Título: Algodón y nubes.
Personajes: Kim Dokja, Yoo Joonghyuk, Biyoo (mención).
Pairings: Dokja/Joonghyuk.
Línea de tiempo: AU; Extra de «Cordel de acero».
Advertencias: Disclaimer Omniscient Reader's Viewpoint/Punto de vista del lector omnisciente; los personajes no me pertenecen, créditos a Sing-Song. Lactancia masculina, implícito MPREG. Posible y demasiado OoC [Fuera de personaje]. AU [Universo Alterno]. Situaciones exageradas. Nada de lo ocurrido aquí tiene que ver con la serie original; todo es creado sin fines de lucro.
Clasificación: T
Categoría: Familiar, Romance, Comedia
Nota de autora: no sabía si era correcto usar el término "leche materna" ya que es un hombre quien está lactando aquí xd
así q lo dejé pero igual, q chido fue escribir esto eh
gracias Yukki por darme la idea de algo tan bonito y por betearlo por mí 🙏 Tkm mibida333


Summary: «Me quedaré» afirma suavemente Dokja, con un tono amable y una sonrisa cargada de cariño. Sus ojos son más difíciles de descifrar, pero Joonghyuk no encuentra la fuerza para pensar en ello mientras las manos del hombre lo tocan con tanta delicadeza. «Me quedaré contigo, así que descansa bien. ¿De acuerdo?» Yoo Joonghyuk asiente una vez. Es cómodo así. Se siente realmente bien.


Entre el agradable silencio a mitad del cuarto, el sonido de un reloj es lo único que corta la suave calma. Un tic-tac repetitivo y amable que recorre por las paredes de la cómoda sala de estar y llega a los oídos de la persona sentada en uno de los sofás.

Kim Dokja bosteza por lo bajo y luego pasa de página, leyendo el siguiente discurso que envió Han Sooyoung para él. Frota uno de sus ojos debido al ligero picor luego de estar haciendo esto por demasiado rato. Siente que las cartas entre sus dedos jamás van a acabar.

Terminando de leer la última línea, desvía su vista hacia ese reloj que no se calla. Frunce el ceño cuando se da cuenta del tiempo que ya ha pasado.

Gira su cabeza en dirección al corredor contiguo. Observa con ligera curiosidad la puerta cerrada allí. Ese lugar permanece cerrado, y aunque sabe que no está prohibido para él el ir para allá, no es que tenga muchas ganas de hacerlo. Todavía tiene muchas cartas que leer y muchas respuestas que dar. No quiere llevar su trabajo allí.

Yoo Joonghyuk podría enojarse.

Así que simplemente suelta un suspiro y continúa leyendo las interminables líneas. O, al menos, eso intenta, pero en el momento en el que vuelve su atención a las páginas escucha un cerrojo a lo lejos.

Lo siguiente que ve es esa puerta abrirse, y justo luego de ello está Joonghyuk.

Dokja reprime un bufido divertido en cuanto nota la cara ligeramente adormilada y el cabello revuelto, un par de mechones negros saltando hacia arriba sobre la cabeza del hombre.

—No pensaste que sería sencillo hacer dormir a un bebé, ¿verdad? —bromea el rey demonio, mostrando una sonrisa petulante al mismo tiempo que finge leer de nuevo las notas.

Escucha un gruñido de parte de Yoo Joonghyuk, y luego el sitio a su lado se hunde. Una sensación tangible y cálida sube lentamente por su cuerpo, avisándole de la cercanía del otro hombre. Tiene la tentación de inclinarse hacia él, pero se mantiene firme por un rato más.

Joonghyuk no parece querer hablar mucho, probablemente debido a su cansancio luego de haber estado tanto rato intentando lidiar con una bebé tan extrañamente animada como Biyoo, a quien Dokja conocía lo suficientemente bien como para saber que le daría dolores de cabeza a cualquier ser vivo, en esa naturalidad infantil de no querer dormir sino hasta atormentar lo suficiente a su cuidador.

Serán los genes de demonio, piensa Kim Dokja, un poquito preocupado, pero también animado por tal cosa. No sabría explicar por qué.

De repente, un peso extra sobre su hombro le saca de sus pensamientos. Gira la vista para encontrarse con Yoo Joonghyuk apoyando su cabeza allí. Los rizos negros y desordenados le hacen cosquillas sobre la cara cuando lo hace, y una ligera sonrisa se hace presente en su rostro.

—¿Quieres dormir? —aventura suavemente, dejando los papeles sobre la mesita frente a ellos. Sin perder tiempo, usa una de sus manos libres para acariciar los mechones de su compañero, desenredando y peinando con amabilidad—. Si tienes miedo de volver y despertar a Biyoo, puedes quedarte aquí. Me moveré a otro lado para que puedas descansar.

