Capítulo 3
Cuando despertó a la mañana siguiente en su cama, Tema se volvió hacia la derecha y sonrió.
Junto a ella estaba Naruto, el guapísimo Naruto, durmiendo tranquilamente.
Cuando la tarde anterior él se había presentado en su casa, de inmediato supo que no estaba bien. Lo conocía a la perfección.
Tras hacerle tomar algo y comprobar que la fiebre le bajaba, le calentó un caldo, le preparó una tortilla francesa, puso una película y lo cuidó con mimo hasta que se quedó dormido, aunque antes hicieron el amor.
Lo estaba mirando ensimismada cuando recordó algo. Ese día era su cumpleaños.
Aquel hombretón grande, sexy y con la sonrisa más bonita que había visto nunca era su más insana perdición. Era mirarla y ella se deshacía y, aun sabiendo que aquello no la beneficiaba en nada, cada vez que le sonreía o le guiñaba un ojo, caía total y completamente rendida a sus pies.
Sin querer seguir pensando en lo tonta que era con aquel hombre, se levantó con cuidado de la cama y se puso las gafas. Era miope y, sin ellas, estaba perdida. Ataviada con una camiseta de «Juego de Tronos», salió de la habitación, entró en el baño, se lavó los dientes y la cara y se recogió el pelo en una coleta.
Cuando acabó, salió del baño y se dirigió al aparador que tenía en el comedor. Luego, tras abrir un cajón y coger un paquetito envuelto en papel rojo chillón, se encaminó hacia la cocina, donde preparó café y tostadas.
Diez minutos después, una vez que éstas estuvieron dispuestas en un bonito plato, con el café y el paquetito sorpresa rojo sobre la bandeja, regresó a la habitación.
Al abrir la puerta, su sonrisa se ensanchó al verlo despierto.
—¡Feliz cumpleaños! —exclamó.
El hecho de que Tema se acordara año tras año le resultaba increíble, pero Naruto contestó:
—Bien sabes que no suelo celebrarlo.
—Lo sé, pero sigo sin entender por qué.
Él lo pensó un momento. Tenía un importante motivo para no hacerlo, pero, sin querer explicárselo, contestó, tocándose su incipiente barbita:
—Porque cumplir años me hace ver que me hago viejo.
Ambos sonrieron por su respuesta. Tema dejó entonces la bandeja sobre la cama, lo miró y, poniéndole la mano en la frente como Naruto recordaba que hacía su madre, le preguntó:
—¿Qué tal te encuentras hoy?
Con una sonrisa, él asintió, y cuando ella retiró la mano indicó:
—Con la enfermera que tengo, muchísimo mejor.
Ambos sonrieron de nuevo.
Lo que había entre ellos era raro, tanto que ni ellos mismos lo entendían, y cuando un extraño silencio se hizo en la habitación, Tema cogió el paquetito rojo, lo puso delante de él y murmuró:
—Ábrelo. Espero que te guste.
Conmovido, Naruto tomó aire. No sabía cómo, pero aquella muchacha rompía sus barreras.
—No tenías por qué, Gafitas... —susurró.
—Vamos, ¡ábrelo! Es una tontería —insistió ella, sonriendo al oír el cariñoso mote que sólo le dirigía cuando estaban a solas.
Con una sonrisa, Naruto rasgó el papel rojo y se quedó boquiabierto mirando su regalo. Llevaba tiempo buscando aquel CD de Eric Benét, por lo que preguntó sorprendido:
—Pero ¿cómo sabías...?
Tema sonrió.
Por desgracia, aunque él no se diera cuenta, ella siempre estaba pendiente de todos sus comentarios. Cualquier cosa que él dijera era importante para ella, y mirando el CD que él sujetaba respondió:
—El último día que fuimos a Madrid me di cuenta de que preguntabas por ese CD en distintas tiendas donde vendieran música y no lo tenían. Pero yo ¡lo encontré!
