ADVERTENCIA (contenido Rated T o M)
No hay fantasmas vengativos sin historia horrible detrás, así que este capítulo deja temblando como niñitos asustados hasta a los personajes más despiadados de Juego de Tronos. Me he inspirado ligeramente en Fuenteovejuna, la comedia seria del escritor español Calderón de la Barca; pero cualquier otro parecido con la realidad es pura coincidencia. Los nombres de Kanaye e Isamu Tamamuchi son completamente inventados para la ocasión (inspirados en el nombre japonés de Ciudad Azulona). Pero si les gustan mucho los personajes Yellow y Rojo (o Red)... mejor no lean esto.

Si aún así, quieren seguir con la lectura... ¡mil gracias! Espero que les guste ^^


Arcapeon se recostó tranquilamente a los pies de su entrenadora, mordisqueando alegremente las golosinas, y Kira y Dulce miraron a Cristal, un poco dubitativas, lo que la hizo sentirse un poco insegura: era obvio que, después de la apología que le había dedicado el señor Halloran, esperaban mucho de ella, y eso la incomodaba.

Por suerte, tenía un montón de preguntas que necesitaban respuestas, y llevaba toda la noche buscándolas. Le dio un sorbo a su café, y el calor de la bebida la hizo darse cuenta de cuánto frío hacía en aquella estancia; pero era más que evidente que, si había un momento para volver a hacer elucubraciones sobre las extrañezas que estaban ocurriendo a su alrededor esa noche, no era aquel.

—Verá, señor… hasta donde yo sé, la Torre debería estar cerrada esta noche. Así que, como comprenderá, me ha sorprendido mucho encontrarme tanta actividad al llegar.

Mazakala Hallorann rió por lo bajo.

—Como comprenderás, resulta prácticamente imposible cerrar un sitio como este… que está activo hasta cuando no hay nadie vivo dentro —contestó, con tono lacónico y algo torvo—. La Torre Pokémon nunca duerme… y menos cuando se supone que debería dormir. No podemos dejar este sitio completamente vacío, Campeona. Aunque nadie esté emitiendo, siempre encontrarás a alguien aquí.

Había un fondo de enérgica protesta en aquella respuesta que le recordó de inmediato al señor Fuji, y eso le bastaba para tener la certeza de que no le estaba mintiendo. Aquello podía explicar que alguien hubiera podido contactar con ella desde la radio… pero no explicaba la total ignorancia de los trabajadores al respecto de esa eventualidad; ni cómo había sido posible que Torrance recibiera una respuesta suya, aunque fuera prácticamente accidental, a través de un receptor de radio.

En fin, se dijo; mejor aparco eso también. Ahora tengo que ceñirme la lo esencial.

—Nada más llegar, me encontré con Remy Oak y Clee, y también les hablé del motivo que me traía aquí —empezó—. Estuvieron hablándome de la Mano Blanca, y de cómo ha empezado a atacar a los trabajadores de la Torre en los últimos tiempos ¿Puede decirme qué sabe de ella?

—La única certeza que tengo sobre ese ser es… que no estaba aquí cuando llegué yo. A Pueblo Lavanda, quiero decir —reconoció el anciano, sinceramente apesadumbrado—. Pero empezó a manifestarse mucho antes de que… desmantelaran el cementerio. Red Ketchum también tuvo encuentros con ella… aunque a él no intentó matarlo, desde luego.

Aquella aseveración hizo que, de repente, le viniera algo a la memoria. Un recuerdo vago, que tuvo que esforzarse un poco por rescatar, y del que estaba segura de que se le debía de haber escapado algo.

—Mientras estaba inconsciente en recepción, me pareció oír decir a Remy… o a Clee… que la Mano me había perdonado la vida porque estoy protegida por "un poder superior" —comentó—. En aquel momento no lo entendí… pero se me ocurre que tal vez podría estar relacionado con los pokémon legendarios con que me he cruzado.

Hallorann frunció el ceño, pensativo; pero no tardó en volver a encogerse de hombros.

—Lo dudo, Campeona —contestó, al fin—. A menos que alguno de esos legendarios en cuestión… fueran el mismísimo Hacedor o su Guardián, no sé de ningún pokémon legendario… que tenga poder sobre la vida o la muerte. Si hay alguien o algo que te protege… no es nada que tengas registrado en tu pokédex.

Cristal bebió rápidamente otros dos sorbos de café, esperando que se le asentaría un poco el estómago, porque aquella idea le provocaba cierta sensación de vértigo. El título de Campeona de Johto ya le quedaba bastante grande, y no quería ni imaginarse a lo que podrían estar refiriéndose Remy y Clee cuando dijeron aquello. Se sintió curiosamente aliviada cuando Dulce emitió una leve exclamación y tomó con entusiasmo la palabra, haciéndola olvidar momentáneamente aquella estremecedora idea:

—Disculpe, señor Hallorann… nos ha dicho que la Mano empezó a manifestarse después de que usted… llegara a Pueblo Lavanda —dijo, con los grandes ojos más brillantes que nunca— ¿No tiene una idea aproximada de cuándo apareció? A lo mejor eso puede darnos una pista sobre su verdadera naturaleza.

—¿Por qué? —Preguntó Cristal, con curiosidad.

La exorcista incluso se levantó del sofá y levitó por toda la habitación, como una cría de Eevee a quien la emoción hacía imposible quedarse quieta un solo segundo más; aunque luego volvió a su sitio, para concentrarse mejor:

—La principal teoría que manejamos en esta Torre… es que se trata de un fenómeno poltergeist ¿no? Y es evidente que no ha estado aquí desde siempre… De hecho ¡ni siquiera es normal que haya poltergeist en un cementerio! Así que ¿sabemos de algo que haya podido crear uno?

Si alguien le hubiera dicho a la joven entrenadora aquella misma tarde que aquella noche iba a reunirse con un fantasma, un psíquico y una trabajadora de la Torre de Radio de Kanto para sentarse a discurrir sobre parafísica en un antiguo cementerio embrujado, probablemente hubiera pensado que tenía demasiado tiempo libre; que seguramente habría pasado experimentando en su propio cuerpo los efectos secundarios de las esporas de Parasect o de algún tipo de baya de dudosa procedencia. Pero allí estaba; tal y como atestiguaba su Arcanine, que se había terminado las golosinas y parecía estar pendiente de cada cosa que se decía entorno a aquella mesita de café, probablemente para mantenerse despierto mejor.

—Yo me temo que no tengo ni idea de estas cosas —acabó reconociendo la Campeona, un poco avergonzada—. Es verdad que he aprendido mucho durante mis viajes e interactuando con pokémon… pero no dejo de ser una científica, que se dedica fundamentalmente a rellenar páginas de una enciclopedia. Lo más cerca que he estado de lo sobrenatural antes de recibir la emisión de Anthony Torrance ha sido combatiendo contra el equipo de Morti. Hasta los poderes de Tupeon… o sea, de mi Xatu, son un auténtico misterio para mí.

—O sea… que no sabes lo que es un poltergeist. —Resumió Dulce.

—Lo siento.

—No creo que tengas que disculparte por nada —le dijo Kira, dándole unas palmadas en la espalda—. En realidad, yo tampoco estoy segura de qué es. Bueno, sé que todo el mundo dice que la Mano Blanca es uno… pero no entiendo claramente a qué se refieren. Solo sé que, al parecer, no es un espectro… pero tampoco un pokémon.

—Sin embargo, debe de tener una naturaleza similar, o muy parecida —señaló Cristal—. Ya que el movimiento Tinieblas de Tupeon le efectó bastante. Pero también es cierto que su presencia no le provocó ese pánico terrible que parece inspirarle esta Torre.

—Eso es porque los poltergeists no son fenómenos fantasmagóricos, sino psíquicos —explicó Hallorann, con tono didáctico y paciente—. Son descargas de energía psíquica acumulada que se desatan sin control… puesto que carecen de consciencia propia. Suelen tener lugar entorno a adolescentes con algún tipo de habilidad extrasensorial… sobre todo cuando no están adecuadamente entrenados. Su energía no canalizada se amontona hasta estallar… como un dique que desborda al intentar contener demasiada agua.

