ADVERTENCIA: RATED M
Sí, sé que el relato es lento... pero los giros de guión hay que darlos con tiempo, para que no se conviertan en derrapes.
En el último capítulo dejamos a Cristal usando el Scope Sylph, a punto de descubrir... ¿qué? Este rated M va porque la verdad es mucho, mucho más terrible de lo que ella esperaba descubrir. A quienes no les gusten las alusiones gore, les desaconsejo este capítulo. A quienes quieran seguir... ¡muchísimas gracias por leerme! ^^
Tal y como Tony le había dicho que ocurriría, un fino rayo de color rubí similar al que Tupeon había usado para poder atacar a la Mano Blanca barrió la estancia.
En realidad, hacía rato que Cristal intuía lo que le iban a revelar aquellos anteojos. Pero ahora, aquellas insinuaciones vagas momentáneamente iluminadas por breves relámpagos de certeza estaban tomando un cuerpo físico y tangible bajo aquella luz rojiza; haciendo que algo dentro de ella se encogiera y retorciera, como atacado por un súbito dolor insoportable
Durante unos instantes, intentó volver a contener las lágrimas, diciéndose, por enésima vez, que no era el mejor momento para echarse a llorar. Pero le resultaba tan imposible como conseguir que un objeto puesto al sol dejara de proyectar sombra en el suelo.
En realidad, la visión que le proporcionaba el botón rojo del Scope Sylph no era muy distinta de la visión nocturna normal. El despacho de Hallorann seguía teniendo el mismo tono esmeralda, como si estuviera viéndolo a través de una lente de ese color, y se revelaba casi completamente vacío a su alrededor, todavía cubierto de escarcha y fragmentos de hielo de color púrpura. Pero ahora podía distinguir claramente la sólida silueta rojiza de Arcapeon, que despedía el calor constante de un cuerpo vivo, de la del Gastly que levitaba serenamente a su lado, de un gélido tono violáceo.
Al ser alcanzado por el haz de luz, Anthony Torrance había recuperado su aspecto físico de pokémon gas. Pero, curiosamente, la expresividad de sus rasgos no había cambiado en absoluto, y Cristal podía seguir reconociendo sin la menor dificultad las emociones que destilaban sus grandes ojos de color púrpura, que en aquel momento eran una mezcla extraña de avidez y ansiedad. Era la misma expresión que había en los ojos castaños de Dulce y en la mirada cálida de Kira, a las que reconoció sin la menor dificultad a pesar de que ellas también habían cambiado de aspecto.
—¿Funciona? —Inquirió Tony.
Seguía teniendo la misma voz suave y arrastrada. Simplemente, ahora que podía verlo tal y como era en realidad, resultaba mucho más evidente que se estaba comunicando con ella por telepatía. Ahora, además, Cristal podía saber que estaba en el nivel 50; detalle que al que no había prestado la menor atención hacía unas horas, durante la larga conversación que había tenido con Danniel; pero que en aquellos momentos, en los que necesitaba más que nunca toda la ayuda y las explicaciones que pudiera obtener, explicaba perfectamente cómo había conseguido aguantar durante tanto rato el asedio de Growlithe: hasta sus propios pokémon, incluso los que habían integrado el equipo de Campeones de la Liga, hubieran tenido problemas para derrotarlo en un combate singular. Era obvio que el joven Torrance, aunque hubiera decidido dedicarse al periodismo de investigación, no había descuidado en absoluto el entrenamiento de su pokémon, y que la libertad de movimientos de la que este gozaba en Pueblo Lavanda también daba fruto en ese sentido.
Durante unos instantes se le pasó por la cabeza preguntarle al Gastly por qué no había evolucionado todavía; pero le pareció una pregunta inoportuna, que tal vez incluso podría considerarse de mal gusto. Para empezar, porque ya había tenido noticia en varias ocasiones de pokémon que no tenían el menor interés en evolucionar; simplemente, porque no les apetecía cambiar radicalmente de aspecto y, en ocasiones, incluso de naturaleza, solo para obtener más poder. Y para seguir porque, según contaban las personas que sabían algo de Red Ketchum, su Pikachu era precisamente uno de estos, y eso no le había impedido en absoluto convertirse en Campeón. Si Anthony Torrance había decido que le bastaba con ser un Gastly, ella no era quién siquiera para opinar al respecto.
Así que se limitó a asentir, sin abrir la boca, que sentía tan seca que dudaba de que pudiera articular sonido si lo intentaba.
Arcapeon corrió hacia su entrenadora y empezó a ladrar y saltar alegremente a su alrededor, encantado con lo que consideraba, sin la menor ambigüedad, una buena noticia; pero Tony se limitó a suspirar, tal vez de alivio, tal vez de pesadumbre (seguramente, él y su compañero habían usado el aparato ya varias veces, por lo que no tenía curiosidad al respecto). Y las dos jóvenes lavandesas siguieron en silencio, observando con tristeza tanto al jubiloso Arcanine como a su entrenadora, como si el gesto de asentimiento de la muchacha johtense las hubiera convertido en piedra.
Lo peor de todo, se decía la joven campeona, es que no tengo ni idea de cómo reaccionar. Había vivido en primera persona varias situaciones particularmente violentas, como cuando tuvo que reconocer delante de Plata que había descubierto que era hijo de Giovanni. Jamás olvidaría la expresión de odio visceral que vio en sus ojos en aquel momento, aunque luego se transformara en una desgarradora oleada de dolor y rabia. Fue en aquel preciso instante cuando se dio cuenta de que no saber amar no es lo mismo que no poder hacerlo, y que detrás de la rudeza casi cruel con que trataba a sus pokémon había un profundo desconocimiento acerca del amor; pero hubiera preferido descubrir aquello de otra manera, porque todavía se le encogía el estómago al pensar en la mal disimulada impotencia con que había reaccionado su rival.
Pero en los ojos de Kira y Dulce no había nada de desprecio, ni de odio o rabia, mezclados con su dolor. Solo había una profunda tristeza y amor inmenso, tan evidentes como le resultaban ahora sus verdaderas identidades.
La verdad al desnudo, así como las emociones en estado puro, son auténticas fuerzas naturales en sí mismas; se dijo Cristal de repente. Tal vez por eso los pokémon fantasma son, después de todo, tan complejos y poderosos. Aunque supongo que esa es precisamente la cuestión. Si Mazakala Hallorann estuviera aquí ahora mismo, me diría que la única respuesta leal que se le puede dar a la sinceridad absoluta es la verdad, y me recomendaría que siguiera a mi corazón. Como el señor Fuji. Y como Lance. Y como los dos chicos Torrance, tanto el entrenador como su pokémon; aunque este último daba la impresión de no tener nada más que decirle, porque seguía en silencio.
Finalmente, decidió que la mejor manera de romper aquella parálisis de indecisión era obligarse a hacer algo; lo que fuera. Acercarse a ellas, mostrarles que no le inspiraban rechazo, era una buena opción, para empezar. En realidad, aquella noche estaba aprendiendo mucho, y no solo sobre los pokémon de tipo fantasma. Estaba comprobando, una y otra vez, que no importaba lo confusa y desorientada que se sintiera; su instinto de entrenadora sí sabía lo que tenía que hacer cuando entraba en acción. O, tal vez, a él no le importaba tanto como a ella equivocarse: a pesar de las crueles bravatas del esbirro de Giovanni, y de la certeza de que había algo de verdad en ellas (tal vez mucho más de lo que le gustaría admitir), la sensación de estar en el lugar en que debía y en el momento más adecuado no había desaparecido todavía; ni siquiera ahora que estaba, tal y como había temido desde que puso el pie en Pueblo Lavanda, en la situación más espantosa en la que se había encontrado nunca y, seguramente, se encontraría jamás. Tal vez, después de todo, sus años de esfuerzo y determinación se habían quedado definitivamente dentro de ella de alguna manera. Tal vez, al final, tenía razón al pensar que el talento también se aprende.
Cuando quiso darse cuenta, se había apartado de la cara el Scope Sylph, que en esos momentos ya no necesitaba, y se había arrodillado frente a Dulcinea Masaki para poder mirarla directamente a los ojos. La hembra de Eevee tenía el abundante pelaje castaño frágil, lacio y deslucido por la enfermedad que había destruido su cuerpo, y eso le daba un aspecto avejentado que no concordaba con la juventud que reflejaba su espíritu; pero sus grandes y tristes ojos castaños seguían rebosando aquella dulzura luminosa que, con toda seguridad, le había valido el nombre que le había puesto Bill, y que ni siquiera la muerte había podido llevarse.
—Amiga mía… —le dijo. Estaba sonriendo sin poder evitarlo, a pesar de que las lágrimas le quemaban los ojos—. Ahora sí que puedo abrazarte ¿no?
Tendió la mano hacia ella, despacio pero confiadamente. La pokémon zorro tenía las orejas gachas, bajó la vista y emitió un gañido suave y melancólico en su lenguaje pokémon. Cristal, no obstante, continuó con la mano tendida hacia ella. La conocía desde hacía apenas unas horas; pero, de alguna manera, sentía que podía entender lo que le estaba diciendo con la misma facilidad con que la había entendido cuando se había comunicado con ella usando una voz humana:
—No… no te disculpes —le contestó—. Probablemente ha sido buena idea mantener esta especie de máscara, mientras habéis podido: necesitaba aprender muchas cosas antes de poder enfrentarme a la auténtica realidad de la situación. En cualquier caso… quería dejarte claro que, de la misma manera que Mega, Arcapeon y los demás son amigos míos, tú también lo eres, Dulce.
Sin pensárselo dos veces, la Eevee frotó cabeza suavemente contra su mano extendida y, tras lo que pareció un breve instante de vacilación, saltó a sus brazos. Cristal la estrechó con fuerza, como había intentado hacer para consolarla hacía un rato. Su tacto seguía siendo frío como el hielo, pero ahora sí podía percibir la suavidad del pelo canoso deslizándose entre sus dedos; palpar el cuerpo demasiado delgado, casi consumido, debilitado por la larga agonía. No se dio cuenta de que se le estaban escapando las lágrimas hasta que no notó la lengua fría de la pokémon lamiéndole cariñosamente las mejillas ya empapadas.
—Lo siento… —dijo, sin pensárselo, como si las palabras también le estuvieran quemando en la boca— Siento haber llegado tarde para conocerte… para llevarte a recorrer Johto, para pasar un tiempo juntas antes de que tuvieras que marcharte… ¡Hubiera sido tan maravilloso viajar contigo!
Los sollozos resonaron en el silencio durante varios minutos, mientras Kira, Tonny y Arcapeon observaban la escena, profundamente conmovidos.
Finalmente, Dulce emitió un tauteo alegre y consolador y deshizo el abrazo cuidadosamente (era impresionante la fuerza que tenían aquellas elegantes patitas en su nuevo estado) para mirarla de nuevo a los ojos. Ya no había melancolía y remordimiento en aquella mirada profunda; sino una alegría serena que pareció extenderse por toda la sala todavía congelada como un halo, dando la impresión de espantar parte de la oscuridad que las rodeaba. Incluso le daba a la pokémon un aspecto más saludable, y su pelo parecía algo más fuerte y brillante. La joven entrenadora volvió a sonreír entre las lágrimas: no le costaba imaginar que, de no haber quedado despojada de su aspecto humano, la exorcista le hubiera dado unas palmadas en la espalda para reconfortarla.
Y luego, probablemente, le hubiera recordado que todavía tenían que rescatar al señor Fuji.
—No tenemos tiempo para llorar ¿verdad? —le respondió Cristal, soltándola cuidadosamente en el suelo para secarse los ojos con el dorso de la mano— ¡Tenemos una misión que terminar!
—¡Ivuie! —Asintió Dulce, con un tono casi desafiante.
La Campeona sonrió de nuevo, esta vez con menos tristeza, contagiada también por el ánimo renovado de su amiga.
Pero no pudo evitar que el corazón volviera a hundírsele al dirigirse a Kira.
Ahora, naturalmente, cobraban sentido todas aquellas evasivas erráticas con que había estado refiriéndose a la enfermera Joy durante el ascenso por la Torre. Y podía comprenderlas mucho mejor a las dos; aunque se le partía el alma con solo pensar que, de haber fracasado en su intento de desmantelar el Team Rocket, hubiera podido pasarles algo similar a ella y a su equipo.
