ADVERTENCIA: RATED M

Ya estáis viendo que las historias que los fantasmas tienen que contar no son para niños: este es un mundo pokémon donde han pasado cosas horribles; así que se hace alusión a temas adultos y con un vocabulario bastante violento. Para quienes sean inmunes a mi paranoia y hayan llegado hasta aquí… ¡disculpen la tardanza y gracias por la lectura! ^^


Cristal tuvo la sensación de que todas sus vísceras se encogían y se convertían lentamente en piedra. Casi le sorprendió que el repentino peso del interior de su cuerpo no hiciera que se le cayeran al suelo

―Pero… no puede ser ―balbució. Su voz debía de sonar tan entrecortada y temblorosa como ella misma la percibía; porque Arcapeon emitió un leve gañido de preocupación y le lamió una de las mejillas, intentando reconfortarla―. Lo vi esta tarde, en el Centro Pokémon, y estaba bien. Tenía buen aspecto, y parecía… sano y fuerte. Sí, es muy anciano, pero… si estuviera a punto de morirse, se notaría de alguna manera ¿no? El cuerpo avisa cuando está empezando a fallar…

Tenía la sensación de estar hablando a borbotones, escupiendo las palabras según le venían a la mente; como si una parte de ella temiera, por algún motivo, que cayeran con todo su peso sobre la realidad y se cumplieran en cuanto se callara. Tony asintió con solemnidad:

―Sí, nosotros dos también lo vimos ―contestó―. Precisamente, venía hacia el Centro Pokémon a recoger a su equipo, y nos cruzamos con él. Y tienes razón, no tenía mal aspecto ni, mucho menos, pinta de estar muriéndose… y sé de lo que hablo: puedo distinguir sin problemas una presa fresca y saludable de una cuya vida está en peligro. Te garantizo que, cuando me encontré esta tarde con él, y Danniel y yo nos ofrecimos a ayudarle esta noche, hubiera podido dar de comer a tres como yo sin tener siquiera que empezar a temer por su vida.

―Pero ¿entonces? ―Inquirió la Campeona, estremeciéndose, pero intentando pasar por alto el exceso de información que le estaba aportando el Gastly. Este tal vez se dio cuenta de la reacción que la joven entrenadora estaba intentando camuflar; pero se limitó a responder:

―La cuestión es que eso no significa gran cosa ahora mismo. Incluso un hombre con la mitad de edad y el doble de fuerza que el señor Fuji podría acabar destrozado en un choque contra un espectro antiguo: según lo que Kingdra me contó, y los datos históricos de dominio público sobre la conquista de Kanto por los señores dragones dan a entender, el soldado que murió de un infarto durante su incursión en la Torre no tenía precisamente la edad de Lance Wataru; pero todavía era lo bastante joven como para entrar en combate, e para incluso matar y morir, espada en mano, al servicio del Emperador. Creo que me entenderéis mejor si termino de poneros al día.

"Naturalmente, tal y como nos había pedido él mismo, informamos al señor Fuji de inmediato acerca de los resultados de nuestras pesquisas en cuanto los obtuvimos. Incluso nos atrevimos a hablarle de nuestras propias conjeturas. No sé si debería sorprenderme o no de cómo se las tomó: pareció envejecer diez años más solo en el transcurso de esa conversación."

"—Muchacho, vales demasiado para el trabajo tan ingrato que te ha tocado hacer —le dijo a Danniel. Probablemente lo hubiera dicho sonriendo, si las noticias que le estábamos dando no fueran tan malas—. Tienes un olfato fino, sabes dónde mirar y a quién escuchar y eres capaz de ir aún más allá de todo eso. Tu Gastly y tú hacéis un equipo como he visto pocos."

—¿El señor Fuji os dijo eso? —preguntó Kira, con la boca abierta— ¡Guau! Debe de teneros… en mucha consideración. Creo que nunca lo he oído hablar así de… ninguno de los trabajadores de la Torre.

—¿A qué se referiría con que el trabajo que "le ha tocado hacer" es "ingrato"? —preguntó Dulce, más para sí misma que para Tony— Porque no me imagino al señor Fuji… diciendo algo como eso de una investigación… como la que habéis estado haciendo. Y tampoco creo que Danniel la haya considerado como una tarea… "ingrata".

Tony emitió una risita entre dientes.

—Probablemente se refiera a su trabajo como locutor en la Torre de Radio: a mi colega le encanta todo lo que implique meterse en un archivo y no salir en tres días, desde luego; pero es obvio que nuestro vejete favorito no ve bien absolutamente nada que pueda estar relacionado con el nuevo uso que se le está dando a esta parte del cementerio. No hemos necesitado en ningún momento que nos diga que ha aceptado colaborar con el proyecto inicial de Danniel, no para sacar adelante el programa "Pokémon Mundo Misterioso" (que, en lo que al él respecta, podría irse tranquilamente al Infierno junto con el resto de la programación de radio emitida desde este edificio), sino porque intuía que era una oportunidad de oro para denunciar ante el resto del mundo la injusticia que se le ha hecho a Pueblo Lavanda. Aunque tengo que reconocer que los términos empleados me desconcertaron un poco: era obvio que estaba hablando con mucha intención, aunque no se me ocurre cuál puede ser.

—Supongo que lo que dijo implicaba que estaba de acuerdo con la teoría de la que nos acabas de hablar —comentó Cristal, regresando al tema central de la conversación. Tenía que contar con la información completa cuanto antes; si los temores del Gastly tenían un mínimo de fundamento, cada segundo de tiempo que dejaban pasar sin ponerse en marcha de nuevo era irrecuperable—. Pero eso no nos explica por qué crees que el señor Fuji podría haber muerto.

—¡Pues porque, si el problema es que el acuerdo con Growlithe se ha roto, la única manera de capear su cólera es hacer uno nuevo! —exclamó Tony, con tono impaciente, como si fuera obvio (probablemente, para alguien que había investigado tanto al respecto, lo fuera)— La razón por la que la Torre debía estar vacía esta noche es porque Fuji quería hacer un último intento para apaciguar al guardián… un último exorcismo.

"El señor Fuji nos comentó, una vez le explicamos lo que habíamos averiguado, que siempre había tenido la impresión de que se producían fenómenos acústicos extraños en las salas más profundas del Memorial, y que a veces creía percibir que la atmósfera del sóntano era vagamente distinta de como suele ser en las criptas al uso. Incluso estaba convencido de haber oído golpes procedentes del interior de esos muros que, supuestamente, dan solo a la tierra. Naturalmente, son cosas que pueden pasar cuando uno lidia con fantasmas; pero la información que le habíamos traído arrojaba una luz nueva, e inquietante, sobre esos fenómenos que le habían parecido, en un principio, puramente sobrenaturales. Nos dijo que ahora le tocaba a él hacer su parte de la tarea, y que nos llamaría en cuanto hubiera averiguado algo."

"Aunque no nos lo dijo como tal, nosotros sabemos que se adentró en el Memorial… y que tardó horas y horas en volver a salir. Si es que consiguió salir con su propio pie, porque lo siguiente que supimos de él es que todo su equipo pokémon se pasó varios días en el Centro Pokémon tras escaparse como pudo de las criptas. Entonces, hizo algo que no había hecho jamás, probablemente porque se había prometido a sí mismo que jamás lo haría: vino a la Torre de Radio. A buscarnos a nosotros dos."

"Venía acompañado de la enfermera Joy, porque le costaba mantenerse en pie. Y estaba blanco como el papel, como si hubiera visto a Giratina en persona. La enfermera, muy preocupada, nos dijo que le había pedido que se relajase y se tumbara a descansar un poco, o que, al menos, esperara a que terminara nuestro turno de trabajo para venir, porque estaba prácticamente al borde del colapso nervioso; pero que él se había negado: al parecer, lo que tenía que decirnos era demasiado urgente como para esperar un solo segundo más. Luego, discretamente, alegó que alguien le había preguntado al entrar algo sobre cómo curar las quemaduras solares en pokémon de tipo planta, y nos dejó a solas con él."

"Solo entonces empezó a contarnos lo que lo traía allí. Que no era otra cosa que confirmarnos que, efectivamente, Danniel y yo habíamos dado en el clavo de lleno."

"—Los ultrasonidos de Crobat no solo han detectado varias sepulturas bajo el suelo de mármol nuevo de varias cámaras —nos explicó—. También ha revelado que las paredes son, en realidad, tabiques: al otro lado hay más salas… más criptas… más tumbas. Es un hecho prácticamente demostrado: se ha destruido una parte de las catacumbas para hacer el Memorial. El daño causado es prácticamente irreparable. Podemos considerar una merced por parte del guardián el que todos nosotros continuemos con vida."

"—Entonces ¿qué podemos hacer? —Le preguntó Danniel."

"Se había puesto tan blanco como él, pero también tenía en la cara la misma expresión de resolución. Podía sentirlo como si me lo dijera por telepatía: solo necesitaba que Fuji le pidiera en voz alta que se tirara de cabeza dentro del Memorial a media noche para hacerlo sin rechistar. Y yo con él, todo hay que decirlo. Pero, por el tono que se desprendía de la conversación, era evidente que el sacerdote no quería ni oír hablar de semejante idea, que le parecía poco menos que suicida incluso para él."

"—Lo único que puede salvarnos de la cólera de Growlithe: liberarlo de su misión —nos dijo, con una firmeza que me provocó escalofríos incluso a mí—. Parlamentaré con él directamente… y le suplicaré que dé por terminada su labor como guardián de la Torre Pokémon."

"—Pe-pero… ¿cómo? —preguntó mi compañero— Como buen guardián que es, no aceptará abandonar su misión. Para hacer un trato, hay que ofrecerle algo a cambio… y ya no nos queda nada con lo que pactar."

"El anciano sacerdote nos dedicó una sonrisa torcida y nos miró con un brillo intenso en los ojos."

"—Voy a ofrecerme a ocupar su lugar, Danny —confesó, con solemnidad—. De esa manera, el cementerio entero pasará a estar bajo mi control y responsabilidad total."

"Esta vez no pude aguantarme más y me puse a ladrar yo, porque mi colega se había quedado sin palabras. Le dije al vejete que aquello era una auténtica locura, que no sabíamos claramente lo que implicaba convertirse en guardián del cementerio, y que aquella era una decisión demasiado terrible como para tomarla en el estado en que se encontraba él en ese momento."

—¿Te permitiste plantarle cara al señor Fuji… en plan enfermera Joy? —le preguntó Dulce, con aire divertido— Me hubiera gustado verlo. No debe de ser algo que pase… todos los días.

Tony sonrió de nuevo, esta vez con cierta melancolía. La expresión casi lo hacía parecer un adolescente humano normal.

—Me arrepentí de mi arranque de inmediato, al darme cuenta, por la expresión de su cara, de que estaba entendiendo perfectamente lo que le decía, aunque le estuviera hablado en mi lengua pokémon. Y yo había esperado que sacaría a relucir otra vez esa aura de fuego que lo caracteriza, y que nos mandaría a los dos a freír espárragos… pero no. Su sonrisa torcida se hizo aún más amplia, y me pareció más joven y más viejo que nunca al mismo tiempo. Entonces, me dijo:

"—¿Qué puedo perder ahí abajo que no haya perdido ya, muchacho? Tú nunca podrás entenderlo, pero tu entrenador sí; así que dejadme que me explique: he sido un doctor en genética aún más reconocido y admirado de lo que lo soy ahora como sacerdote. Además de entrenador, he sido hijo, esposo y padre. He vivido más de lo que muchos de mi raza han podido siquiera soñar con vivir: he hecho el bien y el mal, vencido y sido derrotado; he sufrido… he amado. Como científico (la ciencia es algo que uno lleva en el corazón y en la cabeza, y cosas peores que lo que me ha ocurrido a mí, y que lo que he hecho yo, tienen que pasar para que un científico deje realmente de serlo), solo hablo con conocimiento de causa y pruebas sólidas en las manos, y este es el descubrimiento que he hecho yo: aunque la vida es un don precioso y sagrado, te quita muchas más cosas de las que jamás podrá quitarte la muerte. A mí me quitó a mi amada, a mi pequeña, mi pasión por el saber y mi fe en mí mismo y en mi naturaleza humana. Fue mi sangre caliente, e hirviente de rabia y rencor (¡yo estaba vivo!), y no lo que creía que era la pérdida de mis dos tesoros más preciados (¿por qué tuvieron que ser ellas, y no yo, quien muriera?), la que me arrojó en brazos de aquel monstruo desalmado que me prometía mil quimeras a cambio de lo poco que quedaba de mi destrozado corazón. No quiero irme de este mundo antes de haber saldado mis propias cuentas pendientes con él… pero no le tengo ningún miedo a ese día que a todos nos ha de llegar. Si el Creador ha decidido que el mío ya tiene fecha, y que se ha decidido así por las vidas y las almas de decenas de inocentes… sobre todo las de quienes, a pesar de mis pecados, me han abierto las puertas de sus casas y de sus corazones sin preguntarme cuáles eran ¿quién soy yo para negarme a cumplir con mi última misión como siervo suyo? ¡Que así sea! Será una muerte mucho más honrosa que gran parte de la vida que me ha llevado hasta ella."

"Creo que ha sido la primera vez en mi vida que me he echado a llorar. No tengo motivos para avergonzarme de ello, porque Danniel también lo estaba haciendo. Y, si vosotros hubierais estado allí… también lo habríais hecho."

"Finalmente, Danniel recobró el habla:"

"—¿Qué pasará si no funciona, señor? —preguntó, todavía conmovido y con la cara llena de lágrimas— ¿Qué pasará si Growlithe se niega? ¿Y si, además, lo mata?"

"—Soy un sacerdote de Arceus, además de inocente del pecado que el guardián nos imputa, y es lo único a lo que puedo agarrarme —respondió el señor Fuji—. De cualquier manera, soy la única persona que hay ahora mismo en Pueblo Lavanda que puede cumplir con esa misión. Y no podemos esperar más: a cada minuto que pasa corremos más peligro."

