Resumen: Light le había ofrecido la manzana prohibida. Y ella deseosa, había acudido a él en busca de conocimiento. Tentada por sus astutas palabras. Tomando la fruta del Paraíso entre sus manos. LightxMisa.
Nota de la autora: Los personajes de Death Note no me pertenecen, son propiedad de Tsugumi Ohba y Takeshi Obata. Está terminantemente prohibido cualquier intento de plagio de esta historia o de cualquiera de las que están bajo mi autoría. La imagen de la portada no me pertenece, reconozco el crédito a su respectivo autor/a, si sabéis quién es el artista hacédmelo saber en un comentario para darle reconocimiento.
La manzana de Adán.
Sin ella no era nada. Ni nadie. Ese pensamiento lo atormentaba casi a diario. Le causaba auténtica aversión reconocerlo. Era una verdad incuestionable. Necesitaba desesperadamente a Misa para poder llevar a cabo su plan. Para poder construir un nuevo mundo. Para acabar con L y eliminarlo de una vez por todas. Para reinar por encima del bien y del mal, y ser el único dios. Su plan era tan retorcido como enfermizo, al igual que el amor incondicional que ella sentía por él. Amane había deambulado perdida hasta que lo había encontrado. Al salvador, al nuevo mesías, al portador de una nueva esperanza. Y Light lo sabía.
El mundo estaba demasiado podrido, lleno de corrupción e infelicidad. Lo que al principio había sido un banal y divertido juego había terminado convirtiéndose en una misión encomendada por mandato divino. Todo aquello le pertenecía. Incluso ella. Habían sido varias las mujeres que se habían interesado por él a lo largo de su vida. Como Takada. Nunca les había prestado demasiada atención. Siempre centrado en los estudios. Pero había algo diferente en aquella joven. En su actitud y carácter. Había tratado de llamar su atención desde el principio. Actuando a su libre albedrío y con torpeza. Haciéndole pagar caras aquellas imprudencias.
Yagami era plenamente consciente. Necesitaba a aquella mujer. Inocente, infantil, caprichosa, impulsiva, pero complaciente. De corazón puro. Débil y sumisa. Capaz de hacer cualquier cosa por él. Acatando todo lo que le dijera sin cuestionar sus órdenes. Unidos por el fruto del azar. Aquella mujer que al principio había resultado una vulgar impostora e imitadora. Que actuaba irracionalmente sin pensar en las consecuencias. Pero que había terminado siendo de inestimable ayuda. Y que solo le obedecía a él. Ahora su alma le pertenecía.
Habían hecho un trato que beneficiaba a ambos. Ella podría resultarle de gran utilidad. Convertida en su pareja formal mediante un vínculo. Así nadie sospecharía. Tan cínica y vanidosa como su oscuro corazón. Estúpidamente enamorada de él y hasta del aire que respiraba. La mujer con la que podría gobernar a su lado. Apoyaba todas sus causas e ideales con firmeza. A la que podía controlar a su antojo. Manipulando sus sentimientos. Como el amo que controla a su esclavo. Como la marioneta movida por los hilos.
Podía hacerla callar con tan solo mover un dedo. Sin benevolencia. Haciendo lo que él deseara. Incluso había llegado a intimar con ella. Eso no le había desagradado en absoluto. La desvestía con suavidad. Acariciaba su tersa piel con lentitud. Casi temeroso por hacerle daño y con delicadeza, como se trata a las muñecas de cristal y porcelana. Como los frágiles pétalos de una rosa llena de espinas. Amane era una exquisita y hermosa flor a la que debía tratar con sumo cuidado. Se deleitaba con la blancura de su tez y besaba sus labios con voracidad. Misa le hacía olvidarse de todo.
Ella era su mano derecha. Su principal aliada. Su compañera y amante. Pero a la vez un arma más para su arsenal. Orgullosa, intacta, leal. Codiciada por muchos. Tras una apariencia superficial. Pero incapaz de ver más allá. Tan ciega desde el principio a causa de su admiración. Lo idolatraba y amaba sin medida. A Kira, al asesino, al criminal. Estaba dispuesta a sacrificarse y a morir por él. Por su felicidad, sus deseos y anhelos. Por sus principios egoístas y narcisistas. Renunciaría a todo por él si era necesario. Su mundo estaba vacío sin Kira. Al fin y al cabo, no era tan estúpida como Light pensaba.
Era la mujer perfecta. La elegida para estar a su lado. La que comulgaba con sus ideas de purgar el mundo. De mente pobre a la que podía manipular con malicia y sagacidad. A la que le había ofrecido su mano. Sin trampas ni engaños. Light le había ofrecido la manzana prohibida. Y ella deseosa, había acudido a él en busca de conocimiento. Tentada por sus astutas palabras. Tomando la fruta del Paraíso entre sus manos. Contemplando el atrevimiento de toda la humanidad y su mancha original. Mordiendo un pedazo de la jugosa manzana de la discordia. Yagami había corrompido el más genuino de los corazones con su ambición, al igual que la serpiente embaucó a Eva. Sabiendo su inmediata expulsión del Cielo e Infierno por quebrantar las normas. Condenado a vagar infelizmente por la tierra de los hombres. Solo los dioses tenían el privilegio de dar y quitar la vida. No le correspondía a él aquella tarea. Pero el poder del cuaderno lo había corrompido. Su recta moralidad quedaba en entredicho. Había decidido impartir justicia y vivir en pecado. No habría esperanza para él de ser rescatado por un Dios cristiano.
