50 AÑOS ATRÁS

CAPÍTULO 2

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INUYASHA´S POV

Odiaba el aroma y sonido del llanto, lo detestaba, le recordaba las noches en que su madre intentaba esconder su tristeza, él estaba acostumbrado al aroma de dolor físico y mental, su madre había sido su maestra al presentar ambos constantemente durante su niñez, sin embargo nunca antes había escuchado un llanto tan desgarrador, un aroma tan profundo a soledad y tristeza. ¿Quién era esa extraña mujer? ¿Qué había vivido para conocer tal dolor?.

La última vez que recordaba haber derramado lágrimas había sido el día que su madre había dejado ese mundo, en general escuchar los lamentos de una mujer era insoportable y constantemente los ignoraba y huía del lugar, si, era lo que normalmente hacía, entonces -por qué demonios no puedo alejarme de aquí -se reprendió inquieto mientras su pie golpeaba incesantemente el grueso tronco sobre el que se encontraba. Desde ese lugar podía ver la luz del fuego de la cabaña de Kikyo. Estaba a varios metros de distancia pero si prestaba atención podía escuchar la conversación que se estaba llevando dentro. Intrigado por conocer más acerca de la extraña mujer alistó sus orejas en la dirección correcta.

-Percibo tu pérdida, tu dolor es muy grande y profundo, pero quiero que sepas que aquí no tienes nada que temer, estás a salvo y puedes quedarte el tiempo que necesites -escuchó decir en tono calmante a KIkyo. -Me gustaría conocer tu nombre, dado que pareces conocer el mío - continuó.

Los sollozos habían cesado algunos minutos y solo escuchaba el hipear y la dificultad para hablar de la extraña mujer. El aroma a miedo le llegó en cuanto escuchó a Kikyo preguntar su nombre - Mi..mi..nombre..-empezó a hablar con dificultad -Ka..go..me -soltó al fin. -Kagome -repitió su nombre en su pensamiento, decirlo le provocaba una extraña sensación de opresión en su pecho. Recordó el popular juego de la infancia seguramente así es como se sentía en ese momento como un pájaro enjaulado.

-Bienvenida Kagome, mi nombre es Kikyo y soy la guardiana de la perla de Shikon, este es mi hogar y el de mi hermana Kaede, soy la sacerdotisa de este templo- un largo silencio siguió pues la mujer no respondió.

- Hemos atendido las heridas más importantes, me gustaría que me acompañaras al río para que te deshagas de la suciedad y sangre y evitemos una infección, ¿tienes fuerza para acompañarme? -Escuchó un quejido y el sonido de ropa moviéndose, seguramente saldrían. Enfocó su vista en la puerta de la cabaña. Pasaron solo unos minutos y vio salir a la extraña mujer recargada en Kikyo, lucía cansada, sus ojos y nariz estaban rojos y estar llena de restos de youkai no la ayudaba, lucía miserable, en cuando salieron por completo de la cabaña la vió levantar su rostro y su mirada se dirigió justa hacia él -demonios, acaso puede verme…no…la vista humana no está tan desarrollada - era cierto. El ojo humano no podía verlo a esa distancia, mucho menos de noche, sin embargo podría sentir la certeza de la mirada de esa mujer, solo duró un segundo antes de que empezaran a andar -que fue eso ¿cómo sabía que estaba aquí? - Kikyo podía localizarlo cuando estaba lo suficientemente cerca, nunca a esa distancia - ¿acaso era un ser sobrenatural , una bruja, una sacerdotisa, ¡un demonio en forma humana! - se encontró pensando sin darle demasiada importancia al hecho de que había salido tras ellas.

Tras unos minutos de camino se escondió a una altura y distancia prudente para que Kikyo no lo descubriera, sabía que no era propio espiar y seguramente lo regañaría. Habían llegado a la parte del río donde usualmente se bañaban, las aguas eran tranquilas y no tan frías en esa sección. Él mismo las utilizaba de vez en cuando.

-Permíteme que te ayudemos a desvestirte - al escuchar aquello se volteó y enfocó su atención en el cielo estrellado. La escuchó quejarse mientras la ayudaban - listo, Kaede ayúdame a estabilizarla para que no resbale - las pequeñas y familiares pisadas de Kaede se hicieron presente. -pronto estarás como nueva, ya verás, mi hermana es muy buena sanadora -la animó.

