La vida de la nobleza no había cambiado mucho desde la promulgación de la ley de igualdad 20 años atrás, la cual si bien aseguraba que los nobles fueran juzgados como cualquier otra clase social ante sus crimines, no implicaba que alguien se atreviera a llevarlos ante el juzgado… y si alguien lo intentaba era eliminado usando el poder que seguía en manos de esta facción, donde solo unos pocos habían empezado a considerar al resto de la sociedad como iguales; como tal, muchos seguían viviendo como si nada hubiese cambiado y las pocas veces que se les recordaba afirmaban que la diferencia entre clases seguía vigente por la responsabilidad que seguían cumpliendo como nobles, aludiendo a la responsabilidad que su posición les confería ante los ojos de las leyes.

Noblesse oblige, la nobleza obliga… un código bajo el cual los nobles debían guiarse, usando su poder para fines honorables como ayudar al necesitado… o bien adoptar a los pequeños huérfanos; como había sido el caso del Conde Moriarty, quien había tomado bajo su tutela a dos niños un año atrás en un arranque de presunción frente a una hermosa debutante, que cuestionaba lo que para el resto era una verdad irrefutable. Había sido una satisfacción momentánea la distinción que dicho acto le había otorgado, pero sin lugar a duda le había traído más dolores de cabeza de los que valía la pena.

Los niños que la familia había adoptado eran dos hermanos que el sucesor, Albert James Moriarty había seleccionado personalmente, Louis el menor y William el mayor quien, para disgusto del segundo hijo biológico, compartía nombre con este. Ambos eran pequeños brillantes que quizá en otra familia hubiera podido recibir reconocimiento y afecto, lo que no era el caso dentro de la casa Moriarty, donde ambos eran abusados por Lady Moriarty y el segundo hijo que se consideraban superiores por pertenecer a una familia noble y consideraban a ambos pequeños como basura; al igual que el resto del personal en la casa… siendo la única excepción su benefactor, Albert.

Este joven conde había seleccionado a los hermanos por su inteligencia, pero su mayor motivación había sido la visión que ambos tenían del mundo, deseaban castigar a los nobles corruptos con tal fervor que Albert, quien veía con impotencia la corrupción del mundo se había impresionado y se encontraba decidido a apoyarlos en su misión. Se sentía enfermo de todo cuanto le rodeaba, donde el valor que tenía provenía de su posición, donde una vida carecía de valor y el egoísmo, la vanidad y la maldad abundaban, pero no podía hacer nada, siempre impotente para hacer algo y nunca lo suficientemente valiente como para terminar con su existencia… pero si era William, quien tenía la sabiduría, seguramente podía cambiar todo usando el poder que su posición le otorgaría.

Al poco tiempo de la adopción, Albert les había prometido que los protegería del resto de las personas de la mansión mientras planeaba resolver todo para castigar a los malos humanos que eran su familia y sirvientes, seguía buscando alternativas cuando su hermano biológico había herido a William. Esto lo había forzado a tomar una decisión, estaba decidido a tomar acciones contra todos en la mansión, pero a pesar de su indignación carecía del poder para castigar a sus parientes consanguíneos de otra forma que no fuera el asesinato. Era una idea tentadora y sabia con certeza que William seria plenamente capaz de llevarlo a cabo si era su deseo y quizá en otra situación lo habría llevado a cabo sin dudar, pero había otras formas de castigarlos sin lastimar al menor.

William le había preguntado que estaba dispuesto a hacer para castigarlos, que tan lejos estaba dispuesto a llegar, que tanto estaba dispuesto a perder. La respuesta fue simple, todo. El problema radicaba en que las agresiones y desdén de los nobles eran castigados con multas y compensaciones.