Naruto asintió encantado. Sabía que Tema lo consentía demasiado, pero aquel detalle era algo más.
Era una de esas cosas que él intentaba mantener a rajatabla con las mujeres: cuanto menos supiesen de él, mejor. Él era un hombre libre e independiente y quería seguir siéndolo. No quería problemas. Había hablado de ello con Tema hacía tiempo y parecía que ella lo había entendido, aunque en ocasiones sus miradas le indicaban que ella desearía algo más.
Miró el CD que tan buenos recuerdos le traía, y, cuando iba a decir algo, ella preguntó:
—¿Te gusta?
Incapaz de decir lo contrario, y emocionado por ello, Naruto asintió. Tema leyó el desconcierto en sus ojos y susurró:
—Es sólo un regalo, no le des más vueltas. Es tu cumpleaños y somos amigos, ¿no?
Oírla decir eso lo enterneció. Ella siempre lo enternecía con sus actos. Era una buena chica, demasiado buena para un cabroncete como él. Incapaz de no sonreír y no agradecerle aquel bonito detalle, le dio un beso en los labios y comentó:
—Gracias, cielo, me encanta.
Cautivada por ese momento tan increíblemente romántico, Tema sonrió.
Esas palabras...
Esa mirada...
Esa sonrisa...
Todo eso era lo que necesitaba de Naruto y, lanzándose a su boca, lo besó.
Tomó su boca con ternura y, dejándose llevar por un sinfín de emociones, le dio un beso caliente y abrasador. Cuando se separó de él, que la miraba sin saber qué decir, le propuso con una bonita sonrisa:
—¿Quieres que escuchemos el CD mientras desayunamos?
En ese instante sonó el móvil de Tema. Miró quién llamaba en la pantalla, contestó enseguida y, tras hablar unos minutos al teléfono, colgó y explicó a Naruto:
—Era Sara, de la residencia, para decirme cómo ha pasado mamá Chiyo la noche.
—¿Cómo está? —preguntó él.
Tema sonrió y dijo, encogiéndose de hombros:
—Cada día más delicada, y me preocupa.
Él asintió. Sabía cuánto quería a mamá Chiyo, una mujer que, debido a sus complicados problemas de salud, había decidido ingresar años atrás en una residencia a pesar de las negativas de su sobrina.
Naruto recordaba haber encontrado a Tema llorando por aquella circunstancia y eso le había tocado el corazón. Ese día se dio cuenta de que sentía un cariño muy especial por la joven, algo que no se permitía demostrar, ni siquiera disfrutar.
Paseó la mano por la barbilla de la joven y murmuró:
—Lo estás haciendo muy bien. Siéntete orgullosa porque ella lo está de ti.
Tema sonrió con tristeza. Sabía que el fin de su amada mamá Chiyo estaba cercano; le dio un dulce beso a Naruto en los labios y murmuró:
—Gracias.
Desconcertado por lo que aquel momento íntimo entre ambos le hacía sentir, él parpadeó. No. No debía dejar ver aquella faceta suya, pero, incapaz de no empatizar con ella ante el problema que se le venía encima, sonrió y ella lo imitó.
Tema, por su parte, le había ocultado que, cuando encontró el CD, compró dos ejemplares. Quería ver qué era aquello que él buscaba con tanto ahínco, y el corazón se le paralizó al oír aquella música tan romántica. Algo que nadie creería que a él podía gustarle.
Naruto seguía mirándola atontado. Debía cortar aquel momento tan íntimo, pero algo en él no se lo permitía. Aunque no quisiera reconocerlo, le agradaba estar con ella, en su casa, en su habitación, en su cumpleaños, así que sacó el CD de su funda, se lo entregó y dijo:
—De acuerdo. Escuchémoslo mientras desayunamos.
Encantada y feliz, Tema se dirigió con el CD en la mano hacia el equipo de música, hizo lo que él le pedía y, cuando los primeros acordes delicados comenzaron a sonar, preguntó mirándolo:
—¿Y esto?