"Entonces, le puso la mano en el hombro a Danniel y nos dirigió a los dos una mirada cómplice. La sonrisa que apareció en su cara era como la de un abuelo mirando a un nieto un poco travieso al que quiere mucho: dulce y tierna, con un toque admonitorio que no puede ocultar bien el cariño y la confianza que hay detrás."

"—Además de que, como ya os he dicho, tengo unas cuantas cosas que hacer todavía antes de que Giratina venga a por mí… ¡así que mis chicos y yo no vamos a ponérselo nada fácil! —dijo, riéndose—. Por favor, cuando todo esto haya acabado, venid a verme."

"Entonces, la enfermera regresó, y el señor Fuji volvió a irse con ella. Parecía mucho más tranquilo, como si hubiera saldado una de esas cuentas pendientes que acababa de decir tener."

"Hace tres días, el director Hallorann y la agente Mara nos reunieron de urgencia a todos los trabajadores de la Torre de Radio y a sus compañeros pokémon respectivos. El director nos comunicó que debíamos preparar una programación especial para emitirla automáticamente esta noche; porque la Torre debía permanecer cerrada desde el ocaso hasta el amanecer. La agente Mara nos explicó que había sido el señor Fuji quien había hecho la petición, porque había descubierto que era necesario realizar un exorcismo particularmente complejo y peligroso; por lo que iba a ser necesario que todo Pueblo Lavanda se mantuviera a buen recaudo, en especial quienes trabajábamos en la Torre de Radio. Por ese mismo motivo, le recomendaba a toda persona presente en el pueblo durante esa noche que permaneciera en su casa."

"Desde ese momento, tanto Danniel como yo lo tuvimos más que claro: no íbamos a dejar que Fuji llevaba a cabo aquella intentona desesperada totalmente solo; aunque solo fuera para que hubiera alguien cerca que pudiera impedir que el guardián se lo comiera vivo."

"No tuvimos ocasión de volver a hablar con él hasta esta tarde, cuando venía hacia el Centro Pokémon para recoger a su equipo. Nos impactó en especial verlo salir de la niebla crepuscular con sus ropajes de sacerdote, como si él mismo fuera un espectro: a pesar de estar visiblemente en perfecto estado de salud, tenía las facciones pálidas y endurecidas, como la estatua de un antiguo rey encolerizado, y tenía la mirada perdida en el infinito. Si no lo hubiéramos llamado, a pesar de estar a apenas unos pasos delante de él, probablemente ni siquiera nos hubiera visto. Daba la impresión de estar ya más en el Otro Lado que en Este.

"Entonces, aprovechamos para hacerle nuestra oferta:"

"—Señor Fuji… ya nos ha explicado que usted es el único que puede hacer el ritual. Pero insistimos en que no vaya solo a la Torre esta noche: debe usted hacerse acompañar —el sacerdote frunció el ceño profundamente y, evidentemente, se dispuso a protestar con todas sus fuerzas; pero Danny lo interrumpió antes de que empezara—. Tony ya lo ha acompañado otras veces, y está dispuesto a escoltarlo esta noche. Se compromete a no intervenir a menos que usted se lo pida."

"El señor Fuji nos observó en silencio durante unos instantes, evaluando nuestras caras; tal vez incluso sopesando de alguna manera el ofrecimiento. Luego nos dedicó de nuevo esa sonrisa llena de cariño, y de algo que parecía complicidad:"

"—Sé que estáis preocupados. Y eso es algo que dice mucho de vosotros; pero tengo que responder que no —nos dijo, con calma—. Os recuerdo que llevo conmigo mi propia pequeña escuadra de cinco guerreros."

"—Señor Fuji… —Empezó a decir Danniel."

"—Como tú mismo averiguaste durante tus pesquisas, ni el más temible general puede imponerse al corazón de quienes están a sus órdenes. Y eso es cosa buena: uno debe actuar siempre según su propio corazón. Siempre. Y es cierto que todos estamos ya en un peligro aún peor que la muerte; pero yo… yo estoy actuando según mi corazón al deciros que preferiría que no lo hicierais. Me despido, muchachos; tengo que estar en el cementerio a media noche, y aún nos quedan unas cuantas cosas que preparar ¡Uno tiene que comer bien antes de combatir!"

"—No lo entretendremos más, señor —dijo finalmente Danniel, con una inclinación solemne—. Que Arceus esté con usted esta noche."

"—Y con vosotros, Danniel y Anthony Torrance… y con vosotros."

"Y, dicho esto, continuó caminando lentamente, pero erguido en toda su estatura, hasta perderse en las nieblas de la noche que caía."

—Entonces, si el señor Fuji rechazó tu ayuda… ¿por qué has venido? —Inquirió Kira.

Tony contestó con una alegre carcajada y un guiño cómplice.

—Oh… en realidad no la rechazó.

—¡Pero si nos has descrito la conversación palabra por palabra, y te ha dicho varias veces que no! —Exclamó Cristal, frunciendo el ceño, y el Gastly volvió a reírse.

—Nos dijo que "uno debe actuar siempre según su propio corazón", y que "él estaba siguiendo a su corazón" al decirnos que "prefería que no lo hiciéramos" —contestó— No que "no lo hiciéramos". No me prohibió que viniera; me dijo que consideraba un deber pedirme que no viniera… y que todos debemos actuar según nuestro deber. Básicamente, me estaba diciendo: "haz lo que te dé la gana, zagal; a mí no me gusta la idea, pero no te lo puedo impedir". Y, por las dudas, además, hasta me dijo a qué hora iba a venir. Para llegar lejos como investigador hay que saber leer entre líneas, Campeona.

La joven entrenadora reflexionó durante un instante aquellas palabras, que parecían ir con segundas a pesar de ser educadas.

A decir verdad, una de las razones por las que llevaba varias horas dando vueltas por la Torre Pokémon como un Psyduck con jaqueca había sido por ser incapaz de darse cuenta de lo evidente. Para empezar, debería haber supuesto hacía ya rato que un conocido que se llamaba Torrance, sin ser Danniel, solo podía ser su compañero pokémon: era muy común que, en el momento de introducir a los pokémon en algún registro, se optara por adjudicarle el nombre de su entrenador; así que no era de extrañar que, en un pueblo consagrado a los funerales de pokémon, incluso estos asumieran la costumbre de manera natural. Para seguir, debería haberse dado cuenta de que, si la Torre iba a estar cerrada, lo más probable era que el señor Fuji estuviera en cualquier otro lugar; siendo el Memorial el primero de la lista de opciones posibles, por ser precisamente el lugar donde actualmente estaba ejerciendo su ministerio. Para terminar, estaba la flagrante evidencia que había tenido colgada delante de sus narices desde el momento en que se encontró con Dulce; pero que ella no había podido (o no se había atrevido a intentar) ver: ¿qué hacía un espectro humano en un cementerio pokémon?

Pero, si había un momento para pedir explicaciones al respecto, no era aquel. De hecho, empezaba a estar segura de que, en realidad, la verdadera historia de Dulcinea Masaki estaba escrita entre las líneas de la que ya le había contado.

Tony hizo una pausa antes de seguir hablando; pero Cristal se dio cuenta de que, esta vez, no lo hacía para darle más énfasis a lo que estaba contando, ni para leer en sus mentes las preguntas al respecto de lo que pensaban hacerle para contestarlas antes de que las formularan: se le habían dilatado las pupilas, que mantenía clavadas en el infinito, y estaba tragando saliva. Estaba sinceramente asustado. Tal vez, aterrorizado. Y la muchacha no pudo reprimir un escalofrío al intuir lo que venía ahora; que debía de ser verdaderamente fuerte si incluso un pokémon cuyo sentido del humor implicaba sembrar el terror por placer lo encontraba excesivo.

—Vine con un par de horas de tiempo, y entré por la ventana de los lavabos del último piso —dijo—. Está encajada, así que no se puede cerrar… y, una vez dentro del edificio, podía pasar sin problemas a través de las paredes. El sitio estaba exactamente igual que siempre. Incluso me crucé con Clee y Remy, que estaban charlando con Mazakala Hallorann en la sala de descanso del personal, y acababa de empezar a emitirse el programa musical destinado a encubrir al señor Fuji. Por lo tanto, la esperada debacle todavía no había empezado: ya habéis visto cómo reacciona un espectro cuando es confrontado; pasa de todo menos desapercibido."

"Seguramente, la gota que colmó el vaso podría haber sido cualquier cosa, desde que el guardián se tomara a mal el ofrecimiento del sacerdote hasta que se me hubiera ocurrido soltar una blasfemia por el motivo que fuera; porque el estallido se desencadenó por el motivo más estúpido que os podríais imaginar."

"A esas horas ya hacía un tiempo endiablado. Agradecí haber venido antes: llovía tanto que las calles parecían estar deshaciéndose, y hasta alguien que hubiera conocido de memoria hasta los rincones más perdidos del pueblo hubiera podido extraviarse. Era como si los elementos estuvieran devorando todas las cosas. En aquel momento, yo solo veía el lado bueno: con aquel tiempo, resultaba más sencillo seguir las recomendaciones de la agente Mara; así que las calles estarían completamente vacías, y la gente correría algo menos de peligro. En cuanto al señor Fuji, lo he visto plantarles cara a temporales mucho peores, así que no me preocupaba en ese sentido. Las horas pasaban despacio, y yo ya estaba aburrido de dar tumbos por la Torre: los espectros con los que me encontraba no tenían ganas de conversación; parecían angustiados, preocupados. Stinky me dijo que, hasta que yo se lo comenté, ni siquiera se había dado cuenta de que se había cerrado el edificio, y encontraba extraña la ausencia total de humanos y pokémon vivos; además de que le daban miedo las tormentas… pero yo sabía que esa no era la cuestión. Los espectros que iban y venían por esta planta tenían más ganas de jugar a estar vivos que nunca; así que tenían las luces encendidas, y habían decidido combatir entre ellos un rato. Y yo, que me sentía cada vez más raro, no iba a quejarme por eso: en ese momento, estaba empezando a notar físicamente la cólera del guardián, y los minutos transcurrían lentos como siglos; cualquier cosa que me mantuviera distraído, aun si era una chiquillada, me vendría de perlas. Siendo ya cerca de la medianoche, fui a buscar en los cajones de Danny ese aparatito tan mono que Sabrina nos recomendó utilizar para nuestras investigaciones, y que le habíamos ofrecido al señor Fuji; pero que este había declarado preferir no utilizar: un Scope Sylph."

"De repente, oí un sonido que no tenía nada que ver con la lluvia de truenos que caía afuera: el sonido de algo grande chocando contra un cristal. Un chorro de esquirlas de vidrio cayó de lleno sobre la mesa más cercana a la ventana, y empezó a entrar una fuerte corriente de aire cargada de agua. Al principio temí que a alguien con demasiadas pocas luces para ser vecino de Pueblo Lavanda durante una crisis como esta se le hubiera ocurrido la grandiosa idea de tirar piedras a las ventanas de la Torre; pero luego me acerqué a evaluar los daños y vi que, por suerte, no se había llegado a tanto: en el suelo había varias plumas mojadas, además de algunos restos de sangre en el cristal roto. Afuera, a la luz de los rayos, podía ver dos grandes siluetas aladas atacándose con fiereza y, tras varios segundos observando el vacío de la noche, el siguiente rayo me mostró fugazmente a dos Fearow enzarzados en un combate; uno de ellos con las plumas del lomo ya teñidas de carmesí."

—¡Oh…! ¡Es tal como lo deduje yo! —exclamó Dulce, con una nota de orgullo; aunque luego añadió, frunciendo el ceño— Aunque no deja de ser una hora extraña… para tener un accidente de ese tipo. Los Fearow son pokémon diurnos.

—Es cierto —corroboró Cristal. Durante un instante se planteó sacar la pokédex para intentar encontrar una explicación a aquel comportamiento anormal; pero entonces recordó un pequeño detalle que ella misma había registrado cuando atrapó al suyo, y que la había sorprendido en especial—. Pero también son pokémon extraordinariamente resistentes; pueden volar hasta un día entero sin cansarse. Además, son territoriales y agresivos… y pueden llegar a ser particularmente vengativos. No sería sorprendente que ese combate en concreto estuviera relacionado con una mera disputa por una presa o un punto donde anidar, y hubiera empezado hacía horas, en cualquier bosque de la zona este de Kanto…

Al decir esto, la joven comprendió de inmediato lo que Tony pretendía insinuar.

—Espera… nos estás diciendo que… —empezó, horrorizada—. Pero ¡no puede ser! ¡Ha sido un accidente, y ni siquiera lo ha cometido un ser humano! ¿Cuántos pokémon salvajes habrán chocado contra la Torre Pokémon desde que fue fundada? ¡No puede ser que el guardián haya tirado definitivamente la toalla con Pueblo Lavanda por ese motivo!

—Pues eso es precisamente lo que ha sido, Campeona —contestó el Gastly, con infinita pesadumbre; pero luego añadió—. Sé que puede parecer una reacción neurasténica… pero, en realidad, no lo es tanto. De hecho, es tristemente común entre la gente poco habladora, y los humanos, en ese sentido, no sois precisamente un ejemplo: he visto amistades legendarias rotas de manera irreparable por un regalo de cumpleaños. Algunas, pese a haber sobrevivido a mares de fuego hasta la fecha, estaban condenadas desde antes de empezar.

En eso tiene razón, se dijo Cristal. Ella misma había oído casos de situaciones absurdas que hacían que una relación (de cualquier tipo; de parientes, de amigos, de amantes) pasara de un amor inconmensurable a un odio casi monstruoso. Y, en efecto, solían ser casos en los que había tantas cuentas pendientes retrasadas, tantas conversaciones serias postergadas esperando el momento más propicio, que habían convertido lo que debería haber sido un remanso de paz en una olla a presión sobre el fuego. Lo más habitual era que ese regalo de cumpleaños que había desatado la discordia fuera solo el grado de temperatura de más que la había hecho explotar.