La hembra de Growlithe no tenía un aspecto tan desmejorado como Dulce, pero Cristal no estaba segura de estar preparada para ver, si se atrevía a apartar el abundante pelo de color canela (o ella le permitía que lo hiciera), las heridas que debían de haberla matado.
—Kira… —empezó, con el desaliento escrito en la voz— Sé que no es el momento para hacerte preguntas. Para empezar porque sé que, ahora mismo, no puedes contestarme. Lo único que puedo decirte es que la enfermera Joy todavía te está llorando, y que le indigna muchísimo, casi hasta la desesperación, no poder visitar tu tumba.
La pokémon perro agachó la mirada, con los ojos húmedos, y a la Campeona le costó todas sus fuerzas mentales no dejarse arrastrar por aquella profundísima pena.
—Pero te digo lo mismo que a Dulce —continuó—. Puedes considerarme amiga tuya, y estoy segura de que Arcapeon opina exactamente lo mismo. Cuenta con nosotros, por favor. Si hay algo que podamos hacer para ayudarte, sea lo que sea, estamos aquí para ti… como Joy lo estaba y, con toda seguridad, todavía lo está. Estás en su corazón… y, a partir de ahora, también estás en el nuestro.
El enorme Arcanine emitió un exultante ladrido, galante como una declaración de amor cortés, y Kira pareció recuperar parte de su habitual ánimo chispeante. Pero no tuvieron tiempo para añadir mucho más, porque Tony carraspeó severamente, entrecerrando sus grandes ojos púrpura: no podía ser más obvio que, terminado el momento de las revelaciones, tenía mucha prisa por marcharse.
—Sí, tenemos que bajar de la Torre ya… —contestó Cristal—. Nuestras vidas, las de vuestros entrenadores y las todos los que están durmiendo esta noche en Pueblo Lavanda están en juego. Tal vez incluso tengamos que abrirnos camino para salir. Vosotros tres… no sois pokémon míos, pero ¿me ayudaríais a combatir?
Tanto los dos espectros como los dos pokémon vivos contestaron al unísono con un fiero asentimiento. En ese momento, a la joven entrenadora le vino a la mente el corto combate que había librado contra Stinky, Clefairy y Ratticate unos metros más abajo, hacía ya un buen rato: ahora que podía ver a sus acompañantes en su forma pokémon, podía saber en qué nivel estaban cuando murieron.
En su nivel 41, era más que plausible que Kira conociera Lanzallamas. De hecho, se corrigió rápidamente, conoce Lanzallamas: ya le había contado solapadamente su trepidante anécdota sobre cómo había aprendido el movimiento, mientras luchaba contra los pokémon ninja del clan Kyo. Y era obvio que Bill le había enseñado unos cuantos movimientos a Dulce antes de su muerte, tal vez cuando todavía había esperado que acabara por curarse; entre los cuales podía estar Bola Sombra.
Si sus sospechas eran ciertas, aquellas buenas amigas ya habían luchado a su lado, anónimamente, amparadas en las sombras proyectadas por el fuego ilusorio del guardián.
La calidez suave de la sola idea bastó para espantar lo poco que quedaba del frío terrible que se le había metido en los huesos durante el combate contra el esbirro Rocket.
Sin pensárselo una sola vez más, la joven entrenadora se colgó del cuello el Scope Sylph, para mantener las manos desocupadas por si las necesitaba, les devolvió el gesto a sus compañeros con firmeza y dijo:
—No se hable más, entonces ¡Adelante!
0o0oOo0o0
Si el estado en el que las tropas de los señores dragones habían encontrado la Torre Pokémon cuando se adentraron en ella, una y otra vez (para explorarla primero y para rescatar los cadáveres de sus compañeros de filas después), se parecía lo más mínimo a lo que ella vio al bajar las escaleras del último piso y volver a usar el Scope Sylph, no le sorprendía demasiado que el más anciano de los soldados de Ciudad Endrino hubiera muerto de un ataque al corazón entre aquellas paredes, ni que otros dos hubieran pactado un suicidio ante semejante espectáculo. Y, desde luego, comprendía el horror que debió de haber empujado tanto al niño Natsume como al último soldado superviviente de la segunda incursión a negarse a seguir las órdenes de adentrarse en ella. Era obvio que, si el implacable Siegfried Wataru se había compadecido de este último hasta el punto de perdonarle sin condiciones su insubordinación, la pavorosa carta que había mandado al Estado Mayor del Imperio hablándole del lamentable estado del antiguo hogar de los Tamamuchi debía de haber sido apenas una aproximación.
Tal vez lo peor de todo era que no había nada ni nadie en aquellas estancias vacías. Literalmente, ni un alma. Ni un solo pokémon, ni fantasma ni de ningún otro tipo; ni muerto ni vivo. Solo aquella oscuridad nacida de la cólera de Growlithe, casi dotada de vida propia, agazapándose más allá del exiguo círculo de luz proyectado por las velas cada vez más pequeñas. Como si el horror y la desesperación que habitaban en aquella negrura viva en la muerte los hubieran, definitivamente, devorado a todos.
Cristal tuvo varias veces la sensación de que un fragmento de las tinieblas que casi luchaba por atravesar le estaban constriñendo el pecho sin que ella se diera cuenta, o que el aire se estaba solidificando dentro de sus pulmones por el espanto y el terror. Y, a cada paso que daba, la angustia se hacía aún más fuerte, hasta tal punto que estuvo a punto de detenerse más de una vez para esperar a que el pánico se disipara; lo único que la disuadió fue la certeza de que, si lo hacía, le iba a costar un esfuerzo de la voluntad casi físicamente doloroso retomar la marcha.
A la luz reveladora del dispositivo de Sylph S.A., la joven campeona iba reconstruyendo dentro de su mente, poco a poco, el terrorífico relato que Tonny no se había atrevido a narrar explícitamente al contarles sus últimas horas en la Torre antes de ser atacado por Growlithe. Lo que ella y su equipo no habían podido ver, pero sí escuchar, mientras el Gastly pedía socorro a gritos por radio. Y se le helaba la sangre al pensar en los horrores indescriptibles que le habían pasado rozando mientras se adentraba en aquel viejo cementerio, creyendo estar explorando una simple Torre de Radio encantada.
Aunque había intuido varias veces que la aparente normalidad que reinaba en los pasillos y despachos era demasiado perfecta para ser lo que parecía, y tanto el frío atroz que reinaba en las estancias a pesar de estar supuestamente climatizadas como la aparente naturalidad con la que los trabajadores con que se iba encontrando se tomaban las disrupciones paranormales salidas totalmente de la nada que se presentaban a su alrededor le habían dado la sensación de que había algo que no cuadraba en aquel escenario, ni siquiera se hubiera atrevido a imaginar algo como aquello. No obstante, cuando reflexionaba sobre ello detenidamente, se percataba de que tampoco era un fenómeno tan extraño, al menos dentro de lo sobrenatural; ya que la habilidad de los espectros para disfrazar la realidad era proverbial, y ella misma había comprobado varias veces aquella misma noche que uno no podía confiar del todo en sus sentidos a la hora de tratar con ellos. Todo el mundo había oído al menos una vez el típico relato o leyenda urbana en la que un chico o chica que estaba de viaje se perdía en mitad de ninguna parte y se encontraba por casualidad con una mansión o castillo, habitado por un amable anfitrión que vivía solo (una bella dama, o un augusto caballero) al que solicitaba hospedaje desesperadamente. Este lo acogía encantado, le servía una copiosa cena y le ofrecía una cama mullida, fresca y limpia para pasar la noche. Y, tras una aventura terrorífica o un largo sueño plagado de pesadillas (este ingrediente en concreto era relativamente opcional), el o la joven se despertaba a la mañana siguiente en medio de unas ruinas, o en la polvorienta habitación llena de telas de araña de un caserón abandonado; momento en el que se daba cuenta de que nada de lo que creía haber experimentado la noche anterior (la cálida bienvenida de un agradable anfitrión, la deliciosa y abundante cena, el cómodo lecho en el que se había acostado) había sido en absoluto cierto: todo había sido una ilusión particularmente realista elaborada por un anciano Ninetales[1] solitario todavía leal a un amo muerto hacía siglos; o por uno o varios pokémon fantasma asentados en la vieja mansión, que habían decidido utilizar su deslucido esplendor como cebo para cazar viajeros extraviados de los que alimentarse[2]. Se trataba de un esquema narrativo lo bastante común como para que incluso a ella, que solo conocía el género del terror porque Oro la convencía de tarde en tarde de que se sentara con él a ver alguna película de este tipo, le sonara lo suficiente como para reconocerlo cuando se lo encontraba. Excepto, al parecer, (se dijo a sí misma, con una mezcla de terror, amargura y vergüenza) si la incauta jovencita que se ha precipitado confiadamente en las garras ávidas de un Haunter hambriento era ella misma.
La luz carmesí del Scope Sylph había revelado, finalmente, lo que se escondía detrás de aquella aséptica pulcritud, que resultó haber sido tan ilusoria como la forma humana asumida por Dulce, Kira y Tony. Los pasillos estaban completamente a oscuras, y les resultó imposible encender las luces (¿era posible que el aullido silencioso del guardián hubiera inutilizado por completo la instalación eléctrica?); pero las dos velas que llevaban consigo bastaban para permitirles ver el desastre que Growlithe y los espectros que había convocado para desencadenar el terror habían dejado tras de sí. Si Cristal y el esbirro Rocket al que acababa de derrotar habían dejado el despacho del director Hallorann empapado en gargajos tóxicos y recubierto de hielo durante un combate pokémon normal y corriente, resultaba prácticamente obvio el desastre que debía de poder causar un ejército entero de criaturas sacadas de la tumba precisamente con el objetivo de sembrar el caos a su paso.
No había ni un solo mueble ni centímetro de pared intacto. Era como si cada uno de aquellos espectros hubiera traído consigo una auténtica oleada de destrucción totalmente gratuita. Las sillas y mesas estaban literalmente hechas pedazos, y los trozos de distintos tamaños podían encontrarse en todos los rincones de las estancias y los recodos de los pasillos. Los sillones habían sido destripados por sistema; las puertas, quemadas, acribilladas y acuchilladas. Hasta los armarios más sólidos, de madera maciza o metal, habían sido zarandeados y golpeados, y estaban cubiertos de abolladuras, agujeros y desgarros; cuando no habían perdido al menos una balda y se les había partido a conciencia una o varias patas. A la puerta del estudio donde había estado encerrado Tony le faltaba el picaporte, que parecía haber sido arrancado a pura fuerza bruta por algo que estaba envuelto en llamas, que además había dejado cinco grandes surcos ennegrecidos tanto en la gruesa hoja insonorizada como en la pared que tenía al lado. Era casi un milagro que hubiera aguantado lo suficiente como para mantenerse cerrada, sin partirse por la mitad. Y todo el pasillo que llegaba hasta ella estaba alfombrado de papeles rotos o quemados arrancados de libros y ficheros; diminutos trozos de cristal procedentes de las lámparas, las puertas y las pantallas rotas, y esquirlas de metal y astillas de madera de origen imposible de identificar.
―Ten cuidado, Arcapeon ―dijo Cristal a su Arcanine, con el escaso hilo de voz que consiguió emitir―. Podrías cortarte. Avísame de inmediato si te haces algo; tendré que curártelo antes de que se infecte.
Sabía de lo que hablaba, porque no sería la primera vez que el orgulloso pokémon perro aguantaba estoicamente durante varios kilómetros el dolor de una pequeña herida que, parecía considerar, no merecía el tiempo y la atención que su entrenadora iba a gastar en tratársela. Y aquel no era el momento ni el lugar para intentar impresionar a Kira haciéndose el duro. Arcapeon debía de estar de acuerdo, porque asintió casi con gravedad.
Pero él no se quejó en ningún momento, y su entrenadora, asqueada y abrumada por lo que estaba viendo, casi se olvidó de que se suponía que podía hablar.
