Capítulo 23

Por suerte para todos, al día siguiente Kushina fue dada de alta y volvió a su casa de San Fernando, donde, como era de esperar, se reunieron todos sus hijos y sus nietos para hacerle saber lo felices que estaban con su regreso.

Con curiosidad, Tema caminó por la casa familiar de Naruto y, cuando lo pilló mirando una foto, se quedó sin palabras al ver en ella a dos muchachos exactamente iguales.

Con un gesto triste que a ella le rompió el corazón, él la miró y dijo, señalando al chico de la derecha:

—Mi hermano Menma.

Ella asintió y, cogiéndolo del brazo, le dio un cálido beso en él y murmuró:

—Estoy segura de que, allá donde esté, debe de estar muy orgulloso de ti.

Con tristeza, Naruto suspiró. Por el modo en que se comportaba con las mujeres, sobre todo con Tema, dudaba que así fuera, pero no respondió, y al ver que su madre entraba en la estancia, dijo:

—Ven. Vayamos afuera.

Sin embargo, Kushina los llamó:

—Naruto, Temari, ¡esperad!

Ellos se detuvieron y la mujer llegó a su lado.

—Le he dicho a Akiko que Temari dormirá en la antigua habitación de las chicas —declaró.

—Mamá... —se mofó Naruto.

—Mira, chiquillo, yo no soy tan moderna como vosotros, y no me parece bien que durmáis en la misma cama sin estar casados.

—Pero, mamá...

—¡Gordunflas, no me irrites!

Tema sonrió al oír eso y, cortando a Naruto, dijo, dirigiéndose a la mujer:

—Tranquila, Kushina. Estoy en tu casa y yo dormiré donde tú me digas.

Ella sonrió y afirmó, mirando a su hijo:

—A eso se le llama respeto. Muy bien, hija.

Naruto puso los ojos en blanco y, cuando su madre se volvió, Tema le dio un puñetazo cómplice que lo hizo sonreír.

Al mediodía, Akiko, Fuyu, Gen y Umi se ocuparon de preparar la comida, mientras Tema miraba cómo todo el regimiento comía por turnos en el patio de la casa, pues resultaba imposible que lo hicieran todos al mismo tiempo. Cuando terminaron los sobrinos y el último se levantó de la mesa, Fuyu exclamó:

—Por Dios..., ¡en vez de niños tenemos pirañas! ¡Cómo comen!

Divertidos, los hermanos se sentaron entonces junto a Kushina. Haruka miró a la amiga de Naruto y le preguntó:

—¿Te gustan las tortillitas de camarones, las papitas con choco, el cazoncito en adobo y el pescaíto frito?

Tema asintió y exclamó, al ver las bandejas que estaban poniendo sobre la mesa:

—¡Me encanta!

Naruto la miró divertido y, acercándose a su oído, susurró con mimo:

—No hay setas ni hamburguesas con doble de queso, pero espero que te guste.

En ese instante, vibró el móvil de la joven. Era Matsuri, que le preguntaba cómo estaba. Con una sonrisa, ella le contestó enseguida, y entonces Naruto, al verla, preguntó en tono melosón:

—¿Con quién te mensajeas, Gafitas?

Sin querer hablar de ello delante de todos, Tema guardó el móvil y simplemente indicó:

—Con una amiga.

Él no insistió, y entonces Minato comentó a grito pelao:

Ojú, la pinta que tienen las gambas de Sanlúcar, que me están gritando: «¡Cómeme, quillo!».

Tema y Naruto sonrieron. Sus hermanos, que eran pura alegría y vida, habían organizado sin proponérselo una impresionante comida y, mirándolos, señaló:

—Chicos..., cada día os superáis.

—¡Chochete lindo —gritó Asa a su hermana—, tráete platitos limpios, miarma, que se los he pedido hace un rato a Jomei, pero está acarajotao!

Tema estaba encantada.

Todos eran superamables con ella, le gustaba la relación que había entre ellos y estaba feliz de ver el cariño que todos le profesaban a Naruto, a pesar de que lo hicieran enfadar llamándolo por aquel ridículo apodo.

Estaba pensando en aquello cuando Gen le dijo a él:

—Gordunflas..., te he hecho pollo a la canilla.

Al oír eso, Naruto se llevó la mano al corazón, haciendo reír a su madre y a aquélla. Adoraba el pollo a la canilla que preparaban en su casa, y cuando Gen dejó frente a él una perola y le llegó el rico olor a vino amontillado, murmuró:

—Si es que tengo que quererte..., quilla.

Tema sonrió divertida, encantada de oír su deje gaditano. Él le sirvió entonces un poco de pollo en el plato y susurró:

—Pruébalo. Te va a encantar.

Y así fue.

Tema comió de todo lo que le ofrecían, y si una cosa estaba rica, la siguiente la superaba, y así llegó un momento en el que tuvo que desabrocharse el botón del pantalón vaquero y, mirándolos, exclamó:

—¡O paro de comer o reviento!

—¡Está engollipá! —Nagisa rio al oírla.

