Capítulo 22
Sobre las cinco de la tarde, decidieron abandonar la playa. Tema no quería regresar con Naruto a Sigüenza, sino que prefería coger el tren para que nadie los viera llegar juntos. Cuando llegaron a donde estaba la moto aparcada, él notó una vibración en el bolsillo de su pantalón. Era el móvil y, sonriendo, afirmó:
—Volvemos a tener cobertura.
Tema sonrió a su vez, cogió el casco y comenzó a ponérselo. Naruto sacó entonces el teléfono de su pantalón y, mientras leía un mensaje, su expresión cambió de tal manera que ella le preguntó:
—¿Qué te pasa?
Descolocado, él le dirigió un gesto con la mano y, tras marcar un número, preguntó al teléfono:
—¿Qué ocurre, Akiko?
En silencio, Tema observó cómo él hablaba con alguien con gesto preocupado y, tras asentir, decía:
—Voy para allá.
En cuanto colgó, miró a la joven, que lo observaba.
—Era mi hermana Akiko —explicó—. Mi madre está en el hospital.
—¿Qué le ocurre?
Con un gesto tremendamente preocupado, él respondió, mientras tecleaba en su móvil:
—Todavía no lo sabe.
Sin moverse, Tema observó cómo hablaba por teléfono y rápidamente supo que había llamado a Sasuke. Naruto lo informó de que se marchaba a Cádiz porque su madre estaba en el hospital y, en cuanto colgó, la miró y dijo, mientras arrancaba la moto:
—Monta. Te llevaré a la estación.
Ella se apresuró a negar con la cabeza, y Naruto la apremió:
—Tengo prisa. Me separan algo más de doscientos kilómetros de mi madre y quiero llegar cuanto antes.
—Voy contigo.
Al oírla, él replicó:
—No. Regresa a Sigüenza.
Pero Tema insistió, preocupada por él:
—Como amigo, estuviste a mi lado cuando pasó lo de mamá Chiyo, y como amiga tuya me sentiré fatal si no me dejas estar ahora a tu lado.
Él resopló. Aquello no era buena idea. Su familia y Tema podía ser un cóctel peligroso, pero, como deseaba llegar cuanto antes a Cádiz, claudicó.
—Monta y agárrate.
Tema obedeció sin dudarlo. No pensaba dejarlo solo en un momento así.
Una hora y cuarenta minutos después, sobre las siete de la tarde, paraban la moto frente al hospital Puerta del Mar de Cádiz.
El gesto de Naruto era serio, muy serio, y Tema comentó, mirándolo:
—Tranquilo. Seguro que tu madre está bien.
Él asintió en silencio y comenzó a caminar hacia la entrada principal.
Tecleó algo en su móvil y, cuando recibió contestación, dijo presuroso:
—Habitación 303.
Sin hablar, subieron en el ascensor y, tan pronto como las puertas se abrieron, salieron de él, giraron hacia la derecha y, cuando se disponían a doblar una esquina, se oyó:
—¡Gordunflas!
Naruto se detuvo, miró hacia atrás y, al ver a su hermano Haruka aparecer junto su hermana Asa, iba a hablar cuando ésta dijo, tras mirar a Tema:
—¡Pero, quillo! ¿Cómo has tardado tan poco en llegar? ¡Ni que fueras Superman!
Él no contestó a la pregunta, pero dijo:
—¿Cómo está mamá?
Al ver la preocupación de su hermano, Haruka se apresuró a responder:
—Tranquilo, quillo, está bien. Perdió el conocimiento, le han hecho varias pruebas y mañana, cuando tengamos los resultados, si todo está bien, le darán el alta.
Naruto pareció respirar por primera vez desde que había recibido la noticia. Adoraba a su madre; apoyó una mano en la pared, asintió y murmuró, cerrando los ojos:
—Gracias a Dios.
A continuación, los cuatro permanecieron en silencio, hasta que Asa saludó a Tema, que se había quedado algo rezagada:
—Hola, soy Asa, la hermana de Naruto. ¿Y tú eres...?
Consciente de cómo aquellos dos la miraban, ella le dedicó una sonrisa, y Naruto se apresuró a responder:
—Temari..., se llama Temari y es una amiga.
Asa se lanzó a besarla y después lo hizo Haruka bajo la atenta mirada de su hermano.
—Pero ¡si ya está aquí el Gordunflas! —se oyó de pronto.
Al oír de nuevo esa palabra, Tema sonrió y Naruto, al verla, le advirtió, señalándola con un dedo:
—Ni se te ocurra decir una sola palabra de esto.
Divertida, ella hizo un gesto como si se cerrara la boca con una cremallera, pero entonces llegó hasta ellos una marabunta de gente que comenzó a besuquearlos.
Eran los hermanos de Naruto y muchos de sus sobrinos. Sorprendidos, todos miraban a la joven que lo acompañaba. Era la primera vez que él se presentaba con una mujer, y cuando Akiko se colocó junto a su hermano, le preguntó:
—Pero ¿en qué has venido para llegar tan pronto?
—En la moto —afirmó él.
Akiko miró a Fuyu; Fuyu, a Jomei, y Jomei, a Minato. Nadie entendía cómo había tardado tan poco en llegar, hasta que Naruto explicó:
—Estábamos en Málaga y...
—¿Estabais? Uou..., uou..., uou... ¿Algo que contar, tortoloides? —se mofó Fuyu.
