Está por demás recordar que los personajes pertenecen a Rumiko Takahashi y que las situaciones descritas aquí son para darle gusto a la imaginación.
La primera en despertar en aquella casa era ella, tranquilamente dejaba atrás el confort de la mullida cama y sin quejas bajaba a la cocina para iniciar sus labores cuando la luz del día aún era trémula. Disponía de los ingredientes necesarios para preparar el delicioso almuerzo al que cada integrante de su familia estaba acostumbrado, frescas verduras, esponjosos omurice sin faltar el agradable té de matcha. Pero la paz que había reinado hasta ese momento, ya daba señales de que duraría poco. Las estrenduosas pisadas que se escuchaban en el piso superior junto a los ruidosos reclamos, eran solo el comienzo de lo que ya se había hecho rutina desde hacía casi un año.
La normalidad en la que vivía dejó de existir cuando su madre falleció dejándole el cuidado, aún a su corta edad, de su padre y hermanas menores. Y terminó por extinguirse cuando dos extraños visitantes llegaron para quedarse, trayendo consigo un sinfín de... de... ¿cómo decirlo? Particulares situaciones y destrozos inminentes, era la única respuesta que llegaba a su mente en ese preciso momento en que se reunían para almorzar.
Donde entre bocados los insultos eran disparados a quema ropa y los platos lanzados sobre las cabezas. Debía agradecer que las paredes todavía siguieran intactas porque los invitados ahora llegaban arrasando todo a su paso y sin realmente haber sido invitados. La fina línea entre la razón y la locura, era cada vez más tenue.
Un breve respiro se hizó presente por fin en aquél día nublado aunque la imagen de su padre jugando shogi con un panda era abstracta.
Limpió los restos de la breve batalla matutina y salió para hacerse cargo de los mandados que aunque no eran muchos le brindaban la oportunidad de alejarse por algunas horas de ese tipo de situaciones, dedicándose a sí misma. Pero ¿qué era dedicarse a sí misma? En aquél sitio dónde solo era la tierna y dulce Kasumi, quién cuidaba de todos con una sonrisa permanente instalada en su rostro reprimiendo cualquier otra emoción que pudiera sentir. Ni ella misma lo sabía.
Su adolescencia fue muy breve, pasando en un pestañeo, dónde las salidas con amigas habían sido pocas y ni que decir de algún interés romántico. No había quedado tiempo para eso, al comienzo no le tomó mucha importancia pero ahora las consecuencias burbujeaban en su interior, especialmente después de aquella ocasión donde el ogro la poseyó por algunos momentos. A ojos de otros quizás sus maldades fueron mínimas pero para ella que siempre era una hija maravillosa la hicieron sentir liberada. Desde que eso sucedió algo cambió aunque pasaba desapercibido para el resto, ya que jamás era el centro de atención.
Intranquila paseaba por las calles de Nerima, saludando cortésmente a las vecinas que se topaba comportándose como de costumbre, hasta que a lo lejos notó a alguien conocido. Antes hubiera optado por no molestarle con su presencia pues sabía lo que ocasionaba en él, tampoco era ingenua. Pero ahora hizo lo contrario y por gusto se acercó, notando inmediatamente el rictus que se formaba en aquél hombre que parecía tan seguro de sí, solo cuando ella no estaba. Provocarlo tanto con tan poco, un sútil gesto, una leve sonrisa, una pícara mirada. El placer que esto le generaba no lo había sentido antes y tampoco quería que se desvaneciera tan rápido así que se atrevió a acercarse un poco más mordiendo ligeramente su labio inferior para casualmente preguntarle sobre un libro. Entre balbuceos y un gran nerviosismo el galeno contestó para después alejarse torpemente. El resultado del breve encuentro con el doctor Tofú le dejó complacida, tener ese tipo de poder sobre otra persona y ver el deseo reflejado en sus ojos era excitante. Regreso de buen humor al dojo, que a vista de todos no variaba en absoluto pues jamás la habían visto expresar ninguna emoción negativa pero en esta ocasión por minúscula que fuese la alegría era real.