Era complicado buscar un castigo adecuado, pero la respuesta había sido bastante simple. La mejor manera de castigar a la nobleza era quitarles aquello que los diferenciaba del resto ahora que el linaje no implicaba superioridad ante la ley, su orgullo y dinero. Para llevarlo a cabo primero necesitaban encargarse de Lady Moriarty y su segundo hijo. Esto había sido muy sencillo cuando, tratando de inculpar a los hermanos de robo, habían hecho un escándalo donde Albert, usando su posición como heredero había desacreditado su palabra ante Yart, volviéndolos ante la sociedad conspiradores, maliciosos y carentes de facultades mentales. El conde se había mantenido al margen gracias a que su orgullo le había impedido decir algo, de esta forma fácilmente podía culpar a su esposa por sus acciones y las de su hijo, mientras se vanagloriaba ante la sociedad por su buen juicio al educar a su heredero, su excelencia como noble y gran criterio en la selección de jóvenes. La situación se había desarrollado en un salón de baile donde la nobleza se reunía con frecuencia:

-Escuchamos sobre la situación de su casa- Había exclamado con una sonrisa maliciosa uno de sus rivales- Es una pena que su heredero no se portara a la altura, defendiendo a esas ratas-. Expuso lo que muchos pensaban, era común que tretas de ese estilo se llevaran a cabo. La facción conservadora consideraba natural que se deshicieran de los estorbos de esa forma.

- Al contrario, el conde debe estar orgulloso de tener un heredero con tan buen sentido y educación- intervino un influyente duque, quien era conocido por la influencia política que poseía su familia- Pocos jóvenes dan tales muestras de justicia y excelencia de carácter. –

Comentarios similares empezaron a resonar en la sala, inflando el lastimado ego del conde, quien había estado enojado con las acciones de Albert, pero ser reconocido por semejante figura había aumentado su importancia de tal manera que cambio su percepción. Esto solo se asentó como una verdad dentro de él cuando la flor de la sociedad intervino.

-No cabe duda de que el conde ha hecho un trabajo maravilloso en educarlo; es natural que la maldad de la madre no llegue al heredero, que esta bajo la tutela directa del jefe de la casa. Esto es una muestra de su buen sentido- Con este reconocimiento el conde se había llenado de tanta importancia que no pudo evitar tratar de aumentar su prestigio usando a los jóvenes que tanto le molestaban.

- Nunca creí en las acusaciones de mi esposa, yo mismo habría poyado a mis protegidos de haber estado en casa- la sala entera lo observa con escepticismo, por que era de conocimiento común que el respaldo de los jóvenes provenía del heredero, mientras que el conde se mantenía en silencio. Era evidente que sus palabras solo eran hipocresía para aumentar su importancia, desagradando a los mismos que lo habían reconocido. Al notar el cambio en el ambiente decidió dar excusas- Ambos chicos se han ganado mi reconocimiento con su inteligencia, a pesar de sus circunstancias saben leer y escribir; el mayor incluso ha desarrollado grandes aptitudes académicas- Esto justifico fácilmente su repentino interés, pero aun había dudas debido a que pertenecía a la facción conservadora.

-Siendo tan habilidosos estará considerando inscribirlos a Eton- fue el comentario del mismo noble que había intentado exponerlo a las burlas. No importaba cuanto alardeará sobre apoyar a los huérfanos, no eran mas que ratas ignorantes. – Si el conde ha cambiado tanto su forma de pensar sobre ellos desde la reunión pasada seguramente los jóvenes deben ser tan brillantes como para merecer ese honor-Sonrió con malicia antes de voltear a ver a otro noble con quien se llevaba bien- Casualmente, mi buen amigo el Sir Thomson es académico de Eton, seguramente podría incluirlos en la lista de jóvenes que presentaran el examen este año-

- Seria un placer ayudar a las jóvenes promesas que tanto han interesado al conde- Contestó con una sonrisa burlona el mencionado.

El conde apretó los dientes con molestia, no era más que una forma de llamarlo hipócrita y mentiroso. No había forma de negarse sin aceptar sus insinuaciones y si lo hacía, tendría que apoyar a los mocosos hasta que fueran adultos…claro, siempre que lograran pasar el examen. No pudo evitar sonreír con autosuficiencia.

-Aun son jóvenes, tienen 10 y 11 años. Pero ya que Sir Henderson esta dispuesto a hacerle semejante favor a los jóvenes que están bajo mi protección solo puedo aceptar en su nombre y agradecerle su interés-

Ambos nobles lo miraron con molestia, estaban llevando muy lejos todo el asunto. Esperaban que alguna de las partes se arrepintiera, pero de alguna forma estaban al borde de aceptar a dos huérfanos en Eton.