Naruto sonrió. Adoraba aquel CD, aquella canción, The Last Time, y respondió:
—Esto es... Eric Benét.
—¿Música romántica?
El policía negó con la cabeza. No iba a entrar en aquello.
—Déjalo simplemente en buena música —repuso—. Nada que ver con los bodrios que te gustan a ti.
Llena de incredulidad, ella replicó:
—Oye, guapo, que a ti no te guste la música de Alejandro Sanz, Luis Miguel o Michael Bublé, ni nada de lo que a mí me gusta, no significa que lo tuyo sea buena música y lo mío, mala.
—Gafitas..., no te enfades. Lo que ocurre es que tenemos gustos distintos. Eso sí, los tuyos, algo pasados de moda.
—¡Serás idiota! —se mofó Tema, incapaz de no reírse ante los gestos de él.
Durante unos segundos guardaron silencio, hasta que ella se le acercó y afirmó:
—Esto no tiene nada que ver con la música que sueles escuchar.
Naruto asintió.
Por lo general, escuchaba música heavy, como el resto de sus compañeros de unidad, una música que lo reactivaba, lo resucitaba y le daba fuerza para su trabajo. No obstante, a solas y en la intimidad, siempre le gustaba escuchar a Eric Benét, del que tenía varios CD, aunque ése era su preferido y el único que le faltaba.
En silencio disfrutaron de aquella bonita canción hasta que Naruto, sintiéndose desnudo por mostrar aquella faceta que sólo él conocía, dijo mirándola:
—Digamos que es un secreto entre nosotros dos, ¿de acuerdo?
—Por supuesto.
A continuación, él sonrió y añadió para quitarle importancia:
—Si los chicos supieran que me gusta este tipo de música, dirían que soy una Mariliendre blanduscosa y a saber cuántas polladitas más.
Tema sonrió. Estaba más que claro que él escondía su faceta dulce y sensible y, sin querer incordiarlo, asintió, hizo un gesto divertido de cerrarse la boca con una llave y, una vez hecho el ademán de tirar la llave, preguntó:
—¿De qué secreto hablas?
Naruto sonrió a su vez. Sabía que podía confiar en ella.
Sin más dilación, se sentaron en la cama y comenzaron a desayunar entre bromas. Las tostadas caseras de Tema estaban exquisitas. De fondo, seguía sonando la bonita y dulce canción, y la joven preguntó, al sentir que se le ponía el vello de punta:
—¿Cómo se titula esta canción?
—The Last Time.
Tema, que hablaba perfectamente inglés, francés e italiano, indicó:
—Traducido al español, «La última vez». Bonito título para una canción.
Naruto la miró, y ambos rieron por su comentario.
¿A qué estaban jugando?
Sin embargo, se levantó de la cama, abrió los brazos y, sin preguntar nada, ella aceptó su invitación para bailar.
Sin mirarse a los ojos, se movieron al compás de la música, mientras la voz de Eric Benét contaba una preciosa historia de amor en la que decía que era la última vez que se enamoraba.
En silencio, Naruto y Tema bailaron semidesnudos en la habitación.
La joven sabía que el descubrimiento de aquella canción, de aquel hombre y de aquel instante quedarían para el resto de su vida en su recuerdo como uno de esos momentos inolvidables, mientras que Naruto se movía al compás de la música sin querer pensar en nada más. No debía hacerlo.
Permanecieron abstraídos en sus propios pensamientos hasta que el tema terminó y, cuando se separaron, ella lo miró a los ojos y declaró emocionada:
—Sin duda es una gran canción.
—Lo es —afirmó Naruto con un sentimiento extraño, mientras le quitaba las gafas para ver aquellos ojos verde azulados tan bonitos.
Se miraban...
Se tentaban...
Y de pronto, él la besó con mimo primero en la frente, después en la punta de la nariz y, por último, en los labios, mientras Tema disfrutaba de aquella faceta suya, que nada tenía que ver con la que se empeñaba en mostrar a los demás.
