DISCLAIMER

El personaje de Danniel Torrance está inspirado en el personaje homónimo de Stephen King, protagonista de las novelas El resplandor y Doctor Sueño, que pertenece, naturalmente, al propio Stephen King. Yo me he limitado a tomar su nombre e inspirarme en él para construir esta fanfic, totalmente sin ánimo de lucro.

ADVERTENCIA: RATED M

¿Os habéis creído que los muertos son los únicos que tienen problemas? Desde luego que no. La historia de nuestro amigo Danniel Torrance no solo es tan terrorífica como las que pueden contar los habitantes de la Torre Pokémon, sino que además es bastante realista dentro de lo sobrenatural. Este capítulo puede resultar difícil de digerir para las personas que han sido víctimas de violencia doméstica o machista; así que le ruego a quienes crean que les resultaría demasiado duro que paren de leer aquí. A quienes hayan decidido seguir... disculpen la espera y disfruten la lectura ^^


―Oh… y ¿has desarrollado esa capacidad como entrenador de pokémon fantasma, o naciste con ella?

A Cristal le sonó absurda aquella pregunta apenas salió de su boca, pero Danniel no dio la impresión de pensar eso: no solo contestó sin dilación, sino que además casi pareció agradecerle que la hiciera.

―Los pokémon con poderes extrasensoriales pueden establecer contacto telepático con quien deseen, y tienden a hacerlo con sus entrenadores de manera asidua y casi más por gusto que por necesidad ―dijo―. Pero un ser humano no puede desarrollar ninguna habilidad de este tipo que no posea ya de manera natural, porque requieren un… digamos, un diseño cerebral específico. Por ese mismo motivo, tampoco pueden perderlas del todo, aunque se den periodos de baja actividad por alguna razón, como, por ejemplo, una depresión profunda o el consumo de sustancias inhibidoras. En mi familia, por ejemplo, hay un historial preocupante de adicciones; lo que me hace pensar que, en realidad, algunos de mis parientes también han sido clarividentes… e intentaron recurrir al alcohol y otras sustancias para embotar sus capacidades. También se sabe que ha habido casos de personas que parecen haberlas desarrollado a raíz de estímulos particularmente agresivos, como experiencias cercanas a la muerte o conmociones cerebrales graves; pero los estudios al respecto realizados por el Círculo Psy apuntan a que se trataba de habilidades latentes. En resumen: tal vez mi vínculo con Tony ha alimentado mi clarividencia, puede que incluso la haya hecho más potente… pero nací con ella. Si decidiera de buenas a primeras alejarme para siempre de todos los pokémon fantasma habidos y por haber, ponerme en peligro de muerte reventándome la cabeza contra un muro o vivir borracho el resto de mis días, daría exactamente lo mismo: soy clarividente; lo he sido tal vez desde antes de nacer y, desde luego, moriré siéndolo. Es un rasgo tan inherente a mí como el color natural de mi pelo.

Aquello, desde luego, tenía todo el sentido del mundo, al menos para Cristal. Era obvio que la conexión entre Danniel y Tony era muy especial, y lo había sido, según le había dicho la enfermera Joy, desde que se conocieron. Tal vez el don del joven había sido, de alguna manera, una de las razones por las que el Gastly (ahora Haunter) se había sentido tan unido a él.

Lo que no entendía era aquella resistencia feroz a hablar de él, y que hubiera sido necesario ponerlo prácticamente entre la espada y la pared para que reconociera poseerlo. Después de todo, no era nada de lo que tuviera que avergonzarse, y no solo porque ni siquiera fuera culpa suya. A ella le parecía tan absurdo aquel obstinado intento de negación como el miedo de Tony a que su compañero de toda una vida lo abandonara por evolucionar.

El Haunter debió de leer en su mente esta idea, porque se quedó mirándola intensamente durante unos instantes, inesperadamente serio, antes de volver a sonreír. Y no se trataba de la habitual mueca macabra habitual en los pokémon gas, sino de una sonrisa auténtica, de verdadera alegría y complicidad. Entonces, Cristal supo que, esta vez sí, era el momento de hablar:

―Sinceramente, Danniel… ―le dijo, intentando decir lo que pensaba con tacto sin dejar de lado el desenfado― Será porque he conocido a Morty y tratado con él en calidad de investigador y de guardián de las Torres de Ciudad Iris, además de como líder de gimnasio; pero no entiendo por qué consideras que tienes que esconder tu clarividencia de esa manera, como si fuera un delito que has cometido. No creo que una persona tenga que avergonzarse de poder comunicarse con los muertos de manera natural.

A pesar de que la joven entrenadora había planteado la cuestión con toda la delicadeza que podía, él apretó con fuerza los puños y la mandíbula, y la fulminó con la mirada. Tony se interpuso entre los dos, emitiendo apresuradamente sus espectrales susurros característicos; pero Cristal no necesitó que lo hiciera para darse cuenta de que, a pesar de su intuición, parecía haber cometido un error bastante grave.

―Lo… lo siento. Por favor, olvídalo.

―Dices eso porque no sabes cómo es ―replicó Danniel, como si no hubiera oído lo que la campeona acababa de decir, con un tono tan venenoso que Cristal sintió que le quemaba en los oídos―. No sabes lo que significa vivir viendo cosas… gente, pokémon… que nadie salvo tú puede ver.

―Supongo que debe de resultar chocante ―admitió la Campeona. Hablaba por ella misma, que todavía estaba intentando digerir la aventura en la que se había visto envuelta―. Pero también existen las personas con capacidades similares a las de los pokémon psíquicos...

―No es lo mismo, Cristal ―la interrumpió él, con frialdad―. Una cosa es la telepatía, la telequinesia, el teletransporte... y otra, muy distinta, es ver muertos. Estoy seguro de que no has vuelto a ser la misma persona desde el momento en que usaste ese Scope Sylph ¿me equivoco? La verdad al desnudo, completamente de frente… puede destruir mundos enteros. Pero venga… no tenemos tiempo para hablar ahora. Necesitamos llegar al Centro Pokémon de una vez. Vamos todos juntos. Así podré avisar a Joy. Y, de paso… contártelo todo.

Asintió casi automáticamente. Todo apuntaba a que esta iba a ser otra de aquellas historias largas profundamente enraizadas en las oscuridades de Pueblo Lavanda. Dulce y Kira, a todas luces tan intrigadas como ella, también asintieron y lo siguieron sin hacer más preguntas.

El Centro Pokémon estaba a apenas dos calles de allí; pero, cuando finalmente se encontraron ante él, a Cristal le dio la impresión de haberse topado con una isla en medio del océano de oscuridad que Danniel había visto en sueños. Aunque, la verdad sea dicha, tal vez se debiera más a la inmensa sensación de alivio que le producía haber conseguido llegar hasta allí que a un auténtico presentimiento acerca de la seguridad que les ofrecía el lugar. El joven periodista estaba pálido, sudoroso y jadeante, y se hubiera dejado caer varias veces de no ser porque su Haunter había estado con él para sujetarlo y alentarlo. Era obvio que la pérdida de sangre le estaba pasando factura. No obstante, la Campeona dudaba de si aquellos desfallecimientos se debían al dolor y a la fatiga físicos o al choque consigo mismo que implicaba lo que había prometido hacer.

A pesar del más que visible conflicto interno que estaba sufriendo Danniel, las dos fantasmas seguían estando enfadadas con él, y Cristal no podía negar que las comprendía. Ellas habían creído durante años ser invisibles para los vivos, excepto a través de sus ambiguas y pavorosas manifestaciones espectrales. Kira, en especial, debía de encontrar particularmente frustrante, e incluso un auténtico desaire, que él la hubiera estado viendo penar lastimosamente por la Torre durante tanto tiempo sin hacerle saber siquiera, en ningún momento, que podía verla y hablar con ella, tal vez incluso ayudarla a reencontrarse con Joy.

Sin embargo, había algo en todo aquello que no terminaba de cuadrar. Le resultaba particularmente sorprendente el hecho de que Danniel hubiera conseguido mantener en secreto su don, siendo como era vecino de Pueblo Lavanda desde siempre. Además, incluso le había dado a entender que nunca había intentado embotar sus poderes de manera artificial. Probablemente, era precisamente a eso en concreto a lo que Joy se había referido cuando le había comentado que el muchacho era "un poco raro". E incluso a pesar de eso, ella no había visto en la enfermera ninguna actitud negativa ante el joven, ni siquiera ante su evidente conexión con las realidades de ultratumba, que pudiera justificar el secretismo extremo en el que este se sentía obligado a vivir su condición.

― ¿Notas algo raro aquí, Danniel? ―Preguntó, solo para cerciorarse de su intuición no había vuelto a engañarla.

―No, no te preocupes ―respondió él―. Todavía no hay nadie aquí.

―Esto es muy raro ―dijo la Campeona, frunciendo el ceño, y más para sí que para él―. Ya llevamos horas de retraso, pero todo lo que hemos visto hasta ahora son a los pokémon de Sakura Kyo y una escuadra de soldados endrinos. Quiero pensar que el señor Fuji está aguantando el tipo mejor de lo que temía Tony… pero no sé.

―Deberíamos aprovechar nuestro margen de tiempo, aunque sea corto... en lugar de pasarlo preguntándonos por qué lo tenemos. ―Sentenció Dulce, con gravedad.

―Tienes razón. Entremos.

Apenas Cristal hubo pronunciado estas palabras, Kira se sentó en el suelo, con las orejas gachas y los relucientes ojos clavados en sus propias patas delanteras. Arcapeon se detuvo automáticamente y volvió sobre sus pasos, para situarse a su lado de nuevo e interrogarla suavemente, en su misterioso lenguaje, con algo que parecía preocupación. La perra pokémon respondió con un breve lamento y se recostó lastimosamente en el suelo, visiblemente entristecida. Ninguno de los dos entrenadores humanos necesitó una traducción para darse cuenta inmediatamente de que no pensaba moverse de allí.

Cristal estuvo a punto de preguntarle qué le pasaba, pero entonces se dio cuenta de que ya lo sabía.

―Kira… ―le dijo, inclinarse sobre ella como lo estaba haciendo su Arcanine― ¿Te preocupa encontrarte de nuevo con la enfermera Joy después de tantos años? ¿No decías en la Torre que tu último deseo era volver a verla?

Tony emitió una serie de susurros acompasados y Danniel movió la cabeza lentamente, sonriendo con tristeza.

―Compréndela, Cristal ―le dijo―. Cuando Kira murió, Joy tenía aproximadamente tu edad… así que ya ha debido de superar su duelo: tiene motivos para pensar que no será bien recibida.

― ¿Cómo puedes decir eso? ―replicó ella, indignada― ¿Quién no quiere volver a ver a su mejor amigo, aunque se separaran hace siglos?

