SIENTO LA TARDANZA DE VERAS. TUVE UN PROBLEMA CON MI ORDENADOR. TUVIERON QUE RESETEARLO Y PERDÍ LOS DOCUMENTOS QUE TENÍA DENTRO, INCLUYENDO ROTG, Y TUVE QUE VOLVER A ESCRIBIRLO, Y ACORDARME DE TODO UN POCO DIFÍCIL LA VERDAD. AGRADEZCO VUESTRA PACIENCIA Y ESPERO QUE OS GUSTE ESTE CAPITULO.

P.D.: PARA AQUELLOS QUE DIJERON QUE LES GUSTARÍA SABER QUÉ LE PASÓ A KIRA EN EL TÁRTARO, ESTÁ EN PROCESO.

CAPÍTULO XXI

-¿Dolor o amor?-

—¿Has dicho Cánrosh?— Kira había palidecido repentinamente. Todos la miraron fijamente, sin saber por qué había reaccionado de aquella manera. Tenía los ojos abiertos como platos y su corazón se había parado.

— ¿Lo conoces?—preguntó Aguer extrañado por la reacción de la demonio. Kira bajo la mirada al suelo.

—Es el Dios creador de los demonios.—hizo una pequeña pausa.—El mito de Cánrosh consistía en que un ser de otro mundo vino a la tierra. Al entrar en este mundo creó el portal k transforma algunas almas en demonios, y así creó la raza de los demonios. Los creó con el propósito de que lo ayudaran cuando su enemigo llegase. No decía nada sobre un tal Foljer. Creí que era solo un mito para explicar nuestro origen, pero que no era real. —se quedó en silencio unos segundos pensando en todas las cosas que acababa de reunir con aquella revelación. —Ahora entiendo por qué erradicó mi raza. Foljer descubrió que Cánrosh había creado una poderosa raza que le ayudaría a derrotarlo y no podía permitirlo, por eso nos destruyó.

—Eso no lo sabía.—dijo Aguer enarcando las cejas en un gesto de asombro al igual que Luna.

Kira le miró extrañada.

— ¿Es que tú no has visto a Cánrosh?—le preguntó.

—¿Por qué lo iba a ver? Está en tu interior y cuando te enfrentaste a mi por primera vez te mantuviste en tu forma demonio.

Kira se quedó pensativa.

—Eso quiere decir.—murmuró.—que algo impidió que saliera cuando apareció Foljer.

Se quedó mirándose las manos y luego observó la extraña espiral de símbolos negros que ascendía por su brazo izquierdo hasta enrollarse alrededor de su hombro.

—¿Qué es esto?—preguntó repentinamente, refiriéndose a las marcas de su brazo.

—Eh...—Luna se puso nerviosa y en un acto reflejó cogió a Aguer de la camiseta y lo arrastró a unos metros del corro de guardianes. Luna fue a hablar, pero calló al darse cuenta de que aunque estuvieran a 10 metros, Kira podía oírles. Luna golpeó suavemente su sien mirando fijamente a Aguer y él asintió.

Nos equivocamos.—oyó Aguer, la voz de Luna, en su cabeza. Él respondió sin mover los labios.

Creiamos que Cánrosh era como Foljer, no que protegiera los mundos de él.

Los dos se giraron hacía Kira y sintieron los nervios ponerles los pelos de punta. Kira les miraba con el ceño fruncido y los brazos cruzados sobre el pecho.

—Díselo tú, hicimos lo que teníamos que hacer, lo hubieran masacrado todo.—dijo Luna volviendo a mover los labios. Aguer la miró perplejo y fue a negarse, pero la mirada asesina de ella le echó atrás. Caminó hacia la demonio, pero esta vez no se sentó.

—Eh...—dijo sin saber exactamente cómo empezar.—Nosotros sellamos a Cánrosh para que no despertara. Si hubiera peleado contra flojer, hubiera destruido el planeta.