Inmediatamente después de escuchar esa última declaración, la mano de Yoo Joonghyuk se mueve para agarrar la de Kim Dokja, deteniendo sus caricias. El rey demonio se tensa por un segundo, un poco preocupado de haber molestado al hombre exhausto, pero su miedo inicial se desvanece en cuanto ve al mismo mantener sus manos juntas, deslizando las yemas con ligeros callos por la piel pálida hasta entrelazar sus dedos.

—Quédate.

Kim Dokja se siente un poco conmovido por el suave pedido (casi ruego), pero también está sinceramente preocupado por el estado de Yoo Joonghyuk.

—Necesitas descansar.

—No necesito descansar —gruñe en respuesta el espadachín, apretando más la mano del hombre más pequeño. Dokja bufa.

—Terco, terco. Parece que te vas a desmayar, claro que tienes que descansar.

—No me voy a desmayar.

—¿Siempre tienes que ser tan...? ¿Acaso quieres que vaya a dormir a tu lado porque no tienes ganas de ir a dormir solo? ¿O es que simplemente vas a molestarme hasta que termine de trabajar? ¿O esperas hasta caer desmayado de verdad? Pues déjame decirte que no arrastraré tu cuerpo inconsciente hasta el dormitorio, te lo garantizo.

Yoo Joonghyuk se ríe por lo bajo. Sabe que, aunque Kim Dokja diga que no lo hará, acabará llevándolo en algún punto. Dokja no es tan imbécil como pretende ser.

Y, de todas formas, también tiene una debilidad para con Joonghyuk.

No es que fuera a aprovecharse de eso ahora. No más en este punto.

—Quédate —repite, con un tono más amable que la primera vez. Tal vez Dokja lo nota, por la manera en la que deja de verle con tanta intensidad. Los ojos estrellados se calman, al igual que la mano que buscaba librarse del agarre. Joonghyuk tararea por lo bajo, contento por la respuesta—. Voy a descansar aquí.

—Entonces sería mejor que yo me–

—Que te quedes.

—... Pero estarás más cómodo si yo–

Antes de que el rey demonio tenga la oportunidad de terminar de hablar, es interrumpido por la otra mano del espadachín, que se enreda en su cintura y, de esa manera, cuando el hombre más grande se reclina hacia atrás hasta apoyar su espalda entre los almohadones del mueble, lo lleva consigo.

Acaba con Yoo Joonghyuk recostado sobre el mullido sofá y Kim Dokja sobre su pecho. Una mano llena de cicatrices todavía se aferra a la cintura del hombre más pequeño, evitando su escape, mientras que Joonghyuk mueve las piernas hasta tener sujetas las de Dokja entre ellas. Un agarre y enredo perfecto.

El rey demonio se queja por lo bajo con respecto a volverse un prisionero tan de la nada, pero el espadachín lo ignora, mientras se concentra en acomodar sus pies y brazos para que el hombre irritante encima suyo también encuentre comodidad en este espacio reducido.

Debido a la cercanía, Kim Dokja puede sentir con más claridad el calor emanando del cuerpo de su compañero. Le gusta mucho y sabe que no tiene sentido intentar luchar para apartarlo en este punto, así que no evita disfrutarlo un poco. La cabeza que se había negado a recostarse contra el pecho debajo suyo finalmente lo hace. Apoyando su oreja allí, sintiendo sobre su piel la suavidad de la tela oscura de la camisa, Dokja escucha los calmados latidos del corazón de Joonghyuk, al mismo tiempo que lo percibe bajar y subir en respiraciones tranquilas.

Se siente realmente bien.

Cierra los ojos un momento.

Un aroma agradable llega a su nariz. Sonríe inevitablemente.

—Hueles como Biyoo.

Joonghyuk, quien ya había cerrado los ojos por un momento para concentrarse en el agradable peso encima suyo, baja un momento la mirada para observar con atención al otro hombre.

La mano que sostiene la cintura del mismo se afloja ligeramente, y los dedos comienzan a hacer círculos por sobre la ropa.

—Querrás decir que Biyoo huele a mí.

—Mhm —tararea el rey demonio, tal vez de acuerdo o en desacuerdo, Joonghyuk no sabría decirlo. Sólo lo siente frotar su cabeza contra su pecho en algo parecido a una caricia felina. Es casi encantador—. Me gusta.

—Todo sobre mí y Biyoo te gusta.

—No te pongas pretencioso. Lo único que realmente me gusta de ti es tu cara.

Yoo Joonghyuk hace un vago sonido de afirmación que no es una como tal. Sabe que Kim Dokja está mintiendo, pero no tiene la energía para discutir con él en este momento.

Así que, en cambio, abraza con más fuerza al rey demonio. Lo escucha volver a quejarse, pero nunca hace algo para rechazarlo. En su lugar, aprieta más fuerte la mano que permanece entrelazada a la suya y acaricia la piel con el pulgar en un gesto cariñoso.

Kim Dokja es un hombre débil y lo sabe, tanto física como mentalmente. Mas físicamente que mentalmente, de hecho, pero cuando se trata de Yoo Joonghyuk es una cosa maleable y ridícula de la que Han Sooyoung se burla en cada oportunidad. Es una molestia, pero no encuentra la necesidad de ir en contra de este extraño orden natural. No es como que rechazar esta parte de sí mismo consiguiera algo a futuro.

