"¿Cadenas rotas?"
Se removió incomodo, su respiración tranquila se estaba convirtiendo en una desigual, con cada segundo se volvía más fuerte, más densa.
El sudor se encuentra recorriendo su frente, todo su cuerpo le está doliendo, a pesar de que ni siquiera está despierto.
Todos los recuerdos de como perdió a Reki, como soltó a Reki, como dejo ir a su querido novio. Todos y cada uno de ellos están reproduciendo en su mente, como si se tratara de una película de terror, lo cual en cierta forma lo es.
"¡Tienes que escapar!"
"¡Corre!"
"Te amo…"
"Suéltalo"
"¡Reki!"
"¡No te dejare!"
"¡Tienes que dejarlos atrás!"
"¡Langa!"
"Te amo… "
"¡Te amo!"
"Finalmente te encontré, conejito…"
—¡Reki…! —Grito sobresaltado, al mismo tiempo en que sin querer se ponía de pie. Pero debido al cansancio y dolor se derrumbó.
Observo unos segundos sus manos, se encontraban llenas de vendajes, tal y como la última vez que despertó. Podía sentir como sus mejillas se comenzaron a humedecer, no sabe el motivo.
La puerta de inmediato se abrió, dejando ver a una pequeña niña, esta de inmediato corrió ayudarlo al notar que no tenía la menor intención de ponerse de pie.
—¡Langa! —Grito la más joven, su voz era una mezcla de alivio y de enojo—. No debes de intentar ponerte de pie, todavía tienes que descansar.
El nombrado asintió mientras dejaba que la más pequeña le ayudara.
—Gracias… —Murmuro una vez que estuvo sentado, observo uno segundos a la joven, su corazón se paralizo, ¿Qué hace ella aquí? ¿No se supone que también se la había llevado aquel extraño?
La chica solo asintió antes de soltar un largo suspiro.
—Si tienes algo que decirme, es mejor que lo hagas de una vez. —Comento con un tono juguetón.
Langa guardo un extraño silencio, ya sea porque estaba pensando su pregunta o por otra cosa. El ambiente lentamente se comenzó adquirir un silencio un tanto incómodo.
—Creo que será mejor que te deje descansar… —La voz salió baja, no quería llamar la atención.
—Yo lo siento… EN verdad lo siento mucho… —Comenzó torpemente, su voz se quebraba cada vez más, con cada segundo, con cada palabra—. Por mi culpa… Por mi culpa perdiste a tu hermano… —Observo unos segundos sus manos a pesar de que están limpias él todavía es capaz de ver sangre en estas—. Si… Si tan solo… Si tan solo hubiera actuado bien, si no hubiera actuado como un torpe… Nada de esto estaría pasando…
La más joven no resistió, su corazón también le comenzó a doler demasiado, no soportaba ver a la pareja de su hermano en ese estado. Su mano se aferró fuertemente al marco de la puerta. No quería derrumbarse en esos momentos, no quiere aceptar el hecho de que probablemente jamás volverá a ver a su familia.
Al menos, al menos tiene que ser positiva. Tiene que aferrarse a la más mínima luz que existe en ese mundo. Y así como ella se aferra a aquel rayo de luz, también tiene que motivar aquel chico a no perderla, a no rendirse tan fácil.
—No digas eso Langa, tu hiciste todo lo que estaba en tus manos en ese momento. Nada de lo que sucedió fue tu culpa. —Intento consolarlo, aun sabiendo que eso era imposible, Langa parece estar atrapado en el pasado, en lo que sucedió hace unas semanas.
—Pero… —Trato de protestar ante aquellas palabras de aliento.
Todo era su culpa, todo lo que paso es su culpa, no entiende porque ella no lo culpa, no lo odia, no comprende porque no le está reclamando por quitarle a su hermano mayor, por ser tan débil y permitir que la apartaran de su familia.
Su corazón no puede evitar inundarse en dolor y agonía, él se culpa, todo es su culpa. El solo ha causado problemas desde que llego.