-Gra..cias- escuchó salir tenuemente.

Conforme pasaban los minutos el fuerte aroma a sangre y youkai iba desapareciendo con la suave corriente del río. El aroma natural de la mujer se iba fortaleciendo, ahora podía percibirlo claramente, sumamente cálido, suave y dulce, un aroma completamente calmante. Por primera vez quiso voltear y contemplar a la mujer. Un sonrojo y gruñido de molestia salió de su cuerpo - qué demonios estoy pensando, esto es una estupidez - se reprendió - Kikyo era la mujer que amaba ¿cierto? era ella en la que debería pensar en ver desnuda y ¿lo hacía? la respuesta era muy clara, no. Nunca había pensado en ella de esa forma, - pero es normal después de todo no soy humano, una vez que lo sea esos deseos vendrán naturalmente ¿no es así?, lo importante es tener a alguien con quien compartir mi vida y dejar de estar solo - se repitió con una nueva convicción. Seguramente esa mujer sí era una bruja y por eso estaba afectando a todos a su alrededor. bueno, no a todos porque las mujeres parecían normales, tal vez solo afectaba a los machos

- si, eso debe ser keh! bruja- satisfecho con su nueva conclusión, decidió quedarse para vigilar a Kikyo.

Nuevamente escuchó el sonido de quejidos y telas - oooh te pareces mucho a mi hermana - escuchó decir a Kaede, volteó y contempló la imagen, es cierto que con el cabello recogido igual que las sacerdotisas y con el uniforme de Kikyo era lógico que se parecerían, pero esa mujer definitivamente no tenía una similitud alguna salvo por un leve aire en su rostro. Ahora que las veía juntas podía darse cuenta que era más baja que Kikyo, su cabello no era lacio sino ondulado no tan negro como el de la sacertodiza, su piel era un poco más bronceada pero seguía siendo aperlada, lo que más las diferenciaba eran sus expresiones. Kikyo seguramente estaba controlando su expresión y parecía apacible y serena como siempre, en cambio la mujer portaba en su rostro todas sus emociones. Sus ojos aún estaban vidriosos, su ceño fruncido en dolor, sus mejillas sonrojadas posiblemente por el frío o el reciente llanto.

-Muy bien, volvamos a la cabaña para que descanses -dijo Kikyo, las mujeres se movieron lentamente hacia la cabaña. La mujer cojeaba un poco, seguramente por una de sus heridas.

Retomó su lugar en el árbol esperando obtener más información. Le habían servido la cena pero parecía no tener apetito.

-Inu..yasha…-dijo su nombre con infinita tristeza. aquello lo sorprendió, sus orejas se encresparon ante el sonido.

-Veo que lo recordaste…-empezó a explicar Kikyo - él presta sus servicios de protección a la perla también, no debes temerle, no te hará daño. -

-Él…-empezó interrogativa-

-Si, es un Hanyou - escuchó a Kikyo, desechó la horrible sensación que le provocó escuchar ese término proviniendo de sus labios, recordando cuando solo lo llamaba por ese nombre. -pero no suele entrar mucho en la aldea y me apoya en la exterminación de demonios -continuó explicando.

-Él y tú…-titubeó nuevamente y guardó silencio. La tensión de su cuerpo no se hizo esperar, ansioso de conocer cómo se referiría a su relación. Se inclinó hacia adelante, como si eso le permitiera escuchar con más claridad.

-Trabajamos juntos - fue todo lo que dijo con un tono de incomodidad que tal vez para otros sería desapercibido, pero él lo conocía. Estaba incómoda. Por alguna razón eso lo molestó.

-¿Puedo…puedo…verlo? -La petición casi hace que se cayera del árbol por el asombro. -¡debería estar aterrada, por qué demonios quiere verme! ¡y sin embargo allá vas estúpido! -se enojó al verse moviéndose en dirección a la cabaña para que KIkyo pudiera percibirlo.

-No creo que..oh..espera, creo que está cerca. ¿estás segura? ¿Quiéres que te acompañe? -No se escucharon sus respuestas, pero imaginó que había hecho algún movimiento pues la escuchó salir de la cabaña.

Viendo hacia la nada pero cerca de su escondite lo llamó -InuYasha, ¿estás ahí?

dejó que pasaran unos minutos antes de hacerse aparecer frente a ella. -¿ me harías un favor? -le pidió.