Si lo hubiera hecho antes, probablemente no estaría disfrutando de esto ahora. Así que no hay arrepentimientos.

Frota de nuevo su mejilla contra el pecho caliente que tiene enfrente, cerrado los ojos para perderse en la suave comodidad. Pero una sensación húmeda le hace abrir los ojos de nuevo y levantar la cabeza de inmediato.

Joonghyuk, quien ya se había propuesto a dormir de una buena vez, vuelve a abrir los ojos debido a los movimientos repentinos y su ceño fruncido se pronuncia más en su hermoso rostro. Mira a Dokja con una molestia palpable, sin reparar en la expresión curiosa del hombre.

—Qué estás–

—Joonghyuk-ah, estás goteando.

Soltando a Kim Dokja, Yoo Joonghyuk se apoya en sus codos para levantarse y mirar hacia donde está observando fijamente el otro hombre, lugar que es claramente su pecho. Allí puede ver que, incluso si la tela de su ropa es negra, manchas húmedas se perciben notoriamente y pegan la prenda a su piel.

—¿Es la primera vez que sucede esto? —aventura Dokja, separándose un poco de él para poder acomodarse sobre el sofá y crear una distancia más cómoda. Su mirada oscura no se aparta del pecho de Joonghyuk, y este último sólo parpadea un par de veces antes de mirarlo con extrañeza—. ¿No habías alimentado a Biyoo?

—Lo hice —contesta, casi entre dientes. Se mueve un poco para intentar levantarse del lugar, pero es repentinamente detenido debido a un toque sobre su pecho. Vuelve a caer sobre los almohadones—. Kim Dokja, qué estás–

—Ah, realmente están llenas —comenta el rey demonio, con una expresión llena de interés. Una sonrisa divertida tira de los labios cerezos del mismo, y los ojos antes calculadores se vuelven brillantes en algo extraño que causa escalofríos al espadachín—. ¿Cuánto será? ¿No pesan? ¿Duele?

—Kim Dokja... —vuelve a llamarlo, pero el tono que había empezado siendo amenazante de pronto se transforma en algo poco más que necesitado.

Los dedos del demonio se pasean suavemente por los bultos escondidos por la camisa oscura, apretando la carne blanda que hay debajo, exprimiendo con suavidad lo que tuviera dentro. Las ligeras y pequeñas manchas húmedas sobre la prenda no tardan en aumentar, Joonghyuk puede sentir el líquido bajando por su piel, a los lados de su pecho, ensuciando su ropa. Está caliente, contrario a las manos casi heladas que le tocan con tanto descaro sin que (quiera) pueda evitarlo.

En ningún momento Dokja deja de mirarlo.

Los ojos estrellados del rey demonio escanean las reacciones del hombre que tiene debajo. Percibe con deleite el rubor haciendo presencia en su compañero, adornando las orejas del mismo mientras continúa masajeando los pechos suaves de este. Sus largos dedos presionan con cuidado por sobre la carne, midiendo la suavidad y la profundidad. No es que no hubiera hecho algo como esto antes, pero en las otras veces no había algo derramándose cada vez que apretaba.

Pero esto no es más que un apretón ligero. Con sólo presionar sus yemas, más gotas se derraman y continúan manchando todo.

Es divertido, y tal vez también un poco excitante. Pero había algo más importante en esto que sólo su gusto al molestar a Joonghyuk.

—¿Debería parar? —pregunta entonces, disminuyendo la intensidad de sus caricias hasta no ser más que un toque ligero por sobre la ropa.

Las fuertes respiraciones de Joonghyuk comienzan a bajar, y los ojos que se habían cerrado por un momento entre el creciente calor se abren, sólo para mostrar un par de pupilas agrandadas e irises brillantes. El color rojo en las orejas pasa con lentitud por las mejillas del hombre más grande mientras observa al demonio que se alza sobre él y tiene sus manos todavía puestas sobre su cuerpo extrañamente sensible.

Yoo Joonghyuk no recuerda el momento exacto en el que las caricias que, en un primer momento se habían sentido burlonas y molestas, habían pasado a ser placenteras. De una manera rara y casi morbosa. No como otras ocasiones, porque era casi como si esta vez las sensaciones se hubieran multiplicado, incluso si Dokja no había hecho más que acariciar con suavidad y ligereza, tan diferente a las otras veces. Por supuesto, son los mismos largos dedos pálidos y amables que tantas veces se han paseado por su cuerpo antes, tocando y demostrando una especie de cariño y adoración que Joonghyuk no había llegado a sentir con otras personas. Pero esta vez el toque sobre él es mucho más potente incluso si el hombre encima suyo no parece hacer esfuerzo para ello. Casi lo siente injusto. Siempre ha sido fácil para Kim Dokja sólo acercarse a él y tocarlo a su antojo y conseguir que caiga.