Tras contener el aliento durante unos segundos, como si se estuviera sintiendo tentado a dar una respuesta particularmente mordaz, el periodista respiró hondo y emitió un pesaroso suspiro. Luego repuso, con una nota de profunda amargura:

― Los vivos no están acostumbrados a entrar en contacto con los muertos, ni siquiera cuando ellos mismos viven en un cementerio. La muerte es el gran misterio del Universo: no sabemos lo que hay en el Más Allá, y quienes ya lo saben no pueden contárnoslo. Yo mismo, por ejemplo, solo puedo ver y oír a quienes se han quedado atrapados aquí: no sé a dónde nos lleva Giratina cuando nos conduce al Otro Lado de la Puerta. Y, aun así, resulta, como tú misma has dicho hace un minuto, muy chocante: ni siquiera quienes más me querían han podido perdonármelo, a pesar de no ser culpa mía. En el caso de Kira, además, lo que la separa de su entrenadora no es solo la Muerte… sino también la barbarie y la crueldad extremas, con todo lo que ello implica ¿Te imaginas cómo sería ser víctima de una auténtica atrocidad como esa? ¿Qué lo único que le diera sentido a semejante pesadilla, que te ayudase a no desear no haber nacido nunca, fuera la idea de poder volver a casa para abrazar a tu madre? ¿Y que, cuando por fin lo consigues, tras varios años de una ausencia insoportable… ella, en lugar de alegrarse por volver a verte cuando ya había perdido la esperanza de reencontrarse contigo, te saludara con gritos de terror? ¿Con exorcismos? ¿Suplicándote que te marchases y la dejases en paz? Porque eso, Campeona, es lo que suele suceder cuando los muertos intentan comunicarse de alguna manera con los vivos. Hasta quienes simplemente podemos comunicarnos de manera natural con ellos somos más temidos que verdaderamente respetados: en la época en que se construyó la Torre Sion éramos quemados vivos en la hoguera, acusados de acostarnos con demonios a cambio de obtener poderes aún más maléficos, y todavía hay gente a la que le da miedo quedarse a solas con nosotros en la misma habitación. No sea que les saquemos el corazón para hacer magia negra con él, o algo por el estilo. Aunque ya sepan que es una completa estupidez.

La joven entrenadora pensó en cómo había reaccionado ella cuando las hermanas Grady y Lucas se desvanecieron en el aire tras su breve conversación. Ahora que lo pensaba detenidamente, no podía decir que se lo hubiera tomado bien; a pesar de que, si no se equivocaba mucho, lo único que había ocurrido en aquella sala era que aquellos pobres pokémon se habían desahogado contándole a una forastera sus terribles penas, tal vez sin esperar siquiera que ese llanto desconsolado pudiera darles la paz. Y ella había respondido escondiéndose en el baño y sufriendo un ataque de pánico. Ciertamente, no podía negar que su primer contacto con el Otro Lado no había sido en absoluto empático.

Sin embargo, tampoco podía olvidarse de cómo la enfermera Joy se había derrumbado cuando el señor Fuji le había recordado que necesitaba encarar abiertamente la muerte de su pokémon, ni del dolor y la impotencia que había manifestado mientras le hablaba de la situación precaria en la que posiblemente se encontraban sus restos. No podía parecerle más evidente que, por mucho miedo que a la enfermera le dieran los fantasmas, jamás podría recibir mal a Kira. No, a menos que no supiera que era ella, ni lo que sentía por ella.

Y aquel pequeño matiz le dio una idea que podía funcionar.

―Kira, se me ocurre algo ―dijo, a fin― ¿Y si entras con tu apariencia humana? Si te presentas como una mujer viva, como hiciste conmigo, podrás ver a Joy sin que ella se dé cuenta de que eres un fantasma. Conmigo lo hiciste muy bien; necesité atar muchos cabos y hablar mucho contigo para darme cuenta de la verdad. Luego, una vez la hayamos puesto en antecedentes… podrás decidir si le dices o no quién eres.

La Growlithe siguió recostada en el suelo un minuto más, con los grandes ojos dorados perdidos en algún lugar por delante de ella, mientras incluso Arcapeon esperaba su respuesta. Finalmente, se puso de pie y, un parpadeo después, volvía a tener el aspecto de una muchacha de espesos cabellos pelirrojos. Su semblante todavía reflejaba una profunda tristeza y muchas dudas.

―No estoy segura de que vaya a funcionar ―dijo, con un hilo de voz―. No creo que pueda contenerme cuando la vea… me delataré en seguida.

―Pero, al menos, le ahorrarás el impacto ―le contestó de inmediato Dulce, sin vacilar lo más mínimo―. Verá, antes de nada… que no pretendes hacerle daño. Que solo quieres hablar con ella… y que no tiene motivos para tenerte miedo.

Cristal iba a añadir también que, al entrar en compañía de Danniel y ella misma, venía con una carta de presentación favorable, pero no fue necesario: Kira asintió despacio y, un instante después, volvía a sonreír; aunque sus relucientes ojos estaban húmedos. Arcapeon le hizo una pequeña carantoña, a la que ella respondió acariciándole las grandes orejas.

―Venga… vamos. Ya hemos perdido demasiado tiempo.

Y ella misma, escoltada galantemente por su perruno caballero de radiante pelaje, caminó con decisión hacia la puerta, pasando por delante del periodista y su compañero sin mirarlos, y se adentró en la oscuridad del Centro Pokémon.

El enorme recibidor del edificio parecía mucho más grande estando completamente vacío, y los ecos que levantaba el sonido de sus pasos daban la impresión de que el edificio entero estaba desierto. Un detalle que, cuando Cristal pensó en ello detenidamente, la hizo estremecerse: en realidad, nunca había estado en un Centro Pokémon totalmente vacío. Y la idea le daba mucho, mucho más miedo que la especie de pensión decimonónica que se había imaginado al llegar al pueblo aquella tarde.

―Antes de marcharme, intenté despertar a las Chansey de guardia; pero no pude ―dijo, en voz baja. De repente, volvía a tener miedo de que algo o alguien la escuchara hablar―. No sé qué les pasaba.

―Vamos a verlas. ―Sugirió Kira, preocupada.

Tal y como se temía la joven entrenadora, las pokémon enfermera seguían tal y como ella las había encontrado hacía ya unas horas, profundamente dormidas entorno a su mesita de café, en la sala que había tras el mostrador. Sin embargo, cuando le puso la mano en el brazo a una de ellas para volver a intentar zarandearla, sufrió un repentino vahído: el cuerpo estaba casi frío al tacto.

Se hubiera caído redonda al suelo de no ser porque otra mano aún más fría, la de Dulce, la sostuvo con gentileza. Danniel se inclinó sobre las Chansey para examinarlas con atención.

―Tranquila ―le dijo, con el entrecejo fruncido y sin apartar la vista de las pokémon, mientras les tomaba el pulso. Luego encendió una de sus velas y se la tendió a Tony para que se la sujetara, para poder examinarles los ojos levantándoles cuidadosamente los párpados―. Solo están dormidas.

―Entonces ¿por qué están peor que cuando yo me fui? ―Inquirió la campeona.

―Porque las Chansey son criaturas muy empáticas ―contestó Kira, con tono apagado. De tener su forma pokémon, tal vez hubiera agachado las orejas―. Son muy sensibles al dolor ajeno… por eso están siempre tan dispuestas a ayudar a sanar. Así que esta situación debe de estar… produciéndoles pesadillas.

― Y eso las está debilitando ―completó Danniel, recuperando la vela encendida de la esquelética mano de su compañero pokémon―. Lo que hace que, a su vez, sea más difícil despertarlas. Es un círculo vicioso.

Hasta la misma Dulce y Kira se estremecieron al oír aquello, e intercambiaron miradas de aprensión con los demás pokémon.

― Entonces, tenemos que despertarlas como sea ¿verdad? ―Inquirió la Campeona, desalentada.

Había intentado hacerlo sin el menor éxito antes de marcharse a la Torre Pokémon, pero en aquel entonces no se le había ocurrido pensar que podían estar en peligro. Garras de Giratina, maldijo para sí; preguntándose cómo había podido no darse cuenta de algo tan gordo como aquello. Dijera lo que dijera Mazakala Hallorann, y por muy alto que fuera el pedestal en el que la tenían su equipo pokémon y Dulce, seguía siendo apenas una adolescente que había pasado sus doce años de vida entre libros, y conseguido el título de Campeona de Johto mientras la mayoría de las primavereñas de su edad charlaban entre sí de chicos, trapos y maquillaje, o empezaban a preguntarse si el hecho de no tener interés en hacerlo implicaba que debían de ser marcianas intercambiadas al nacer. Cada vez se hacía más evidente que todavía era terriblemente inexperta. No obstante, si había algo que no podía haberle quedado más claro después de lo que había visto a través del Scope Silph era que no iba a quedarle más remedio que aprender el arte de aprender sobre la marcha: el mundo no iba a pararse siempre que ella necesitara adquirir nuevos conocimientos, solo para darle tiempo a asimilarlos con calma y sosiego, como cuando leía sobre combates en lugar de librarlos. Aunque no podía decir que sus días de estudiosa se habían acabado para siempre, tenía que empezar a reconocer que, probablemente, iba a tener que ir acostumbrándose a tener que improvisar un poco más a menudo. Precisamente, como tenía que hacer durante los combates.

―Creo que tengo por aquí unos cuantos trozos de Baya Milagro, como los que soñé en el combate contra Hallorann ―dijo, al fin, buscando en su pequeño equipaje―. Espero que valgan.

― ¡Creo que a mí también me queda algo! ―Anunció Dulce, alegremente.

Kira y Arcapeon arquearon las cejas al verla empezar a rebuscar en sus múltiples bolsillos secretos, y Tony le dedicó una sonrisa sardónica acompañada de un comentario que sonaba bastante sarcástico, haciendo que la Eevee explotase de ira.

Aquello bastó para que a Cristal le quedase claro que, aunque pacífica y tierna, era mucho mejor, tanto para los vivos como para los muertos, no conseguir enfadar a Dulcinea Masaki. La temperatura bajó prácticamente en picado, un viento invisible le sacudió y erizó la larga melena castaña, y hasta sus dientes parecieron afilarse para recuperar el aspecto real de su dentadura vulpina.

― ¡PUES CLARO QUE VOY A CONSEGUIR… ENCONTRARLO ANTES DE QUE SE MUERAN… PEDAZO DE SLOWPOKE LOBOTOMIZADO! ―bramó, haciendo que el Haunter tragara saliva visiblemente. Durante un instante, pareció que iba a intentar atacarlo; pero se conformó con devolverle una mirada fiera y digna― Además de que aproveché que tuve que… vaciarme los bolsillos hace un rato… para ordenarlo todo. No voy a tardar tanto esta vez.

Tiempo después, Cristal se rio con ganas al recordar la imagen del temible pokémon gas encogiéndose ante los gritos de una Eevee, pero en aquel momento hasta ella misma se preguntó cómo podían ser el mismo pokémon. Arcapeon y Danniel aguantaron la respiración mientras Dulce buscaba entre los pliegues de su ropa, y la Campeona salió del apuro rebuscando concienzudamente en su bolsa el tarro que había usado en sueños hacía un rato.

Aliviada, descubrió que le quedaban dos bayas enteras, aunque había esperado tener al menos una más.

―Espero que esto baste para despertar a alguna, que pueda ayudarnos a despertar a las demás.

― ¡Mira, a mí me quedaban otras dos! ―anunció finalmente Dulce, triunfalmente ― Igual deberíamos partirlas en trozos… para aprovecharlas me…

En ese instante, Kira y Arcapeon se sobresaltaron, y miraron con aprensión hacia la puerta de la sala. La joven entrenadora iba a preguntarles qué ocurría, pero no tardó más de un instante en darse cuenta ella misma: unos pasos firmes y rápidos, aunque ligeros, se acercaban a toda prisa hacia ellos; a todas luces atraídos por los gritos de Dulce. La entrenadora jamás hubiera pensado que tener la certeza de que alguien que estuviera acechándolos era un ser humano vivo iba a resultarle tan reconfortante, aunque ni siquiera supiera si era una agente Mara o el mismísimo Giovanni en persona.