La hora de la cena llegó y con ella nuevamente los disturbios ahora a gran escala, las tumultosas prometidas auto proclamadas destrozaron gran parte de la casa dejando un enorme agujero en el techo y por el cual ahora se colaba la fina lluvia. Lucía imperturbable mientras observaba la caótica batalla que no parecía tener fin pero por dentro estaba bullendo de frustración. ¿Porqué tenía que aguantar que otros destruyeran su hogar, sin hacerse responsables siquiera para que luego resignadamente ella tuviera que recoger los pedazos? ¿Porqué su padre lo permitía, sin hacer nada al respecto? Recluirse en su interior ya no estaba funcionando, de un momento a otro explotaría y ni ella misma sabía que alcance tendría si eso llegará a suceder.
-¡Iré con el doctor Tofú a dejarle el libro que me prestó!- anunció, a sabiendas que mentía pues en su corto encuentro esté había salido casi corriendo, diciéndolo también solo para sí ya que el resto de los presentes estaban demasiado enfrascados en sus propios asuntos. De esta manera tomó un paraguas y se aventuró entre las ya gruesas gotas de lluvia, alejándose sin mirar atrás.
El suspiro que inconscientemente había reprimido por fin salió cuando ya estaba a una distancia considerable del dojo. De camino a la clínica meditaba si se atrevería a hacer algo más que ponerle nervioso, algo más audaz que pudiera devolverle la excitación que sintió fugazmente aquella tarde, así avanzaba sin prestar atención a su alrededor hasta que fue muy tarde. Su visión se empezó a nublar sumergiéndola en un oscuro vórtice en el cual ya no tuvo consciencia.
Entre lo que parecía un sueño, sintió que alguien la llevaba en brazos en medio de la torrencial lluvia que se formaba ahora. Su lánguido cuerpo fue depositado sobre una dura superficie pero no pudo notar más pues de nuevo cayó en la inconciencia.
Volvió lentamente en sí después de lo que le pareció una eternidad, aunque quizás solo fuese su percepción y no haya pasado demasiado tiempo. Intentó ponerse en pie pero su cuerpo no reaccionaba, ninguno de sus músculos respondía, aún su voz se negaba a hacerse escuchar; solo sus ojos habían respondido a su voluntad. Inmovilizada sin ataduras, sin ningún daño aparente, podía sentir cada parte de su cuerpo pero no podía moverlo. Aún en ese estado extrañamente se sentía calmada, prestó atención entonces a su alrededor para saber dónde se encontraba y quién la retenía allí. Hasta dónde alcanzo a distinguir pues la iluminación era poca, aparte del hecho de que su restricción tampoco ayudaba mucho, percibió que era una habitación no muy grande al considerar la amplitud del techo. Una ligera corriente de aire también le hizó notar que aún llovía a fuera pues está estaba cargada de humedad. Un ruido proveniente del lado izquierdo le alertó que alguien entraba, cerró los ojos nuevamente, en su estado no podía hacer mucho pero tampoco quería delatarse haciéndole saber al desconocido que estaba consiente. Breves instantes pasaron desde que el individuo entró y se acercó a ella, ya segura que se trataba de un hombre pues su manos y presencia se lo hicieron saber. De a poco le fue sacando la mojada ropa con el mayor cuidado posible hasta que estuvo completamente desnuda. Sentía cómo era observada minuciosamente por aquel extraño, quién después pasó sus dedos por sus delgadas piernas en una superficial caricia.
Este se alejó para traer una pequeña toalla y secar el cuerpo de la fémina que estaba tendida frente a él. Con devoción frotó la afelpada tela contra la tersa y blanca piel, delineando la redondez de sus senos así como la curvatura de sus caderas. Separó un poco sus piernas mientras la toalla hacia su camino por el interior de sus muslos hasta su intimidad.
Todavía no podía creer lo que había hecho y cómo podría hacer para salucionarlo, un imprudente impulso había acabado en la situación donde estaban ahora. Pero cómo no aprovechar el momento, nadie le garantizaba que esté se volvería a repetir y que nuevamente lo inundará la valentía. Ella lucía tan apacible como siempre pero tan alcanzable en esta ocasión, permanecía quieta debido a ciertos puntos de presión que había activado casi por inercia cuando se presentó la oportunidad. Y ahora tendida ante él vulnerable y expuesta estaba quien había sido su obsesión desde hace mucho tiempo, la única que causaba un revuelo en su interior con tal sólo escuchar su nombre, que decir cuando estaba en su presencia y entraba en aquel estado absurdo del cual ya era conocido por todos.
