Capítulo 21
La playa de Artola, más conocida como Cabopino, era una maravilla.
Tema miraba encantada a su alrededor. Sorprendida por ver a la gente con bañador y bikini, iba a decir algo cuando Naruto se le adelantó:
—Ésta es la zona textil, pero nosotros caminaremos hacia la izquierda, donde hay otra parte para los nudistas.
Tema asintió. Él sabría.
Poco a poco, la gente que vestía bañador iba desapareciendo, y la joven comenzó a ver a gente desnuda. Intentando aparentar serenidad, caminó entre aquéllos, que paseaban con tranquilidad, jugaban a las paletas o simplemente tomaban el sol.
Naruto, que caminaba a su lado sin cogerla de la mano, iba sonriendo. Por su manera curiosa de observarlo todo a su alrededor, se notaba que era la primera vez que Tema iba a una playa naturista.
—Ponte las gafas de sol si piensas mirar así a todo el mundo o se molestarán —murmuró.
Ella lo miró.
—No había visto a tanta gente desnuda en la vida.
Él rio y, dándole un culetazo con complicidad, replicó:
—Pues ya tocaba, ¿no?
Ella sonrió divertida, y entonces él sacó su móvil y añadió:
—Olvídate de la cobertura mientras estemos aquí. Por lo general, va y viene.
La joven asintió. No pensaba mirar su teléfono ni una sola vez.
Sin decir nada más, caminaron hasta un lugar donde Naruto soltó la mochila que llevaban y, quitándose la camiseta con sensualidad, anunció:
—Hemos llegado. Ahora, disfrutemos del momento.
Pero Temari no se movió, sino que se quedó observando con ojos expectantes cómo se desnudaba el geo. Cuando éste se desabrochó los botones del pantalón vaquero, se detuvo y, mirándola, preguntó:
—¿Qué te ocurre?
La joven sonrió. Para ella no era fácil quitarse la ropa allí, con gente a su alrededor, y susurró:
—Estoy nerviosa.
—¿Por qué?
Tema se retiró el pelo de la cara y, cuando iba a responder, él se le acercó y le dio un dulce beso en los labios. Luego, clavando sus inquietantes ojos en los de ella, murmuró:
—Nadie te va a mirar de la manera que crees y, menos aún, te van a juzgar. —Ella asintió, y Naruto matizó con una sonrisa—: Quizá sería bueno que fuese Temari y no Tema quien diera el paso.
Al oír eso, ella al final sonrió y asintió.
—Sí. Creo que será lo mejor.
Naruto dio entonces un paso atrás y, sin pensarlo más, Tema se desabrochó la blusa y se la quitó. Sin deshacerse aún del sujetador, se bajó el pantalón vaquero y, cuando estuvo en ropa interior, sin pensarlo dos veces, se quitó el sostén y después las bragas. A continuación, guardó la ropa en la mochila, miró a Naruto, que ya estaba desnudo junto a ella, y sonrió.
Irremediablemente, Tema le hizo un barrido al cuerpo de aquél, deteniéndose en cierta zona que le proporcionaba un placer extremo en determinados momentos.
—Si sigues mirándome así —comentó él divertido—, creo que vas a provocar algo en mí que hará que todos me miren.
Los dos soltaron una carcajada, y luego Naruto, cogiéndole la mano, dijo:
—Ven. Vayamos a darnos un chapuzón.
Sin querer mirar a nadie para no cohibirse, Tema caminó entre la gente, que, como ella, estaban desnudos y, una vez que llegaron al agua, Naruto la cogió y, entre risas, comenzaron a hacerse ahogadillas.
Un beso..., dos..., siete.
La intensidad del momento los excitó hasta tal punto que Naruto dijo, mirándola divertido:
—Ahora no podré salir del agua...
—¿Por?
Él no habló, sino que tan sólo gesticuló, y, tras soltar una carcajada al comprenderlo, Tema declaró:
—Vale. No volveré a acercarme a ti.
Después de un rato, cuando cierta parte de la anatomía de Naruto se tranquilizó, salieron del agua y comenzaron a pasear por la playa con el sol calentando sus cuerpos.
Tras cruzarse con una pareja y su hijo, Tema murmuró:
—Es extraño caminar desnuda entre la gente.
Él asintió. La primera vez que había ido a una playa nudista había tenido la misma sensación y, aspirando el aire sano del mar, afirmó:
—Lo sé. Pero, como ves, aquí la gente viene a disfrutar de la playa.