Las paredes y los techos también habían sido dañados por dientes y garras de todos los tamaños y formas, e incluso se habían arrancado de cuajo algunos enchufes; pero aquello no era lo más alarmante. Lo peor de todo era que estaban cubiertos de marcas de huellas, salpicones e incluso amenazas y maldiciones escritas con barro, limo tóxico y sangre. La más suave decía algo así como "Quemaré sobre mis huesos deshonrados las vísceras de los profanadores", y Cristal se alegró de llevar varias horas sin comer al leerlo. Algunos de aquellos pavorosos rastros recorrían varios metros de pasillo antes de desaparecer misteriosamente; o se originaban repentinamente en un punto del suelo en concreto y luego ascendían por la pared más cercana para continuar por el techo. En más de una ocasión, la joven entrenadora estuvo a punto de pisar un charco de algún fluido que no quiso detenerse a identificar, que daba la impresión de haberse formado mediante supuraciones a través de las baldosas, o que parecía brotar misteriosamente de un agujero en la pared; o se sintió repentinamente enferma por el espantoso hedor a podredumbre o a hierro que emanaba de alguna de las habitaciones en las que antes había estado. En un momento dado, intercambió una mirada de absoluto estupor horrorizado con Tony, que la observó elocuentemente con los ojos de color vino y el semblante violáceo aterradoramente serios, y decidió que todas las preguntas que podía hacer respecto a aquellos macabros fenómenos estaban completamente de más, tanto para ella como para él; así como para Arcapeon y las otras dos pokémon que la acompañaban. Los escasos pero truculentos detalles que el Gastly le había proporcionado durante su narración le bastaban para percatarse sin dificultad de que la mayoría de aquellas siniestras declaraciones de intenciones afloraban a los pies de unas escaleras, y de que los charcos oscuros y densos de olor ferruginoso aparecían con un extraño patrón lineal que no parecía respetar el trazado de los actuales muros, sino los senderos de una especie de laberinto anterior a ellos. Era evidente que ambos fenómenos marcaban el punto exacto donde uno de los profanadores de la Torre había caído fulminado, mediante un supuesto accidente fatal, por la cólera del guardián.
Era como atravesar el escenario de un crimen particularmente atroz, con la velada certeza de que el asesino todavía está allí, en alguna parte, acechando desde algún escondite al desagraciado detective que se ha visto obligado a intentar resolverlo. Por eso, hasta el silencio que los rodeaba daba la impresión de constituir en sí mismo una amenaza de muerte.
La joven entrenadora casi se sorprendió cuando, al bajar una última escalera, sintió en la cara una corriente de aire frío realmente física, más fresca y menos viciada, que traía un penetrante y olor a tierra recién regada por una lluvia abundante, y se le saltaron las lágrimas al percibir aquel perfume, el olor natural de la vida, tras lo que se le antojaba una eternidad de respirar los miasmas de la muerte. Eso solo podía significar que, por fin, habían regresado al primer piso, y que no tardarían en estar fuera de la Torre.
― ¿Qué habrá sido de la mano blanca? ―se preguntó, al recordar repentinamente cómo había empezado su vagabundeo por las oficinas vacías de la emisora―. Aunque Tupeon le dio una buena sacudida con Tinieblas, no creo que eso signifique que va a dejarnos salir. Si mi teoría al respecto es cierta, su existencia depende de que haya residentes vivos en Pueblo Lavanda; pero no sé hasta qué punto tiene consciencia propia… así que puede que le dé igual.
Tony emitió un murmullo tranquilizador.
―No te preocupes, Cristal ―le respondió, por telepatía―. Nunca he tenido que pelearme con ella; pero, si los movimientos de tipo fantasma le afectan, estaré encantado de cubrirte.
Dulce lo secundó, con un tauteo suave pero firme, y ella sintió la tentación de darle a cada uno el abrazo más fuerte que pudiera. Solo se retuvo al comprobar que, pese a la leve mejoría de las noticias, tanto el Gastly como la Eevee y la Growlithe parecían más serios que nunca. Aquello no podía ser buena señal.
―Por favor, decidme qué es lo que os preocupa ―les dijo, tras un silencio tan tenso que le pesaba en los oídos―. Ya he descubierto el secreto de la Torre Pokémon ¿no? Ahora necesito estar preparada para lo que quiera que sea que me voy a encontrar ahí afuera ¡No puedo seguir avanzando a ciegas!
La pregunta quedó suspendida en el aire durante unos segundos más. De no tratarse de Tony, la Campeona hubiera llegado a sospechar que ni siquiera iba a contestarle. Antes de que pudiera hacerlo, Dulce agitó las orejas nerviosamente y contestó con una serie de tauteos graves, que Kira complementó con unos gañidos algo lúgubres. El Gastly tradujo para ella de inmediato:
―Dulce dice que le parece extraño que todos los muertos se hayan marchado… sobre todo teniendo en cuenta que se supone que ni siquiera pueden hacerlo: están atados a su lugar de enterramiento por leyes tan poderosas como el mandato de Arceus que impide a Giratina desatar todo su poder en el mundo de los vivos. Es más: por lo que me habéis contado hace un rato, esto estaba prácticamente lleno de gente cuando tú llegaste… y ahora no queda absolutamente nadie. Kira teme que el guardián los haya sometido y forzado a luchar con él. Sinceramente, a mí tampoco me parece normal que nadie, absolutamente nadie haya decidido quedarse aquí.
Cristal pensó en Mazakala Halloran, y en la apasionada defensa que había hecho de los "otros", tan temidos injustamente por quienes él llamaba "sangre nueva". Había detalles inconexos respecto a la escasa información que tenía sobre él; obtenida exclusivamente de los comentarios de Cross, Dulce y Kira y de la larga conversación y el combate que habían tenido en la sala de descanso. Sin embargo, hasta esa noche no había tenido siquiera noticia de un psíquico lo bastante poderoso y hábil como para recrear dentro de un sueño un combate tan realista como el que habían mantenido. Un psíquico mucho más fuerte y sabio que cualquier líder de gimnasio contra los que hubiera combatido, y que se mantenía fuerte y en activo pese a recordar todavía a un hombre que había muerto antes de que empezase la guerra. Y con unos bigotes que le evocaban con fuerza otros que estaba completamente segura de haber visto antes, en otra parte. Eran suficientes motivos para hacerle sospechar sobre su verdadera identidad.
―No creo que Mazakala Halloran vaya a sumarse a las filas de Growlithe sin presentar, como mínimo, tanta batalla como has presentado tú ―le dijo, finalmente, a Tony―. Si no me equivoco, es la protección de la familia de su difunto entrenador lo que lo mantiene atado a este plano ¿no?
Respiró hondo de nuevo, para contener las lágrimas una vez más, bajo la mirada atónita del Gastly. Por las Santas Tablas, maldijo para sí, molesta. No es normal que mis emociones se apoderen de mí de esta manera; esta noche ni siquiera parezco yo. Claro que tampoco era normal para ella pasar varias horas en compañía de fantasmas, hablando y trabando amistad con ellos. Tal vez aquella circunstancia la estaba forzando a dar rienda suelta a sus impulsos, a permitir que aflorasen en su habitualmente comedido y siempre pautado comportamiento como estudiosa consumada y, eventualmente, a utilizarlos. Como cada vez que entablaba un combate pokémon particularmente duro… como cuando había luchado contra Lance por el título de Campeona. O como hacía un par de horas, cuando había luchado contra Mazakala Hallorann para abrirle su corazón.
―Como entrenadora… yo jamás le exigiría a mis pokémon que se comprometieran con una promesa como esa más allá de la muerte ―prosiguió, con absoluta convicción―. Y estoy segura de que Marius Halloran no tenía esa intención para con Mazky. Sin embargo, aquí lo tenemos todavía: se ha quedado aquí con el director Halloran y piensa quedarse con él hasta su muerte; lo está haciendo con alegría… sin una sola sombra de temor ni remordimientos de ningún tipo. Aunque no ha trascendido todavía, Mazakala Halloran no tiene más cuentas pendientes que consigo mismo y con el amor que le todavía le tiene a su entrenador. Por lo tanto, Growlithe no tiene nada que ofrecerle que no tenga ya: solo muerte; solo hacerlo fracasar en su última tarea. Que no nos quepa la menor duda de que, si podemos contar con alguien que luche a nuestro lado para defender a los habitantes de Pueblo Lavanda, es él.
El pokémon fantasma mantuvo su expresión de desconcierto durante unos instantes más, pero luego emitió una carcajada y danzó fantasmagóricamente en el aire a su alrededor.
―Cada vez estás más intuitiva, Campeona… ―le señaló― Desde luego, no me equivoqué en absoluto al pedirte que vinieras ―luego meditó un instante antes de añadir―. Sí, creo que ahí has tenido un buen punto: dudo mucho que Mazky se haya unido a las filas de Growlithe así como así. Y, además, es un aliado fuerte.
En ese momento, a Cristal le cruzaron la mente dos ideas al mismo tiempo, como dos centellas proyectadas en direcciones opuestas, y se detuvo en seco físicamente para intentar asirlas. E hizo bien, porque justo en ese momento notó una poderosa corriente de aire pasar justo por delante de sus ojos a toda velocidad, para ir a estrellarse con una fuerza abrumadora contra la pared más cercana, dejando por toda marca un impacto del tamaño de un puño.
Aquello la dejó completamente helada durante unos instantes: de haber seguido caminando, aquella descarga de energía la hubiera arrollado como un coche a velocidad de autopista. Estaba viva en esos momentos solo porque Arceus había querido.
Arcapeon, enfurecido, emitió una serie de coléricos ladridos hacia lo invisible
―Desengáñate, amigo… ―le dijo su entrenadora, temblorosa― Eso era precisamente lo que estaba intentando: matarnos. Parece que el exiguo margen de beneficio de la duda que nos había otorgado la Mano Blanca ha expirado también.
Y, al parecer, no se había preocupado lo suficiente por aquella eventualidad. Si sacar a Tupeon hacía un rato, cuando los espectros que habitaban el edificio se estaban esforzando todo lo posible por mantener una ilusión de total normalidad en la Torre de Radio, le había parecido arriesgado; ahora que la situación estaba empeorando cada vez más rápido, y que habían caído todas las máscaras, no se atrevía siquiera a planteárselo. Sin embargo, según su propia teoría sobre la naturaleza de la Mano, tenía consigo a otro pokémon que también podía luchar contra ella. No obstante, iba a tener que darse prisa; de lo contrario, tarde o temprano alguno de ellos recibiría uno de aquellos terroríficos puñetazos y acabaría, con mucha suerte, con unos cuantos huesos rotos.
― ¡Adelante, Parapeon!
El pokémon hongo salió de su pokéball tan silenciosamente que Cristal temió que estuviera dormido, pero un chasquido enérgico le reveló que estaba completamente alerta. Su característico olor húmedo, sin notas dulces, acres o picantes, delataba que todavía no había empezado a preparar sus esporas, y que la aparente ausencia de un oponente lo desconcertaba.
―Parapeon, no puedes verlo; pero seguro que puedes sentirlo ―le advirtió su entrenadora, que por fin había conseguido afirmar su voz―. Concéntrate...
No necesitó terminar su orden, porque la Mano eligió ese preciso instante para golpear con fuerza al Parasect, proyectándolo al otro lado del pasillo. El sonido sordo del golpe contra el suelo hizo estremecerse a Cristal.
― ¡NO! ¿Estás bien?
El pokémon hongo volvió a ponerse en pie de un salto y a emitir sus chasquidos, esta vez mucho más amenazadores, antes de lanzarse hacia la derecha, y luego hacia la izquierda, avanzando ágilmente a saltos por el pasillo: era obvio que aquella andanada de violentos golpes le estaba permitiendo detectar la presencia del poltergeist, aunque también que le estaba resultado imposible contraatacarlo. Sin perder un solo instante más, Cristal volvió a usar el Scope Sylph, esta vez barriendo con la luz roja el pasillo en el que Parapeon se debatía con su contrincante invisible.
Bajo aquella luz imprecisa, la Mano daba aún más la impresión de ser una gigantesca araña de cinco patas, que saltaba con energía de una pared a otra, aumentando de velocidad en cada impulso, y su aspecto dejó paralizado de pánico a Parapeon durante unos instantes; pero ahora su entrenadora se sentía un poco más tranquila. Además de que aquellos peculiares movimientos le dieron una idea.
