siento haber tardado tanto de verdad. He estado muy ocupada con selectividad y luego he tenido que hacer varias cosas antes de ponerme completamente con el capitulo. SIENTO QUE HAYÁIS TENIDO QUE ESPERAR TANTO, Y DE VERDAD PIDO QUE ME PERDONÉIS, PERO HAGO LO QUE PUEDO. ESPERO QUE OS GUSTE EL NUEVO CAPITULO :3
CAPITULO XIX
—Te quiero—
Llegaron a la sala del globo terráqueo y todos se tiraron al suelo completamente agotados. Jack y Kira se sentaron juntos, y Aguer ayudó a Luna a sentarse en el sillón de la gran mesa de madera. Luna se lo agradeció con una sonrisa y luego se volvió hacia los demás, encontrándose con la joven pareja. Vio las manos entrelazadas de Jack y Kira y cómo hablaban en susurros, con las cabezas apoyadas uno contra el otro. Esbozó una sonrisa y no pudo evitar mirar de reojo a Aguer, que, casualidad, se había girado en el mismo instante que ella. Sintió que la sangre se le subía al rostro y apartó la mirada.
De repente su corazón había empezado a latir desenfrenadamente, pero intentó calmarse y recuperar la serenidad.
—Creo que tenías que contarnos algunas cosas, ¿no? —se oyó la voz de Bunny mientras todas las miradas se volvían hacia Aguer y Luna. Ellos se miraron mutuamente por unos segundos y luego Aguer asintió.
—El Pitch que vosotros conocíais ya no existe. Ha sido poseído por el espíritu de Foljer, el mismo que me poseyó a mí para atacar la guarida del hada de los dientes. Se ha comido su consciencia poco a poco y ya no queda nada de su espíritu, sólo su cuerpo vacío.
Norte se rascó la nuca y luego alzó la mirada.
— ¿Y cómo es que a ti no te ha comido la conciencia?
Aguer se volvió hacia él.
—Porque gracias a mi poder, puedo luchar contra la posesión completa de Foljer, pero Pitch fue creado a partir de una pequeña parte de mi poder, y al haber tanta diferencia de poder con Foljer pudo hacer nada para evitar que le poseyera completamente.
—Bueno, y ¿quién es ese tal Foljer? —preguntó entonces Tooth cruzando los brazos sobre el pecho.
Aguer suspiró para luego aspirar profundamente.
—Es un ente de una extraña naturaleza que no es ni luz ni oscuridad. Simplemente una fuerza sobrenatural. Pero se convirtió en un amasijo de odio que ahora quiere vengarse de aquellos que lo encerraron.
Entonces Kira se levantó.
—Foljer me llamó atlante, y ante de eso que no pude controlar el fuego fatuo ni en mi vida pasada. ¿Qué significa todo eso? Y ¿cómo es que tú— señaló a Aguer. — me dijiste que había perdido la memoria por completo?
—¡¿QUE HICISTE QUÉ?! — dijo entonces Luna levantándose violentamente y dirigiéndose a Aguer. — ¡¿No eres capaz de tener la maldita boca cerrada?!
Todos se quedaron impactados por el repentino cambio de personalidad de Luna.
—No…lo sabía. —Aguer agitaba las manos nervioso. —no sabía que había perdido la memoria y me sorprendió que no supiera quién era Foljer.
Luna estuvo a punto de golpearlo, pero luego dejó escapar un suspiro y se volvió hacia Kira quien los miraba con el ceño fruncido.
—Quiero que me lo expliques todo. — exigió. Aguer pensaba negarlo a causa de su conversación con Luna, pero ella le cortó.
—Si consigues vencer a Aguer dentro de 3 días te lo contaremos todo.
— ¡¿QUÉ?!—Aguer se volvió hacia ella con los ojos desorbitados. — ¡¿Pero tú estás loca?!¡Yo no pue…! —Luna lo miró fijamente de forma amenazante, haciendo que se callara al instante. Volvió a mirar a Kira y esperó a que le diera una respuesta.
