PERDÓN POR HABER TARDADO TANTO. EL ORDENADOR NO ME FUNCIONABA MUY BIEN, Y NO ENCONTRABA EL CUADERNO DONDE TENÍA ESCRITO EL CAPÍTULO, PERO AL FINAL HE CONSEGUIDO SUBIRLO, Y ESPERO QUE OS GUSTE, INTENTARÉ SUBIR EL SIGUIENTE CAPITULO LO MÁS RÁPIDO POSIBLE, PERO TENGO MUCHO TRABAJO, ASÍ QUE NO PROMETO NADA. MUCHAS GRACIAS.

CAPITULO XVII

—Aguer, el Dios de la Oscuridad—

Todo su cuerpo dolía como como si un camión le hubiera arrollado. Sintió algo alrededor de sus ojos que le impedía abrirlos, así que puso en práctica lo que había estado ensayando. Concentró la energía que le quedaba en sentir el aura de todo a su alrededor.

Estaba en una celda.

Movió el cuerpo y sintió que estaba atada de pies a cabeza. Notaba los grilletes alrededor de sus muñecas, tobillos, y cuello. Aplastó la sien contra su hombro, y arrastró el trapo que cubría sus ojos. Repitió la acción varias veces, hasta que consiguió echarlo al otro lado. Agitó la cabeza, y lo tiró al suelo. De repente sintió una presencia que se le hacía familiar, pero no completamente.

"Aguer." Fue lo primero que pensó al sentir aquella presencia.

Parpadeó varias veces, para acostumbrarse a la tenue luz que había en la estancia. La celda era pequeña. Las paredes estaban húmedas y llenas de musgo en la base. Vio una puerta frente a ella, cerrada por unas verjas, o mal forjadas, o hechas a propósito, serradas y con estacas. Al otro lado de las barandillas de metal, vio una antorcha poseedora de una llama morada, que alumbraba la estancia de una manera tenebrosa. Estaba sentada en el suelo, con la espalda contra la pared, y los brazos en cruz. Sentía la humedad en su abdomen.

—Por fin despiertas. —oyó de repente una voz ronca al lado de la puerta. Ella estaba atada al fondo de la celda, y la voz provenía de la pared a su lado. Algo se movió entre las sombras, hacia ella. La fúnebre luz de la antorcha alumbró el cuerpo del chico que compartía celda con ella.

Poseía un grueso grillete alrededor de su cuello, atado a la pared. Era un chico de unos 22 años, estaba sentado, así que no podía saber si era muy alto, pero lo parecía, tenía un cuerpo bastante fuerte, pero algo dejado y delgado. Él alzó el rostro para mirar a Kira con unos intensos ojos dorados, pero que carecían de brillo.

Era bastante guapo.

Su pelo, ya algo largo, caía sobre su rostro, dándole un aspecto algo demacrado. Cuando movió la cabeza, vio sus orejas puntiagudas que se escondían bajo su pelo negro carbón.

Kira se debatió intentando romper las cadenas, pero fue en vano.

—No vas a conseguir nada. Están hechas de metal obsídio, son inquebrantables.

Kira hizo caso hizo caso omiso de la información y tiró de las cadenas. Si no podía romper el metal, entonces rompería la piedra en las que estaban clavadas. Dio un fuerte tirón con sus últimas fuerzas, al mismo tiempo que emitía un leve gruñido animal, y consiguió sacarlas de la pared, para luego dejarse caer contra esta respirando agitada.

El chico dejó escapar un suspiro.

—Siempre he creído que eras un poco impulsiva.

Kira lo miró fijamente, como si intentase entrar en su mente, a través de sus ojos de oro.

— ¿Quién te crees que eres para decir que soy impulsiva, si no me conoces de nada?

Él sonrió amargamente, volviendo la cabeza hacia el suelo.

—Es curioso. Deberías haber sentido mi esencia, por débil que sea, Lucifer. —hizo sonar con fuerza aquel nombre, mientras la volvía a mirar.

Kira se quedó en silencio, con los ojos desorbitados, y el corazón en un puño.