― ¡Imítala, Parapeon! ―le dijo― ¡Y usa Chupavidas!
El Parasect dejó de esquivar las acometidas de la Mano y acudió a su encuentro. Ahora las dos siluetas, la del hongo de colores vivos y la del poltergeist de tonos azulados, parecían dos meteoros cruzándose y colisionando en la penumbra esmeralda de la visión nocturna proporcionada por los anteojos, y dos sombras que emergían de la oscuridad solo para regresar a ella bajo la luz de las velas. En la primera embestida pareció que, simplemente, habían chocado; también en la segunda. Pero, a partir de la cuarta, la Mano se movía perceptiblemente más despacio.
― ¡Perfecto! ―exclamó Cristal― Ahora ¡Cortefuria, sin parar!
Varios haces luminosos desgarraron la oscuridad. La enorme araña huesuda esquivó el primero; pero no pudo eludir el segundo. Ni el tercero. Ni el cuarto. Y el quinto la empujó con energía hacia la escalera, haciéndola estrellarse contra los escalones. Luego, esquivando un sexto golpe, el fantasmagórico miembro amputado huyó hacia el piso superior, levitando penosamente, sin que pareciera importarle lo más mínimo la lluvia de improperios en lengua pokémon que, a juzgar por la carcajada generalizada de sus compañeros y, en particular, por las lágrimas de risa de Tony, debía de estar prodigándole Parapeon.
― Parapeon, está bien ―le explicó su entrenadora, con una gran sonrisa. El pokémon hongo corrió a su lado, a todas luces, un poco decepcionado, y la muchacha le acarició la cabeza para mostrarle su apoyo―. No es un enemigo al que podamos vencer de manera definitiva, pero has luchado maravillosamente. A partir de ahora se lo pensará dos veces antes de volver a atacarnos a traición.
Terminado el combate, y un poco más orgulloso de su desempeño, Parapeon miró a su alrededor con cierta curiosidad, antes de decirle algo a Arcapeon en su misterioso lenguaje; a lo que el perro respondió simplemente inclinando a un lado la cabeza, visiblemente perplejo. La Campeona no necesitó pedirle a Tony que tradujera para ella; porque le quedó más que claro lo que debía de haber dicho cuando el Parasect se puso a examinar con recelosa atención las sucias paredes y el suelo sembrado de salpicaduras siniestras, apartándose con un pudibundo gesto de desagrado del charco de limo sanguinolento que tenía más cerca. Dulce y Arcapeon entornaron los ojos y arquearon las cejas, en un gesto idéntico al que acababa de adoptar la propia Cristal.
―Parapeon, hijo, seguro que a mí me hace muchísima menos gracia que a ti; pero debes de ser el primer hongo del mundo al que le dan asco la sangre y el barro ―le dijo su entrenadora― ¿Cómo te las apañas para sobrevivir?
El pokémon emitió una nueva serie de dignos chasquidos, para horror de Arcapeon, Kira y Dulce, y para diversión de Tony, que se volvió a reírse a mandíbula batiente durante unos cuantos minutos.
― Dice que, desde luego, no tiene nada ni contra la sangre ni contra el barro… cuando están en su sitio ―tradujo finalmente Gastly, cuando se le pasó el ataque de risa―. Pero que verlos juntos, y en un hábitat de humanos, le da muy mal rollo. Además de ser indicio de que ambos están en mal estado.
En serio, no sé para qué pregunto; se dijo Cristal, por enésima vez. Aunque tampoco sabía por qué se sorprendía, porque era obvio que un Parasect, por muy domesticado que estuviera, seguía siendo un Parasect. Casi podía imaginarse al profesor Oak riéndose igual que Tony, y diciéndole algo así como que, después de todo, la conducta de Parapeon era una muestra de que su entrenadora había conseguido que el pokémon confiase en ella y le fuera enteramente leal sin forzarlo a darle la espalda a su naturaleza. Recordaba haberle oído explicarle algo por al estilo en "La hora del Profesor Oak" a un entrenador aterrorizado, que quería saber si era normal que su Persian recién evolucionado se escapara de casa por las tardes y regresara ya entrada la noche, al parecer, solo para depositar a sus pies Rattatas y Spinarak salvajes muertos o debilitados, con los que a veces incluso jugueteaba antes de asestarles el golpe letal.
― "Gajes de vivir con pokémon."
Y aquella especie de frase hecha le recordó lo que había estado pensando justo antes de que la Mano Blanca la atacase.
―Parapeon, vuelve ―le dijo a su pokémon, que estuvo encantado de regresar a su pokéball y alejarse del macabro caos que reinaba en aquel edificio. Luego se dirigió a Tony, Dulce y Kira―. Chicos… ¿creéis que es posible que Growlithe esté, de alguna manera… no sé, sintonizando con la rabia de los pokémon asesinados por el Team Rocket para ampliar su ejército?
Al Gastly pareció hacerle mucha gracia aquella expresión, y Dulce dio un pequeño brinco y empezó a corretear alegremente alrededor de ella, con los ojos brillantes de entusiasmo, como cada vez que ella proponía una teoría sobre los fenómenos paranormales con que se estaban cruzando. Y Cristal se sintió extraña al verla hacer aquello; un sentimiento dulce y amargo al mismo tiempo, como si se acabara de despertar de un sueño particularmente hermoso. Pero Kira y Arcapeon seguían interrogándola con la mirada, así que se limitó a acariciar a la pokémon zorro mientras buscaba una manera de ordenar un poco sus ideas.
―Veréis… tengo entendido que el Team Rocket separó a muchos pokémon de sus entrenadores con la muerte; a veces incluso obligando a los unos a ver morir a los otros como método de tortura. Estoy pensando los pokémon de Sakura Kyo: son pokémon que no tienen absolutamente nada que perder… y que, paradójicamente, están atrapados en este plano precisamente por ese motivo.
Kira emitió unos cuantos ladridos circunspectos, y Tony asintió solemnemente.
―Sí, Danniel también me dijo algo por el estilo mientras investigábamos sobre las leyendas de la Torre Pokémon; así que no me sorprendería que fuera una especie de dicho antiguo, de esos que los Unonwn escriben en las paredes: "Solo viven de verdad los que tienen algo por lo que morir, y solo puedes morir en paz cuando te queda algo por lo que vivir".
―Exactamente ―replicó ella, aliviada al ver que estaba consiguiendo explicarse, y luego continuó―. Lo que quiero decir es que no hay nadie en este cementerio que pueda empatizar con ellos mejor que Growlithe; porque, como nos ha dicho ese macarra del Team Rocket hace nada, están en una situación similar: arrastrados a una especie de no vida de ultratumba por la ira… ya sea en forma de una rabia que jamás podrán satisfacer o de una impotencia que jamás podrán aliviar. Mi pregunta es si no será precisamente ese sentimiento el que está explotando el guardián para conseguir someter a los espíritus desencarnados que no le deben obediencia. Tú tienes un compañero humano por el que luchar, Tony: confías en él, y él confía en ti, de manera total; tu amor por Danniel no tiene sombras. Tal vez por eso has podido resistir durante tanto tiempo el asedio del guardián, aunque es mucho más antiguo que tú. Mientras que tú, Dulce… en fin, es obvio que sigues echando mucho de menos tu vida mortal.
La Eevee agachó las orejas, como pidiendo disculpas, pero Cristal volvió a acariciarle el abundante pelo canoso.
―No es culpa tuya ―le dijo, con cariño―. Las cosas han ocurrido así. Lo que tenemos que hacer ahora es aprovechar esta pequeña oportunidad de conocernos que se nos ha dado, y olvidar la que no tuvimos.
De hecho, recordó de repente, Kira también le había dicho algo por el estilo hacía un buen rato: había pokémon que no podían trascender, no porque no pudieran perdonar a sus asesinos o a los asesinos de su entrenador, sino porque no podían perdonarse a sí mismos.
―Lo que quiero decir con todo esto… ―continuó, regresando a la idea que pretendía argumentar― es que debe de haber más espíritus desencarnados dispuestos a resistirse a Growlithe. Por ejemplo, todos los pokémon que tengan a un ser humano todavía vivo residiendo en Pueblo Lavanda.
― ¿Qué dices de Stinky? ―señaló Tony, traduciendo un ladrido interrogativo de Kira― Él se ha dejado someter, y su compañero vive a dos calles de la Torre.
―Se ha dejado someter para derrotarnos a nosotras tres e impedirnos avanzar ―observó Cristal―, no para asesinar a sus propio compañero humano. De hecho ―añadió, dirigiéndose a Kira―, el guardián lo ha dejado aquí precisamente a él, en lugar de hacerlo sumarse a su ejército directamente; a pesar de que Muk no es precisamente un pokémon inofensivo en combate. Y a ti se ha contentado con raptarte durante unos minutos. Probablemente porque sabe que jamás le tocarías un pelo a la enfermera Joy, ni siquiera llevada por tus peores impulsos. Y que, naturalmente, Stinky tampoco le haría daño a su entrenador. Lo más probable es que sea también la razón por la que no ha vuelto a intentar someter a Dulce.
Los cuatro pokémon que estaban con ella la miraban, con ojos poco convencidos, y la joven no tardó en darse cuenta de por qué: saber aquello no les servía de gran cosa en aquellos momentos. El ataque era inminente; no podían seguir dando tumbos en busca de más espíritus aliados.
―Vamos, salgamos de aquí ―dijo, al fin―. Ya tenemos lo que necesitábamos, y no podemos esperar más.
Cristal agradeció infinitamente poder dejar atrás definitivamente aquellas salas ensangrentadas, y respiró el aire fresco de la noche con ansia hasta limpiar por completo sus fosas nasales.
Debía de hacer un buen rato que no llovía. Las nubes se habían vuelto mucho más ligeras, y el pesado techo de oscuridad había empezado a cuartearse poco a poco, dejando pasar la luz de la luna; así que, aunque el pueblo entero estaba sumido en la oscuridad, las calles estaban iluminadas con un tenue resplandor, lúgubre pero constante. Un silencio aterrador reinaba en las calles vacías y empapadas, solo roto por la caída ocasional de una gota de agua sobre alguno de los grandes charcos, en los que se reflejaba el cielo de plomo y estaño. Pueblo Lavanda parecía, más que nunca, un pueblo fantasma; pero Cristal no podía negar que la escena poseía la delicada y oscura belleza de algunos cuentos de hadas tenebrosos que recordaba haber leído.
Tony y Arcapeon se plantaron a su lado en menos de unas centésimas de segundo, con resolución, y el suave fulgor rojizo del pokémon perro fue lo único que la ayudó a percatarse de que no estaba metida en una película en blanco y negro. Dulce y Kira, en cambio, salieron despacio, mirando con cautela a su alrededor.
― ¿Qué ocurre? ―Preguntó la joven, inquieta.
Las dos pokémon se miraron, y Dulce asintió y continuó avanzando, con renovada decisión, seguida por Kira, hasta ponerse a la altura de los demás compañeros. Cuando llegaron junto a Cristal, ambas habían recuperado una vez más su aspecto ilusorio de muchachas humanas. Así que los efectos del Scope Sylph no son permanentes, se dijo la Campeona. Es necesario tenerlo en cuenta.
Sin embargo, estaba empezando a comprender por qué al señor Fuji no le gustaba la idea de usar aquel aparato, y por qué consideraba un voto de buena fe el no hacerlo. Al parecer, al hacer corpóreos a los espíritus desencarnados, el Scope Sylph también los privaba de parte de sus poderes como espectros. Tal vez Tony era el único que todavía podía usar sus poderes telepáticos por ser el único de los tres compañeros lavandeses que seguía estando vivo. Dulce confirmó su teoría al contestarle a su pregunta, esta vez usando su voz humana por telepatía:
―Es la primera vez desde mi muerte que salgo fuera de la Torre ―sonaba vacilante, un poco asustada―. Hasta esta noche, estaba convencida de que no podía… como ha dicho Tony hace un rato. Lo siento ―se disculpó, un poco abatida―. Es que estaba tan emocionada por haberme encontrado contigo… que, simplemente, se me había olvidado que existía esta eventualidad. La he recordado de nuevo al encontrarme… poniendo las patas en la puerta.