—Por eso es tan raro que sean permanentes —añadió Dulce—. Normalmente se agotan al poco tiempo. Eso nos hace pensar que la Mano Blanca debe de estar… alimentándose de algo, de una fuente de energía psíquica cercana… que la mantiene fuerte y evita que desaparezca. Y por eso los pokémon de tipo psíquico no los temen… porque, al tratarse de poderes psíquicos, son resistentes a ellos. Por el mismo motivo… no es extraño que el movimiento Tinieblas le sentara mal.

Así que energía psíquica, se dijo la joven entrenadora, paladeando su siguiente sorbo de café. Estaba empezando a llegar al fondo de la taza, pero el azúcar que le había añadido Hallorann amortiguaba el potente amargor de la bebida. No pudo evitar que la mente se le desviara momentáneamente hacia el chocolate caliente que había tomado aquella misma tarde, en el Centro Pokémon, mientras charlaba con Danniel Torrance y la enfermera Joy. Un locutor de radio y entrenador de Gastly, recordó. Y una enfermera que había perdido un pokémon. Al Pueblo Lavanda no le gustaba en absoluto que su célebre y muy amada morada eterna, como la había llamado el anciano, hubiera caído en las garras despiadadas de Tohjo Newcaster, y menos todavía después de haber sufrido tanto durante tantos años de guerra, y luego durante el imperio criminal del Team Rocket; una rabia mezclada con impotencia que, como le habían explicado las hermanas Grady, compartían los residentes de ultratumba del lugar.

De repente, por algún motivo extraño, le vino a la mente algo que el profesor Oak le había comentado sobre el trabajo de campo desarrollado por un colega suyo, el profesor Abedul, basado en las entradas de la pokédex regional de Hoenn. Algo sobre un pokémon de tipo fantasma autóctono de aquella región que poseía extraños poderes asociados a las emociones negativas.

—¿Los desastres de la guerra, tal vez? —inquirió, aunque en realidad estaba pensando en voz alta— Eso podría tener sentido.

Arcapeon, acostumbrado a las divagaciones de su entrenadora, le recordó que no estaba sola con un ladrido juguetón que pretendía parecer de reproche, y ella regresó de nuevo al mundo exterior, para encontrarse a Kira y Dulce observándola con curiosidad. Hallorann la miraba también, con un brillo astuto en los ojos dorados.

—Perdonad, me he quedado un poco ida. —Se disculpó, sonrojándose.

Para su sorpresa, el hecho de estar manteniendo una conversación sobre los misterios de la Torre Pokémon debía de estar haciendo que el anciano cascarrabias estuviera particularmente de buen humor, porque parecía encontrar mucho menos ofensivo aquel momento de abstracción que el hecho de que Dulce le hubiera reprochado que le pusiera condiciones para darle información sobre la Torre.

—Oh, no pasa nada… para los psíquicos, la meditación es una necesidad elemental.

—Oh… yo no soy psíquica.

Hallorann pareció impacientarse de nuevo, y Cristal se sonrojó aún más, avergonzada.

—No hace falta ser psíquico para meditar.

—Yo solo estaba… divagando.

—¿Ah sí? —inquirió él, de nuevo con una chispa de poder en la mirada— Tal vez quieras compartir con nosotros… tus divagaciones, entonces.

Kira y Dulce se rieron por lo bajo, y la joven entrenadora se sintió de repente como si hubiera sido sorprendida sesteando en su pupitre durante una clase de Literatura. Respiró hondo para no tomarse la puya como algo personal; recordándose que, en realidad, era posible que aquella extravagante asociación de ideas tuviera algo de sentido. A lo mejor ellos tres, que estaban mucho más familiarizados con los fenómenos paranormales que ella, podían hacer algo con esa información.

—Si he entendido bien hasta aquí, eso de la "energía psíquica" es algo así como actividad cerebral proyectada fuera del cuerpo ¿no es así?

—Exactamente, joven. — Confirmó Hallorann.

—Entonces, la amplitud de estos poderes debe de estar asociada de alguna manera a las emociones… en tanto las emociones son, como el pensamiento, un indicio de actividad cerebral que se refleja en el cuerpo.

—Desde luego, joven. Por eso los poderes extrasensoriales son tan difíciles de controlar. Ander Natsume, compañero del Círculo Psy en mis años mozos… ya era una bestia colérica entonces. Era tan inestable… que hasta sus padres le tenían miedo. Se mató en un accidente doméstico a los veintiséis años… al tirarse abajo su propia casa estando él dentro, en un estallido de rabia. Y casi nadie se explica cómo es que no le ocurrió antes.

Cristal sonrió, a pesar de la punzada de miedo que le produjo el solo hecho de pensar en la idea de alguien tan poderoso como Mazakala Hallorann y con un temperamento aún peor que el suyo. Según tenía entendido, el Circulo Psy era una asociación conformada únicamente por estudiantes universitarios con capacidades extrasensoriales que aspiraban a dedicarse a investigaciones parafísicas, o a profesiones que les exigían el desarrollo y control total de su don. Había sido fundada junto con la misma Universidad Azulona, hacía casi setecientos años, con el objetivo de dar acogida y protección a estudiantes y estudiosos pertenecientes a un colectivo que, en aquel entonces, estaba terriblemente estigmatizado; pero, con el paso de los siglos, había crecido tanto en prestigio que ya no bastaba con ser psíquico para ser aceptado en ella: el mero hecho de poder decir que se pertenecía al Círculo Psy implicaba ser una persona a la que, como el mismo Hallorann acababa de explicar, era mejor no hacer enfadar en serio.

Pero ella ya se había propuesto no hacer más indagaciones personales que la desviaran de su investigación a menos que fueran necesarias; así que dejó de lado todas las preguntas que habían empezado a ocurrírsele y siguió desgranando su propia teoría sobre la Mano Blanca:

—Pues bien: en la región de Hoenn, al sur de la nuestra, dos chicos que también poseen una pokédex, Bruno Yuki y Aura Abedul, han registrado recientemente los datos de un pokémon de tipo fantasma llamado Shuppet. Al parecer, frecuenta el Monte Pírico, donde se alimenta de los sentimientos y pensamientos oscuros de los dolientes.

—No he oído hablar de esa especie de pokémon en mi vida —reconoció Hallorann—. Pero ¿qué puedo decir? Todos los días se aprende algo nuevo.

—Y digo yo… si los sentimientos y pensamientos oscuros pueden alimentar a un pokémon ¿no podrían también crear un poltergeist? —continuó Cristal. Estaba empezando a entusiasmarse también, y la expresión de sorpresa en la cara de sus tres compañeros de tertulia le decía, de alguna manera, que estaba en el camino correcto— Pensémoslo… primero, la guerra. Luego, el Team Rocket. Luego, el traslado del cementerio ¡Todo ese dolor! ¡Esa rabia, esa impotencia, esos deseos de venganza! Teniendo en cuenta, además, que en esta zona del país abundan tanto los humanos como los pokémon con poderes extrasensoriales…

—¡… debe de haber sido el mismo Pueblo Lavanda… que es famoso casi solamente por la Torre Pokémon… quien ha creado la Mano Blanca! —completó Dulce, contagiada por su entusiasmo, cuando la emoción le permitió expresarse con claridad— Eso explicaría, además, cómo un ser sin conciencia propia… puede tener cambios de comportamiento tan radicales y aparentemente impredecibles. De la misma manera que los lavandeses están furiosos… la Mano también lo está. Si es que se puede decir que algo que no piensa ni siente se puede enfurecer.

En cambio, Kira y Hallorann, no parecían en absoluto tan ilusionados con el posible descubrimiento como ellas dos. De hecho, a medida que la entrenadora y la exorcista habían desgranado aquella teoría, su semblante se había vuelto cada vez más sombrío.

—Si eso fuera verdad… entonces, la Mano Blanca no dejará de existir nunca —señaló la joven pelirroja, con tono apagado—. Porque Pueblo Lavanda, con o sin Torre Pokémon… siempre será la morada de los muertos. A lo único que podemos aspirar es a que vuelva… a ser inofensiva, y deje de destruir todo lo que se pone a su alcance. Y de intentar matar gente.

