Siento haber tardado tanto he estado con exámenes y todavía no he terminado. Espero que este capitulo compense vuestra espera. Gracias, y sigan dejando comentarios, pasen y lean.

CAPITULO IX

El pasado desvelado y el sentimiento negado—

Lo primero que hizo Kira de levantarse fue ir directamente a la sala del entrenamiento y reventar, literalmente, el maniquí de madera.

El muñeco se regeneraba.

Ella lo volvía a reventar.

Se regeneraba.

Lo reventaba.

Así un y otra vez, hasta que sintió que las fuerzas comenzaban a mermar, pero eso fue en pleno anochecer.

Se pasó todo el día encerrada en aquel lugar pegando puñetazo a un muñeco de madera, cortándose los nudillos y regenerándose al instante.

"¿Qué me está pasando?" se preguntaba una y otra vez apretando los dientes con fuerza. Al final fue Tooth la que bajó a por ella a avisarle de que la cena estaba servida. Con una gran fuerza de voluntad dejó el maniquí tranquilo y caminó escaleras arriba detrás de la mujer colibrí.

Durante toda la cena evadió los ojos de Jack. Aparte de eso no hubo nada extraño en la mesa hasta que Bunny se levantó furioso por ninguna razón y miró fijamente a Kira que se le quedó mirando de la misma manera con la cuchara a medio meter en la boca.

— ¿Por qué no destruiste a Pitch?—le dijo con ira.

Kira no apartó la mirada ni un segundo. Se tomó su tiempo para terminarse la sopa y se limpió los labios. Dejó la servilleta, apoyó los codos sobre la mesa, entrelazó los dedos y apoyó la barbilla sobre ellos.

— ¿En serio me lo estás diciendo? —dijo finalmente. Bunny apretó los puños deseoso de cruzarle la cara en ese preciso momento. Odiaba ese aire de superioridad que se daba a veces. Era despreciable. Iba a replicarle, pero ella tomó la delantera.

—Si lo hubiéramos destruido no podríamos encontrar a Aguer. Quieran o no están unidos. —Bunny no sintió relajar su furia ni un ápice.

— ¿Y cómo es que todavía no lo hemos encontrado? No estarás planeando nada raro, ¿No?

Kira sonrió juguetona y se levantó apoyando las, manos sobre la mesa.

—Porque si nos lo encontráramos ahora, estaría firmando vuestra sentencia de muerte.

— ¿Y qué te hace pensar que moriríamos?

Kira suspiró con pesadez.

—Porque si os dije que no estabais preparados para enfrentaros a Pitch, no podéis ni pensar en enfrentaros a un Dios.

— ¡Pero si le hicimos frente en Grecia!

—Os presté una pequeña parte de mi poder.

Bunny cruzó los brazos sobre el pecho y ladeó la cabeza.

— ¿Y tú te crees capaz de vencerlo? Yo creo que no quieres que nosotros lo venzamos.

Kira apretó los dientes. Se le estaba acabando la paciencia.

—No sabes lo que es pelear contra un dios.

— ¿Y tú sí?

—Lo más parecido a Luchar contra un Dios es luchar contra mí.

Bunny abrió los ojos como platos.

—Que no se te suba a la cabeza, esa es la estupidez más grande que has podido decir hasta ahora.

Kira le sonrió con sarcasmo.

—No me llaman Lucifer por nada.

— ¡¿QUÉ?! —exclamaron todos. No podían creerse lo que acaban de oír. ¿Qué ella era Lucifer?

—Creo que ese detalle no nos lo habías contado. —dijo Norte con ironía aún impactado por la noticia. Kira parecía confusa.

— ¿Es que no sabías que en la lengua de los demonios Kira significa Lucifer? Eso teníais que haberlo leído en el libro.

—Creo que esa clase me la salté. —dijo Jack burlón pero sorprendido al mismo tiempo. Kira se masajeó suavemente los parpados y suspiró.

—Vale, creo que tengo que contaros una cosa.

—Sorpréndenos. —dijo Bunny con desgana.

—Ahora sólo hay dos personas capaces de detener a Aguer: Luna y yo. A Luna la han secuestrado y no sabemos a dónde la han llevado, y a mí quiere matarme, así que no espera nada de vosotros.

— ¿Qué piensas hacer entonces?

Kira volvió a apoyar las manos en la mesa.

—Entrenaros de una manera especial.

Todos se le quedaron mirando intentando entender lo que quería decir.

— ¿Vas a hacernos más fuertes en…cuánto tiempo?