Kira asintió, un poco nerviosa, y confirmó las sospechas de Dulce:
―Yo intenté varias veces salir de la Torre, porque quería… ―se interrumpió repentinamente, con los ojos húmedos, y negó con la cabeza antes de continuar― quería volver a casa. Pero no lo conseguí. Era como si hubiera un muro invisible en la puerta. Y solo dejé de intentarlo cuando Velmy Kyo me… advirtió que no iba a conseguirlo nunca, que ella misma lo había intentado… y que no podía, porque todavía estábamos atadas a nuestros cuerpos. Aunque estuvieran muertos.
Tony y Cristal intercambiaron una mirada cargada de pánico. Aunque, sinceramente, no les sorprendía demasiado: era más que evidente desde hacía ya un buen rato que aquel aullido que había lanzado Growlithe, aquella especie de grito de guerra mudo impregnado de tinieblas, había tenido un efecto real sobre las cosas. Había habido realmente un gran cambio en el pacto original, un cambio verdaderamente vinculante: no se habían violado las leyes ancestrales sobre la vida y la muerte, sino que el cementerio pokémon se había vuelto a extender a todo Pueblo Lavanda. La joven entrenadora no pudo evitar preguntarse seriamente, por primera vez en toda la noche, no solo si ella iba a ser capaz realmente de evitar la catástrofe, sino si el mismo señor Fuji, a pesar de toda su experiencia y su habilidad para negociar con espectros, iba a poder.
Arcapeon le rodeó las piernas con su enorme cuerpo, arropándoselas con suavidad con su esponjosa cola marfileña. Sus grandes ojos resplandecientes rebosaban confianza y cariño; no en ellos no había ni una sombra de temor. Estoy aquí, contigo; parecía decirle. Pase lo que pase.
Lo cual le recordaba, además, que le había asegurado a Cupeon que no pensaba permitir que Pueblo Lavanda fuera masacrado.
―Bien ―dijo, escueta―. Entonces, ahora podéis moveros libremente. Venga, vámonos al Memorial de una vez.
A su lado, Tony adoptó también su aspecto humano; al parecer, solamente para hacerle una reverencia a modo de asentimiento.
Justo en ese momento, un grito desgarrador sacudió las calles vacías, haciendo temblar hasta al mismo aire.
A juzgar por la expresión de su cara, el Gastly se hubiera puesto pálido de haber podido, y, sin decir ni una sola palabra, se abalanzó sobre la calle vacía, con una precipitación tal que dejó sorprendidas incluso a sus dos vecinas lavandesas.
Antes de que a Cristal se le hubiera ocurrido qué hacer, se encontró con que Arcapeon estaba corriendo a toda velocidad detrás del Gastly, y que Kira también iba detrás de él, levitando como una hoja de papel en el viento. Solo Dulce se había quedado con ella, y también parecía impaciente por seguirlos.
― ¡Era la voz de Danniel Torrance! ―Le explicó, espantada. Y la joven no necesitó ni una palabra más.
― ¡Vamos!
Y se lanzaron también calle abajo, a toda la velocidad que la joven entrenadora podía correr. Sus piernas, entrenadas expresamente para poder lanzar pokéballs sin necesidad de usar las manos, eran tan fuertes como las de una taekwondista; pero ella había dormido poco, y todavía estaba cansada del largo viaje, así que agradeció encontrarse, al doblar una esquina, con que Arcapeon se había quedado atrás también para esperarla. El enorme perro de fuego la retuvo pacientemente, agarrándole la camiseta con los dientes para que parase de correr, y luego se inclinó hasta el suelo con elegancia. Cristal le dedicó una sonrisa agotada, y le dio un abrazo a modo de agradecimiento mientras se acomodaba sobre su lomo; como su pokémon ya la había invitado a hacer alguna que otra vez para huir de pokémon salvajes particularmente hostiles. Apenas un minuto después, la carrera por las calles de Pueblo Lavanda continuaba.
Alcanzaron al Gastly sin la menor dificultad, pero Cristal dudaba de que este se hubiera dado cuenta siquiera de que lo estaban siguiendo. Tenía los ojos encendidos y las mandíbulas apretadas, y no parecía estar atento a nada que no fuera ir en auxilio de su compañero humano. Incluso revirtió a su aspecto pokémon sin dar la impresión de haberse percatado del hecho, tan concentrado estaba en desplazarse a toda la velocidad que podía.
La joven sabía que los pokémon gas eran excepcionalmente rápidos; pero contaban con una espantosa desventaja, que era precisamente su cuerpo hecho de gas: su resistencia al aire era mínima, por lo que no solo tenían una velocidad de desplazamiento muy inferior a la velocidad de reacción que manifestaban poseer en combate, sino que, además, una ráfaga de aire podía arrastrarlos y desviarlos con suma facilidad. Resultaba casi doloroso ver cómo Tony apenas conseguía flotar más rápido que de lo que ella corría, y que Arcapeon lo adelantaba incluso ralentizando su propia carrera.
De repente, una silueta estilizada, con alas aterciopeladas, emergió de un callejón a oscuras, como interponiéndose en su paso. Antes de que hubieran conseguido identificarla, disparó un potente rayo de energía concentrada de color rosado, que alcanzó a Tony de lleno y lo hizo caer al suelo, dando un fuerte grito de dolor.
― ¡Eso ha sido un Psicorrayo! ―Exclamó Cristal, bajándose de un salto de la grupa de Arcapeon. Este se plantó delante de ella, amenazante, y Kira, que iba justo detrás de él, se situó a su lado, cubriéndole el flanco derecho. Los tres juntos constituían una improvisada barrera entre aquel nuevo adversario y el Gastly semiinconsciente, a quien Dulce se apresuró a atender.
― ¡Es Velmy, Cristal! ―le dijo la Eevee, apurada. Estaba buscando apresuradamente entre los múltiples recovecos de su atuendo de exorcista algo con lo que pudiera ayudar a su compañero tocado; pero todo lo que estaba encontrando era material de escritorio extraviado que había ido recogiendo― ¡Velmy Kyo! ¡Ten cuidado, eso significa que Cross no puede estar muy lejos!
Garras de Giratina. Lo que les faltaba.
Desde luego, no necesitaba del Scope Syph para identificarla. Se trataba de un hermoso ejemplar de Venomoth hembra, de la misma estatura que ella, y la luz mortecina que alumbraba escasamente el paisaje pasaba a través de ella, permitiendo que la muchacha johtense observara a simple vista algunos de los profundos cortes que cubrían el esbelto cuerpo de textura afelpada. Tenía las alas raídas, perforadas en algunos puntos, pero todavía desprendían su brillante polvo venenoso, que le daba al pokémon una belleza espantosamente triste. Sus grandes ojos, vacíos de todo excepto de un sufrimiento atroz, resplandecían con un fuego sanguinolento.
Cristal sintió una punzada en el alma al pensar en la alegre y extrovertida señora con que se había cruzado hacía apenas unas horas, en la Torre de Radio, y que ahora ni siquiera parecía reconocerla. No podía apartar la vista de las crueles heridas ensangrentadas, eternamente abiertas, que constituían la marca de su eterno dolor.
Y, ahora, toda la fría determinación de ninja que la desdichada pokémon insecto se había llevado a la tumba junto con su cruel tormento estaba siendo usada contra ella.
Pero ella también había aprendido a poner toda la carne en el asador ante sus oponentes. Ahora que la tenía cerca, y con su aspecto real, podía apreciar que estaba al nivel 38; por lo tanto, su movimiento más poderoso era, precisamente, el Psicorrayo con que había atacado a Tony. Sin embargo, también podía tener Chupavidas, además de movimientos con esporas, o algo de tipo veneno; por no tener en cuenta que, según tenía entendido, era habitual que las mujeres ninja no tuviesen ningún inconveniente en emplear sus encantos para hacer bajar la guardia al enemigo. No le hacía gracia la idea de tener que sacar a combatir a Smoopeon, que ya había tenido una buena dosis de emociones fuertes contra movimientos de drenaje aquella noche. Así que, a pesar del riesgo que estaba corriendo, su Arcanine seguía siendo la mejor opción de la que disponía en aquel momento, tanto por ser su segundo pokémon más poderoso como por ser de tipo fuego. Además de que también contaban con la inestimable colaboración de Kira, que no solo no estaba sujeta a las debilidades de la carne en ninguno de los sentidos, sino que además ya había combatido en vida contra Velmy Kyo, y la había vencido.
― ¡Chicos, hay que defenderse! Kira ¿me ayudas, por favor? ―les dijo. Arcapeon emitió un único ladrido cargado de determinación, y Kira, por toda respuesta a la pregunta de la joven, se desprendió de nuevo de su aspecto humano para situarse al lado del Arcanine. Juntos, los dos perros daban la impresión de haber construido para ella y los demás compañeros una especie de muro protector de ascuas ardientes― ¡Muchísimas gracias, amiga! Ahora… ¡Arcapeon, necesito un Giro fuego desde las seis! ¡Y tú, Kira, esquiva y espera a que te avise para usar Lanzallamas desde donde estés!
Su intuición había sido correcta, porque, apenas acabó de dar su orden, ella misma necesitó apartarse de un salto para esquivar un segundo Psicorrayo, tan potente que hizo resquebrajarse el pavimento justo en el punto donde, hacía unos instantes, habían estado Kira y Arcapeon.
En vida, la Growlithe hubiera sido más lenta que su compañero evolucionado; pero podía compensar parte del desfase con las habilidades propias de su nueva condición, y eso permitió que ambos perros escapasen indemnes del ataque. Sin embargo, la Venomoth se adaptó con suma rapidez a la estrategia de ataque por dos flancos adoptada por Cristal, y su siguiente movimiento, unas esporas que despedían un potente olor dulzón, fue dirigido específicamente a Arcapeon, que ya se había situado justo debajo de ella. La Campeona, que había aprendido a diferenciarlas durante los entrenamientos de Parapeon, las identificó de inmediato como Polvo Veneno, y se le encogió el estómago hasta casi dolerle. Por suerte, el Arcanine era mucho más rápido, y el Giro fuego disparado desde su actual posición redujo a cenizas las esporas tóxicas.
― ¡Ahora, Kira!
La respuesta no se hizo esperar un solo instante: el Giro Fuego envolvió a Velmy por completo un instante antes de que la alcanzara la potente bocanada de fuego de Kira, de manera que la pokémon polilla quedó atrapada entre la espiral incandescente provocada por Arcapeon y el Lanzallamas de la joven Growlithe.
― ¡Eso es! ―exclamó Cristal, entusiasmada― ¡Mantened viva esa llama, chicos!
La Venomoth se debatió con energía, intentando tanto ascender como descender, buscando desesperadamente un hueco para escapar, intentando incluso expulsar una nueva nube de esporas venenosas; pero le resultó inútil: el lazo de fuego, alimentado por las llamas de Kira, se había convertido en una auténtica columna calcinante, que se estrechaba poco a poco entorno a la polilla atrapada en su interior, hasta que se cerró sobre sí misma con un gran estruendo. Cuando las llamas se extinguieron, Velmy cayó al suelo desmadejada, con las alas cubiertas de ascuas y el pelo del cuerpo quemado, inconsciente.
Mientras los dos enormes perros de fuego se sacudían enérgicamente el hollín, como se hubieran sacudido el agua tras haber estado nadando, Cristal se inclinó sobre la pokémon derrotada, todavía con el corazón a mil por hora, para examinarla, un poco preocupada. Aunque sabía perfectamente que no podía hacerle verdadero daño, puesto que ya estaba muerta, temía haberse pasado de la raya.
―Estará bien ¿no? ―Preguntó, más para sí que para sus compañeros pokémon.
No obstante, Dulce le contestó, todavía sentada en el suelo, con Tony recostado en sus rodillas:
―Sí, claro, no te preocupes. Simplemente, le pasará como a mí en la Torre: no recordará absolutamente nada de lo que acaba de hacer, y se preguntará qué hace aquí.
La Eevee exorcista estaba prácticamente rodeada de varios montoncitos separados de lápices, bolígrafos, gomas de borrar, clips y algún que otro fragmento de porcelana que debía de haber pertenecido, en su día, a una de las tazas o platos de la sala de descanso de la Torre, y soltó una pequeña risita al ver la expresión de perplejidad de la entrenadora.