—¿Y por qué no me lo dijisteis?—gruñó enfadada.

—Creímos que era mejor que no conocieras la verdad, pero parece que ya no se puede negar más.

El silencio reinó por unos largos segundos.

—Entonces, ¿Qué vamos a hacer? Creo que el sello se ha debili—se quedó en silencio de repente, como si se hubiera dado cuenta de algo importante, y se giró hacia Luna mientras se levantaba.—Fuiste tú…

Luna abrió los ojos de golpe y se tensó violentamente.

—Le dijiste a Kayla que lo guardara en secreto. Sellaste a Cánrosh después de que perdiera mi brazo izquierdo.—todos los guardianes la miraron perplejos, sobre todo Jack, quien observó el brazo con los dibujos en espiral.

Kira arrancó como un jaguar y en un abrir y cerrar de ojos agarró a Luna por el cuello y la estampó contra la pared. Aguer fue a separarla, pero una gran garra de fuego azul le agarró y lo aprisionó contra el techo.

Todos se quedaron paralizados.

Kira estaba envuelta en unas extrañas llamas azules rojas y negras. Ese no era el fuego fatuo que habían visto.

Luna había palidecido y cerró sus manos alrededor del brazo de Kira intentando aflojar el agarre, pero la energía que la demonio emanaba era abrumadora.

El rostro de Kira estaba contraído en una mueca de profundo odio y furia. Apretando los dientes mostrando los colmillos. El blanco de su ojo izquierdo se había vuelto completamente negro y su iris naranja emitía un tenebroso resplandor.

—No estaría muerta si me lo hubieras dicho.—dijo primero en un gruñido por lo bajo, pero luego sus llamas se extendieron.—¡SI ME LO HUBIERAS CONTADO TODO DESDE UN PRINCIPIO SEGUIRÍA VIVA!—gritó como un animal cegado por la ira.—¡SI HUBIERA SABIDO QUE FOLJER VENÍA A POR MÍ NO HUBIERA ESTADO CERCA DE ELLA!—su respiración se estaba volviendo agitada y su corazón latía cada vez más rápido, al mismo tiempo que su vista se volvía borrosa por las lágrimas que amenazaban con salir.

Todos se quedaron paralizados en silencio.

—¿Sabes lo que se siente cuando lo pierdes todo?¿absolutamente todo?Perdí a Kenay porque resguardó mis escapadas al mundo humano. Ví cómo le arrancaban la cabeza de cuajo delante de mí.—ya no podía más. Dejó que las lágrimas se deslizaran por sus mejillas como ríos desbordados.—No sabes lo que es ver a la última persona que te queda ser asesinada delante de tus ojos, que le arranquen el corazón.

Las llamas se extinguieron tan rápido como aparecieron. Aguer aterrizó de nuevo en suelo firme, y cuando pretendía apartar a Kira de Luna. ésta soltó a la mujer y dió media vuelta para salir de la sala. Todos la siguieron a una prudente distancia.

Salieron al exterior, donde el sol se asomaba entre alguna nube. Kira derretía la nieve a su paso. Los guardianes se detuvieron en una duna de nieve, mientras veían a la demonio caminar hacia la vasta explanada. Se detuvo y se quedó unos segundos quieta y en silencio. Tomó aire profundamente mientras echaba la cabeza atrás lentamente.

Y gritó.

Una onda de calor salió de ella, derritiendo la nieve en un radio de 100 metros, sin llegar hasta los guardianes.

Gritó por Kenay, gritó por Kayla, gritó por su soledad, gritó por su dolor, gritó...para dejar salir lo que hacía tiempo había estado viviendo dentro de ella. Dejó que el dolor inundara su cuerpo entero para luego dejarlo salir. Fue un grito desgarrador y doloroso para los oídos de los guardianes. El rugido de un animal herido de corazón. Todos sintieron un nudo en la garganta cuando aquel alarido llegó a sus oídos. Kira lloró como no había hecho desde que Kenay y Kayla murieron. Lloró su pérdida de nuevo, y su grito fue apagándose a medida que el aire abandonaba sus pulmones, hasta que todo se quedó en silencio de nuevo.