No es que le desagrade algo de eso o de esto. Simplemente no comprende por qué en esta ocasión hay algo más caliente subiendo por su ser, pero cree conocer la razón detrás de ello. E incluso si se le hace desagradable, no puede negar lo bien que se siente, pese a lo que podría provocar a futuro.

Tampoco es que eso le preocupe mucho.

Inhala profundamente una vez, tratando de recobrar el hilo de su consciencia. Mira a Kim Dokja de nuevo, quien se ha quedado quieto desde esa pregunta.

Joonghyuk siente que el calor regresa a su rostro mientras mira la cara sonriente de este tipo. Le molesta, pero al mismo tiempo le gusta mucho el brillo sospechoso en sus ojos. Es casi lindo, pero una especie de lindura que le causa escalofríos.

Llevando una mano a su boca, desvía la mirada antes de decidirse a contestar.

—Puedes continuar —afirma, con la voz amortiguada. Ve de reojo cómo la expresión de su compañero se ilumina brevemente. Frunce el ceño—. Pero ve despacio–

Kim Dokja, el completo bastardo, no le deja terminar. Suelta su pecho sólo para deshacerse de los botones de su camisa con rapidez, haciéndolos saltar hacia los lados. Yoo Joonghyuk hace una mueca de enojo mientras Kim Dokja se encarga de hacer a un lado la prenda para revelar su pecho completo.

—Qué demonios estás–

—Mandaré traer otro, no te preocupes —declara el rey demonio con calma, mientras una sonrisa indescifrable hace acto de presencia en su rostro—. De todas formas, ese ya parecía apretarse un poco.

Joonghyuk no lo niega ni lo confirma. Dokja no presta atención a su silencio, sino que vuelve su mirada al pecho abultado y presiona de nuevo ambos montículos.

—Ah, son realmente blandos... —comenta para sí mismo, hundiendo los dedos en la carne caliente. Escucha al espadachín soltar un sonido parecido a un bufido de gusto, lo que le hace mirar por un segundo al rostro de este y sonreír satisfecho, antes de regresar su atención hacia abajo—. Recuerdo que pensaba que esto sería firme como una roca, pero siempre resultaste ser muy suave por este lado.

—Kim Dokja...

—¿Qué pasa? Es un cumplido —aclara, soplando un cabello que se había quedado sobre sus ojos. Se inclina más hacia adelante, moviendo los dedos con más fijeza, acercándolos hacia las aureolas mojadas y apretando un poco más esos lugares—. ¡Oh!

Varias gotas blanquecinas se derraman desde las puntas erguidas en el pecho de Yoo Joonghyuk. El hombre mantiene una mano contra su boca mientras suelta un par de gruñidos bajos, cargados de gusto más que de incomodidad, incluso si no quiere admitir que tal cosa le gusta realmente. Kim Dokja podría animarse por ello si no estuviera repentinamente ensimismado en la imagen del pecho masculino moviéndose de arriba abajo en respiraciones erráticas, aplastándose bajo las yemas de sus dedos y escupiendo ligeros chorros de leche con cada ligero apretón.

—Realmente están llenas... —murmura para sí mismo, embelesado. Traga ruidosamente, sintiendo la boca y garganta secas, sin saber por qué. Se inclina más, hasta que puede escuchar claramente los diminutos jadeos de Joonghyuk. Sus dedos, sus uñas cortas y limpias, se hunden con más ahínco, sacando más del tibio líquido casi trasparente—. ¿En serio no duelen? ¿No te duele? ¿Estás bien?

Joonghyuk no le contesta, simplemente arquea con ligereza la espalda, dando señal para que continúe. Él lo toma como una afirmación a medias, todavía un poco cauteloso.

Levantando la mirada para cerciorarse de que su compañero no estuviera sufriendo por su culpa, la boca de Dokja se abre en cuanto se topa con una imagen realmente distinta a la que se hubiera imaginado.

Yoo Joonghyuk probablemente estaba disfrutando esto, tal vez. Al menos si es que observaba por más de dos segundos la bonita cara roja, los ojos brillantes y acuosos y los labios entreabiertos, ocultos por una mano que apenas hace algo para acallar los pequeños gemidos que se le escapan entre sus respiraciones.

Kim Dokja vuelve a tragar. Finalmente pega sus palmas completas a los bultos y presiona por completo.

Escucha un quejido más fuerte y se aparta de golpe.

Crea una distancia más segura, sentándose erguido y calmando su propio corazón, que había empezado a latir con demasiada fuerza. Luego enfoca su mente en algo menos erótico que la imagen de este hombre recostado debajo suyo en el sofá, y después de eso vuelve a observar; Joonghyuk respira entrecortadamente y su ceño se frunce más fuertemente, al mismo tiempo en que la mirada antes perdida se fija completamente en Dokja. El rey demonio no puede evitar sentirse culpable por alguna razón.

—Lo siento... —suelta apresuradamente. Las puntas de sus dedos pican, húmedas y ligeramente pegajosas. Trata de concentrarse en otra cosa—... yo sólo...