Koyomi ya no soporto aquella escena y de inmediato se lanzó al mayor, envolviéndolo en un abrazo cálido, ella no es una persona de dar abrazos o muestras de cariño llamativas, pero con todo lo que ha pasado, como es el mundo ahora, sin duda va a valer la pena dar las pequeñas muestras de cariño, después de todo no sabe si lo volverá a ver al siguiente día. Le hubiera encantado comprender eso antes de que su hermano fuera secuestrado y su padre asesinado.
—Langa. —Murmuro dulcemente el nombre de su cuñado—. Nadie te está culpando de nada, tienes que reaccionar y dejar de vivir algo que ya paso. Si en verdad te arrepientes es mejor te esfuerzos en mejorar para encontrar y salvar a mi hermano de aquel demente.
Langa hundió en su cabeza en el hombro de la menor, se supone que él es un casi adulto, se supone que tiene mantenerse firme, ser fuerte y apoyar a la hermana menor de Reki.
Tiene que prometerle que todo saldrá bien, tiene que hacerla entender que el solucionara todo, pero no es capaz de hacerlo.
¿Qué clase de adulto permite que un niño lo cuide? Ninguno en su sano juicio.
Koyomi tiene razón, él tiene que ser fuerte.
Ya estuvo mucho tiempo lamentándose. Tiene que cambiar y actuar como se supone que es: un adulto.
Ya fue suficiente de esa patética fase suya, ya no tiene que dejar que Joe y Koyomi lo cuiden y estén al pendiente de su cuidado, él puede cuidarse solo.
—Yo lo rescatare… —Murmuro para sí mismo aferrándose a sentimientos que se está obligando a creer a pesar de lo mucho que su corazón y mente le griten que todo es su culpa, que no merece ni siquiera ser tratado bien por aquellas personas tan buenas.
—Sé que lo harás… —La voz baja y esperanzadora de Koyomi resonó en la mente de Langa.
Tal vez una vez que consiga rescatar a Reki, tal vez y solo quizás aquellos sentimientos de odio y aborrecimiento a su propio ser desaparezcan.
Tal vez sea capaz de perdonarse a sí mismo.
Sujeto con fuerza su mochila, tal vez lo odien por lo que va hacer, pero el ya tomo una decisión y no va a descansar hasta cumplir su objetivo.
Tuvo que respirar varias veces para intentar calmar el sentimiento de temor y nerviosismo.
Esa misión era suicida, mas no tenía otra opción.
Dejo aquella nota que escribió a un lado de su futón, en aquel lugar en el cual estuvo descansando las últimas tres semanas, en las cuales dos de ellas únicamente se dedicó a lamentar lo sucedido.
Con mucho cuidado cerró la puerta de aquella habitación que compartía con Miya. Este dormía profundamente mientras algunas lágrimas recorrían sus mejillas.
Su corazón se estremece ante la idea de romper la promesa que le hizo, pero no tiene otra opción. Tiene que reparar todos los errores que ha cometido y empezara con Reki.
Sujeto con mucha fuerza su arma, un palo con un cuchillo atado en la punta, asimilando o intentando imitar una lanza.
Al bajar las escaleras tuvo que hacer el mínimo ruido posible, milagrosamente no había nadie a la vista, cuando dio otros pasos más se tuvo que detener en seco, una pequeña vela alumbraba lo que era la cocina.
Cierto, Joe le tocaba hacer guardia esa noche.
Escucho una palanca ser bajada, maldijo en voz baja, eso explica porque Koyomi no está en la habitación, de inmediato se metió a lo que era la sala de estar.
Espero pacientemente a que Koyomi gritara sobre que no estaba o algo, pero nada, todo lo contrario.
Lentamente y tentando su suerte salió de aquella sala para terminar encontrándose con nada, nuevamente se acercó un poco a lo que antes era la cocina, se escuchaban pequeños murmuras.
Era su oportunidad.
Rápidamente se acercó a la puerta, le quito el seguro y lo más silencioso posible abrió la puerta, observo unos segundos su entorno, todavía estaban platicando.
Sin desperdiciar ningún segundo más salió de aquel lugar y lentamente cerró la puerta.
Tuvo que aguantarse sus repentinas ganas de estornudar, cierto, se encontraban en invierno.
Casi de inmediato comenzó a correr, alejándose de aquel refugio.
Solo espera que un futuro lo perdonen por esa egoísta acción.