-¿Qué necesitas Kikyo? -

-Kagome, nuestra invitada, desea verte, no ha hablado mucho, ni ha querido compartir de dónde viene o que le sucedió, pero mostró interés en ti, tal vez puedas conseguir información - le pidió y él solo asintió. -Gracias.

La siguió hasta la cabaña y entró tras ella. El aroma de la mujer le pegó de lleno por su cercanía haciéndolo sentir extraño.

-Los dejo para que hablen -les indicó Kikyo llevándose a Kaede.

Esperó a que las pisadas de ambas estuvieran lo suficientemente alejadas para que no lo escucharan.

-¿Qué quieres mujer? -le preguntó con su usual tono defensivo.

La mirada que le dirigió le hizo dar un paso atrás, sus ojos le veían con una mezcla de dolor y otro sentimiento que no podía identificar, desvió su rostro para no encararla y huir de la incomodidad.

-Gracias- volteó sorprendido por sus palabras, la vió interrogante - por traerme con Kikyo y Kaede para que me ayudaran -completó.

-Fhe! como sea, Kikyo me habría purificado si te hubiera dejado a tu suerte una vez que te pusiste en mi camino -

-De cualquier manera, muchas gracias InuYasha - esa mujer definitivamente no era de ahí, nunca nadie se había dirigido a él con tal amabilidad, mucho menos le habían agradecido por salvarles la vida- y la manera en que había dicho su nombre, le habría provocado un estremecimiento que había terminado en su pecho, extraño y hormigueante.

-¿Por qué no me temes? -dejó salir sin poder contener más la pregunta. Ella lo miró extrañada y por primera vez una pequeña sonrisa se formó en su boca, aquello lo desconcertó un poco.

-¿por qué habría de hacerlo?

-¡Soy un demonio! -le dijo con su mejor tono amenazante, colmillos expuestos.

-No todos los Youkai son malvados, y no juzgo a las personas solo por su apariencia -le dijo ligeramente molesta.

-Eres una humana muy tonta, me sorprende que hayas vivido tanto tiempo pensando así -le dijo burlón.

-Ya somos dos - le contestó en un suspiro.

-Estas loca -

-Lo sé -

Se quedaron en silencio por unos minutos, podía sentir su mirada recorriéndolo de cabeza a los pies. -deja de hacerlo. -le dijo molesto - ella lo miró interrogante.-detesto cuando la gente me mira como un anormal.

-Lo siento, no era mi intención hacerte sentir incómodo. Es solo que…-su voz se entrecortó y sus ojos brillaron intentando contener las lágrimas -te pareces mucho a…un amigo…mi mejor amigo. - él la miró extrañado.

-Tu mejor amigo era un hanyou khe! no me hagas reír mujer -le contestó incrédulo.

-El hecho de que su padre fuera un youkai y su madre una humana solo lo hacía más especial -le dijo orgullosa.

-¿especial? lo condenaron a una vida de soledad y rechazo, ¿que tiene eso de especial? -le contestó molesto.

-Estoy segura que si tus padres aún vivieran se habrían encargado de protegerte y asegurado de que no estuvieras solo. Así como no todos los Youkai son malvados, no todos los humanos rechazan a aquellos que son especiales.

-¿Quién está hablando de mí? ¡ no pretendas conocerme mujer! -le dijo molesto e incómodo por sus palabras. Quién se creía para hablarle así, ella no había sufrido el rechazo y la soledad que acompañaban su naturaleza de mediodemonio.

-InuYasha -le llamó en un suave tono -no fue mi intención ofenderte. Lo siento.

Volteó a verla molesto, confundido, intrigado, ¿por qué esa mujer estaba irritándolo e intrigándolo al mismo tiempo y por qué si estaba tan molesto no se movía de su lugar.

-Tal vez esto te sorprenda, pero he conocido bondad por parte de demonios y humanos, sé que no hay seres intachables en este mundo, sean humanos, o demonios, pero todos pueden albergar bondad y maldad, por eso no me gusta juzgar a las personas por su pasado o su apariencia -

Asombrado aún por tal comentario dejó salir la pregunta que lo estaba intrigando.

-¿de dónde vienes? -de repente la vio tensarse, nuevamente el aroma a dolor, miedo y tristeza la envolvió.