—Esta ha sido, entonces, la gota que ha colmado el vaso —Dijo, más para sí que para sus compañeros. El pokémon fantasma asintió, y hasta su sonrisa sardónica pareció estremecerse.

—Uno pensaría que el estallido de cólera de un Growlithe sería ardiente. Explosivo. Pero nuestro guardián lleva más de cinco siglos muerto; así que la suya es fría como los pozos del Infierno. Yo estaba todavía mirando combatir a los Fearow cuando la sentí... Era una descarga muda y terrible pasando a través de todas las cosas, incluido mi propio cuerpo de gas; algo así como una onda invisible propagándose sin piedad a través del vacío helado, arrasándolo todo. Me sorprendió que mis poderes no quedaran anulados de repente y me cayera redondo al suelo, la verdad. Se puede decir que vi esa sed de venganza atroz escalando por la Torre; ascendiendo a toda velocidad, piso a piso, apagando en el acto a su paso todos los aparatos eléctricos y electrónicos, dejando detrás de sí la oscuridad y el silencio. No necesité mucho más para saber que lo último que podía hacer era quedarme allí esperando al señor Fuji.

"Cogí el Scope Sylph y me dispuse a salir pitando del edificio por el mismo sitio por el que había entrado, esperando que las últimas plantas de la Torre fueran zona tranquila todavía. Mi idea era irme con sigilo, naturalmente; pero el muy ladino debía de haber sabido desde el principio que yo estaba ahí, y me había preparado una escolta especialmente diseñada para mí: los chicos Rocket estaban justo en la puerta, y no esperaron ni a que intentara salir para echárseme encima. Supongo que habréis visto lo nuevecito que le han dejado el escritorio a mi colega humano."

"Por suerte, frecuentar un cementerio pokémon embrujado tenía que servirme para algo más que para arriesgarme a acabar siendo pasto de los espíritus condenados: no me pillaban del todo por sorpresa; sabía más o menos de qué pie cojean, así que conseguí presentar batalla con Hipnosis y Comesueños. Los dejé lo bastante noqueados como para poder salir corriendo… pero me sirvió de bien poco. No pude llegar hasta las plantas bajas, para intentar advertir a Fuji… que ya debía de estar a punto de llegar."

Era obvio que el Gastly hubiera palidecido, de serle posible; a juzgar por cómo se le fueron desencajando los ojos poco a poco. Kira se acercó a él y le pasó el brazo por encima del hombro, intentando reconfortarlo. Su tacto era tan frío como el de Dulce, pero eso no le sorprendió.

—Vamos, vamos… —le dijo, cariñosamente—. Ya ha pasado ¿no? Estás aquí, con nosotras… a salvo.

—Ese es el problema —replicó Tony, negando con la cabeza—. No ha pasado. En realidad, era solo el principio. Y yo tenía la suerte de ser un tipo fantasma.

Cupeon emitió una serie de sonidos con tono interrogatorio cargado de asertividad, y fue secundado rápidamente por su compañero Arcanine, con una serie de gruñidos y gañidos, osados pero amables, cargados de un tono que denotaba algo parecido al desconcierto. Tony sonrió, como si le hiciera gracia lo que quiera que le hubiesen preguntado, y Cristal tampoco pudo evitar hacerlo: era obvio que sus pokémon estaban empezando a comportarse exactamente igual que ella, y que le habían hecho al Gastly las mismas preguntas que ella había estado a punto de hacer.

—No es solo que os pueda contar lo que pasó… es que debo hacerlo: ha sido un secreto perdido durante demasiado tiempo; se ha convertido en un peligro para nosotros. Para bien o para mal… el misterio de Pueblo Lavanda queda resuelto esta noche. Aunque lo cierto es que, una vez que uno sigue hasta el final la lógica de todas las leyendas que rodean la Torre Pokémon, en realidad es prácticamente obvio. Debería ir corriendo a buscar una esquina para darme de cabezazos contra ella por no haberlo comprendido antes."

"Sabemos que todo aquel que muere ejecutado por el guardián queda maldito, y debe permanecer atado a él a este plano. Y también sabemos que, en su último combate, el que lo llevó a la muerte, estaba liderando a todo un ejército de pokémon… un ejército asombrosamente bien organizado, en el que cada uno tenía clara su función, y actuaba diligentemente sin estorbar la de los demás. Las dotes de mando de Growlithe y su capacidad para ganarse a otros para sus causas son tan proverbiales como su ferocidad. Finalmente, a través del contacto asiduo con los espíritus de los muertos, hemos averiguado que, pese a todo su poder, no deja de ser un pokémon; así que sigue atado a algunas leyes físicas elementales, como las compatibilidades de tipos. Esa es la razón por la que, con el paso de los siglos, al aumentar su poder como espectro, ha adquirido la capacidad de someter a su voluntad los espíritus desencarnados; de la misma manera que los pokémon fantasma somos vulnerables ante los movimientos de nuestro propio tipo."

"Así dicho, parecen datos completamente inconexos; pero ¿y si en realidad no lo están? ¿Y si todos esos detalles forman parte, en realidad, de un mismo hecho, más grande e importante, que no se nos había ocurrido contemplar hasta ahora? No todos los espectros de la Torre han sido sometidos; a pesar de que sabemos que, de habérselo propuesto, lo hubiera conseguido. Yo mismo sospecho que solo he podido resistirme a su poder porque él me lo ha permitido: no pretendía utilizarme, como te ha utilizado a ti, Dulce… ¿Quería solo ganar tiempo? ¿O tal vez esperaba que me uniera a él por voluntad propia, de la misma manera que parece haber estado esperando que tú te marcharas de aquí, Cristal? Sabemos que el guardián tiene sus antipatías y simpatías, y que sabe cómo hacer uso en beneficio de su labor de su propia maldición ancestral. Casi se podría decir que recurre a ella como si fuera uno más de sus poderes. Es más… ¿realmente estamos seguros de cómo funciona esa maldición?"

—Espera un segundo… —lo interrumpió la entrenadora— ¿Estás diciendo que es posible que el castigo más allá de la muerte de Growlithe… sea una especie de conmutación de la pena, o algo así?

Se hizo un silencio cargado de estupefacción, que Dulce rompió con una exclamación cargada de entusiasmo. Esto arrancó una sonrisa triste a la joven entrenadora: empezaba a comprender por qué el espectro había asumido la forma de una exorcista. Era más que obvio que, de estar en una situación diferente, hubiera disfrutado muchísimo resolviendo todos aquellos misterios. Mazakala Hallorann, Tony y Danniel podían contar cuando quisieran con otra mente y otras manos tan voluntariosas y llenas de curiosidad como las suyas.

—¡Eso tendría sentido! —exclamó la muchacha, levitando a unos centímetros del suelo, emulando unos saltitos— Después de todo, son almas de hombres y pokémon que murieron… cometiendo un pecado terrible, igual que él. Es posible que, como sucede con él… la permanencia indefinida en este plano pueda considerarse… una expiación de sus faltas.

—Pero eso significa que no están aquí de gratis —argumentó la Campeona—. Es como cambiar la pena de muerte por cadena perpetua y servicio comunitario, también al igual que él: se han tenido que quedar para hacer algo.

Tony rio por lo bajo, recuperando durante unos instantes su aire despreocupado, y Cristal sintió una repentina oleada de ridículo.

—¿Qué pasa? ¿Tan desatinada es la comparación?

—Oh, no… de hecho, es precisamente eso: estoy convencido de que los espectros retenidos por el guardián están aquí, eventualmente, para ayudarle a cumplir con su misión.

—Entonces ¿Pueblo Lavanda va a ser pasada a cuchillo por un ejército de profanadores muertos dirigidos por un perro que escupe fuego? —Preguntó la joven entrenadora, con los ojos muy abiertos.

—No podrías haberlo resumido mejor. —Afirmó el Gastly.

Si le hubieran dicho aquella misma tarde, cuando contempló por primera vez aquel pueblo encerrado entre montañas y arropado por el cielo de tormenta, que iba a acabar pronunciando aquellas palabras, sobre todo para obtener semejante respuesta, no solo no lo hubiera creído, sino que hubiera dudado de que el mismo mensajero fuera real.

No se dio cuenta de que se había dejado caer al suelo de espaldas hasta que no notó que Arcapeon se recostaba contra ella, intentando darle una especie de abrazo consolador. Justo a su lado, Cupeon debió de percibir de alguna manera el derrumbe interior de su entrenadora, porque rompió a llorar estruendosamente; Kira, compadecida, lo tomó en brazos y lo acunó con suavidad, susurrándole por lo bajo unas palabras que Cristal no alcanzó a oír.

Aunque tampoco les prestó demasiada atención, porque aquellos amargos sollozos le llenaron los oídos, hasta clavarse en su corazón como puñales de acero helado. De repente, le vino a la mente lo que había ocurrido hacía unas horas, en su habitación en el Centro Pokémon. Tupeon protegiéndola de lo que suponía que era un peligro a pesar de su propio terror. Cupeon, Smopeon y Mega sacudiendo la radio para intentar, en vano, volver a hacerla funcionar. Y, cuando ella les había dicho que tenía una misión como Campeona que cumplir, tanto ellos cuatro como Arcapeon y Parapeon la habían seguido hasta aquella Torre maldita sin la menor dilación. Tupeon incluso había luchado contra la Mano Blanca en aquel viejo cementerio; a pesar de que debía de estar más que muerto de miedo. Y Arcapeon la había estado acompañando y protegiendo durante toda la noche.

Ella era oficialmente la entrenadora más poderosa de Johto. Había sido elegida por pokémon legendarios, que incluso habían aceptado unirse temporalmente a ella. Había desarticulado una mafia pokémon. Incluso había superado, de alguna manera, a uno de los últimos señores dragones del clan de Ciudad Endrino. Pero todo aquello, absolutamente todo, se lo debía a sus pokémon, a su equipo. Hallorann se lo había dicho sin rodeos: se debía tanto a sus pokémon como ellos se debían a ella. A aquella estudiosa apenas adolescente, que había empezado una aventura con un Chikorita como escolta para ayudar a un profesor pokémon a rellenar su enciclopedia electrónica, y había acabado conquistando un título que le quedaba demasiado grande. Ahora, a la hora de la verdad, se daba cuenta de hasta qué punto no sabía dónde se estaba metiendo cuando Elm le entregó la pokédex.

Pero ella había aceptado el reto, y ahora era la Campeona de Johto. Así que debía responder de ello. Y no solo porque fuera el reverso de la moneda de la gloria que ella había lanzado atolondradamente al aire, sino porque el llanto desconsolado de Cupeon le estaba partiendo el corazón.

Antes de darse cuenta de lo que estaba haciendo, se había puesto de pie otra vez sin ayuda de nadie.

—No te preocupes, pequeño… eso no va a pasar.

Podía sentir las miradas de todos los presentes clavadas en ella. Asustadas y perplejas. Silenciosas, como si lo que acababa de decir les hubiera cortado el aliento. El Cubone incluso dejó de llorar para observarla, con los ojos castaños más profundos y pensativos que nunca. Y ella, que en otro momento se hubiera encogido sobre sí misma ante aquella súbita atención inesperada, estaba empezando a notar de nuevo cómo la Cristal guerrera que había derrotado a Lance se imponía lentamente sobre la científica insegura que solo tenía talento para trabajar duro.

Tal vez, precisamente, porque había conseguido vencer a su predecesor gracias a aquella constancia. A aquella determinación por adquirir las destrezas necesarias para saltar todos los obstáculos. A aquella conciencia de que el talento, la inteligencia y el poder solo sirven para alcanzar una meta cuando el corredor no se rinde antes de llegar, y que siempre llegará mucho antes el que corre despacio que el que deja de correr.

Después de todo, la científica y la Campeona no dejaban de ser dos facetas de Cristal Soulheart. Que, además, era hija, amiga y, sobre todo, entrenadora pokémon: siete almas, de las cuales solo una era suya, dependían de ella esa noche.

—Eso no va a pasar… porque vamos a encontrar a Fuji, a bajar al Memorial, a luchar otra vez contra el guardián… ¡Y a cualquier cosa que haga falta hacer para impedirlo!

—¡Así se habla! —Exclamó Dulce, con los ojos ardientes, y Arcapeon subrayó esas palabras con un combativo ladrido.

Kira, con una sonrisa triste y el rostro resplandeciente de orgullo, soltó a Cupeon a su lado para acariciar distraídamente la melena marfileña del gigantesco perro; pero también agitó la cabeza, infinitamente desolada.

—Eso que estás diciendo… es un suicidio —dijo, con los ojos llenos de sombras amargas—. Si ni el señor Fuji ha podido conseguirlo ¿qué te hace pensar que tú podrás? Sí, es cierto que has conseguido… liberar de su dominio a Dulce. Y que me salvaste a mí. Pero eso no es nada en comparación con… oponer realmente tu voluntad a la suya.

—Kira tiene razón —aseveró Tony gravemente, apoyándole la mano en el brazo. Cristal notó el contacto como un soplo suave de aire frío a través de la ropa—. Aunque viniera esta noche a Pueblo Lavanda un ejército entero, capitaneado por líderes de gimnasio y comandado por el Alto Mando, no podrían hacer nada que nuestra orden de exorcistas no haya intentado hacer ya. Eres una humana viva, Cristal: por muy Campeona que seas, no puedes enfrentarte a la Muerte.

—¿Y qué estamos haciendo ahora mismo, si no es enfrentarnos a la Muerte? —replicó ella, con tono duro— ¡Míranos! ¡A Cupeon, a Arcapeon y a mí! Y además está Mega. Y Smopeon. Y Parapeon, y Tupeon. Hemos respondido a tu llamada. Nos hemos metido en la Torre Pokémon, incluso sospechando que estaba embrujada, para venir a ayudarte. Pero es que, además, estamos en Pueblo Lavanda también ¿No es un suicidio el mero hecho de estar aquí esta noche? Todo lo que nos has contado, y de lo que yo misma he sido testigo esta noche, apunta a la misma conclusión: esto ya no es un código rojo, es un código negro. Estamos condenados. Ya no hay esperanza.