-Me parece una excelente idea, esperaremos a ambos jóvenes para el examen dentro de dos semanas junto con su segundo hijo. -Intervino Sir Henderson, que había escuchado todo el altercado con una sonrisa afilada. Su intervención sorprendió a todos los involucrados, ya que se trataba del vicerrector de Eton- Pero dadas sus circunstancias solo los aceptaremos si están entre los primeros quince puntajes y si llegaran a estar dentro de los primeros cinco les daremos una beca completa-

Todos los presentes se encontraron de acuerdo, sabiendo que era imposible que se cumpliera cualquiera de las condiciones. Al final de cuentas, Eton era una reconocida escuela de elites, donde incluso las familias nobles tenían problemas para ingresar. En la escuela se definía el estatus por sus capacidades y su linaje. Solo teniendo ambos era posible mantenerse en el lugar, si alguno llegara a faltar el otro debía ser excepcional y difícilmente unos huérfanos podrían estar siquiera entre los 15 mejores cuando habían más de cien solicitantes que llevaban toda su vida preparándose.

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Albert se sorprendió mucho cuando escucho lo sucedido por parte de su padre, quien les había contado lo sucedido durante la cena. Lady Moriarty y William se habían reído sin decoro ante la noticia, era un hecho que ambos chicos fallarían y teniendo eso como excusa podrían echarlos de la casa. Saboreaban su victoria mientras planeaban como restablecer su reputación con el irremediable fallo de las basuras que tenían en su casa…aunque si llegaran a ser admitidos sería una vergüenza aún mayor.

-Estoy totalmente seguro de que fallaran terriblemente-expreso burlonamente el padre, quien observo como su segundo hijo repentinamente se había quedado callado, seguramente contemplando que pasaría si llegaran a cumplir con la condición de estar en los primeros quince puntajes- Incluso si llegaran a ser aceptados solo serian huérfanos con suerte- Esto relajo a William, quien sabía que sería el hazmerreír si no obtenía un mejor puntaje que ellos.

-Pero si ellos llegaran a obtener la beca completa tendrían que ser tratados y reconocidos como hijos de la familia Moriarty, con todo el respeto que ello implica- el simple comentario de Albert los dejo pasmados por un segundo, debido a la veracidad de este; pero solo duro unos segundos antes de que comenzaran a reír creyéndolo una broma. Al observar como no se reía, volvieron a callar los miembros de la familia.

-Lo que dices es cierto Albert, y si llegara a pasar te doy mi palabra de noble de que serán tratados de la misma forma que tu hermano- prometió con una sonrisa burlona el conde Moriarty, quien sabia que de ser el caso tendrían que actuar con honor, pero confiaba en que sin importar que tan inteligentes fueran los niños no podrían superar a los jóvenes de trece años que se habían preparado toda su vida para entrar a dicha escuela. -Es más, Simon, desde hoy hasta el día del examen ambos chicos se limitarán a estudiar en la biblioteca y comer en sus cuartos-

-Por supuesto Mi Lord -accedió con malicia el mayordomo, se encargaría de encarcelar a ambos jóvenes. Sería una pena no poder hacer uso de ellos durante esos días, valdría la pena con tal de verlos fallar miserablemente.

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Por su parte, William y Louis tomaron la noticia con indiferencia, agradeciendo la oportunidad que representaba. Si conseguían la beca podrían salir de la casa Moriarty y librarse de los abusos continuos, pero no era tan sencillo.

-Es una grandiosa oportunidad, pero se interpone en nuestros planes Lord Albert-comenzó a explicar William con una sonrisa amable. Lamentaba mucho perder semejante oferta que solo era posible por la condescendencia de un grupo de nobles, pero si la familia perdía todo su patrimonio como tenían pensado la oferta se volvería inservible.

-Podemos llevarlo a cabo de otra forma. Quizá aun no me consideren su hermano, pero para mi ustedes son mis hermanos y como tal deseo su felicidad. Estoy seguro de que podremos pensar en otro plan para castigar a esta familia, uno que no implique arruinar sus oportunidades- les sonrió con cariño mientras se sentaba en la cama opuesta a donde se encontraban los niños.