De repente sentía que le faltaba el aire, que la sangre de sus venas se congelaba, y que se le ponía la piel de gallina.

—Imposible…tú no puedes ser…—comenzó a murmurar, mientras negaba con la cabeza sin poder creérselo.

—Parece que ya te has dado cuenta, pequeña demonio. —sonrió él mostrando unos colmillos debajo de sus labios.

— ¿Aguer?—pronunció aquel nombre con un gran esfuerzo.

—Encantado de conocerte al fin, Kira. — le respondió él.

Kira se quedó sin palabras.

Sin aire.

Sin nada.

Aquello no podía ser posible. Ése no podía ser Aguer. No se parecía en nada al hombre al que se enfrentó en casa de Tooth, ni con el que peleó por primera vez en el inframundo. Aquel chico parecía apenas un chaval, que aparentaba ser mayor que ella, y que estaba bastante bueno, pero seguía siendo demasiado joven como para compararlo con el hombretón al que se había enfrentado.

—Parece que no te lo creer.

—Es que es imposible. Tu estas mucho más…

— ¿Flácido? ¿Enclenque? ¿Escuálido? ¿Débil?

"Bueno." Era la palabra que realmente se le había pasado por la cabeza, aunque en el estado en el que lo veía, se podía decir que ya había dado la respuesta.

—No te pareces en nada al Aguer contra el que luché.

Se le quedó mirando fijamente a la demonio.

— ¿No has sentido mi esencia?

—Bueno,… sí lo he hecho, pero es diferente…cómo decirlo, es como si te faltara algo.

Aguer sonrió.

—Porque me falta algo, bueno, en realidad no es que me falte, me sobra.

Kira lo miró sin entender, pero entonces de repente el grillete de su cuello se cerró más alrededor de su garganta.

Aguer abrió mucho los ojos.

—No te muevas.

Kira se quedó quieta como una estatua, y miró fulminante a Aguer, con rabia en los ojos.

—No me mires así. —le dijo encogiéndose de hombros. —ahora te contaré la verdadera historia.

—Qué coño me estas di…—de repente sintió como si una fila de agujas se clavasen alrededor de su cuello. S u grito fue ahogado por el dolor.

Sintió cómo las fuerzas le fallaban de repente. Le costaba respirar, y su cuerpo era pesado. Se derrumbó y cayó al suelo intentando recuperar el aliento.

Estuvo así unos minutos, recuperando las pocas fuerzas que le quedaban.

—Cuando sientas que el collar se te cierra alrededor del cuello, no te muevas, será mucho peor. —luego volvió a mirar al suelo y añadió. —yo lo descubrí demasiado tarde.

No entendió por qué, pero por un segundo sintió pena por el estado en el que se encontraba, así que, antes de que se arrepintiera, arrancó también la cadena de Aguer de la pared, y luego volvió a sentarse en su rincón. Él alzó la mirada para clavarla en la de ella, pero percibió en sus ojos una gran desconfianza.

—Yo no soy tu enemigo. —le dijo mirándola con seriedad. Kira le observó fijamente, con un brillo ardiente en los ojos.

— ¿A no? Y quién es entonces, ¿Pitch?

Aguer rio de una manera amarga, sin ganas, y apagada.

—Pitch hace tiempo que dejó de ser Pitch.

Kira enarcó una ceja. ¿Pero qué coño le estaba diciendo? Le dolía mucho la cabeza. Sentía como si un martillo estuviera golpeando su cerebro, y se llevó las manos a las sienes.

— ¿De qué estás hablando?

Aguer alzó la mano. Kira se puso tensa al instante, dispuesta a enfrentarse a él.

Pero no le hizo nada. Él se llevó la palma a su frente, y se apartó los largos mechones de su rostro.

La demonio se quedó paralizada.

Poseía una luna menguante con un punto en el centro.

—Tú no eres la única a la que él marcó. Tú Pitch y yo caímos en su trampa.

— ¿La trampa de quién?

