Siento haber tardado tanto en subir este capitulo, pero es que he tenido muchos exámenes y trabajos, además de que no veía tiempo por ningún lado. Por cierto, para aquellos interesados, estoy trabajando en un dibujo de Kira, les avisaré cuando lo termine y lo suba a tumblr

CAPITULO XV

—La bailarina de fuego—

Kira se ajustó los guantes y se volvió a recoger el pelo. Sintió un escalofrío al recordar lo que Jack le había hecho hacía apenas una hora. Esperó a que Jack se preparase. Él se puso una chándal negro de manga corta. Kira le miró divertida, pero cuando dejó el cayado apoyado en la pared pareció extrañada.

Él caminó a la Arena y se puso en guardia.

— ¿No vas a usar tu cayado? Le preguntó Kira.

Jack sonrió.

—Quiero aprender a usar mi propio poder, y no depender tanto de él.

La demonio dudó un instante, pero luego puso los puños en alto, y se puso en guardia.

—Preparados. —dijo primero Norte.

—Listos. —le siguió Bunny.

— ¡YA! —terminó Tooth con una sonrisa maliciosa.

En el mismo segundo en el que Tooth habló sintió una gélida brisa frente a ella, y una milésima después apareció Jack ante ella con el puño en alto.

Ella abrió mucho los ojos. ¿Cómo había llegado tan rápido?

Él le lanzó un puñetazo que esquivó arqueando la espalda hacia atrás. Vio cómo el puño de Jack pasaba a escasos milímetros de su nariz. Fue como si toda aquella reacción ocurriera a cámara lenta.

Kira dio una vuelta sobre sí misma, apoyó las manos en el suelo y le hizo un barrido con los pies. Jack cayó al suelo como una saco de arena, y vio cómo Kira se impulsaba con los brazos para salir disparada lejos de su alcance. Cuando la demonio se volvió a incorporar sintió un leve bajón en su energía. Alzó la mirada y reparó en Jack que la observaba con una sonrisa.

Lo entendió al instante.

—Parece que estuviste atento a la explicación que le di a Bunny.

—Como tú has dicho hay que aprovechar cada contacto que se tiene con el enemigo.

Kira sonrió. Por eso, justo después de que la besara sintió que sus piernas flaqueaban, y por eso mismo había conseguido hacer un movimiento tan rápido que casi la había golpeado.

Había absorbido su energía mientras la besaba.

—Eres un tramposo. —le dijo ella volviendo a ponerse en guardia.

—No, sólo aprovecho las oportunidades.

Kira sonrió más ámpliamente, y antes de que Jack se diera cuenta estaba frente a él, mirándolo con sus intensos ojos naranja serpiente.

—Entonces aprovecha esto.

Jack abrió mucho los ojos, justo a tiempo de ver el puño de Kira frente a su rostro. No pudo esquivarlo, y fue golpeado por una fuerza abrumadora, que lo lanzó contra la pared.

Los cuatro guardianes no daban crédito a lo que acababan de ver.

No lo había tocado. Su puño se había quedado a unos escasos milímetros del rostro de Jack, y este salió volando.

—Intenta absorber mi energía ahora.

Jack salió del agujero de la pared. Pasó la mano por la camiseta y los pantalones para quitarse el polvo y se irguió.

—Muy lista. Has creado un vació alrededor de tu cuerpo, con un campo de fuerza que cubre tu piel.

Kira sonrió satisfecha.

—Eres muy perspicaz.

Era demasiado perspicaz. Había aprendido a absorber la energía con tan sólo verlo una vez, y con simplemente mirar, además de hacerlo a una gran velocidad en la pelea.

Había aprovechado ese momento para chupar su energía y pelear luego contra ella.

Ese chaval era muy listo.

Jack volvió a cargar contra ella con el puño alzado. Kira lo imitó y cargó contra él.

Cuando ambos puños colisionaron, una gran fuerza invisible golpeó toda la sala. Del punto en el que ambos puños chocaban, salía una corriente huracanada, provocada por el vacío que usaba Kira.

Jack apretó los dientes. Sabía que sus manos no se estaban tocando, y así no podía absorber su energía. ¿Qué iba a hacer?

Kira vio cómo en el rostro de Jack se formaba una sonrisa diabólica. ¿Qué estaría tramando?

Los labios de él se movieron formando palabras. La fuerza del golpe junto al viento que provocaba, causaba un gran estruendo que no dejaba oír nada, pero Kira era capaz de de percibir los pasos de una araña.