William y Louis lo miraban con asombro, ellos sabían que Albert era un buen hombre; pero jamás hubieran esperado semejante muestra de abnegación cuando no habían hecho nada para retribuirle su ayuda en la mejora de la salud del menor.

-Ustedes ya han hecho algo por mí, me devolvieron la esperanza-

El comentario tomo por sorpresa a William, mientras que Louis pudo entenderlo, su hermano era una de esas personas que daban esperanza, él le había dado una razón para existir, así que entendía el sentimiento mejor que nadie. Podía ver como un hermano a alguien que se viera de esa forma a William.

-Gracias Hermano Albert-sonrió el menor, sorprendiendo a sus acompañantes por un momento antes de que ambos le sonrieran con cariño. Era el inicio de la historia de los hermanos Moriarty.

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Para sorpresa de la mayoría de las personas en la cuidad, ambos hermanos habían obtenido un puntaje perfecto en el examen de admisión, quedando ambos con el mejor puntaje en la historia de la academia. Los nobles se encontraban divididos en sus opiniones, algunos pensaban que era justo que se les concediera lo prometido y esperaban con ansias su desarrollo, como era el caso de Sir Henderson; otros seguían incrédulos, pero no podían hacer nada más que aceptar que el país estaba cambiando les gustara o no; mientras que los más rencorosos sentían molestia al verse superados tan fácilmente. Entre ellos se encontraba William, quien no había pasado el examen y solo podía estudiar allí gracias al soborno que su padre había tenido que dar.

La humillación de la familia había empezado con el terrible fallo del segundo vástago, pero empeoro cuando el mismísimo rector había visitado la casa de la familia para conocer a los brillantes jóvenes, insistiendo en que se incluyeran en el registro familiar, verificando que se les diera el trato que todo estudiante de Eton merecía. Con ello ambas ratas habían adquirido estatus de nobles, junto con nombres dignos. Ahora eran William James Moriarty y Louis James Moriarty.

Esto era una humillación extraordinaria, que solo empeoraba porque compartía nombre con el mayor, y de alguna forma todos consideraban que quizá ellos eran hijos del conde y que él era el resultado de su madre engañando a su padre. Era la única explicación, de otra forma porque sería el único mediocre en toda la familia.

No importaba cuanto lo negaran, de repente se habían convertido en parias sociales. Habían esperado que el conde interviniera a su favor, pero este solo había negado que los niños fueran sus hijos, sonriendo por su buena fortuna mientras escuchaba las alabanzas que le daban los nobles por el brillante futuro que tenía su familia y su excelente juicio al adoptarlos y apoyarlos. En la privacidad de su casa miraba con desprecio a su esposa e hijo, mientras se consolaba con que al menos los huérfanos le darían beneficios.

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-¡Los detesto Madre! No son mas que basura inmunda, pero todos en la escuela los reconocen y admiran- fue lo primero que dijo en cuanto a vio a su madre tras la ceremonia de bienvenida que organizaba la escuela una semana antes del inicio de clases. Solo habían estado allí unas horas, pero era evidente la diferencias en el trato que recibían. ¡Incluso los habían puesto en el mejor dormitorio, el mismo que Albert! Mientras que a él lo ignoraron tajantemente cuando trato de que lo asignaran al mismo lugar, ¡Diciéndole que no tenía las aptitudes necesarias!

-Aguanta cariño, veras que pronto se darán cuenta de la clase de basura que son. – murmuró mientras abrazaba a su hijo. Ella se sentía molesta por sus fracasos, pero era su mejor carta para recuperar su posición. Si su hijo recuperaba las gracias de su padre sería muy fácil hacer a un lado a las basuras, no importaba cuanto los apoyara Albert. Estaba segura de que eso sería pronto.

Afortunadamente, dependiendo de quien lo dijera, el tío de su esposo había fallecido recientemente. Esto solo era relevante porque había sido un almirante rico, con una fortuna de £30,000 libras, una propiedad de £7000 libras anuales y una casa en Londres. El almirante había vivido para ganar dinero y las guerras, jamás se había casado y no tenía ahijados ni más parientes vivos que ellos; por lo que estaba segura de que la herencia les correspondía y como era costumbre sería legada al segundo hijo que no heredaría el título.

