Capítulo 8

El domingo por la mañana, tras pasar una interesante noche con Shikamaru, cuando éste se fue junto al novio de Marcela, su amiga miró a Tema con una sonrisa y cuchicheó:

—Shikamaru es un buen tío, ¿verdad?

Ella asintió. Sin duda lo era.

Iba a responder cuando le sonó el teléfono. Había recibido un mensaje de Sakura.

¿Te apetece quedar a comer? Tengo algo que contarte.

Con una sonrisa, le respondió:

Estoy en Madrid, pero sobre las ocho estaré por Sigüenza. Te llamo para vernos y me cuentas.

Su amiga le contestó con un «¡OK!» y Tema dejó el teléfono sobre la mesa.

—¿Qué te parece si nos vamos los cuatro el fin de semana que viene a Segovia? —prosiguió Marcela—. Creo que lo podríamos pasar muy bien, ¿no te parece?

Tema sonrió al oír eso y, mirando a su amiga, preguntó:

—¿Y eso a qué viene ahora?

Marcela se sentó junto a ella y, al ver su gesto contrariado, insistió:

—He pensado que, tras lo ocurrido con Shikamaru, te apetecería volver a verlo.

Tema suspiró. Su amiga no se rendía.

—Shikamaru es un buen tipo —contestó, tratando de ser prudente—. Lo pasamos bien cuando nos vemos, pero no quiero nada más con él.

Marcela asintió. Aunque no habían hablado de Naruto, sabía lo que su amiga sentía por él, y preguntó:

—¿Cuándo te vas a dar cuenta de que ese policía no es lo que tú necesitas?

—Marcela...

—En serio —continuó diciendo ella—. No conozco al tal Naruto, pero por lo que me has contado de él, creo que es un tipo que sólo te utiliza...

—Como yo utilizo a Shikamaru —finalizó Tema.

Marcela se calló. Miró a su amiga, y Tema, cogiéndola de las manos, indicó:

—Te cueste entenderlo o no, Naruto no me engaña a mí, como tampoco yo engaño a Shikamaru. Somos todos adultos y...

—Pero, Tema, yo creo que...

—Sé lo que crees, y no te voy a quitar la razón. Pero se trata de mi vida, y te aseguro que yo no haría feliz a Shikamaru, del mismo modo que Naruto no lo sería conmigo.

Una vez que hubo dicho eso, Marcela no volvió a hablar del tema, y un rato después se despidieron con cariño y Tema cogió su coche y regresó a Sigüenza.

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Una hora más tarde, cuando entró en el pueblo, detuvo el vehículo y le envió un mensaje a Sakura. Su amiga le dijo que estaban en una terracita a las afueras tomando algo y, tras darle la ubicación, Tema condujo hasta allí.

Cuando llegó, paró el coche y de inmediato vio salir a Naori y a Hinata, las hermanas de Sasuke, y a algunos periodistas en la puerta. Sin duda se había filtrado el rumor de que la actriz estaba allí.

Ignorando a los periodistas, Naori e Hinata saludaron a Tema con la mano, y la segunda le indicó:

—Están dentro. En la segunda terraza.

Ella asintió, les dijo adiós y aparcó su coche en la plaza que ellas dejaron libre.

Luego se encaminó adentro sin tiempo que perder y, al doblar una esquina, se dio de bruces con dos tipos. Al levantar la vista vio que eran Idate y Naruto.

—Hombre..., la viajera —dijo este último.

Su manera de mirarla y su sonrisa la hicieron derretirse, pero intentó parecer impasible a sus encantos, así que Tema los saludó con una sonrisa y prosiguió su camino.

Sin mirar atrás, llegó hasta donde se encontraban Sakura, Sasuke, Karin y otros muchos y, al ver copas de champán sobre la mesa, preguntó:

—¿Qué se celebra aquí?

Sakura se levantó rápidamente de la mesa y, aproximándose a ella, le explicó con una enorme sonrisa:

—Estoy nominada a unos premios canadienses.