Jack, sin decir nada, echó a caminar hacia allí. Entró en el círculo de agua, provocando el único sonido del chapoteo en el lugar hasta llegar a su altura. Se arrodilló detrás de ella y la rodeó con sus brazos. Kira dejó que el guardián del invierno la abrazara, protector, y siguió llorando en silencio. Se giró hacia él y se acurrucó contra su pecho como una niña desprotegida. Jack no dijo nada, sólo la abrazó con toda la gentileza que le era posible. Sobraban las palabras. Con ese abrazo le decía todo.

—Los perdí a ellos.—musitó Kira en un sollozo.—no quiero perderte a tí también.

Jack besó su cabeza y apoyó la mejilla sobre ella.

—Nunca me iré de tu lado.

Aquella noche Jack durmió con Kira. La protegió toda la noche. Sandy se aseguró de que ninguna pesadilla amenazara el sueño de la demonio, y los demás se reunieron para debatir sobre lo que debían hacer.

Se sentaron alrededor de una mesa circular. Luna apoyó los codos sobre la superficie de madera y la barbilla sobre las manos.

—¿Qué vamos ha hacer ahora.?—preguntó Tooth con un tono de voz preocupado.

Nadie más dijo nada, pero todos los guardianes habían pensado exactamente lo mismo que el hada de los dientes. Luna y Aguer se quedaron en silencio por unos segundos, luego el hombre alzó la mirada para hablar.

—Foljer tiene un plan.

Luna abrió mucho los ojos y se volvió hacia él, para mirarlo con sus brillantes ojos plateados.

—¿Cuál?—preguntó Bunny apoyando el antebrazo sobre la mesa.

Aguer tomó aire y respondió.

—Quiere entrar en la Atlántida y recuperar su cuerpo.

Luna bajó las manos.

—Eso es imposible. No puede entrar en la ciudad, está en otra dimensión.

—No sé qué es lo que pretende, pero va a entrar, cómo, eso ya no lo sé.

—Eh...perdonad que os interrumpa, pero, ¿Habéis dicho la Atlántida?—preguntó Norte al sentirse ignorante de la conversación de Aguer y Luna.

—Atlántida, era la ciudad en la que vivíamos los Atlantes. Ahora ya no es más que una ciudad fantasma abandonada en otra dimensión. Antes se encontraba en la tierra, pero lo separamos de esta dimensión para escondernos de los humanos y su curiosidad. Sellamos el cuerpo de Foljer en un volcán, que quedó también aislado del mundo humano.—se volvió hacia Aguer.—Por eso necesita a al menos uno de nosotros, un guardián del portal.

—Lo sé, eso ya lo había pensado, pero es eso mismo lo que me preocupa, que haya encontrado una manera en la que no le hacemos falta.

Luna se quedó en silencio. Todos se quedaron sin pronunciar palabra. El sonido de sus respiraciones también había enmudecido, dejando paso a una pesada sensación que recorrió todos sus cuerpos.

Impotencia.

—Entonces tenemos que llegar antes que Foljer.—se oyó la voz de Tooth por encima del silencio.

Todos alzaron la mirada hacia ella.

—Sabéis que Foljer no será un adversario fácil.—dijo Aguer con una seriedad escalofriante.

Los cuatro guardianes asintieron decididos.

—Nos estamos metiendo en la boca del lobo.—dijo Luna mirándolos fijamente.

Bunny esbozó una sonrisa torcida y maliciosa.

—Pues habrá que quitarle los dientes antes de que nos muerda.

Aguer no pudo evitar sonreír, satisfecho por la respuesta. Podía ver en sus miradas una fuerte decisión. Una convicción tan fuerte que no podía ni plantearse la idea de poner en duda sus palabras.