La notica de la muerte que tanto había alegrado a lady Moriarty le había hecho recordar al conde que tenia un segundo hijo con un futuro muy prometedor al menos en cuanto a la suerte se refiere. Pero todos fueron decepcionados unos días más tarde, cuando habían recibido el testamento del fallecido.

El almirante Moriarty había observado a la familia por años, sintiendo pena por el segundo hijo quien no recibiría nada, su intención había sido legarle todo a su muerte…hasta dos meses atrás, cuando mientras visitaba la casa familiar lo conoció, encontrándolo arrogante, desobligado y cruel. Jamás daría algo a un chico así, pero sin duda seria excesivo que un joven conde tuviera semejante fortuna sin tener que hacer nada. Lo arruinaría… pero eso no evito que decidiera conocerlo, viendo en el un joven responsable, respetuoso y con gran ímpetu. Esto por si mismo no cambiaria su opinión, pero verlo con los chicos adoptados, como los ayudaba con los preparativos para entrar a la escuela, como respetaba a dos jóvenes que con su mérito se habían asegurado un lugar en la sociedad lo hizo considerar un nuevo plan.

El almirante Moriarty había dejado su testamento de la siguiente forma: Su casa en Londres seria para el joven conde, de esa forma podría vivir de forma independiente en caso de necesitarlo, su propiedad sería para el menor de los chicos adoptados, Louis, quien si su salud se lo exigiese podría retirarse a vivir al campo, mientras que su fortuna seria para William, el mayor de los adoptados, seguramente algo podría hacer con ella.

Esto dejo anonadados a todos, nadie había esperado que decidiera legarles algo a dos chicos de los que solo había oído hablar y conocido una vez. Los jóvenes aceptaron con gracia el legado del almirante, asombrados por su amabilidad. Mientras que el segundo hijo de la familia Moriarty y su madre montaron en colera, haciendo escandalo y buscando impugnar el testamente, llegando incluso a alegar que el William a quien se referían era él.

El joven rubio habría estado totalmente dispuesto a darle la herencia si se tratase de alguien menos infame, incluso fue tentado solo para que se callara, pero ya todo había sido dispuesto y ningún berrinche lo cambiaria. De la nada, los jóvenes huérfanos se habían vuelto excelentes miembros de la sociedad.

Todo esto fue conocido y juzgado por la sociedad inglesa. La reputación de la familia Moriarty volvía a caer por parte del segundo hijo y la lady…de repente los miembros mas respetables eran los jóvenes adoptados y el sucesor. Por otro lado, la sociedad empezaba a ver con malos ojos a la cabeza de familia, quien había empezado a frecuentar los salones de caballeros, alcoholizándose y despotricando en contra todo y todos. Este sería el inicio de la caída de la familia Moriarty.

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Durante el curso escolar los tres jóvenes, Albert, William y Louis, habían sido reconocidos como una unidad destinada a triunfar. Los tres lograban con éxito cualquier actividad en la que incursionaban de forma grupal o individual, eran conocidos por su amabilidad e inteligencia. Siempre dispuestos a ayudar, socorrer al necesitado… eran lo que todo noble debería aspirar a ser. Si tan solo no pensaran como lo hacían, sino apoyaran la igualdad entre clases. La sociedad era muy graciosa, un año después todos habían olvidado que dos de los hermanos eran huérfanos adoptados, o más bien decidieron creer que en realidad eran hijos del conde a pesar de que no compartían un solo rasgo.

Los tres formaban parte del selecto grupo de los catorce 'Estudiantes del Rey', formando el top 3 de toda la institución. Su influencia era tal que habían incursionado en la política de la escuela. Se las arreglaron para impulsar una reforma que permitiera que alumnos prometedores obtuvieran becas completas siempre que estuvieran en los primeros lugares del examen de admisión y se mantuvieran entre los 10 mejores cada año. Ellos mismos subsidiarían los costos de los tres lugares extras, así como su propia matricula.

Todo esto escandalizo al patriarca de la familia, quien había esperado poner sus manos sobre la herencia de los muchachos, pero ellos permanecieron todo el año en la escuela, regresando por primera vez a la casa familiar por vacaciones de fin de año con tales compromisos que si quisiera terminarlos ensuciaría su nombre aun más.