—¿Por qué te detuviste?

—¿Eh?

Yoo Joonghyuk le está dando una de esas miradas amenazantes que, aunque generalmente a Dokja no le causan mucho miedo porque no hay verdadero peligro en ellas, ahora mismo está haciéndolo temblar ligeramente.

Aprieta los labios. Repasa la (retórica) pregunta del espadachín. Siente el calor subir por su cara y respira profundamente.

Antes de que pueda abrir la boca, sus manos son sujetas por otras manos y puestas a la fuerza sobre el pecho abultado y húmedo.

Kim Dokja parpadea, procesando lo que ocurre. Cuando lo hace, su rostro adquiere un nuevo tono de rojo, pero se las arregla para respirar con normalidad y no mostrar una expresión siniestra. Aunque no evita que el atisbo de una sonrisa surque por su rostro.

Levanta la mirada para ver la cara de Joonghyuk. Sorprendentemente, el hombre se encuentra viéndole fijamente y con seriedad, que contrasta con el tierno rubor en las mejillas y las orejas. Incluso la peligrosidad en sus ojos ha menguado, hasta volverse en algo casi suave y tranquilo, tan extraño como encantador.

—Termina lo que empezaste, Kim Dokja.

Como un idiota, Dokja asiente un par de veces. Apretando los labios, vuelve a bajar la vista y se encarga de volver a tocar la nueva zona extrañamente sensible en su compañero.

No debería catalogar la vista como erótica, pero no es que Yoo Joonghyuk alguna vez haya sido una figura distinta. El hombre antes conocido como el Rey Supremo, desde la primera vez que se topó con él, había sido una maravilla de mirar. Kim Dokja nunca se lo diría a la cara, pero este tipo fue lo suficientemente atractivo como para obligar a un rey demonio como él a bajar todas sus barreras la primera vez que se conocieron (claro que tal cosa como la cara era algo que bien se opacaba cuando el imbécil decidía abrir la boca o simplemente usaba la fuerza para intentar matarlo, en su momento).

Y ahora que ese mismo hombre estaba literalmente debajo de él, con la ropa a un lado y en un estado tan vulnerable... Bueno, en realidad, Kim Dokja es débil. Siempre lo ha sido.

Su corazón golpea con fuerza en su caja torácica, pero a pesar de eso, todavía puede sentir el corazón de Joonghyuk bajo su palma. Está latiendo rápido también, tan rápido que le marea y le hace querer acerca la cabeza y escucharlo mejor.

Sopesando los pros y los contras de sus acciones, Dokja se encoge internamente de hombros. Sus manos ahuecan los pectorales y más líquido se derrama sobre sus dedos. Vuelve a tragar, e ignora deliberadamente la sensación de sus colmillos creciendo dentro de su boca como acto de reflejo ante el hambre que comienza a asaltarlo. Se sume más en la imagen de la carne y la leche y quiere—

Escucha un jadeo más fuerte.

El calor a su alrededor aumenta.

Hay una ligera niebla tras sus ojos de repente, pero no le toma importancia. En cambio, mueve sus dedos y rodea una de las aureolas. Consigue otro suspiro más fuerte, lo que le anima a continuar y presionar más fuerte, manchando sus dedos con más y más líquido. Es casi insana la cantidad.

Biyoo definitivamente no pasa hambre.

Parpadea y suelta una risa ante su propio pensamiento.

Siente algo agarrar la parte trasera de su cabeza, deteniendo sus carcajadas. Cuando se repone, Yoo Joonghyuk está dedicándole una expresión que es la mezcla perfecta entre curiosidad, molestia y vergüenza. Y es tan lindo.

—¿Qué es tan gracioso?

—Nada en especial, cariño. —Dokja enseña una sonrisa inocente. Su dedo índice presiona el capullo y consigue que el agarre en su nuca se apriete. Sisea de gusto por la repentina rudeza. Sus ojos brillantes se oscurecen mientras mira a su adorado compañero—. Sólo divagaba sobre algo...

Presiona de nuevo un pezón, un poquito más fuerte. Más leche brota de la casi imperceptible hendidura y se derrama sobre sus dedos cálidos. Hay un quejido más fuerte y un tirón más rudo contra su cabello en represalia, pero sigue sin tener la agresividad que usaría para detenerlo. Dokja se embelesa de nuevo y sonríe maliciosamente.

Ah, tal vez podría volverse a adicto a esto.

Su otra mano no tarda en ir a atender la otra protuberancia, haciendo círculos alrededor, calentando aún más lo que ya estaba a punto de arder, y apretando en última instancia con una delicadeza inicial demasiado amable, aumentando de a poco la presión para no hacer daño a la zona tan sensible. Lo que recibe en agradecimiento es un arqueamiento más notorio y varios suspiros sonoros, jadeos y—

—Dokja...

