Siento haber tardado tanto en subir el capitulo, pero ando estudiando como una loca y no tengo tiempo. No podré subir un nuevo capitulo puede que hasta dentro de 3 o cuatro semanas, pero definitivamente los subiré estar tranquilo.

Aquí os dejo el siguiente capitulo, y espero que os parezca bien.

CAPITULO

—Las llamas azules de la esperanza—

Estaba apoyada contra una de las estanterías, del pasillo empotrado en la pared de la biblioteca. Sentada en el suelo con las rodillas levantadas y los brazos estirados sobre ellos. Llevaba puesto su traje de cazadora. Sus largos y revueltos mechones caían sobre su rostro tapándolo casi por completo. Estaba con la cabeza caída y la mirada perdida.

Sostenía el cayado de Jack.

Ya no era más que un largo bastón de madera. Había perdido ese mágico frio invernal que lo envolvía. Ahora estaba frio, pero era un frio muerto.

No quería seguir viviendo. No tenía ninguna razón.

¿Venganza? Estaba cansada.

Cansada de luchar.

Cansada de ser herida.

Cansada de sufrir.

Cansada de perderlo todo.

Entonces de repente algo le vino a la cabeza, provocando que dejase de balancear el cayado. Algo que para Jack había sido lo más importante de su existencia.

Jamie.

Sintió una opresión en su corazón. Algo que le impedía quedarse allí compadeciéndose de sí misma.

Tenía que decírselo a Jamie.

Se levantó lentamente y caminó fuera de la biblioteca. En la gran sala, de camino al sótano se encontró con Bunny y Norte. El conejo la tomó del brazo suavemente y le preguntó.

— ¿A dónde vas?

Kira no se volvió para mirarle cuando respondió.

—Voy a decírselo a Jamie.

El conejo se sorprendió al oír el nombre del niño.

—No lo hagas.

Entonces Kira se volvió para mirarlo con sus vacíos ojos dorado-plata.

— ¿Por qué?

—Es un niño, no creo que sea buena idea decírselo.

— y, ¿qué prefieres? ¿Que se quede toda su vida esperando que venga alguien que murió tiempo atrás?

Bunny no dijo nada. Sabía que ella tenía razón, pero tenía miedo de que Jamie no lo superara. Solo era un niño. Miró una vez más a Kira y abrió mucho los ojos. Por un momento, aunque fuera por un segundo vio un brillo en sus ojos.

Un destello de decisión.

Dejó caer su mano soltando a Kira, quien bajó por las escaleras hasta el sótano. Observó por unos segundos el torbellino de colores y entró en él apretando con fuerza el cayado.

Estuvo un largo tiempo quieta fuera de la casa del niño, caminando sobre la valla del jardín. No sabía si estaba haciendo lo correcto.

¿Y si Jamie no lo aceptaba? Se sumiría en una gran tristeza que afectaría su vida humana.

¿No debería decírselo? Pero si no lo hacía, lo esperaría por años y al final creería que se había olvidado de él.

Estuvo dando vueltas por un largo rato, hasta que por fin se decidió.

Saltó hasta el alfeizar de la ventana y tocó suavemente el cristal.

Jamie se levantó del escritorio con una sonrisa, pero al ver el rostro ensombrecido de ella se desvaneció.

Abrió la ventana con suavidad, intentando hacer el menos ruido posible. Kira entró silenciosamente.

— ¿Ha pasado algo, Kira?—le preguntó preocupado. Ella se arrodilló frente a él. Alzó el cayado y se lo tendió a Jamie. El pequeño la observó unos segundos sin entender pero cuando vio el rostro de Kira surcado por una lágrima lo entendió

—Jack…¿ha muerto?—le preguntó. Kira apretó los dientes intentando reprimir el nudo que se le formaba en la garganta y las lágrimas que pretendían escapar de sus ojos.

Asintió.

No era capaz de mirarle a los ojos. Se sentía avergonzada de su propia cobardía.

De su debilidad. No se merecía el amor de aquel niño y mucho menos el de Jack.

Algunas lágrimas escaparon de sus ojos y cayeron sobre sus manos, que sostenían con fuerza el cayado.

De repente sintió que alguien la abrazaba. Abrió mucho los ojos y alzó el rostro.

— ¿Jamie? —dijo confusa.

El niño la abrazó aún más fuerte.

—Gracias. —le dijo.