Cristal tuvo la sensación de que su entusiasmo se enfriaba, y el desaliento recorrió la estancia como un soplo de viento gélido. De pronto, el descubrimiento le pesaba por dentro, y casi hubiera preferido que le hubieran dado una prueba para descartar su recién propuesta teoría.

Sin embargo, el anciano no parecía realmente preocupado por si la Mano Blanca era o no un fenómeno permanente. De hecho, parecía abstraído, como lo había estado la joven campeona hacía unos minutos, repasando recuerdos y poniéndolos en orden, tras la pista de algo que le había venido a la cabeza de repente y que podía tener que ver con el asunto que estaban tratando (tal vez, después de todo, era precisamente a aquello a lo que Mazakala Hallorann llamaba "meditar"). Pasados unos minutos, emergió de su trance y asintió con gravedad:

—Tú teoría tiene sentido, Campeona… —dijo, al fin— De hecho, es altamente probable… porque, según creo recordar… las manifestaciones de la Mano Blanca empezaron a tener lugar… poco después de un molesto incidente asociado a… las tropelías cometidas por el Team Rocket. No recuerdo haber… tenido noticias suyas antes. Pero, ahora que hemos sacado algo en claro al respecto, estoy… aún más convencido de que la Mano es precisamente el menor de nuestros problemas. No creo que sea la razón por la que estás aquí esta noche.

No. No lo era.

De hecho, Remy y Clee también lo habían descartado.

Y ella sabía perfectamente que tenían razón, y por qué.

Miró subrepticiamente a Kira, que estaba apurando su taza de café. Casi le costaba asimilar que su nueva amiga había estado atrapada durante varios angustiosos minutos en lo que parecía ser el interior de las paredes, y que ella misma la había rescatado con un desafío que le recordaba sospechosamente a un ritual de exorcismo. Y no podía pensar en ello sin volver a tener la sensación de que se congelaba por dentro, de que estaba rodeada por un mar de oscuridad helada, constrictora, en la que no se oía más que un silencio que parecía venir justo después de una carcajada macabra también silenciosa.

Por no hablar de aquella extraña aparición que parecía haber asustado y exaltado tanto a Arcapeon, con su sonrisa aterradora y sus ojos como ascuas ardientes, saludándola con un gesto casi galante antes de esfumarse en el aire. Un saludo que podía ser tanto una declaración de paz como una burla.

—Remy y Clee también mencionaron a… los otros.

Hallorann soltó en la mesita su taza ya vacía y clavó profundamente en Cristal su mirada metálica, inescrutable y neutra, pero paralizante por algún motivo. La joven comprendió de inmediato, y al mismo tiempo, tanto que había planteado una cuestión particularmente interesante como tocado un punto particularmente sensible. Por enésima vez en lo que iba de noche.

—Ah ¿sí? —preguntó el anciano, con una sonrisa lobuna que no tenía nada que envidiar a las de Cross Kyo— ¿Y qué están comentando los novatos acerca de los otros?

¿Novatos? Se preguntó la entrenadora, sintiendo que se le secaba la boca sin saber exactamente por qué. Tal vez fuera porque había algo de sorna en la pregunta, acompañada de un fondo peligroso y torvo.

—"Me temo que la he cagado. A ver cómo salgo de esta ahora."

—Dijeron que solo uno de los otros sería capaz de provocar una alerta por código rojo —contestó, midiendo sus palabras. No era una respuesta demasiado comprometida ¿no? —. Y se asustaron mucho. Me dijeron que este asunto estaba fuera de mi alcance… y se marcharon.

—Así, sin más.

—Sí.

—¿Y no has vuelto a verlos por aquí?

—No.

—Entiendo…

Se dio cuenta de que había estado conteniendo el aliento cuando soltó un disimulado suspiro de alivio, en el momento en que el semblante del anciano se agravó de nuevo y pasó la vista por Arcapeon, Dulce y Kira. Algo que, por cierto, le estaba pasando demasiado aquella noche, y que, hasta ese día solo le había ocurrido mientras luchaba contra los Administradores del Team Rocket y durante su combate contra Lance. Tal vez debía tomarse aquel detalle como como un indicio de algo importante en lo que respectaba a Mazakala Hallorann y la Torre Pokémon; es decir, la Torre de Radio…

—"Cada vez me cuesta más pensar en este sitio como el sitio de trabajo en el que me ha citado Danniel Torrance para entrevistarme dentro de unas horas."

Ahora, Hallorann la estaba mirando de nuevo, pero ahora tenía una sombra de pena en los relucientes ojos. Como si hubiera leído en su mente lo que estaba pensando. Y, más tarde, caería en la cuenta de que, en efecto, así era.

—Verás, muchacha… eso de "los otros" es como a la sangre nueva le ha dado por llamar… a las almas de los pokémon que yacían en este lugar… desde antes de la guerra—contestó, con tono triste—. Un término que, por cierto, encuentro bastante ofensivo.

La joven no quiso preguntar por qué, pero no por nada aquel hombre era un psíquico.

—Porque, si la muerte no distingue entre pokémon y humanos… ¿por qué iba a distinguir entre unos pokémon y otros? —reflexionó— ¿Es necesario dar por sentado que un espíritu más antiguo, por ser más poderoso… supone un peligro mayor para los vivos? ¿Que estaría más dispuesto a asesinar que un muerto… más reciente? Tengo motivos serios para asegurar… que el viejo Alakazam del padre de Dick, que ahora mismo está extraviado… entre las cajas polvorientas que todavía se amontonan en ese repugnante Memorial… permanece aquí todavía, velando por el hijo de su entrenador. Dicen que fue él… quien evitó que la Mano Blanca lo tirara por la ventana hace unos días.

Cristal se estremeció de nuevo. Pero esta vez no era de frío, ni de miedo; sino de la misma emoción indefinida que la había embargado también varias veces en lo que iba de noche. Aquella especie de dolor caliente, irreparable, que le daba la sensación de que era en realidad su corazón lo que se estremecía, y no ella. Mazakala Hallorann clavó la mirada en el infinito, con una sonrisa nostálgica (también dolorosa, pero extrañamente reconfortante), antes de seguir hablando.

—Alakazam falleció siendo ya tan anciano como yo lo soy ahora… un año antes de que cayera la primera bomba, teniendo Dick Hallorann diez años. Su entrenador, mi pariente, mi amigo… mi hermano, Marius, había tenido que hacer un viaje largo… del que jamás regresó: el barco naufragó en los mares del norte, al chocar con un iceberg. Y su Alakazam le había jurado antes de que se marchara… que protegería a Dick (entonces recién nacido) y a su madre, pasara lo que pasara, hasta su regreso. Así que aquí sigue el viejo espectro del pokémon… cumpliendo su juramento en la muerte, como lo había cumplido en vida. Y solo descansará en paz… cuando Dick también esté en el seno de Arceus. Donde volverá a encontrarse con él y con su entrenador… y donde el pequeño no volverá a necesitar que nadie lo proteja nunca más. Dime, Campeona ¿realmente podrá este anciano causar tanto mal... aunque su tumba haya sido profanada? ¿Es que los muertos, por llevar muertos un tiempo, no tienen corazón?

La joven entrenadora llevaba ya unos minutos respirando hondo para no echarse a llorar otra vez; pero, simplemente, no pudo. Dos lágrimas se le escaparon rodando por las mejillas para ir a caer en su taza vacía, mezclándose con los posos del café. Arcapeon emitió un gañido triste y apoyó las patas delanteras en el sofá para lamerle la cara. Dulce, también conmovida, se secaba la cara con un misterioso pañuelo que nadie la había visto sacar, y hasta a Kira, a pesar de que daba la impresión de que ya conocía la historia, se le habían humedecido los ojos. Hallorann, que ahora parecía un poco incómodo, como si hubiera contado algo demasiado personal, prefirió no decir nada.

Haciendo acopio de su entereza, y recordándose por enésima vez que no tenía tiempo y fuerzas para volver a derrumbarse, Cristal acabó por decidir que tal vez lo mejor era responder a la pregunta del anciano, aunque supiera que era retórica.