—En 4 días. Conseguí anular el poder de Pitch temporalmente.

A Bunny la cabeza le daba vueltas. Tenía demasiadas cosas pasando por su mente intentando ser asimiladas. Ya no sabía qué pensar de Kira. Era demasiado complicada para entenderla.

—Además, no pretendo haceros más fuertes. —esa fue la gota que colmó el vaso. Ahora sí que no tenía ni la más remota idea de lo que le podía estar pasando por la cabeza. Al final se rindió y preguntó con pesadez.

— ¿Y qué pretendes hacer?

Kira sonrió y se alejó de la mesa.

—Os enseñaré absorber la energía de vuestro oponente para aumentar la vuestra. Cuanto más poderoso sea tu oponente, más energía te proporcionara. Ahora si no os importa me gustaría ir a la cama.

Subió las escaleras y cerró la puerta de su habitación tras ella. Se quitó la ropa para ponerse la camiseta que usaba de pijama y se tiró sobre la cama para quedarse mirando al techo. Suspiró cansada y cerró los ojos esperando a que el sueño viniera a envolverla en su dulce abrazo.

Tenía demasiadas cosas en la cabeza.

Aguer, Pitch, Kayla, Kenai, Luna,…Jack. Cada vez que pensaba e ese nombre sentía una descarga recorrer todo su cuerpo, recordando ese momento.

Se había acercado demasiado.

Se llevó las manos a la cara.

¿Por qué se había encariñado tanto de él? No quería que le volviera a ocurrir lo que le pasó con Kayla y Kenai.

La muerte de la niña fue el detonador de todo aquel odio que la llevaba a hacer lo que estaba haciendo. Ese odio la alimentaba y la echaba adelante para seguir viviendo, pero… ahora sentía que en su interior había despertado algo más. Por efímera que fuera, aquel sentimiento comenzaba a competir con todo ese odio que sentía.

Agitó la cabeza para apartar todo eso de su mente.

— ¡Kira!

Una pequeña niña corría hacia ella. Kira se giró y se arrodilló con los brazos abiertos.

— ¡Kayla!—la llamó.

La niña saltó a sus brazos y la demonio la levanto dando vueltas.

—Te he echado de menos. —le susurró la niña al oído hundiendo el rostro en el sedoso cabello de Kira. La demonio no asintió, pero su amiga supo que la había echado de manos tanto como ella al sentir sus fuertes brazos rodear su pequeño cuerpo.

Las dos se levantaron y comenzaron a caminar a través de un gran bosque nevado y con árboles desnudos y desprotegidos ante el frio. Estaba tan feliz. Había pasado tanto tiempo desde que tuvo un sueño de Kayla, y que no fuera una pesadilla. Eso pensaba. Deseaba quedarse dormida por toda la eternidad, pero cuando estaban llegando a un pequeño claro, con un gran y viejo árbol en el centro de éste, algo, una fuerza invisible, la golpeó lanzándola contra la fría nieve y las rocas que había debajo.

Kayla gritó mientras era envuelta por una nube de sombras.

Kira extendió el brazo intentando alcanzar la mano que la niña le tendía entre alaridos y lágrimas. La demonio gritaba su nombre desesperada, luchando contra la extraña fuerza que tiraba de ella alejándola de la pequeña.

Sólo un poco más. Sus dedos ya casi se podían rozar, pero sólo llegaron a hacer eso, porque las sombras engulleron a Kayla y Kira fue arrastrada finalmente a la oscuridad, mientras ambas gritaban el nombre de la otra.

—¡KAYLA!

Kira se incorporó con brusquedad apretando los puños con fuerza. Sus ojos estaban abiertos como platos, respiraba agitada y además estaba empapada de sudor, tanto, que la camiseta se le había quedado completamente pegada a la piel.

Había apretado tanto los puños que se había clavado las garras en la palma y no dejaba de sangrar. Aflojó la presión de sus manos y se miró los cortes que se regeneraron en un instante. Cerró los ojos y volvió a ver la imagen de Kayla siendo engullida por las sombras.

Apretó los dientes y se levantó.

Se vistió y cogió sus espadas.

Salió de la habitación y bajó las escaleras hacia el sótano, donde había dos portales: uno iba a la guarida de Tooth, y otra a la de Bunny.

Kira los observó por unos segundos y de repente al lado de los dos apareció otro. Pero este era negro. Kira se acercó a él lentamente. A cada paso que daba para acercarse al gran torbellino, comenzaban a mezclarse otros colores u formas como el azul oscuro, el blanco y las estrellas. Sintió un pinchazo en el pecho al ver una roca en una llanura bajo un árbol seco.