La demonio miró a ambos con el ceño fruncido mientras por su mente pasaban miles de pensamientos sin cesar, y finalmente respondió.
—De acuerdo, pero no sé si os habéis dado cuenta de que estamos un poco… apretados. —señaló los grilletes de su cuerpo y los de Aguer.
—Es obsídio. — infirmó Aguer cuando Norte reparó en el metal.
— ¡Ah! Eso tiene fácil arreglo. — exclamó el gran hombre de barba blanca.
Todos le miraron sin entender de lo que estaba hablando. Vieron cómo cogía un cristal de color verde y lo tiraba al suelo, abriendo un portal de color esmeralda.
—Necesito vuestra ayuda amigos.
Esperaron unos segundos, y unos instantes después tres hombres menudos vestidos con pieles y metal salieron del portal.
"¿Enanos?" pensó Kira enarcando una ceja.
— ¿Qué es lo que necesitas? —dijo el que parecía el mayor de los tres. Poseía una larga barba negra, adornada con algunas trenzas con abalorios dorados y ojos avellana. Los orbes del robusto hombre se encontraron con los de Kira, quien no pudo evitar tensarse. Con una simple mirada le produjo sentir un gran respeto.
—Tú no eres un demonio corriente. —dijo con su áspera voz que mostraba una profunda autoridad.
Kira abrió mucho los ojos sorprendida por las palabras del recién llegado. Se acercó a ella con un paso algo brusco pero decidido y firme.
— Agáchate, por favor. — le dijo plantándose frente a ella con un tono de voz que no le faltaba al respeto en absoluto. Kira clavó una rodilla en el suelo.
Los presentes observaron la escena, estupefactos. Kira no había sido la única que había sentido aquel irracional respeto hacia el enano. No era su gran hacha doble lo que le daba esa sensación, ni su robusta armadura de grueso metal de las fraguas de los enanos, no. Era su mirada. Una mirada dura que mostraba un gran orgullo tanto por su persona como por su raza, pero que no despreciaba a los demás. La mirada de un auténtico líder.
— ¿Puedes ayudarlos Fednar?— le preguntó Norte sentándose en un gran sillón.
Fednar se volvió hacia él.
—No hay metal que un enano no pueda manejar. — se giró hacia sus compañeros y estos se pusieron alrededor de Kira.
—Puede que te duela un poco, lo tienes clavado en el cuello.
Kira asintió y se puso completamente de rodillas. Los tres enanos posaron sus fuertes manos sobre el negro metal y sintió que este se calentaba pero no demasiado. Cuando movieron levemente el collar, sintió dolor.
Jack tuvo el impulso de ir a por ella, al ver que apretaba los dientes y fruncía el ceño. Le dolía el corazón verla así, pero no podía hacer nada, así que apretó los puños y miró.
Los enanos agarraron con fuerza el negro metal y tiraron de él. Cedió como si fuera goma dura, lentamente, pero fue separándose de la piel extrayendo las agujas que había clavados en su cuello.
Se lo quitaron, y la sangre se deslizó por unos segundos por el cuello mientras cicatrizaban lentamente. Kira se llevó las manos a la garganta y se masajeó la zona irritada, mientras movía la cabeza de una lado a otro. Repitieron el mismo proceso con los grilletes de las manos y las piernas y se levantó. Caminó hacia Jack, quien le sonrió con dulzura mientras la rodeaba por la cintura y los dos miraban como Aguer se arrodillaba de la misma manera.
El cuerpo de él tardó mucho más en cicatrizar, y aunque las heridas se cerraron, las marcas no desaparecieron. Eran bastante peores que las de Kira.
Norte se levantó y se acercó a los enanos.
—Muchas gracias viejo amigo. — le dijo Norte extendiendo la mano que Fednar tomó haciendo un gesto con la cabeza.
