Capítulo 7
El viernes por la tarde, el agobio de Tema era tremendo. Se presentaba por delante un largo fin de semana para el que no tenía planes, y sabía que si salía por Sigüenza con seguridad se toparía con Naruto. Por ello, y para evitar el bochornoso encuentro tras la llamada de la noche anterior, decidió llamar a su amiga Marcela, de Madrid, y tras coger su coche se fue a pasar el fin de semana con ella a su casa.
El sábado, cuando se levantaron, se dirigieron al Retiro, donde pasearon durante horas, se sentaron, montaron en barca y charlaron de mil cosas, excepto de Naruto. Tema no quería hablar de él.
A la hora de la comida decidieron comerse unos bocadillos sentadas en un chiringuito del parque, y sobre las cinco de la tarde quedaron en la boca del metro de Sol con el novio de Marcela y un amigo de éste que ya conocía a Tema.
Una vez que los cuatro se juntaron, ella se dio cuenta de su error. Shikamaru, aquel chico con el que ya se había acostado un par de veces, la miraba feliz. Se conocían desde hacía un año y se notaba que quería algo con ella.
Shikamaru era farmacéutico, un tipo estupendo y encantador, pero cuando lo veía ella no sentía nada más que cariño por él, y sabía que no se estaba comportando bien. En cierto modo, hacía con él lo mismo que Naruto hacía con ella. Lo utilizaba cuando no tenía nada mejor. Sin embargo, sin querer pensar en ello, aceptó el brazo que él le ofrecía y todos juntos decidieron ir al cine, a la sesión de las siete. Acababan de estrenar una película de acción protagonizada por su amiga Sakura que querían ver.
Mientras esperaban a que la proyección comenzara, a Tema le vibró el teléfono. Había recibido un wasap.
¿Te apetece que nos veamos?
Al ver que era Naruto quien lo enviaba, el corazón se le aceleró. Pero, consciente de que debía comenzar a quererse a sí misma, tecleó en el móvil:
Estoy en Madrid.
Iba a guardar ya el teléfono cuando recibió otro mensaje:
¿Con quién estás?
Tema lo leyó tres veces. ¿Por qué se interesaba por ella si ella misma sabía de sobra que no le importaba un pimiento?
Y, tras mirar a Shikamaru, que estaba a su lado, le quitó el volumen al teléfono y lo guardó en el bolso sin responder.
Durante la película, el chico se lanzó. La besó, y ella, necesitada de cariño, aceptó sus besos. ¿Por qué no, si era libre como el viento?
Dos horas después, los cuatro salieron del cine encantados. La película había cumplido con sus expectativas y, divertidos, iban comentándolo mientras se dirigían a un local para cenar algo como dos parejitas cogidas de la mano.
Tema pensó en su móvil. No lo había mirado más.
¿Habría vuelto a escribirle Naruto?
Tentación...
La tentación por mirarlo le podía, pero se resistió... Estaba con Shikamaru.
Consiguió ignorar el móvil durante una hora, hasta que no pudo más, fue al baño del restaurante y, sacándolo del bolso, esperó ver un mensaje, pero Naruto no le había escrito. Sin duda, al ver que ella no contestaba, había zanjado el tema.
A Tema le dolió y, mirándose en el espejo, se preguntó: «¿Por qué soy tan tonta?».
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Esa noche se tomaron unas copas en un local de moda y luego los cuatro decidieron ir a casa de Marcela. Una vez allí, las dos parejas se refugiaron en diferentes estancias.
En la habitación, a solas, Shikamaru volvió a besar a Tema, y ella se lo permitió.
Por su manera de besarla, de acariciarla, de mirarla, se notaba cuánto la deseaba, y, consciente de ello, la joven lo miró a los ojos y murmuró:
—Sabes que esto no cambia nada, ¿verdad?
Shikamaru asintió.
A Tema le dolió verlo asentir como ella asentía a Naruto. Sin embargo, se centró tan sólo en lo que deseaba en ese momento, acercó de nuevo su boca a la de él y lo besó, momento en el que él hizo lo que llevaba toda la noche deseando y, abrazándola, la pegó a su cuerpo para hacerle ver lo duro que estaba por ella.
Tema se excitó y, egoístamente, olvidándose de la magia, sólo pensó en ella. Se centró en disfrutar del caliente momento con Shikamaru cuando él le bajó la cremallera del pantalón e instantes después cayó a sus pies, y pensó: «¿Acaso no me lo merezco?».