Kira puso los ojos como platos y esperó a que el pequeño se separase de ella. Entonces vio las lágrimas que se deslizaban por sus mejillas, pero sus labios esbozaban una dulce sonrisa.

—Gracias. —repitió. —por decírmelo.

Kira no pudo evitar sorprenderse todavía más. Se dio cuenta de que del cuello del pequeño colgaba el collar que habían hecho Jack y ella.

— ¿No estás triste? —le preguntó Kira sorprendida.

El niño le sonrió dulcemente.

—Sí, siento que alguien muy importante para mí a desparecido para siempre, pero —tomó el collar de cristal y plata con una sonrisa. —Gracias a ti y a esto, sé que estará siempre aquí, conmigo —puso la mano sobre el pecho de ella. —y contigo.

Kira lo abrazó hundiendo el rostro en su cuello. El pequeño respondió al abrazo, y acarició el sedoso pelo negro del demonio.

—Gracias. —le dijo entonces ella en un susurro.

Estuvieron así por unos minutos y luego se despidieron. Kira salió por la ventana. Se fue alejando de la casa saltando de tejado en tejado. Gracias a las palabras de Jamie, ahora se sentía mucho mejor

Se llevó la mano al pecho.

"Siempre estará conmigo." sonrió con algo de nostalgia, pero más aliviada. Apretó con firmeza el cayado y de repente ante ella apareció una sombra.

Kira desenvainó una sola espada al no tener otro lugar donde sostener el cayado.

— ¿Quién eres? —le preguntó amenazante.

La sombra no se movió. La miró con su rostro inexpresivo por un momento, y luego sonrió de manera diabólica.

Kira apretó la empuñadura preparada para luchar, pero para lo que vio después no estaba preparada.

La sombra fue cambiando hasta tomar la forma de alguien que conocía demasiado bien. Era alto, de piel cobrizo como ella. Su pelo del color del carbón, algo largo que cubría partes de sus alargadas orejas y caían sobre sus brillantes ojos dorados plata de gato.

La espada comenzó a temblar. Kira lo miraba con los ojos desorbitados. Su cuerpo comenzó a temblar, pero intentó mantener la compostura al percatarse de que no podía ser real.

—Kenai…no, ¿Quién eres? —le dijo al mismo tiempo que su pulso se volvía firme de nuevo y su pupila se hendía sin cambiar de color.

—Oh, vamos, Kira. ¿No sabes reconocer a tu propio hermano?

Kira le mostró los colmillos con un gruñido.

—Tú no eres mi hermano. Él está muerto. Tú sólo eres una imitación.

Kenai puso cara de dolor.

—Eso me ha dolido.

Se convirtió de nuevo en aquella extraña sombra y se desvaneció. Vio como una mancha negra se deslizaba por los tejados. Volvió a envainar la espada al mismo tiempo que echaba a correr a toda velocidad detrás de su enemigo, fuera del pueblo.

Jamie se sentó sobre la cama, dispuesto a ir a dormir, pero de repente, ante él, apareció un hombre vestido de negro que reconoció al instante.

—Tú…—sintió que su cuerpo comenzaba a temblar.

—Ha pasado mucho tiempo, Jamie. —le dijo Pitch mirándolo con sus ojos plateados.

La sombra de delante de Kira desapareció repentinamente. Ella se detuvo para mirar a su alrededor, pero ya no sentía su presencia. Iba a dar media vuelta para volver a la base, pero su corazón golpeó su pecho con fuerza.

Jamie estaba en peligro.

Dio media vuelta al mismo tiempo que sus ojos cambiaban de color y desaparecía al instante.

— ¡Suéltame!—debatiéndose del agarre de Pitch.

Él sonrió.

—Nadie te va a sal…—algo lo golpeó violentamente y se llevó a Jamie fuera de casa.

—Maldita perra. —maldijo por lo bajo saliendo en persecución de su atacante.

— ¡Kira!—se sorprendió al verla.

—Sujétate fuerte. —le dijo un segundo antes de saltar hacia el cielo, y sus alas aparecieran.

—Wow. —no pudo evitar exclamar el pequeño al ver las minúsculas casas del pueblo.

— ¿Te gusta? —le preguntó Kira con una sonrisa. Él asintió.

—Aguanta esto. —le tendió el cayado de Jack. Él la tomó y sintió cómo lo sujetaba con fuerza, para girar bruscamente hacia un lado esquivando una bola de sombras.