— ¿Podemos llevarnos el obsídio? — preguntó tomando el metal.
— Puedes llevártelo, no quiero volver a verlo. —dijo Aguer sentándose al lado de Luna y masajeándose las muñecas.
Los enanos asintieron y volvieron a entrar en el portal que Norte les había abierto.
Todo se quedó en silencio por un largo rato. Jack no se apartó de Kira en ningún momento.
— Creo que debemos descansar. Ha sido un día muy largo.
Los guardianes asintieron y subieron a sus respectivas habitaciones.
—Toma. —le dijo Jack tendiéndole a Kira sus dos espadas. Ella miró las fundas vacías que aun prendían de su cintura, y tomó sus armas para volver a envainarlas. Aquel destello naranja que había brillado en los ojos de Jack desapareció en unos segundos.
—Gracias. —le dijo con una sonrisa y tomando el pomo de la puerta de su habitación, pero Jack la detuvo. Le agarró del brazo para girarla y arrinconarla contra la pared.
Kira no tuvo tiempo de reaccionar. Jack la besó con impaciencia.
Aquella acción la tomó por sorpresa y cerró los ojos con fuerza.
La besaba con un fervor casi animal. La ferraba con fuerza contra él, mientras deslizaba sus manos por su torso desnudo. Kira se sintió algo abrumada por la intensidad con el que la tomaba. Sintió la lengua de él pidiendo entrar en su boca. El cuerpo de Kira ardía como nunca.
Había echado de menos esa cercanía, ese tacto fresco de la piel del guardián del invierno. Posó los brazos alrededor del cuello de Jack y enredó los dedos en su pelo.
Esas dos semanas habían sido un infierno para Jack. Había sentido una falta inmensa. Tocar su cálida piel había sido un anhelo casi animal. Se había desesperado tanto que a las noches apenas pudo dormir, y soñaba cosas no muy decentes a consecuencia de la necesidad de tenerla cerca.
Su corazón latía desbocado. Su cuerpo se movía solo, sus instintos se habían apoderado de él, como una ola te engulle en el mar.
Abrió más la boca, dejando que la fría lengua de Jack entrase más y jugueteara con la suya, provocando un fuerte escalofrío que le recorrió toda la espalda. Sintió las manos de él deslizarse por sus caderas hasta sus muslos, y antes de que pudiera hacer nada la levantó empotrándola contra la pared. Kira inconscientemente enlazó las piernas alrededor de la cintura de él, generando un electrizante hormigueo por todo su cuerpo.
Tenía que parar, estaba yendo demasiado lejos, pero la deseaba…la deseaba…la deseaba…
Cuando sus pulmones pidieron a gritos más aire se separaron sin remedio. Jack al darse cuenta de que se había excedido dejó a Kira en el suelo con suavidad. La demonio apoyó las manos sobre su pecho y le dijo después de unos largos segundos.
—Perdón por haber tardado tan…
—Lo siento.
Kira alzó la mirada sorprendida.
—Me he comportado como una animal, sin darme cuenta de que tienes demasiadas cosas en las que pensar. Yo…— Kira posó la mano gentilmente sobre la mejilla de él y le besó con suavidad. Jack cerró los ojos y correspondió al gesto. No fue fiero, pero en aquel beso mostraron todo el amor que sentían. Todos aquellos sentimientos que habían estado almacenados en su interior por dos semanas.
Cuando sus labios se separaron, Jack la abrazó con fuerza, aspirando su dulce aroma y grabándolo a fuego en su mente.
— Te quiero. —le susurró al oído el albino.
Kira sonrió y se separó de él suavemente.
— Yo también mi amor.
Le dio un delicado beso y le pidió que durmiera con ella, entrando los dos en la habitación.
Se desvistieron para ponerse algo más cómodo. Kira dejó sus espadas apoyadas en la mesilla de noche y se deslizó entre las sábanas hasta tumbarse junto a Jack y conciliar el sueño.