Su nombre siendo dicho con tanto gusto es algo tan placentero de oír. Regresa a mirar el estado maleable y dócil de Joonghyuk. La expresión suave, incluso si el ceño fruncido nunca se va de esa cara perfecta.

—Joonghyuk-ah —lo nombra también, con cariño. Se inclina para besarlo en la cara, sin dejar de usar sus dedos, escuchando las gotas y sintiendo la humedad cálida y los lugares que han quedado pegajosos luego de secarse.

Yoo Joonghyuk no rechaza sus besos. La mano en el cabello de Kim Dokja se mantiene allí, mientras que la otra se apoya en uno de los hombros del rey demonio. Es caliente. Hace que el interior de Dokja burbujee, pero también vuelve más reseca su boca.

Volviendo su vista hacia abajo, observa por un minuto más uno de los capullos enrojecidos por tantas atenciones, centrándose en las gotas trasparentes que continúan escapando cada vez que aplica el mínimo de presión. Su expresión se vuelve indescifrable.

Cuando regresa a mirar a Joonghyuk, este último apenas despierta de la estimulación para prestar la suficiente atención a las palabras del demonio.

—¿Puedo?

Bueno, Joonghyuk definitivamente no sabe a qué se refiere Dokja, pero en este punto no le encuentra importancia en preocuparse por ello. Además, está esta ridícula confianza que le hace asentir antes de recordar que este hombre que lo toca no es exactamente la persona más benevolente del mundo.

No es que Kim Dokja fuera a dañarlo, pero quizás más tarde termine reprendiéndose a sí mismo por no haber tomando los segundos suficientes para sopesar la idea de cederle el control.

Asiente un par de veces.

Dokja le sonríe. Es encantador, lo hace sentirse cálido.

Al menos hasta que el bastardo hace su movimiento y baja su boca sobre uno de sus pezones.

Y succiona.

Yoo Joonghyuk se queja más audiblemente que antes, pero no es un quejido de dolor. Tampoco podría decir que es sorpresa, aunque en realidad ni siquiera sabe por qué ha soltado un sonido tan vergonzoso.

Su mano contra el cabello de Kim Dokja vuelve a apretarse, pero cuando Joonghyuk está a punto de apartarlo a la fuerza de su pecho, percibe otra succión, más suave que la otra y, por lo tanto, un poquito menos desagradable y más placentera. Hace que gima un poco y se arquee en dirección opuesta, apartándose de la peligrosa boca por un momento. Momento que no dura mucho porque no pasan más de dos segundos para que Dokja se incline más y deslice un brazo a su espalda, para acercarlo y atrapar el capullo hipersensible de nuevo entre sus labios.

Joonghyuk, de hecho, sólo puede sentir cómo su rostro se vuelve terriblemente más caliente que antes. Sus movimientos y pensamientos se entorpecen y lo único que atina a hacer es aferrar más fuerte sus dedos sobre el otro hombre.

Gruñe una maldición contra Kim Dokja, y percibe la sonrisa del mismo contra su piel. Se tensa ligeramente cuando siente algo rascar ligeramente sus zonas sensibles.

Dokja mantiene su sonrisa y boca abierta, sin dejar de presionar sus colmillos alrededor de las aureolas, con absoluta delicadeza para no causar el más mínimo daño, hasta que Joonghyuk finalmente deja de mostrar signos de querer asesinarlo.

Yoo Joonghyuk había dado su consentimiento, no podía echarse para atrás ahora.

Y Kim Dokja ya había probado su sabor.

Sí, realmente podría volverse adicto a él.

Tan cálido, ligeramente dulzón, muy suave contra su lengua. Podría compararlo con un postre muy bienvenido. Pero además de la nutritiva bebida de la que de pronto desea llenarse hasta saciarse y no acabarse por sí mismo, también encuentra la tentación de morder la blanda carne entre sus dientes. Pero se resiste a eso último, no fuera a ser que realmente dañara a Joonghyuk con sus colmillos.

Usa su lengua para de jugar con el pezón, sintiendo la pequeña explosión que se derrama contra sus labios, que termina saboreando con absoluto gusto. Algo se derrama a los costados, pero no le presta atención. No mientras está tan concentrado en beber y mover su otra mano para atender el otro pecho, mientras escucha los gemidos ahogados de su amante y lo siente tensarse y destensarse varias veces, jalando su pelo y encajando sus uñas en su hombro.

Dokja continúa sonriendo complacido. Realmente adora esto.

—Ah... Dokja... esto...

Se aparta un momento y mira con interés al hombre más grande que se ha vuelto masilla bajo su toque. Le muestra una sonrisita inocente.

—¿Qué pasa, Joonghyuk-ah? —pregunta dulcemente, inclinándose para besarlo en la boca por dos segundos enteros. Cuando se aparta, puede ver al espadachín fruncir el ceño con curiosidad mientras se lame los labios, saboreando los restos del líquido blanquecino que adorna las comisuras de la boca de Dokja—. ¿No te gusta? ¿Preferirías que pare? Tal vez eso sea lo ideal, ya sabes... No querría dejar a Biyoo sin comida.