― ¿Quién anda ahí? ―Preguntó una voz femenina, melodiosa pero fuerte y decidida, que no les costó en absoluto reconocer.

― ¡Somos Cristal Soulheart y yo, Joy! ―contestó Danniel, en voz alta, tan evidentemente aliviado como el resto del grupo― ¡Ven, por favor! Tus Chansey no están bien.

La enfermera irrumpió en la sala de descanso a toda prisa. Iba vestida con su clásico uniforme, pero también cubierta con una manta, y parecía bastante pálida a la luz de la linterna que llevaba en la mano. Lo primero que hizo, antes de que Cristal pudiera advertirla, fue intentar encender las luces; pero estas no respondieron.

― ¿Qué ocurre? ―preguntó, alarmada― ¿Qué hacéis todos aquí, a estas horas de la noche?

― Es difícil explicarlo rápido… pero lo intentaremos ―empezó Cristal. Respiró hondo un par de veces mientras ordenaba sus ideas lo mejor que podía―. Verás: resulta que Pueblo Lavanda está siendo atacado por los espíritus perturbados del Memorial, así que estamos sufriendo un código negro. No sabemos si el exorcismo del señor Fuji ha fracasado, o si podría funcionar… pero el caso es que, ahora mismo, no va precisamente bien, y él está en peligro. Así que, como Campeona vigente de la Liga Añil, tengo que ir a ofrecerle refuerzos.

La enfermera Joy abrió mucho los ojos, horrorizada.

― ¿QUÉ?

― Por favor, Joy… luego te contaré el resto ―contestó Danniel, apresuradamente― Todavía podemos afrontar la situación; pero tenemos que darnos prisa. Lo primero es despertar a las Chansey: el guardián del cementerio ha extendido su jurisdicción a todo Pueblo Lavanda, y es un espíritu vengativo, lleno de rencor y rabia. Toda esa oscuridad las está afectando mientras duermen, y si se parece mínimamente a lo que me ha pasado a mí hace un rato… no quiero ni imaginarme los horrores que deben de estar viendo ahora mismo.

―No os preocupéis, yo me encargo de ellas ―aseveró ella― ¿Tenéis algún pokémon más que necesite un tratamiento o chequeo rápido? Os prometo que puedo hacerlo en menos de media hora: una vez consiga despertar a las Chansey contaré con ayuda, y sois los únicos pacientes que tengo que atender en estos momentos.

―Parece ser que Tony ha tenido un combate un poco bestia contra un Crobat ―se apresuró a decir Danniel, señalando a su Haunter―. Tal vez necesite reponer algunas fuerzas.

La enfermera asintió tranquilamente, sin hacer ningún comentario sobre el hecho de que el pokémon de su amigo, que se había resistido a ello durante tanto tiempo, hubiera acabado decidiendo evolucionar. Pero sí se inclinó sobre el compañero humano, observó con cuidado su cara, sus ojos y las heridas que tenía en el cuello, y frunció el ceño y los labios.

―Pues parece que tú necesitas tratamiento más que él ―le dijo, con tono grave―. No hace falta explorarte para ver que te has llevado un buen repaso. No puedo recetarte nada a ti… pero sí puedo hacerte una resonancia. Si las cosas están tan mal como me lo habéis pintado, no puedo dejarte salir de aquí sin saber que estás bien.

―Pero, si no hay electricidad… ―Empezó a protestar el periodista.

― No te preocupes por eso ―lo interrumpió ella―. Este Centro Pokémon se diseñó expresamente para que pudiera sobrevivir incluso a bombardeos y ametrallamientos: un corte de luz de unas horas no va a impedirme hacer mi trabajo.

Aquella respuesta más que terminante pareció fastidiar bastante a Danniel, pero tranquilizó inmensamente a todos los demás, incluidos los pokémon. Cristal no se hubiera perdonado jamás si un compañero de expedición moría porque nadie se había dado cuenta de lo gravemente herido que estaba. Aprovechando que, precisamente, estaban hablando de ello, sacó las pokéballs de Cupeon, Smopeon, Arcapeon y Parapeon.

―A mi Arcanine y mi Paras les vendría bien descansar un poco, mi Cubone está debilitado y a mi Smoochum la han atacado con Chupavidas ―le dijo a la enfermera, entregándoselas. Luego le dio un fuerte abrazo a Arcapeon y le dijo―. Venga, ve a descansar. No pienso irme de aquí sin vosotros.

El enorme perro emitió un ladrido de conformidad y le hizo una última carantoña a Kira (que lo miró con ternura a los ojos y le rascó otra vez detrás de las grandes orejas) antes de disponerse a seguir a la enfermera hacia los gabinetes médicos. Joy le hizo una seña a Danniel, con una sonrisa que tenía algo de burlón.

―Mientras Arcapeon, Parapeon y Tony descansan, nos pondremos con su resonancia, "doctor". Luego, trataremos a Cupeon y Smopeon.

La campeona supuso que debía de ser una broma privada entre ellos, pero la reacción del periodista le dejó claro que no era así: el joven se quedó con la boca abierta, con una expresión de desconcierto que debía de ser bastante similar a la que ella puso cuando se dio cuenta de que Dulcinea Masaki era un espectro, y casi pareció que la voz le temblaba cuando replicó, con tono defensivo:

― ¿Cómo sabes eso?

― Vaya… no sabía que quisieras mantenerlo en secreto ―contestó la enfermera, evidentemente avergonzada―. Lo siento mucho.

―Oh, no… no es ningún secreto ―respondió él, todavía desconcertado―. Simplemente, no recuerdo habértelo contado.

La enfermera Joy rio quedamente, y volvió a hacerle una seña para que la siguiera.

― Ven, anda. Te lo contaré mientras te hago la resonancia. Vosotras tres, por favor, esperad aquí. No sé a qué viene todo esto… pero se nota que necesitáis descansar también. Dormid un poco, si podéis. Yo me encargaré de todo.

Y, sin añadir nada más, se adentró con Danniel y todos los pokémon en la zona para pacientes del Centro Pokémon, dejando a la campeona y a los dos espectros en la sala de espera.

En cuanto la doble puerta se cerró tras ellos, y se encendió el indicador de que se había iniciado un tratamiento en uno de los gabinetes, Cristal y Dulce miraron a Kira, absolutamente dispuestas a ayudarla en lo que necesitase.

Se habían resistido a hacerla hablar mientras la enfermera había estado presente, esperando que, de este modo, esta mantuviera su atención centrada en Danniel y los pokémon vivos; así, la Growlithe no tendría que hablar directamente con ella. Y debía de haber funcionado, porque la enfermera no había hecho ni una sola pregunta sobre aquellas dos muchachas que, como mínimo, deberían haberle resultado completamente desconocidas. Tal vez había considerado natural la presencia de dos jóvenes forasteras, una de ellas una exorcista, dada la alta afluencia de dolientes y viajeros de paso por Pueblo Lavanda. En ese aspecto, Kira había representado a la perfección su papel de visitante casual, aunque no había pronunciado ni una sola palabra desde que la enfermera había entrado en la sala de descanso. Apenas vio encenderse el indicador, se dejó caer en un asiento cercano.

―Joy… ―murmuró― Oh, Joy… tanto, tanto tiempo…

No ocultaba la cara en las manos, ni sollozaba. Tenía la mirada fija en la lejanía, como si no estuviera contemplando algo que ninguno de los demás podía ver, pero parecía ser incapaz de contener las lágrimas, que brotaban de sus ojos como desbordándose de un vaso demasiado lleno. A Cristal le recordó de repente a una vieja leyenda de la que le había hablado Eusine: la de la última Princesa de Pokélantis.

Según ese relato, había sido una pariente del malvado Rey de Pokélantis (había versiones que la consideraban su hija, pero había otras que decían que era su hermana, o incluso su madre) la que le había propuesto al déspota monarca que capturase a Ho-Oh y lo usara como arma en su conquista. Ella había dado a luz a tantos hijos sanos, fuertes y ambiciosos, que podía poner a uno de ellos en el trono de cada uno de los países que aparecían en los mapas, y estaba convencida de que eso la convertía en la futura emperatriz del mundo entero; razón por la que creía que incluso los pokémon legendarios debían rendirle pleitesía. Además, era consciente de que el mero hecho de poder decir que llevaba al Ave Arcoiris metida en su bolsillo sembraría el terror en cualquiera que pretendiera oponerse a sus crueles planes. Su castigo por semejante atrocidad, que implicaba tanto humillar a uno de los Hijos de Arceus como usar su poder para tiranizar a toda la humanidad, había sido tener que presenciar cómo aquella abundante prole, que supuestamente iba a convertirla en una diosa mortal, perecía en las feroces llamas de Ho-Oh, junto con el resto del grandioso reino. Y se había quedado tan destruida, por el dolor de la pérdida y por la extrema culpabilidad, que ni siquiera había intentado escapar: se había limitado a quedarse de pie en el salón del trono, horrorizada por lo que estaba viendo y al comprender lo que ella misma había hecho, sin poder moverse siquiera para gritar, intentar apartar la vista o cerrar los ojos, o incluso secarse las lágrimas, tan abundantes que no solo le empapaban la cara, sino también los ricos ropajes de seda púrpura bordada e incluso el suelo bajo sus pies. Estas terribles lágrimas de profundo arrepentimiento, supuestamente, le había valido una última merced por parte de Ho-Oh: en lugar de darle muerte, el Fuegosagrado del pokémon legendario la había transformado en piedra, convirtiéndola en una estatua viviente, cuyos ojos secos y duros continuarían llorando misteriosamente durante ese letargo de eones, sin cesar, hasta el final de los tiempos[1].

Ni siquiera pudo abrazar a su amiga para intentar consolarla, ya que los brazos le atravesaron el cuerpo cuando lo intentó, como había pasado la primera vez que había intentado hacer lo mismo con Dulce. Sin embargo, esta sí pudo hacerlo; así que Kira se desplomó sobre su hombro y, ahora sí, prorrumpió en sonoros sollozos. Tanto la Eevee como Cristal notaron que se les estaban humedeciendo los ojos también a ellas, pero ninguna de las dos dijo nada.

Simplemente, permitieron que la joven Growlithe llorase, sin parar, hasta más allá de lo que un pokémon vivo hubiera podido llorar sin quedarse sin lágrimas.

Cuando Danniel regresó a la sala de espera, unos veinte minutos más tarde, todavía no parecía haber conseguido consolarse lo más mínimo.

El joven se acercó a ellas tan silenciosamente que Cristal solo se dio cuenta de que había llegado al notar, sobresaltada, que un cuerpo vivo se sentaba a su lado en el sillón. Le alivió bastante ver que estaba mucho menos pálido, y que llevaba en la mano una gran taza de chocolate caliente y un enorme bocadillo ya a medias; señal de que la enfermera no solo no había considerado necesario privarlo de ingerir alimentos, sino que le había instado a comer algo para recuperar la sangre que había perdido. No obstante, estaba visiblemente pensativo, y no pronunció ni una sola palabra hasta que incluso Kira se quedó mirándolo.

Entonces, soltó en la mesa la taza vacía y suspiró, antes de decir:

―No estoy seguro de que este sea el mejor momento para contar esto. Tal vez solo pueda servir para hurgar en las heridas de Kira.

La Growlithe sacudió la melena cobriza, y los ojos dorados le centellearon con renovado vigor cuando los clavó en los de Danniel Torrance.