Odiaba reconocerlo. La necesitaba con ansiedad y desesperación. Le repugnaba esa debilidad. Dependía de ella y de sus ojos de shinigami. Y ella lo necesitaba a él como un mutuo acuerdo. Quizás Misa era la mujer con la que sería feliz. Si todo salía bien tal vez se replantearía hacerla su esposa. Aunque era demasiado ingenua y confiada. En el futuro donde él sería el nuevo dios. Una deidad de carne y hueso para los simples mortales. Sería el defensor de los justos y desfavorecidos, pero a la vez, el azote y la ira de la venganza. Todopoderoso. Implacable y magnánimo. Sería la ley. Estaría por encima de todos. Solo él tenía el poder para perpetrar los asesinatos. Así reinaría la paz y la concordia. Haría del mundo un lugar mejor. Sin odio ni maldad. Donde no habría cabida para las malas acciones ni delincuencia. Un mundo perfecto e ideal donde juzgaría a aquellos que osaran dudar de su poder, con los que descargar toda su cólera. Un dios terrorífico al que temerían y adorarían por igual.
No había sido capaz de deshacerse de ella cuando empezó a ser un estorbo. En el momento en que se entrometió en sus planes. No había podido. Light decidió mantenerla a su lado. Incluso había terminado desarrollando sentimientos compasivos hacia Misa. No tenía muy claro el cómo ni el porqué. Quizás era afecto. No, no podía serlo. Su actitud le irritaba casi todo el tiempo. Era una molestia. No toleraba ese nivel de estupidez humana. Pero era sobreprotector en cuanto a Amane se trataba. Era lo único que tenía. La única que sabía el secreto. La única persona en la que podía confiar. Debía mantenerla a su lado. Costase lo que costase. No, Light Yagami no podía mostrarse débil ni compasivo ante nadie. Debía ser la justicia personificada y erradicar el crimen.
Tenía todo bajo su poder y dominio. Bajo su fachada de frialdad y entereza. Iría hasta el final con ella. Solo necesitaba librarse del adversario con el que medía ferozmente su intelecto. Temía que un simple error pudiera costarle la vida. Debía meditar muy bien sus movimientos. Y ardía en deseos de librarse también de aquel estúpido shinigami que advertía sus intenciones. Desconfió de él desde el primer momento con recelo. Expresó su asco e incluso lo amenazó de muerte. Pero debía ser paciente y tener cuidado. Ser precavido. Barajar y jugar bien las cartas. Librarse de las sospechas. Demostrar su presunción de inocencia. Y al final ganaría la partida. Light Yagami vencería al mejor detective del mundo. Demostraría que su inteligencia y capacidades eran infinitamente superiores. Imaginarlo le otorgaba una sensación de satisfacción incomparable a la mayor de las victorias.
Aquel monstruoso ser era el protector de Misa en la tierra. Pero pronto, él sería el encargado de tal tarea. El que velaría día y noche por ella. Pasaría el resto de la ínfima eternidad con Misa. A su lado. Atrapada entre sus brazos. Atada a él de por vida. Como las cadenas a un reo condenado a muerte. En aquel amor tóxico y sórdido del que no podía escapar. Obligada a estar con un malvado hombre que no la amaba. En aquella oscuridad que la consumía. Ahogada en ese malsano aire. La controlaría a su antojo. Aprovechando cada segundo de belleza y juventud. Como un objeto empleado para conseguir un fin determinado. Para sus meros intereses. Como el vasallo que sirve a su amo. Que sería desechada sin uso ni valor cuando ya no sirviera. Ya no quedaba rastro de humanidad en él. Ni compasión.
Light esbozó una sonrisa malévola. Aquellos pensamientos cruzaron su mente mientras sujetaba una manzana entre sus dedos y admiraba la vivacidad de su color. Su sacrificio redimiría el pecado del mundo. ¿Quién si no sería capaz de hacerlo? Mordió ruidosamente la manzana. Juntos cambiarían el mundo y serían los dioses supremos. Los nuevos ángeles de la muerte. Y cuando así fuese, sonarían las trompetas que anunciarían el Día del Juicio Final.
Fin.
Nota de la autora: Hola. Volví a ver Death Note después de hace dos años y después de un bloqueo creativo me sentí con ánimo de cambiar de aire para escribir una historia diferente. Siempre quise hacer una pequeña historia sobre esta gran serie pero nunca me había atrevido. Quise explorar un poco la pareja LightxMisa y la toxicidad de ambos con una historia oscura, así como tratar de ajustarme a los personajes originales y a la trama mediante el estilo de redacción cortante. Espero que os haya gustado y apoyéis mi trabajo. Nos vemos en la próxima historia.