Las cejas de Joonghyuk se arrugan todavía más, y una de ellas tiembla mientras los labios del hombre enseñan una mueca de disgusto. Dokja se ríe un poco, encantado por esa imagen, y satisfecho por molestarlo.

Sus burlas se detienen cuando la mano en su nuca vuelve a obligarlo a inclinarse. Lo recibe la boca de Yoo Joonghyuk sobre la suya, una lengua abriéndose paso entre sus labios y deslizándose sobre sus dientes romos y sus colmillos, mezclando su saliva con la ajena. Un gemido bajo se oye desde lo profundo de la garganta del espadachín, que obliga al rey demonio a imitarlo con gusto.

Cuando se separan, las pupilas de Yoo Joonghyuk brillan en excitación. Kim Dokja siente que se le corta el aire, y algo en sus pantalones se aprieta desagradablemente.

—Haz tu trabajo apropiadamente, Dokja.

Dokja asiente, un poco demasiado embobado para su gusto. Vuelve a besar los labios de Joonghyuk antes de bajar por su mandíbula y de nuevo a su pecho. Esta vez va al pezón que no había tocado con su boca y chupa suavemente, sintiendo con prontitud el sabor de la leche inundando su boca otra vez. Es casi realmente bueno, aunque raro como la primera vez, pero definitivamente delicioso. Por poco y siente envidia.

Joonghyuk balbucea algunas cosas y lo llama por su nombre, pero Dokja está demasiado ensimismado en extraer todo lo que pueda. Sus colmillos nunca se clavan en la piel, pero su lengua se desliza deliciosamente varias veces sólo para provocar cuando ya nada quiere salir, creando otra ola de estimulación que obliga a Yoo Joonghyuk a volver a arquearse hacia arriba, instando a Kim Dokja a no detenerse todavía. Al mismo tiempo, los dedos del demonio juegan con la otra protuberancia, asegurándose de sacar también todo lo que pueda al ahuecar el pecho y apretar ligeramente.

Ninguno de los dos hubiera esperado una situación como esta.

Entre los ligeros movimientos de ambos cuerpos juntos, Dokja percibe algo empujando contra su muslo. Abre los ojos un instante y se aparta, respirando correctamente antes de bajar la mirada.

Entre el velo de excitación, vislumbra la tienda en los pantalones de su compañero, casi tan grande como la suya propia. Suelta un gran suspiro mientras su cara vuelve a sentirse terriblemente caliente, y regresa su atención arriba, prefiriendo dejar esa parte para otro momento.

De pronto, una de las piernas de Joonghyuk se engancha sobre él y lo tira hacia el frente. Su boca choca contra la del espadachín y ambos se sumen en un beso desordenado. Kim Dokja se siente desorientado y le sigue el juego, incluso cuando percibe las piernas del hombre más grande alrededor de sus caderas, presionando su entrepierna con la ajena.

Inconscientemente, se frota contra él varias veces. La tela de los pantalones se mancha ligeramente con líquido preseminal y los movimientos aumentan mientras más tiempo continúan besándose y acariciándose entre sí. Los dos gimen por lo bajo, estimulados y sintiendo el cuerpo todavía más caliente.

—Joonghyuk-ah... —lo llama Dokja, quien al parecer es el único de los dos que mantiene un hilo de cordura. Frunce el ceño mientras siente la lengua del espadachín yendo más hondo en su boca, casi llegando a su garganta. Se aparta, intentando recobrar el aire perdido, pero es asaltado por otros besos alrededor de sus labios llenos de leche—. Joong... Ah... Joonghyuk, escucha...

—Mhm —tararea el hombre en respuesta, probablemente por inercia y no completamente consciente, al menos si eso explicaba cómo parecía querer devorar al rey demonio.

Kim Dokja necesita toda su fuerza de voluntad para no ceder. Siente el calor pesado asentándose en su garganta. Hay un olor agradable en su nariz, y definitivamente no puede imaginar algo mejor que los besos amorosos de Yoo Joonghyuk. Por supuesto, su primer pensamiento es simplemente perderse en ello, puesto que ya llevaba algo de tiempo desde que este bastardo había decidido llevar las cosas así de lejos.

Pero ahora mismo—

Sisea de placer en cuanto el arrastre contra su entrepierna vestida se vuelve más insistente. Sus ojos vuelan hacia atrás en el momento en el que Joonghyuk encaja sus dientes contra su cuello y lo obliga a levantar la cabeza al sujetar con rudeza de su cabello.

Ah, todo se siente tan terriblemente bien.

—Yoo Joonghyuk. —Finalmente lo nombra de manera coherente, consiguiendo que el hombre debajo suyo se detenga por un instante. Toma esa oportunidad para apartarse, librándose del agarre en su cabello y arrodillándose correctamente sobre el sofá.

Yoo Joonghyuk le da una mirada de confusión y molestia y– oh dios mío, ¿acaba de hacer un puchero? Joder, es tan lindo. Kim Dokja está a punto de ceder de nuevo a los deseos de su corazón hasta que recuerda la situación principal.