Pitch los perseguía con un ejército de pesadillas. Kira quería alejarlos del pueblo, para que no hubiera destrozos.

Batió sus alas y aceleró para alejarse aún más del Coco, pero él era persistente y siguió pisándole los talones. Vieron un pequeño lago rodeado de un bosque no muy lejos. Jamie levantó la cabeza por encima del hombro de Kira, y exclamó para que esquivase a una pesadilla, pero al hacerlo, otra esfera de sombras le alcanzó en la espalda.

Kira rugió de dolor y cubrió a Jamie con sus alas para colisionar contra un árbol, derribándolo, y caer al agua helada. Kira hizo desaparecer sus alas y agarró al pequeño con un solo brazo para trazar círculos con el otro.

"Espero que funcione. "Pensó apretando los dientes. Tenía que sacarlo rápido del agua, sino le daría un ataque de hipotermia.

Pitch vio cómo en el interior del lago comenzaba a formar una intensa luz azul, y un segundo después de él salió un enorme tornado de fuego azul, sobre la que se encontraba Kira sosteniendo a Jamie en un lado, y con la espada de filo negro en el otro. En sus hendidos ojos naranja, centellaba un intenso brillo de rebelión.

Él tornado provocaba un intenso viento cálido. Jamie abrió los ojos y sintió la cálida corriente mecer sus cuerpo ahora seco.

— ¿Kira?— alzó el rostro para mirarla. Sintió un escalofrió al ver sus ojos y su expresión hostil que miraba fijamente a Pitch.

—Curioso fuego ése que tienes. —dijo con una sonrisa encima de sus pesadilla.

—Se le llama el fuego fatuo. Sólo daña a aquel que yo deseo, y curar al que protejo.

—El fuego de los Elegidos. —la voz del Coco se distorsionó volviéndose algo más grave. —pero nunca se te ha dado bien controlar este fuego, ni si quiera en tu vida pasada.

Kira se quedó petrificada. Por un segundo, aunque fuera por un solo instante le pareció ver un extraño brillo en los ojos de Pitch, un brillo que no era suyo. ¿Qué había querido decir que no lo había hecho ni en su vida pasada? ¿Acaso él sabía algo de su vida como humana? Imposible. No podía saber que no todavía no sabía controlar completamente ese fuego, definitivamente no podía saberlo.

— ¿Dónde tienes a Luna?—le preguntó intentando no prestar atención a la confusión que había en su mente.

Pitch sonrió de aquella manera tan macabra.

— ¿Y qué te hace pensar que la tengo yo?

—Tú eres el que más odia a Aguer, eres el que más razones tiene para secuestrar a su hermana.

De repente, como si le acabase de contar un chiste, El Coco comenzó a reírse a carcajadas.

— ¿Hermana? ¿Eso lo que os ha dicho ella? Necia.

Kira frunció el ceño y lo miró con extrañeza apretando la empuñadura de la espada.

— ¿Qué quieres decir?

La risa de Pitch fue haciéndose más suave hasta convertirse en una leve risotona.

—Creo que ya me he ido bastante de la lengua.

Una manada de pesadillas se abalanzó sobre ella y Jamie. Del tornado salieron dos gigantescos látigos que desintegraron a la mayoría, pero Pitch avanzó hacia ellos. Kira se adentró en el tornado y envainó su espada. Le dijo a Jamie que se agarrase a su espalda para que dejase el otro brazo libre. Movió ambos brazos, y con una gran concentración el tornado se extendió hasta la envergadura de todo el lago.

Dirigía las grandes garras de fuego azul, que atacaban a los oscuros seres. Pitch alzó los brazos, y un gran montón de sombras la atacaron por la espalda. Los percibió en el último segundo, y consiguió cubrir a Jamie con su cuerpo, per en consecuencia el fuego fatuo desapareció.

Antes de que Jamie volviera a mojarse, Kira usó un conjuro para poder erguirse sobre la superficie del agua.

—Eres una caja de sorpresas, pero no puedes usar tus poderes ahora. —le dijo Pitch con una sonrisa victoriosa.

Kira apretó los dientes. Sintió cómo algo se extendía por todo su cuerpo inutilizando su poder. Se miró la piel, y vio que esta estaba surcada por complejos dibujos negros como tentáculos. Notó que esas marcas subían por su cuerpo, y cubrían el lado derecho de su rostro. Apretó con fuerza los puños.