Observó sus labios, y cuando pronunció lo que sus oídos escuchaban, sintió que su corazón daba un vuelco, que su pulso se aceleraba y que su sangre se calentaba. Aquellas palabras la desconcentraron.

Jack notó por una fracción de segundo que el escudo de Kira desaparecía. Aprovecho esa oportunidad.

La tomó de la muñeca y con su propio peso se abalanzó sobre ella, tirándola al suelo. Kira parpadeó un segundo y justo después sintió un gélido tacto en su garganta. Levantó la vista y se encontró con unos profundos ojos azules, que la miraban con una seriedad sobrecogedora. Estaba sobre ella, agarrando una de sus muñecas sobre su cabeza, y bloqueando la otra con su pierna. Vio en su brazo un extraño filo de hielo que se unía a su antebrazo como una extensión.

Jack sonrió victorioso.

—Yo gano. —le susurró.

Kira lo miró perpleja.

— ¡Increíble! —exclamaron los demás guardianes corriendo hacia ellos.

Jack apartó de encima de Kira y le tendió la mano para ayudarla a levantarse.

—Eso ha sido trampa. —le dijo ella a regañadientes intentando bajar el tono de su sonrojo.

Jack sonrió juguetón.

—Tal vez, pero ahora tienes que bailar para mí. —eso último lo dijo el un susurro, pero sabía perfectamente que Kira le había oído, porque se puso roja al instante.

—Pero sólo bailaré sin más, nada de complicaciones. —dijo intentando calamar los nervios.

—Ah no, eso sí que no. Vas a bailar de la misma manera que hacías en los rituales. —ordenó Jack cruzando los brazos.

—Pero tengo que cambiarme y tengo que… hacer muchas cosas, y…

—Pues hazlas.

Se le acercó a ella y le dijo en un susurro.

—Te vas a poner lo que tengas que ponerte, sino seré yo el que te arranque la ropa a tiras.

Los ojos de Kira se abrieron como platos. Su corazón comenzó a bombear sangre a tal velocidad, que las venas iban a reventar en cualquier momento. Sintió la gélida mirada de Jack clavada en él, así que agachó la cabeza y dijo dócilmente.

—Está bien.

Jack sonrió victorioso y juguetón.

Estaba claro que sería algo de recordar.

Esperaron a que bajase por las escaleras. Había subido a cambiarse. Aunque no lo aparentara, Jack estaba más nervioso que ninguno, y Tooth sabía perfectamente el por qué. Se acercó a él y le dio un suave codazo para llamar su atención.

— ¿Lo habéis arreglado ya?—le preguntó con una sonrisa maliciosa.

Jack se puso tenso al instante.

— ¿Arreglar qué?—parecía confundido, pero la hada sabía que él sabía perfectamente a lo que se refería.

—Eh…bueno…creo que sí

— ¿Crees?—Tooth no pareció muy convencida por la respuesta recibida.

—Sí. —respondió con más decisión.

Ella sonrió alegre y le dio unas palmadas en el hombro antes de alejarse, justo antes de que oyeran un sonido tintineante y al volverse encontrarse con la Diosa de Fuego.

Jack se quedó de piedra, su corazón comenzó a latir de una manera desenfrenada.

Kira bajó como una auténtica musa, un ser de belleza inhumana.

Iba vestida con varias tiras de fina tela de diferentes tonos de rojo que dejaban ver sus largas y fuertes piernas, y que estaban sujetas por un cinturón de cuero rojizo, atado con un nudo marinero a un lado dejando caer largas tiras de cuerda. La parte superior cubría su pecho formando una estratégica X que se anudaba en su espalda, dejando que dos largas tiras de tela ondearan con el movimiento de su cuerpo. Su abdomen iba completamente al descubierto, adornado por algún que otro dibujo rojo.

Su largo pelo suelto, atado en trenzas en alguna que otra parte, de los que colgaban abalorios dorados y plateados a juego con las varias pulseras, brazaletes y tobilleras que llevaba, además de sus ojos, sombreados y pintados con detalles de color negros y rojos.

Todos se quedaron estáticos, sin saber qué hacer, sin saber qué decir.

No podía dejar de mirar. Parecía la reencarnación de Venus, la mismísima diosa de la belleza.

Cuando caminaba. Sus pendientes dorados tintineaban al igual que sus otros adornos, y cuando la luz de la sala daba en su rostro, el rubí que colgaba de una pequeña corona en la mitad de su frente, brillaba como el fuego.