Sonriendo levemente, se inclina y deja un beso casto en la frente del espadachín.

—Con lo cansado que estás, no creo que sea lo adecuado —murmura con suavidad y dulzura.

Joonghyuk parece comprender sus palabras, recordándose a sí mismo su estado. Aun así, no evita hacer otra especie de puchero, más parecido a una mueca de disgusto, probablemente menos encantador de lo que Dokja lo ve.

—Bien —gruñe el hombre más grande, poniendo una mano sobre la cara sonriente que tiene enfrente. Sus ánimos han bajado de nuevo, y el cansancio golpea otra vez contra él, así que ni siquiera encuentra la fuerza en apartar a Dokja.

Kim Dokja se ríe por lo bajo. Deja un beso en la palma del espadachín, pero cuando está a punto de apartarse, escucha un gruñido y a él mismo se le escapa uno.

Baja la mirada, encontrándose de nuevo con el problema en los pantalones de ambos.

Dokja sopla su fleco de nuevo y regresa a mirar a Joonghyuk. Sólo recibe una expresión que dicta que todo eso es culpa suya.

Lo acepta.

—Te ayudaré con esto también, entonces. —Se encoge de hombros como si nada, y justo después se tira hacia abajo.

—¡Kim Dokja...!

Las palabras mueren en la boca de Yoo Joonghyuk cuando las manos del rey demonio hacen a un lado su ropa. Luego está esa misma mano enredándose en su longitud, bombeando con cuidado, dándole caricias y, por supuesto, elogiando con el único fin de molestar a Joonghyuk, porque Dokja es un bastardo que no desaprovecha la oportunidad.

Aun así, no disminuye en sus atenciones. Su entusiasmo es casi envidiable, pero Joonghyuk todavía quiere golpearlo en la boca (con su boca) para hacer que se calle. Sólo que sus miembros no funcionan mientras observa, un poco embelesado, a Dokja sacando la lengua para lamer la cabeza de su circunferencia y luego llevarla toda dentro.

Es caliente. Siempre que ese idiota usa su boca, todo se vuelve caliente. Yoo Joonghyuk no cree que pueda soportar algo así para siempre y, aun así, no piensa que pueda vivir sin ello ahora que lo ha probado.

Dokja se mueve de arriba abajo, con demasiada rapidez para gusto de ambos, pero no deja de ser placentero para Joonghyuk. El rey demonio parece apresurado, pero al mismo tiempo encantado. Los ojos del mismo brillan cuando miran a su compañero, un brillo tal vez causado por las lágrimas atrapadas entre sus largas pestañas o simplemente porque está lo suficientemente loco como para amar a Yoo Joonghyuk de esta manera.

Fuera lo que fuese, la intensidad no se va. Joonghyuk se siente ligeramente cohibido, pero el calor permanece y se siente jodidamente bien. Su pecho sube y baja, pegajoso y con un par de gotitas derramándose sobre su piel, pero ya casi vacío luego de todo lo que había hecho Dokja con él. Su entrepierna palpita y es estimulada por la lengua de plata de su pareja, los labios evitando que los afilados colmillos le toquen, la saliva mezclándose con el sabor amargo que escupe entre su excitación, manchando su pelvis y bajando por su trasero.

Si fuera otro momento, tal vez los dos se tomarían el momento para disfrutar e ir más lejos, pero algo parece ir demasiado a prisa aquí. No es necesario preguntar por qué.

Al cabo de un par de bombeos y succiones más, Joonghyuk se derrama en la boca de Dokja. Éste último se lo traga todo como lo había hecho con la leche en su pecho, y tal comparación hace que el rostro y las orejas de Joonghyuk vuelvan a enrojecer con fuerza.

Eso hasta que el cansancio lo golpea con demasiada fuerza y se tira para atrás, descansando su cabeza contra el suave reposabrazos del sofá. Apenas registra al rey demonio apartando su boca de él para levantarse e ir a otro lugar.

Jadeando suavemente, deja que algo de tiempo pase.

Luego siente algo cálido sobre su pecho. Cuando baja la mirada, Kim Dokja está allí, pasando una toalla húmeda sobre él, deshaciéndose de los rastros pegajosos de leche que se habían impregnado sobre su piel.

—Me quedaré —afirma suavemente Dokja, con un tono amable y una sonrisa cargada de cariño. Sus ojos son más difíciles de descifrar, pero Joonghyuk no encuentra la fuerza para pensar en ello mientras las manos del hombre lo tocan con tanta delicadeza—. Me quedaré contigo, así que descansa bien. ¿De acuerdo?

Yoo Joonghyuk asiente una vez. Deja que Kim Dokja termine de limpiarlo, y luego cierra los ojos mientras el hombre peina suavemente su cabello.

Es cómodo así.

Se siente realmente bien.

Tal vez pueda considerar hacerle un favor a Dokja más tarde.