de la iglesia, entonces Jack los detuvo.
—No está dentro —cerró los ojos he hizo que el viento azotara el pueblo entero ubicando lo que buscaban. — Está en el campanario.
Todos miraron arriba y tras pensárselo un segundo saltaron al tejado del enorme edificio.
—Parece que aquí no está. —dijo Bunny mirando a todas partes. —Se habrá asus…—no terminó la frase. Una sombra lo golpeó por la espalda a la velocidad del rayo y salió corriendo saltando sobre los tejados del pueblo con una agilidad y facilidad sorprendentes.
— ¡No dejéis que escape!—gritó Norte a pleno pulmón. Jack voló tras la sombra e intentó congelarlo. Pero este movió su brazo en un medio círculo creando un muro de fuego derritiendo el hielo. Por un instante Jack pudo ver los extraños ojos de la sombra. Eran una especia de combinación de cristales plateados y dorados que brillaban en la oscuridad como diamantes. El guardián del invierno intentó atraparlo del brazo, pero de repente apareció Sandy con un gran saco mágico donde atrapó la sombra.
—Bien hecho Sandy. —dijo Jack acercándose a él. Dentro de la bolsa mágica el prisionero se debatía con furia.
—Bueno, pues vayámonos. —ordenó Norte sacando otra bola de cristal abriendo otro portal a su base. Cogió el saco y lo lanzó al pequeño remolino mágico para luego seguirlo junto a los demás.
El gran saco se desplomó sobre el centro de la gran sala de la casa de Santa Claus. El prisionero pataleaba furioso intentando levantarse.
—No gastes energías. No conseguirás romperlo. —le dijo Bunny con una sonrisa maliciosa, pero pronto cayó cuando vio que el extraño se erguía de pies y del interior de la bolsa comenzaban a salir llamas junto a un rugido animal. Todos se quedaron paralizados, y antes de que pudieran hacer nada para detenerlo ante ellos se alzaba el prisionero con los puños apretados, en guardia y listo para entrar en combate en cualquier momento. Era una chica, alta de piel moreno cobrizo y moteada, fuerte y atlética. De sus orejas de elfo colgaba un fino pendiente de aro plateado cada uno diferente. Tenía un larguísimo cabello negro poco más bajo que las rodillas atada con una cuerda dorada a la altura de la mitad de los muslos. Este tenía un extraño brillo dorado y poseía alguna que otra mancha amarilla similar a las de un jaguar. Largos mechones le caían sobre sus extraños ojos dorados-plateados que los miraban de manera asesina.
—No te vamos a hacer daño. —le dijo Norte guardando las espadas y quitándose la gruesa chaqueta de piel. La chica sonrió como si lo que acababa de decir fuera una broma.
—Sí y por qué no me invitáis a tomar un café ya que estamos. —dijo entonces mostrando su profunda y fría voz. Todos se quedaron helados al escuchar, aunque lo dijera con sarcasmo. Norte les dio la señal a todos para que bajasen sus armas. Después de que Jack dejara su cayado en el suelo se acercó unos pasos y dijo.
—Me llamo Jack Frost, soy uno de los guardianes.
La chica lo miró fijamente con una mirada asesina que hizo que Jack se estremeciera.
—Los guardianes que creó la Luna para combatir en una guerra en la que no estábamos involucrados.
Jack no supo cómo responderle, en vez de eso preguntó.
— ¿Cómo te llamas?
Ella rió burlona.
—Y te lo voy a decir a ti quien como un saco de patatas me ha traído aquí. —sonó enigmática. Jack levantó las manos y dijo negando con la cabeza.
—Yo no he sido. —señaló a Norte. —ha sido él, y te entiendo, a mi también me metieron en un saco y me lanzaron a un portal. Nos es una sensación muy agradable la verdad, pero no queremos hacerte daño, sólo teníamos que buscarte por orden de la Luna.
La chica pareció desconfiada, pero aún con un deje de pocos amigos en su rostro bajó los puños y respondió a la pregunta.
—Me llamo Kira.
Jack le sonrió amablemente y fue señalando a sus compañeros nombrándolos de uno en uno.
—Ese es Norte el que te ha metido en el saco, el canguro es Bunny, ella es Tooth y ese es Sandy.
Todos la saludaron con una gran sonrisa menos Bunny que la miraba amenazante. Kira lo miró inexpresiva. Aquella mirada podría haber matado a cualquier ser humano, pero Bunny sostuvo su fría mirada.
Tooth la miró de arriba abajo fijándose por primera en sus ropas. Llevaba puesta una camiseta de tirantes completamente rasgada negra al igual que sus pantalones del mismo color. Poseía un ancho aro plateado con extrañas runas alrededor de su cuello. Tras reparar en ella se dieron cuenta de que de su cintura colgaba una vaina de una larga katana de empuñadura rojo sangre. Tooth se acercó a ella y la tomó por la mano.
—Creo que deberías asearte un poco y cambiarte de ropa. —Kira la miró fijamente, como si intentase leerle lamente, pero luego dejó que el hada de los dientes la arrastrase al piso superior.
— ¿Seguro que ella es el demonio?—le preguntó Bunny a Jack cruzando los brazos sobre su pecho. Este asintió y apretó la mano contra su bastón.
—Su esencia es inconfundible, y el viento no miente. —Eso pareció convencer al gran conejo, pero no dejó de mirar a la chica que subí las escaleras con Tooth.
Esperaron media hora y vieron volver a Tooth con Kira. Llevaba un largo vestido negro de tirantes suelto atado en la cintura con una cuerda dorada.
—Ya tenemos las medidas. Mañana tendrá la ropa. —informó la mujer colibrí enseñando en una sonrisa sus perfectos dientes blancos.
Todos se disponían a volver a sus guaridas, pero Norte los detuvo a todos.
—Esperad. —los guardianes se giraron hacia él. — ¿por qué no os quedáis a vivir aquí?, digo como una segunda casa, mientras solucionamos este problema. Podéis volver a vuestras casas mediante los portales del sótano, pero creo que es mejor que nos mantengamos unidos. Quién sabe lo que os podría pasar si estuvierais solos en vuestras bases. ¿Qué os parece?
Aquella decisión fue repentina, pero todos creyeron que era una buena idea, así que asintieron. Podría darse el caso de que están solos en sus casas y que su nuevo enemigo apareciera sin previo aviso, ¿qué harían? Lo mejor que podían hacer por ahora era mantenerse unidos. Se sentaron en la enorme mesa del comedor y cenaron entre risas y carcajadas menos Kira, quien comía en silencio observando a sus anfitriones fijamente sin pestañear con desconfianza. Jack fue el que se percató de aquello, pero no quiso decirle nada. En su mirada no veía violencia, era más, veía un extraño brillo de curiosidad y confusión, seguramente por su comportamiento hospitalario hacía una completa extraña que acababan de conocer y que resultaba ser la enemiga mortal de su líder. No quiso agobiarla intentando meterla en la conversación, así que la dejó estar pero siempre con un ojo puesto en ella.
Le asignaron la habitación próxima a la de Jack, ya que él era el único que parecía hacerla entrar en razón y razonar con ella, tomando el papel de su supervisor.