Tema abrazó a su amiga encantada y afirmó:

—Si es que la que es buena..., ¡es buena!

Sakura estaba feliz.

Sasuke, tan encantado como su mujer, se les acercó enseguida con tres copas de champán, les entregó una a cada una y dijo, agarrando a Sakura por la cintura:

—¡Brindemos por mi mujercita!

Cuando, pocos minutos después, Naruto regresó con Idate acompañados de unas chicas, Tema lo observó. Estaba en todo su derecho de ir con quien quisiera, como ella, pero al verlo reír mientras charlaba con una de ellas, sintió que el estómago se le revolvía.

¿Por qué se obligaba a soportar algo así?

¿Por qué era incapaz de acabar con algo que le hacía tanto daño?

Una hora más tarde, cuando su nivel de tolerancia llegó a su límite, se encaminó hacia el baño, pero, al llegar, se lo encontró saliendo del de caballeros. Sonriéndole seductor, él se detuvo a su lado al ver que nadie los observaba.

—No respondiste a mi mensaje, Gafitas —le dijo.

Tema, que sabía a qué se refería, replicó:

—No tenía por qué.

—¡Ehhhh! —Él rio al ver su ceño fruncido—. Si estás mosqueada, no lo pagues conmigo.

La joven se mordió el labio.

Deseaba decirle que estaba mosqueada con él, que no soportaba verlo tontear con otras, pero, incapaz de hacerlo, iba a replicar cuando él bajó la voz y añadió:

—Se me presenta una inquietante noche por delante.

—¡Estupendo! —exclamó ella sonriendo con ganas de estrangularlo. E, incapaz de seguir sintiéndose tan tonta, agregó—: Escucha, Naruto. He estado pensando y he tomado la decisión de que hay ciertas cosas entre nosotros que deben terminar. Lo más sensato es que a partir de ahora simplemente seamos amigos.

Sin cambiar su gesto, a pesar de no gustarle lo que oía, él la miró y preguntó:

—¿Puedo saber por qué?

Nerviosa, Tema mintió:

—He conocido a alguien especial y...

—¡Sin problemas! —la cortó él, sin dejarla terminar.

Ella asintió. Su indiferencia le dolía.

—¡Perfecto! —afirmó.

Durante una fracción de segundo ambos se miraron con intensidad, hasta que Naruto sonrió con su característica frialdad y cuchicheó:

—Espero que, sea quien sea, te trate bien y, si no es así, dímelo y le partiré la cara.

La joven intentó sonreír cuando él, sin cambiar su gesto guasón, prosiguió:

—No te preocupes, Gafitas, mantendremos las distancias. Pero al menos dime que lo pasaste bien este fin de semana con ese alguien especial.

Con fingida tranquilidad, la joven asintió.

Shikamaru era un buen amante, pero excesivamente pausado, nada que ver con el sensual y ardiente Naruto. Sin embargo, no dispuesta a revelar ese detalle íntimo, afirmó con una significativa sonrisa:

—Sólo diré: ¡increíble!

A Naruto se le erizó el vello del cuerpo al oír eso, pero sin querer atender aquella señal de incomodidad, sonrió y murmuró, tras darle un beso en la mejilla:

—Así me gusta..., que disfrutes de la vida.

Acto seguido, sin querer pensar más en lo ocurrido, prosiguió su camino sin mirar atrás, mientras Tema entraba en el baño.

La joven se echó agua en la nuca y, mirándose al espejo, cuchicheó:

—Es lo mejor... Es lo mejor...

Esa noche, cuando todos se despidieron para regresar a sus casas, Naruto, acompañado de Idate y Konohamaru, vio cómo ella, tras sonreírle a Sakura, se encaminaba hacia su coche. Aquélla era la segunda mujer en la vida que le llevaba la contraria. La primera era su madre. Cuando el coche de Tema se alejó, oyó a Idate preguntar:

—¿Tomamos la última en el Croll?

Y, sin dudarlo, Naruto aceptó. ¿Por qué no, si no tenía que rendirle cuentas a nadie?