Dio un paso al frente y fue envuelta por el huracán que la llevó a su destino.

Jack se despertó al oír un grito que provenía de la habitación contigua. Dudó unos segundos pensando en lo que debería hacer, pero al oír una puerta abrirse se incorporó sigilosamente, se vistió y cogió su cayado. Caminó de puntillas y abrió la puerta con delicadeza para ver descender a Kira por las escaleras. ¿A dónde iría? se preguntó. Permaneció a una prudente distancia para que no detectara su presencia.

Bajó hasta el sótano donde vio cómo entraba en un portal que no iba a ninguna de las bases de los demás. Vaciló un segundo antes de seguirla entrando en el torbellino de colores.

Era de noche, y la nieve caía lentamente sobre un frondoso bosque. Oía el sonido de la nieve al ser pisada bajo sus pies. Sentía que su cuerpo temblaba, pero no de frio, sino de tristeza y miedo. Su corazón latía a mil por hora y su cuerpo estaba alerta a cualquier cosa, pero al mismo tiempo a ninguna. Esa sensación era la misma que sintió cuando Jack le hizo eso, pero esa vez no era por la misma causa.

C aminaba por un estrecho camino entre los árboles sin hojas, desnudos y sin ninguna protección ante el gélido frio del invierno. Estaba muy oscuro. No había estrellas, y mucho menos Luna, pero en ese preciso momento su mente no estaba por la labor de pensar en Luna y en los demás. Sólo se centraba en una cosa.

Llegó a un pequeño claro en el bosque y paró en seco al entrar. En el centro había un viejo árbol seco, de un grueso y tosco tronco, y entre sus raíces había una roca del tamaño de un perro grande, rojo oscuro.

Kira vaciló un instante, pero su corazón comenzó a mover los músculos de su cuerpo haciendo que echase a caminar hacia el árbol.

Sin detenerse desenvainó las espadas y las clavó, al mismo tiempo que caía de rodillas delante de la lápida donde había escrito un nombre a fuego.

Kayla.

Y debajo una inscripción.

"La que creyó en mí y la que me guio en la oscuridad."

Delante de esa lápida había una pequeña tumba, pero esta era de cristal, que dejaba ver lo que había en su interior.

Una niña de 10 años con el pelo largo castaño rizado. Su piel estaba pálida y sus ojos cerrados. Parecía estar durmiendo. El tiempo no pasaba en el interior de ese gran cristal y el cuerpo no se deterioraba.

—Te echo tanto de menos. —susurró sin poder contener las lágrimas que se deslizaron por sus sonrojadas mejillas.

—No pude protegerte. —siguió casi en un gemido. —te mataron por mi culpa. Fui imbécil al pensar que estando contigo estaría a salvo. Perdóname. Lo único que merezco es quedarme sola para no dañas a nadie más. —se quedó en silencio de nuevo apretando los dientes. — ¿Por qué todas las personas a las que quiero terminan muriendo? Primero Kenai, luego tú, y ahora…tengo miedo de perderlo a él. Tengo miedo de perder a aquellos que me han ayudado y sacado de las tinieblas, y siento terror por la sola idea de que lo puedan matar. —hizo una pausa hundiendo el rostro entre las manos y sollozando para luego decir gimiendo. — ¿Por qué tuve que enamorarme de él?

—Porque tú también tienes sentimientos. —oyó decir a alguien detrás de ella.

Kira abrió mucho los ojos y por un instante se quedó sin aliento. Giró la cabeza sin pestañear y se encontró con la vivaz mirada de los ojos azul hielo.

—Jack…—susurró en un hilo de voz. Él se fue acercando con paso firme pero con tranquilidad.

—Así que ella es Kayla. —inclinó la cabeza en frente de la tumba en señal de respeto.

— ¿Cuánto tiempo llevas aquí? ¿Cómo has llegado hasta aquí?—le preguntó sin pausa.

—Lo suficiente como para oír algunas cosas, y siguiéndote hasta el sótano. —le respondió de la misma manera.

—Eso es imposible, ten hubiera sentido.

Jack la miró.

—Estabas tan absorta en tus pensamientos que no podías sentir nada en un radio de 5 metros.

Kira parecía nerviosa. Respiraba con fuerza y sus manos seguían apretados para disimular su temblor. Se levantó a toda prisa y tomó las espadas para envainarlas. Dio media vuelta y echó a caminar de regreso, pero Jack la tomó del brazo.

