Capítulo 20
El jueves, tras pasar por Almería para atender a otro cliente, Tema llegó a Málaga y le envió un mensaje a Matsuri para saber cómo estaba. La joven le hizo saber que se encontraba bien, lo que la tranquilizó, pues en su mente no dejaba de buscar un modo de ayudar a la muchacha.
El día en Málaga era precioso, y una vez que hubo pasado por el hotel para dejar su bolsa y cambiarse los vaqueros y la camiseta por un traje más acorde con la reunión, se dirigió hacia las oficinas de César.
Allí, el ambiente era relajado y, tras hablar con él y su equipo de lo que necesitaban en sus páginas web, se fueron a comer.
César era un tipo de unos cuarenta años, alto, bien parecido y con unos ojos preciosos y, como era de esperar, comenzó a tirarle la caña.
—¿Tienes planes para esta noche?
Tema sonrió.
—No lo sé.
—¿No lo sabes?
—Quizá regrese esta misma noche a casa —contestó ella.
A César le extrañó oír eso, pero no dijo nada.
Tras la comida, se dirigieron a una de las mejores calles de Málaga, la calle Larios, para ver el local donde él iba a abrir su nueva joyería.
—Es un local fantástico —comentó Tema—. Precioso.
Él sonrió y, una vez que estuvieron a solas en una parte del local, le preguntó:
—Si te pido que te quedes esta noche y te invito a cenar, ¿qué me dirás?
Ella lo miró y respondió con una sonrisa:
—César, no te lo tomes a mal, pero si en las ocasiones anteriores te dije que no, ¿por qué en ésta habría de cambiar de opinión?
Él, fastidiado, replicó sin apartar la mirada de ella:
—Temari, me he informado y no tienes pareja, no tienes hijos, no hay nadie esperándote en tu casa... ¿Por qué no quieres cenar conmigo?
Boquiabierta porque él hubiera tenido la poca vergüenza de investigar sobre su vida, Tema lo miró y, bajando la voz, indicó:
—Porque nunca mezclo trabajo con placer.
Acto seguido, se dio la vuelta y continuó visitando el local.
A las ocho de la tarde llegó al hotel, y estaba agotada. Se quitó la ropa y se disponía a darse una ducha cuando su teléfono vibró. Lo miró y vio que era un mensaje de Gazeru:
Sobrinita, necesito cinco mil euros.
Boquiabierta por su desfachatez, la joven resopló y contestó con un escueto:
No.
No pasaron ni dos segundos hasta que recibió:
No seas rata. ¿O acaso quieres ser la más rica del cementerio?
Tema cerró los ojos y luego le preguntó, sin dejarse amilanar:
¿He de tomarme eso como una amenaza?
Esta vez, la contestación tardó más de dos minutos en llegar:
Necesito ese dinero ¡ya!
Tema maldijo. Debía ser fuerte, como le había pedido mamá Chiyo, por lo que contestó:
Trabaja, y si ahorras lo tendrás.
Esperó respuesta, pero ésta no llegó, y sin querer seguir pensando en el tema, dejó el móvil sobre la mesilla. En ese instante sonó el teléfono de la habitación para avisarla de que un señor la esperaba en recepción.
Cuando preguntó su nombre y le dijeron que se trataba de César, maldijo y, vistiéndose de nuevo, bajó a su encuentro. Salió del ascensor con paso seguro y, al ver a César allí esperando, se acercó a él y le preguntó:
—¿Ocurre algo?
El hombre asintió. No se daba por vencido.
—Yo tampoco suelo mezclar el trabajo con el placer —empezó—, pero...
No pudo continuar. Tema le puso una mano sobre la boca y, con seguridad, murmuró:
—César, no es no. No voy a cenar contigo a solas ni hoy, ni mañana, ni pasado, y si no lo hago es por...
Ahora la que no pudo continuar hablando fue ella, puesto que vio a Naruto entrando por la puerta del hotel con el casco de la moto en la mano. Lo miró con tal intensidad que César desvió la vista hacia el lugar donde ella miraba.