Su corazón latía como un caballo desbocado.
Su vista se tornaba borrosa por unas milésimas y luego volvía a la normalidad.
Oía un gruñido animal. Miró a su alrededor pero no vio nada que pudieran provocar ese sonido.
Era ella.
Bajó la mirada hacia el suelo.
Rojo.
Todo estaba teñido de escarlata. Había mucho, ¿de dónde venía?
Entonces vio dos cuerpos descuartizados en el suelo.
Alzó las manos y se percató de que también estaban teñidas de aquel intenso color. Un fuerte olor llegó a ella y lo reconoció al instante.
Sangre. Sangre fresca.
¿Por qué tenía las manos manchadas de sangre? ¿Y por qué estaban sus guardianes desmembrados en el suelo?
De repente sintió un intenso dolor de cabeza y por su mente pasaron imágenes a toda velocidad.
Abrió los ojos de par en par, mostrando sus brillantes ojos de iris naranja encendido, y una fina línea apenas perceptible.
Lo habían matado.
Esa persona que había compartido alegrías y penurias con ella estaba muerto. Aquel al que quiso con gran fervor y había amado con toda su alma. Él, que había estado a su lado hasta en los momentos más oscuros, que la había abrazado, y le había susurrado con su dulce voz al oído que estaría con ella por siempre.
Ellos le habían matado, sus propios guardianes.
Echó la cabeza atrás y rugió como una bestia endemoniada, envolviéndose en un tornado de llamas.
Sus cuernos salieron de su piel, al igual que su cola, además de sus garras y colmillos afilados como cuchillas.
Oyó unos estruendosos pasos acercarse hacia ella, y cuando se volvió hacia el sonido, vio un batallón entero de demonios armados hasta los dientes, apuntándola con lanzas y espadas.
Les miró con una mirada inhumana, una mirada que se asemejaba a la de un furioso del caos y la discordia.
Había perdido el control.
Ya no veía nada más que enemigos en su camino.
— ¡Señora Lucifer, no podemos dejar pasar que haya matado a sus guardianes! ¡Ríndase!
Tensó los músculos y movió las garras, haciendo que estas crujieran. Mostró los colmillos y gruñó como un lobo furioso. Los guardias inconscientemente dieron un paso atrás.
—Yo ya no soy vuestro líder. — dijo con una voz ronca y amenazante.
—No puede renunciar a ese título, señora. —le dijo otro de los guardias temeroso.
Lucifer dio un paso al frente frunciendo el ceño y haciendo brillar su armadura de cuero y obsídio a la luz de las antorchas.
—Si no queréis que os mate, apartaos de mi camino.
—No podemos hacer eso.
La reina demonio chasqueó la lengua y echó a caminar hacia los guardianes tensando los dedos.
Todo pasó en unas milésimas.
Lucifer desapareció, hubo unos destellos entre los guardias y reapareció detrás del pelotón. Un instante después una explosión de sangre cubrió toda la sala, al mismo tiempo que los guardias caían al suelo, muertos.
Siguió caminando, con las garras ensangrentadas, por los pasillos del palacio demoníaco.
Sólo se oía el sonido de las placas de metal de su armadura chocar entre sí.
Giró a la izquierda en un cruce de corredores, y se dirigió a una gigantesca puerta que había al fondo de un larguísimo pasillo.
La madera del portón estaba cubierta con extraños papeles con símbolos escritos en ellos.
Lucifer se paró en seco frente a la entrada y se quedó quieta por unos segundos.
—Si creéis que unos tristes sellos me van a detener— dijo flexionando las piernas y cerrando el puño con fuerza envolviéndolo en llamas— ¡LO LLEVAIS CLARO!—golpeó la puerta reventándolo y reduciéndolo a astillas y levantando una nube de polvo. Antes de que se diera cuenta, algo tiró de su armadura se la arrancó rasgando su piel. La demonio gruñó al sentir su carne siendo desgarrada e intentó desenvainar sus espadas, pero sintió unas frías cadenas alrededor de sus brazos.