Una vez que terminaron de comer y convencieron a Kushina para que se echara un rato la siesta, Naruto, Tema y varios de sus hermanos y sobrinos montaron en los coches y se dirigieron a la playa de Camposoto.

Al llegar, los chiquillos, que se conocían el lugar, corrieron hacia la arena, mientras los mayores caminaban al tiempo que charlaban tranquilamente.

La sintonía de Tema con todos era increíble. Acababan de conocerla, pero la habían aceptado con naturalidad, y eso era de agradecer. Naruto estuvo jugando durante un buen rato con sus sobrinos al fútbol en la arena. Luego se acercó hasta donde ella estaba hablando con sus hermanas Gen y Asa y, mirándola, dijo:

—Vamos. Demos un paseo.

Sus hermanas sonrieron con diversión al oírlo, y cuando se alejaron, él cuchicheó:

—Cómo me jode que sean tan porculeras.

Tema sonrió y, sin darle la mano, miró a su alrededor, mientras caminaba por la casi desierta playa.

—Esto es increíble —comentó.

Naruto asintió, señaló hacia un lado y explicó:

—Toda esta zona está considerada monumento natural.

—No me extraña. Es precioso.

Continuaron caminando en silencio hasta que, al llegar a un sitio donde no podían verlos los demás, Naruto indicó:

—Oye, siento el tercer grado de mi familia, pero...

—No pasa nada..., Gordunflas —replicó ella.

Naruto suspiró al oírla.

—Por favor... —imploró con una sonrisa—, ahora tú, no...

Tema soltó una carcajada y, recordando lo que le había contado Kushina el día anterior, susurró:

—Vaya..., vaya..., ¿quién se habría imaginado que el Mariliendre que tiene tan enloquecido a Dei y a cientos de mujeres por ser un geo valiente y resultón fue en su día un niño regordete y torpe? ¿Es cierto que te chupaste el dedo hasta los siete años?

Divertido, él se agachó y, cogiéndola en brazos, se la cargó al hombro y ordenó, al tiempo que comenzaba a dar vueltas:

—Prométeme que no se lo vas a contar a nadie.

Mareada, Tema chillaba y reía, y cuando ya no pudo más afirmó:

—Te lo prometo... Te lo prometo.

Naruto se detuvo. La bajó del hombro y, al soltarla en el suelo, ella perdió el equilibrio y, antes de que él pudiera sujetarla, cayó al suelo. Naruto se apresuró a auxiliarla mientras murmuraba, sintiéndose culpable:

—Lo siento..., lo siento..., no pensé que...

Tema sonrió, recordó algo que una de las hermanas de Naruto solía decir, lo miró y musitó:

—¡Estás acarajotao!

A él le hizo mucha gracia oírla decir eso. Estar con ella en su tierra y con su familia de pronto se había convertido en algo especial, y cuando la levantó del suelo y la miró directamente a los ojos, al notar que necesitaba convencerse a sí mismo, señaló:

—Oye..., sabes que esto es lo que es, ¿verdad?

Ella asintió, consciente de la puñetera realidad.

—Claro que sí.

Con mimo, Naruto acarició entonces el óvalo de la cara de la joven. Tema era alguien muy especial para él.

—Debes hacer algo con tu vida —le sugirió—. Eres maravillosa, ingeniosa, bonita, trabajadora, buena persona y...

—¿A qué viene eso?

—Sólo digo lo que pienso —respondió él con seriedad.

—¿Tú no eres buena persona? —se mofó ella.

Naruto sonrió y, retirándole el flequillo de la frente, afirmó:

—No soy el más adecuado para definirme, pero sí sé que no soy bueno para alguien como tú. —Tena no dijo nada, y él añadió—: Deberías ser más egoísta y pensar sólo en ti.

Algo molesta por el comentario, ella murmuró:

—Vaya..., estás utilizando las mismas palabras que mamá Chiyo.

El policía asintió y, sin apartar los ojos de ella, prosiguió:

—Quizá sea porque, como te comenté, los dos queremos lo mejor para ti. —Tema guardó silencio—. Por suerte, tienes un trabajo que puedes desempeñar desde cualquier sitio y...

—¿Qué estás intentando decirme?

Naruto suspiró. Aquello no le resultaba nada fácil, pero finalmente declaró:

—Que busques tu felicidad y encuentres a un hombre que no se parezca en nada a mí, porque los que son como yo nunca te harán feliz, y tú mereces serlo.

Tema frunció el ceño.

Estaba más que claro que ocultarle a él sus sentimientos había sido una misión imposible y, dándose por vencida, preguntó:

—¿Tanto se nota?

Naruto asintió. A él no podía engañarlo. Estaba pensando en qué responderle cuando él añadió:

—Me miras de una manera distinta de como yo te miro a ti, y aunque siento cierto halago por ello, me duele, y en muchas ocasiones me sabe muy mal.

—Qué vergüenza... —murmuró ella.

Permanecieron unos segundos en silencio, hasta que él dijo:

—Te aprecio mucho, pero...

—No hace falta que sigas —lo cortó ella—. Siempre has sido claro en este tema conmigo, pero el problema es..., bueno..., ya sabes cuál es el problema: que yo soy una fantasiosa, creo en la puñetera magia y me gusta ver cosas donde no las hay.