El rostro de Aguer se ensombreció repentinamente, y sus ojos centellearon de odio. Un odio abrasador contenido dentro de una jaula.

—Foljer.

Norte bajó las escaleras hacia el sótano, a la sala de entrenamiento. Allí se encontró con los demás guardianes, que miraban a un chico de pelo blanco, que luchaba contra una marioneta de madera.

— ¿Qué tal va?

Bunny, que estaba apoyado contra una de las columnas que rodeaban la Arena, le respondió sin volver la cabeza.

—Desde que volvimos no ha parado. Leva dos días entrenando sin detenerse, y ya ha alcanzado el nivel 10. Por una parte, su energía ha incrementado de una manera increíble, no es normal, y luego están esas espadas. Parecen endemoniadas, como si estuvieran poseídas por algún espíritu salvaje.

Norte miró hacia abajo, hacia el conejo de Pascua, y luego alzó los ojos para volver a posarlos sobre Jack.

—Tengo miedo. —dijo de repente Tooth.

Los demás se volvieron hacia ella. Estaba con los brazos cruzados sobre el pecho, y con un deje de preocupación en su rostro.

— ¿De qué? —preguntó Norte.

Tooth tardó unos segundos en responder. Estuvo pensativa unos segundos hasta que separó los labios.

—Su mirada es diferente, hay algo en ellos que no he visto nunca. Tiene la misma mirada que tenía Kira cuando llegó aquí. Parece que va a matar a cualquiera que se le cruce en su camino. Tengo miedo de que ese odio le consuma.

Todos se volvieron para mirar de nuevo al guardián del invierno.

Jack se movió ágilmente para esquivar la espada del muñeco de madera, y a una velocidad sorprendente, de tuvo el arma de su contrincante con una de las espadas, y con la otra le cortó la cabeza sin vacilar.

Todos vieron la fría mirada del chico, que centelleaba con reflejo rojizo, dependiendo de cómo le diera la luz.

Cuando terminó todos subieron a la sala central, y repararon en el plano de las sombras.

—Pitch se ha hecho con el poder de todos los demás núcleos, sólo queda el del Polo sur. —dijo Norte mirando los símbolos que había alrededor de los puntos negros del mapa.

—Bueno, entonces, ¿a qué esperamos?—dijo Jack tomando el cayado. Éste comenzó a brillar con un intenso color blanco, y fue encogiendo y enrollándose alrededor de la muñeca de Jack. Se convirtió en un fino brazalete de madera. Tomó las espadas, y se encaminó escaleras abajo, con una decisión en los ojos, que ninguno de los guardianes creyó que existiera en él.

—Ya voy, Kira.

— ¿Foljer? ¿Quién es ese?

Aguer echó la espalda atrás masajeándose el puente de la nariz.

—Parece que has perdido tu memoria por completo.

Kira lo miró atónita, sin entender cómo es que decía aquellas cosas como si la conociera de toda la vida.

—Casi ningún demonio recordaba su vida humana.

—Por eso mismo me parece extraño. Tú no eras humana.

Kira abrió desmesuradamente los ojos sin poder creerse lo que oía. ¿Cómo que ella no había sido humana? ¿Qué sabría él, que había erradicado toda su raza, de ella? Él sabía que no recordaba su vida anterior, que no recordaba nada de lo que había sido antes de ser un demonio.

— ¿Cómo sabes que no recuerdo mi vida pasada? —Kira se levantó violentamente, y dio unos pasos hacia él, pero la brusquedad de la acción, y la falta de energías provocaron que se mareara y se desequilibrara. Estuvo a punto de caer, si no hubiera sido por unos brazos que la sostuvieron. Aguer la agarró con fuerza pasando los brazos por su cintura. El corazón de Kira dio un vuelco, e intentó deshacerse de su agarre, pero al hacerlo, él vio la cicatriz en el costado de Kira.

—Quédate quieta. —le dijo esquivando el puño de ella.

—¡Y una mierda, aléjate de mí pervertido! —le gritó ella, pero él le tapó la boca con fuerza.