En la intimidad, y al menos con ella, Naruto era caballeroso, atento y dispuesto, y cuando él la cogió entre sus brazos, ella sonrió y, sacando esa parte descarada que ocultaba también al resto, murmuró, sintiéndose atrevida:
—Te deseo...
A Naruto lo excitó aún más oír eso y, apoyándola contra la pared, le arrancó las bragas, paseó su dura erección por su tentador sexo y murmuró:
—¿Puedo sin...?
Sus ojos se miraban...
Sus respiraciones se aceleraban...
Sin necesidad de más, Tema entendió que no llevaba preservativo, y afirmó como en otras ocasiones:
—Puedes...
Complacido, él se introdujo poco a poco en ella y ambos temblaron. El placer que aquello les ocasionaba era increíble, pero entonces él, con necesidad de decirlo una y mil veces más, susurró:
—Oye..., sabes que esto es lo que es, ¿verdad?
—Sí... Lo sé..., lo sé... —jadeó la joven, complacida de sentir piel contra piel.
Una..., dos..., siete..., veinte veces Naruto se hundió con placer en su interior.
Cada vez que estaban juntos, Tema disfrutaba de él como si fuera la última vez. Ella, mejor que nadie, conocía la realidad de su extraña relación y sabía que cualquier día Naruto podía conocer a una mujer que le descalabrara la vida y entonces no volvería a mirarla.
Ella no era un bellezón ni vestía de manera provocativa como las mujeres con las que él solía salir. Tema era una chica normal y corriente, como había miles en el mundo, que simplemente quería encontrar a alguien que la quisiera y ser feliz.
Y su felicidad en ese instante era Naruto, por lo que, olvidándose de sus miedos y sus preocupaciones, disfrutó del presente. Disfrutó de él.
Cuando el momento caliente y placentero acabó, ambos se tiraron en la cama sudorosos y jadeantes. El sexo entre ellos era espectacular. Sus cuerpos se acoplaban a la perfección, y la satisfacción que aquello les provocaba era increíble.
.
.
.
Miraban el techo mientras sus respiraciones se relajaban cuando sonó el teléfono de Naruto. Éste alargó la mano, lo cogió de la mesilla y, al ver que se trataba de su madre, respondió:
—Hola, preciosa.
Tema siguió mirando el techo. Le dolió oír eso, pero sonrió de todos modos.
—Gracias, mamá... Pero no llores, por favor..., por favor.
¡Era su madre!
Feliz al oírlo, la joven extendió la mano, cogió las gafas que Naruto había dejado sobre la mesilla y se las puso. Después lo miró y sonrió al verlo bromear. Le gustaba sentir el cariño y el respeto con que trataba a su madre, y eso la emocionó.
Así estuvo un rato, hasta que él colgó y comentó:
—Le he dicho a mi madre que era la primera en felicitarme para evitar dar explicaciones.
Ella asintió. Sin duda eso era lo mejor. ¿O no?
A partir de ese instante, el teléfono de él comenzó a sonar cada dos por tres.
En un principio, Naruto, al ver de quién se trataba, decidió no cogerlo, hasta que ella lo animó. Era su cumpleaños y era normal que la gente lo llamara.
Sin embargo, Tema pronto se arrepintió de haberlo hecho, puesto que él no paraba de sonreír como un tonto mientras la pantalla de su móvil se iluminaba y ella leía nombres como Karen El Casar, Lydia Fontanar, Sonia Madrid, Laura Pechotes, Carmen Rubiaza de Alcalá...
Mujeres... ¡Mujeres!
Todas llamaban para felicitar a Naruto... Todas querían demostrarle que se habían acordado de su día, y a Tema la jorobó sentirse como ellas. ¿Por qué había tenido que felicitarlo?
Cuando él colgó la última llamada, miró a la joven y se mofó:
—Facebook es un gran chivato.