―Para que las heridas se curen bien hay que… extraer los cuerpos extraños que tienen dentro… y para eso, a veces, hay que hurgar en ellas ―sentenció―. Nos debes una explicación… a las tres.

El joven periodista volvió a suspirar, pero respondió con un asentimiento silencioso. Cuando paseó su mirada azul entre las tres muchachas, esta parecía mucho más firme y clara; como si aquellas palabras le hubieran ayudado a tomar una resolución definitiva e irrevocable.

―Dices bien ―aseveró, esta vez sin el menor asomo de vacilación en la voz―. Es más: me atrevería a decir que no podrías tener más razón. Así que, antes de empezar, quiero pediros mi más sentida disculpa por haber sido incapaz de darme cuenta antes. Os prometo que, hasta este mismo instante, estaba convencido de que guardar silencio acerca de mis capacidades era lo mejor para todo el mundo… pero ahora me doy cuenta de que, en realidad, no ha beneficiado absolutamente a nadie. Ni siquiera a mí mismo. Mi abuelo, el padre de mi padre, se hubiera avergonzado infinitamente de mi cobardía. Espero que mi explicación os haga, si no perdonarla, al menos, entenderla.

Kira, Dulce y Cristal se acomodaron en sus respectivos asientos, como habían hecho para escuchar a Hallorann, y Danniel las observó una última vez antes de clavar la vista en el infinito. No parecía querer evitar sus miradas; sino, más bien, intentar mirar mejor dentro de sí mismo.

― Durante muchos años, Tony ha sido el único con el que me he atrevido a sincerarme completamente, y solo porque él estaba delante cuando ocurrió todo esto. Ya hacía un par de años que nos habíamos hecho amigos cuando empezó a manifestarse mi clarividencia. Hasta ese momento, ni mi familia ni yo teníamos ni idea de la existencia de este poder; todo el mundo creía que, simplemente, mi tendencia a atraer a los pokémon fantasma era tan corriente como la afinidad que tienen otros entrenadores con cualquier otro tipo de pokémon: Erika Tamamuchi es heredera de una larga tradición de artistas florales, por ejemplo, y es bien sabido que los ninjas son expertos en el uso de los venenos con todo tipo de fines. En mi caso, mi abuelo había sido exorcista en la Torre Pokémon hasta que una hemiplejia lo dejó completamente incapacitado, faltándole ya poco para jubilarse; así que a nadie le sorprendió que un Gastly me eligiera como compañero humano, ni lo consideró particularmente alarmante. Pero, a medida que fui creciendo, y que nuestros lazos se hicieron más fuertes, empezó a salir a la luz todo lo demás. Cosas espantosas que iban a acabar surgiendo a flote tarde o temprano, como el cadáver de un ahogado… porque, en realidad, siempre habían estado ahí, emponzoñando lentamente nuestra tranquila vida familiar desde las profundidades.

"Desde mucho antes de conocer a Tony, yo sabía que mi familia no era normal. Aunque todavía no tenía constancia de mi poder, podía darme cuenta sin la menor dificultad de que la atmósfera que se respiraba en las casas de mis amigos era muy distinta a la que se respiraba en la mía. Había una especie de tensión soterrada entre mis padres, algo así como una tormenta que siempre parecía a punto de estallar, que a veces llegaba incluso a provocarme ataques de ansiedad de los que nadie acertaba a descubrir la causa. Y yo evitaba como las puertas del Infierno[2] todo aquello que pudiera despertar a aquella bestia dormida: jamás me atreví a cometer la menor travesura, ni a pronunciar una palabra más alta que otra en presencia de nadie, y fui un alumno modelo mientras iba a la escuela, hasta tal punto que podía llegar a parecer un poco soso. Mi padre era contable en Ciudad Azafrán, y mi madre era, como yo mismo acabé decidiendo ser, periodista de investigación. Ya entonces, yo pensaba que el hecho de que un hombre como mi padre (tan rígido que casi era tiránico, con una tolerancia con los fracasos ajenos particularmente escasa) pudiera acabar casado con alguien como mi madre (un espíritu libre y apasionado, curiosa, aventurera y de mente muy abierta) iba prácticamente contra natura. La melancolía taciturna de mi madre, que se había visto obligada a cambiar los viajes por el trabajo de despacho para poder conciliar su profesión con la vida familiar que mi padre exigía, me resultaba tan evidente que nunca me sorprendió demasiado que fuera tan proclive a reaccionar exageradamente ante cualquier cosa que causara la menor disrupción de nuestra monótona cotidianidad. No necesitaba que nadie me dijera explícitamente que había perdido una parte de su alma a lo largo de los años, y que se había convertido en una sombra débil de lo que había sido antes de casarse con mi padre. Por eso me costó mucho menos perdonarla a ella de lo que me ha costado perdonarlo a él."

"El resultado era que, a pesar de que la única relación que podía tener con mi abuelo paterno era sentarme a su lado a contarle cómo me había ido el día, yo tenía la sensación de que él era la única persona con la que realmente tenía algo en común bajo aquel techo. Así que, en un principio, fue el único al que le me atreví a decirle que me había hecho amigo de uno de los Gastly de la Torre Pokémon. Tengo que reconocer que, en gran medida, se lo conté precisamente porque sabía que, como no podía hablar, no lo iba a contar jamás. Seguramente, esa especie de pánico que tiene Tony a que yo lo abandone viene de todo el esfuerzo que hice, durante demasiado tiempo, por ocultarle a mis padres que mi compañero pokémon iba a ser un tipo fantasma, tan convencido estaba de que a ninguno de los dos le iba a gustar la noticia; aunque no sabría explicar claramente por qué. Ya pasadas un par de décadas, con la perspectiva del tiempo, estoy prácticamente dispuesto a asegurar que, en mi fuero interno, yo intuía con claridad meridiana la verdadera razón por la que no me sentía verdaderamente a gusto en mi casa. Aun así… jamás olvidaré la cara que puso mi padre aquella vez que, al regresar de la escuela, entré a casa alegremente y saludé a todo el mundo, incluido a mi abuelo, que estaba sentado en su mecedora, en su rincón favorito, como todos los días a la hora de comer."

"La casa estaba especialmente silenciosa cuando yo llegué. Encontré a mi madre llorando desconsoladamente, y a mi padre terriblemente pálido. Y, al escuchar mis saludos, se puso más pálido todavía. Me agarró del brazo con tanta fuerza que me hizo daño y, con los ojos desencajados, me anunció que mi abuelo acababa de fallecer. El médico que había certificado su muerte había salido de la casa justo antes de que yo entrara, y la funeraria vendría de inmediato a buscar el cuerpo. La noticia ni siquiera me entristeció, tan convencido estaba de que no podía ser verdad. Así que, más extrañado que asustado, insistí en que aquello era imposible, porque el abuelo estaba en el rincón, sentado en su mecedora, como todos los días a la hora de comer."

"Y mi padre, por toda respuesta, me arrastró con brusquedad a mi cuarto, cerró la puerta para que mi madre no pudiera entrar, se quitó el cinturón… y dejó para siempre de ser mi padre. Yo tenía siete años. Y, aunque han pasado veinte desde aquel día... todavía siento el ardor de los golpes en toda la parte trasera de mi cuerpo como si me los hubieran dado esta misma mañana."

Kira y Dulce se quedaron mirándolo con los ojos muy abiertos, incapaces de ocultar su horror. Debía de ser la misma expresión que adoptó inconscientemente Cristal, porque tenía la impresión de que el corazón se le había quedado dolorosamente paralizado en el pecho. Sin embargo, Danniel no dio muestras de haberse percatado de estas reacciones: seguía con la mirada perdida, clavada en algún punto de la amplia sala vacía, como si estuviera viendo, de nuevo, los verdaderos rostros de un ejército de sombras anónimas.

―Al principio me rebelé, desde luego ―continuó, con un tono casi casual que le puso el vello de punta a la campeona―. Era un niño de siete años, inocente de la mayoría de los prejuicios que tanto mal hacen a nuestra raza, y tampoco entendía por qué se suponía que tenía que ocultar que podía ver a personas muertas. Mi abuelo siempre se había manifestado como particularmente orgulloso de pertenecer a la orden de exorcistas de Pueblo Lavanda, y a mí me daba muchísima pena ver a aquella pobre gente, humanos y pokémon, intentando desesperadamente hablar con sus seres queridos… y a sus pobres seres queridos reaccionando con terror ante lo que, en realidad, solo eran gritos de auxilio, o incluso lamentos, llantos, o disculpas demasiado postergadas. También me encontré con gente que se había quedado en Este Lado porque quería hacer daño, o incluso matar, a alguien. Y yo estaba convencido de que avisar a los implicados era lo único correcto que se podía hacer. Un deber que debía cumplir. Por desgracia, cada vez que abría la boca delante de alguien, este se asustaba. Y no solo reaccionaba particularmente mal, sino que lo primero que hacía era informar a mi padre de la broma particularmente macabra que había intentado gastarle su hijo. Así que todos mis intentos de ejercer como médium acababan igual: él me arrastraba a mi cuarto, cerraba la puerta y se sacaba el cinturón."

"Creo que una de las razones por las que Tony decidió definitivamente venirse a vivir conmigo, y aceptó meterse en una pokéball para ello, fue para protegerme. Mi madre le tenía auténtico pánico, a pesar de que él nunca había hecho absolutamente nada que le diera motivos para ello; pero se contentó con exigirme que esperase a la edad legal y lo capturara formalmente para admitirlo en casa. Y hasta ahí llegaron sus intentos de evitarme los arrebatos de cólera de mi padre: ni siquiera intercedió por mí cuando él me prohibió que emprendiera mi viaje pokémon. Al contrario: me dijo, literalmente, que él tenía todo el derecho del mundo, como mi padre y tutor legal que era, a retenerme en casa hasta la mayoría de edad. Al principio, él intentó ir incluso más allá: se peleó varias veces con ella, intentando explotar su miedo a Tony, para convencerla de obligarme a liberar a mi compañero… pero eso fue precisamente lo único que ella se negó a hacer hasta su último segundo. Además de que yo le había dejado más que claro que, si Tony se iba, yo me iba detrás; porque no pensaba quedarme viviendo en aquel Infierno completamente solo, sin una sola mano amiga, sin nadie que realmente me quisiera."

A Cristal aquella acusación le pareció un auténtico golpe bajo. La señora Torrance, después de todo, había vencido al terror que le tenía al Gastly para que Danniel pudiera estar a salvo en casa; así que era injusto decir que no quería a su hijo. Y tal vez aquella opinión, una vez más, se reflejó en su cara de alguna manera, porque una lágrima solitaria bajó en silencio por el semblante aparentemente sereno del ahora joven periodista:

―Una respuesta cruel ¿verdad? ―comentó, de nuevo con una calma aterradora; pero era obvio que no se sentía en absoluto orgulloso de aquello―. Y, sin embargo, yo creía que era verdad: que me había convertido en un extraño en mi propia casa, donde mi único pariente real, una vez muerto mi abuelo, era el único que tampoco era realmente pariente mío.

