Capítulo 9
Durante los siguientes diez días, tanto Tema como Naruto procuraron mantenerse alejados el uno del otro, pero el destino parecía no querer permitírselo.
Intentaban no ir a los sitios de siempre para no encontrarse, pero, fueran a donde fuesen, terminaban coincidiendo y, aunque se saludaban porque tenían muchos amigos en común, la mayoría de las veces trataban de no acercarse al otro.
En ocasiones, las cosas había que cortarlas de raíz, y Tema así lo había decidido.
Le había prometido a mamá Chiyo que no desperdiciaría su vida con alguien que no la mereciera y que encontraría la magia del amor y, sin duda, el primero a quien debía tachar de su lista era Naruto.
El jueves por la mañana, tras pasar por la floristería, se dirigió al cementerio. Entró y vio a una muchacha al fondo. Según caminaba se dio cuenta de que ésta estaba frente a la tumba de mamá Chiyo, y eso la sorprendió.
¿Quién era?
Con paso seguro, caminó hacia la joven y rápidamente observó que no la conocía de nada.
—Hola —la saludó cuando llegó a su lado.
La chica se sobresaltó. Enseguida se volvió para mirarla y murmuró con gesto apurado:
—Lo... lo siento. No quería molestar.
Al ver la incomodidad de la muchacha, que parecía tan joven, Tema sonrió y, dejando las flores que llevaba en la mano sobre la tumba de mamá Chiyo, le respondió:
—Tranquila. No molestas, y a mamá le encantará tu visita.
Ambas se miraron, y entonces la chica se presentó tendiéndole la mano:
—Soy Matsuri.
Al oír ese nombre y ver sobre la lápida unas flores de colores, la mente de Tema recordó algo que mamá Chiyo le había contado.
—Tú eres la chica que alguna vez la había visitado en la residencia, ¿verdad? —preguntó.
La joven asintió con gesto asustado e indicó con tristeza:
—Sí. Mi abuela estaba allí, aunque, bueno..., murió hace días.
Apenada, Tema suspiró y, acercándose a ella, la abrazó con cariño y murmuró:
—Lo siento mucho, Matsuri. Mucho.
Sin apartarse, la joven lloró por su triste pérdida, se abrazó con desesperanza al cuerpo de Tema y musitó:
—Gracias.
Una vez que se hubieron separado, ambas miraron la lápida de mamá Chiyo, y Matsuri dijo:
—Tú eres Tema, ¿verdad?
La aludida asintió, y la chica añadió con una triste sonrisa:
—Tu tía siempre me hablaba de ti. Te quería mucho.
—Lo sé —afirmó ella conmovida—. Tanto como yo a ella.
De nuevo se quedaron en silencio, y permanecieron así durante un rato, hasta que la joven declaró mirándola:
—He de irme. Tengo que coger el autobús de Guadalajara.
Tema asintió y preguntó curiosa, al ver que sobresalían unos libros de su bolso:
—¿Tienes clase?
La joven, que parecía tremendamente vergonzosa, indicó.
—Sí, pero no he ido para venir aquí —explicó. Tema la miró sorprendida, y luego ella preguntó—: ¿Te importa que cuando venga a ver a mi abuela le deje unas flores a Chiyo?
Tema sonrió con cariño por su bonito gesto.
—Claro que no —contestó—. A ella le gustará mucho.
Dicho esto, la joven se acercó para darle dos besos a Tema y, con una preciosa sonrisa, se marchó.
Ella se volvió entonces para mirar la lápida donde estaba enterrada su tía y, tocando con un gran cariño el frío mármol blanco, murmuró:
—Hola, mamá Chiyo. Ya estoy aquí.
Durante una hora permaneció en el cementerio y, después, cogió de nuevo su coche y regresó a casa. Una vez allí, abrió el ordenador y comenzó a trabajar. Por suerte, el trabajo le iba bien.
Al cabo de un rato, su teléfono móvil sonó. Al ver que se trataba de Deidara, lo cogió con una sonrisa y, antes de que pudiera saludarlo, oyó:
—Hello, darling! ¿Cómo está mi desastre favorito?
Tema sonrió. Deidara la llamaba desastre porque se negaba a ponerse en sus manos. Según él, necesitaba un cambio radical, algo que ella nunca le permitía.
—Tu desastre está bien —respondió y, recordando la diferencia horaria de España con Los Ángeles, preguntó—: ¿Ocurre algo?
Deidara, que acababa de llegar de una fiesta con su novio el pianista, bajó el tono y contestó:
—I need you!
—¿Y para qué me necesitas? —reclamó ella sonriendo.