La joven asintió. Como todos los usuarios de la red social, estaba al corriente de que si incluías en tus datos personales tu fecha de nacimiento, todos tus amigos virtuales sabrían que era tu cumpleaños, y ahí estaba el resultado.
El teléfono volvió a sonar, y Naruto, al ver que era Sasuke, su compañero de la base —¿también se había acordado él?—, le pidió silencio a Tema y lo saludó:
—¡¿Qué pasa, capullo?!
Sasuke, que estaba delante de su casa, afirmó:
—Ya veo que estás mejor. Abre la puerta. Traigo caldo que ha hecho mi padre.
Al oír eso, Naruto se levantó de la cama. Tema lo miró, y éste, para no hablar delante de ella, entró en el baño y murmuró:
—No puedo abrirte.
—¿Por qué? —quiso saber Sasuke riendo.
—¿Porque no estoy en casa?
Sin sorprenderse mucho, Sasuke resopló y preguntó:
—¿Y dónde narices estás? Te dije que te quería recuperado. ¡Joder, Naruto!
Él no respondió, y al oír el silencio de su amigo, bromeó:
—Creía que llamabas para felicitarme por mi cumpleaños.
—¡¿Es hoy tu cumpleaños?!
—Sí.
A continuación, se hizo un extraño silencio entre ellos, hasta que Sasuke dijo:
—Felicidades, pero... no estarás con quien creo, ¿verdad?
Consciente de que una vez más lo había hecho mal, Naruto estaba pensando una excusa cuando Sasuke gruñó:
—Maldita sea, ¿por qué no la dejas vivir? Pero ¿no te das cuenta de que Tema siente algo por ti que tú no sientes por ella?
—Sasuke...
—Joder, que esa muchacha es casi una monjita, mientras que tú eres un puto crápula.
Naruto se rascó la cabeza.
Él era igual que su amigo hasta encontrar a la que era ahora su mujer, por lo que, mirándose al espejo del baño, susurró:
—Vamos a ver, Sasuke...
—¡No! Vamos a ver, Sasuke, ¡no! —lo cortó éste—. Pero ¿tú eres gilipollas? Tema no se merece que una sabandija como tú le haga crearse falsas esperanzas cuando se aburre. A ver cuándo te das cuenta de que ella sufre y sufrirá más por tu culpa si no dejas de buscarla cuando no tienes un plan mejor.
Naruto maldijo. Su amigo tenía razón. ¡Era una sabandija!
Siempre hacía lo mismo con Tema, una y otra vez. Se prometía no volver a repetirlo, pero cuando se encontraba solo, mal o herido, iba a por ella.
—Vale. Tienes razón. Tienes razón, pero...
—Pero nada, Naruto... ¡Aléjate de ella de una santa vez y compórtate como el hombre que creo que eres y no como un puto cabrón!
—¡No te pases! —protestó él, recordando la canción que habían bailado juntos y lo que ella le había hecho sentir.
El silencio se adueñó de nuevo del teléfono, hasta que Sasuke prosiguió:
—Naruto, sabes que te considero un hermano por infinidad de cosas. En la base eres querido y respetado por tu profesionalidad, pero he de decirte que con esa muchacha no lo estás haciendo bien. Aprecio a Tema. Es amiga de mi mujer, adora a mi hija y es de la familia, uno de los nuestros, ¡joder! Basta de hacerle creer lo que nunca será...
—Sasuke..., no me jodas...
—Te merecerías que ella te diera varias cucharaditas de tu propia medicina, pero, por desgracia, Tema, como siempre dices, ¡no es tu tipo!
Naruto resopló.
Le gustara o no, su amigo estaba en lo cierto, y, consciente una vez más de su metedura de pata, contestó:
—Adiós. Tengo cosas que hacer.
En cuanto colgó el teléfono, se miró de nuevo en el espejo y maldijo. Sasuke llevaba razón. Todos llevaban razón. Era un cabrón con Tema y tenía que cambiar.