—Ahora estará débil por las heridas que le infligieron Jack y Kira, así que tenemos ventaja antes de que se decida a hacer algo.

Hubo unos segundos de silencio hasta que Sandy se levantó con una expresión decidida y extendió la mano al centro. Norte le siguió, luego Tooth y luego Bunny.

Aguer y Luna se miraron mutuamente por un instante y luego posaron su manos sobre la de los demás.

La luna se alzó en el cielo más brillante que nunca, bañando con su luz la blanca nieve del polo.

Luna dejó escapar un largo suspiro de cansancio mientras estiraba los brazos, luego se llevó las manos al cuello.

Aún sentía escalofríos, y la mirada de Kira seguía grabada en su mente.

Esa energía que había emanado de ella...era diferente.

Sabía que Kira poseía el espíritu de Cánrosh, pero fue diferente. Hacía unos días también había tenido aquella misma sensación. Justo la noche en la que Kira aparecía a la mañana siguiente manchada de sangre y entrando por la puerta principal. Ese mismo día que las marcas aparecieron en su hombro.

Dejó escapar otro suspiro mientras se sentaba sobre la cama.

El sello se estaba rompiendo.

Cánrosh estaba despertando de su largo letargo de miles de años.

El espíritu del Titán del Caos se había removido el mismo día que Foljer volvió del vacío.

Tenía que hacer algo.

Si Foljer despertaba, Cánrosh lo haría con él y se desataría de nuevo una guerra que llevaba existiendo desde eones.

Apoyó los codos sobre las piernas, y hundió el rostro entre sus manos.

No podía dejar que se repitiera.

No permitiría que se desatase una segunda guerra de sombras.

No pudo evitar el primero, aunque al final consiguió vencerlos con la ayuda de los guardianes, pero aquello fue una masacre. Foljer poseyó el cuerpo de Aguer, mató a Kayla, la miga de Kira. La demonio fue encerrada en el tártaro por los suyos, luego Foljer erradicó toda la raza demoníaca para evitar futuros problemas y cuando Kira volvió del Tártaro, se enfrentó a Aguer. Fue gracias a ella que quedó tan debilitado y consiguió encerrar a Aguer y a Foljer en el vacío. Hubo un tiempo en el que pensó que también tenía que haber encerrado a Kira también, ya que ella había quedado marcada por Foljer en su batalla, y cuando encerraron a Pitch empezó el efecto dominó. Pitch se agarró a Kira que era la única que se encontraba fuera del vacío, y luego Foljer se agarró a Pitch para salir él junto a Aguer.

No se lo había dicho a Kira, pero la razón por la que no habían nacido nuevos demonios era simple.

Foljer destruyó la conexión entre la tierra y el inframundo.

Había destruido aquel portal que reencarnan las almas de aquellos humanos en demonio. Las almas rotas de las personas.

Aquél puente nunca volvería.

La raza demoníaca había sido erradicada.

Y Kira era la última que quedaba.

De repente alguien tocó la puerta. La Luna dejó de pensar inmediatamente de todo. Se levantó y caminó hacia la puerta al mismo tiempo que se echaba su su largo pelo blanco a un lado.

Giró el pomo y abrió la puerta.

—¿Aguer?—dijo sorprendida Luna al ver al joven en su puerta.—¿Qué haces aquí?

Él la miró con sus intensos ojos dorados.

—Quería hablar contigo.

Entró en la habitación y Luna cerró tras él. Se quedaron en silencio. El corazón de Luna latía demasiado rápido para su gusto y su sangre se le estaba subiendo a la cabeza.

—¿Pasa algo?

Aguer se volvió lentamente hacia ella y clavó sus ojos en los plata de ella. Se quedó en silencio.

"¿Por qué dudas?" pensó Aguer para sí mismo. ¿Por qué no le decía lo que le había estado rondando por la cabeza desde que volvió? Tenía que decírselo. Lo estaba matando desde dentro y si no se lo decía terminaría volviéndose loco.