— ¡Ssshhhh! No grites. — le dijo Aguer casi en un gruñido por lo bajo. Miró hacia las rejillas de la entrada. Por un momento, Kira vio miedo en los ojos de Aguer.

No, era imposible que el gran Aguer tuviera miedo, ¿o tal vez si?

Él volvió la cabeza y le dijo en un susurro que sólo ella era capaz de oir.

—Puede que tú consigas salir de aquí y rescatar a Luna.

Kira le miró extrañada.

— ¿Pero tú no odiabas a Luna?

Él negó enérgicamente.

—El que la odia es Foljer, ¿Por qué iba yo a odiarla?

Por un instante, en el momento en el que pronunció el nombre de Luna, los ojos de Aguer brillaron con intensidad, y de una manera que conocía muy bien. Se parecían a los ojos con los que Jack la había mirado antes de que se besaran por primera vez.

Aquel brillo especial que se reflejaba en su iris, un brillo de esperanza y alegría, que hacía que se acelerase el corazón.

Kira le miró fijamente intentando interpretar esa luz.

— ¿Qué es Luna en realidad?

Aguer puso una expresión confusa, como si no entendiera de lo que Kira estaba hablando.

— ¿Qué quieres decir?

—Luna dijo que tú eras su hermano, aunque cuando lo dijo me pareció ver algo raro en sus ojos, como si aquellas palabras le produjeran dolor.

Aguer se quedó en silencio, y aunque estuvieran en la penumbra, pudo ver cómo se había sonrojado.

—Luna y tú no tenéis ninguna relación de sangre, ¿Verdad?

Aguer pareció dudar entre las posibilidades de responder o simplemente quedarse allí, mirándola en las sombras. Al final optó por la primera opción.

—No, no tenemos ninguna relación carnal.

—Pero entonces, ¿Por qué iba a querer Pitch secuestrarla?

—Pitch no, Foljer.

—Bueno, pues Foljer. ¿Por qué la secuestró?

—Porque sabía que yo no iba a hacer nada que pudiera perjudicarla. En la guerra de las sombras, cuando Foljer ya había tomado el control de mi cuerpo, le pedía a Luna que nos sellara a él y a mí en el vacío, sino, terminaría destruyendo todo el planeta. —Aguer agachó la cabeza, y los pocos mechones que se había apartado volvieron a su sitio. —Ella se negó, pero conseguí convencerla, y al final accedió. Desde entonces he estado intentando mantener a Foljer bajo control, pero cuando consiguió que tú entrases en contacto con Pitch, ya me fue imposible contenerlo.

—Un momento, esa parte de cuando yo entré en contacto con Pitch no lo he pillado.

—Os encontrasteis por primera vez en el machu picchu. Ahí seguía siendo Pitch, pero ya estaba marcado al igual que tú. Ambos poseíais una pequeña parte de la esencia de Foljer. Fue así como Foljer era un barco en el mar, Pitch era la cuerda para conseguir atarlo a tierra, y tú eras el muelle. La primera vez no ocurrió nada, pero cuando entrasteis en contacto directo, Foljer consiguió agarrarse a ti mediante Pitch, y así salir del vacío.

Kira lo miraba atónita, como si aquello se tratase del mayor culebrón que había oído en su vida. Aguer vio la confusión en su mirada, así que prosiguió con lo que había estado diciendo antes de que saliera aquel tema.

—Lo que estaba diciendo antes, era que tú, a diferencia de mí, Foljer no ha tomado el control de tu mente en ningún momento. Así que puedes recuperar tu energía. –hizo una pausa en el que se quedó pensando profundamente analizando algo. —pero lo que no entiendo es la razón por la que estas tan débil. El collar no debería ser suficiente para chupar toda tu energía. Tiene que haber algo más que esté quitándote las fuerzas.

Kira se alejó de él con la cabeza como un bombo, pero al hacerlo sintió un pinchazo en el costado, donde aquel esqueleto le había golpeado. Tocó la zona afectada, y sintió un bulto. Se miró el lugar donde ahora sólo tenía una leve cicatriz. Volvió a pasar la mano por la protuberancia, y apretó los dientes.