Necesitó detenerse a respirar hondo. Lo que había dicho era demasiado fuerte. Pero ahora estaba segura de que detenerse a tomar aliento no significaba que le hubieran fallado las piernas.

—Y si la esperanza es lo último que se pierde… —continuó, aún con más firmeza— entonces, ya no nos queda absolutamente nada que perder. Yo nunca he estado en una guerra, ni he vivido a la sombra de un tirano. Hasta el Team Rocket al que me he enfrentado es apenas una sombra del que aterrorizó Kanto hace tres años. No soy rica; pero nunca he pasado frío, ni hambre, ni carencias médicas. Mi vida jamás ha estado en unas manos que no fueran las mías. Y, ahora mismo, se me está dando a elegir entre dos maneras de morir: que me encuentren escondida bajo una mesa, intentando escapar, y me maten mientras suplico por una piedad que no se me va a conceder; o caer en combate, luchando para preservar vidas y almas. No tengo elección, Anthony Torrance: quiero morir como una Campeona, y no como una niña asustada, aunque sea las dos cosas.

Por primera vez, la sonrisa que le dedicó el Gastly como respuesta no le produjo escalofríos.

—Sabía que estabas hecha de una pasta especial, Cristal Soulheart —le dijo, inclinándose solemnemente, como si se dirigiera a una reina—. Tenías que estarlo, para que Hallorann se haya sentado en serio a hablar contigo. Y para que el guardián te tenga en la suficiente estima como para querer perdonarte, a pesar de conocerte mucho peor que a cualquiera de nosotros.

¿Por qué se sentía empequeñecida cada vez que alguien hablaba de ella con palabras de ese tipo? Y aquel momento no era, precisamente, el mejor para sentirse tan minúscula, tan desarraigada, tan indigna de la posición en la que estaba.

—Antes incluso que Campeona, o que científica, o incluso que entrenadora… soy un ser humano, chicos —respondió, con humildad—¡Simplemente, no puedo permitir esta injusticia sin intentar hacer algo! ¡No puedo!

La sonrisa aprobadora del Gastly se volvió mucho más oscura, y sus ojos rojizos relampaguearon amenazadoramente

—Tú y tus compañeros no sois los únicos que estáis en peligro… también lo está mi propio compañero, Danniel.

—Y Joy… ¡Joy también morirá! — Añadió Kira, en un susurro cargado de espanto.

—Y todos los lavandeses, pokémon y humanos… y los huéspedes llegados desde otros lugares… para rendir homenaje a sus muertos… ¡incluso los viajeros que están… solo de paso! —terminó Dulce, con los ojos llenos de determinación y la voz de energía. Dirigió una mirada fugaz hacia todos sus compañeros, antes de asentir con fiereza y añadir— Cuenta con nosotros esta noche, Cristal.

Y el Arcanine y el Cubone respondieron al unísono con una exclamación, ahora sin el menor rastro de miedo en los ojos.

Para la joven entrenadora, aquellas miradas decididas, clavadas en ella, esperando su última respuesta, fueron como si todas las cosas hubieran estado en el aire durante una eternidad, suspendidas en la oscuridad fría, y ahora estuvieran regresando a su sitio.

A pesar de todas sus dudas sobre su idoneidad para el cargo que ocupaba, de su persistente sensación de no saber realmente lo que estaba haciendo, por primera vez en toda la noche, la Campeona estaba realmente convencida de que estaba, precisamente, donde le correspondía estar.

—¡Adelante! ¡Vayamos al Memorial!

—Espera un segundo, Cristal —le interrumpió Tony, con seriedad; pero, esta vez, sin amargura—. Ahora que vosotros también venís, es obvio que no podemos ir allí sin más. Vosotros carecéis del entrenamiento espiritual que posee Fuji, así que vais a necesitar, sí o sí, el Scope Sylph ¿Sabes lo que es?

Aquello le recordó a la joven entrenadora que, a pesar de toda su buena voluntad, su contacto con lo sobrenatural no pasaba de unas horas encerrada en una Torre de Radio que había resultado serlo solo a medias, y deseó intensamente haber pasado más tiempo en el gimnasio de Morti. O, al menos, haber investigado más en profundidad la naturaleza y capacidades de los pokémon fantasma; porque cada vez estaba más convencida de que no bastaba con sus habilidades como capturadora para conocerlos bien.

Pero la necesidad de medios tecnológicos para avanzar en sus investigaciones sí le había exigido seguir, y con sumo interés, los progresos llevados a cabo por la empresa Sylph S.A., de cuyo amplísimo catálogo de pokéballs y demás dispositivos para la captura y el entrenamiento de pokémon estaba a la última siempre que podía. Así que, aunque no tenía ni idea de cómo funcionaba (básicamente, porque nunca había considerado que fuera a necesitar aprenderlo), estaba al tanto de la existencia del Scope Sylph.

—Tengo entendido que es, a grandes rasgos, una especie de anteojos que permiten ver el verdadero aspecto de un espectro.

—Sí… y no —explicó el Gastly—. Es cierto que es su función más conocida…pero, en realidad va un poco más allá. Supongo que te resultaría más sencillo entenderlo si te digo que es una herramienta para replicar los efectos del movimiento Profecía sin necesidad de que lo tenga que aprender y usar un pokémon. Por lo tanto, no solo permite ver a los espíritus desencarnados: también los hace corpóreos, y eso permite atacarlos. La razón por la que Fuji prefiere no usarla es, precisamente, como voto de confianza en la buena fe de los espectros que pueblan nuestro cementerio… pero, claro: tú, que vas a adentrarte en su guarida prácticamente a la aventura, vas a necesitar toda la información con la que puedas contar; pretendas o no atacarlos.

Dulce y Kira se miraron en silencio, aparentemente tensas, y luego observaron a Cristal y sus pokémon, que les devolvieron la mirada, sin comprender. De repente, parecían terriblemente tristes; pero lo ocultaron como pudieron detrás de una idéntica sonrisa. Respetuosa, la joven prefirió fingir que se lo creía; pero Arcapeon se delató, emitiendo un gañido dulce y acercándose apresuradamente a su entrenadora, para lamerle las manos con cariño, como hacía siempre que notaba que necesitaba consuelo.

Evidentemente, Kira se dio cuenta, porque fue ella la que preguntó, probablemente para esconder mejor su turbación:

—¿Y cuál es el problema, Tony? Acabas de decirnos que fuiste a buscarlo al despacho de Danniel.

—El problema es que ese condenado Rocket me lo quitó en cuanto le di esquinazo a su equipo —replicó el Gastly. En su boca, aquella alusión al difunto recluta de la mafia pokémon sonó como si pretendiera escupirla—. Así que vamos a tener que ir a pedírselo.

Cristal estuvo a punto de preguntar cómo había acabado por aparecer en la conversación un tipo del Team Rocket, pero se contuvo de inmediato al darse cuenta de que, en realidad, ya conocía la respuesta. Ya le habían dicho varias veces a lo largo de la noche que uno de los esbirros de Giovanni había sido ejecutado por el guardián hacía tres años, para castigar la profanación de la Torre Pokémon con derramamiento de sangre inocente; así que el espectro del asesino debía de contarse entre las filas de los muertos que no descansan.

Al margen de ese dato, meramente mencionado de pasada tanto por Tony como por Hallorann, no sabía absolutamente nada de aquel suceso. De hecho, ni siquiera estaba segura de que hubiera sido siquiera mencionado en la prensa johtense. Naturalmente, recordaba vagamente una emisión por telediario hacía tres años, en la que se hablaba del secuestro de Ciudad Azafran, y se explicitaba que la operación de rescate se había llevado a cabo limpiamente y sin derramamiento de sangre. Pero ahora, que había tenido ella misma que colaborar en la liberación de Ciudad Trigal, estaba convencida de que la información al respecto que había llegado hasta Johto en su momento no era ni la mitad de lo que realmente había sido y supuesto la lucha de Kanto contra el Team Rocket. Además, si lo que las hermanas Grady le habían contado era escrupulosamente cierto, lo más probable era que la mafia pokémon hubiera sido lo suficientemente poderosa en aquel entonces como para encubrir a la perfección sus operaciones, obligando así a cualquier otro que pasara por el lugar del crimen a recoger los cadáveres que iba dejando atrás. Aunque se tratara del de uno de los suyos. Que parezca un accidente. O, en ese caso en concreto, un ataque de uno de los pokémon salvajes de la Torre. El trágico fallecimiento de aquel hombre, tal vez absolutamente anodino y gris, junto a su equipo pokémon completo, mientras realizaba un trabajo anodino y gris para su jefe, el gran empresario que además lideraba el Gimnasio de Ciudad Verde, tal vez no se hubiera mencionado ni en una triste esquela.

La idea de semejante impunidad le resultaba aún más escalofriante que la de estar en un cementerio pokémon a punto de convertirse en campo de batalla. Sabía que lo que Tony estaba insinuando era que iba a tener que combatir contra aquel ex recluta del Team Rocket, y no estaba segura de cómo iba a reaccionar cuando lo tuviera delante.

—"Vamos… será un combate pokémon. Solo un combate pokémon. Y, además, no es la primera vez que te enfrentas a un recluta del Team Rocket: sabes qué pokémon suelen utilizar… y es muy difícil que sea más poderoso que Atlas."

—¿Sabes dónde podemos encontrarlo? —Preguntó, finalmente. Esta vez consiguió que no se percibiera un solo atisbo de duda en su voz.

—El guardián le dio muerte al pie de la escalera que da al despacho del director, el mismo sitio donde mataron a Marowak —respondió Kira, que estaba rascándole la tripa a Arcapeon. Cubone se había subido a sus hombros, y parecía estar intentando convencerla de que lo llevara a cuestas un rato, como solía pedirle a su compañero canino mientras caminaban por las rutas—. Si he entendido bien cómo funciona todo esto, lo más probable es que lo encontremos por ahí.

—Es la escalera que hay al fondo de este pasillo —aclaró Dulce—. Estamos en el penúltimo piso de la Torre: justo encima de nosotros, están los despachos de los directivos.

—Evidentemente, Growlithe no necesita para nada el Scope Sylph —añadió Tony, con seriedad—. Y su escuadrón espectral tampoco: lo más probable es que lo haya hecho solo para ponerme palos en las ruedas, o ganar aún más tiempo. Eso significa que nos estará esperando… si sabes a qué me refiero.

A otra emboscada, por supuesto; pensó la Campeona. Así que voy a tener que prepararme para otro combate contra pokémon muertos.

Por lo que había aprendido de la escaramuza contra Stinky, Clefairy y Raticate, el nivel de poder de un espectro no se correspondía exactamente con el que tenía estando vivo: aunque no adquirían más puntos de experiencia, ni aprendían nuevos movimientos, se hacían cada vez más fuertes y adquirían nuevas habilidades que reforzaban las que habían poseído en vida. El Clefairy contra el que había luchado estaba en el nivel 15, el Raticate estaba en el nivel 18, y Stinky en el nivel 25; pero, entre los tres, habían conseguido tumbar a su Arcanine de nivel 64 gracias a las invulnerabilidades que les garantizaba su nueva condición. Y no había estado en condiciones para calibrar el nivel del poder de los fantasmas que habían socorrido a Arcapeon, pero no le hubiera sorprendido darse cuenta de que también eran mucho más poderosos de lo que habían sido cuando aún tenían un cuerpo.

Sinceramente, esperaba que su contrincante se batiera según las normas estandarizadas de los duelos oficiales entre pokémon: un combate limpio, de uno contra uno, que termina cuando uno de los dos adversarios se queda totalmente sin fuerzas para devolver los golpes. Aunque no tenía ni idea de hasta qué punto se podía debilitar a un pokémon que ya está muerto, había comprobado que era posible derrotar en buena lid a un espectro; lo que no sabía era hasta qué punto iba a adherirse a esas normas un hombre que estaba cumpliendo una condena de ultratumba por cometer un asesinato en tierra consagrada.

—En fin… habrá que salir de dudas por las malas —dijo, finalmente, con un suspiro—. Venga, chicos; tenemos que ponernos en guardia. Cupeon, tú vuelve a tu pokéball; es probable que te necesite, y no quiero que nuestro rival juegue con la ventaja de saber a qué se enfrenta —el pequeño pokémon de tipo tierra asintió obedientemente, y se dejó absorber por el dispositivo sin decir una sola palabra más—. Y Arcapeon, tú… tú quédate con Kira.

A juzgar por la cara que puso, aquella decisión sorprendió a la aludida en más de un sentido.

—Pero ¿no dices que… no quieres que tu rival tenga ventaja? Quiero decir…

Cristal la interrumpió educadamente, negando con la cabeza, y le dedicó una sonrisa agridulce.

—¿Se te olvida que he luchado contra Hallorann, aunque fuera solo dentro de mi cabeza? —respondió, con ternura, mientras devolvía distraídamente a su lugar la pokéball de su Cubone— Y no solo he luchado ya con los suficientes Rocket como para saber a qué atenerme con ellos; también hemos analizado, en la medida en que hemos podido, los destrozos en el despacho de Danniel: a priori, no necesitaré a Arcapeon en este combate. Eso, para empezar. Para seguir, lleva acompañándome toda la noche; estará más cansado de lo que parece. Y para terminar… le has gustado mucho, y se nota que es recíproco. Pase lo que pase ahora, estoy segura de que no le hará daño que os hagáis compañía unos minutos más, ahora que podéis ¿Estás de acuerdo, Arcapeon?

El Arcanine emitió un alegre y estruendoso ladrido, y estuvo a punto de tirar al suelo a su entrenadora al echarse encima de ella para lamerle la cara.