Naruto se sentía fatal. Tema siempre había sido muy especial para él, y aunque en su interior sentía que algo nuevo y diferente estaba naciendo tras aquellos maravillosos días juntos, se negaba a aceptarlo. A él le importaba un bledo la magia. Sólo quería pasarlo bien, sin complicaciones.

—Estos días juntos están siendo especiales para mí —reconoció mirándola—, pero sé que nada va a cambiar. Una vez que regresemos a Sigüenza debemos continuar con nuestras vidas, y en la mía ya sabes que tú no...

No continuó, y ella asintió.

A buen entendedor, pocas palabras bastaban.

Naruto nunca la había engañado a ese respecto. Siempre había sido sincero con ella, y una vez más, sintiendo que el corazón se le desmoronaba, indicó:

—No te preocupes. Lo creas o no, sé cuidarme solita.

—Lo sé —afirmó él—. Pero aun así me preocupo por ti, y aunque no puedo ser esa persona que tú desearías, sí que me gustaría que me dijeras qué puedo hacer para ayudarte.

Al oírlo, Tema sonrió. De la única manera en que podía ayudarla era queriéndola, enamorándose de ella, pero, consciente de la cruda realidad, murmuró:

—No lo sé, Naruto. No sé cómo me puedes ayudar.

El geo no se movió. Se sintió cruel con aquella buena muchacha; la miró y estaba a punto de hablar cuando ella se le adelantó:

—Mira, hay algo en lo que no te voy a quitar la razón, y es en que ambos buscamos cosas diferentes en la vida, ¿verdad?

—Sí.

—Pero ¿acaso no disfrutamos del sexo juntos?

—Mucho —afirmó él.

Tema asintió y, sin apartar la mirada de él, le preguntó:

—Siempre me has dejado claro que, exceptuando eso, no me ibas a dar nada más, pero ¿acaso yo te lo he pedido?

—No —respondió él.

Y ella, que quería zanjar el tema, soltó:

—Pues entonces creo ya no tenemos más que hablar.

—¿Estás segura?

Tema sonrió. El problema era suyo, y no de él, y, consciente de su realidad, indicó, intentando ser Temari, la mujer fuerte y positiva:

—Por supuesto que sí, Naruto. Y ahora, ya que estamos en este precioso lugar y no en Sigüenza, donde todo ha de ser de otra manera, ¿qué tal si seguimos disfrutando de esta escapada antes de regresar a la apestosa realidad?

Él sonrió.

Tema tenía algo que otras mujeres no poseían; sin pensarlo, le dio un dulce beso en la frente, después otro en la boca, y cuchicheó:

—El primero se lo he dado a Tema; el segundo, a Temari.

La joven asintió y, sin cortarse un pelo, replicó:

—Me gusta más el de Temari, ¿podrías repetirlo?

Gustoso y encantado, él la cogió entre sus brazos y, alzándola, la besó justo en el momento en que Asa y Akiko aparecían tras ellos y la segunda decía:

—Eso es un beso con fundamento, y no lo que me daba el sieso de mi exmarido.

La pareja se apresuró a separarse, y Asa añadió:

—Desde luego, los amigos de hoy en día..., ¡qué libertades se toman! Si tardamos una mijita más en llegar, los pillamos haciendo el trenecito.

Naruto y Tema sonrieron, y él susurró, mirando a sus hermanas:

—Desde luego, las hermanas de hoy en día ¡qué cortarrollos que son!

Divertidos, los cuatro continuaron paseando juntos por la playa en aquel maravilloso día de sol.

.

.

.

Esa noche, tras cenar toda la tropa por turnos en casa de Kushina, cuando la mujer se acostó y cada mochuelo regresó a su olivo, Tema y Naruto fueron a tomar algo a un bar, donde él le presentó a algunas de sus amistades.

Encantados, los amigos de Naruto la aceptaron en el grupo y, divertidos, bebieron unas copas mientras la joven era consciente de que él no miraba a ninguna otra mujer y estaba del todo pendiente de ella.

Eso le gustó. La sensación de ser la única para él y sentir su protección frente a todos aquéllos era algo nuevo y diferente y la hizo sentirse especial. Tremendamente especial.

Esa noche se divirtieron charlando, bailando y besándose como una pareja más.

En Cádiz, él era el Naruto que ella sólo conocía escondido dentro de las cuatro paredes de una habitación y, dejándose llevar, disfrutó como nunca había disfrutado en su vida, sin saber que a él le sucedía lo mismo.

Estaba confundido, muchísimo, y aunque intentaba mantener su frialdad, no era capaz. Estar en su tierra con Tema era lo mejor que había hecho en mucho tiempo y, al igual que ella, se dejó llevar.

Más tarde, cuando sonó la canción Felices los 4 de Maluma, la bailaron encantados, muy... muy cerquita, mientras se miraban a los ojos y se tentaban, olvidándose del resto del mundo.

Dos horas después, antes de regresar a la casa familiar de Kushina, pasaron por la playa, donde, ocultos por la oscuridad de la noche, hicieron el amor con deseo y placer, sin pensar en nada más.