Capítulo 17

El sexo con Naruto era colosal y, tras el segundo asalto, cuando quedaron tendidos boca arriba en la cama, él murmuró:

—Me muero de sed. ¿Y tú?

Tema asintió. También estaba sedienta.

Naruto se apresuró a levantarse. Abrió el minibar que había en la habitación y preparó dos cubatas. Sabía lo que le gustaba a Tema.

Ella también se levantó entonces, tapada con la sábana, y señaló, mirando a su alrededor:

—Deduzco que este lugar es como tu segunda casa.

Naruto sonrió.

—Deduces bien.

Tema asintió. La jorobaba pensar que iba allí con otras, pero no dijo nada. Simplemente siguió disfrutando del momento sin más, hasta que él añadió, entregándole una hojita de papel:

—Dime qué quieres que suban de cena, aunque ya lo imagino.

La joven leyó el papel.

—Mmmm..., setas, ¡qué ricas! —exclamó—. Yo quiero setas, hamburguesa con patatas pero sin cebolla y con doble de queso y, de postre, tarta de chocolate.

Naruto sonrió. Sin haber hablado con ella sabía lo que iba a pedir y, apuntándolo en un papel, preguntó a continuación:

—Coca-Cola Zero con mucho hielo, ¿verdad?

—¿Lo dudas? —respondió ella riendo.

Él rio de nuevo. No lo dudaba ni un segundo.

El motel era un lugar discreto, limpio y moderno que no muchos conocían, y que al parecer había montado hacía seis meses un amigo de Naruto, tomando ideas de otros que había visitado. Aquello era un picadero en toda regla para las parejas que no querían ser vistas.

Tras anotar lo que querían para cenar, Naruto metió el papel en el montacargas, pulsó un botón y dijo, mirando a Tema:

—A las diez en punto tendremos la cena aquí.

Ella asintió contenta mientras Naruto ponía música en el móvil. Heavy, por supuesto.

Luego él le entregó su copa y se sentaron en la cama, ella enrollada en la sábana y él totalmente desnudo. Se notaba que se sentía seguro con su cuerpo.

—¿Te importa que cambie de música? —preguntó Tema.

Naruto sonrió.

—Si es para poner polladitas romanticonas..., me importa.

En ese instante comenzó a sonar Paranoid, de Black Sabbath, y exclamó:

—¡Menudo temazo!

Tema asintió y, como necesitaba verlo contento, olvidó lo de cambiar de música.

—¿Conoces desde hace mucho a ese trajeado? —preguntó él a continuación.

Al intuir de quién le hablaba, ella dio un trago a su bebida.

Su vida sexual no era tan activa como la de Naruto, pero como no estaba dispuesta a dejarse achicar, respondió:

—Digamos que sí.

Él asintió, bebió de su copa y cuchicheó sonriendo:

—¿Te parecían bonitos los zapatos de terciopelo que llevaba?

Tema soltó una risotada. La verdad era que cuando los había visto, por muy tendencia que fueran, le habían parecido horrorosos.

—Los zapatos son un complemento que se puede quitar —repuso sonriendo.

—¡Uoooooooooo, pero qué chica más malota y atrevida! —se mofó Naruto.

A ella le hizo gracia el comentario y, mirándolo, indicó, metida en su papel:

—Tan malota y atrevida como tú. ¿O acaso los hombres tenéis el monopolio de disfrutar sin compromiso del sexo?

Quitándole importancia, Naruto repuso:

—No, cielo, no tenemos el monopolio, pero me sorprende oírte decir cosas como esa.

—¿Por qué? ¿Porque no soy despampanante ni tengo un cuerpo de infarto y no llevo escotes que enseñen mis atributos?

Naruto se quedó muy sorprendido.

—Ahí te equivocas, porque para mi gusto no careces de nada de eso —matizó—. Y si te digo que me sorprende lo que dices es porque nunca te he visto como una chica tan liberal, sino más bien recatada y...

—Mírame —dijo ella, quitándose la sábana. Naruto desvió rápidamente la mirada a sus pechos, y la joven murmuró—: Como Tema, soy la chica recatada que todos esperan, pero como Temari soy la mujer que quiero ser. Así que olvídate del recato en este momento.

Naruto asintió.

Ella se sentó entonces a horcajadas sobre él y, excitada por lo que había dicho, se metió en el papel de Temari y musitó, acercando su boca a la de él:

—Te deseo, Khal Drogo, y...

No continuó.

Lo besó.

Lo volvió loco y, cuando dejaron las copas sobre la mesilla, ella añadió, al tiempo que lo tumbaba en la cama:

—Y ahora..., haré contigo lo que quiera.

Sorprendida, pero sintiéndose como la reina del porno español, Tema osciló las caderas de atrás adelante para él, agarrando sus muñecas para impedir que se moviera. Naruto, juguetón, al ver los pechos de aquélla sobre su rostro, no lo dudó y se los chupó, se los mordisqueó, consiguiendo que la excitación de ella se acrecentara.

Besos...

Caricias...

Jadeos...