Mientras la Campeona, sin poder parar de reírse, intentaba convencer al enorme perro de que dejara para otro momento los agradecimientos; una Kira Joy tan pálida que casi parecía una muñeca de nieve intercambiaba una mirada estupefacta con Dulcinea Masaki, que tampoco daba crédito a lo que acababa de oír, aunque no parecía tan sorprendida como ella; ante la sonrisa silenciosa de Tony Torrance, que no parecía tener nada más que decir al respecto.

—Oh, Dulce… Lo sabe —susurró la pelirroja, con los ojos llenos de lágrimas. Y la joven exorcista también tuvo que secarse la cara con la manga de la túnica para disimular mejor— ¡Lo sabe! ¿Qué va a ser de nosotras?

—No lo sé. Pero tal vez… tal vez, simplemente… nos ha llegado la hora. Si es así, amiga mía… que Arceus nos reciba en su seno.

—Sabes que yo no voy a poder —replicó Kira, angustiada— ¡Voy a quedarme sola aquí!

Esta vez fue Tony quien intervino, apoyándole la mano en el hombro.

—Siempre estaremos Danniel y yo —la consoló, con suma franqueza. Pero luego le dedicó otra de sus sonrisas lobunas, acompañada de un guiño travieso—. Y no hables tan deprisa… ¡ya estamos viendo que, a pesar de todo, la noche es joven!

OoOoOoO

Todavía no eran las tres y media de la mañana, y eso solo podía significar que había pasado solo una hora desde que Tony se había unido a la expedición. Pero para Cristal era como si hubiera pasado toda una vida.

Aunque las velas se habían consumido hasta casi la mitad, Dulce volvía a abrir la marcha con una en la mano, y Kira la cerraba, llevando la otra, con Arcapeon a su lado. En medio estaban Cristal y Tony. Iban completamente en silencio, agradeciendo no tener que abrir y cerrar más puertas, para hacer el menor ruido posible.

Aquella planta tenía, como el resto del edificio, un aspecto de lo más normal, excepto por la oscuridad casi sólida y por el hecho de que estaba completamente vacía. Pero a Cristal ya no le sorprendía que hiciera tanto frío, a pesar de que su Arcanine caminaba a apenas un metro de ella, despidiendo calor. Además, ya ni siquiera tenía tiempo para sorprenderse: su cerebro era un auténtico torbellino.

El Cortafuegos de Arcapeon le servía como base para plantear varias estrategias. La que había empleado con Smopeon para derrotar a Murkrow se le parecía; pero no solo no era tan efectiva, sino que también prefería pensar en algo que no fuera a hacer que su pequeña se marease en pleno combate. En cuanto a Mega, no estaba segura de si era una buena opción para luchar contra un recluta del Team Rocket, famosos por su especialización en pokémon de tipo veneno. Y Parapeon y Tupeon estaban, de nuevo, fuera de toda cuestión.

Pero no tenía demasiado tiempo para pensar en estas cosas, tampoco. La escalera estaba allí mismo. Y parecía que, excepto por el nuevo obstáculo para recuperar el Scope Sylph, Growlithe ya había terminado de ponerle palos en las ruedas; porque no se encontraron con nadie más: allí estaban, delante de aquellos escalones que se perdían en la negrura gélida. Más que acceder a un despacho, le daban la impresión de que ascendían hacia el vacío de la noche eterna que había más allá de la luna.

—Iré por delante —se ofreció Dulce—. Yo ya estoy muerta… a mí no puede hacerme nada… quien quiera que sea el que esté ahí.

—No —se negó Cristal, rotundamente—. Es cierto que no hay muchas posibilidades; pero, si resulta ser el guardián, podría volver a someterte.

—Entonces, iré yo, Campeona: he demostrado tener más resistencia a esa treta, y a mí tampoco puede matarme. —Se adelantó Tony.

Y, sin esperar respuesta, ascendió de varias zancadas vigorosas la decena de escalones con la misma resolución que si estuviera subiendo a su propio dormitorio, y se perdió en la densa tiniebla como si esta se lo tragara. Cristal emitió un suspiro, en el que había algo de un bufido: ahora entendía por qué al señor Fuji le había parecido prácticamente inútil negarse a dejarse ayudar por los chicos Torrance, aun tratándose de lidiar con un todo un ejército de muertos.

Unos instantes después, llegó hasta ella la voz arrastrada y clara del Gastly, con el mismo tono desenfadado e irónico que parecía serle habitual, y que delataba claramente que no estaba herido, ni poseído, ni atrapado:

—Todo sereno, Campeona. No hace falta que subas con el hacha de guerra levantada.

Aferrándose con fuerza a la baranda para que no le temblasen las manos, la joven tragó saliva y ascendió al piso superior.

Tal y como Tony le había dicho, no se veía nada extraño allí, excepto por la oscuridad total. Claro que, en un principio, también había parecido que no había nada extraño en ningún lugar del edificio: eso solo podía significar que, en cuando empezara a observar con más detenimiento, empezaría también a encontrar elementos extraños por todas partes, camuflados sutilmente en la cotidianidad de unas oficinas vacías.

El último piso de la Torre daba la impresión de ser mucho más pequeño que los demás, aunque tal vez se debía a que la distribución del espacio era totalmente diferente. No había verdaderos pasillos, sino grandes puertas correderas de cristal tintado que dividían el espacio en habitáculos. Tal vez cuando el sol entraba por las ventanas, o con la iluminación eléctrica, tuviera un aspecto bastante diferente; pero en aquella negrura infernal, a la luz de dos pequeñas velas y del pelaje refulgente de un pokémon de fuego, la joven tuvo la impresión de encontrarse a la entrada de un laberinto de paredes de obsidiana, que le devolvían reflejos difusos de ella misma y de sus acompañantes. Era como estar rodeada de penumbra solidificada; un efecto muy similar al que provocaban las pequeñas llamas al pasar a través del cuerpo de los espectros que iban con ella, y no pudo reprimir un escalofrío momentáneo cuando rozó con la mano una de las planchas de cristal por accidente.

—¿Por qué no han puesto tabiques, como en las plantas inferiores? —inquirió la joven, esperando que una conversación, por banal que fuera, pudiera ayudarla a mantener bajo control el miedo— ¿Es una mera cuestión de estética?

—Bueno, no se puede negar que esto de las… paredes de cristal tiene su encanto —observó Kira, aprovechando su reflejo en una de ellas para recolocarse un mechón de pelo—. Pero hay que recordar que, antes del traslado… este era el santuario de la Torre. Donde se oficiaban los funerales. Había un altar de mármol negro con… un candelero de plata y oro lleno de fuego eterno.

—¿Cómo el que hay en la Guarida Dragón, en Ciudad Endrino?

—Supongo que sí —contestó la joven pelirroja—. Es una manera muy común de representar… el poder de Arceus. Y es particularmente importante… todavía recuerdo la procesión con la que el señor Fuji… y la orden de exorcistas lo trasladaron todo al Memorial.

—¿Pero? —Rezongó Cristal, que había asimilado a la perfección cómo funcionaban las cosas durante la guardia de Growlithe. Tony rio por lo bajo, probablemente porque podía ver lo que estaba pensando y, al ver que Kira tragaba saliva y bajaba la vista casi púdicamente, decidió contestar él mismo.

—Pero dicen las malas lenguas (y algunas no tan malas también) que el primer obrero que entró aquí y empezó a poner ladrillos en el suelo recién embaldosado solo esperó a terminar su primera jornada laboral antes de tirarse, completamente desnudo, por la misma ventana por la que la Mano Blanca casi tira al director Hallorann. Y que, muy casualmente, el que intentó seguir con la tarea donde él lo había dejado apareció ahogado en uno de los retretes recién instalados al día siguiente. El director mismo, al que no le apetecía en absoluto ver más ejercicios mortíferos de extrema humillación en gente que no había hecho más mal que comer de un encargo de Tohjo Newcaster, propuso la alternativa de las puertas correderas de cristal tintado; fácilmente desmontables de ser necesario y que, por lo tanto, no mancillarían el espacio.

Para qué pregunto, se dijo la Campeona, infinitamente horrorizada.

—Aunque, te voy a decir una cosa… —continuó el Gastly, con seriedad—. Después de nuestra investigación a fondo, y de haber luchado yo mismo contra el guardián, no me sorprendería demasiado que el que hizo eso no fuera precisamente Growlithe.

—¿Qué quieres decir?

—Que ese tipo de "accidentes" me recuerdan mucho a los que Danniel y yo hemos visto bastante a menudo en los telediarios durante el imperio del terror del Team Rocket, por no hablar de los que sufrían los chivatos y traidores a la mafia en la trilogía de El patrón de los fugitivos[1]. Dudo, incluso, que el guardián apruebe esos métodos de ejecución. Supongo que sabes lo que quiero decir ¿no?

La muchacha asintió, esperando que la estuviera viendo a pesar de la oscuridad, porque se temía que, si tenía que abrir la boca para responder, vomitaría de renovado pánico.

Así que los espectros a las órdenes del guardián contaban con cierto margen de libertad de movimientos. Eso apuntaba a favor de la teoría de que no eran fantasmas sometidos; aunque era obvio que, de desearlo, el guardián podía obligarlos a estar bajo su control.

Curiosamente, la idea de saber que, seguramente, el recluta al que iba a enfrentarse era él mismo, en lugar del guardián a través del cuerpo de uno de sus soldados, la tranquilizaba. Tres años de vida de ultratumba no eran tres siglos; ni, mucho menos, cinco o seis, que eran los que Growlithe tenía en su haber.

Sin embargo, aun así, el corazón le daba un salto en el pecho a cada pared que iban abriendo; a cada despacho al que se asomaban y encontraban vacío. Sin nadie dentro, ni vivo ni muerto. Y casi se le detuvo cuando, finalmente, se encontró delante de la puerta del despacho de Richard Hallorann. El pequeño y discreto tirador estaba tan helado que le hacía daño tocarlo; anuncio indudable de que, detrás de aquella puerta en concreto, sí había algo.

Intercambió una mirada con Dulce, Kira, Tony y Arcapeon, y los cuatro le contestaron asintiendo con vigor. Y, consciente de que, como siguiera pensándoselo, no lo haría, empujó la puerta corredera con suavidad. Esta se abrió sin más ruido que un susurro deslizante y, aun así, la joven tuvo la sensación de que levantaba ecos como un trueno.

El despacho debía de ser amplísimo, a juzgar por la sonoridad de sus pasos. Pero estaba sumido en una oscuridad tal que ni siquiera las velas que traían parecían poder espantarla, y aquello bastaba para darse cuenta de que no iba a servir de nada intentar encender la luz.

Sin embargo, Cristal no necesitaba ver nada para saber que allí, delante de ella, había alguien. Sentía su mirada, malévola y cargada de desdén, posada en ella. Como transcurrían los instantes sin que ocurriera nada, la joven supuso que se suponía que debía ser ella quien lanzara el desafío.

—Soy Cristal Soulheart, Campeona de la Liga Pokémon de Johto —empezó; aunque dudaba que la intimidación que le inspiraba su propio título no fuera contraproducente en aquel caso—. He venido aquí a buscar el Scope Sylph que le arrebató a Anthony Torrance, y parece ser que todavía lo tiene usted. Por favor, devuélvaselo: lo necesitamos para reunirnos con el señor Fuji en las catacumbas del Memorial.

A pesar de haberse dicho a sí misma que estaba preparada para cualquier cosa, estuvo a punto de gritar de terror cuando una cavernosa y feroz carcajada, que parecía estar brotando de la misma oscuridad, sacudió toda la estancia. Apretó los puños y se mordió los labios hasta notar el sabor de la sangre, y el impulso se le pasó; pero su voz sonó temblorosa cuando volvió a hablar:

—Bien, lo he intentado —dijo, más para sí que para él—. Si no quiere dármelo por las buenas… ¡no me queda más remedio que retarle a un combate!

La risa sonó aún más fuerte que antes, y tronó hasta convertirse en una ráfaga de viento helado; que los rodeó como una ventisca invisible, apagando las velas de Dulce y Kira.

—"¡Oh! ¡No! ¿Qué hacemos ahora?¡No puedo saber ni a qué nivel estarán mis rivales! ¡Tendré suerte, incluso, si averiguo a qué especie pertenecen, y de qué tipo son! ¿Cómo voy a luchar en estas condiciones?"

La voz de Dulce resonó también en la espesa tiniebla, firme y decidida, como respondiendo a su pregunta:

—¡No pierdas los nervios, Cristal! La vista no es todo lo que tienes. Además de que eso es… precisamente lo que él quiere ¡intimidarte! Si has luchado y vencido… a los venenos de Koga Kyo… ¡seguro que puedes con esto!

La valentía de la joven exorcista era como un apretón de manos cálido y suave, y la Campeona lamentó que su amiga no pudiera verla. Pero —se dijo, con una sonrisa lobuna de renovada determinación—, al parecer, sí podía oírla:

—¡En nombre de Arceus, el Creador, y de Giratina, el Guardián! —exclamó, con energía— ¡Lo desafío por el Scope Sylph!

La carcajada, esta vez, tenía algo de exclamación triunfal, y pareció tomar forma en la oscuridad: ahora el sonido procedía de algún punto justo delante de ella. La respuesta a su apóstrofe, esta vez, sonó con voz mucho más humana. La de un hombre joven, gélida a pesar de estar cargada de jocosidad:

—No respondí ante Arceus… cuando estaba vivo, niña ¿Qué te hace pensar que voy… a hacerlo ahora?

Cristal no sabía si sentirse más tranquila, por percibir que estaba hablando con un ser realmente humano, aunque se tratara de un espíritu desencarnado, y no con una especie de voz suelta en el aire; o si aterrorizarse, al darse cuenta de que, obviamente, la persona en cuestión seguía siendo el criminal que había asesinado a sangre fría a un pokémon para hacer dinero con sus despojos.