"¿Vamos...pero...y si se enfada?" dudó.

"¿Y si no me vuelve a mirar igual?...tal vez...no debería..." agitó la cabeza.

"¡Y una mierda!"

—Quiero que hablemos de eso.

Luna pareció confusa.

—¿De qué?

Aguer se acercó a ella sencillamente, sin apartar la mirada. Quedó a apenas unos centímetros de ella. Alzó la mano y acarició suavemente la mejilla ambarina surcada por líneas celestes.

—Sabes perfectamente de lo que estoy hablando.

Sí, sabía de qué estaba hablando, pero no quería aceptarlo.

—Aguer, ya hablamos sobre esto.

—Sí, pero no puedo hacerlo.—Luna le miró sin poder evitarlo.—no puedo hacer como si no sintiera nada. Me estoy volviendo loco. Desde que te besé hace tantos siglos y todo este tiempo que he estado encerrada no ha habido ni un sólo día en el que no haya pensado en tí. Me siento sucio por todas las cosas que he pensado y soñado, pero todas ellas eran para recordarme que estoy enamorando, perdidamente enamorado de ti.

Todo se quedó en silencio.

Luna no respondió, sólo se le quedó mirando con sus orbes plateados.

Aguer quiso que la tierra lo tragase, pero entonces una sonrisa pícara asomó en la comisura de los labios de Luna.

—¿Te has sentido sucio?

Adiós. Ahora sí quería que se lo tragara la tierra, pero Luna siguió hablando, ésta vez con seriedad.

—Perdóname. —fue lo único que dijo al principio, pero luego siguió.—te he hecho sufrir por tanto tiempo sólo por querer seguir las reglas, pero yo tampoco puedo negar que mi corazón solo late cuando oigo tu nombre, y se acelera cuando te veo. Además...—se acercó peligrosamente a Aguer.—no has sido el único que ha tenido ese tipo de sueños.

Aguer rodeó su cintura.

—Entonces, eso quiere decir, ¿que podemos romper ese trato?

—Por mi las reglas se pueden ir por donde les dé la gana.

Y le besó. Con tanto fervor que se sorprendió a sí misma, pero le dio igual. Lo había deseado por demasiados siglos y su cuerpo ardía con su simple cercanía. Aquella no che iba a romper todas aquellas reglas que quiso seguir con tanto afán. Ya no servían para nada y ella era dueña y señora de su vida. Haría lo que quisiera y en ese momento su cuerpo le estaba pidiendo a gritos el cuerpo de Aguer.

Él la besó con pasión. Acarició su cuerpo suavemente y la llevó lentamente hacia la cama.

Cómo había echado de menos aquel suave tacto de esa piel ámbar que tanto había deseado en sus sueños.

Chocaron contra el borde de la cama. Aguer sostuvo a Luna por la cintura mientras la tumbaba lentamente. Luna exhaló aire al sentir el peso de él sobre su cuerpo. Separó las piernas para que se acomodara mejor. Luna deslizó las manos por debajo de la camiseta de Aguer, tocando su fuerte espalda desnuda. Esa robusta espalda que había aparecido en sus sueños. Le quitó la camiseta, él la imitó. Aguer la besó lentamente, pasando sus labios por su cuello y su pecho, descendiendo por su vientre mientras le arrancaba suspiros y gemidos a Luna. Paró un instante y se acercó a ella para mirarla a los ojos.

—Si me dejas seguir luego no podré parar.

Luna enredó sus dedos en el sedoso cabello negro de él. Se acercó a su oído y le dijo en un susurro.

—Yo no he dicho en ningún momento que pares.

Aguer sonrió y mordió su tan deseado cuello, inundando sus pulmones de aquel delicioso olor, mientras se deshacian de la poca ropa que quedaba entre ellos

Aquella noche sería muy larga.