―Oh… voy recogiendo todo lo que me encuentro por el suelo y debajo de los muebles ―reconoció, un poco apurada―. Y también intento arreglar algunas cosas rotas. Normalmente dejo las cosas en los lapiceros, armarios, estanterías y escritorios más cercanos… pero, cuando son muchos, a veces se me olvida devolverlos todos. No será la primera vez que pierdo el asa de una taza… dejo que los trabajadores tiren los trozos a la basura… y, un mes después ¡me encuentro con la pieza que faltaba en una manga!
―Bueno, considera esos pequeños despistes como tu propio cupo de pequeñas travesuras del ultratumba ―le contestó Cristal, sonriéndose ante la cara de fastidio de la pokémon―. Es mucho menos molesto que destrozar el mobiliario y hacer vomitar a los desagües, desde luego.
Kira y Arcapeon empezaron a reírse, mientras una ofuscada Dulce seguía buscando entre sus ropas y sacando objetos de todo tipo, hasta conseguir encontrar, por fin, lo que estaba buscando: un pequeño puñado de diferentes bayas.
― ¡Aquí están! Baya Dorada y Baya Milagro… espero que baste con esto.
― Si lo necesitas, yo tengo Pociones. Y algún que otro Revivir. ―Le ofreció Cristal.
Dulce se lo agradeció con una sonrisa, mientras aplastaba con cuidado una baya de cada por encima de la boca entreabierta del Gastly, para dejar caer dentro las gotas de zumo. El pokémon rebulló, frunciendo el ceño y chasqueando la lengua, y abrió lentamente los grandes ojos.
― Bienvenido de vuelta, Tony…―lo saludó la exorcista, entregándole lo que quedaba de las bayas. El pokémon gas las devoró a toda velocidad, agradecido; pero, un instante después, escapó de nuevo sin decir palabras― ¡Espera…! ¡No te has recobrado del todo todavía!
― ¡Vamos nosotros también! ―dijo Cristal, volviendo a subir a la grupa de Arcapeon― Si tus sospechas son ciertas, Cross no puede estar muy lejos.
Y se pusieron en marcha de nuevo. Alcanzaron a Gastly prácticamente de inmediato, pero esta vez él sí se percató de que lo estaban siguiendo. Y, a juzgar por su expresión, no le hizo la menor gracia. De hecho, la joven entrenadora notó de inmediato una oleada de rabia infinita atravesándola por dentro como una flecha incandescente. Y la voz del pokémon, dentro de su mente, era rugido bajo, amargo y cargado de resentimiento, grave y terrible.
¿Porqué…?
¿Por qué puedo resistirme a un vicario de Giratina, pero me tiene que vencer el aire?
¿Tengo que dejar morir a mi hermano de otra raza porque mi cuerpo no responde a mi voluntad?
No… no puedo… tengo que ir más rápido.
Solo un poco más rápido…
¡Arceus! ¡Solo un poco más rápido, por favor! ¡Necesito poder hacerlo!
¡Tengo que poder! ¡Tengo que poder…!
―Tony… ―le dijo Cristal, titubeante, con la lengua seca y la voz cargada de alarma―. Tony, no te preocupes… nos adelantaremos, solo necesitamos usar Velocidad Extrema y estaremos ahí en un segundo. Ven, agárrate a mí, así no te arrastrará…
TENGO QUE PODER…
TENGO…
QUE…
¡PODER!
Ahora comprendía quién había emitido hacía unas horas aquel espantoso aullido triunfal tras la puerta cerrada del estudio de grabación: la voz del pokémon retumbaba en todo su cerebro con una fuerza aterradora, como el estruendo creciente de una tormenta, hasta convertirse en un auténtco bramido.
Físicamente, se oyó un fuerte chasquido, y Cristal lanzó una mirada hacia el cielo, temiendo que se avecinara un segundo diluvio. Pero un intenso fulgor a unos metros de ella le indicó que era el cuerpo de Tony Torrance el que estaba empezando a resplandecer con una potente luz azulada, dejando detrás de él una auténtica estela de relámpagos, mientras aumentaba su velocidad poco a poco.
Cuando la joven entrenadora pudo volver a mirarlo sin quedarse momentáneamente ciega, el furibundo y desesperado Gastly se había convertido en un Haunter de ojos ardientes y sonrisa lobuna. Esta vez, Arcapeon sí necesitó echar a correr para poder seguirlo.
Finalmente, atisbaron una silueta oscura y opaca bajo la luz plomiza del cielo nocturno, que se recortaba contra el asfalto todavía empapado por la lluvia. Era una figura humana, a todas luces un varón, que yacía en el suelo, desmadejado. Un enorme murciélago de color púrpura cubierto de cortes todavía sangrantes y con las alas rotas, posado sobre el pecho del hombre inmóvil, se inclinaba afanosamente sobre su cuello, y a ni a la Campeona ni a ninguno de sus compañeros les cupo la menor duda sobre lo que estaba haciendo. Sin más demora, el pokémon Torrance cargó con todas sus fuerzas contra el Crobat de nivel 45, haciéndolo salir despedido varios metros. Cristal se apresuró a ayudarle, pero Dulce le apoyó la mano en el brazo para retenerla.
―Ha recibido un Psicorrayo de lleno ―protestó la entrenadora―. Tú misma has dicho que todavía está herido.
―Eso era antes de que evolucionara ―replicó la Eevee, con tono casi severo―. Ahora es incluso más poderoso de lo que era… como Gastly estando sano. Además… Cross ha atacado a su compañero humano ―añadió, con los ojos chispeantes de fiereza―. Se ha convertido en algo personal. Es un depredador… y ya has visto lo que pensaba mientras corría… no le gustaría absolutamente nada que nadie se interpusiera. Es una cuestión de honor… lo comprendes ¿no?
La joven entrenadora tragó saliva y apretó los puños. Si había algo que había aprendido a lo largo de sus viajes era que cada especie pokémon tenía, no solo sus propias características físicas y fisiológicas, sino también sus propias costumbres y, en algunos casos, rituales. Si lo que Danniel Torrance le había explicado aquella tarde era cierto (y no le cabía la menor duda de que así era; puesto que el joven parecía tener un conocimiento sobre las realidades de ultratumba mucho más profundo que el suyo), atacar a un ser humano al que un pokémon fantasma se ha vinculado implicaba una ofensa particularmente grave, que no se olvidaría ni se perdonaría jamás. Tal vez, ahora que lo pensaba, era a aquello a lo que se referían las antiguas anotaciones sobre los pokémon de la familia de los Gastly cuando se referían a las "maldiciones" con que los Gengar podían embrujar a otros pokémon y seres humanos. No quería ni imaginarse lo que implicaba ganarse la cólera eterna de un pokémon gas.
Además, por lo que estaba viendo, Dulce tenía razón, y Tony no necesitaba en absoluto su ayuda: los Crobat eran pokémon eminentemente físicos, mientras que los Haunter, a pesar de su espeluznante habilidad para devorar la esencia vital de sus presas a lametones, tendían a atacar a distancia en combate. Naturalmente, Cross Kyo era plenamente consciente de que su nuevo adversario no tenía sangre que pudiera beber, ni una debilidad ante los movimientos de tipo veneno que pudiera explotar, así que lo atacaba exclusivamente con movimientos de tipo volador. Y eso hubiera sido un problema para su adversario, de no ser porque Tony no le permitía en absoluto que se acercase a él lo suficiente como para poder siquiera tocarlo.
No obstante, eso significaba también que la lucha podía llegar a durar bastante, y Danniel Torrance, aunque sería raro que estuviera herido de muerte (Cristal sabía que los pokémon vampiro no solían matar para procurarse su dieta hematófaga), no aguantaría mucho más si no trataban su herida, que además estaría contaminada con la saliva anticoagulante del Crobat.
―Tienes razón ―dijo, al fin―. Ven, vamos a ayudar a Danny ¡Arcapeon, cúbrenos, por favor! Podría venir otro espectro sin que nos diéramos cuenta… ¿Puedes ayudarle por el otro lado, Kira?
Ambos perros asintieron, y se situaron mirando cada uno en una dirección, con las orejas completamente levantadas y totalmente en tensión, escudriñando pacientemente cada sombra, mientras Dulce y Cristal corrían a atender al joven periodista.
―Tal vez debería sustituir a Kira como guardia ―dijo la Eevee, un poco nerviosa, mientras sacaba de nuevo las velas que habían estado usando en la Torre para alumbrar a la entrenadora―. He podido ayudar a Tony, pero me temo… que no sé gran cosa de primeros auxilios en humanos.
―No te preocupes ―le contestó Cristal, apoyando la mano inconscientemente en su pequeño equipaje―. Yo no soy una experta, pero tengo nociones básicas. Soy una capturadora profesional: no será la primera ni la última vez que me muerde algo.
Danniel estaba respirando pesada, pero acompasadamente. La entrenadora le tomó el pulso mientras la exorcista encendía las velas, y el latido firme bajo sus dedos la tranquilizó un poco. Dulce la alumbró mientras examinaba atentamente la herida, y se le escapó un suspiro de alivio: era una marca de dientes limpia, sin desgarros; así que no era particularmente grave. Además, a juzgar por la fuerza con que le latía el corazón, Cross no había tenido tiempo de sangrarlo demasiado. La joven sacó unos cuantos pañuelos y empezó a hacer presión en la herida con ellos.
Mientras, Arcapeon y Kira montaban guardia más o menos pacientemente, y el combate entre Tony y Cross se recrudecía. Hacía bastante tiempo que Cristal no veía combatir a un pokémon fantasma (descontando su propio combate en sueños contra el anciano Alakazam del director Hallorann); pero estaba segura de que ni siquiera su combate contra Koga Kyo había sido tan espeluznante. De no ser porque estaba centrada en controlar la hemorragia de Danniel, y se aferraba a aquella urgencia para controlar su pánico, seguramente se hubiera sentido tentada de huir para no presenciar el siniestro final del espectáculo; a pesar de que sabía que el Crobat estaba muerto y que, por lo tanto, Tony no podía matarlo ni desatando sobre él toda su ferocidad. Aun así, se dio cuenta de que le costaría mucho volver a ver a Tony de la misma manera que antes.
Cross, al parecer más que cansado de que su rival esquivase prácticamente todos sus movimientos, estaba volviéndose mucho más osado, y sus ataques más precisos; así que Tony estaba empezando a tener problemas para seguir evitándolos. Sin embargo, tampoco daba la impresión de estar en un auténtico apuro. Más bien parecía estar esperando algo en concreto.
Finalmente, Cross atacó a su rival de frente, y este aprovechó la cercanía para mirarlo directamente a los ojos y empezar a emitir una serie de ondas continuas y regulares, que hacían vibrar sutilmente el aire, hasta que al murciélago empezaron a pesarle los párpados y cayó al suelo, profundamente dormido: un movimiento Hipnosis. Y luego empezó a sacudirse, rodeado de una característica aura púrpura, que Tony se dispuso a absorber, lamiéndola con avidez: Comesueños.
Durante casi un minuto.
Hasta que el Crobat perdió el conocimiento.
Una vez completamente recuperado y vencido su adversario, Tony se apartó de él para acercarse a su compañero humano inconsciente con lentitud y cautela, y una evidente expresión de preocupación mezclada con genuino miedo en los ojos púrpura. Ahora que su había conseguido vengar el ataque contra Danniel y satisfacer su cólera asesina, el pokémon gas daba la impresión de haber descargado en aquel combate toda su agresividad, y parecía sentirse repentinamente débil, como un niño pequeño que temiera ser abandonado tras cometer una trastada.
El periodista debió de notar su presencia, porque empezó a rebullir, y acabó abriendo los ojos despacio, parpadeando pesadamente, ante la mirada de las dos muchachas aterrorizadas y el todavía inquieto Haunter. Al verlo, Danniel intentó apartar a Cristal e incorporarse, pero ella le puso la mano libre en el hombro para impedírselo:
―Despacio… te ha mordido un Crobat muerto, si te levantas de un salto te caerás redondo al suelo.