No había palabras para describirla. Jack no pudo pensar en ninguna otra cosa.

Una belleza demoníaca.

Kira caminó al centro de la sala y apoyó una rodilla en el suelo, calvó su colmillo el su dedo índice, y dibujó un pequeño símbolo en el suelo con su sangre, mientras susurraba palabras en su lengua. Unos segundos después el símbolo brilló y de él emergieron 5 pequeños seres, de rejas puntiagudas, piel roja y ojos dorados, del tamaño de un gato a dos patas.

Los guardianes observaron, la escena, atónitos. Esos 5 duendes levaban, cada uno un instrumento. Entonces uno de ellos hizo sonar los dos palos llenos de cascabeles, formando un eco en todo el lugar. Cuatro veces lo hizo, de una manera rítmica y melódica, y luego los demás hicieron sonar una suave música, similar a la oriental tradicional.

Jack observaba, embelesado, el movimiento de las manos de Kira al ritmo de la música. Creyó que no había nada más que pudiera sorprenderle, hasta que oyó una suave y dulce que acompañaba a las notas musicales.

Estaba cantando.

Su voz era suave, no forzada, como si acariciase las palabras en una lengua que hasta entonces o creyó posible que fuera tan dulce. El elegante movimiento de su cadera, similar al contoneo de una serpiente, hacía que el cuerpo de Jack ardiese. Iba muy ligera de ropa, o eso parecía, ya que las telas no eran precisamente gordas, y bajo estas podía percibir el movimiento de cada músculo de su cuerpo. De vez en cuando se encontraba con su mirada. El sombreado negro y rojo intensificaba de una manera sobrenatural su expresión, haciéndola más profunda y salvaje.

Esa mirada dorado-plata.

Jack reprimía la tentación de lanzarse sobre ella. Era increíble la atracción que ejercía sobre él, como si tuviera una cuerda atada alrededor de todo el cuerpo y un huracán tirase de él.

Los abalorios metálicos de su pelo, tintineaban como pequeños cascabeles.

Movía todo su cuerpo con una gracia y elegancia casi animal. Ondeando los brazos, trazando círculos y figuras, moviendo el cuerpo con la facilidad de una serpiente, y pisando con los pies con la decisión y agilidad de un gato.

Hermoso

Simplemente hermoso.

La música que agudizó, y ella cayó de rodillas, mientras la melodía seguía sonando más suavemente. Estuvo unos segundo en silencio, acompañada por las notas de los instrumentos, y entonces su traje fue envuelto en llamas azules. Comenzó a bailar de una manera más energética, provocando que las llamas parecieran una extensión, una capa de fuego.

Los pequeños duendes bailaban en el aire tocando con fuerza sus instrumentos.

De repente toda la sala se volvió de un tono anaranjado y brillante, haciendo resaltar aún más el fuego fatuo de Kira.

Unos segundos después la música fue haciéndose más suave, al igual que la voz de ella, hasta que se paró en el centro, con los brazos en alto, ondeadas, y las caderas giradas, como las estatuas griegas.

Las llamas se extinguieron en el aire con el humo en el cielo, lentamente.

Kira abrió los ojos y sonrió de una manera que provocó un escalofrió que recorrió toda la espalda de Jack. Los demás tampoco se quedaron cortos.

—Ha sido…precioso. —fue lo único que pudo decir Tooth sin dejar de mirar pasmada. Kira desvió la mirada aun sonriendo avergonzada y rascándose la nuca nerviosa.

—Hacía mucho que no bailaba. —dijo Kira riendo con suavidad.

—Pues no lo parecía. —oyó la voz de Jack tras ella.

Kira se giró y se sonrojó al encontrarse con la mirada azul de él.

—Gracias.

Jack sonrió dulcemente y apartó uno de los mechones del rostro de Kira, para luego acariciar su mejilla.

Tooth y los demás guardianes sonrieron ante aquel gesto. E ambiente era agradable. Kira se percató de sus miradas, y se giró enseguida retomando su antigua postura autoritaria.

—Bueno, ahora que ya estáis satisfechos, vamos a volver al entrenamiento.

— ¡¿QUÉ?! — exclamó Bunny.

Kira sonrió maliciosa.

—Qué te creías, ¿Qué ya había hecho todo por hoy? ¡JA! Todavía queda tiempo para el amanecer, y para cuando consigáis dominarlo no quedará nada de vosotros, me aseguraré de ello.

A Bunny se le fue volando la impresión que había causado Kira. Se masajeó los párpados con un suspiro.