Él resopló. Haber llevado a Tema allí iba a suponer que le hicieran un tercer grado y, plantándose ante todos con su habitual chulería, dijo:
—¿Qué tal si dejáis de comportaros como unas porteras cotillas y voy a ver a mamá?
Todos sonrieron, y Umi, tras darle un cariñoso abrazo a su hermano menor, repuso:
—No te enfades, Gordunflas.
—¡Joder! ¿Queréis de dejar de llamarme así?
—¡Quillo, qué jartible eres! —gruñó Fuyu divertida.
—¡Y qué mijita! —apostilló Gen.
Naruto maldijo. Sus hermanos y su manía por llamarlo de todo. Pero estaba ansioso por ver a su madre, así que miró a Tema y ella dijo, al ver su nivel de agobio:
—Ve a verla. Estaré aquí.
Al observar cómo su hermano miraba a la joven, Gen la cogió del brazo e indicó:
—¡Venga, ve! Yo la cuidaré.
Naruto les dirigió una mirada de advertencia a sus hermanos y, una vez que se marchó y Tema quedó a la merced de aquéllos, todos la miraron y Nagisa preguntó:
—Bueno, Temari, ¿de qué conoces al Gordunflas?
.
.
.
Agobiado por todo un poco, Naruto caminó presuroso hacia la habitación y, al entrar, se encontró con su hermano Kaito, que, al verlo, se levantó y lo abrazó, momento en el que su madre murmuró desde la cama:
—Pero, chiquillo, ¿qué haces aquí?
Sin tiempo que perder, Naruto se le acercó y, tras darle un beso, susurró:
—He venido a ver a mi chica preferida.
Kushina, que así era como se llamaba la mujer, sonrió y, pasando la mano por el pelo de aquél, indicó abrazándolo:
—Estoy bien, cariño. Sólo ha sido un desmayo tonto.
Naruto asintió y, aspirando el olor de la colonia de su madre de toda la vida, aseguró:
—No sabes cuánto me alegra saberlo.
Más tranquilo, se sentó en el borde de la cama y enseguida los tres comenzaron a bromear.
Estaban riendo cuando de pronto entraron en la habitación Akiko, Fuyu y Gen, acompañadas por una joven.
—Omaíta —se apresuró a decir la primera—, Naruto ha venido con una amiga. Se llama Temari y, curiosamente, vive en Sigüenza, como él.
Kushina se llevó la mayor sorpresa de su vida al oír eso.
Su hijo menor, el alérgico al compromiso, ¡había ido acompañado de una chica!
Y, tras mirar a Naruto, que resopló y puso los ojos en blanco, sonrió y pidió, levantando una mano:
—Acércate, Temari, que no te voy a comer.
Tema miró a Naruto agobiada. El tercer grado al que había sido sometida entre sus nueve hermanos y algunos de sus sobrinos no tenía nombre. Aun así, se acercó a la mujer y la saludó:
—Encantada de conocerla, señora. Me alegra saber que está mejor.
—Kushina —matizó ella—. Llámame así.
Tema asintió y, a continuación, la mujer musitó, mirando a Naruto:
—Pero, hijo, ¿cómo no me habías dicho que tenías una amiga tan preciosa?
Él miró a su madre, después a Tema y, finalmente, a las liantas de sus hermanas, y aclaró:
—Temari es sólo una amiga. No pienses cosas raras.
Las mujeres sonreían por aquello justo en el momento en que Haruka entraba en la habitación junto a su hija mayor y exclamaba, dirigiéndose a su madre:
—Omaíta, ¿has visto que el Gordunflas tiene novia?
Tema negó con la cabeza, y Naruto, mirando a su hermano, puntualizó:
—Temari y yo sólo somos amigos. No comencéis a inventar.
Gen tosió y murmuró a sus hermanas:
—Mi Jonás y yo también éramos amigos y fíjate ahora..., casados, con una hipoteca a treinta años y tres niños de por vida.
Los demás soltaron una carcajada, y entonces Naruto, al que estaban sacando de sus casillas, siseó, levantando la voz:
—¡Se acabó! Dejad de decir tonterías o...
—Pero, pisha —lo cortó Akiko—, ¿por qué te pones así?
Molesto por el cariz que estaba tomando el asunto, él iba a protestar cuando Tema, adelantándosele, indicó:
—Porque tiene razón. Sólo somos amigos, nada más.
Nadie puso en duda sus palabras, aunque sus sonrisitas hablaban por sí solas. En ese instante entró también Jomei y anunció:
—¡Gordunflas! Creo que le están poniendo una multa a tu moto.
Naruto se puso en marcha de inmediato y, mirando a Tema y a su madre, dijo:
—¡Enseguida regreso!
Y, sin más, corrió hacia el lugar donde había dejado su moto. Tenía que evitar que lo multaran.
En cuanto él se marchó, Kushina ordenó salir a todos sus hijos de la habitación y, contemplando a la joven, le cogió la mano y dijo:
—Eres la primera mujer que mi escéptico hijo presenta a la familia. Eso me hace intuir que eres algo especial, chiquilla.
Ella sonrió. Era inviable intentar explicarle lo que ocurría entre ambos.
—¿Por qué lo llaman Gordunflas? —le preguntó entonces a la mujer.
Kushina sonrió y, segundos después, Tema reía a carcajadas.