—No me cabe duda de que es una distinción absolutamente ridícula —dijo, con total convicción—. Sin embargo, nosotras tres hemos visto cosas muy alarmantes esta noche: Kira ha sido secuestrada, a Dulce la han sometido… y todo para intentar impedirme cumplir mi misión. Sea lo que sea… o quien sea… no le importa utilizar incluso a otros espectros para conseguir sus fines.

—A nosotras también nos ha extrañado ese comportamiento —continuó Kira—. Por eso queríamos preguntarle a usted… si hay algo sobre este lugar que los más jóvenes no sepamos todavía.

—Por ejemplo, algo sobre cómo era la Torre Pokémon antes de que viniera el Team Rocket —concluyó Cristal—. A juzgar por el hecho de que ha podido someter a Dulce, nos parece que es obvio que se trata de un ente poderoso… y, si Dulce está en lo cierto, eso solo puede significar que es un espectro viejo.

—Es cierto, señor Hallorann —contestó la exorcista, con tono casi suplicante—. Ni siquiera recuerdo exactamente qué me pasó. Ni siquiera pude luchar. Tuvo que ser… fulminante de…

—¡Está bien, está bien! —la interrumpió el anciano, con el ceño fruncido y algo de renovada impaciencia— Es obvio que el ser que está poniéndole palos en las ruedas a la Campeona… es un espectro que tiene ya carrera. Esos indicios encajan completamente. Tampoco estoy diciendo que todos los espectros viejos sean… unos santos, o seres de luz con las manos, o las patas, siempre suaves. Solo quería dejar claro que un novato puede… llegar a ser más problemático que un antiguo. Aunque es evidente que… cuando a un antiguo le da por molestar… los resultados pueden ser catastróficos.

Así que, después de todo, Clee y Remy estaban en lo cierto, al igual que Dulce, se dijo Cristal. Eso explicaba el comportamiento extraño de Arcapeon, de quien parecía ser cierto aquello de que los perros tienen un pie en el mundo de los espíritus, y que parecía tener tanto miedo de aquella misteriosa criatura como ella, tal vez incluso más. A pesar de la presencia de Dulce, el pokémon estaba más relajado que nunca, acostado cerca de sus pies, dejando que Kira le rascara la tripa de vez en cuando. Era evidente que no percibía como una amenaza a todos los espectros; por lo que el ser con el que habían tenido que luchar debía de ser particularmente hostil.

—¿Y no se sabe de ningún fantasma de antes de la guerra que tenga un odio especial hacia los seres humanos? —le preguntó Cristal. Hallorann frunció el ceño y se recogió sobre sí mismo, lo que parecía ser su pose habitual para pensar— Uno tan poderoso que, cuando se manifiesta, pueda poner sitio a la Torre.

—Eso puedo decírtelo yo, Cristal —se adelantó Dulce—. Ningún fantasma puede, por sí solo, sitiar nada. Puede provocar un código rojo, desde luego… pero no a gran escala. No sin destruir el lugar que está embrujando completamente… y eso es algo que, normalmente, no nos interesa hacer. Sería como destruir nuestra propia casa. Para asediar un edificio entero es necesario un auténtico ejército… como sucede con los vivos.

—Y a mí no me viene a la mente ningún caso como el que usted dice —añadió Hallorann—. La mayoría de los pokémon que murieron en combate durante la guerra… descansan en paz, porque cayeron en el cumplimiento de su deber. Las víctimas de la guerra, como los asesinados por el Team Rocket… están llenas de rabia, desde luego. Pero, como vosotras mismas decís… carecen de poder para someter a los muertos. De hecho, me sorprendería mucho que alguno… tenga el menor interés en hacerlo. Ni siquiera a Marowak la pareció útil esa idea.

—Los muertos no suelen atacar a los suyos —repitió Kira, que había vuelto a la conversación. Arcapeon se había subido al sofá, para ubicarse entre ella y su entrenadora, y parecía tan feliz como si todos sus sueños se hubieran hecho realidad—. Esta es la primera vez que tengo noticia de algo como… lo que nos ha pasado esta noche.

Las tres jóvenes se miraron, inquietas. Al parecer, habían llegado a un callejón sin salida, y eso solo podía significar que iban a necesitar seguir buscando a Anthony Torrance, o al señor Fuji, completamente a ciegas, sin poder hacerse la menor idea de lo que les cabía esperar. Sin embargo, Hallorann continuaba reflexionando intensamente, así que guardaron silencio, esperando su respuesta final. Cristal pensó, durante unos instantes, que tal vez sería buena idea imitarlo, por si a ella también se le ocurría algo; pero le bastaba apartar la atención de aquella sala de descanso para que le vinieran a la mente de nuevo aquella ola de oscuridad, la imagen de Kira siendo devorada por el techo y la mirada burlona de aquel espectro inidentificado.

O, peor aún, inquietantes preguntas sin respuesta sobre qué estaba pasando en realidad en aquella condenada Torre; porque cada vez estaba más convencida de que había una extraña distorsión a su alrededor, en la que se adentraba cada vez más a cada segundo que pasaba allí. Las piezas encajaban cada vez menos a cada respuesta que recibía. Aunque normalmente disfrutaba de sus momentos en soledad, y solía rendir mucho mejor en solitario (los pokémon salvajes confiaban mucho más rápidamente en un ser humano que se les acercaba estando solo que en un grupo de personas; o, al menos, eso era lo que ella estaba acostumbrada a ver, tal vez estuviera relacionado con el pasado remoto de los seres humanos como cazadores en grupos grandes), le daba las gracias a Arceus y a todos Sus legendarios por el flechazo de Arcapeon y Kira, además de por la despreocupada positividad de Dulce: probablemente, si hubiera tenido que prescindir de su compañía y adentrarse completamente sola junto a sus pokémon aterrorizados en aquel viejo cementerio embrujado, intentando orientarse como pudiera en medio de aquella tensión tenebrosa sin una voz humana que le devolviera la palabra, hubiera acabado volviéndose completamente loca.

Y, por si fuera poco, Hallorann estaba empezando a darle la impresión de estar poniéndose cada vez más nervioso, aunque no exactamente por el mismo motivo que ellas.

—No he oído hablar de ninguna historia de espectros que… odian en especial a los humanos —dijo, al fin, con tono sumamente sombrío—. Pero sí he oído historias de un espectro que es capaz de todo… y, cuando digo de todo, quiero decir que no hay poder terreno que pueda impedírselo… para vengar la profanación de la Torre Pokémon.

Cristal, Arcapeon y Kira tragaron saliva al unísono, y Dulce se quedó con los ojos y la boca muy abiertos.

—¿Qué quiere decir con eso de… "vengar"? —preguntó la Campeona, con un hilo de voz. Hallorann parecía haberse puesto incluso pálido, y su frente se había ido empapando poco a poco en sudor sin que las chicas y el enorme perro se hubieran dado cuenta. Por primera vez desde que lo habían visto, aunque parecía estar luchando con denuedo para que no se le notara, era evidente que estaba más que preocupado.

—Quiero decir perseguir a aquellos que han osado… mancillar la tierra consagrada donde los muertos descansan… hasta la muerte y más allá.

Ver a Hallorann enfadado daba miedo; pero, desde luego, al menos en opinión de Cristal, verlo asustado daba verdadero terror.

—No lo entiendo… —preguntó Kira, nerviosa— ¿Qué significa… "hasta la muerte y más allá"? Quiero decir… los muertos sufren; pero no puede pasarles nada peor. No en este plano.

—En realidad, sí —contestó Dulce, con aprensión—. Pueden quedarse atrapados en este plano… para siempre.

—Exactamente —corroboró Hallorann—. Y ese es el destino que le espera a quien muere a manos de ese ser. Porque solo cuando él pueda trascender… podrán trascender sus víctimas también. Ya sean humanos o pokémon.