—Primero, que es precisamente lo que acaba de hacer —respondió ella, con una osadía que la sorprendió—. Aunque no pueda verlo, sé que acaba de adoptar un aspecto físico, una cara a la que me puedo dirigir. Y segundo, que sabe tan bien como yo, o incluso mejor todavía, que el estado en el que está ahora es meramente temporal: un día de estos tendrá que responder de todo lo que ha hecho ante alguien mucho más poderoso que Growlithe.

Esta vez la carcajada que vino como respuesta sonó mucho más terrible, pero también mucho menos sobrenatural. Era obvio que el recluta estaba comportándose con ella de manera muy parecida a cómo debía de haberse comportado en vida con otras figuras de autoridad que no lo superaban en edad: negándose a dar su brazo a torcer, aunque supiera que estaba equivocado. Eso reafirmaba aún más a la joven campeona, que estaba empezando a asumir que, vivo o muerto, estaba tratando con un ser humano como cualquier otro, aunque fuera malvado.

—Growlithe ladra mucho, pero en el fondo… es solo un perrito apaleado —contestó él—. Y, como todos los perritos… se pasa todo el tiempo que puede lloriqueando... porque quiere volver a corretear tras las faldas de su… adorada entrenadora muerta, y no puede. Muy impresionante, visto desde fuera, desde luego… pero, en realidad, le falta pasión por su trabajo. Quiero decir… ya estamos malditos ¿no? ¿Para qué te has condenado… si ni siquiera vas a disfrutar de las ventajas de no tener… nada que perder?

Cristal casi podía intuir una sonrisa despectiva y sádica en su rostro a pesar de la espesa negrura, y sintió una oleada de rabia hirviente, más fuerte de lo que recordaba haber sentido jamás: aquella rata sanguinaria se sabía con un pie en el Infierno y, aun así, se atrevía a burlarse del tormento eterno de un pokémon que, pese a despreciarlo, pese a considerar que su pecado estaba al nivel del cometido contra su entrenadora por el mismísimo causante de su miseria, le había dado la oportunidad de redimirse.

—Solo el más inmundo esbirro de Giovanni Sakaki, sin conciencia ni moral, sería capaz de hablar así —replicó, casi masticando las palabras—. Y pensar que habéis llegado a darme lástima… que he llegado a pensar que algunos de vosotros erais salvables…

—No te atrevas a juzgarme, mocosa —contestó él, con suma frialdad—. Vosotros, los de la Liga Pokémon… empezasteis con este rollo de "la-amistad-con-los-pokémon" … y "los-lazos-de-amor-eterno", etc., etc., cuando os disteis cuenta… de que era más barato contar con la lealtad ciega de… un lanzallamas viviente que rociar el país enemigo con bombas. Nosotros, por lo menos… matamos y saqueamos sin pretender que el mundo… va a ser un lugar mejor por ello. Mira, sin ir más lejos, a tu adorado caballero dragón. Supongo que no te ha comentado lo útil que le has resultado… entre halago y halago ¿verdad? Oh, sí… claro que estamos al tanto de vuestra épica "colaboración" … en el Lago de la Furia: somos una maldita Torre de Radio ¿no? Pero claro… si el gran Lance Wataru le hubiera dicho a su pequeña marioneta que la estaba… usando como maniobra de distracción, hubiera roto un poco la química. Y, si hay algo que he aprendido de Giovanni… es que no hay peón más eficiente que el que está… digamos, babeando por uno.

La joven recibió aquella andanada de crudísimo cinismo como una lluvia de balas: estaba tan impactada que no pudo ni responder, como si algo dentro de ella se hubiera desplomado para no volver a levantarse. Pero un instante después se dio cuenta de que, en realidad, se debía a que se sentía, al mismo tiempo, a punto de estallar de rabia por la acusación y paralizada por la súbita sensación de desengaño respecto a una de las personas que había conocido durante sus viajes a las que más admiraba.

Aquello, simplemente, no podía ser cierto. Desde luego, Lance podía llegar a dar muchísimo miedo, y algunos de los entrenadores que más problemas le habían dado a ella a lo largo de su viaje se hubieran quedado en el sitio al verlo combatir en persona: no era lo mismo ver a su Dragonite disparando Hiperrayos por televisión que tenerlos delante o, más aún, ser el blanco. Y era obvio que, cuando Lance Wataru creía que tenía que hacer algo, lo hacía sin pestañear, y que sus métodos podían llegar a ser bastante expeditivos. Aún se acordaba bien de la operación de desmantelamiento de la falsa Tienda de Recuerdos de Pueblo Caoba: ella se hubiera conformado con retarlos uno a uno, y tal vez eso la hubiera llevado a perder un tiempo precioso; pero él atacó a los reclutas del Team Rocket que llevaban el negocio tapadera sin pensárselo dos veces y sin la menor piedad, y no con fuerza letal, pero sí con una frialdad que los aterrorizó incluso a ellos, siendo como eran ladrones y asesinos.

Pero eso no era lo mismo que utilizar a las personas como si fueran meras herramientas, que uno puede emplear para obtener sus fines y luego desechar sin miramientos. Y, sin embargo, algo dentro de ella intuía que aquel hombre no le estaba mintiendo. De hecho, resultaba más que plausible que el Campeón, que entonces no la conocía de nada, hubiera decidido aprovecharse de su presencia para redondear un plan de ataque ya previsto.

Estaba todavía aturdida, sin saber cómo responder, cuando notó que Arcapeon pasaba rozándola, destellando en la tenebrosa inmensidad como un cometa incandescente, y aterrizaba justo delante de ella, con patas firmes, para lanzar un potente Lanzallamas hacia arriba.

La habitación entera quedó revelada durante unos instantes.

Y, efectivamente, a unos metros de ella, apoyado en la mesa del director Hallorann, había un hombre alto y más menudo que esbelto, con el cabello de color violáceo a juego con unos ojos tan crueles y ávidos como la sonrisa de triunfo que tenía en los labios, vestido con aquel uniforme que ella ya conocía tan bien. La oscuridad que siguió al fuego del Arcanine volvió a tragárselo prácticamente de inmediato; pero aquello no impidió que el pokémon empezara a soltar una serie de ladridos y gruñidos en lengua pokémon, que no podían ser otra cosa que la respuesta que su entrenadora no podía dar.

Y aunque no podía entenderlos bien, aquellos sonidos resonando en la negrura, llenos de confianza y vitalidad, le resultaban tan cálidos como el tacto de una mano amiga sujetando la suya.

No obstante, se alegró de oír también, a sus espaldas, la voz de Tony, con un tono seco que delataba que el civismo del que estaba haciendo gala era puramente diplomático:

—Aunque ahora seas un espíritu desencarnado, sigues siendo solo un humano, Rocket; es obvio que no entiendes lo que se te está diciendo, y que no piensas molestarte en usar tus poderes de ultratumba para intentar averiguarlo —dijo—. Si por mí fuera, me conformaría con un Tinieblas directo al pecho por toda respuesta a tus escupitajos de bilis; pero mis amigos creen en la virtud de la cortesía, aunque esté tan mal pagada … así que traduciré lo que acabas de oír; por ellos, que no por ti, que no mereces siquiera que te estén tratando como a un hombre, y no como el espíritu diabólico que das la impresión de ser. Arcapeon Soulheart dice que él ha luchado en persona contra Lance Wataru, e incluso sido derrotado por su Gyarados, y que ha visto que es un hombre humilde y honorable, que no teme a la derrota ni a reconocer sus errores y que detesta la injusticia en todas sus formas. También dice que su entrenadora ha demostrado ante quien era necesario demostrar que todos los pokémon que ahora se enorgullecen de llevar su nombre la han seguido hasta donde ellos han deseado y porque así lo han querido, porque ellos la han visto llegar incluso a arriesgar su vida por ellos. Y que habla por sí mismo y por todos sus compañeros al decir que todo el que se atreva a insultar a esta confianza, a estos lazos de afecto que han construido juntos, tendrá que responder de ello en combate.

El enorme perro dio fe de estas palabras con un orgulloso último ladrido, y Cristal sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas.

—Arcapeon… —Susurró, emocionada.

La respuesta del recluta volvió a ser una risa, esta vez larga y queda, profundamente amarga.

—Eso no quita —contestó, al fin, con tono divertido; aunque tenía un fondo de negrísimo rencor— que ningún Campeón, de la Liga Pokémon que sea…tenga derecho a considerarme inferior a él por haber… llegado a la conclusión, a través de lo que yo he visto… y de los combates que he librado, de que en este mundo no hay espacio… para los corazones blanditos. Ni siquiera tú, que das la impresión de ser… un dulce y tierno angelito salido directamente del pensamiento de Arceus en uno de sus días buenos… puedes negar que el Gyarados se come al Goldeen[2]. Esta perra vida se sustenta en la muerte ¡Sangre y pasta! Así se mantiene uno vivo en los bajos fondos… donde las luces rutilantes de la Liga Pokémon y los… lazos de amor incondicional no llegan jamás. Lance Wataru es el primero que sabe esto… pero está juzgando mi afán por sobrevivir en esta jungla depravada… mucho más de lo que yo he juzgado nunca su tendencia a jugar duro sin pedir disculpas. Mirad, si no, lo que le pasó a la entrenadora de Growlithe ¿De qué le sirvió ser un angelito rubio que repartía amor por todas partes? ¡Para que un malnacido como yo, pero con más poder del que yo he tenido jamás… hiciera con su angelical cuerpo todo lo que le apetecía! ¿Y por qué lo hizo? ¡Porque podía; nada más y nada menos! Y la guerra no ha demostrado, precisamente… que los pokémon y los humanos pueden ser amigos incondicionales. Lo que ha demostrado es que… en realidad, las cosas tampoco han cambiado tanto. Que, como siempre, el que puede, hace… y el que no puede, sufre lo que hace el que sí puede hacer. La Liga estaba demasiado ocupada haciendo llover fuego… sobre sus enemigos como para preocuparse por el que… llovía sobre nosotros. Nunca he visto a la gran Lorelei Kanna… impedir el asalto a un banco lleno de rehenes. Ni al sobrio y honorable Koga Kyo evitar que mataran… a una familia entera en una calleja oscura[3]. Y juro, por mi propia condenación… que el primer tipo al que vi vender a pedazos a su propio pokémon… o pagar su peso en oro por penetrar a muerte a una cría que podría haber sido su hija… saludaba a la policía al pasar sin sonrojarse y le daba las gracias por su trabajo. La gente que compraba a los matones de Giovanni… pagaba con dinero ganado honradamente mediante sus negocios. No necesito más detalles para que entiendas… por qué es obvio que el mundo se divide entre víctimas y criminales… así que dispénsame por negarme a compartir el destino de… la Dama del Bosque Verde, Campeona.

A su pesar, Cristal no pudo evitar sentir que parte de su enfado se convertía de nuevo en compasión. Era obvio que aquel monstruo había sido, y tal vez seguía siendo, a su manera, un hombre; un hombre al que la vida no había tratado en absoluto bien, y que tal vez había aprendido a disfrutar causando dolor porque estaba convencido de que no podía evitarlo. En cierto modo, podía decir que tenía razón: las cosas no habían cambiado mucho desde los tiempos de Kanaye Tamamuchi; porque el ser humano seguía tendiendo a contestar al mal con más mal. Y, precisamente por eso, aquellos horrores eran demasiado como para que Cristal pudiera permitir que sus pokémon replicaran por ella de nuevo.

—¡Basta! —exclamó, con decisión, tragándose el dolor y la rabia. Si quería hacerse escuchar, tenía que hacer gala del mismo temple que Tony y Arcapeon— ¡Lo que usted haya visto hacer no justifica lo que ha decidido hacer con las vidas de los demás! La razón por la que el mundo está tan lleno de desprecio y codicia es precisamente la gente que, como usted, ha decidido que era mejor rendirse ante la maldad antes que intentar cambiar el rumbo de las cosas. Como han hecho todas las personas que, tras la guerra, se dieron cuenta de que ser amigo de los pokémon sirve para mil cosas más grandes que para matar con más eficacia. Como ha hecho el señor Fuji en sus últimos años de vida; como hicieron Isamu Tamamuchi y su madre… y como hicieron Growlithe y Rojo, aunque les costara la vida —dijo estas últimas palabras con voz temblorosa, casi susurrante. Luego añadió, con un tono mucho más firme y enérgico—. Y al margen de eso, yo no soy magistrada de ningún tipo, ni carcelera, ni verdugo; no estoy aquí para que me respondas por lo que hiciste. Y las razones que pudiera tener Lance para utilizarme son lo último que me importa ahora: ahora mismo, yo soy la Campeona, y he venido precisamente para hacer algo yo, y cumplir con mi deber. Esta noche estoy aquí por el Scope Sylph, y no pienso irme sin él ¡Así que dámelo de una vez, o demuestra con una pelea como Dios manda que todo lo que dices es cierto; que tu crueldad es más poderosa que mis lazos de amor!

La voz de la Campeona se perdió en el aire lentamente, sin más respuesta que un breve eco; pero ella no consideró necesario añadir nada más. Y el recluta tardó tanto rato en contestar que la joven entrenadora llegó a pensar que pensaba seguir dándole largas hasta el amanecer. Hasta que, unos instantes después, volvió a oírse la voz masculina, ligeramente nasal, como si estuviera ahogando otra carcajada, y de nuevo cargada de cinismo burlón:

—Sea pues, Campeona… ¡Veamos de qué están hechas tus queridas mascotas! ¡Koffing, enséñale a esta mocosa… lo que los malos de la película saben hacer!

Más le valía tomarse aquellas palabras como una declaración de principios, y estar preparada prácticamente para cualquier cosa. Por suerte, Dulce tenía razón: a pesar del Lanzallamas de Arcapeon, llevaba sumida en la oscuridad total el tiempo suficiente como para que sus sentidos se hubieran agudizado hasta su máxima capacidad, y tuvo el buen tino de aprovechar el rayo de luz emitido por la pokéball de su contrincante para atisbar al pokémon que había sacado durante unas décimas de segundo. Así pudo comprobar que se trataba, realmente, de un Koffing. Un Koffing de nivel 27, además. Que llevaba tres años existiendo fuera de su cuerpo.