"Tal vez la razón por la que mi madre le tenía tanto miedo a Tony era porque presentía de alguna manera lo que iba a acabar pasando. Ella no tenía poderes extrasensoriales, pero era una persona muy sensible: probablemente veía a mi compañero como una especie de presencia permanente de la Muerte en casa, y se resistía con todas las escasas fuerzas que le quedaban a aceptar lo que ya sabía que era solo una cuestión de tiempo. Por mi parte, yo tardé mucho, demasiado, en darme cuenta de que ella estaba tan prisionera de mi padre como yo: obligarlo a que me dejara tener un compañero pokémon era, precisamente, todo lo que podía hacer por mí. Pero yo solo lo comprendí cuando él la mató, teniendo yo dieciséis años. Naturalmente, alegó ante el juez que no fue premeditado, que había sido solo un accidente, una mala caída durante una disputa doméstica… de la que yo tenía la culpa, por supuesto. Porque él la quería, y nunca le hubiera puesto la mano encima si ella no hubiera dado a luz a un monstruo."

Cristal estaba tan absorta en el relato que tenía la sensación de que se había olvidado incluso de su propio cuerpo; pero podía notar que algo dentro de su estómago se estaba solidificando implacablemente, como el alquitrán helado, y el corazón le dolía como si se estuviera aplastando desde dentro. A pesar de esto, también se sentía como clavada en el suelo, con la lengua trabada, sin poder hacer nada que no fuera, simplemente, escuchar. Como mientras escuchaba lo que le habían contado Tony, Mazakala y las hermanas Grady. Y algo le decía que, esta vez, aquello era precisamente todo lo que se esperaba de ella: que escuchase. Así que no hizo ninguna pregunta. Ni siquiera a Dulce, a la que, por el rabillo del ojo, le pareció ver secarse algunas lágrimas silenciosas.

Tal vez Danniel lo vio más claramente que ella, porque permitió que sus emociones aflorasen un poco, y las lágrimas contenidas empezaron a escapársele, aunque no se detuvo a secárselas.

―Recuerdo que estaba entrenando con Tony en la Torre ese día… y que ella vino a buscarme allí ―susurró―. Ella había dejado de ir al cementerio para siempre en cuanto se enteró de que yo era clarividente… así que no necesité mucho más para darme cuenta de que había pasado algo. Y me bastó verla de cerca para entender que ya no pertenecía a este mundo. No… no tengo fuerzas para describir el aspecto que tenía: todavía se aparece a menudo en mis peores pesadillas. Entonces, ella me dio una serie de combinaciones de números y me hizo memorizarlas. Tardé un rato, porque estaba en estado de shock, y no me podía concentrar prácticamente en nada… pero, tras casi una hora de esfuerzo, lo conseguí. Entonces, me dijo que me quería. Y que, por favor, la perdonara. Yo le respondí, con el corazón en la mano, que por supuesto que la perdonaba, y que también la quería. Entonces, la abracé por última vez… y ella descansó en paz.

"Naturalmente, mi padre fue a prisión por homicidio, con agravantes por maltrato familiar y conyugal reiterado, y yo no solo estuve encantado de colaborar con su arresto y su condena, sino que, además, solicité mi emancipación de inmediato para asegurarme de que no iba a tener que volver a verlo. Me quedaba el consuelo de haber podido despedirme adecuadamente de mi madre antes de que se marchara… pero todavía hay días que pienso que hubiera sido mejor que yo también hubiera estado en casa aquella tarde. No puedo dejar de pensar que mi madre había recibido una paliza mortal en mi lugar; que si mi padre se hubiera desfogado conmigo, como hacía siempre, ella seguiría viva."

"Mientras se ponía a punto todo el papeleo de la herencia de mi madre, no paré de recibir llamadas de gente de la que jamás hubiera esperado que tuviera nada que ver conmigo, y empezaron a salir cosas que me dejaron con la boca abierta… y hecho pedazos por dentro. Por lo pronto, descubrí la existencia de un depósito en el banco Safrania Dorada, cuyo número de cuenta y clave de acceso eran precisamente la lista de cifras que mi madre me había dado. Eran unos ahorros que ella había conseguido reunir durante los últimos años, amontonando poco a poco parte de su propio sueldo, ingresos irregulares pero frecuentes de cantidades moderadas que había estado fingiendo gastar en caprichos personales. A juzgar por las instrucciones y condiciones que había puesto en el banco para la retirada del dinero, era obvio que todo aquello estaba allí para mí; para cuando yo pudiera tomar posesión de ello legalmente. Además, encontré muchos papeles oficiales en los que figuraban su nombre y el mío, y varios contratos con clausulas especiales y disposiciones poco comunes; una cantidad importante de documentos que daban a entender que, a lo largo de los últimos años de su vida, había estado planeando en serio que nos fugáramos juntos de Pueblo Lavanda. Así que no me costó en absoluto comprender que ella había sabido desde hacía tiempo que ambos corríamos peligro en esa casa… y que había estado aguantando como podía los arranques absurdos de mi padre, esperando a que llegase el día en que yo cumpliría mi mayoría de edad (¡entonces comprendí aquella advertencia que me había hecho cuando él me había prohibido partir de viaje con Tony!). Entonces, ella hubiera podido divorciarse sin que mi padre pudiera intentar volver a apoderarse de nosotros reclamando mi custodia delante de un juez, y hubiéramos podido echarlo de nuestras vidas para siempre, sin que él pudiera perseguirnos a ninguno de los dos. Un día que ya no iba a llegar jamás."

"No tengo palabras para describir lo que sentí al descubrir aquello. Me torturé a mí mismo casi hasta la locura durante meses. Todavía a día de hoy he llegado a ponerme enfermo durante varios días solo porque alguien, o algo, me lo ha recordado. De hecho, esta es la primera vez que hablo en voz alta de ello: hasta ahora solo he compartido esas emociones con Tony, y soy consciente de que aún para él, a pesar de ser un pokémon fantasma, es una carga espantosa."

"Solo pude seguir adelante mediante una decisión radical, que he considerado irrevocable hasta ahora: rechazar definitivamente mis poderes."

"Tuve que enfrentarme al funeral de mi madre casi completamente solo. Él único que estaba allí conmigo mientras la tierra se tragaba sus restos era Tony. Hasta algunos amigos de toda la vida habían acabado alejándose por completo de mí, como si el aura siniestra que me rodeaba matase sus buenos sentimientos. Los demás chicos de mi edad, mis viejos compañeros del colegio, ya habían emprendido sus viajes pokémon hacía años… y quienes se habían quedado allí me miraban con recelo cada vez que se cruzaban conmigo: todos ellos me habían oído alguna vez hablarles de muertos, de últimos mensajes y de advertencias póstumas, y me hubieran prohibido seguir viviendo en el pueblo de haber sido legal. Mi propio padre estaba a buen recaudo entre rejas, y yo no hubiera querido que estuviera allí ni aunque él no hubiera sido el responsable de aquella situación."

"Aunque, en realidad, yo sabía (y eso era precisamente lo que más me torturaba) que él tenía razón. Que la culpa era mía: yo había destrozado el matrimonio de mis padres, como había destrozado todo lo que había ido tocando a lo largo de mi vida; le había roto el corazón y asesinado a mi madre, metido en la cárcel a mi padre… echado de mi vida a todos los amigos que podría haber tenido con mis cuentos de fantasmas. Nadie me mandaba ir por ahí haciendo de recadero del Más Allá. Nada de todo eso hubiera ocurrido si yo, simplemente, hubiera cerrado la maldita boca cuando era lo único que se me pedía. Como consecuencia de mi obstinación, me había convertido realmente en un monstruo, y lo único que yo podía inspirar, sobre todo en mis seres más queridos, era terror y espanto. Lo único que me quedaba ahora, a parte de mi inseparable compañero pokémon, era la mitad de una casa vacía y el viejo fantasma de mi abuelo muerto, esperando a trascender sentado tranquilamente en su mecedora, tan quieto y silencioso como había pasado los últimos años de su vida mortal."

"Así que allí, delante de la tumba de mi madre… me juré a mí mismo, poniendo como testigos a Arceus, a Giratina y a todos los legendarios que hicieran falta, que aquel monstruo no volvería a causar ni un solo estrago más en mi vida. Ni en la de nadie."

―Entonces… repudiaste tu don. ―Musitó Dulce. Ya no parecía enfadada; pero sus enormes ojos se habían apagado, y el aire a su alrededor era más frío que nunca. Danniel la miró fijamente durante unos instantes, como si pretendiera replicar algo. Finalmente, volvió a bajar la vista y continuó hablando.

―Aproveché mi herencia para irme a la Universidad a estudiar ―continuó―. Sencillamente, necesitaba salir de aquella casa y empezar a vivir la vida a mi manera. Así que me despedí del espectro de mi abuelo, que se quedó sentado en su mecedora, y me marché a Johto con Tony. Estudié periodismo, como había hecho mi madre. Viajé, como siempre había querido hacer. Y, sí… también aproveché el cambio de aires para repudiar mi… lo siento mucho, pero, como comprenderás, no puedo evitar resistirme a llamarlo "don".

"A Tony, naturalmente, no le gustaba la idea. Decía que estaba cercenando una parte de mi alma, como había hecho mi madre, y que eso no podía ser bueno. Él podía entender perfectamente que no quisiera compartir con nadie mis poderes, porque él mismo reconocía poseer capacidades que no me había revelado ni siquiera a mí; pero no que pretendiera fingir que no existían. De hecho, en realidad no era nada fácil para mí: os sorprendería la cantidad de espectros que hay en todas partes. Me costaba muchísimo tener que fingir que no los veía. Creo que fue entonces cuando empecé a soñar con ellos."

"No siempre eran sueños terroríficos, pero sí muy vívidos. En ocasiones, verdaderamente horribles. No tardé demasiado en darme cuenta de que, en algunos de aquellos sueños, se me estaba mostrando, literalmente, el pasado de algunas personas o, en un lenguaje codificado, sucesos que estaban teniendo lugar en otros lugares; incluso futuros inmediatos con escaso margen de reacción, como la pesadilla que he tenido esta noche."

"Según Tony, no podía ser más evidente que estaba haciéndome mucho más poderoso… y que era urgente, no solo que dejara de renegar de mis capacidades, sino que empezara a ejercitarme para explorar todo su potencial y someter a mi voluntad las que pudiera controlar de manera consciente. La única alternativa viable era, como os he dicho ahora mismo, empezar a vivir borracho, y eso estaba más que fuera de toda cuestión: por mucho que despreciase mi clarividencia, no quería arriesgar el resto de mi persona. El alcohol convierte a los hombres en auténticas bestias, y ya he comentado que lo que más odiaba de mis poderes era el daño que habían llegado a causar. Gracias a Arceus, encontré una manera de referirme abiertamente a ellos sin llamar la atención sobre mí: acepté un trabajo en la Radio de Ciudad Trigal, en un programa discreto, sobre interpretación de sueños y consejos más o menos esotéricos."

La campeona no había escuchado mucho la radio durante su niñez, ya que prefería la televisión; solo recordaba haber oído bastante a menudo los programas en los que participaba el profesor Oak, que sus maestros solían mandarle escuchar como parte de sus deberes. Sin embargo, sabía de buena tinta que varios adultos de su entorno habían disfrutado bastante durante unos cuantos años de un programa que se emitía los fines de semana, llamado "La hora de los Drowzee". Decían que el muchacho que analizaba los sueños, un misterioso mago de voz seductora y con un pequeño punto de descaro irónico que se hacía llamar el "Doctor Sueño", solía dar en el clavo con inusitada precisión en sus análisis, y que algunos de los consejos que daba para enfrentarse a los eventos que predecía eran particularmente buenos.