Aquel concepto hizo pensar a Cristal en la primera película de verdadero terror que había visto, hacía ya unos años: S.S. Abandonned, una historia de un barco fantasma cargado de oro y tripulado por el espíritu condenado de un viejo pirata, que asesinaba a todo aquel que lo abordaba por accidente e intentaba quedarse con el contenido, de modo que su alma quedaba atrapada; con el objetivo de crear una tripulación de fantasmas y conducir el navío al Infierno. Tal vez le hubiera impactado menos si no se le hubiera ocurrido la pésima idea de verla completamente a escondidas, mientras sus padres estaban fuera y en la sala de estar totalmente a oscuras; pero el caso fue que las sangrientas escenas le habían hecho apartar la vista varias veces y, aun así, le habían provocado pesadillas durante meses.

—Creo que no es la primera vez que tengo noticia de una historia parecida—dijo, al fin, estremeciéndose—. Historias sobre criaturas… o lugares… que atrapan las almas de las personas.

Hallorann agitó la cabeza con un gesto ambiguo y grave.

—Las historias sobre ladrones de almas existen en muchos lugares —contestó—. Parece ser que incluso hay pokémon de tipo fantasma que poseen… ese tipo de capacidad. Pero yo no estoy hablando de robar almas… sino de una auténtica maldición ancestral… creada expresamente para castigar la profanación de la Torre Pokémon.

—¿Cómo las de las pirámides? —Preguntó Cristal, perpleja.

—Sí y no —le respondió el anciano—. Estoy hablando de la historia del guardián de la Torre. Probablemente, hasta el mismo señor Fuji la considera una leyenda… porque nadie ha visto nunca al guardián en acción. Claro que… normalmente, nadie se atrevería a intentar provocar su ira.

—¿Por qué, si todo el mundo piensa que es una leyenda? —Preguntó Dulce, con sumo interés.

—Supongo que porque nadie en Pueblo Lavanda profanaría jamás la Torre Pokémon —le contestó Kira, encogiéndose de hombros—. Este lugar ha sido un símbolo de armonía entre los vivos y los muertos…

—… hasta ahora —terminó la Campeona. Y sintió sus propias palabras caer por su propio peso dentro de sus oídos como si fueran de cemento—. Desde luego, la persona que decidió que convertir la Torre Pokémon en una emisora de radio era buena idea tampoco conocía esta leyenda.

Desde luego, la idea de que un espectro que hubiera jurado atrapar en una especie de limbo a todo aquel que perturbara la paz de los muertos hubiera decidido entrar en acción, por algún motivo misterioso, aquella misma noche, no era una idea precisamente tranquilizadora para ella, ni como Campeona ni como visitante de la Torre en aquellos momentos.

El Arcanine debió de percibir que su entrenadora estaba al borde del pánico otra vez, porque se recostó contra ella amistosamente y la rodeó con su enorme cola, como había hecho en los lavabos. La joven pensó de repente en Cross y Velmy Kyo, y en todas las personas que había conocido aquella noche; incluidos Anthony Torrance, a quien ni siquiera había visto en persona, y Kira. Independientemente de las extrañas incoherencias que no paraban de aparecer por todas partes, y que disparaban todas sus alarmas cada vez que se permitía pensar en ellas, era posible que toda aquella gente estuviera en grave peligro.

Así que más la valía seguir capeando el miedo como buenamente pudiera. Después de todo, como científica que era, tener un mínimo de información sobre sus sujetos de estudio con la que poder trabajar, aunque la encontrase alarmante como persona, siempre era mejor que no saber absolutamente nada. Al menos, eso le daba mayor capacidad para tomar decisiones y, en caso de ser posible, ayudar en algo.

Pero para eso necesitaba unos cuantos datos más. De lo contrario, lo único que podría hacer sería seguir buscando al señor Fuji. O a Anthony Torrance. A quien encontrara primero.

—¿Qué dice esa leyenda exactamente, señor Hallorann? —preguntó, con renovada decisión— Tal vez contenga la clave para poner algo de luz en todo este asunto.

El anciano sonrió abiertamente, y se secó el sudor de la cara con un pañuelo que nadie le había visto sacar. Al parecer, ni siquiera el miedo podía impedirle disfrutar hablando sobre su tema de conversación favorito.

—Verás Campeona… como usted ya habrá deducido, Pueblo Lavanda es un lugar muy antiguo. Tan antiguo como la Ciudad Iris de Johto, tal vez incluso más aún… Siempre hemos sido un lugar de paso, y eso significa que este lugar siempre ha estado habitado… incluso mucho, mucho antes de que existieran Kanto y Johto… tal y como las conocemos a día de hoy.

"Hace muchos siglos, antes de la era de los Emperadores… estas dos regiones estaban divididas en varios grandes señoríos… gobernados por antiquísimos y poderosísimos linajes. Algunos de ellos han sobrevivido hasta hoy… e incluso poseen todavía gran parte de su viejo poder. El Clan de los Dragones de Ciudad Endrino era uno de ellos… poderosos señores que custodiaban la frontera entre ambas regiones. Al Oeste, los Hijos de los Espíritus, sacerdotes de Ho-Oh y Lugia… custodiaban todo lo que cubrían con su sombra las dos Torres de Ciudad Iris. Y aquí, en el Este… gobernaban los Señores de la Torre Sion. Era una familia inmensa y, aunque su rama principal, la familia Tamamuchi, reside todavía en Ciudad Azulona… ha dejado descendientes suyos en gran parte de la zona este de Kanto: los Natsume no solo proceden también de ese clan… sino que son precisamente ellos quienes han conservado los poderes psíquicos que… tradicionalmente, se asociaban a aquella familia. Si a esto le añadimos que a algunos de aquellos honorabilísimos señores les gustaba bastante, digamos… tomarse determinadas 'licencias' con las muchachas de la zona, si bien no todos los frutos de aquellas aventuras se podían demostrar… no debe sorprendernos que haya tantos psíquicos, con más o menos capacidades, en esta parte de la región."

"Cualquier árbol grande puede producir frutos sanos y frutos podridos, aún en la misma rama… pero, en el caso de la familia Tamamuchi, las diferencias daban terror. Cada vez que un señor moría, las gentes del feudo del Este se preguntaban si… el nuevo señor seguiría los pasos de su padre, si sería peor, mucho peor o infinitamente peor. Porque los impulsos lascivos eran prácticamente inofensivos en comparación con… otros comportamientos que habían llegado a verse en los Señores de la Torre Sion. Pero hubo un caso que, durante muchos siglos, no pudo mencionarse, en Kanto o Johto… sin que incluso los templados Hijos de los Espíritus se estremecieran de espanto… el de Kanaye Tamamuchi, que tal vez incluso tú misma conozcas."

—¿Kanaye Tamamuchi? —exclamó Cristal, repentinamente sobresaltada. Por supuesto que había oído ese nombre— ¿No era el tipo que celebraba su aniversario de bodas raptando a dos chicos y dos chicas seleccionados especialmente, que normalmente aparecían colgados cerca de sus casas a lo largo de los días siguientes con evidentes signos de agresiones de todo tipo y cuyos asesinatos jamás se investigaban, o eran anotados en los registros como "ejecuciones por latrocinio"?

—El mismo, Campeona. Era un hombre atractivo… pero despótico hasta un punto que resultaba monstruoso aún en su tiempo. No heredó los poderes psíquicos que sí tuvo su hijo, Isamu Tamamuchi… pero suplía con creces el no poseer ese poder con el miedo que inspiraba su crueldad.

—Tengo entendido que fue asesinado por sus propios siervos durante una revuelta… —comentó la joven, intentando recordar sus viejas lecciones de Historia del colegio— Y que, como castigo, los cabecillas fueron obligados por la princesa a suicidarse públicamente por traicionar a su señor.

—No comprendo a esa mujer… —opinó Kira, horrorizada—. Yo hubiera pasado noches enteras rezando… para que Giratina me librara de tener que vivir con alguien así.

—Que no os quepa la menor duda de que lo hacía —afirmó Cristal—. Se conservan cartas de Isamu Tamamuchi en las que hablaba de su padre como una bestia de rostro hermoso y sonrisa terrible, al que le bastaba levantar la voz para hacer temblar de terror a su madre. Por eso, en lugar de arrasar a sangre y fuego toda la zona, la princesa le concedió a los rebeldes el derecho a una muerte de guerreros. E Isamu Tamamuchi jamás les guardó el menor rencor… aunque, claro, ninguno de los dos iba diciendo en voz alta que les agradecían que se lo hubieran quitado de encima.