Él abrió mucho los ojos, aunque parecía más sorprendido que asustado:
― ¿Un… un Crobat? ¿De verdad? ―levantó una mano temblorosa, para llevársela al cuello, y tragó saliva al tantear el pañuelo ya empapado con que la entrenadora intentaba sellarle la herida― ¡Santas Tablas! Aunque, bueno… eso lo explica todo.
― ¿Qué ha pasado, Danniel? ―le preguntó Dulce, con tono apremiante― ¿Lo recuerdas?
Esta vez, el interpelado se puso tan pálido como si el pokémon murciélago lo hubiera desangrado por completo, y volvió a intentar incorporarse para mirar a su alrededor, ignorando las protestas de Cristal, hasta que necesitó dejarse caer de nuevo para no marearse, aparentemente sin palabras para responder a la pregunta de la exorcista. Sus ojos pasaron del silencioso Haunter al espectro de la hembra de Eevee, y luego se detuvieron en la pareja de perros, que continuaba vigilando concienzudamente la calle vacía en ambas direcciones. Tras varios instantes de evidente titubeo, acabó por mirar directamente a los ojos a Tony por última vez para luego preguntar, en un tono mucho más tranquilo de lo que él mismo demostraba estar:
― ¿Qué diablos ha pasado aquí?
El Haunter se acercó aún más, sin dejar de observarlo cautelosamente, con los ojos llenos de evidente ansiedad. Su compañero le sostuvo la mirada con gravedad y firmeza, hasta que al pokémon se le humedecieron los ojos y, finalmente, prorrumpió en sonoros sollozos. Aquello sorprendió tanto a Cristal, que apenas se podía creer semejante reacción en un pokémon al que acababa de ver aplastar sin piedad a un contrincante que probablemente lo superaba en poder, que dejó casi automáticamente de temblar, y el pavor que se le había instalado en las venas quedó borrado por una oleada de ternura. Era evidente que Tony no solo no podía tener más aprecio por Danniel, sino que además era, aunque a ratos pretendiera no parecerlo, un alma sensible. Finalmente, el periodista se apartó con cuidado la mano de la joven campeona del cuello, y esta vez se incorporó despacio, hasta estar a la altura del Haunter, para abrazarlo con fuerza.
―Vamos, vamos… tranquilo. Estamos bien los dos, que es lo que importa ¿no? Ya te lo dije en su momento: me da igual cuánto cambies, yo siempre voy a estar aquí para ti. Siempre serás mi mejor amigo
Dulce y ella intercambiaron miradas incrédulas y consternadas, espantadas y conmovidas por aquella revelación sutil.
Entonces, era eso lo que le había preocupado tanto a Tony, y tal vez fuera precisamente la razón por la que no había querido evolucionar hasta que no lo había necesitado para salvar a Danniel, se dijo la joven Campeona: había temido ser rechazado por su compañero humano si lo hacía.
―Es más… ―añadió Danniel, con una gran sonrisa; aunque ahora era él quien tenía los ojos llenos de lágrimas― no tengo palabras para darte las gracias por lo que has hecho por mí.
Pasaron al menos uno o dos minutos más, abrazados y llorando, mientras Dulce y Cristal los observaban, sin que les resultara posible no dejarse dominar por sus emociones también, a pesar de que había algo divertido en aquella situación: sinceramente, ninguna de las dos entendía cómo podía Tony haber llegado a temer una reacción tan horrible por parte de Danniel hacia su compañero del alma, cuando era más que evidente que eran tan parecidos el uno al otro como pueden llegar a serlo un ser humano y un pokémon fantasma. Finalmente, se separaron, y ambos adoptaron la misma expresión grave y resuelta.
―Ahora… ponedme al día, por favor. ―Pidió de nuevo.
―Empieza por contarnos qué te ha pasado, Danniel ―le exigió la Campeona, con tacto―. Seguro que vas a tardar menos en hacerlo, y además podrías facilitarnos las cosas.
La mirada del joven se endureció; pero Cristal se la mantuvo, como él había mantenido la de Tony, hasta que respiró hondo y la bajó despacio, asintiendo.
―Me aconsejaste que me acostara, amigo… pero no pude ―dijo, dirigiéndose al pokémon gas, que estaba escuchándolo con toda su atención―. Estaba demasiado preocupado. Intenté irme a la cama varias veces; pero me levantaba cada pocos minutos, con cualquier excusa que se me ocurría. Acabé por darme cuenta de que era inútil que lo intentara; no solo porque no podía dejar de pensar en el peligro que estaba corriendo el señor Fuji (yo sabía perfectamente que tú harías lo que tuvieras que hacer y me tendrías al tanto de cualquier cosa que pasara), sino porque ni siquiera estaba seguro de querer tranquilizarme, y ni siquiera estaba seguro de por qué. Tenía un presentimiento, un presentimiento espantoso, que se hacía a cada segundo más negro. Algo dentro de mí me decía que necesitaba seguir alerta. Finalmente, me quedé dormido en el sofá, esperando noticias tuyas… y tuve la peor pesadilla de mi vida. Era terrible hasta más allá de lo que puedo describir simplemente contándola, sobre todo porque la sensación que me produjo no se me ha pasado ni siquiera todavía, y seguí percibiendo como real durante un buen rato después de despertarme: soñé que una ola de oscuridad brotaba de subsuelo y devoraba el pueblo entero, y luego se retiraba de nuevo a su escondite, dejando como único rastro de su paso unas ruinas desiertas sembradas de cadáveres destrozados.
Tuvo que detenerse para tragar saliva. Cristal trató de imitarlo, pero no pudo: se le había quedado la boca seca de nuevo. Sin embargo, Danniel no tardó en retomar el relato, esta vez mirando uno a uno a todos los presentes. No manifestó la menor sorpresa ante la silueta flotante de Dulce, ni ante el hecho de que ni Kira ni ella proyectasen sombras, a pesar de que resultaba imposible que no se hubiera dado cuenta:
―Me desperté gritando de terror, a pesar de que sabía perfectamente que no me cabía esperar otra cosa… después de todo, era precisamente lo que Tony y yo habíamos descubierto con nuestras investigaciones, que el guardián consideraba rota la tregua entre los vivos y los muertos. Para aquel entonces ya había parado de llover, y reinaba un silencio que ponía por sí mismo los pelos de punta: todo parecía estar en paz todavía… pero yo podía sentir que no era así. Es muy difícil de explicar: era como si pudiera percibir que todas las cosas estaban ya oscurecidas, como si Pueblo Lavanda hubiera dejado ya de pertenecer al mundo de los vivos, y hubiera sido trasladado a otro plano… o, más bien, como si fuera yo quien ya tenía un pie en el Otro Lado.
Tony emitió una sonora carcajada, y su compañero lo correspondió, riendo por lo bajo a pesar de lo tenebroso de la situación. Debe de tratarse de una especie de broma privada, se dijo la campeona.
Sin embargo, ambos recobraron de inmediato la seriedad, y el joven se puso aún más pálido.
― Estoy acostumbrado a la sensación ocasional de tener algo de pokémon fantasma yo mismo ―dijo, al fin―. Pero nunca me había parecido más evidente, y eso suele ser mala señal en un humano vivo. Todavía estaba preguntándome qué podría haber ocurrido y, sobre todo, estrujándome el cerebro en busca de una idea para ayudar a Tony y al señor Fuji… cuando la temperatura descendió de repente. Así, sin más. Como si la habitación se hubiera llenado de aire helado a pesar de estar cerrada."
"No era Tony. Él también puede provocar ese tipo de fenómenos, como habréis podido comprobar… pero su presencia no se parecía en nada a la suya, y espero no ser lo suficientemente mal entrenador como para que acabe pareciéndose alguna vez: un frío crudo, oscuro, carente por completo de compasión: fuera quien fuera, o lo que fuera, ese ente, me odiaba con todo lo que quedaba de su ser, e iba a disfrutar causándome todo el dolor físico y mental que pudiera mientras acababa conmigo. Además, el ambiente se estaba cargando a marchas forzadas, provocándome una sensación muy fuerte de asfixia. Es algo que he sentido otras veces, sobre todo cuando me he quedado hasta tarde en la Torre; pero nunca ha sido tan fuerte, y jamás me ha ocurrido en mi propia casa. Exploré todas las habitaciones en busca del espectro que estaba provocando aquello; pero no conseguí encontrarlo, y eso solo podía significar que me estaba acechando deliberadamente. No necesitaba mucho más para darme cuenta de que daba igual si me quedaba allí sentado esperando noticias como un niño bueno o me iba a la Torre Pokémon a orinar en las paredes: era hombre muerto, y punto. Así que cogí un puñado de velas, unas cuantas pociones y el viejo libro de oraciones de mi abuelo y me planté en la calle.
"Aquella parecía ser la señal de ataque que la criatura había esperado para abalanzarse sobre mí definitivamente. No recuerdo muy bien lo que pasó entonces, porque de repente me sentí muy desorientado. Era como si se me hubiera pegado un chicle al cerebro, o como si me lo hubieran arrancado y tirado al barro: me costaba hablar y moverme, estaba empezando a preguntarme dónde estaba y por qué había salido; probablemente, ni siquiera me hubiera reconocido a mí mismo si me hubiera visto en el espejo. De darse una circunstancia compatible, hubiera sospechado de inmediato que alguien me había drogado con algo particularmente fuerte, o en una dosis demasiado alta. Recuerdo más o menos claramente que luché contra algo; algo que no paraba de darme bofetadas, y golpes afilados y quemantes, como latigazos. También recuerdo a un hombre corpulento, con los ojos de color sangre, sujetándome los brazos detrás de la espalda para reducirme, y empezar a debilitarme poco a poco…"
"Pero no recuerdo haber perdido el conocimiento. Me he dado cuenta de que debí desmayarme porque me acabo de despertar. Si lo que me habéis dicho es cierto, os debo la vida."
Cristal y sus acompañantes pokémon guardaron silencio durante unos instantes, tan espantados que les resultaba imposible articular palabras. Ahora que estaba despierto, y que podían verlo moverse, resultaba evidente que la mordedura en el cuello no era el único recuerdo que le había quedado de su mal encuentro con Cross Kyo. A juzgar por las descripciones que les estaba dando, no cabía la menor duda de que el Crobat había intentado matarlo sin la menor contemplación: el periodista había sido sometido con Supersónico,y luego recibido una auténtica paliza antes del ataque final. Tenía muchísima suerte de no estar gravemente envenenado (la descripción que les había hecho era compatible tanto con el Ataque Ala como con Veneno X), y era necesario que acudiera cuanto antes a un centro médico para cerciorarse de no tener heridas internas.
Entonces, sin que nadie hiciera ninguna pregunta más, Haunter empezó a emitir una serie de espectrales susurros, dotados de una riqueza de entonación que a la Campeona le recordó al largo relato que les había contado en la Torre: estaba respondiendo a la pregunta que le había hecho su compañero.
El semblante de Danniel se fue demudando poco a poco a medida que iba escuchando. Cristal, preocupada, sacó otro pañuelo limpio y se lo entregó, y este sustituyó el que tenía, ya empapado, para cubrirse de nuevo la herida en el cuello, agradeciéndoselo a la muchacha con un gesto. Esta se tranquilizó un poco al comprobar que el nuevo apósito no se estaba empapando tan rápido.
Casi antes de que el pokémon terminase de hablar, su compañero humano ya había terminado de ponerse de pie para empezar a caminar, despacio pero sin detenerse un solo segundo, ni siquiera para tomar aliento, en dirección a, según creía recordar Cristal, el centro pokémon. Y Tony, sin pronunciar palabra, se fue con él.
Tras unos segundos más de vacilación, la joven entrenadora fue detrás de los dos Torrance, seguida por Arcapeon, Kira y Dulce.
―Espera… ¿a dónde vas?
―Voy a avisar a Joy ―replicó el joven, con un tono casi incisivo―. Sé que tenemos mucha prisa… pero ella no es entrenadora de pokémon fantasma, y no puedo permitir que corra un peligro como el que he corrido yo sin ni siquiera darse cuenta.
Aquella primera persona del plural la sacudió por dentro. Eso solo podía significar que estaba más que dispuesto, al igual que su compañero Haunter, a acudir en ayuda del señor Fuji, independientemente de lo que este les hubiera pedido.