—Tengo algo clavado en las costillas. —Aguer se volvió hacia ella.

—Déjame ver. —se acercó, pero Kira dio un paso atrás desconfiada y apretando los puños. La expresión de Aguer cambió. Por un instante pareció triste, frustrado y abatido.

— ¿Sigues sin confiar en mí, verdad?

—Teniendo en cuanta lo que pasó hace 13 siglos, supongo que no mucho.

—Y te he dicho que fu Foljer.

— ¿Y cómo sé que no te has inventado toda esta historia para engañarme y confíe en ti para luego matarme?

Aguer esbozó una sonrisa torcida.

—Te has vuelto más precavida, me alegro. Te vendrá bien, pero yo no tengo ninguna razón para engañarte. Llevo aquí demasiado tiempo, lo único que me mantenía con vida era la idea de que algún día, tú nos destruirías a Foljer y a mí cuando fuéramos uno, y así Luna viviría en paz. Un nuevo dios de la oscuridad nacería, y ella evitaría que se descontrolase. Lo único que quería era proteger a Luna.

Kira se le quedó mirando fijamente. No dijo nada, simplemente clavó sus orbes oro-plata en los dorados de él. Aguer suspiró y se encaminó a la puerta de las barras de metal. Agarró la jarra de cristal que había sobre un barril al lado de la pared, la metió en la celda, y la tiró al suelo rompiéndola en pedazos transparentes.

Cogió una. El cuerpo de Kira se tensó y se puso en guardia enseñando los colmillos. Por un instante sintió que desfallecía y Aguer aprovechó ese momento para hacerle un barrido y tirarla al suelo. Se sentó sobre ella, y agarró sus brazos en alto, al mismo tiempo que inmovilizaba sus piernas.

— ¡Maldito cabrón!—le escupió Kira con furia, debatiéndose como un animal. Aguer empuñó el trozo de cristal y la incrustó en el costado de ella, sobre la cicatriz.

Kira gritó al sentir su piel siendo desgarrada. Aguer sintió que su corazón se encogía al oir aquel sonido desgarrador que salía de la garganta de la demonio.

Pero tenía que hacerlo. Puede que fuera su única oportunidad.

Cuando abrió la carne, vio una negra espina clavada en el musculo entre los huesos. Soltó el cristal y arrancó el oscuro objeto de su cuerpo. Al principio la herida tardó en comenzar a cerrar, pero unos segundos después se cerró en un instante.

Kira abrió mucho los ojos al sentir de repente la energía de vuelta en ella.

Aguer tiró la astilla lejos de ellos, y luego liberó a Kira. Justo en el instante en el que aflojó el agarre, la demonio le propinó una patada que lo lanzó contra la pared. La sangre le había cubierto todo el abdomen manchando su ropa. Se incorporó de un salto y se lanzó sobre Aguer, que no hizo nada por esquivarla. Lo estampó contra la piedra y alzó el puño con intención de golpearlo.

Pero no lo hizo.

Lo miró fijamente con el ceño fruncido y los dientes apretados. Sus ojos un brillo furioso que se mantuvo hasta que lo soltó.

—Ahora no tendría sentido pelear contigo, estas demasiado débil.

Aguer sonrió

—Parece que esa astilla no te ha quitado la altanería. ¿Cómo ha llegado allí?

Kira lo miró fulminante por su primer comentario, pero luego hizo memoria.

Cuando se enfrentó a Pitch, después de usar el fuego fatuo se sintió mucho más débil que la última vez. Pensó en lo que ocurrió antes, y se dio cuenta.

El primer golpe. Cuando aquel esqueleto le había golpeado en el costado le habría clavado aquella cosa.

Qué descuidad había sido.

—Un esbirro de Pitch. —le respondió.

—Foljer. —corrigió Aguer. —la consciencia de Pitch ha desaparecido. Sólo queda su cuerpo.

Aquello hizo que Kira atara cabos sueltos. Cuando se lo encontró en aquel lago, protegiendo a Jamie. Cuando vio que los ojos de Pitch se volvieron rojos.

