Al final no pude subirla el domingo, lo siento. Este capitulo es corto, pero creo que merecerá la pena esperar para el siguente capitulo. Muchas gracias. Cunado estaba escribiendo este capitulo me esntraba un nostalgia que me dabanganas de llorar (un poco exagerado, pero bueno).
CAPITULO XII
-Dolor y consuelo-
Esto no podía estar pasando. Era sólo una pesadilla. Eso era, un mal sueño que no dejaba de atormentarla. Se despertaría en cualquier momento, y todo volvería a la normalidad. Sí, despertaría.
Había mucha sangre. Le tendió sobre la camilla de la enfermería de la base de Norte, y unas hadas médicas, que Tooth había llamado de Europa, se pusieron manos a la obra. Le quitaron la sudadera cortándosela, y comenzaron a limpiarle la sangre.
—Se está desangrando muy rápido, a este paso no vamos a poder hacer nada.
Kira se puso a su lado respirando como una histérica y con los ojos desorbitados. Puso sus manos sobre la herida sin llegar a tocarla, y de estas comenzó a emanar una tenue luz azulada, que hizo que la salida de la sangre se ralentizara.
— ¡HACEDLO AHORA! —les gritó a las hada. Ellas comenzaron a usar su magia curativa para regenerar los órganos interiores dañados, mientras el agujero se cerraba poco a poco. Kira apenas podía respirar. Sentía como si su garganta se estuviera cerrando impidiendo que el aire llegase a sus pulmones. Aquella escena le recordaba demasiado a su pasado. Demasiado. A momentos su vista parpadeaba, provocando que toda la habitación desapareciera y apareciera un paisaje de cielo negro de nubes rojas. Con una casa en llamas y con muchos cuerpos ensangrentados desperdigados por el suelo. Cada vez que eso le pasaba agitaba violentamente su cabeza, y volvía a concentrarse en no dejar que la sangre saliera a borbotones. Llegados a un punto, le pidieron que dejara de usar su magia y la mandaron fuera de la habitación con los demás guardianes.
Kira no dejaba de dar vueltas como una histérica. Sus dedos sangraban al ser mordidas con tanta fuerza. Se regeneraban una y otra vez. Los guardianes observaban su estado. Estaba completamente cubierta de sangre seca y negra, pero sabía que sus heridas hacía tiempo que habían terminado de cicatrizar.
Respiraba con dificultad, como si algo gigantesco estuviera oprimiendo su pecho.
—Tranquilízate, Kira. —le dijo Tooth intentando calmarla. Ella sabía mejor que os demás por lo que la demonio estaba pasando. No pareció oírla y siguió mordiéndose su manos ensangrentadas con ansiedad.
No sabían cuánto tiempo había pasado desde que salieron de la habitación. Segundos, minutos horas, a Kira le pareció una tortuosa eternidad. Cuando las hadas salieron por la puerta, Tooth les preguntó al respecto.
Las tres hadas se miraron entre ellas y la que parecía la mayor de todas se adelantó un poco, y negó cabizbaja.
El tiempo se detuvo.
El corazón de Kira se paró, y su cuerpo comenzó a temblar.
Todos la miraban con tristeza en los ojos.
Se acabó. Detrás de las hadas vio cómo el cuerpo de Jack había desaparecido para dejar únicamente unas sábanas llenas de sangre. Los sonidos a su alrededor desaparecieron. Lo único que oyó en sus oídos, fue el ruido sordo que provocó al caer de rodillas al suelo. Los brazos caídos como dos extremidades inútiles y molestas repletas de sangre. Sus ojos abiertos de par en par y mirando a un punto infinito inexistente. De sus ojos no dejaban de salir lágrimas de sufrimiento.
No gemía, no sollozaba, sólo sus lágrimas mostraban el sonido amargo de su dolor.
Su mundo se había acabado. Su consciencia ya no podía soportarlo más. Su corazón estaba demasiado roto como para volver a seguir adelante. Había tenido demasiadas pérdidas. Demasiado dolorosas. Demasiado duras como para que su débil mente pueda soportar todas ellas sin perder la cordura.
Estuvo así. Quieta, de rodillas en el suelo. El tiempo pasó lentamente, y hasta que su cuerpo se cansó de derrabar lágrimas, no se movió. Se levantó con parsimonia dando tumbos, amenazando con caerse y bajó las escaleras hasta la sala central. Desenvainó su espada de hoja tan negra como la noche, y colocó su filo sobre la parte interior de su muñeca derecha. Bunny vio aquel gesto y se apresuró a correr hacia ella para detenerla, pero vio cómo deslizaba la espada cortándose las venas.
—¡KIRA! —le gritó tomándola de la mano que sostenía la espada, y entonces vio cómo en menos de dos segundos el corte se cerraba. El gran conejo no entendió el por qué, pero soltó la mano y ella volvió a cortarse las venas para que luego se volvieran a cerrar instantáneamente.
Bunny la observó con seriedad, contemplando cómo la sangre caía sobre la piedra, formando un chardo a sus pies.
—No puedo… ¿por qué no puedo?...no puedo…—repetía Kira una y otra vez en apenas un hilo de voz melancólico.
Bunny la miro una vez más.
—Kira, para. —le dijo.
Ella siguió hiriéndose repitiendo la misma frase una tras otra.
—Basta. —repitió con algo más de dureza y apretando los puños.
Ella siguió ignorándolo.
— ¡HE DICHO BASTA! —le gritó golpeándola en la cara y lanzando la espada por los suelos.
Ella se quedó quieta, sin moverse ni un milímetro.
—Sé lo triste que estas, y sé que te debe doler mucho, pero esa no es una razón para que te hagas eso a ti misma.
Kira alzó el rostro para míralo con unos ojos sin brillo, sin calidez, sin vida.
—Por mi culpa está muerto. Si no me hubiera enfrentado a Aguer y hubiera vuelto cundo Tooth me lo dijo, aún seguiría vivo. —dijo con una voz que parecía grabada por ordenador. Sin sentido.
Bunny la observó por unos segundos, y luego la abrazó con fuerza.
Kira se quedó estática.
—Hay más gente a tu alrededor que te quiere, por muy irritante y altanera que seas a veces, te quieren. ¿No crees que también es duro para ellos ver cómo te haces esto?
Kira abrió mucho los ojos. ¿Gente que la quería?
Pensó en Tooth, en Sandy, en Norte y en Bunny. Ellos habían estado con ella todo ese tiempo sin excepción. La habían apoyado aun sabiendo que era el rey de los demonios. La querían tal y como era.
Con las últimas lágrimas que sus ojos pudieron producir abrazó a Bunny con fuerza, y luego sintió cómo los demás se unían al abrazo.
Estaban intentando consolarla, consolarse entre ellos.
Seguir adelante.
Ayudarla.¡
