Capítulo 6

A Tema se le hacían raros los días sin mamá Chiyo. Estaba acostumbrada a visitarla a diario en la residencia cuando no estaba de viaje, y de pronto eso había acabado y la joven se sentía sola, muy sola. Comenzó a ir los jueves por la mañana al cementerio para llevarle flores, un lugar triste, pero que a ella la hacía sentir que estaba más cerca de la anciana.

Un trabajo para el diseño de una página web hizo que tuviera que viajar a Italia, concretamente a Verona, donde en su tiempo libre pudo visitar sitios tan increíbles como la casa de Julieta, en via Cappello, y también la basílica de San Zenón.

Allí salió a cenar con los clientes que habían contratado sus servicios como diseñadora de páginas web, y aquellos italianos, con su galantería y su amabilidad, la hicieron sentir especial.

Una de las noches, mientras leía un interesante libro en la cama del hotel, su móvil pitó. Era un wasap de Naruto:

Gafitas, ¿cómo va todo?

Le gustó leer su mensaje, pues significaba que se acordaba de ella. Dejó el libro a un lado y respondió:

Verona es una maravilla.

Durante unos segundos esperó y, cuando su móvil pitó de nuevo, leyó:

Sin duda, mejor que la base donde estoy yo esta noche.

Tema sonrió. Imaginárselo allí la hizo sonreír, y contestó:

No te quejes. Te gusta tu trabajo.

La respuesta no tardó en llegar:

Sí. Pero creo que me atrae más Verona en este instante.

Durante un rato estuvieron intercambiándose mensajes, interesándose por las cosas que hacían el uno y el otro, hasta que él preguntó:

¿Cuándo regresas?

Tema se apresuró a responder:

El jueves.

Durante unos segundos esperó que él le escribiera pidiéndole que se vieran, pero cuando el móvil volvió a sonar, simplemente leyó:

Pásalo bien. Descansa.

Y, suspirando por aquel hombre que tanto le gustaba, tecleó con cierta tristeza:

OK. Un beso.

Consciente de que aquello que ella tanto deseaba era un tema imposible, iba a dejar el móvil sobre la mesilla cuando éste volvió a sonar.

¿Sólo un beso?

Tema soltó una carcajada. No sería la primera vez que entraban en un juego caliente vía mensajitos y, dispuesta a ello, respondió:

Un beso me llevaría a otro y...

Estaba sonriendo cuando recibió:

¡¿Y...?!

Ella se acaloró, pero escribió:

Te desnudaría... Te echaría nata por encima y te comería.

Una vez que hubo enviado el mensaje, esperó respuesta, que no tardó en llegar:

Creo que antes te comería yo a ti sin nata. ¿Y sabes por qué?

Divertida, preguntó:

¿Por qué?

Y al poco leyó ansiosa su respuesta:

Porque me lo pedirías con la mirada. Me suplicarías que te hiciera eso que tanto te gusta y tanto te hace jadear de placer.

Tema se dio aire con la mano. Cuando Naruto se ponía así, la acaloraba muchísimo. No obstante, sin cortarse, respondió:

Eso..., siempre y cuando no fuera yo la que se adelantara y te hiciera eso que tanto te gusta a ti.

Tan pronto como le dio a «Enviar», se tapó la boca. ¡Él la hacía ser muy osada!

Así estuvieron durante un rato.

Se calentaban...

Se tentaban...

Se provocaban...

Hasta que, a las dos de la madrugada, cuando ya no podían más, decidieron dar por aplazada la ardorosa e incendiaria conversación, prometiéndose acabarla en persona en cuanto pudieran.

Esa madrugada, cuando Tema apagó la luz de la habitación, estaba tan excitada que se consoló ella sola, mientras pensaba que era Naruto quien la tocaba.

.

.

.

Dos días después de intenso y productivo trabajo, regresó a España y, cogiendo su coche, que había dejado aparcado en el aeropuerto, se dirigió a Sigüenza. A su hogar.

Al llegar al pueblo y pasar por delante de la residencia donde había estado ingresada su tía, suspiró. Debía parar y recoger sus pertenencias. No podía retrasarlo más.

Con una pena increíble, habló con la directora del centro, saldó la cuenta pendiente y recogió la caja que le tenían guardada con los objetos personales de mamá Chiyo. Tras despedirse de varios abueletes que se le acercaron a saludarla, salió y, al entrar en su coche, dos lagrimones rodaron por su rostro.