En silencio caminaron varios metros, hasta que ella comentó:
—No sé por qué, pensaba que en las playas nudistas había un ambiente morboso.
Naruto soltó una carcajada y, mirándola, preguntó:
—Pero ¿tú qué creías que era una playa nudista?
Tema rio a su vez y él, al entenderla, añadió:
—Claro que hay gente liberal y que practica el tipo de sexo que imaginas, pero suelen hacerlo en otros sitios, no aquí.
—Vaya... —murmuró ella.
Naruto sonrió al imaginar lo que estaba pensando, y aclaró:
—Del mismo modo que soy un crápula con las mujeres, y tú bien lo sabes, el mundo liberal no es lo mío.
—¿Ah, no?
—No —aseguró él—. Me gusta la exclusividad de estar sólo con una mujer. Yo no comparto.
Sorprendida al oír eso, Tema preguntó:
—¿Por qué?
Él se encogió de hombros.
—Porque, a pesar de ser un tío que huye del compromiso, si algo tengo claro es que las relaciones son cosa de dos, y tres son multitud.
Ella rio asombrada.
—¡Qué rarito eres! —exclamó.
Naruto asintió, entendía que lo viera extraño, y más con el estilo de vida que llevaba.
—En cuanto a esta playa —añadió—, como puedes ver, aquí reina el respeto más absoluto. Esto no es una pasarela para lucir cuerpazos ni donde hacer ciertas cosas. Aquí, uno viene a desconectar, a relajarse y a disfrutar de la unión del cuerpo con la naturaleza.
Continuaron caminando en silencio hasta que él, incapaz de callar lo que llevaba rondándole por la cabeza desde el día anterior, le soltó:
—¿Juegas también a lo de Temari con el tipo con el que te vi ayer?
Al oír eso, Tema sonrió. Lo último que haría sería acostarse con aquel hombre, pero, como necesitaba que él creyera lo contrario, respondió:
—Dejémoslo en que disfruto de la vida.
Su contestación molestó en cierto modo a Naruto. Saber que ella ponía en práctica su mismo juego con otro no le hizo mucha gracia, pero, cuando iba a protestar, la joven añadió:
—Y se acabó el tema. Yo no te pregunto a ti con quién te acuestas o dejas de acostarte.
A continuación, se hizo un silencio entre ambos, hasta que, minutos después, llegaron al lugar donde habían dejado sus pertenencias. Naruto sacó entonces un protector solar y dijo:
—La primera vez que fui a una playa nudista no me eché crema, y te aseguro que esa noche tuve que dormir boca abajo. Me quemé el trasero y lo tuve durante un par de días rojo como un tomate.
Tema soltó una carcajada.
Aquel Naruto le encantaba. El humano, el sensible.
Aquel Naruto era el que la tenía enganchada, y no el chuleras sin sentimientos y castigador de nenas que demostraba ser a menudo. Estaba pensando en ello abstraída cuando él añadió:
—Por tanto, amiga mía, te aconsejo que te pongas protección. No estás acostumbrada a que el sol te dé en tu precioso trasero y podrías quemarte.
Divertida, cogió el bote de crema que él le tendía y comenzó a echársela. El sol daba de lleno. Mientras lo hacía, observó cómo Naruto sacaba de su mochila un pañuelo gigante y lo extendía sobre la arena. Después se sentó sobre él y comentó, mirando al frente:
—Este lugar es precioso.
Tema miró a su alrededor. Sus ojos habían pasado de fijarse en las personas sin ropa que tranquilamente campaban por allí a ver tan sólo la naturaleza y la paz. Una vez que hubo terminado con la crema, se sentó junto a él y murmuró:
—Sí. Muy bonito.
En ese instante sorprendentemente sonó su teléfono y, sin mirar quién llamaba, Tema descolgó y oyó:
—Vamos a ver, niñata, ¿cómo tengo que decirte que necesito el dinero?
Al comprobar que se trataba de su tía Gazeru, la joven se envaró. ¿Por qué tenía que haber cobertura en ese momento? Naruto, que se percató de ello, la miró mientras ella respondía:
—Gazeru, te dije la última vez que ya no te daría un duro más.
—Eres mi sobrina, lo tienes y me lo darás.
—No.
Gazeru gruñó.
—Cuando regreses de tu viaje...
—¿Cómo sabes que estoy de viaje? —preguntó ella sorprendida.
—Eso a ti no te importa. Sólo tiene que importarte enviarme el dinero —insistió aquella mala mujer.