Solo la pequeña toalla lo separaba de acariciarle directamente, reprimirse a esas alturas estaba por demás así que reanudando sus bríos dejó la rectangular tela de lado y suavemente rozó sus pliegues. De a poco fue incrementando la presión y fricción en sus partes, separó aún más sus muslos para abrirse paso más fácilmente y ahondar la caricia. Ella continuaba rígida pero aún así su cuerpo reaccionaba, las secuelas eran evidentes, él proseguía entregado a su labor. Besó el interior de sus muslos hasta llegar a sus labios inferiores los cuáles degusto con placer mientras jugueteaba con el botón eréctil. Uno se sus dedos comenzó a entrar y salir de su estrecha cavidad que una vez amoldada se añadió uno más, incrementando también la velocidad de éstos al ir y venir.
Las sensaciones que se formaban en su interior eran indescriptibles, jamás las había sentido en su corta vida, la vergüenza la invadió al comienzo cuando él posó sus labios en sus partes pero después se olvidó por completo de ella. Quería más pero como hacerlo saber en su condición, concentró su voluntad para que su voz le obedeciera pero sólo consiguió emitir un quedo gemido el cual puso en alerta a su acompañante, quién se detuvo en el acto.
-¡M...má... más!- emitió débilmente -¡No ... pares!- añadió -¡Por favor!- dijo al fin con más firmeza.
Su consiencia le sorprendió, la premura con la que había actuado le jugaba ahora en contra o quizás a su favor por la forma que ella reaccionó. Sin pensarlo mucho reanudó sus atenciones con más confianza, explorando ahora con la lengua el interior de su intimidad, aumentando con ello los ahora audibles y claros gemidos.
Jadeante y todavía aún inerte llegó al clímax, embargada de placer se sintió en las nubes pero solo estaba por comenzar. El todavía aún desconocido para ella la jaló hasta el borde de la superficie donde permanecía postrada, dejando parte de sus nalgas en el aire mientras él sostenía sus piernas, una a cada lado. Sin recuperarse aún por completo, sintió como él se hundía en su interior abriéndose paso sin miramientos, expandiendo su estrechez. Respiró profundo mientras él corazón le latía a mil, buscando adaptarse a la opresión que provocaba el caliente miembro en su interior, cerró sus ojos cuando él comenzó el vaivén entre sus piernas. De a poco iba recuperando el control de su cuerpo, aunque solo era un decir ya que esté reaccionaba más a las sensaciones y movimientos que recibía de otro que a su voluntad.
-¡Ono!- dijo cuando abrió nuevamente sus ojos viéndole directamente -Siempre quise que fueras tú- confesó alzando una de sus manos para tocarlo.
El galeno tomó su mano, ayudándole a incorporarse, instándole a apoyarse sobre él y rodearle el cuello con sus brazos mientras la alzaba sin romper la unión y se sentaba en un sillón cercano con ella empalada en su regazo. En esa posición le era más sencillo a Kasumi impulsarse para participar en el acto, despejada ya por completo subía y bajaba sobre el firme falo sin pena alguna, ante la atenta mirada de la cómplice del doctor. Sin perder detalle de nada en una de las esquinas de la habitación, estaba la fría y amarillenta Betty, quién era una silenciosa espectadora de lo que allí sucedería desde ese día en delante.
El amanecer llegó casi a la par que ella al dojo, dónde todos aún dormían sin haberse percatado siquiera que había estado toda la noche fuera y lo que había hecho pero era lo que menos le importaba. Ahora realmente pasaría más tiempo consigo misma y el incidente que sucedió aquella noche se repetiría varias veces más.
De esa manera fue como por fin el aparente buen doctor Tofú había encontrado la forma de acercarse a Kasumi sin perder los estribos, aunque la cordura seguía siendo una tenue línea que se perdía cada vez que ponían en práctica dicha parafilia, dónde los placeres distaban de lo que para otros era normal.
En este shot-ito van ligeras referencias del tomó 29 capitulo 308.
Agradezco infinitamente sus reviews : D !!!