Estaba secándoselos cuando vio un marco de fotos y sonrió al cogerlo. En él había una fotografía de su tía y ella de hacía varios años en la puerta del parador de Sigüenza. Le habían hecho aquella foto el primer día que comenzó a trabajar allí, y Tema se emocionó.

¡Cómo pasaba el tiempo!

Veinte minutos después, al llegar a su casa y dejar la caja de su tía en una estantería del salón, miró a su alrededor y se sintió tremendamente sola.

Por sus continuos viajes, no se había permitido tener un animalito en casa que le hiciera compañía y, aunque todos la animaban a tener un perro o un gato, nunca se había decidido, pues debería pensar en el animal cuando ella estuviera fuera de casa.

Conforme pasaban los segundos, comenzó a sentir que la pena la embargaba. Entonces le sonó el móvil y lo atendió. Era trabajo, y el trabajo la hacía olvidar. Y así fue, pues enseguida tuvo que encender el ordenador y, durante horas, se dedicó en cuerpo y alma a solucionar temas de la empresa.

Cuando cayó la noche, sin muchas ganas de cocinar, se preparó un sándwich y se sentó ante el televisor. Eso la distraería. Así estuvo un rato, hasta que, cogiendo su teléfono móvil, buscó un nombre y escribió un WhatsApp.

¿Qué haces?

Naruto, que estaba tomándose algo en ese instante con una preciosa morena, sonrió al ver el mensaje y, disculpándose con aquélla, se alejó unos metros y la llamó. Le gustaba hablar con Tema.

Cuando ella contestó, Naruto la saludó mientras miraba a su alrededor:

—Buenas..., veo que ya has regresado de tu viaje.

Al oír su voz, Tema sonrió y, sentándose erguida en el sofá, respondió:

—Sí. Te dije que volvía el jueves.

Por su respuesta, Naruto entendió la llamada. Tema no era una chica complicada. E, intentando desviar la conversación, preguntó:

—¿Todo bien por Italia?

—¡Perfecto! Todo estupendo. Les encantó mi presentación de su página web.

Él sonrió. Sabía lo mucho que le gustaba su trabajo.

—¿Y tú qué tal estás? —preguntó a continuación.

Tema se encogió de hombros.

—Bien. Aunque hoy, al regresar, he recogido las pertenencias de mi tía en la residencia y, bueno..., imagínate.

Él asintió. Sin duda no habría sido agradable.

—¿Te apetece venir a mi casa a terminar cierta conversación que tenemos pendiente? —le sugirió ella entonces.

Naruto contuvo el aliento, sabía a qué se refería, pero miró a la morena de increíbles curvas que lo esperaba a escasos metros e indicó:

—No puedo.

—¿Estás en la base?

Se sintió mal..., ¡fatal!

Sabía que, a pesar de ser siempre claro con Tema, no lo estaba haciendo bien y, sin ninguna razón para mentir, respondió:

—No. No estoy en la base. —Y, antes de que ella insistiera, aclaró—: Estoy tomando algo con una amiga y tengo planes con ella.

Al oír eso Tema cerró los ojos, e, intentando no parecer más patética de lo que ya se sentía, se apresuró a responder:

—Uf..., lo siento. Espero que lo pases bien. Te dejo... Te dejo...

—Si quieres, mañana te llamo y...

—Es igual. Ya te llamaré yo —lo interrumpió horrorizada—. Adiós.

Sin más, tremendamente apurada y abrumada, cortó la llamada.

Mientras tanto, Naruto miró el teléfono mudo y se sintió fatal. Era un cabrón.

Durante un rato dudó acerca de qué hacer. Algo en él le pedía que fuera con Tema, pero otra parte de sí mismo le gritaba que no. Ambos no querían lo mismo en la vida. Por ello, al final, se acercó a la morena, llamó al camarero, y dijo mirando a aquélla, que lo miraba a su vez con una sonrisa:

—¿Otra copa, preciosa?

En su casa, Tema maldijo en silencio una vez que hubo colgado el teléfono. ¿Por qué había tenido que llamarlo?

Durante un rato permaneció en el sofá viendo la televisión. Intentó centrarse en la película que estaban echando, pero no lo conseguía. Se sentía mal, muy mal.

¿Cuándo iba a terminar con aquel complicado juego en el que sólo sufría ella?

Molesta y enfadada consigo misma, se fue a la cama, cogió un libro y comenzó a leer. Sin duda, la inquietante historia de aquel libro la haría olvidar, y así fue. La lectura la ayudó a desconectar.