-no..no estoy lista para hablar de eso aún, solo puedo decirte que vengo a advertirles sobre un poderoso demonio que planea hacerles daño.

-Fhe! todos los demonios quieren la Shikon no Tama, eso no es noticia.

-Este no es como los demonios con los que han lidiado, es más poderoso, más malvado y más listo. Puede obtener la imagen de quien desee y engañar a sus oponentes. -le dijo temblando.

-¿cómo sabes todo esto? -le preguntó desconfiado -¿cómo sé que tú no eres ese demonio disfrazado? -le acusó. Ella lo vió asombrada y sonrió tristemente.

-Soy una sacerdotisa en entrenamiento -

-Pruébalo -le retó. La vio buscar a su alrededor.

-Pásame ese cuenco por favor -le pidió amablemente mientras apuntaba a su costado. Alcanzó el cuenco que contenía agua con sangre de ella y de demonio, frunció la nariz ante el aroma y se lo pasó teniendo mucho cuidado de no tocarla con sus garras. La vio posicionarlo a su lado y llevar uno de sus dedos al líquido. Cuando este tocó su piel, la sangre se purificó dejando solo el agua limpia y cristalina. Había visto a Kikyo hacer algo similar. Solo asintió.

-Me gustaría pedirte tu ayuda para acabar con este demonio -le pidió.-Sé que eres el hijo del gran Inu No Taisho y posees gran fuerza -aquello lo sorprendió pero no pudo evitar inflar su pecho ligeramente de orgullo de ser reconocido por su linaje, pocos sabían esa información, ni siquiera Kikyo lo conocía.

-¿Y qué obtengo yo de todo esto?- le preguntó sospechoso. Nuevamente su tristeza inundó su nariz.

-Paz, la seguridad de aquellos a quienes deseas proteger, -le dijo mirando uno de los arcos de Kikyo, aquello le provocó un ligero sonrojo, ¿acaso sabía de la relación de él y Kikyo? ¿cómo? desechó el pensamiento tratando de hacer desaparecer su bochorno -y una poderosa espada -terminó con una pequeña sonrisa. Siempre había deseado una espada, el maldito de su medio hermano y su padre tenían espadas, lo más natural era que él tuviera una. -tengo entendido que es la herencia que tu padre te dejó pero te lo habían ocultado.

-¿cómo demonios sabes tanto? -le preguntó molesto.

-He viajado y conocido suficiente gente y demonios. Investigado rumores y profecías. La información es muchas veces más valiosa que el dinero o las posesiones terrenales. -le contestó sabiamente, por un instante le pareció ver la imagen de una túnica morada en sus recuerdos. -y bien, ¿me ayudarás? -La miró detenidamente, no olía a desconfianza o engaño, en el fondo sabía que esa mujer era sincera y su voz tenía una determinación implacable.

-Lo pensaré -le contestó sin darle tiempo a responder mientras salía de la cabaña.

Se dirigió hasta donde se encontraba Kikyo, la escuchó dándole una lección sobre las propiedades de la hierba que estaban inspeccionando.

-Kikyo -dijo su nombre serio. Ella solo asintió y mandó a Kaede de vuelta a la cabaña con la instrucción de cuidar a la invitada.

-¿Qué fue lo que averiguaste?

Resumió la información que había obtenido de la extraña mujer, dejando de fuera el trato sobre su espada y el mejor amigo Hanyoua, de toda la información, esos datos se sentían demasiado valiosos para compartirlos con ella en ese momento.

-Ya veo, esto cambia todo, deberíamos esperar a terminar con esta nueva amenaza antes de seguir con nuestros planes. El solo pudo asentir, si todo lo que esa extraña mujer se hacía realidad no había manera de que luchara en su forma humana. El cambio debía esperar.

Comentarios Finales:

Espero que estén disfrutando esta historia tanto como yo. Agradezco mucho su apoyo y reviews, que son los que me mantienen activa. Déjenme saber que les pareció y que les gustaría que se explorara en esta temática. Ya tengo varios capítulos en proceso pero claro que me gustaría complaceros, sus sugerencias pueden convertirse en oneshots.
Les recuerdo que pueden acceder de manera anticipada a los capítulos de esta y el resto de mis historias en curso, a través de mi página la cual publico en mi facebook: Taisho Fanfics.

Nos leemos

Mata ne!