—Pues vaya consuelo. —Replicó Dulce, airada.

—Sí, supongo que cuando tu vida está amenazada constantemente, sobre todo cuando la razón es precisamente que tienes derecho de vida y muerte sobre los demás, acabas teniendo prioridades extrañas.

Hallorann carraspeó, y las tres jóvenes volvieron aguardar silencio y a prestarle al anciano toda su atención.

—Pues la leyenda del guardián está precisamente en el origen mismo de esa revuelta… de la que los libros todavía dan pocos detalles… pero los descendientes de aquellos cabecillas rebeldes saben perfectamente que fue iniciada por pokémon.

"La historia empieza dos días antes del decimocuarto o decimoquinto aniversario del Señor de la Torre… cuando la princesa y el único hijo habido en común, el aún niño Isamu, ya se habían 'retirado'… a los 'aposentos' secretos preparados para ellos, por supuestos motivos de seguridad. Esa era la manera de Kanaye Tamamuchi para cubrirse las espaldas… y que sus rivales no se sintieran legitimados para intentar derrocarlo. Su esposa, oficialmente, no sabía nada; no había visto nunca nada… no había oído nunca nada. Para cuando ella y el joven señor salían del aposento… todo rastro de la orgía asesina había desaparecido hacía días.

En aquellos días, vivía en esta zona una jovencita llamada Yellow. Había nacido en el Bosque Verde; pero, fallecidos sus padres y siendo todavía muy niña… los señores Dragones le habían permitido irse a vivir con unos parientes a los territorios del Este. Era una muchacha sumamente gentil, de la que se decía que poseía el misterioso don… que el Bosque Verde otorga todavía a sus elegidos. Cuando salía a recoger bayas en el huerto, o a pescar en la costa, o a buscar leña en los montes… los pokémon salvajes la buscaban, y ella los ayudaba… a buscar comida si estaban hambrientos, o los curaba si estaban heridos. A cambio, ellos la ayudaban a ella… a encontrar cosas que se habían perdido… o la protegían de pokémon hostiles al ser humano. Uno de aquellos pokémon se hizo tan amigo suyo que ella acabó por adoptarlo… un Growlithe alegre y vital, como acostumbran a ser todos los Growlithes jóvenes. Este era, además, un líder nato: casi todos los pokémon salvajes de las cercanías… incluso algunos más grandes y fuertes, confiaban en él. Pero él nunca se acercaba a otro ser humano que no fuera Yellow… a la que acompañaba a todas partes, como el más leal de los guardaespaldas."

"Naturalmente, algunos aldeanos dudaban incluso de que Yellow… fuera realmente humana, y muchos la consideraban una bruja. Pero era una persona tan dulce, tan dispuesta a ayudar a cualquiera que se lo pidiera… que no tardó en convertirse en una persona muy querida. Cuando creció, además, se convirtió en era una de las muchachas más bonitas que se habían visto nunca en la zona… con unos ojos verdes y vibrantes como las hojas frescas y los cabellos dorados como los rayos del sol entre las ramas. Así que, cuando llegó a la edad de merecer, casi todos los jóvenes casaderos que la conocían… le hicieron propuestas de matrimonio. Pero ella no llegó a poder elegir un compañero para su vida. Un día, mientras regresaba de una de sus visitas al bosque, se topó de improviso con una de las partidas de cacería del señor… que la vio pasar, rodeada de pokémon salvajes, de camino a casa. Tal vez ordenó a alguien que la siguiera e hiciera averiguaciones... porque, dos días después, llegó a casa de sus pobres parientes un regalo para ella. Un vestido de seda, digno de una auténtica reina… y varias joyas preciosas de valor incalculable, junto con una Bonguri tallada para Growlithe. Horrorizados, los parientes de la muchacha intentaron reunir todo lo que tenían… para mandarla de regreso al Bosque Verde de inmediato. No había hombre, mujer o niño que no supiera lo que significaba… atraer la atención del Señor de la Torre Sion justo antes del aniversario de su noche de bodas."

"No tuvieron tiempo. Esa misma noche llegó una litera a su puerta… escoltada por tres guerreros con antorchas. Si la joven no aceptaba la 'amable invitación' del señor… la familia sería encerrada a cal y canto en la casa, a la que se le prendería fuego. Yellow, naturalmente, no se atrevió a negarse. Se puso las hermosas ropas y las joyas que el señor le había regalado… y liberó a Growlithe y le dio las gracias por su amistad. Luego subió a la litera y se perdió en la oscuridad… flanqueada por los guerreros y sus amenazantes antorchas."

"Pero, naturalmente, Growlithe no iba a dejar las cosas así. Corrió a toda la velocidad que le permitían sus patas… detrás de la litera donde iba su amiga. En cada recodo del camino, iba dejando una señal. Durante las veinticuatro horas que duró el viaje, apenas se detuvo para comer… hasta que las puertas de la Torre Sion se cerraron delante de él. Entonces, emitió un larguísimo aullido… tan largo y tan fuerte que ascendió a lo más alto de la Torre, donde el señor estaba cenando… y penetró hasta las mismísimas entrañas de la tierra, despertando al hijo del señor y a su madre. Los guerreros que habían traído a Yellow sabían que los había seguido un Growlithe… así que informaron al señor. Este se rio con ganas y continuó cenando por toda respuesta."

"Pero a lo largo toda de la noche y de todo el día siguiente… fueron llegando a las puertas decenas de pokémon salvajes. Familias de Nidorinos y Nidorinas. Bandadas de Pigeotto, Ledian, Murkrow y Noctowl. Manadas de Vulpix, Growlithes y Pikachus. Se fueron congregando entorno al Growlithe, formando frente a la puerta cerrada y custodiada… posándose en las ramas de los árboles cercanos. Cuando empezó a caer la noche de nuevo, se sumaron algunos Diglett, Drowzee y Gastly. Y finalmente, cuando el sol se puso del todo, se lanzaron todos juntos al asalto."

"Todos los pokémon que podían volar o levitar cayeron como relámpagos sobre los pokémon y guardias que custodiaban la Torre… mientras, los demás se colaron usando Excavar e invadieron el interior del lugar… sembrando el caos y la confusión entre el servicio. Naturalmente, no podían ganar una batalla contra hombres armados… pero sí podían ganar tiempo mientras Growlithe recorría todos los pasillos, en busca de su amiga. Buscó a Yellow por todas partes, siguiendo su rastro... hasta que finalmente, la encontró: estaba ya en los aposentos del señor… que ya le había arrancado la ropa y azotado, y se disponía a ultrajarla."

"Mientras la muchacha intentaba escapar como podría… Growlithe se abalanzó sobre Kanaye Tamamuchi, sin la menor piedad. Ni siquiera intentó emplear sus movimientos. Cuenta la leyenda que consiguió arañarle tres veces y morderle dos. Primero le mordió en la pierna para arrastrarlo y apartarlo de Yellow. Luego lo derribó de tres zarpazos… con el primero, le abrió la espalda… emulando las heridas de la tortura que ya había sufrido su amiga… con el segundo, le arrancó el miembro viril… y, con el tercero, le desgarró su hermoso semblante sin remedio. Luego, se le lanzó directamente a la yugular… dispuesto, como jamás lo había estado hacia un ser humano, a matar. El señor consiguió protegerse el cuello con las manos… que también le quedaron cubiertas de heridas profundas. Y hubiera muerto en la segunda acometida del pokémon… de no ser porque, en ese momento, un guardia irrumpió en la habitación… y lo mató con una flecha directa en el corazón."