Además, no podía haber mejor explicación para el hecho de que, hacía un rato, la enfermera Joy lo hubiera llamado, con más cariño que verdadera jocosidad, "doctor".

―Entonces… ¿tú eres el Doctor Sueño? ―preguntó, la joven, con interés. Al ver que el muchacho se sonrojaba, un poco abochornado, se apresuró a añadir―. Yo nunca he escuchado el programa; pero varias de mis vecinas lloraron a lágrima viva cuando anunciaron que dejarían de emitir "La hora de los Drowzee". De hecho, todavía tienes un pequeño club de fans en Pueblo Primavera; se morirán de envidia si les digo que te he conocido en persona.

Danniel emitió una sonora carcajada, y se le destensaron un poco los músculos de la cara; aunque, a cambio, se le escaparon un par de lágrimas más. Pero esta vez se las secó con el dorso de la mano en lugar de dejarlas correr.

―El mismo, para servirla, Campeona ―contestó, con tono teatral―. Precisamente Joy me ha confesado, mientras estaba metido en el tubo del TAC, que ella solía ponerlo en la radio cuando la soledad y el dolor le impedían dormir, porque escucharme descifrar sueños la distraía de sus preocupaciones, y le resultaba divertido y tranquilizador. Parece ser que no me lo ha confesado hasta ahora porque le daba vergüenza… pero dice que se ha dado cuenta, al verme llegar hecho carne picada, de que no tenía sentido ocultarme una de las razones por las que me aprecia. Sinceramente, me alegra saber que hay gente a la que le gustaba mi programa, sobre todo si una de esas personas es ella: aunque yo ganaba más bien poco por hacerlo, fue un periodo de mi carrera muy importante para mí. Porque Tony tenía razón: el simple hecho de poder hablar de mí mismo como clarividente sin que supusiera un problema, aunque fuera en clave de ficción y escondiéndome detrás de un pseudónimo, fue extraordinariamente liberador. Seguía resistiéndome a utilizar mis poderes siempre que podía, pero había vuelto a admitir en público que los poseía; porque nadie me tomaba en serio cuando lo hacía: lo consideraban parte de mi papel como Doctor Sueño.

"Por eso fue un auténtico mazazo enterarme de que iban a dejar de emitir 'La hora de los Drowzee', porque aquel programa parecía ser lo único que podía mantenerme cuerdo. Sin embargo, más o menos por aquellos días, cuando ya estaba empezando a pensar en qué podía hacer tras la última emisión, tuve un sueño que me impactó en especial. Porque, a aquellas alturas, ya había afinado bastante mi capacidad para distinguir las meras ilusiones oníricas de los mensajes cifrados de nuestra intuición animal que tendemos a llamar 'premoniciones', y podía interpretarlas con una precisión razonable sin demasiada dificultad."

"En aquel sueño reviví, con una intensidad enloquecedora, el episodio de mi desastrosa salida del armario. Pero, esta vez, hubo un cambio en el final de la espantosa secuencia: cuando mi padre empezó a tirarme del brazo para arrastrarme a mi habitación, el espectro de mi abuelo se levantó por fin de la mecedora en la que había estado sentado, tanto vivo como muerto, desde que se había quedado paralizado por culpa de la embolia… y, esta vez, fue él quien, con la fuerza sobrenatural de los que se han convertido en voluntad pura, se lo llevó a rastras… al sótano."

"Me despertó el sonido del teléfono, con una llamada desde la cárcel: mi padre había sufrido una embolia, y lo habían sacado de prisión para ingresarlo en el hospital de Ciudad Azafrán. La visión que acababa de tener no podía ser más clara, así que no necesité que me dijeran lo grave que era el pronóstico para estar completamente seguro de que no lo iba a contar. Y, aunque salí corriendo de mi piso en Ciudad Trigal apenas cinco minutos después de colgar el teléfono, ni siquiera llegué a tiempo para verlo morir. Solo pude recoger su cuerpo y firmar todos los documentos pertinentes para hacerlo enterrar. Mentiría si dijera que no sentí nada. Había sido mi padre, después de todo. Una de las razones por las que yo no había querido darme cuenta antes de que era un maltratador era precisamente que, hasta el momento en que me mostró abiertamente su verdadero rostro, había querido horrores a ese hombre. A día de hoy, todavía me pregunto qué fue de él en la cárcel… si, dentro de su celda, compartiendo su día a día con violadores y asesinos, seguiría autocompadeciéndose por haber engendrado a un monstruo o si, finalmente, habría comprendido antes de morir hasta qué punto el calvario que nos había hecho pasar a mí y mi madre había sido injusto, sádico y retorcido."

"Volver a Pueblo Lavanda fue... indescriptible. El pueblo en sí mismo no había cambiado absolutamente nada, pero daba la impresión general de haber envejecido bastante, y particularmente mal. Seguía con sus casas de tejados púrpura, su alta Torre dominando todo el lugar con las raíces hundidas en las montañas, sus residentes y visitantes vivos y sus moradores muertos. Pero la atmósfera había cambiado. Porque la gente, que es el alma de todo lugar habitado, había cambiado. Para muestra, un botón: la Torre Pokémon, ante la impotencia general de todos y cada uno de los lavandeses, y de gran parte del resto de Kanto y Johto, estaba en proceso de convertirse en una Torre de Radio."

"Era obvio que haber visto de frente, con toda su brutal crudeza, la montaña de cadáveres sobre la que Giovanni Sakaki había instalado su trono había roto algo dentro de ellos. Mis viejos compañeros de clase habían regresado a casa con el espíritu destrozado y desarraigado, y los que se habían quedado ya no me miraban con desconfianza, ni susurraban a mis espaldas que yo estaba maldito. Al contrario: me paraban por la calle para saludarme, me preguntaban qué tal me había ido por esos mundos y me ponían al día sobre sus vidas. Me contaban que el Team Rocket había raptado y asesinado a toda la familia del alcalde, porque este había acogido en casa, y luego ayudado a entregarse a la policía, a un desertor… un pobre diablo aterrorizado al que todavía le quedaba algo de conciencia, y que estaba resuelto a intentar lavar parte de la sangre que tenía en las manos cantando todo lo que supiera. Que un administrador de la banda había matado a la pokémon compañera de Joy a plena luz del día, en una calle llena de gente y a sangre fría… porque la joven y apasionada entrenadora había cometido la osadía de plantarle cara en público, y él consideraba que haberla derrotado en un combate de dos contra uno no bastaba para dejarle claro a todos los testigos de la tropelía quién era ahora el auténtico señor de Kanto. Que les habían robado a varios de sus pokémon, algunas veces solo para vender partes de su cuerpo, o incluso algunos órganos, en el mercado negro. A veces, simplemente, bajaban la vista, lloraban y callaban."

"Naturalmente, también me contaron que el nuevo sacerdote, el señor Fuji, llegado al pueblo poco después de que yo me fuera, había resultado ser un célebre doctor en genética arrepentido a muerte de haber usado su ciencia para para ayudar a Giovanni Sakaki a hacerse más poderoso. Y que, junto a él, habían luchado con denuedo para salvar la Torre Pokémon de las garras de Tohjo Newcaster y habían perdido."

"Me instalé en mi vieja casa familiar, ahora legalmente mía, entre los recuerdos de mi infancia. Mi abuelo ya no estaba allí; así que llegué a la conclusión de que había trascendido a la muerte de mi padre, llevándoselo consigo, como yo había visto en mi siniestra premonición. Una vez me hube acostumbrado de nuevo a mi viejo entorno, ahora mucho menos hostil, empecé incluso a sentirme cómodo en él. Los días se convirtieron en semanas. Las semanas se convirtieron en un mes. Y cuando llegó mi momento de regresar a Ciudad Trigal… me di cuenta de que ya no podía. Pueblo Lavanda, el sitio del que había escapado a la muerte de mi madre, había resultado ser el único lugar del mundo en el que podía ser yo mismo de verdad. Era el único verdadero hogar que jamás había conocido. El único sitio en el que no necesitaba esconder mis poderes, porque todo el mundo sabía de su existencia. Aquellas calles (por las que había caminado siendo un niño indefenso obligado a regresar al Infierno todos los días) y aquel cementerio pokémon (en el que había conocido y entrenado a Tony, en el que me había sentido obligado a practicar mi aborrecida clarividencia) me llamaban casi físicamente. No sería la primera vez que tengo la sensación de que mi abuelo, el único miembro de mi familia que me daba la impresión de poder comprenderme de verdad, me exige, desde donde quiera que esté, que vuelva a la que siempre ha sido mi auténtica casa. Como si mi destino estuviera ligado irremisiblemente a Pueblo Lavanda."

― Y obedeciste. ―Murmuró Cristal, más para sí misma que para el periodista.

―Sí ―contestó él, con la mirada perdida más allá de las grandes ventanas, los ojos azules hinchados, enrojecidos y todavía llenos de lágrimas no derramadas―. Obedecí. No podía resistirme y seguir siendo Danniel Torrance, el Doctor Sueño. Sentía, con cada átomo de mi ser, que tenía que ser así.

"Hacía tiempo que no me sentía tan sereno a pesar de la incertidumbre. Hablé con mis jefes y, simplemente, les dije que necesitaba regresar a Kanto. Entonces… ellos decidieron trasladarme, precisamente, a la recién construida Torre de Radio de Pueblo Lavanda. Naturalmente, yo consideraba una aberración lo que se había hecho con nuestro cementerio pokémon. Me hubiera negado en rotundo a trabajar como locutor aquí de no ser porque estaba empezando a entablar una amistad bastante sólida con la enfermera Joy, y tanto ella como Tony prácticamente me suplicaron que aceptara. Mi colega, naturalmente, estaba loco de rabia por lo que se había hecho con su antiguo hogar; pero consideraba que, tal vez, mi destino fuera precisamente trabajar en la Torre, y que eso le permitiría a él mismo seguir en contacto con su vieja morada de alguna manera. Y Joy, que estaba esforzándose todo lo que podía por seguir viviendo sin su querida amiga, parecía ser una de las pocas personas que comprendían realmente cuánto me pesaban mis pérdidas. Así que acepté el traslado, y me instalé definitivamente en mi propia casa."

"Desde entonces hasta esta noche, he gozado de la calma desesperanzada que garantizan los secretos a voces: como casi todo el mundo sabe lo que soy, y han acabado por aceptarme de alguna manera, nadie habla de ello. Eso me protege tanto de los extraños que eventualmente entran en contacto conmigo como de mí mismo. Se puede decir que, por primera vez en mucho tiempo, estoy en paz."

― ¿Pero…? ―Inquirió Dulce, cautelosamente.

―En realidad, no hay peros ―repuso Danniel, sin acritud―. Me encanta mi trabajo como investigador, como reportero y divulgador de antropología pokémon. "Pokémon Mundo Misterioso" no es "La hora de los Drowzee"; pero también me permite sentirme realizado, aunque de otra manera, y disfruto mucho trabajando con Tony en la radio. Joy es mi mejor amiga humana, y a veces tengo la impresión de que podría gustarle que fuéramos algo más. Me cruzo con espectros todos los días, a todas horas; pero los he convertido en elementos habituales de mi telón de fondo… como esos compañeros de trabajo con los que no tienes la menor relación. Son pokémon, después de todo; pokémon entrenados, algunos de los cuales incluso se han acostumbrado lo suficiente a su nuevo estado como para esperar su momento de trascender con la misma serenidad con que lo estuvo esperando mi abuelo. Y, como estaba tan firmemente resuelto a no utilizar mis poderes, casi ninguno se ha dado cuenta en ningún momento de que los poseo; así que me bastaba con ignorarlos, o seguirles el juego cuando se presentaban ante mí como pokémon vivos o miembros de la plantilla, para que me tratasen exactamente como a cualquier otro empleado de la Torre. Y Tony, siempre indefectiblemente leal, aunque mis decisiones no le gusten, me ha guardado el secreto escrupulosamente."