Lo que había empezado como alcohol y quejas, escalo hasta apuestas que dejaron a la familia con deudas que empezaban a causar alarmas entre los sirvientes. Quienes, por cierto, habían adquirido mala fama al hablar mal constantemente de las estrellas de la familia, siendo catalogados de traicioneros e infames. Nadie les daría trabajo en una casa noble respetable.

Los tres hermanos observaron todo en silencio, ayudando donde fuera necesario para que la caída del resto de la familia siguiera su curso. Solo era cuestión de tiempo para que todos en la finca Moriarty sufrieran el peso total de su desdén a los demás. No habían tenido que hacer demasiado, en este caso solo dejar que siguieran su curso era un castigo suficiente.

-Hasta que regresan-fue el molesto saludo que recibieron del patriarca, quien exigió su presencia en la casa tan pronto como pusieron un pie en ella. Estaba molesto por su desdén ante el deber filial, por la situación de la familia y la inminente caída de su reputación. Todo esto había sido avivado con fervor por su esposa y segundo hijo, quienes regresaron a su gracia cuando el joven había destacado en deportes dentro de la academia, codeándose con los nobles que en murmullos se quejaban de los hermanos Moriarty.

-Es un placer saludarlo Padre-Fue el simple saludo que dio Albert en nombre los tres, quienes se mantenían recatados, a la espera del inminente desenlace previsto por William.

Tal como predijo el joven prodigio, el conde exigió dinero y propiedades, grito hasta que su garganta ardió ante su negativa, recurrió a las amenazas, lanzo cosas y rompió muebles en su ira. Tras unas horas la reunión se dio por terminada, dando por terminada la relación familiar. Fueron exiliados del seno familiar pero no borrados del registro, porque eran lo único rescatable que le quedaba a la familia, cuyo prestigio, poder y riqueza caían un poco cada día. Era un hecho que si intentará desheredar a Albert sería el quien perdería su título y propiedades. La familia Moriarty era nobleza en declive.

Los hermanos Moriarty habían predicho la situación, optando por mandar sus cosas a la casa de campo dejada por el almirante días antes. Así, dejaron ese mismo día la casa familiar para empezar una vida independiente, donde conocerían a diversos amigos que serian su familia encontrada con el tiempo. Empezando por Lord Rockwell, su amable vecino, que al verlos viviendo solos los acogió como parte de su familia.

﴿ ﴾

Trece años desde que los hermanos iniciaron su camino para castigar a los nobles corruptos que nadie se atrevía a acusar las cosas seguían su curso. Albert se había enlistado en la militar, hasta su retiro para unirse al MI6 como su comandante bajo las órdenes directas del reconocido Mycroft Holmes, director de inteligencia. Era una unidad destinada a capturar bajo los medios que fueran necesarios a aquellos que representaran un peligro para el reino. Louis se especializo en derecho, ejerciendo como abogado para todos aquellos que lo necesitaran, ya fuera para probar su inocencia o para denunciar las fechorías de algún noble; aunque su principal labor consistía en administrar todo cuanto poseían los hermanos. Finalmente, William se había especializado en matemáticas, siendo a la edad de 24 años un reconocido prodigio del área, desempeñándose como profesor en Durham y al mismo tiempo siendo un consultor, si existía un noble cuyos pecados no podían ser juzgados se encargaba de hacer planes para exponerlos con tal de que fueran llevados ante un jurado y castigados por la ley o por la doble moral de la sociedad cuando ley no era suficiente.

Su primer caso, la familia Moriarty, había sido un éxito lento; con el pasar de los años la imagen de la familia y los sirvientes caía, perdiendo su prestigio y poder, mientras que las apuestas del conde y excesos de la dueña de la casa y segundo hijo habían agotado casi la totalidad de la riqueza de la familia para cuando Albert cumplió 21. En ese entonces se encontraba en de regreso tras una incursión a la india, por lo que podía reunirse con el resto de la familia Moriarty, como el conde le había suplicado.