—"¿Existirá ya alguna ecuación para calcular los niveles de poder de los pokémon desencarnados?" —se dijo, exasperada— "¡Estos combates contra ánimas en pena son una ruleta rusa!"

De todas formas, sabía que Tony había conseguido plantarle cara al guardián, y estaba en el nivel 40. Un Cubone de nivel 35, que contaba con una ventaja de tipos y con el refuerzo de poder de varias medallas de gimnasio, debía poder hacer otro tanto.

—¡Vamos, Cupeon!

El pequeñín saltó directamente a la negrura, sin dar muestras del menor temor. En ese momento, la joven se dio cuenta de que la decisión de llamar a aquel pokémon había sido la mejor que podría haber tomado.

—Cupeon, sabes lo que necesitas hacer —le dijo—. Es un Koffing de nivel 27, pero no te confíes: podría ser mucho más fuerte de lo que parece.

El dinosaurio emitió un sonido que se parecía bastante a un asentimiento. Unos metros más allá, el recluta del Team Rocket se rio abiertamente.

—¿Crees que esta oscuridad es un obstáculo para mí, chiquilla? —se mofó— ¡Tu bebé estará acabado antes de saber siquiera lo que le está pasando! ¡Koffing, usa Polución!

—¡Cuidado, Cupeon! Tienes un minuto, antes de protegerte con Hueso Palo ¡avísame si te sientes mal!

Apenas dicho esto, la joven se cubrió la boca y la nariz con el cuello de la camiseta. Sin embargo, sirvió de más bien poco; porque el hedor a huevos podridos del gas venenoso emitido por el Koffing era tan repugnante que tuvo la impresión de que debería haberle dado al pobre Cubone una consigna algo menos ambigua: resultaba imposible no sentirse mal con solo oler aquello.

El estómago se le encogió al oír su gemido largo y lastimero; pero le alivió notar, unos instantes después, una leve brisa proveniente de algún lugar delante de ella, a su izquierda, y aprovechó la oscuridad para sonreír: Cupeon había entendido a la perfección lo que ella pretendía.

—¿Todo bien, pequeño?

—¡Cubon-bon! —Exclamó el pokémon, particularmente satisfecho, y la joven notó cómo daba dos golpes en el suelo con la cola.

—¡Bien! ¡Huesomerang desde las seis!

Cristal no podía ver la escena, pero sí sentir el despliegue de energía que estaba teniendo lugar delante de ella. Y, sobre todo, oír el rugido de rabia que emitió el recluta, mezclado con la exclamación de dolor de su Koffing, cuando el movimiento de Cupeon lo golpeó dos veces desde justo debajo; una vez al lanzar hacia arriba el pesado hueso y otra cuando el hueso regresó a sus patas.

—¡Cómo! —Exclamó el hombre, como escupiendo la palabra.

—¿Ha olvidado que Cubone es un tipo tierra puro? —inquirió la Campeona, con tono alegre y divertido— Se desplaza por la tierra como si fuese agua, y vive fundamentalmente en cuevas… además del hecho de tener de facto visibilidad reducida, a causa de su yelmo-calavera, que es más grande que su cabeza durante gran parte de su etapa infantil ¡Básicamente, se pasa las tres cuartas partes de su vida a oscuras!

No podía verlo, pero sí intuir la expresión de rabia de su cara; aunque el tono burlón que empleó a continuación le permitió suponer que se había vuelto a transformar en una sonrisa despectiva.

—Vaya… ¡sí que la jovencita sabe lo que hace! Por desgracia para ti… mi pokémon ahora también sabe dónde está el tuyo ¡Usa Residuos!

—¡Rueda, Cupeon!

El penetrante olor de los salpicones de basura líquida indefinida era, si cabe, aún más repugnante que el del gas que el Koffing había escupido antes; hasta tal punto que incluso Cristal pudo percibir la presencia del pokémon a apenas unos metros de ella, intentando acertarle a un pequeño Cubone que no dejaba de rodar y arrastrarse por el suelo (no quería ni imaginarse la cara que iba a poner Richard Hallorann cuando volviera a su despacho a la mañana siguiente). Lo peor de todo era que los disparos de engrudo cada vez eran más certeros, y el pobre dinosaurio estaba cada vez más cansado. Por suerte, al estar a ras del suelo, podía aprovechar las bolsas de aire puro; pero incluso eso se le agotaría tarde o temprano.

—"Maldición… tengo que hacer algo de una vez. Espera, a lo mejor podría… ¡espero que no sea muy complicado para él!"

Acababa de ocurrírsele algo que recordaba haber visto hacer el Pikachu de Red Ketchum en un combate televisado contra Agatha Kikuko. Naturalmente, no tendría la misma efectividad; pero le ayudaría a desestabilizar a su contrincante el tiempo suficiente como para pegarle más duro.

—¡Cupeon, vamos a jugar al beisbol! ¡Quédate donde estés y usa Falsotortazo!

El pokémon se detuvo justo delante de ella, a apenas un metro. Casi podía escuchar el sonido de sus pequeñas pisadas chapoteando en el inmenso pantano de mugre. Y, desde luego, también oyó los salpicones (no cayeron sobre ella de milagro), cuando Cupeon delató claramente su presencia con aquel golpe más aparatoso que dañino, que constituía su mejor baza para su labor como capturadora. Aquello era precisamente lo que necesitaba.

—¡Concéntrate! —le dijo a su compañero— Puedes sentir su presencia. Ya has comprobado cómo se mueve; sus patrones de ataque, el tiempo que tarda en alcanzar un objetivo desde el momento en que dispara… así que espera a que llegue el momento oportuno y, entonces, golpea con Hueso Palo con todas tus fuerzas. Sabes a qué me refiero ¿verdad?

Por desgracia, al parecer, el recluta del Team Rocket también parecía haber entendido a qué se refería; a pesar de que ella había intentado que sus indicaciones fueran lo más vagas dentro de lo inteligible. Así que, sobre la marcha, decidió alterar radicalmente aquel patrón del que el Cubone había conseguido tomar nota mientras patinaba en el hediondo lodo.

—¡Bola Sombra!

Maldición ¿Cómo había podido olvidar que uno de los pokémon que habían atacado a Tony en el despacho de su entrenador tenía Bola Sombra? La esfera de energía oscura de Koffing, que emitía una pulsante luz negra, era mucho más rápida que el más pequeño de los esputos de podredumbre que le había estado lanzando hasta ahora, y golpearía a su pequeño con mucha más fuerza. La Campeona se quedó paralizada durante unos instantes, horrorizada. Tal vez por eso tuvo la sensación de que la escena se desarrollaba a cámara lenta.

Sin embargo, el cambio de planes del recluta le aportaba también una inmensa ventaja: aunque escaso, la luz ultravioleta emitía un resplandor fantasmagórico; de manera que resultaba claramente visible tanto para ella como para Cupeon, reluciente como un siniestro sol negro en mitad de la estancia. Pero ¿sería el Cubone lo bastante fuerte como para repeler con éxito aquel movimiento, o era ya su contrincante mucho más poderoso como fantasma que él como pokémon vivo?

Una vez más, aquel no era el momento de hacerse preguntas. Todo su ser estaba pendiente de aquella luminiscencia aterradora, que podía ser tanto su mejor baza como su sentencia final.

Casi pudo tomar nota del instante exacto en el que Koffing liberó su energía.

—¡Bola! —Exclamó.

Tal vez las capacidades de Cupeon no eran superiores a las de su rival aquella noche. Pero, aun así, era rápido y fuerte. Su entrenadora, fascinada, observó cómo imprimía toda la energía que podía en aquel movimiento Hueso Palo, con el que golpeó la esfera negra de lleno. Hubo un instante de forcejeo, en el que el Cubone patinó levemente en el suelo encharcado. Pero sus patitas no tardaron en reafirmarse sobre la superficie sólida que había debajo, y no solo consiguió rechazar el movimiento del Koffing, sino también golpearlo de lleno de rebote. Alcanzado por un movimiento de tipo fantasma, que podía hacerle mucho más daño que cualquier otro tipo de técnica que pudiera conocer Cupeon, el pokémon venenoso se desplomó, provocando un estruendoso y repugnante chapoteo. La Campeona estaba tan tensa que solo cayó en la cuenta de que lo había conseguido cuando vio el rayo de luz roja característico de las pokéball recogerlo del suelo pringoso.

—¡Excelente, Cupeon! —felicitó a su Cubone, que saltó y danzó triunfalmente sin preocuparse en absoluto por el lodo y su mal olor— Has estado fenomenal.

—No cantes victoria tan pronto, mocosa… —le espetó el esbirro Rocket desde la oscuridad, con un tono tan cortante que la joven agradeció que no tuviera un filo real— Te he subestimado, sí. Ya me has demostrado que no has ganado… la Liga Pokémon solo con tu cara bonita ¿estás contenta? Pues disfruta de tu insignificante victoria, porque… uno no sobrevive a las órdenes de Giovanni cometiendo… dos veces el mismo error ¡Vamos, zagal! ¡Es hora de que esta damisela aprenda… lo que es pasar miedo de verdad!

Cristal estaba más que acostumbrada a las bravatas del Team Rocket; pero no tardó mucho en darse cuenta de que aquella no lo era.

Aunque esta vez también pudo percibir el rayo rojo, el pokémon salió de su refugio como una exhalación, de tal manera que la joven no pudo ver cuál era. Y tampoco guiarse por las palabras de su contrincante; que, muy astutamente, esta vez se cuidó mucho de llamarlo por su nombre.

Lo único que podía percibir en la de nuevo absoluta oscuridad era una especie de brisa suave, que disipaba las miasmas dejadas por Koffing, y de la que era fácil sospechar que estaba relacionada con el siniestro zumbido, acompasado con una especie de chasquido fuerte y flexible, que tronaba en la negrura por encima de su cabeza. Antes de que hubiera podido siquiera detectar el punto exacto donde estaba la fuente del sonido, se oyó una especie de violento latigazo doble, seguido por los gritos de dolor de Cupeon. Un instante después, un cuerpo duro y pequeño la derribó al caer contra su pecho. No necesitaba verlo para saber lo que era: su pequeñín había sido finalmente derrotado.

—Cupeon… —murmuró, angustiada. Lo peor de aquella negrura absoluta era que no podía siquiera comprobar con sus propios ojos si su pokémon estaba bien, y aquellos jadeos lastimeros la aterrorizaban— ¡Cupeon! ¿Estás bien? ¡Por favor, dime algo!

El Cubone se agitó y emitió un leve gemido, apoyándole la patita en la mano. Tranquila, parecía estar diciendo. Aunque siento haber perdido.

—No te preocupes, ha sido un combate soberbio. Ahora, descansa: te lo has ganado con creces.

El pokémon del recluta estaba volando tan alto que ni siquiera pudo intuirlo con ayuda del rayo de la pokéball de Cupeon cuando lo hizo regresar.

No necesitaba mucho más para darse cuenta de que solo podía ser un pokémon volador. Para empezar, porque un movimiento de tipo veneno no hubiera bastado para debilitar a un pokémon de tipo tierra de un solo golpe. Para seguir, porque era obvio que ese sonido tan peculiar que, en un principio, la había desconcertado, solo podía ser el de unas alas; además de que ni siquiera le venía a la cabeza ningún movimiento de tipo veneno que pudiera asestar golpes dobles; pero sí uno de tipo volador: Ataque ala. Y para terminar, por los ataques cortantes que habían reducido a quincalla la silla de Danniel Torrance, cuyos destrozos se correspondían perfectamente, ahora sí estaba completamente segura, con los que podía causar un Ala de acero. Desde luego, Cupeon era capaz de rechazar movimientos especiales de tamaño moderado con su Hueso Palo, e incluso hundir un suelo para atrapar en él a un pokémon que está usando Desenrrollar; pero no tenía nada que hacer con un golpe directo salido de la nada con un movimiento de tipo volador.

Así que lo único que podía hacer era garantizarse que su pokémon podría, más o menos, soportar los ataques voladores y devolver los golpes. Así, si las presuposiciones que tenía en mente acerca de aquel contrincante resultaban ser ciertas, mejor; pero si no, al menos, su pokémon aguantaría el tipo mejor.

—¡Adelante! —Exclamó, sacando a su Smoochum; cuidándose ella también de no llamarlo por su nombre: no quería darle más ventajas sobre ella al recluta de las que ya tenía.

Sin embargo, este no pensaba perder el tiempo en absoluto.

—¡Usa Chupavidas!

—¡NO! —gritó la joven, horrorizada— ¡Usa Nieve polvo!

El grito de dolor de Smoopeon resonó en la oscuridad con más fuerza que nada que Cristal hubiera podido oír nunca, hasta tal punto que creyó que todas las cosas habían empezado a dar vueltas, aunque ella no las podía ver. La cruel carcajada del recluta fue muchísimo peor.

—¿Qué te creías? ¿Qué podías usar contra mí mis propios trucos? —le espetó, con acidez— Sé que tu segunda mascota de la noche… es de tipo psíquico ¡Los niños que llegáis a Campeón sois tan… predecibles! ¿No has aprendido todavía de tu principito dragón… que los tipos no ganan los combates? ¿O es que te creías que iba a cometer la estupidez… de ponerme a delinquir en los dominios de los Natsume… sin cubrirme las espaldas en condiciones? Es tan tristemente obvio que es casi decepcionante.

La joven se tragó como pudo la bilis para no perder los escasos nervios que le quedaban. Aunque eso no la ayudaba a que dejara de tener la sensación de que el suelo estaba hundiéndose bajo sus pies.