—Ahora lo entiendo. —hizo una pausa y suspiró mirando a a su alrededor. —¿y cómo salimos de aquí?

La puerta también está hecha de obsidio, por si pensabas tirarla bajo.

Kira le miró.

—Ja, ja, muy gracioso. — comenzó a caminar en círculos por la celda. El sonido de las cadenas que colgaban de sus brazos y sus pies era ensordecedor. Tocó la pared, y deslizó las manos sobre la áspera superficie. Y entonces se percató de los destellos que emitían.

— ¿Pasa algo?—preguntó Aguer al ver que se detenía posando las palmas en la pared.

-Estas paredes están hechas de metal.

— ¿Y qué pasa con eso?

Kira cerró los ojos y apretó las manos contra la húmeda piedra. Del contacto de sus manos con la roca comenzó a emanar vapor. Las manos de ella se envolvieron en llamas, que secaron el agua de la pared. Se tomó su tiempo, pero la piedra comenzó a ponerse al rojo vivo y a derretirse como el chocolate. Aguer se levantó al ver lo que había conseguido. Hizo un agujero lo suficientemente grande como para que Aguer cupiera a gatas, así que no tendría problemas cuando ella pasase.

—Ve tú primero. —le dijo Kira echándose a un lado. Aguer la miró con la ceja enarcada.

—No pretenderás atacarme por la espalda, ¿no?

—Lo que pretendía era que te atacasen primero en caso de que hubiera guardias.

—Qué considerada.

Kira hizo un gesto con la cabeza señalando el agujero.

—Venga.

Él suspiró y pasó por la brecha, una vez que la piedra se enfrió, seguido de Kira.

Los calabozos eran un oscuro laberinto únicamente alumbrado por las antorchas de llama púrpura. La oscuridad reinaba en cada sombrío rincón al que la fúnebre luz no llegaba. Kira sintió que su corazón comenzaba a latir a toda velocidad, golpeando su pecho como un martillo.

De repente era como si el aire le faltase en los pulmones. Sintió el sudor frío recorrer su nuca, gélida como el hielo. La boca seca y el cuerpo ardiendo.

Ese lugar se parecía a...

—Salgamos de aquí. —dijo ella intentando contener el repentino ataque de ansiedad que estaba sufriendo.

— ¿Sabes cómo salir de aquí?

Kira se volvió hacia su interlocutor.

—Para eso estas aquí. Llévame a la salida.

—Lo haré, pero primero tenemos que salvar a Luna.

La demonio abrió mucho los ojos.

— ¿Luna está aquí?

Aguer asintió y luego echó a caminar atravesando el largo corredor, girando a un lado y a otro.

La respiración de Kira era agitada, nerviosa, como si hubiera algo acechando en la oscuridad.

Aquellas mazmorras le recordaban a ese lugar...

Se llevó la mano al cuello, debajo de la mandíbula, donde estaba la cicatriz de los exiliados y condenados a muerte.

Ese día, cuando mató a sus guardianes y a varios demonios más para vengar a su hermano.

Ese día, en la que la desterraron de la sociedad demoníaca aunque fuera su líder.

Ese día, en la que la metieron en el Tártaro* para dejarla pudrirse por milenios hasta su muerte. Oía el sonido de miles de cadenas arrastrarse por el suelo. El sonido que hacía cada eslabón forjado con la desesperación que habitaba en esa prisión.

Oía los agónicos susurros de aquellos que llevaban allí encerrados puede que eones.

Las plegarias de asesinos, monstruos sanguinarios, espíritus y todo tipo de seres de las profundidades.

Cuando estuvo encerrada en aquel lugar, sintió cómo la desesperanza la invadía. Cómo la muerte que había en el aire entraba en su cuerpo, como el agua de una cascada entrando en un agujero.

La soledad la engullía.

Por largo tiempo se rindió, creyendo que nunca saldría de aquella cárcel.

Si, por mucho tiempo deseo que la muerte se la llevara cuanto antes.