Naruto frunció el ceño. Sabía con quién hablaba Tema, y cuando iba a arrebatarle el teléfono, ella se lo impidió y, furiosa, dijo:
—Gazeru, no es no. Y haz el favor de dejar de molestarme.
—Eres una niñata y...
Pero Tema cortó la comunicación. No quería seguir escuchándola.
—Pero ¿no decías que no había cobertura aquí? —preguntó Tema molesta.
—Te dije que va y viene —indicó él.
La joven maldijo.
—Escucha, cielo —empezó a decir Naruto—, si quieres, yo puedo...
—No —lo cortó ella—. No te preocupes, que yo me encargo de esto.
No muy seguro de ello, él continuó insistiendo, hasta que Tema, que no quería jorobar su precioso tiempo con él, lo besó e indicó:
—Por favor, sigamos disfrutando de este bonito día.
Naruto no insistió más, y de inmediato se tumbaron a gozar del sol. Al cabo del rato, al sentir como éste le daba de lleno en ciertas partes de su cuerpo, Tema murmuró:
—Madre mía... ¡Qué placer! ¡Qué sensación!
Naruto sonrió. Sabía a qué se refería.
—Ten cuidado, no te quemes —cuchicheó, olvidándose de lo ocurrido hacía un momento.
Divertida, ella se encogió de piernas y, volviéndose hacia él, comenzaron a charlar de mil cosas. Cuando estaban tranquilos y distendidos, hablaban de música, de cine, de política..., cualquier tema era bueno para ellos. En un momento dado, después de un comentario de Naruto en referencia a su familia, Tema dijo sin poder evitarlo:
—¿Puedo hacerte una pregunta personal?
—Depende.
Ella sonrió. Con ciertos temas, él se apresuraba a poner barreras, pero lo miró y dijo, retirándose su rubio pelo de la cara:
—¿Cuántos hermanos tienes?
La sonrisa de él se extendió al oír su pregunta y, al pensar en aquellos a los que veía siempre que podía bajar a Cádiz, contestó:
—Once hermanos y veintitrés sobrinos.
—¡¿Qué?!
—Lo que oyes —aseguró sonriendo.
Tema parpadeó con incredulidad. Ella era hija única, no tenía familia, y, mirando a Naruto, repitió:
—¡¿Once hermanos?!
Él asintió.
—Mi padre quería un equipo de fútbol, ¡y hasta que lo consiguió, no paró!
Ambos soltaron una carcajada, y entonces él prosiguió mirándola:
—La mayor es Akiko. La siguen Haruka, Jomei, Kaito, Fuyu, Gen, Minato, Nagisa, Asa y Umi, y los gemelos y últimos de la lista fuimos Menma y yo.
Boquiabierta, Tema asintió. Aquello era toda una sorpresa.
—¿Eres gemelo?
—Sí.
—¿Tienes un hermano gemelo? —insistió sin dar crédito.
Naruto se puso de pronto serio y, rascándose el cuello, matizó:
—Lo tenía.
—¿Cómo que lo tenías?
Él miró al frente y, tras unos segundos, soltó, sorprendiéndola:
—Mi hermano Menma murió cuando teníamos veintiocho años.
Consciente de su gesto de dolor, ella cogió su mano con confianza y murmuró:
—Lo siento, Naruto.
Con la tristeza alojada en el rostro, él le apretó su mano y, al ver cómo ella lo miraba a la espera de algo más, dijo, abriendo su corazón:
—Menma se enamoró de Misuno, una chica de la barriada, y salieron juntos durante cinco años. Todo parecía ir bien, incluso hablaron de boda. Pero ella encontró un trabajo en Sevilla, se trasladó allí, conoció a otro chico, rompió con Menma y mi hermano, que era un enamorado del amor, no lo soportó y..., se suicidó.
A cada instante más alucinada, Tema no sabía ni qué decir. Se sentía culpable por haberle preguntado por sus hermanos.
Entonces él añadió, con la mirada fija en el precioso mar:
—El día que enterramos a Menma, me prometí que nunca me enamoraría.
—Pero, Naruto..., la magia del amor llega cuando menos lo esperas.
—¡¿Magia?! ¿Lo llamas magia? —Ella asintió, y él prosiguió—: Esa mierda llamada amor se llevó a mi hermano, y por eso yo soy como soy, ¡un cabrón sin sentimientos! —Intentó sonreír para dejar el dramatismo a un lado y continuó—: Y si a eso le sumas que cinco de mis hermanos se han divorciado, ¿qué crees que puedo esperar de tu supuesta magia?