Estaban locos de deseo cuando Naruto, reconduciendo la situación, se levantó con ella en brazos y, poniéndola a cuatro patas sobre el colchón, la agarró por detrás y murmuró, tras darle una cachetada en el trasero:

—Me gusta tu descaro..., Temari.

Tema sonrió y susurró del todo desinhibida:

—Eso pretendo.

Él se puso rápidamente un preservativo, abrió sus labios vaginales y, una vez que hubo colocado su dura erección en su humedad, la agarró de nuevo de las caderas, se introdujo hasta el fondo en ella y ambos dejaron escapar un grito.

Sin descanso, se movieron ansiosos en busca de su propio placer. Se deseaban, se buscaban, mientras Naruto, con fuerza y avivado por ella, se hundía en su interior una y otra y otra vez.

Sexo...

Sexo caliente, consentido y vivaz. Eso fue lo que experimentaron, hasta que al final un orgasmo escandaloso y delicioso los asaltó y ambos cayeron rendidos sobre la cama.

Con las respiraciones entrecortadas, intentaban recuperar el aliento cuando Naruto, que estaba sobre la espalda de ella, murmuró, dándole un beso en la coronilla:

—Eres sorprendente.

Tema sonrió. La primera sorprendida con su más que atrevido comportamiento era ella misma.

—¡Me aplastas! —exclamó.

Cuando Naruto se retiró, dio media vuelta y, observando los ojos de aquel hombre que conseguía hacerla sentir la mujer más sexy del mundo con sus palabras y sus miradas, preguntó:

—Deduzco que todo bien, ¿verdad?

Naruto sonrió.

—¡Estupendo! —afirmó—. ¿Y tú?

Al sentir su mirada, ella se levantó de la cama y dijo, caminando hacia el baño:

—Bien, pero todo en esta vida es mejorable.

Naruto frunció el ceño boquiabierto. «¡¿Mejorable?!»

Cuando iba a levantarse para ir tras ella, el móvil de Tema vibró, él leyó el nombre de Sergio en la pantalla y, sin poder evitarlo, se dijo: «¿Acaso ese Sergio es mejor que yo en la cama?».

No. Definitivamente, no.

Molesto por sentirse herido, Naruto entró en el baño, donde Tema estaba mirándose en el espejo.

—¿Qué quiere decir eso de «mejorable»? —le preguntó.

Divertida, ella evitó sonreír.

Cuando se lo proponía sabía cómo darle un «¡zasca!» a su ego de machito y, sin salir de su papel de Temari, lo miró y replicó:

—Tan sólo, que todo se puede mejorar. —Reconoció la canción que estaba sonando en ese momento y preguntó con indiferencia—: Esto es Black Magic Woman de Carlos Santana, ¿verdad?

Herido en su orgullo, Naruto asintió y salió del baño, y en ese momento Tema se tapó la boca para no soltar una carcajada.

Pero ¿cómo podía ser tan inseguro?

Cuando, cinco minutos después, se dirigió a la habitación, él estaba sobre la cama y, mirándola, dijo:

—Has recibido un par de wasaps.

Ella cogió el móvil y, viendo que eran de Sergio, sonrió y se apresuró a responderle.

Naruto, que observaba cómo tecleaba, y era consciente de que era el tal Sergio, preguntó:

—¿Algo importante?

Ella dejó el móvil sobre la mesilla y contestó con indiferencia:

—Nada que no pueda atender en otro momento.

En ese instante, un pitido les anunció que su cena había llegado.

Los dos caminaron hasta el montacargas y, cuando Naruto sacó la bandeja, en la que había una flor, Tema se mofó:

—¡Qué romántico! Sólo falta que suene Eric Benét cantando The Last Time.

Naruto sonrió, percatándose de que a ella también la había marcado aquella canción. Pero no dijo nada, se relajó y disfrutó de la cena.

Cuando estaban comiéndose el postre, él preguntó:

—Irás al cumpleaños de Deidara, ¿verdad?

—No lo sé.

Intuyendo que no iría por lo de mamá Chiyo, Naruto la animó:

—Venga, ¡no puedes faltar! Vamos a ir todos, ¿cómo no vas a venir tú? Serán dos semanas en Los Ángeles muy divertidas, ¿o acaso no te acuerdas del año pasado?

Tema asintió. Claro que lo recordaba, y más, que cada noche Naruto se había acostado con una mujer diferente.

—Me gustaría mucho que vinieras... Por favor —insistió él.

Oír eso era como música celestial para sus oídos. Naruto le pedía que fuera e, incapaz de negarse a algo así, afirmó:

—De acuerdo. Iré.

Esa madrugada, cuando Tema regresó a su casa y se tumbó en la cama, pensó en lo ocurrido.

Estar con Naruto siempre era placentero, pero el sentimiento de soledad que la invadía una vez que se separaba de él era tremendo. No sabía muy bien a qué estaba jugando, pero lo que sí sabía era que era incapaz de resistirse a aquel hombre y, aun consciente de que eso no la beneficiaba, seguía haciéndolo una y otra vez.