En ese instante, Sasoriman pasó por detrás de Deidara y, cuando le dio un cariñoso beso en el cuello y luego se alejó, él cuchicheó acalorado:
—¡Por el amor de Diorrrrrrrrrrrr! Mi novio es imponente... —Pero se centró en la conversación y respondió—: Necesito que vengas, ¡sin más!
—Deidara, escucha...
—¡Ah, no! —la cortó él—. No..., no..., no...
—Deidara..., intentaré ir para tu cumpleaños.
El joven maldijo al oír eso. Para su cumpleaños todavía quedaban meses, por lo que respondió:
—Ni se te pase por tu descontrolada cabeza decirme que no vas a venir a mi birthday, porque te juro que ¡hago huelga de hambre!
Tema sonrió. Si algo le gustaba a Deidara era comer. ¡Todo lo arreglaba comiendo!
Al oírla reír, él bajó el tono y preguntó:
—¿Algo nuevo entre mi Batman preferido y tú?
Tema resopló. Le hablaba de Naruto.
—Nada —dijo—. Bueno, sí, ya no nos acostamos.
—¡Uooooooooooooo! —chilló Deidara—. ¡Eso no te lo crees ni tú!
—Te estoy diciendo la verdad.
—Que no..., ¡que me estás mintiendo!
—Deidara, escucha, he recapacitado y...
—Pero ¿te has vuelto crazy?
—No.
—¿Te has quedado ciega?
—No.
—¿Brad Pitt, Colin Firth, Bradley Cooper o Jared Leto han llamado a tu puerta y estás saliendo con alguno de ellos?
Divertida, Tema sonrió y negó con la cabeza.
—Por desgracia, no.
Deidara se tocó su pelo ahora de color avellana y, mientras se colocaba el flequillo, preguntó entonces levantando la voz:
—Pero ¿cómo te vas a privar de revolcarte con ese macho man de body apolíneo y deslumbrante?
—Pues ya ves...
—¡Por el amor de Diorrr! Pero, queen, ¿qué estás diciendo?
Tema intentó explicarle las cosas, pero él se negó a entenderlas. Según Deidara, debía seguir disfrutando de aquel adonis todo lo que pudiera y más. Aunque, finalmente, Tema levantó la voz y exclamó:
—¡Se acabó! No quiero seguir hablando de ello, ¿entendido?
Deidara resopló y, asomándose a la ventana del bonito chalet en Los Ángeles, musitó:
—OK, my love. Ya hablaremos de eso en otro momento, aunque dudo que mi Mariliendre te mire y tú no te derritas como un helado de fresa bajo el sol. —Y, dramatizando, prosiguió—: Pero que sepas que si el día de mi birthday no entro en mi precioso y divine traje plateado de Calvin Klein que me he comprado para la ocasión, será culpa tuya por crearme esta preocupación.
—Sí, claro —se mofó Tema.
Cuando iba a decir algo más, oyó los ladridos de sus perras, y Deidara se le adelantó:
—Te dejo. Greta y Rita ya se están peleando. Bye! Hablamos.
Una vez que el teléfono quedó mudo, Tema sonrió y pensó en aquel loco amigo que se había echado años atrás cuando un día él y Sakura aparecieron en el parador de Sigüenza, donde ella trabajaba. Mucho había llovido desde entonces, pero su amistad se había afianzado, hasta el punto de que a Deidara era al único al que no podía engañar. Siempre la pillaba.
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Esa tarde, cuando estaba tirada en el sofá de su casa viendo una película, recibió una llamada de Sakura y quedó con ella en una terraza donde siempre les dejaban un sitio especial para que la gente no molestara a la actriz pidiéndole fotos.
Cuando Tema llegó, vio a sus amigos Sasuke y Sakura con las hermanas de éste, Hinata y Naori.
—¡Frita! —estaba diciendo esta última—. Frita me tienen tus sobrinitos. —Sasuke sonrió, y su hermana prosiguió—: Aoi ahora dice que quiere quedarse otros seis meses más en Londres. Que tiene un buen trabajo en una tienda de ropa y...
—Está estudiando el idioma, ¡no te pongas pesada! —replicó Sasuke.
Su comentario los hizo sonreír a todos. No dudaban de que Aoi estuviera aprendiendo inglés, pero tampoco que la jovencita se lo estuviera pasando fenomenal ella sola en Londres.
—¿Y Jin? —prosiguió Naori—. ¿Qué me dices del niño, que ahora quiere ser GEO como tú? Según él, quiere salvar el planeta de los villanos como hacen su súper tío y sus súper amiguitos.
—Orgulloso me hace sentir —afirmó Sasuke.
Sakura sonrió y, tocando con cariño el brazo de Naori, que se sulfuraba por todo, matizó:
—Será un hombre de provecho. Piensa en ello.