"Los médicos de la corte consiguieron detener las hemorragias… a tiempo de salvar la vida de Kanaye Tamamuchi. Pero eso solo sirvió para ganar unos días más de vida para sus víctimas. El señor de la Torre había quedado desfigurado e impotente… y satisfizo su frustración ensañándose en especial con Yellow. Sus parientes solo volvieron a verla junto con los otros tres rehenes, una semana más tarde… ahorcada en el árbol más grande de la zona con su propia larga melena rubia, que le habían cortado hasta la raíz… y el hermoso rostro tan destrozado como el del propio señor. Y esta vez, al pie del árbol, yacía el cadáver, espantosamente profanado, del valeroso compañero de la doncella del Bosque Verde… junto con los de otros pokémon que habían conseguido atrapar vivos durante el asalto, también horriblemente torturados hasta la muerte ¿Necesitáis una pausa, muchachas? ¿Y tú, Arcapeon?"

Solo entonces Cristal se dio cuenta de que se encontraba mal, y que llevaba varios minutos temblando, abrazada a su Arcanine, que también estaba temblando; al igual que Kira. A juzgar por los ojos desencajados de espanto de la exorcista, la única razón por la que no había vomitado ya era que no podía hacerlo.

La Campeona se planteó preguntarle a Hallorann si podía servirse un vaso de agua; pero se dio cuenta de inmediato de que, probablemente, si lo hacía, seria ella la que acabaría vomitando, además de no ser capaz de seguir escuchando el relato. Kira sollozó quedamente, escondiendo la cara en el espeso pelo de Arcapeon; que emitió un gañido bajo y le limpió las lágrimas con un lametón cariñoso.

—Había oído que el último abuso señorial de Kanaye Tamamuchi había sido particularmente cruel… —comentó Cristal, para ganar algo de tiempo mientras su estómago volvía a funcionar con normalidad y dejaba de retorcerse— pero no tenía ni idea de que llegara a esos niveles de sadismo. Aunque, claro… no es el tipo de cosas que se le cuentan en clase a los niños de primaria.

—No me sorprende, a mí tampoco me gustaría estar escuchándolo —repuso Dulce—. Pero supongo que forma parte de la leyenda del guardián… ¿o no?

—Por supuesto —contestó Hallorann—. Porque Yellow alcanzó la paz con la muerte, aunque fuera atroz. Pero… ¿creéis que su amigo, que murió intentando matar, pudo seguirla al Otro Lado? No obstante, no adelantemos acontecimientos.

"Aquella tropelía era más de lo que todos aquellos… que habían conocido y amado a Yellow podían soportar. Sus parientes la adoraban, y hubieran enloquecido por el dolor… de no ser porque uno de los jóvenes que la habían cortejado… a quienes todos llamaban Rojo, por ser valiente y obstinado… señaló abiertamente lo que los demás aldeanos, en su pozo de terror, no había podido, o no se habían atrevido, a ver."

"'¿Por qué han asesinado a la mascota junto a la dueña?' Dijo '¿Por qué todos estos pokémon del bosque arrojados como carroña… a los pies de su protectora y amiga? ¡Porque ellos han hecho lo que nosotros, los hombres, no osamos ni pensar! Kanaye Tamamuchi se reclama como nuestro señor y protector, que nos da a comer su grano y a beber de su agua… y vive en la Torre Sion mientras nosotros sembramos sus campos y construimos sus puentes y molinos. Pero ¿vale ese trigo toda la sangre de nuestras hijas, esposas y madres? ¿Valen más nuestras vidas que las que son segadas a placer ante nuestros propios ojos? ¿Valen menos las vidas de decenas de criaturas inocentes emparentadas con los dioses… que las de quienes entregan lo que no es suyo a cambio de un miserable día más de vida? ¿O es que hemos servido mal a nuestro señor… nosotros, que vivimos y morimos cuidando lo que es suyo diligentemente… e incluso obedeciéndole y sirviéndole hasta en aquello que más nos repugna? ¿Realmente es mejor morir deshonrado a manos de Kanaye Tamamuchi… que morir en combate a manos de los Dragones del Oeste? ¿O es que había alguien más digno de vivir para ver crecer a hijos y nietos… que mi amada; ultrajada y condenada a muerte únicamente por ser bella? ¿O que estos hijos y hermanos de nuestros amigos, todos amados por sus parientes, prometidas, esposas… que también han sido torturados y asesinados para satisfacer las pasiones diabólicas de un hombre sin corazón? Si vuestra respuesta a todo esto es que sí… volved a los campos y a los puentes y molinos. Seguid recibiendo la dudosa protección de Kanaye Tamamuchi y comiendo y bebiendo de sus tierras… a cambio de vuestros hijos y vuestras hijas, de vuestra sangre viva y del fruto de vuestra carne. No soy el Señor de la Torre Sion, no soy quién para exigir vuestras vidas… solo soy un hombre desgraciado que está cansado de recibir muerte y deshonra a cambio de un servicio leal… y que acaba de decidir que su vida no vale más que la Yellow del Bosque Verde ¡Pero, si estáis dispuestos a luchar… tomad cualquier arma que tengáis en casa y seguidme! ¡Hagamos que Kanaye Tamamuchi descienda de su Torre para responder por sus crímenes!'"

"Y, dicho esto, tomó la hoz con que recogía las cosechas en una mano… y un palo con el extremo afilado en el fuego en la otra. Y, tras dirigir una última mirada al árbol de la muerte y la horripilante montaña de cadáveres… emprendió el mismo camino que Yellow había tomado hacía varios días."

"Tardó unas horas en detenerse, para comer algo y mirar atrás antes de seguir andando… y cual no fue su sorpresa al darse cuenta de que los parientes de Yellow, así como los de los otros tres muchachos asesinados, todos acompañados por sus respectivos pokémon domésticos… lo estaban siguiendo. Y, detrás de ellos, caminaban otros que también habían perdido a sus prometidos y prometidas…, o a sus hijos e hijas, para satisfacer el capricho malsano del señor. Y, en cada asentamiento del dominio por el que pasaban… iban contando a dónde iban; entonces, varias personas y pokémon más… tomaban sus armas o herramientas y se les unían."

"Cuando llegaron ante la Torre Sion, ya no eran solo un grupo de campesinos preparados para morir… sino una auténtica muchedumbre armada y enfurecida, cansada de sufrir abusos. Pero todavía no sabían que iban a contar con ayuda."

—Déjeme que lo adivine —comentó Dulce, ahora con un brillo retador en los grandes ojos castaños— ¡Los pokémon muertos durante el primer asalto a la Torre!

—Exactamente, jovencita —corroboró Hallorann—. Las almas de los pokémon atrapadas en este plano a causa de la carnicería… solo podrían descansar en paz si cumplían, en su muerte, lo que no habían podido cumplir en vida.

"Todo empezó con un aterrador aullido… que despertó de improviso al señor y a su familia. Era el mismo que habían oído hacía una semana… pero mucho más espantoso, porque parecía provenir al mismo tiempo… de todas partes y de ninguna. Era como si las mismas paredes aullaran de dolor y rabia. El señor salió de su alcoba para averiguar qué ocurría… y, al asomarse por la ventana y ver a la muchedumbre fuera, con armas y antorchas… llamó a sus hombres a las armas y trató de regresar al lecho… pero no pudo. La puerta se había cerrado sola, y por más que la princesa intentó abrirla desde dentro, no pudo. Tampoco pudieron echarla abajo, por más que el señor lo intentó… era como se hubiera convertido en parte de la pared. Cuando fue corriendo a los aposentos del heredero… comprobó que había pasado lo mismo. Al igual que con las puertas de las dependencias de la servidumbre."