Rugió furiosa y tiró del metal intentando romperlas.
—Sujetadla con fuerza. —gritó un demonio militar de alto rango.
Lucifer agitó su cola airada mientras sus ojos se volvían únicamente naranjas, rasgadas por una única línea negra. Miró al frente y vio un gran demonio que sostenía una enorme hacha, frente un arco de piedra con un portal.
El demonio la miró fijamente y alzó el arma dispuesto a partirla por la mitad. Sintió una fuerte ira recorrer cada célula de su cuerpo, haciendo que su sangre hirviera de furia.
Lo habían matado sin darle una oportunidad para defenderse.
Lo atacaron por la espalda.
Rugió de rabia y tiró de las cadenas, derribando a los que tiraban de ellas. Consiguió esquivar el hacha por los pelos y corrió hacia el portal, arrastrando ruidosamente las cadenas por el suelo.
—¡ Destruye el portal! — oyó decir a alguien dirigiéndose al gran demonio del hacha.
Lucifer tocó con la mano derecha el portal y creyó que estaba a salvo, pero algo tiró de la cadena de su brazo izquierdo. Miró atrás y vio al demonio alzar su hacha de nuevo. Pretendía destruir el portal con ella medio dentro.
Tenía que salir de allí.
Envolvió su brazo apresado en llamas y rápidamente empezó a derretir el metal. El hacha llegó a su punto más alto.
Ya tenía medio cuerpo en el portal…
El metal empezaba a ceder cada vez más…
El hacha comenzó a descender…
Sólo un poco más…
Metió casi todo el cuerpo en el portal justo en el instante en el que el filo del arma tocaba el borde de la puerta mágica.
Sintió un calor inhumano alrededor de su hombro, al mismo tiempo que una explosión la lanzaba lejos.
Ya no oía las voces de los demonios. El calor de su hombro dejó paso a un insufrible dolor, pero en su mente sólo había sitio para alguien.
Aquel que habían matado.
Las lágrimas se deslizaron por sus mejillas llenas de sangre.
Kenay, su hermano, ya no estaría nunca más con ella.
De repente, su cuerpo colisionó, violentamente, contra un muro de piedra. Dejó escapar un rugido de dolor y cayó sobre una superficie fría y blanda.
Nieve.
Su respiración era ahogada a causa del insufrible dolor de su hombro. Miró a la izquierda, hacia la zona herida y se quedó pálida.
No había brazo.
Vio el líquido escarlata caer sobre el blanco hielo del suelo, formando una gran mancha.
No había brazo.
Su brazo.
Había perdido el brazo.
Apretó con fuerza la fea herida que había dejado la mutilación de su extremidad. Jadeó y se puso en pie a duras penas. La explosión había dejado graves heridas en su cuerpo de las que no dejaba de emanar sangre.
Miró al cielo.
Las estrellas brillaban intensamente. Una fuerte nostalgia le invadió y dejó que las lágrimas se deslizaran por su rostro, en silencio.
Volvió su triste mirada al frente y echó a caminar cojeando, dispuesta a llegar a su destino, no importaba cómo.
Tenía que encontrarla.
Sus pasos eran pesados y cansados, pero no pensaba rendirse. Su corazón desgarrado gritaba de dolor.
Si daba un paso más moriría.
Avanzó una zancada más y se desplomó.
Se quedó quieta.
Su cuerpo no respondía. No quería moverse. Sus músculos estaban entumecidos y el dolor paralizaba cada célula de su cuerpo.
La sangre comenzó a manchar el precioso blanco a su alrededor.
No podía quedarse allí. Si no se movía moriría.
Tenía que encontrarla, costase lo que costase, fuera como fuese.
Pero todo se volvió borroso y sus ojos se cerraron.