Curiosamente, lo que acabó por conseguir tranquilizarla de nuevo fue la clara percepción de que la temperatura, ya de por sí anormalmente baja debido a la presencia de los espectros, caía unos cuantos grados más: el aire que movían ahora las alas del su contrincante estaba cargado de pequeñas partículas de hielo. Eso significaba que, aunque bastante tocada, Smoopeon podía seguir peleando, y que el pokémon vampiro también se debía de haber llevado una buena sacudida.

Porque ahora le resultaba más que evidente que el pokémon al que se estaba enfrentando ahora era un Golbat: no solo era asombrosamente rápido; sino que, a juzgar por la fuerza de los chasquidos que emitían aquellas alas, también era particularmente grande. No podía ser un pokémon bicho; que, por otra parte, tampoco eran habituales en los equipos pokémon Rocket. La línea evolutiva de Zubat era la única especie de pokémon volador que, sin ser de tipo bicho, podía usar Chupavidas, y acababa de comprobar que el desfase entre el nivel de poder como pokémon y el que poseían como espectros no era tan grande como había temido: tenía que ser un pokémon evolucionado para hacerle daño con un movimiento de tipo bicho a un contrincante que, además de psíquico, también era de tipo hielo.

El frío, junto con la certeza de que Smoopeon todavía estaba en pie, le despejó la cabeza, que dejó de darle vueltas. Además, le refrescó las ideas lo suficiente como para inspirarle una manera de enfriarle los ánimos a aquel criminal sin hacer que su pequeña se marease en el intento.

—¿Smopeon? —inquirió, con ansiedad. Un gemido débil, pero cargado de determinación, respondió a unos metros de ella; así que sonrió, aunque su pequeña no podía verla— ¡Ahora, vamos a patinar! ¡Usa Ventisca!

La joven pudo notar una rápida sucesión de potentísimas ráfagas de viento gélido soplando en todas direcciones; pero no oyó ninguna exclamación de dolor de pokémon, y sí otra carcajada burlona humana.

—Muy potente… ¡pero no te va a servir de nada si no me aciertas, Campeona!

Además, sus oídos agudizados al máximo por la oscuridad total, no solo podían percibir la respiración jadeante de su Smoochum y el latigazo de las alas del Golbat, sino también un tercer sonido, muchísimo más sutil pero no menos amenazador, como de cristal resquebrajándose lentamente. Los sonidos rítmicos emitidos por el pokémon de su rival al batir las alas ya no eran tan frecuentes.

—No se preocupe… —le replicó, con tono jocoso— Seguro que ahora acierto con mucha más facilidad ¡O, por lo menos, usted me acertará con mucha menos facilidad a mí!

El recluta emitió una maldición, y ordenó a su pokémon volver a usar Chupavidas; pero, para el infinito alivio de Cristal, esta vez no oyó gritar de dolor a Smopeon. Pero sí pudo oír un creciente siseo deslizante, que le indicaba que su pequeña había conseguido entender a la perfección lo que ella le había propuesto: Golbat necesitaba acercarse a ella para atacarla con movimientos verdaderamente eficaces; así que a ella le resultaba relativamente sencillo escapar de él deslizándose sobre la espesa capa de hielo que se había formado al congelarse los residuos líquidos dejados por Koffing (nuevamente, la muchacha intentó no pensar en la reacción del Director al entrar en su despacho a la mañana siguiente; que la iba a hacer sentirse soberanamente culpable durante semanas).

Por desgracia, era plenamente consciente de que haber puesto a su favor el terreno de combate no bastaba, ni siquiera con el clima hostil a Golbat que había conseguido crear. De poco les servía ganar el combate si llegaban demasiado tarde para auxiliar al señor Fuji.

—¡Smopeon… ¡—dijo, intentando camuflar su desesperación— ¡Concéntrate! Tú puedes oír a Golbat tan bien como yo, si no mejor. Percibe su presencia cerca de ti… y, luego, usa Ventisca una vez más.

Aquellos instantes que pasó esperando volver a sentir la ráfaga de viento y nieve fueron los más largos de toda su vida. Entonces ocurrió lo último que realmente había esperado.

De repente, una emanación de resplandor azulado rasgó la profunda oscuridad. Era una luz tenue; pero se reflejaba en las placas de hielo que recubrían todo el despacho con una intensidad deslumbradora, y la sala entera no tardó en estar completamente iluminada hasta el último rincón con una gélida luz de un tono azulado, como el de algunas estrellas. El espectáculo era de una belleza terrible, que dejó completamente sin aliento tanto a Cristal como a los demás testigos del combate.

Ahora, todo estaba plenamente a la vista: el despacho cubierto de lodo de un tono pardo violáceo, ahora completamente congelado; el recluta del Team Rocket, cuya sonrisa sádica se había convertido en una mueca de espanto y rabia; su enorme Golbat, con los dientes aún manchados de sangre ahora coagulada por el frío (aquello hizo que a la Campeona estuviera a punto de darle un vahído) y completamente inmovilizado en el aire, y a Smoopeon en el centro de la estancia, con la corta melena rubia flotando sin viento alrededor de su rostro, en el que destacaban sus dos grandes ojos, relucientes con aquel resplandor sobrenatural.

—¡Es Psíquico! —exclamó Tony, absolutamente encantado—¡Así se hace, Smoopy!

La joven entrenadora sabía que no tenía demasiado tiempo, así que decidió que ya se dejaría llevar por aquella infinita sensación de orgullo de entrenadora dentro de unos minutos.

—¡Perfecto, Smopeon! ¡Usa Psíquico!

La pequeña Smoochum emitió un penetrante grito extrañamente musical, y el hielo a su alrededor empezó a crujir con un estruendo atronador mientras se quebraba, como un pisado por un gigante. Lo último que pudieron ver fue un torbellino de gruesas esquirlas cristalinas abalanzándose sobre el pokémon murciélago, que se debatía con todas sus fuerzas. Luego, la luz azul se extinguió, y todo volvió a quedarse en silencio.

Tras unos segundos de estupor generalizado, destelló un rayo rojo: el recluta del Team Rocket llamaba a su Golbat inconsciente, emitiendo una maldición por lo bajo. Y luego, tras unos instantes de silencio tenso más, dijo:

—Bien… es obvio que la mocosa sabe jugar de verdad. Has invocado a Arceus y a Giratina… así que, por poco que me guste, estoy obligado a responder. Aquí te dejo el puñetero Scope Sylph de las narices.

Su voz sonaba cargada de amargura y cólera, pero también de seriedad; así que no podía caber la menor duda.

Aquello no era una treta.

Lo habían conseguido de verdad.

Cristal, repentinamente agotada por el alivio, se dejó caer al suelo, suspirando, y un cuerpecito pequeño saltó desde la negrura a sus brazos, emitiendo una exclamación de júbilo. Era Smopeon, también cansada y débil, pero absolutamente feliz con su victoria.

—¿Estás bien, pequeña? —Le preguntó la entrenadora, todavía preocupada por los efectos del ataque de Golbat.

—¡Smooch, Smoochum!

—Has estado maravillosa, y no podría estar más orgullosa de ti… pero tenemos que curarte esas heridas, para que no pierdas más sangre. Chupavidas puede ser particularmente peligroso cuando lo usa un Golbat.

La pequeña emitió unos murmullos de conformidad, y le plantó varios besos seguidos en la mejilla que tenía a su alcance. Ella respondió con un abrazo, al que, de improviso, se sumó también Arcapeon, rodeándolas a ambas con su enorme cuerpo de color canela y lamiéndoles profusamente la cara. La joven, a pesar de todo, sintió que el agotamiento se evaporaba.

Una última risa queda y cruel del recluta interrumpió la breve celebración.

—No cantes victoria, Campeona… —masculló, con una extraña nota de triunfo entrelazada con la furia—. Tal vez me has vencido a mí… ¡pero yo soy solo el obstáculo más ínfimo de tu camino! ¡Una mera espina en el dedo! Ahora mismo, bajo tus pies… decenas y decenas de guerreros se preparan para entrar en liza. Soldados de élite… antiguos Líderes y Campeones, cuyos lazos con el resto de la humanidad… se hicieron polvo hace siglos, al igual que sus cuerpos… que llevan miles de noches vagando por Pueblo Lavanda… esperando el momento de comprar el auténtico descanso eterno… con la sangre de criminales como ellos. Dime, Cristal Soulheart, Campeona de la Liga Pokémon de Johto ¿quieres el Scope Sylph para reconocer mejor la cara… del compañero de filas que te clave en una cruz antes de que se haga de día? Aunque no creo que la necesites: a menos que el guardián… exija él mismo tu sangre, para atarte a él como hizo conmigo… espero, sinceramente, tener el placer de hacerlo yo.

La macabra risa se fue disolviendo lentamente en las tinieblas, como una niebla arrastrada por el viento. Finalmente, regresó el silencio.

—Se ha ido —dijo Dulce, con un susurro cargado de espanto—. Ya no siento su presencia aquí.

—¡Venga, coge el Scope Sylph y vámonos! —la apremió Tony— Lo que ha dicho esa escoria me da pésima espina; pero ni siquiera ha mencionado al señor Fuji. Es posible que todavía esté vivo.

—De hecho, si lo que nos has explicado es verdad… debería estarlo ¿no? —inquirió Kira, a quien se le notaba el nerviosismo en la voz por mucho que parecía estar intentando ocultarlo— Quiero decir… dice que se están "preparando" para atacar… eso significa que todavía… que todavía no puede hacerlo ¿no? ¿Para qué querría ganar más tiempo, si nuestro mediador ya… hubiera… m-muerto? Atacaría sin más, sin avisar…

Cristal asintió, olvidando por unos instantes que sus acompañantes no podían verla (aunque ya no estaba del todo segura), e hizo regresar a su pokéball a Smopeon antes de dirigirse al escritorio ahora vacío; pisando con cuidado, por si todavía quedaban restos de podredumbre congelada en los que pudiera resbalar. Gracias a Arceus, Arcapeon tuvo la maravillosa idea de volver a usar Lanzallamas hacia el techo, lo que le permitió a Dulce y a Kira volver a encender las velas apagadas, y la estancia no tardó en volver a estar iluminada con una luz suave, pero constante. Los tres, junto con Tony, se acercaron también al escritorio, para permitirle ver mejor.

En efecto, sobre la mesa todavía congelada del gran despacho, había un objeto de un metal plateado, particularmente ligero a pesar de estar reforzado con plástico en algunos puntos, que la joven entrenadora reconoció fácilmente como el mismo que se empleaba para hacer las pokéballs. Si no supiera lo que era, lo hubiera identificado de inmediato como unos anteojos profesionales de diseño; aunque, en realidad, se dijo, no deja de ser precisamente eso.

—¿Sabes cómo se utiliza, Tony? —Inquirió, examinando los botones de colores que tenía en uno de los laterales.

El Gastly asintió.

—Tengo entendido que el botón blanco es para quitar el diafragma protector de las lentes, el azul para la visión nocturna y el rojo para identificar a los espectros. Por lo demás, funciona como unos anteojos normales y corrientes.

Cristal asintió despacio y tragó saliva, llevándose el aparato a los ojos. Efectivamente, el blanco abrió las lentes, lo cual demostraba que el dispositivo no estaba dañado. Y, al accionar el botón azul, el despacho entero se reveló ante sus ojos en tonos esmeraldas. Dulce y Kira, terriblemente serias, no pronunciaban palabra; Tony la miraba con intensidad. Y ya no necesitaba preguntarse por qué: se estaban preguntando, como ella, si estaba ya preparada o no para encender definitivamente la luz de la habitación a oscuras.

El botón rojo, el que desvelaba la realidad tal cual era; el que veía más allá de las ilusiones. Como la píldora roja que permitía escapar del Sistema Matriz en las películas de Reiniciado[4]. No sabía si sus compañeros de aventura estarían más o menos nerviosos que ella misma; de hecho, Arcapeon era el único que había aprovechado aquel breve alto para sentarse de nuevo tranquilamente, sin preocuparse lo más mínimo por el dilema de su entrenadora. Era posible que, de hecho, ni siquiera comprendiera aquella vacilación… después de todo, él había sabido desde el principio lo que ella iba a descubrir ahora.

Intercambió con el enorme perro una mirada elocuente, y este se la devolvió con resolución, agitando levemente la hermosa cola. A qué estás esperando, parecía decir. El tiempo corre, en tu contra y en la de Fuji…

—"¡Qué diablos!" —se dijo, casi furiosa consigo misma por sus propias dudas— "Confío en Tony, Dulce y Kira. Sé que estoy rodeada de amigos, y necesito familiarizarme con este trasto cuanto antes ¡No quiero tener que ver aprender a usarlo por las malas, cuando ya tenga delante a un samurái del clan de los dragones dispuesto a matarme! Si tengo que enfrentarme a la realidad… mejor empezar entre seres queridos."

Y, sin pensárselo ni un segundo más, apretó el botón rojo del Scope Sylph.


NOTAS AL PIE (A.K.A. explicaciones de mis ocurrencias adaptativas)

1 Referencia a la trilogía de El Padrino (The Godfather), de Francis Ford Coppola, y al capítulo en el que presentan a Giovanni en Pokémon Generations, La persecución (The Chase).

2 El pez grande se come al pequeño.

3 Sí, he sacado la imagen de Batman.

4 Sí, es una referencia a Matrix. Me he basado muy libremente en el título de la segunda película, Matrix Reloaded (Matriz Recargada).


Sinceramente, lectores ¿qué creen que verá Cristal a través del Scope Sylph? (Respondan, por favor; me hace ilusión XD) ¿Se confirmarán las sospechas que la Campeona ha ido acumulando a lo largo de toda la noche?

Se lo que sea... sus vidas penden de un hilo: ahora, además, nuestra heroína tiene un enemigo declarado en las filas de los sitiadores. Sin embargo, como bien dice Tony, "la noche todavía es joven" ¿Encontrarán un as en la manga del que tirar? ¿Estarán todavía a tiempo de salvar al señor Fuji? Continuará…