Eso le aclaraba muchas cosas a Tema. Ahora comprendía por qué Naruto se comportaba como un chulo insensible con las mujeres, aunque luego en la intimidad no lo fuera. Pero, cuando iba a abrazarlo, él se echó hacia atrás y, mirándola, le advirtió:
—No, no lo hagas. Estoy bien. —Y continuó explicando—: Por eso lloraba mi madre el día que llamó para felicitarme. Pasan los años, pero ella sigue echando de menos a Menma, y más el día de nuestro cumpleaños. Por eso no lo celebro...
La angustia se apoderó del duro policía como llevaba años sin sucederle. Pensar en Menma, en su maravilloso hermano, le rompía el corazón.
—Menma era un gran romántico —añadió—. Amaba el amor y le habría encantado conocerte y hablar contigo sobre esa magia. —Tema sonrió—. Él fue quien me enseñó a disfrutar de la música de Eric Benét y...
No pudo continuar. La emoción lo embargó, y Tema, conmovida como nunca en su vida, se arrodilló sobre el pañuelo, lo abrazó y dijo:
—Te abrazo porque quiero. No porque tú me lo pidas.
Naruto sonrió. Sin duda su hermano y ella se habrían llevado muy bien. Una vez que Tema se sentó de nuevo sobre el pañuelo, exclamó mirándola:
—¡Joder! Cuánto odio cuando aflora ese lado nenaza que todos llevamos dentro.
—Se llama sensibilidad —indicó ella.
Él asintió y, tomando un poco de agua sin gas de la botellita que llevaban, comentó:
—Es la primera vez que hablo de Menma con alguien que no sea mi madre. Contigo es fácil hablar.
Tema se encogió de hombros y, suspirando, afirmó con humor:
—Es que soy un encanto.
Eso hizo sonreír a Naruto, que apostilló:
—Además de mi amiga.
A continuación, le besó el hombro con cariño. Aquella mujer era distinta. A diferencia de otras, no lo atosigaba con llamadas para quedar, y nunca, en todo el tiempo que la conocía, le había exigido nada.
—¿Puedo preguntarte algo personal? —dijo, retirándole un mechón rubio del rostro.
—Claro.
Sin apartar la mirada de ella, Naruto prosiguió:
—¿Por qué no tienes pareja?
Su pregunta la hizo sonreír y, evitando mencionar lo que sentía por él, Tema respondió tras coger aire:
—Porque todavía no he encontrado al hombre que me haga sentir la magia y la necesidad de verlo todos los días.
—¿En serio crees en eso de la magia?
—Quiero creer —afirmó ella.
Naruto asintió y dijo:
—¿Otra pregunta?
—¡Dispara!
Ambos sonrieron y, a continuación, él preguntó:
—¿Crees que nuestro juego puede interferir en encontrar a esa persona?
Guardándose una vez más la verdad para sí, Tema suspiró y contestó, intentando aparentar seguridad:
—Nuestro juego es algo puntual y consentido por ambos e, igual que lo comenzamos, acabaría si se diera el caso de que otra persona apareciera en mi vida o en la tuya.
Naruto asintió con una sonrisa.
—¿Sabes lo que me gusta de ti?
—¿Qué?
—Que despistas.
—¡¿Despisto?! —Ella rio divertida.
Naruto asintió de nuevo y matizó:
—Das una apariencia de persona frágil y en cierto modo maleable, pero luego, cuando se te conoce, te percatas de que eres más fuerte de lo que aparentas y tienes un carácter endiablado.
La joven sonrió. Sabía que aquello era cierto.
—Mamá Chiyo me enseñó que según con quién estuviera, cuándo y cómo, así debía comportarme.
—Te enseñó bien.
Tema lo miró encantada. Si él quisiera, ella... Pero, consciente de que ahora conocía el verdadero motivo de su frialdad con respecto a las mujeres, se levantó y, sin importarle el modo en que él la miraba, lo animó:
—Vamos, Mariliendre, ¡al agua!
—¡¿Cómo que Mariliendre?! —se mofó él, poniéndose en pie.
Tema comenzó a correr hacia la orilla y, divertida, le gritó al ver que la seguía:
—¡Si quieres, te llamo cucaracho!
Y, sin pensar en nada más, esas dos personas, que nada tenían que ver, comenzaron a jugar en el agua, donde se besaron como una pareja más a ojos de cualquiera.