"Aunque tengo que reconocer que… desde que empecé a investigar el pasado de la Torre Pokémon, sobre todo desde que empecé a darme cuenta de que se estaba convirtiendo en mucho más que un simple proyecto para 'Pokémon Mundo Misterioso', las cosas se me complicaron bastante."

― ¿Por qué? ―preguntó Kira. Ya no había rabia en su voz, solo una tristeza infinita: después de lo que les había contado el joven, no tenía corazón para seguir realmente enfadada con él, aunque se notaba que todavía no lo había perdonado― ¿Porque descubriste que mantener a toda costa tu perfil bajo podía acabar siendo peligroso de verdad, como Tony te había dicho?

Danniel emitió una risa baja, irónica, y su máscara de serenidad se deshizo como un trozo de papel en un torrente. Apretó los puños hasta que los nudillos se le pusieron blancos y las uñas se le clavaron en las palmas, y contrajo cada músculo de la cara como si estuviera padeciendo un dolor insoportable sin poder gritar. Esta vez solo respiró hondo para que la voz no se le entrecortara.

―Supongo que se puede decir así. Pero, en honor a la verdad, tampoco es del todo cierto. Después de todo... había algo en toda esta historia que Tony no me había dicho. Porque él tampoco lo sabía. Nadie lo sabía.

Tragó saliva sonoramente. Y, por primera vez, se enfrentó sin dilación a la mirada ambarina de Kira. Cristal intuyó que le costaba hacerlo, tanto como le había costado confesarles lo que acababa de contar, pero que necesitaba que la Growlithe comprendiera que estaba hablando con toda la sinceridad del mundo cuando añadió:

―Tony me había insistido en lo importante que era para mí asumir mis poderes. Que yo necesitaba hablar de ello con libertad, que yo estaba muriéndome por dentro al no hacerlo, que yo estaba condenándome a pasar el resto de mis escasos días mortales viviendo a medias… pero nunca me había dicho, porque jamás se le hubiera ocurrido pensarlo, que había otras vidas en juego a parte de la mía ¿entiendes? Soy el amo de mi destino, como decía el poema[3, pero no tengo derecho a exigirle el suyo a los demás.

Aflojó las manos despacio, pero, a cambio, su rostro se volvió duro como la piedra, y sus ojos azules parecieron de repente dos esquirlas de un glaciar, relucientes, heladas y penetrantes:

―Así que he vuelto a tomar una decisión: haré todo lo que pueda para que la Campeona pueda llegar hasta Fuji… incluso usar mi clarividencia. No se me ocurre otra manera de reparar el daño que he causado con mi silencio.

Kira y Dulce se miraron durante unos instantes, y luego asintieron gravemente. La hembra de Eevee le puso la mano en el hombro, dubitativa, tal vez temiendo que se apartara bruscamente de ella; pero incluso Cristal notó cómo él relajaba los hombros.

―Si te sirve de ayuda… ―le dijo, con calma. No tenía ni rastro de rencor en la voz― yo no creo que tú destruyeras tu familia. Yo no entiendo mucho de las relaciones entre humanos. Tenéis ritos complejos que no comprendo. Pero morí rodeada de gente que me quería… y que se quería, así que puedo decir… en fin, que sé lo que es amar. Y según nos has contado, tu padre llevaba ya mucho tiempo… haciendo sufrir a tu madre cuando tú empezaste a manifestar tus… poderes. Eso significa que, tarde o temprano… te hubiera hecho sufrir también a ti. Si no por la clarividencia, por cualquier otra cosa. Así que, hagas lo que hagas con tus poderes… no te sientas culpable por las decisiones que otros han tomado. Tú solo eres un mensajero. Las cartas que entregas no son tuyas. Son los destinatarios de esas cartas los que sí son libres… para leerlas o para quemarlas.

Kira, con expresión de suma tristeza, hizo ademán de añadir algún comentario; pero pareció cambiar de idea, y guardó silencio. Unos instantes después, Danniel y Cristal también pudieron oír claramente el sonido de los pasos ligeros de la enfermera Joy acercándose por el pasillo, acompañado de lo que solo podía el rozamiento de unas ruedas sobre el suelo enlosado.

Venía acompañada de una de las Chansey de guardia, que la alumbraba con una gran linterna; pero la luz del aparato, demasiado potente para un grupo de personas y pokémon que habían pasado varias horas caminando a la luz de una humilde vela, les impedía percibir claramente su rostro, además de que una parte de sus rasgos estaba ensombrecida por el contraste entre la violenta luz blanca y la oscuridad que la rodeaba. Al escuchar su voz ligeramente nasal y carraspeante, la joven entrenadora no pudo evitar preguntarse hasta qué punto no podría usar una luz menos potente, que les permitiera verle la cara con claridad.

Sin embargo, no quiso comentar nada. Ni tuvo tiempo para hacerlo: Arcapeon se abalanzó sobre ella antes de que la enfermera abriera siquiera la boca, haciéndola caerse al suelo, y el Haunter, flotando elegantemente por el aire, se situó de inmediato al lado de su compañero otra vez. Este sonrió tristemente, y le dio una palmada cariñosa en la espalda.

―Buenas noticias, chicos. Como podéis ver, todo el mundo está perfectamente. Danny, Tony goza de una salud de hierro, y se ha acostumbrado a su nuevo cuerpo con una facilidad y una rapidez prodigiosas. No tienes en absoluto que preocuparte por él. Y Cristal… Smopeon tiene el pelo bastante largo ¿Se lo has cortado alguna vez?

―Ella no quiere ni oír hablar de eso ―contestó la entrenadora, intentando ponerse de pie mientras su pokémon perro todavía la estaba cubriendo de lametones―. Su pelo no se toca, aunque le llegue hasta el suelo. Así que no voy a insistir.

―¿Y suele tener la cara de un rosa encendido? Porque yo he visto que, ahora mismo, la tiene de un color más bien magenta.

―Lleva así unos días, pero yo pensaba que era un bronceado, porque hemos estado básicamente en zonas de costa ―barbotó Cristal, angustiada: hasta ese momento, no se le había ocurrido que su pequeña podría estar enferma sin que ella lo hubiera notado― ¿Por… por qué lo dice? ¿Le pasa algo malo?

―Oh, no, en absoluto. Simplemente, está a punto de evolucionar ella también―contestó la enfermera, con una sonrisa que se apreció incluso a pesar del esfuerzo que estaba haciendo por ocultar su cara―. En las últimas semanas antes de convertirse en Jinx, el tono de piel de Smoochum empieza a amoratarse, y el pelo empieza a crecerle de manera natural. Yo siempre recomiendo que no se le corte el pelo mientras le está creciendo, para que el cambio de aspecto le resulte menos chocante al evolucionar (hay pokémon para los que evolucionar es una experiencia casi traumática); pero mucha gente a la que no le gusta esa fase intermedia opta por equipar temporalmente a sus Smoochum con una Piedraeterna, para que mantengan su aspecto infantil durante el tiempo que les queda en ese estadio.

La entrenadora suspiró, aliviada. Naturalmente, puesto que su pequeña estaba ya en el nivel 29, ella ya sabía que era cuestión de dos o tres combates que evolucionara; pero no sabía que los Smoochum experimentaban cambios de apariencia al acercarse a los niveles de experiencia requeridos para desencadenar el cambio. Desde luego, todavía le quedaba muchísimo por aprender.

―A mí, si no es Smopeon la que me pide que lo haga, me parece ridículo ―comentó, finalmente, frunciendo el ceño mientras recuperaba sus pokéballs de la bandeja que le estaba tendiendo Joy―. Yo se lo propuse solo porque me daba miedo que se enredase en su propia melena durante los combates; pero, si ella quiere correr el riesgo, es decisión suya, no mía.

La enfermera se sonrió, con gesto de aprobación.

―Es obvio que a ella estos cambios no le molestan, y que está más que encantada ante la perspectiva de ser más alta y tener el pelo aún más largo. Creo que disfrutará el proceso.

―Y eso es lo que hace que la noticia sea buena. ―Aseveró Cristal, guiñándole un ojo a Arcapeon, a lo que este contestó con un ladrido triunfal. El grupo entero rio de buena gana, y la joven tuvo la sensación de que una especie de sombra oscura escapaba por la ventana, huyendo del alegre sonido.

Tal vez no había estado tan desencaminada, al percibir el Centro Pokémon como un oasis en medio del páramo de tinieblas asesinas.

Sin embargo, precisamente por ese motivo, sabía que aquellos minutos de amable serenidad no podían alargarse eternamente. Todos eran conscientes de que, sin querían volver a vivirlos algún día, tenían que volver a la brecha.

―Tenemos que irnos ―se apresuró a decir Danniel, lanzando una mirada sutil pero nerviosa a las dos fantasmas disfrazadas de humanas vivas―. No sé si vosotras podéis notarlo, pero hace mucho más frío aquí dentro del que hacía en la Torre cuando salimos. Y siento unos ojos clavados en mi espalda… unos ojos tan sedientos de sangre como los de Cross Kyo. Y esta vez son muchos más.

Cristal tuvo la sensación de que se estaba atragantando con un cubito de hielo, hasta tal punto que fue Dulce la que habló en su lugar:

―Sí, yo también puedo sentirlo. No puede entrar a buscarnos todavía… pero la veda podría abrirse en cualquier momento. Entonces este sitio… se convertiría en una ratonera. Démonos prisa.

La Eevee se acercó a la entrenadora y le cogió el brazo con suavidad, mientras su Arcanine le acarició las piernas con el cuello y la frente. Resultaba sorprendente cómo, a pesar del infinito contraste entre la mano gélida de Dulce y la melena de fuego de Arcapeon, el contacto era igual de reconfortante. Aquello bastó para que su garganta se descongelara, y ella pudiera volver a hablar.

Aunque, ahora que sabía que no tenía mucho tiempo, prefería invertirlo en pensar con claridad. De nuevo, su instinto de capturadora y su lado más combativo estaban empezando a trazar un plan de ataque prácticamente de manera automática.

El combate que se disponían a entablar distaba mucho de ser uno de aquellos duelos que ella estaba acostumbrada a librar en los gimnasios. Ni siquiera se iba a parecer a las breves escaramuzas que había tenido en la Torre contra los espectros que pretendían obstaculizar su camino. Aquella iba a ser una contienda a muerte, y no le cabía esperar la menor piedad por parte de su adversario, que solo se sentiría satisfecho con el resultado si le permitía pasar por encima de sus cadáveres. Su objetivo era, por lo tanto, salir del edificio con vida.

―Danniel, tú vas a poder decirme qué, o quién, nos está acechando ¿verdad? Quiero decir, antes de que nos ataque.

El periodista asintió silenciosamente, con el semblante serio y fiero. Era obvio que él también se estaba preparando para lo que quiera que fuese que los estaba esperando afuera.

