Capítulo 13

En la fiesta de Madrid, las chicas lo estaban pasando de maravilla.

Tema, que conocía a muchos de los amigos y compañeros de trabajo de Hanabi, durante horas habló, rio, bebió y saboreó la noche, hasta que de pronto su amiga dijo, cogiendo su móvil, que estaba sobre la mesa;

—Tienes un wasap de un tal... ¿Khal Drogo?

Tema se apresuró a quitarle el teléfono. Si se enteraba de que era Naruto, el desastre estaba asegurado.

—¿Qué no me has contado, Khaleesi? —cuchicheó Hanabi.

—¡Cállate! —ordenó ella riendo.

Divertida, su amiga insistió:

—Vamos, ¿qué me ocultas?

—Nada.

—¡¿Nada?!

Roja como un tomate, Tema la miró y, cuando iba a responder, alguien llamó a Hanabi y ésta dijo:

—Luego hablamos y me cuentas quién es ese tipo con ese nombre tan sexy, ¿entendido?

Tema asintió y suspiró. Menos mal que lo tenía grabado con ese nombre y no con el de Naruto. Cuando su amiga se alejó, se apresuró a abrir el mensaje:

¿De fiesta?

¿Cómo sabía que estaba de fiesta? Y, satisfecha de que estuviera pendiente de ella, respondió:

Se hace lo que se puede.

Después de darle a «Enviar», iba a guardarse el móvil en el bolso para evitar que Hanabi pudiera volver a verlo, pero el aparato vibró de nuevo y Tema leyó:

Creí que estabas cansada por lo de anoche.

Asombrada, Tema sonrió y, tras dar un trago a su bebida, tecleó con cierta chulería:

Crees demasiado.

Naruto se quedó pasmado al leer aquello, pero, sin querer darle mayor importancia porque ella era tan libre como él, escribió:

Tened cuidado al regresar con el coche.

Tema sonrió y, consciente de lo que iba a decir, tecleó:

Dudo que regresemos esta noche con lo que tengo delante. Adiós.

En cuanto lo envió, se guardó el móvil y decidió pasárselo bien. Se lo merecía.

Naruto, por su parte, tuvo que leer el mensaje dos veces.

¿En realidad la que respondía era Tema? ¿O era Temari?

Y, sin ganas de continuar escribiendo, porque él no era nadie para pedirle explicaciones, se guardó el teléfono, miró a Sasuke y a Konohamaru, que continuaban con el tema de Hanabi, y dijo para intentar atajar el tema:

—Joder, Konohamaru, no te calientes, y menos por una tía.

—Eh... —replicó Sasuke—, te recuerdo que esa tía es mi hermana.

Idate, que había sido el último en llegar a la base y no conocía a Hanabi, seguía mirando su foto, y comentó:

—Pues, joder con tu hermanita, está para hacerle un favor.

—¡No te pases! —protestaron al unísono Konohamaru y Sasuke.

—Pero, oye... —prosiguió Idate—, ¿la que está a su lado no es Tema? —Ninguno respondió, y él afirmó—: No cabe duda de que a partir de ahora la miraré con otros ojos.

—Cierra el pico —repuso Naruto con seriedad, y en cierto modo molesto, señaló—: A las tías no hay quien las entienda.

Tras una tensión que se relajó al segundo, Sasuke se levantó para marcharse.

—Por una vez, y sin que sirva de precedente, has dicho algo coherente, Naruto.

Cuando él e Idate se alejaron, Konohamaru miró a su amigo y cuchicheó:

—Me toca las narices la fotito.

Naruto volvió a observar la imagen en el teléfono y, tras mirar a Tema, que reía divertida copa en mano, sentenció:

—Olvídate de la foto y de ella.

—Lo intento, pero no puedo —murmuró Konohamaru.

Jorobado por ver a su amigo de ese modo después de lo mal que lo había pasado por la marcha de Hanabi, Naruto le pasó un brazo por los hombros y le aconsejó:

—Céntrate en ti y en tu vida. Recuerda que ella lo quiso así.

Cinco minutos después, ambos se metieron en sus catres de la base y, sumidos en sus pensamientos, intentaron dormir.