"En cambio, la puerta del castillo se había abierto… y los guardias y soldados se habían encontrado de repente, sin previo aviso, atacados por los campesinos. Los arcos habían desaparecido, así que no pudieron atacar desde el interior. Las lanzas habían sido misteriosamente destruidas. Así que se vieron obligados a luchar cuerpo a cuerpo… contra un ejército que les superaba en número. Finalmente, un grupo de catorce personas, dirigidas por Rojo y los parientes de Yellow, entraron en la Torre… y acorralaron al señor, a quien el mismo soldado que había matado a Growlithe trataba de ayudar a escapar por los túneles… que conectaban los subterráneos del castillo con el exterior. Lo hubieran conseguido, de no ser porque, de repente… el espíritu de Growlithe había poseído el cuerpo de su asesino para atacar al señor. Llegaron justo en el momento en que Kanaye Tamamuchi atravesaba con su espada… al hombre que, hacía una semana, la había salvado la vida. El combate contra Rojo no fue largo… porque el filo de su hoz, en lugar de embotarse con cada vida que se cobraba… se había afilado misteriosamente tanto o más que el de la mortífera katana del señor… a quien se le habían reabierto las heridas recientes durante el combate contra el hombre poseído. El muchacho lo decapitó de un solo golpe tras varias cometidas, y tras haber recibido él mismo varias heridas… y se asomó por una de las ventanas de la sala de audiencias, con la cabeza en la mano. Al ver que el señor estaba muerto, cesaron todos los combates. Las puertas cerradas del castillo se abrieron… y todo quedó en silencio. Todas las almas de los pokémon asesinados por Kanaye Tamamuchi descansaron en paz desde ese instante… y el resto, según me parece, ya lo conoces, Campeona."

—Los campesinos abandonaron el castillo de la misma manera que habían entrado —contestó Cristal, asintiendo en silencio, prosiguiendo con el relato—. Varios guerreros habían muerto a manos de los rebeldes, pero tanto la servidumbre del castillo como la familia de Kanaye Tamamuchi estaban ilesos: el único objetivo de la venganza de los campesinos era el señor. El grupo que había entrado al castillo ni siquiera se molestó en intentar huir: temiendo que sus familias y vecinos fueran atacados como represalia, se entregaron, declarándose voluntariamente como instigadores de la rebelión. Rojo entregó en persona a la princesa el cadáver de su esposo. Así que ella los mandó apresar… y los sentenció a un suicidio ritual en público. Tras las exequias de Kanaye Tamamuchi, ascendió al trono su hijo, Isamu Tamamuchi. Pero ¿qué tiene que ver todo esto con la leyenda del guardián?

—Tiene que ver que, en los días siguientes… se descubrió que una de las almas en pena atrapadas en la Torre Sion no había alcanzado la paz aquella noche —contestó Hallorann, con tristeza—. Porque el aullido de Growlithe, terrible pese a ser inofensivo… continuó despertando a la princesa y al ahora joven nuevo señor, noche tras noche… a la misma hora en la que el leal pokémon había sido asesinado para salvar la vida de un tirano. Y esta es la parte de la historia que se ha convertido en leyenda.

"La princesa era, pese a todo… una mujer honrada y piadosa, además de inteligente. Tal y como vosotras habéis dicho, era profundamente desgraciada… y librarse de Kanaye Tamamuchi, probablemente, le salvó la vida a largo plazo. Ella nunca había amado a su marido, y él lo sabía… además de que era celoso, como suelen serlo los hombres lascivos. Aunque ella se amparase en su propio honor para serle fiel… aunque incluso hubiera acabado encontrando en la compasión una manera de llegar a amarlo… quien tiene el corazón ensombrecido no ve más que sombras por todas partes. Por eso, como bien ha dicho la Campeona… fue relativamente compasiva con los rebeldes. E Isamu Tamamuchi creció sabiendo bien la clase de hombre había sido su padre."

"Tras consultar con los sabios de la corte acerca de los aullidos de Growlithe… la princesa llegó a la conclusión de que la Torre Sion estaba mancillada sin remedio… por las acciones impías cometidas por su marido. Así que convenció al joven señor de que ubicara su residencia en otro lugar… y consagrara aquella torre a la memoria de los pokémon asesinados injustamente por Kanaye Mamamuchi."

"De esta manera, la corte se desplazó a la que hoy es Ciudad Azulona… y se estableció en una de las fortalezas satélites, que pasó a ser la morada ancestral de los Tamamuchi. Y Growlithe y sus compañeros de combate… fueron enterrados con honores en las cámaras más profundas de la Torre Sion, que pasó a ser conocida como la Torre Pokémon."

"Entonces, cesaron los aullidos de Growlithe… y las gentes interpretaron aquella calma como un indicio de que estaba complacido. Y así fue como el lugar se convirtió, oficialmente, en un cementerio de pokémon. Los años transcurrieron… pasaron las generaciones, y las gentes de la zona se establecieron en sus cercanías… y fundaron su propio núcleo urbano: Pueblo Lavanda."

—Pero ¿qué fue de Growlithe? —preguntó Kira, inquieta— Dice usted que las manifestaciones cesaron cuando… el lugar se convirtió en cementerio para pokémon.

—Sí, es cierto que dejó de manifestarse…—concedió el anciano, con voz triste— Pero solo fue por un tiempo. Un tiempo largo… pero no eterno.

Kira y Dulce se miraron, ahogando una exclamación de horror, y Cristal volvió a sentir el vértigo rápido como una descarga escalando por sus piernas. El pánico le pedía que se levantara de aquel sillón y huyera de allí, de la sala de descanso, de la Torre y del pueblo; pero algo le decía que, si intentaba hacerlo, se caería redonda al suelo, como si las piernas se le hubieran vuelto líquidas.

—Había muerto intentando matar —continuó el anciano—. Tamamuchi mató a su asesino, y Rojo mató a Tamamuchi… así que aquella cólera asesina no pudo apaciguarse tan fácilmente como la de los… pokémon asesinados como represalia por el asalto. Que este lugar se convirtiera en cementerio le dio… un propósito a su larga penitencia: cuidar de este lugar… hasta que su alma sane.

—¿Cuándo? —Preguntó Cristal, con un tono que le pareció antinaturalmente perentorio y frío, como si no estuviera saliendo de su boca. Hallorann supo sin dificultad, por la palidez de su cara, a qué se refería.

—Unas cuantas veces —contestó, con un tono tan alarmantemente parecido al de la joven que ella no necesitó mirarlo para saber que él tampoco estaba precisamente tranquilo—. No se sabe claramente cual fue la primera… pero solo ocurre muy de tarde en tarde. La gente, como dice Kira… rara vez tiene corazón para hacer el tipo de cosas que encolerizan al guardián. Pero cuando eso sucede… se oye en todo Pueblo Lavanda… y nadie vuelve a entrar en la Torre, salvo los sacerdotes y exorcistas… hasta que no se hayan rezado las plegarias y realizado el ritual adecuado.

—Pero… ¿cuándo? —Volvió a preguntar, y esta vez sí se le escapó una punzada de pánico.

—La primera vez que yo lo vi fue durante la guerra —continuó explicando el anciano, con paciencia—. Una bomba teselia cayó sobre la Torre, y destruyó o dañó al menos veinte tumbas. En esa ocasión, no llegó a matar a nadie… y todo se solucionó en cuanto pudieron repararse los daños. La siguiente vez fue cuando el Team Rocket… asesinó a Marowak dentro de la misma Torre Pokémon.

—Derramar sangre en tierra consagrada es un terrible pecado —comentó Dulce—. No es de extrañar que el guardián… considerara que el cementerio había sido profanado.

—Uno de los reclutas que se empeñaron en mantener a Fuji… retenido en el santuario, fue a explorar el lugar en busca de más pokémon salvajes —explicó Hallorann—. Ni él ni sus pokémon volvieron a ser vistos con vida… pero el guardián se volvió a tranquilizar cuando Marowak trascendió. Y la última…

Tuvo que tomarse una pausa para humedecerse los labios, y a Cristal casi le pareció un prodigio que consiguiera terminar la frase.

Pero no le sorprendió en absoluto lo que dijo:

—… la última fue cuando trasladaron el cementerio. Desde entonces, no importa cuántos exorcismos haya hecho Fuji… ni que se haya construido el Memorial para acoger el cementerio desmantelado… nada ha conseguido apaciguar al guardián todavía. Y no sabemos si volveremos a ver el día en que estemos verdaderamente tranquilos.


Cristal, Arcapeon y sus nuevas amigas han conseguido desvelar parte del misterio... pero la situación parece más oscura que nunca. Al parecer, están en un peligro particularmente grave, pero ¿por qué motivo? ¿Quien es, y dónde está, Anthony Torrance? ¿Habrá alguna manera de apaciguar los ánimos de encolerizado guardián de la Torre? Continuará...