― ¿Estás seguro de que es buena idea? ―le preguntó Cristal, alarmada― Estás herido, Danniel… tal vez, incluso, gravemente herido, y la situación es peligrosa incluso para mí y mi equipo, que somos más y estamos más o menos en forma. Incluso Dulce y Kira han sido avasalladas sin dificultad por Growlithe, y Tony ha necesitado todas sus fuerzas solo para plantarle cara.
El muchacho se detuvo y respiró hondo. Se quitó el pañuelo del cuello, para echarle un vistazo: la mancha era más pequeña, señal de que la hemorragia se estaba deteniendo. Sin embargo, volvió a ponérselo sobre la herida, esta vez más despacio. En realidad, parecía estar pensando en cómo contestarle. Finalmente, les dirigió una mirada penetrante acompañada de una sonrisa lobuna. Con aquella luz pálida, el parecido físico con el aspecto humano que había asumido Tony era casi escalofriante.
― ¿No has sido tú misma la que les ha dicho a todos que, a menos que Fuji sobreviva a esta noche, ya no tenemos salvación posible? ―preguntó, sin acritud― Si todos nosotros vamos a morir… qué menos que poder hacerlo de pie ¿no? Además, estoy seguro de que no soy el único que ha notado que pasaba algo raro y se ha echado a la calle. Así que necesitamos que la enfermera Joy esté alerta, por lo que pueda pasar ¿no?
Continuó caminando, sin esperar la respuesta de la entrenadora, que tardó en contestarle.
Sin embargo, esto no se debía simplemente a que se hubiera quedado completamente sin palabras; sino también a que, de pronto, su cerebro se había puesto de nuevo a funcionar a plena potencia.
Cross Kyo había atacado a Danniel al salir a la calle, a pesar de haber podido acosarlo en el interior de su casa. Y el señor Fuji había solicitado a través de la agente Mara que la gente se quedase en sus domicilios, a pesar de que ya sabía que el pueblo entero entraba dentro de la jurisdicción del guardián. Eso solo podía significar que los hogares de los lavandeses, de alguna manera, eran todavía seguros, hasta cierto punto.
Esto solo podía significar que existía un límite que Growlithe todavía no podía cruzar. De lo que no estaba segura era de si se debía a que la negociación entre él y el señor Fuji todavía estaba en marcha, o a que iba a necesitar atraer a los lavandeses fuera de sus casas para poder desencadenar toda su ira contra ellos.
― ¡Espera, Danniel! ―le dijo, al fin, corriendo tras él― ¡Vamos contigo! Tengo que hablar con la enfermera. Y, a ser posible, con la agente Mara.
― ¿Con la agente Mara? ―preguntó él, deteniéndose― ¿Por qué? Ella no puede hacer nada.
― Por supuesto que puede ―replicó ella―. Puede poner en marcha una operación de evacuación y sacar del pueblo a todos los civiles. Yo vengo sola, pero ella debe de tener efectivos suficientes para socorrer a la gente y los pokémon.
Los ojos del joven se llenaron de esperanza, pero no parecía tener muy claro querer depositarla en esa opción:
― ¿Crees que es factible? ―inquirió― ¿No sería demasiado peligroso sacar a tanta gente a la calle así, sin más, de improviso?
― Ahí está el punto flaco de la idea… que no estoy segura ―reconoció Cristal―. Sería una ruleta rusa ¿y si la estrategia del guardián consiste en hostigar a la gente hasta arrancarla de su casa y luego echársele encima? La evacuación podría convertirse en una masacre. Por eso necesito ir contigo… para ir viendo el estado de las cosas por el camino.
Aunque Danniel se había quedado con la mirada repentinamente perdida, no parecía estar ausente. La joven nunca había visto una conversación telepática desde fuera, pero no le sorprendería mucho que aquello fuera precisamente lo que estaba teniendo lugar entre él y su pokémon. Finalmente, él asintió despacio:
―No podemos descartar del todo la posibilidad de poner a salvo a todo el mundo… Además, te pilla de camino. Y, aunque tengamos que pasar por el centro pokémon, nosotros no pensamos renunciar a bajar al Memorial contigo.
Cristal no tuvo tiempo ni siquiera de asentir antes de que las espectrales garras de Tony los agarrasen misteriosamente tanto a ella como a su interlocutor y los levantaran por los aires a pulso para arrojarlos sobre un generoso montón de hojas secas en un parque cercano. Aunque no se hicieron el menor rasguño al caer, la entrenadora se quedó completamente paralizada de pánico, y no pudo evitar gritar con todas sus fuerzas, y a su pesar, mientras caía: había tenido muchas sorpresas desagradables a lo largo de sus viajes, sobre todo en las cuevas (estaba segura de no haberse hecho nunca nada grave solo porque Arceus era bueno), pero no se esperaba en absoluto algo como aquello. Danniel también gritó; pero, apenas aterrizaron, le tapó rápidamente la boca con la mano:
―Chisst… ―la chistó, y la muchacha aguantó hasta la respiración―. Escucha… y mira, si puedes.
A pesar de que la calle seguía estando vacía, un rumor sordo, similar al sonido producido por decenas de pies humanos al caminar al paso, se acercaba ominosamente. Resultaba particularmente estremecedor, porque no provocaba vibraciones en el suelo, pero sí levantaba unos ecos profundos y cavernosos que daban la impresión de proceder de algún lugar bajo tierra, sin que resultase posible determinar con certeza ni su fuente ni la distancia a la que se encontraba. La joven campeona, que recordaba los extraños fenómenos físicos asociados al rapto de Kira, no necesitó mucho más para darse cuenta de que estaban producidos por algunos de los espectros humanos convocados desde la Torre Pokémon.
Los dos jóvenes humanos se enterraron lo más rápida y silenciosamente que pudieron en la hojarasca todavía empapada. Cristal se alegró al percatarse de que el denso aroma vegetal encubriría su olor natural, ayudándoles a esconderse mejor; pero no pudo evitar pensar en Arcapeon, al que había dejado solo en mitad de la calle, y Danniel tuvo que sujetarla para que no fuera corriendo a buscarlo.
―No te preocupes, confía en Tony. Deberíamos ir pensando, más bien, en qué podemos hacer para plantarles cara nosotros, que no tenemos más armas para defendernos que nuestros propios cuerpos… y de poco van a servirnos contra gente que los ha perdido y, aun así, puede seguir matando.
El rumor de pasos continuaba acercándose, y Cristal apartó con cuidado las hojas que tenía delante para poder atisbar la calle desde su escondite. Danniel la imitó, tragando saliva.
―Sí, ahí están… ―susurró― Un pelotón de hombres cubiertos de armaduras de color añil... armados con katanas. El capitán lleva adornos dorados, y una capa negra; llevan un estandarte con una cabeza de dragón negro con los ojos rojos: deben de ser los Dragones de Ciudad Endrino. Mal asunto, no tenían precisamente muchos escrúpulos.
La joven entrenadora se estremeció por dentro.
Lo único que podía ver ella eran sombras oscuras, que se deslizaban lentamente sin un cuerpo que las proyectara. Daban la impresión de ser fragmentos de oscuridad que hubieran cobrado vida propia. De repente, le vino a la mente su fugaz encuentro con Growlithe en lo que, ahora lo sabía, debía de ser el aspecto humano que había asumido para hacerse ver por ella. Sin embargo, esta vez no podía percibir tantos detalles de aquellos espectros como Danniel. Además, recordaba que Dulce le había dicho, en un momento dado, que podía tomar consistencia delante de ella voluntariamente. Y que los espectros de la Torre se habían sorprendido bastante cuando ella les había confesado su encuentro con el guardián, dando a entender que solo había tenido lugar porque este lo había permitido.
Las sombras pasaron de largo, hasta que la calle quedó vacía de nuevo. Solo entonces se permitieron respirar de nuevo.
Arcapeon, Tony, Dulce y Kira saltaron inmediatamente desde detrás de una tapia que había al otro lado de la calle, y Cristal corrió a su encuentro para abrazarlo con fuerza.
―Ay… lo siento, amigo. Ha sido tan inesperado…
El enorme perro emitió un ladrido tranquilizador y le lamió la cara para confirmarle que no consideraba necesaria la disculpa, mientras Kira y Dulce la rodeaban a ella y a Danniel, preocupados.
― ¿Estáis bien? ―preguntó la exorcista, con los ojos enormes, antes de lanzarle una mirada de reproche al Haunter― ¡Hay que ver, Tony, que bestia puedes llegar a ser!
―No se preocupe… ―se adelantó Danniel cortésmente, aunque un poco apurado― señorita…
―Dulcinea Masaki ―se presentó la hembra de Eevee―. Dulce para los amigos.
―Encantado.
En ese momento, Cristal recordó algo que le pareció importante.
― Oye, Danniel… no pareces muy sorprendido por la presencia de Kira y Dulce.
―Oh, es porque no lo estoy ―contestó él, con llaneza―. Sé que la Torre de Radio… no, perdón, la Torre Pokémon, está embrujada. Todo el mundo lo sabe, de hecho.
Había un fondo extraño en el tono casual de aquella respuesta. Había sonado particularmente apresurada y categórica, algo que contrastaba bastante con la alegre y apasionada distensión que ella había percibido en él aquella tarde, mientras le hablaba de las investigaciones que realizaba habitualmente para "Pokémon Mundo Misterioso", así como con la seriedad con que les había contado su experiencia contra Cross Kyo. En realidad, se parecía más bien al tono que había empleado la enfermera Joy aquella tarde para decirle que la Torre de Radio iba a estar cerrada esa noche. Y no debían de ser precisamente imaginaciones suyas, porque Tony también se quedó mirando a su compañero, con una expresión también inusualmente grave.
De hecho, el joven hizo una pausa, respirando hondo, y le lanzó una mirada nerviosa a Tony. Parecían guardar silencio; pero Cristal ya intuia que no debía de ser así: estaban manteniendo una intensa conversación privada. Tras varios minutos de aparente vacilación, Danniel asintió despacio, volvió a tragar saliva y bajó la vista. Ahora parecía profundamente avergonzado.
―Pero yo, además… ―empezó a añadir, casi susurrando― yo, además, me he encontrado varias veces con algunos espectros durante mis horas de trabajo. Entrando y saliendo de aquí y de allí. Disfrazados de humanos. Jugando a ser humanos.
Kira emitió un rugido bajo y amenazante, antes de abalanzarse sobre Danniel, que no hizo nada para intentar defenderse de ella; pero Dulce la sujetó para impedir que le hiciera daño.
―Kira, por favor, cálmate… los humanos son raros para algunas cosas. Seguro que los señores Torrance tenían sus motivos para no decírselo a nadie. ―Le dijo, con suavidad; aunque la frialdad de su tono daba a entender que ella tampoco estaba precisamente contenta con aquel descubrimiento, cualquiera que fuese.
―No entiendo… ¿qué no le has contando a nadie?
Danniel volvió a suspirar pesadamente y, tras algunos instantes de silencio más, acabó por decir, con un tono cargado de algo que parecía dolor:
―Que yo también tengo poderes extrasensoriales ―entonces levantó la cabeza. Y reveló que tenía los ojos llenos de lágrimas, pese a mantener una expresión neutra, como la de una estatua de piedra―. En concreto, soy clarividente.
Cristal se quedó boquiabierta, e incluso Arcapeon dio la impresión, por primera vez en toda la noche, de sorprenderse realmente por algo.
―Eso significa que…
―Significa que no necesito Scope Sylph para ver a los muertos.
NOTAS AL PIE (¡Viva la intertextualidad!)
[1] Referencia al episodio del anime Esperando a un amigo.
[2] Referencia al episodio 10 de Generaciones Pokémon (La vieja mansión)
NOTAS FINALES
Vaya, vaya... ¡así que Kira y Dulce no eran las únicas que estaban ocultando cosas! Ya hemos visto que Tony, pese a sus maneras de caballero no muerto, tiene también sus propios fantasmas; pero ¿cuáles serán los de Danniel Torrance? ¿Por qué solo ha revelado sus capacidades como clarividente cuando ya no le ha quedado más remedio y, al parecer, a instancias de su compañero pokémon? Continuará...