—Pero...
En ese instante, Naruto se volvió hacia la derecha y, al ver a Tema con aquel trajeado, se detuvo, levantó las cejas y dijo alto y claro para que lo oyeran:
—Termina de hablar. Te espero aquí.
Tema parpadeó y resopló con incredulidad.
¿Cómo que terminara de hablar?
¿Cómo que la esperaba allí?
Al ver su expresión, César la interpretó a su manera y, dando un paso atrás, murmuró:
—Lo siento. No lo sabía...
Bloqueada por ver a Naruto allí, la joven asintió, e, intentando aparentar normalidad, replicó:
—Como ves, tengo planes. Tu información estaba equivocada.
César asintió y, sin mirar atrás, dijo, mientras salía del hotel abochornado:
—Adiós, Temari.
Cuando desapareció, Tema se acercó con paso seguro y lento hasta Naruto, que preguntó:
—¿Te ha llamado Temari?
Ella parpadeó. Al ver su expresión de sorpresa, entendió el porqué de aquella pregunta y, frunciendo el ceño, respondió:
—Sí.
—Pero ¿Temari... de Temari? —insistió él descolocado.
La joven, sin querer explicarle que fuera de Sigüenza y, en especial, en su ámbito laboral todo el mundo la llamaba Temari, repitió:
—Sí. ¿Y tú qué haces aquí?
Aún sorprendido por el descubrimiento, Naruto bromeó:
—Uisss..., ¿estamos de mal humor?
Tema resopló.
La chulería de aquél podía con ella en determinados momentos. Cuando iba a contestar, él se le adelantó:
—A ver, Gafitas, me enteré de dónde estabas y decidí pasar un día en la playa contigo.
—¡¿Decidiste?! ¿Cómo que lo decidiste?
Naruto sonrió. Su genio se le antojaba gracioso.
—Imaginé que te gustaría.
Tema parpadeó sin dar crédito y, a continuación, preguntó:
—¿Y también te alojas en este hotel?
Él sonrió. Cambió el peso de un pie a otro y señaló, bajando la voz con sensualidad:
—Si tú me das asilo en tu cama, ¡sí!
Recelosa, Tema lo miró. Tenía grabados a fuego los besos que había visto darle a otra mujer días atrás, por lo que levantó las cejas y replicó:
—Pues lo siento, pero no.
Él parpadeó sin dar crédito. Había viajado de Sigüenza a Málaga sólo para sorprenderla, y siseó molesto:
—¿Lo estás diciendo en serio?
Tema asintió.
—¡Dijiste que te gustaban las sorpresas! —replicó él.
—Dije que dependía del día —matizó ella.
Naruto asintió. Ella tenía razón, pero insistió:
—Conozco una playa salvaje y maravillosa en Marbella llamada Cabopino que es nudista y...
Pero ella dio un paso atrás y protestó:
—¿En serio vienes para eso?
Naruto la miró bloqueado. Pero ¿qué le pasaba a aquella mujer? Y, ya sin ganas de bromear, cambió el tono y repuso:
—Mira, bonita, ¡dejémoslo! —Y, viendo cómo ella lo miraba, añadió—: Tranquila, que la habitación me la pago yo y mañana regresaré a Sigüenza.
Su indiferencia y su tono molestaron a Tema, pero cuando iba a protestar, él prosiguió:
—Pensé que a Temari le haría gracia que Khal Drogo apareciera para darle una sorpresa, pero está visto que aquí sólo se juega cuando tú quieres, ¿no? —Ella no respondió, y él siseó—: ¿O quizá mi presencia te ha jodido jugar con otro?
Acto seguido, sin más, Naruto se encaminó hacia el mostrador y se dirigió a la recepcionista. La actitud de Tema había hecho que se cabreara.
Sin moverse del sitio, ella observó cómo se sacaba la cartera y entregaba su DNI enfadado.