—Jamie, ponte detrás de mí y no te muevas. —le ordenó la demonio. El pequeño sujetó con fuerza el cayado y se puso detrás de ella, como le había dicho. Desenvainó amabas espadas y se puso en guardia.

Pitch exclamó y un enjambre de pesadillas se abalanzó sobre ellos. Kira se enfrentaba a ellos a una velocidad supersónica. No dejaría que se acercase a Jamie a menos de 2 metros, pero sabía que no dudaría así por mucho más. El fuego fatuo, consumía mucha energía, y la había dejado agotada. Privada de seu poder, ahora no tenía fuente de energía para regenerarse tan rápido.

Pitch estiró los brazos, y entre ellos se formó un gran arco negro. Creó una flecha, y cuando vió que Kira no miraba hacia allí disparó.

— ¡KIRA!—exclamó Jamie al ver la flecha justo detrás de ella.

No le daría tiempo a darse la vuelta y esquivarla.

No le daba tiempo.

Kira miró hacia arriba, y de repente fueron sacudidos por un huracanado y gélido viento que deshizo la flecha. El fuerte viento era frio, y levantaba la nieve que había a los lados del lago. Kira abrazó a Jamie con fuerza, pero de reojo pudo ver como todos los caballos y sombras se congelaban y desintegraban. Pitch abrió mucho los ojos, y justo antes de que una gran ventisca lo engullera desapareció, tragándose al pesadilla que montaba.

El viento era muy fuerte, y revolvió por completo su largo pelo suelto.

Resguardó a Jamie de ese frio glacial con su propio calor, al no poder cubrirse con fuego. Los tatuajes, aunque ya comenzaban a desaparecer, seguían en su cuerpo, pero afortunadamente su efecto sólo era temporal. Sentía algún que otro trozo de escarcha formarse sobre su rostro, que terminaba derritiéndose por su calor corporal.

Ambos estaban con los ojos cerrados. Cundo la ventisca cesó todo se quedó en silencio.

Kira abrió los ojos lentamente y se separó un poco del niño.

—No puedo dejaros solos ni un momento. —dijo entonces alguien a sus espaldas.

Kira abrió mucho los ojos y su corazón se paró, la sangre de sus venas se congeló, y y sus pulmones se quedaron sin aire.

Jamie miró por encima del hombro de la demonio, y exclamó un nombre que nunca creyó que volvería a oír. El pequeño se separó de ella y abrazó con fuerza al recién llegado.

— ¡Menudo recibimiento!—exclamó el otro a su espalda, respondiendo al abrazo del niño.

Kira se levantó lentamente, y se giró de la misma manera aún con los ojos abiertos desmesuradamente.

—Jack…—susurró. Cuando pronunció aquel nombre no pudo evitar que una lágrima escapase. Se quedó quieta sin poder moverse.

Ahí estaba. De pies, delante de ella. Con el pecho desnudo cubierto de vendas, pero sin ningún rastro de sangre.

Jamie se separó de él y se acercó a Kira para tomarla de la mano con delicadeza y hacer que caminase hacia delante.

Luego la soltó.

Lentamente se acercó al joven guardián hasta quedar frente a él.

Jack la miraba con sus intensos orbes azules como el hielo.

Kira alzó la mano y rozó la mejilla de él con la yema de los dedos, para luego hacerlo con toda la mano.

—Eres real. —murmuró mientras sus ojos se humedecían. Jack cerró los ojos para sentir el cálido tacto de la mano de Kira en su rostro, y luego le dijo mirándola con dulzura.

—Sí, lo soy. He vuelto.

Kira no pudo evitar sollozar y se lanzó a su cuello para abrazarlo con fuerza.

Jack respondió al abrazo con la misma intensidad, hundiendo el rostro en su sedoso pelo oscuro y dejando escapar lágrimas de felicidad. Ella hundió el suyo en el cuello de él sin dejar de llorar.

—He vuelto. —repitió, y luego añadió en un hilo de voz. —no te asustes, pero creo que me voy a desmayar.

Aquella declaración sorprendió Kira, y justo después Jack se desplomó. Kira lo agarró con fuerza y se arrodilló junto a él abrazándolo dulcemente.

Jamie observó la manera en que Kira miraba a Jack.

En sus ojos brillaba una fuerte emoción.

Amor.