— ¿Por qué no quieres aceptarme?

Kira se quedó en silencio.

—He oído lo suficiente como—

—Si te quedas conmigo te matará.

— ¿Aguer? Lo dudo. No podría conmigo. —bromeó Jack con una sonrisa.

—Esto no es un juego, Jack. Puedes morir en esta guerra.

—Puedo hacerles frente.

—No puedes.

—Sí puedo.

—No puedes.

—Que sí.

Kira se giró bruscamente, lo tomó del brazo y le hizo una llave que lo levantó por los aires y lo estampó contra el suelo, para que luego se pusiera sobre él con el negro filo de su espada en la pálida garganta de Jack. La seriedad y el brillo asesino que dentelleaban en los ojos de Kira, hizo que tragara saliva.

—Ahora estarías muerto si yo no estuviera de vuestra parte. Si no me hubierais dado una buena razón para quedarme con vosotros ahora tendrías la garganta abierta por interponerte en mi camino. —de repente de su mejilla se deslizó una lágrima que cayó en el rostro de Jack. —si tú nunca hubieras sido tan amable, nunca hubiera confiado en ti, nunca me hubiera unido a vosotros, y no estaría volviendo a pasar por esto.

Jack miró fijamente a los húmedos ojos dorado-plata de ella.

—Tienes miedo. Sé lo que se siente perder a alguien querido. Cunado Pitch llegó por primera vez, vi cómo le clavaba una flecha por la espalda a Sandy. Yo grité su nombre cuando intenté detenerlo, pero no llegué. Fue muy tarde y vi cómo desaparecía. —hizo una pausa y siguió. —sentí que mi corazón era atravesado por la misma flecha, y mi sangre envenenada por la misma oscuridad de la que estaba creada. Fue como si estuviera en un lugar oscuro y apagasen la ´nica luz con la que conseguía calentarme y ver en la penumbra. Una tristeza te invade como una ola gigantesca te engulle y no te deja escapar.

Kira se quedó en silencio unos segundos, pero no pareció sorprendida. Era verdad que Jack había conseguido describir esa sensación de tristeza a la perfección, pero para ella era diferente.

—Pero lo mío es diferente. Sandy volvió, así que no es lo mismo.

—Yo creía que no iba a volver nunca más.

—Pero volvió, y esa tristeza sólo duró el tiempo que Sandy no estuvo.

Kira envainó su espada y tomó a Jack por el cuello del jersey sin levantarse de él.

— ¡¿SABES LO QUE ES VIVIR CON LA IMAGEN DE TU HERMANO SIENDO DECAPITADO Y LA ÚNICA PERSONA QUE TE QUEDA SIENTO ASESINADA DELANTE DE TUS OJOS?! ¡¿SABES QUÉ ES VIVIR CON LA CULPA DE QUE ESO OCURRIÓ POR TU IRRESPONSABILIAD?! , ¡¿EH?! ¡¿LO SABES?! . ¡VI CÓMO MATABAN A LAS PERSONAS MÁS PRECIADAS PARA MÍ POR MI CULPA! —lloraba de furia, de rabia, y de tristeza al mismo tiempo. Las lágrimas caían sobre las mejillas de Jack, quien no dejaba de mirarla con una punzada en el pecho. Se quedó quieto por un instante, pero luego se incorporó para sentarse con Kira sobre sus piernas apretando con fuerza la sudadera de él. Jack alzó una mano y acarició la cabeza de ella.

—Quiero que conozcas a alguien. —le dijo de repente. Kira alzó el rostro empapado con los ojos muy abiertos. Ambos se levantaron y Jack tomó la mano de Kira para arrastrarla tras él. Ella no se resistió, y se adentró de nuevo en el bosque después de mirar por última vez la tumba de la luz de su vida.

Jack volaba sobre el pueblo seguido de Kira, que saltaba de tejado en tejado con el sigilo de una sombra. El guardián se posó sobre el marco de la ventana del segundo piso de una pequeña casa. Kira esperó abajo, en el jardín. Tocó con su cayado el cristal creando una fina capa de escarcha.

En el interior de la habitación algo se removió entre las sábanas intentando salir. Un pequeño niño abrió la ventana para que Jack entrase en la estancia.

—Hola Jamie. —le saludó el alvino con una sonrisa.

—Hola Jack. —respondió a la sonrisa con alegría.

—Quiero presentarte a alguien. —asomó la cabeza por la ventana para hacerle un gesto a Kira con la cabeza para que subiera, Jack se apartó de la ventana justo cuando Kira se apoyaba de cuclillas en un salto. Entró en la habitación y esperó a que Jamie dijera algo.