Naori se sacó un pañuelo del bolsillo del pantalón, momento en el que Hinata cuchicheó:
—Atención. Ha llegado el momento drama.
Naori le dio un empujón con el brazo y todos rieron mientras le soltaba a su hermana:
—Cuando Mori sea un puñetero adolescente lleno de granos y continuos reproches hacia ti, ¡la que me reiré seré yo!
Hinata, consciente de que ella tendría que pasar por los mismos disgustos que su hermana con sus tres hijos, declaró:
—Por suerte, yo te tendré a ti y lloraremos juntas.
Todos volvieron a reír, y mientras Naori se guardaba de nuevo el pañuelo, indicó:
—Y luego está Nomi, que ha pasado de amar al osito Sito a estar colgada del teléfono todo el día hablando con chicos y metiéndose calcetines en el sujetador.
Las mujeres soltaron una carcajada. Nomi estaba en el proceso de dejar de ser una niña.
—Hablaré con ella muy seriamente —dijo Sasuke severo.
Sakura miró a su guapo marido y lo besó.
—No te metas donde no te llaman o, como dice el abuelo Goyo, saldrás escaldado —murmuró.
Volvieron a reír, y Konohamaru, que había permanecido escuchando en silencio, tosió y luego preguntó:
—¿Y qué sabéis de la señorita Metomentodo?
Los demás lo miraron. Preguntaba por Hanabi, y Naori, enfadada porque su hermana pequeña se hubiera marchado a Argentina por culpa de aquél, le soltó con toda su mala baba:
—A la última persona a la que le contaría algo de Hanabi Uchiha sería a ti.
—¡Naori! —protestó Hinata mirándola.
Konohamaru no dijo nada. Era consciente de que él mismo había creado una historia creíble por la marcha de Hanabi que no lo dejaba a él en un buen lugar.
—Y se llama Hanabi, ¡no señorita Metomentodo! —musitó Naori molesta.
Sasuke, con una sonrisa, miró a un descolocado Konohamaru e indicó, encogiéndose de hombros:
—Tú has preguntado..., tú has pillado.
Molesto, su amigo se levantó, momento en el que Sakura le pidió a su marido:
—Anda..., ve con él.
Con una sonrisa, Sasuke se levantó a su vez y, tras darle un beso a su mujer, miró a su hermana Naori y cuchicheó:
—Tranquilízate, y no seas tan dura, porque Hanabi también tiene lo suyo.
En cuanto él se alejó, Naori miró a las mujeres que tenía a su alrededor y preguntó, bajando la voz:
—¿Me he pasado con Konohamaru?
Todas asintieron, y Tema, que era la única que sabía la verdad sobre lo ocurrido entre ellos, afirmó, haciendo un gesto con los dedos:
—Un poquito.
Veinte minutos después, cuando Hinata y Naori se marcharon, Sasuke, Konohamaru, Idate y Suigetsu se acercaron a ellas y las risas volvieron a sonar, hasta que se oyó el ruido bronco de una moto y, al asomarse, Konohamaru indicó:
—Es Naruto.
Poco después, el aludido se acercó a saludarlos, y Sakura, al ver que aquél no le ofrecía una de sus encantadoras sonrisitas a Tema, preguntó mientras observaba cómo se marchaba de nuevo:
—¿Y a éste qué bicho le ha picado ahora?
Tema suspiró, y su amiga, que conocía sus gestos, insistió:
—¿Qué no me has contado?
La joven dio un trago a su naranjada y, mirando cómo él se alejaba en su moto, explicó:
—Digamos que he decidido dejar de hacer el tonto.
—Pero ¿qué me dices?
Ella asintió. Aquello le estaba costando horrores.
—Se acabaron ciertas licencias con él —aclaró.
—Vaya..., Deidara tenía razón.
Al oír eso, Tema miró a su amiga, y Sakura afirmó sonriendo:
—Deidara me llamó y me lo contó, pero no lo creí. ¿En serio ya no...?
—No.
Sorprendida, Sakura levantó las cejas y, cuando iba a hablar, Tema matizó:
—Si no te importa, por favor..., por favor..., no quiero hablar de ello.
Su amiga asintió. Le tocó la mano y, mirándola, susurró:
—Aquí estoy para lo que necesites.
Ella sonrió.
—Lo sé.
En esos días tampoco se habían mandado ni un solo wasap, cosa que a Naruto le había costado más de lo que en un principio habría creído.
Tema era una buena amiga y le gustaba hablar con ella, algo que no hacía con ninguna otra mujer, pero lo respetó. Si ella así se lo había pedido, no había más que hablar.