El encuentro había sido incomodo, los padres comenzaron a exigirle dinero hasta que lo desgastaron tanto que se disponía a salir de la habitación; viendo su última oportunidad casi perdida decidieron implorar por su ayuda. Los sirvientes los habían abandonado, aunque no conseguían trabajo en ningún lugar, solo su mayordomo, Simon y dos doncellas permanecían con ellos, habían vendido todo lo que tuviese valor para pagar sus deudas, las tierras familiares eran inservibles, solo les quedaba la casa familiar y el título. Si no los ayudaría por deber filial podían negociar. Le darían el titulo y las escrituras de la casa familiar a cambio de que les permitiera vivir en la casa hasta la muerte del conde y les dieran una renta de la que pudieran vivir. Desaparecerían de la sociedad si eso es lo que deseaba. Albert sería el conde Moriarty, la cabeza de la familia antes de la muerte de su padre y le deberían obediencia ellos y su hermano biológico.

Albert había accedido, proporcionándoles una renta £1200 libras anuales, que era más que suficiente para que vivieran bien, considerando que el mantenimiento de la propiedad, exceptuando sus comidas, correría por su cuenta. Sus familiares estaban alegres con el acuerdo, aun más considerando que Albert no estaba en el país, así que suponían que ellos seguirán administrando todo… pero sus planes se desmoronaron cuando el militar les informo que la persona a cargo de la administración de todas las propiedades y fortunas familiares era Louis.

A pesar de ser un prometedor abogado, también se encargada de administrar las propiedades familiares con la ayuda de sus amigos, Sebastián Moran, Fred Porlock y Jack Renfield que vivían con ellos. Las propiedades habían aumentado con el pasar de los años, tal que para cuando tenia 23 años administraba la casa Moriarty y todo lo relacionado al condesado, la propiedad legada por el almirante, la finca en Durham, la casa en Londres donde residían cuando estaban en ciudad y las fortunas de los tres, así como sus diferentes obras benéficas. Todo con el menor número de sirvientes posibles, solo la casa familiar poseía sirvientes, el resto se mantenía cerrado cuando no se encontraban allí, dejando la administración de las tierras a un administrador que les reportaba todo directamente. Afortunadamente la mayor parte del tiempo la pasaban en Durham o Londres, manteniendo el cuidado de la casa como responsabilidad de todos los que residieran allí, aunque Fred disfrutaba de realizar experimentos botánicos y cultivar en todas las propiedades. Usualmente se encontraba ocupado, pero no lo cambiaria por nada. Y si disfrutaba viendo como aquellos que habían herido a su hermano sufrían por sus propios derroches, era solo una pequeña ventaja

Todos en su familia ayudaban a exponer los crímenes los nobles, dejando a la vista tanta evidencia que no podían evitar el castigo que ameritaban, casi siempre la horca, o pretender eliminar a las victimas o sus familias para liberarse de su sentencia. En el camino se habían encontrado con que Yart era corrupto e ineficiente, tanto que necesitaban crear pistas tan evidentes que hasta un pequeño pudiera señalar al culpable, siempre cuidando que no lucieran como un evidente intento de inculpar al criminal. Pese a sus esfuerzos, existían casos en los que la ley no haría nada, así que se encargaban de manipular los rumores sociales, cortar conexiones y oportunidades hasta que los nobles terminaban perdiendo todo, siendo miserables y siempre en una posición tan baja que aquellos a quienes habían despreciado eran varias veces más afortunados. En las primeras ocasiones les había preocupado que los criminales se suicidaran, pero no eran lo suficientemente valientes.

Su próximo caso era el conde Blitz Enders, un hombre cruel y egoísta que tenia como pasatiempo la caza de personas en sus tierras. Obtener evidencia de su propiedad seria sencillo, pero las influencias del sujeto podrían encubrir todo, así que tenían que hacer que el mismo se expusiera ante el mundo, y que mejor que en un escenario tan grande como era el primer viaje del Noahtic. Todo se encontraba en posición, el conde acababa de abordar el barco, Fred y Moran se encontraban encubiertos entre el personal, solo quedaban que Albert y William abordaran.

-Bueno, empecemos con el espectáculo- Fue la respuesta que dio el matemático tras verificar la presencia del conde y de otro sujeto de interés en el barco por Fred. Toda Inglaterra vería como un crimen se castiga sin importar la condición social.