—No puede verme. —dijo algo frustrada Kira. Jack le dijo que esperase y comenzó a hablar.

—Jamie, quiero que me preste mucha atención.

El niño asintió con energía.

—Es una chica demonio, pero no te hará nada. Tiene el pelo largo hasta las rodillas con manchas doradas. Es alta como yo. Tiene la piel oscura y orejas de elfo. Viste de negro y sus ojos son de color dorado-plata. —hizo una pausa y añadió. —quiero que te la imagines con todo detalle.

Jamie cerró los ojos por un periodo, imaginándose a la chica que su amigo le describía. Luego volvió a abrirlos y ante él comenzó a formarse una silueta que fue tomando color y realidad.

—Wow… — exclamó al verla.

Ella abrió mucho los ojos y miró a Jack interrogante. Él se limitó a sonreírle. Kira se acercó al niño y se arrodilló en el suelo para quedarse a la altura de él.

— ¿Puedes verme? —le preguntó aún sin poder creérselo.

—Eres muy guapa. —le dijo con una sonrisa. Kira no pudo evitar sonrojarse ante aquel cumplido.

—Gracias. —le respondió con una sonrisa.

— ¿Eres un demonio? Yo creía que los demonios eran feos.

Kira rió suavemente.

—Había algunos que lo eran.

— ¿Lucifer era feo?

Kira pareció vacilar un instante que miró de reojo a Jack, que asintió.

—Lucifer en la lengua de los demonios significa Kira.

— ¿Y tú cómo te llamas?

—Kira.

Jamie se quedó en silencio mirándola fijamente. Kira sintió nostalgia creyendo que lo había asustado, como creyó lo mismo con Kayla. Entonces el niño formó una sonrisa de oreja a oreja.

—Acabo de conocer al rey de los demonios, que guay.

Kira no pudo evitar sorprenderse y abrir mucho los ojos.

— ¿Puedes hacer fuego?—parecía tan emocionado que a Kira se le contagió un poco.

Ella sonrió, extendió la palma boca arriba y en este apareció una pequeña llama azul brillante. A Jamie se le iluminó el rostro. Miró a Kira y preguntó.

— ¿Puedo tocarlo?

Kira asintió. El pequeño extendió la mano y la metió dentro de la llama. Exclamó maravillado. Jack los miraba con los brazos cruzados y con una sonrisa. Kira sonreía. Parecía tan feliz. Se sentía bien por lo que había hecho. Con un poco de suerte se dejaría de torturar tanto.

Con un poco de suerte.

Kira se reía de las anécdotas e historias que Jamie le contaba con pelos y señales. Ella le contó un cuento para dormir que se les contaba a los niños demonio, y en unos pocos minutos Jamie cayó rendido por el sueño. Kira sonrió con dulzura y lo tapó con la manta con mucho cuidado. Jack no pudo evitar sonrojarse al ver el dulce rostro de Kira. Ella cerró en puño y algo en su interior comenzó a brillar y cuando lo abrió había una pequeña esfera de lava. Se acercó a Jack y tomó su mano, para que tocase la pequeña bola, congelándolo. Jack observaba asombrado. Kira le dio un pequeño golpe a la piedra rompiéndola. De su interior extrajo un collar de plata y cristal. Era una pequeña bola de cristal del tamaño de una canica, rodeado por dos aros, uno en horizontal y el otro en vertical, con una inscripción en la lengua demoníaca. Kira pronunció aquellas palabras provocando que las letras grabadas brillasen por un instante. Con mucho cuidado levantó la cabeza de Jamie y se la puso. Cuando se levantó se dirigió a Jack.

—Si Jamie está en peligro, tú y yo lo sabremos.

Jack asintió.

Salieron por la ventana y volvieron al polo Norte. Kira iba a entrar en su habitación, pero Jack la tomó del brazo.

—Lo que dijiste antes, en la tumba, lo oí todo. ¿Por qué lo niegas?

Kira apartó la mirada evitando los ojos de Jack, pero él la tomó del rostro y se acercó a ella.

—Jack…—susurró Kira nerviosa y temblando.

Sólo fue por un segundo, sus labios se rozaron provocando que a ambos les recorriera una corriente eléctrica de arriba abajo. Kira se separó bruscamente y sin mirarle le dio un puñetazo lanzándolo lejos de ella. Abrió la puerta y entró en su habitación.

—Au…—dijo Jack con el rostro ensombrecido y nostálgico.