― Además, contáis con el factor sorpresa ―señaló la enfermera Joy. Las Chansey le habían traído varios paquetes de vendas, gasas, pociones, curas totales y éteres, con los que ella estaba elaborando concienzudamente un par de pequeños botiquines―. Si ni siquiera los muertos comunes han podido darse cuenta de que Danniel era clarividente, a pesar de cruzarse con él y Tony prácticamente todos los días, dudo mucho que los otros lo hayan hecho.

El aludido palideció. Era obvio que hacía demasiado tiempo que nadie hablaba de él abiertamente en aquellos términos; al menos, no en su presencia. Sin embargo, por la mirada rápida y furtiva que le lanzó a Kira, no debía de ser eso lo que le había impactado. Más bien parecía sorprendido de que la enfermera supiera que habían tenido trato con los muertos durante su estancia en la Torre.

Pero esta pareció leerle el pensamiento, porque le dedicó una sonrisa rota y una mirada triste mientras depositaba en sus manos uno de los botiquines.

―A Tony se le suelta bastante la lengua cuando se aburre ―le dijo, apartando la vista de él, levemente sonrojada, mientras le entregaba a Cristal el otro botiquín―. Me ha contado todo lo que sabéis sobre la leyenda del guardián, y que la Campeona ha contado con ayuda de algunos de los moradores de la Torre durante sus pesquisas. Lo cual me recuerda… yo no voy a poder acompañaros, porque se me va a necesitar aquí, pero quiero ayudaros como pueda. Así que toma, usa esto esta noche.

Era un tercer paquete, pero no un botiquín. Más bien parecía un pequeño estuche joyero redondo, y estaba envuelto en un pañuelo de batista perfumado. Para sorpresa de todos los presentes, se lo tendió sin vacilar a Kira.

Esta, por primera vez desde que había entrado al Centro Pokémon, miró a su antigua entrenadora a los ojos, ladeando la cabeza levemente, tan desconcertada que ni siquiera pudo reaccionar emocionalmente al primer contacto directo que tenía con ella desde su muerte. Gracias a Dios, aquello fue precisamente lo que impidió que la Growlithe se delatara de inmediato, y Joy le dedicó la misma sonrisa tranquilizadora que le dedicaba a los entrenadores más jóvenes que traían a sus pokémon debilitados ante su mostrador.

―Cuídalo, por favor. Es un recuerdo muy preciado para mí, de mis días de entrenadora. Yo ya no lo necesito... pero Tony dice que vais a enfrentaros a las escuadras de los señores dragones, así que a ti te será bastante útil. Devuélvemelo mañana, cuando todo haya acabado.

―Esto… yo… ni siquiera estoy segura de si volveré. Es una misión muy peligrosa. ―Balbució Kira, obviamente intentando mantenerse en su papel.

Y debió de resultar creíble, porque la respuesta de Joy fue un guiño cómplice, acompañado de una sonrisa aún más amplia, en la que había algo de desafiante. Danniel y Cristal estuvieron convencidos de que, en aquel momento, no tenían delante de ellos a la enfermera pokémon de Pueblo Lavanda todavía traumatizada por la pérdida de su mejor amiga, sino a la entrenadora que había derrotado a los ninjas de Ciudad Fuscia junto con otros muchos líderes de gimnasio, y que había presentado batalla a la mafia de Kanto con la suficiente energía y convicción como para que estos temieran que su ejemplo pudiera volver a hacer saltar la chispa revolucionaria que ya había incendiado otras veces las tierras que había al pie de la antigua Torre Sion.

―"Yo me he llevado, finalmente, el mérito de ayudar a Lance a desmantelar el Team Rocket" ―pensó la Campeona, con el corazón palpitante―". Pero que ella no consiguiera hacerlo, que la aplastaran de aquella manera inmunda, no la hace menos valiente que nosotros."

― ¡Ah! ¡Cuando uno va a combatir, hay que mantener bien alta la moral! ―exclamó la enfermera, con los ojos ardientes―. Por supuesto que volverás. Es más: te estaré esperando al lado de la ventana, para verte volver. Y me contarás tú misma contra cuantos lo has usado.

Como si aquellas palabras fueran precisamente el viento que necesitaba para avivar su llama interna, Kira asintió firmemente, y su cabello de color canela pareció resplandecer como una brasa. De repente, parecía que hubiera dejado de importarle ser descubierta.

―Entonces regresaré. Lo prometo ―contestó, sin la menor vacilación. Luego, le devolvió a Joy una sonrisa idéntica a la suya, mirándola directamente a los ojos y haciéndole una señal de victoria, que la enfermera, a su vez, imitó―. Hasta entonces.

Y, sin decir ni una palabra más, se dio la vuelta y se dirigió hacia la puerta de salida, de la misma manera que había entrado hacía un rato. Cristal necesitó mirar a su alrededor, y ver tanto a Danniel como a Dulce seguirla con la vista con la boca abierta, para darse cuenta de que ella estaba haciendo exactamente lo mismo.

―Muchas gracias por las medicinas, Joy ―dijo, finalmente, el joven periodista, con una inclinación―. No sabes cuánto significa para mí tu ayuda.

El sonrojo de la enfermera podía apreciarse aun a pesar de la extraña iluminación.

―Quiero pensar… que tú harías lo mismo por mí ―repuso, con la voz algo temblorosa. Pero entonces, con más firmeza, se corrigió―. No. que tú estás haciendo lo mismo por mí: todo lo que puedes. Incluso lo último que querías hacer.

El silencio que había en el Centro Pokémon había pasado de ser terrorífico a ser incómodo, al menos para Cristal. Joy había cogido de la mano a Danniel mientras hablaba, tal vez inconscientemente, tal vez solo para darle más fuerza a sus palabras o para confortarlo a él; pero el joven periodista, también sonrojado, no parecía tener prisa por soltarse. Y la joven campeona sabía perfectamente que aquel no era precisamente el mejor momento para hablar de sentimientos, pero también que podía ser, y demasiado fácilmente, el único que iban a tener.

Y tenía que reconocer que, a pesar de que a cada segundo que pasaba temía que fueran a llegar demasiado tarde, se alegraba internamente de que, tal vez, aquella pesadilla atroz pudiera traer consigo, después de todo, alguna cosa buena, por muy a destiempo que llegara.

Por suerte estaba también Dulce, con su forma humana pero dotada de la cándida falta de filtros propia de los pokémon:

― ¡Tenemos una batalla que planificar, pareja! ―exclamó la Eevee― ¡Una de nuestras compañeras ya ha dado el primer paso! ¿Qué vamos a hacer nosotros?

La enfermera asintió, y soltó la mano de Danniel, no sin antes estrecharla con suavidad entre las suyas. Él tragó saliva y se dirigió a Cristal.

― Bueno, Campeona… ¿cuál es el plan?

― No oigo nada que venga de afuera ―contestó Cristal. Ella sabía que era bastante probable que Kira no hubiera sido atacada por los espectros que los estaban acechando (no solo porque era, después de todo, una de ellos; sino también porque la misión de Growlithe y sus huestes consistía en asesinar a los vivos, no en combatir contra los muertos), pero, como le había advertido sutilmente la exorcista, no podía decir nada delante de Joy que delatase a la muchacha que había estado hablando con ella como el espectro de su compañera asesinada; así que tenía que encontrar otra manera de comunicarle al resto del equipo lo que se le estaba ocurriendo―. Es posible que quieran atacarnos a todos juntos; pero ahora que uno de los nuestros ha salido, tenemos una gran desventaja y una gran ventaja: la desventaja es que saben con certeza que estamos aquí, la ventaja es que, como acaba de decir la enfermera, lo más probable es que no sepan que sabemos que ellos están esperándonos.

"Yo creo que deberíamos salir de la misma manera que hemos entrado, pero estando preparados para recibir, o encajar, un ataque. Si son soldados endrinos, irán a por nuestros puntos vitales con armas blancas; si son pokémon, nos atacarán con movimientos usando fuerza letal. Arcapeon, en cuanto se dé la señal, usa el combo que hemos aprendido esta noche, envolviéndote en tus propias llamas con Giro fuego mientras usas Velocidad extrema. A partir de ahora, lo llamaremos Cortafuegos. Úsalo en cuanto cualquiera de nosotros te lo pida, sobre todo si lo hace Danniel ¿entendido?"

El enorme perro asintió con gravedad, y tanto Tony como Dulce y Danniel se sonrieron abiertamente.

― ¡Estás muy puesta en esas cosas! ―Exclamó la Eevee, con admiración, haciendo que la muchacha se sintiera un poco incómoda. Hasta ese momento, jamás se le hubiera ocurrido pensar que iba a darse una circunstancia en la que pudiera acabar hablando así. Craso error, por cierto, se dijo. Ahora soy la Campeona de la Liga de Johto.

Iba a tener que tener que pedirle a ayuda a Lance, tal vez incluso a Koga, más a menudo, y para entrenar en muchas otras disciplinas a parte del combate entre pokémon. Aunque la idea de formarse como militar no le hiciera la menor gracia.

― Bueno… he luchado contra la mafia, que tampoco es que sea precisamente una asociación benéfica de viejecitas aburridas ―repuso, apurada―. Y ya os he comentado esta noche que, en el colegio, vimos algo de Historia medieval, y me acuerdo de algunas cosillas: aunque conocíamos la pólvora, los samuráis no usaban armas de fuego, porque les parecía deshonroso. Por lo tanto, si tenemos que vérnoslas con la infantería del Clan de los Dragones, el fuego no podrá vencer a sus pokémon, pero sí neutralizar su armamento, que estará hecho de madera y metal ligero. Por eso me viene bien seguir contando con Arcapeon.

― Entonces ¿qué hay de los pokémon? ―inquirió el periodista, con interés― Es altamente probable que tengan dragones.

― Aquí es donde entras tú, Danniel ―contestó ella―. Mira, esto es lo que vamos a hacer…

Y mientras Cristal le explicaba al joven su plan, un potente aullido de Growlithe llegado desde fuera, seguido de un fantasmagórico entrechocar de aceros, un potente resplandor de ámbar incandescente y una cacofonía de gritos de dolor y maldiciones de todo tipo, les anunció que el tiempo se les había acabado.


NOTAS AL PIE (¿Las echaban de menos? XD)

1_ Me he inventado este relatillo a partir del mito griego de la matanza de los hijos de Níobe. Esta mítica reina de Tebas se atrevió a menospreciar a la diosa Leto, e incluso a oponerse a que se le rindiera culto, por haber tenido solo dos hijos, mientras que ella había tenido catorce. Los dos hijos de la diosa, los mellizos Artemisa y Apolo, vengaron el insulto a su madre matando con sus flechas a todos los hijos de Níobe, que, horrorizada y llena de dolor, se convirtió en piedra.

2_ He intentado no hacer ninguna referencia al Drácula de Bram Stoker en este relato, pero he fracasado miserablemente.

3_ Este poema existe de verdad: Invictus, de William Ernest Henley.


NOTAS FINALES

Ahora conscientes de que cuentan con los poderes de un clarividente como apoyo para su misión, Cristal y su equipo se disponen a abordar la última etapa de su misión. Sin embargo, parece que todavía quedan muchas sombras por disipar en el grupo de amigos: la actitud de Kira es cada vez más extraña y, aunque todos sabemos que debe de estar relacionada con su trágica muerte a manos del Team Rocket, parece que a nuestra querida Growlithe todavía le queda mucho por hacer para volver a encontrarse de frente con su antigua entrenadora ¿Qué misterios encontrarán nuestros amigos en las catacumbas del infame Memorial? ¿Llegarán a tiempo para salvar al señor Fuji? Continuará...