—Creo que estos 3 día van a ser los más duros de mi vida.

Kira sonrió, esta vez con sinceridad, y subió a cambiarse de nuevo. No iba a hacerles entrenar a aquellas horas, pero no podía dejar que se relajasen mucho. No se percató de que alguien la seguía de muy cerca. Entró en su habitación y dejó escapar un suspiró. Se quitó los pendientes, las pulseras, los brazaletes y las tobilleras, y las dejó sobre la mesilla. Se puso unos shorts y una camiseta de tirantes que le quedaba por debajo del pecho. Se disponía a quitarse el collar, cuando sintió un frio tacto alrededor de su cuello, arrancándole un suspiro nervioso.

Un gélido aliento sobre su hombro desnudo. Jack desató el collar y lo tiró sobre la mesilla.

—Ya te dije que me vengaría. —le susurró al oído.

Kira tragó saliva y echó la cabeza atrás, al sentir los labios de él en su piel. Su corazón se aceleraba cada segundo. Jack deslizó las manos bajando por sus brazos y luego las pasó por las caderas de Kira. Ella levantó las manos y enredó los dedos en el cabello de él, echando más atrás la cabeza.

Susurró el nombre de Jack entre gemidos, mientras él le daba la vuelta y tomaba su boca para hacerla callar. Kira gimió una vez más al sentir los fríos labios de Jack y su lengua acariciar la suya. La rodeó por la cintura y ella por el cuello.

Jack la empujó hacia atrás chocando contra la cama y cayendo sobre ella. Kira suspiró al sentir el peso de él sobre ella. Dios, su cuerpo ardía como nunca. Las manos de Jack, que se deslizaban por su cuerpo la alteraban de una forma inimaginable.

Sus sentidos se alertaban, pero a la vez se nublaban por completo.

Afuera la noche comenzaba a caer, y el cielo se volvía estrellado, como si liles de luciérnagas volasen a través del firmamento.

No podía parar. Su cuerpo se movía sólo. Tenerla bajo él, vestida con finas telas y la piel al aire, no le dejaban pensar con claridad. NO podía pensar.

Se separó de ella sin alejarse para que sus pulmones se llenaran de aire.

Casi no podían respirar. Jack alzó los ojos para encontrarse con el rostro sonrojado de ella.

—Esto por el puñetazo que me diste.

Volvió a besarla con fiereza, como si quisiera fundirse con ella. Kira respondió de la misma manera. Se separó a duras penas de él. Jack miró el rostro de Kira y sonrió. Era la reina de los demonios, y en ese momento se comportaba como un conejillo indefenso.

Kira se incorporó un poco sobre los codos, respirando agitada.

—Y eso ha sido por hacerme esperar tanto

Ella sonrió juguetona, y antes de que pudiera reaccionar, estaba tendido en la cama con Kira sobre él

— ¿Crees que voy a ser yo la única torturada?

Jack no pudo evitar ponerse nervioso, cuando ella se inclinó hacia él y sonrojarse. Kira movió lentamente las caderas provocando que Jack se tensara. Deslizó las manos por debajo de la camiseta negra. Kira le oyó gruñir. Se tumbó sobre él y besó su cuello con delicadeza.

Mordisqueó suavemente la fiel de él, arrancándole gemidos y gruñidos ahogados. Le lamió juguetona justo debajo de su mandíbula. Fue ascendiendo poco a poco hasta llegar a la comisura de sus labios y besarlo apasionadamente.

Sentía el fuerte torso de Jack bajo sus manos. Notaba el movimiento de cada músculo de su abdomen, cómo su pecho subía y bajaba respirando nervioso.

Él deslizó sus manos por las piernas de Kira, subiendo por su espalda hasta llegar a su nuca, enredando las manos en su lacio pelo, y aferrando su cabeza para profundizar el beso.

Su sabor era delicioso. Definitivamente no había nada igual. El frío que irradiaba su cuerpo hacia que sus sentidos se agudizasen más.

Esta vez eran las estrellas las únicas presentes del amor prohibido entre ellos.

El hielo y el fuego.

Ese amor que ambos tanto habían deseado por tanto tiempo. Esas cadenas que habían oprimido sus corazones se derretían con cada beso, siendo liberadas por primera vez en tanto tiempo.

Jack abrazó a Kira con fuerza, hundiendo su rostro en su pecho. Ella besó su cabello y dejó que Morfeo los sumiera a los dos en una plácida noche.