Y de pronto se sintió mal.
Estaba claro que tenía que ser egoísta consigo misma y quererse, pero estaba en Málaga, estaba sola, lejos de Sigüenza y, ¡joder!, Naruto había ido en su busca.
Por ello, y consciente de su metedura de pata, se le aproximó.
—Naruto...
Él no se movió ni la miró. Se hizo el sordo.
—¡Naruto! —insistió ella.
No obstante, seguía sin mirarla, por lo que, acercándose más a él, pidió:
—Khal Drogo, ¡mírame!
Esta vez, al oír ese nombre, él se volvió. Ambos se miraron fijamente durante unos segundos, hasta que Tema al final dijo:
—Tienes razón. No he sido justa contigo.
—Da igual —repuso él dolido—. Ya cojo una habitación. No quiero molestar.
Pero cuando iba a volverse, ella lo agarró del brazo y, en un tono de voz que a Naruto le puso el vello de punta, murmuró:
—Habitación 603. ¡Tú decides!
Y, sin decir más, dio media vuelta y se encaminó hacia el ascensor intentando aparentar seguridad al andar, mientras rezaba en silencio para no dar un traspié y caerse.
Una vez allí, con el rabillo del ojo observó que él la estaba mirando desde el mostrador con gesto serio, y en cuanto la puerta del ascensor se abrió, subió a él sin dudarlo.
Estaba esperando a que las puertas se cerraran cuando Naruto apareció frente a ella, se metió corriendo en el ascensor y la arrinconó contra la pared, murmurando antes de besarla:
—Temari..., ¿es que pretendes volverme loco?
Tras una sesión de sexo salvaje que duró varias horas, se acabaron quedando dormidos, hasta que Tema se despertó por el ruido de su móvil. Era Matsuri, que se interesaba por ella, y le contestó con rapidez.
Una vez que hubo dejado el teléfono sobre la mesilla, miró a su lado y observó con curiosidad a Naruto. ¿Cómo podía resistirse a aquel tipo tan irremediablemente sexy y tentador?
En silencio, contempló cómo dormía desnudo sobre la cama. Mirarlo daba vértigo. Tenía un cuerpo de escándalo. Metro noventa, ancho de espalda, fibroso por la gran cantidad de ejercicio que hacía por su trabajo, pelo rubio, ojos azules y una barbita estratégica que lo hacía irremediablemente sexy y tentador.
Naruto era lo que muchos consideraban un chulito en potencia, y otras, un bombón.
Pero para ella era mucho más que eso.
Lo que los unía era el sexo, pero cuando permanecían tiempo juntos conversando, él le mostraba una faceta muy sensible que se empeñaba en ocultar a los demás, aunque Tema no entendía por qué.
Estaba pensándolo cuando él murmuró, sin abrir los ojos:
—Deberías dormir desnuda, como yo, y así me facilitarías las vistas.
Ella sonrió divertida y, tirando de su camiseta de dormir, respondió:
—Bien sabes que no me gusta dormir desnuda.
—¿Por qué?
—Porque no estoy tan segura de mi cuerpo como tú —declaró ruborizándose.
—Pero si es precioso —afirmó él con cariño.
Tema hizo un gesto natural que a él le hizo sonreír. Aunque en la cama era una fiera, en otras cosas era muy pudorosa, y, tras cogerla y atraerla hacia sí, la besó y dijo:
—Buenos días, Gafitas. ¿Preparada para ir a la playa?
Ella sonrió y cuchicheó, mordiéndose el labio:
—Pero si no tengo bikini.
Naruto abrió los ojos y, sonriendo con chulería, murmuró, colocándose sobre ella:
—A donde vamos no te hará falta.
Tres horas después, tras hacer el amor y desayunar, se vistieron y, después de hacer el check-out en el hotel, Naruto metió la bolsa de ella dentro del baúl trasero de la moto, montaron y se marcharon a la playa.
