Capítulo 12

Naruto, que hablaba con Sasuke e Idate en una zona común de la base, reía por lo que estaba contando este último. Al parecer, había conocido a una chica, y en la quinta cita, cuando estaban tomando algo, aparecieron por sorpresa los padres de ella y terminaron hablando de bodas y demás.

—Uoooooo, colega... ¡Lagarto, lagarto! —se mofó.

Idate soltó una carcajada y aseguró, meneando la cabeza:

—¡Se acabó! No voy a volver a quedar con ella. Ni os imagináis lo mal que me sentí en esa encerrona. El padre hablándome de hipotecas, y la madre, de lo bonito que sería celebrar una boda en los salones de su primo Alfonsito.

Los demás rieron. La situación era, como poco, cómica, y más viniendo de un tipo como Idate.

Mientras este último se alejaba, Konohamaru se reunió con los otros dos y preguntó, dirigiéndose a Sasuke:

—¿Tengo cara de tonto?

Sus amigos lo miraron y soltaron una carcajada, y Naruto bromeó:

—No preguntes si no quieres pillar.

Volvieron a oírse risas, pero Konohamaru, que no había cambiado su gesto serio y seguía con la vista fija en Sasuke, preguntó de nuevo:

—¿Por qué no me habías dicho que tu hermanita había regresado?

Sasuke lo miró. Empezaba a estar un poco harto de su hermana y de él.

—Porque no vi la necesidad. ¿Acaso Hanabi y tú tenéis algo? ¿O todavía no te has enterado de lo que hiciste?

Konohamaru suspiró. Miró a Naruto, que era el único, junto con Tema, que sabía la verdad de lo ocurrido, y no respondió. Era mejor callar.

No obstante, la realidad era que la ausencia de Hanabi lo estaba volviendo loco, y más cuando ella se había marchado meses antes sin avisar.

La chica era lo más bonito que se había cruzado en su vida, pero también lo más complicado y doloroso, por lo que, dirigiéndose a su buen amigo Sasuke y a Naruto, que lo observaban, respondió:

—Tienes razón. No hay nada entre nosotros, pero...

—¡No hay peros que valgan, Konohamaru! —lo cortó Sasuke—. Ya lo habéis intentado y no funciona; ¿no crees que es mejor dejar correr las cosas, y más después de cómo acabó todo?

Naruto observó a su amigo. Lo jorobaba bastante que se autoinculpara por algo que no había hecho, pero cuando iba a hablar, éste se le adelantó:

—Quizá tengas razón...

—¡Quizá, no! —replicó Sasuke—. Tengo razón.

Konohamaru asintió y, con una mirada, ordenó callar a Naruto.

Sasuke, que conocía a la cabra loca de su hermana y a aquel orgulloso, lo miró justo cuando Idate regresaba, e indicó, bajando la voz:

—Perdona, pero te agradecería que me permitieras mantenerme al margen de esto. Ambos, mi hermana y tú, me importáis, y si me meto entre vosotros, posiblemente termine mal con los dos.

—Acertada decisión —afirmó Naruto.

Konohamaru asintió. Le gustara o no, sabía que Sasuke tenía razón, y entonces Idate cuchicheó:

—No me digas que hay una churri que te tiene el seso sorbido.

—¡Cállate, idiota! —protestó Konohamaru.

Sasuke miró a Naruto al oír eso y ambos evitaron sonreír, pero de pronto Konohamaru dijo, enseñándoles el móvil:

—Sin duda tu hermanita se lo está pasando de lujo en Madrid con Tema y sus amiguitos pijorros.

Todos fijaron la vista en la pantalla del teléfono. Konohamaru les mostraba una foto que Hanabi había colgado en su muro de Facebook. Naruto parpadeó al ver a Tema en la imagen, divertida, arreglada y pasándolo bien.

Pero ¿no se había ido a dormir?

Mientras Konohamaru seguía hablando con Sasuke sobre su hermana, Naruto no pudo evitar sacar su móvil y, tras buscar en sus contactos a la tal «Temari», le escribió un mensaje molesto y le dio a «Enviar».