Capítulo 27

En casa del padre de Sasuke había reunión familiar puesto que, una vez a la semana, a Fugaku le encantaba llenar su hogar de gente para la que cocinar sus exquisitas croquetas.

Sentada con las mujeres, Hanabi comentó, dirigiéndose a su hermana:

—Regálale a Tobirama por su cumpleaños un fin de semana los dos solos en un balneario. Te compras algo sexy y picantón, le haces un numerito subidito de tono y lo pasáis bomba.

—¡Serás gorrinona! —protestó Naori.

Hanabi, divertida al ver el gesto de su hermana, insistió:

—Te aseguro que eso le gustará más que un jersey o una corbata.

Todas rieron, y a continuación Naori murmuró, mirando a su hermana pequeña:

—Lo tuyo... es tirar siempre por el mismo camino.

Divertida, ella iba a responder cuando su otra hermana, Hinata, le guiñó un ojo y afirmó:

—Creo que lo que te dice Hanabi sería un buen regalo para ti y tu marido. Piénsalo.

Sakura, que se lo pasaba bomba con sus cuñadas, volvió a sonreír, pero entonces Naori, que era la más clásica de todas, se atusó el pelo y repuso:

—No sé, Hina. Tenemos muchos gastos últimamente, porque entre las clases particulares de los jodíos niños y mi aguallí, creo que...

—¿Aguallí? —preguntó Hanabi—. ¿Qué es eso?

Hinata volvió a reír.

Aquagym —aclaró—. Animé a Naori a que se apuntara conmigo.

Hanabi y Sakura no podían parar de reír; Naori se puso en pie y dijo, mirándolas:

—No os soporto, señoritas perfectas.

Y, sin más se alejó, momento que Hinata aprovechó para levantarse también e indicar:

—Tranquilas..., yo iré a aplacar a la fiera del aguallí.

Cuando se marchó, Sakura y Hanabi continuaban riendo, hasta que la primera preguntó:

—¿Y Tema? ¿No viene hoy a la comida?

Su amiga suspiró al oírla y, ocultando su tristeza, señaló:

—Se ha ido a Los Ángeles.

—¿Cómo que se ha ido? —dijo Sakura asombrada.

Hanabi, que debía hacerse la sorprendida para que todos la creyeran, respondió, encogiéndose de hombros:

—Anteanoche la vi en el Croll. Había regresado de su viaje y, por cierto, venía muy contenta. Después se marchó con Nagato, el amigo de Konohamaru, ayer no la vi, y hoy he recibido un mensaje suyo de wasap diciendo que esta noche cogía un vuelo para Los Ángeles y que no sabe cuándo regresará.

Sakura se sorprendió.

Tema no era chica de tomar decisiones drásticas y, mirando a su cuñada, bajó la voz y preguntó:

—Oye..., ese Nagato no se habrá propasado con ella, ¿no?

Eva negó con la cabeza. Nagato era un tipo muy cordial, muy tranquilo; pero, para darle más dramatismo al tema, repuso mirándola:

—Ven. Preguntémosle a Konohamaru.

En otro lado del salón, este último, Sasuke y Naruto hablaban con el abuelo Goyo cuando el anciano exclamó levantando el garrote:

—¡Copón bendito! ¡Que yo no fumo! ¡Mecagoentoloquesemenea!

Sasuke miró a Goyo, aquel hombre era indomable, y, sonriendo, murmuró:

—Abuelo, que nos conocemos.

El anciano, molesto porque no lo dejaran vivir como quería, levantó el bastón que llevaba en las manos y, calándose la boina, gruñó:

—¡¿A que te pego un garrotazo?!

Todos rieron por aquello, y entonces Sasuke, que conocía mejor que nadie a su abuelo, dijo:

—De acuerdo. Te creeré y tiraré a la basura este paquete de tabaco que curiosamente he encontrado tras la maceta de la entrada.

El abuelo Goyo miró el tabaco. «¡Qué penica!» Pero cabeceó con resignación y dijo:

—Sasukeito, pos harás mu' bien.

Sasuke suspiró y, sin decir más, se dio la vuelta junto a Konohamaru, que sonreía, y ambos se encaminaron hacia la cocina. El tabaco iba a la basura.

Naruto, que no se había movido, una vez que se quedó a solas con el anciano, se sacó algo del bolsillo y, entregándoselo, dijo:

—Me ha dado tiempo a salvar éste.

El abuelo Goyo se apresuró a coger el paquete de tabaco que le entregaba, se lo guardó en el bolsillo del pantalón y, mirándolo con una sonrisa cómplice, susurró, antes de que Sasuke y Konohamaru volvieran a su lado:

—Te aisloviu, hermoso.

Naruto sonrió y luego preguntó divertido:

—¿Aprendiendo idiomas, Goyo?

El anciano asintió y, antes de alejarse, afirmó:

—Yo espikin inglisss.

Después de que se marchara con su paquete de tabaco en el bolsillo, Konohamaru y Sasuke regresaron, y este último preguntó, al ver a Naruto sonreír:

—¿Se lo has dado?

Él asintió, y Sasuke añadió:

—El paquete que he tirado estaba empapado por la lluvia de anoche y, ya que va a fumar, que se fume algo que esté en buenas condiciones.

Los tres policías sonrieron. Sin que el abuelo lo supiera, intentaban estar pendientes de él y de sus necesidades.

Hanabi y Sakura se acercaron entonces a ellos, y la primera preguntó:

—Oye, tesoro mío, ¿Nagato es de fiar?

—¡¿Tesoro mío?! ¡¿Tan gilipollitas estamos?! —se mofó Naruto.

Conteniendo las ganas que sentía de matarlo, y más después de lo que sabía, Hanabi se le acercó mucho para que sólo él lo oyera y le espetó:

—Eres un insensible, y sólo espero que algún día el karma te devuelva el dolor que ocasionas a los demás.

A Naruto le dolieron sus palabras. Sabía muy bien por qué se lo decía. Entonces Hanabi se separó de él y dijo alto y claro, dirigiéndose a Konohamaru:

—Cielo, te lo pregunto por Tema. La otra noche, al salir del Croll, se fue con Nagato, y hoy he recibido un mensaje de ella diciéndome que se va a Los Ángeles por un tiempo indefinido.

Sorprendido por la noticia, Naruto miró a las chicas. ¿Que Tema se iba? ¿Cómo que se iba?

Pero, al comprender lo que Hanabi quería dar a entender con la pregunta acerca de Nagato, clavó la mirada en su amigo y dijo, sintiendo que el cuerpo se le tensaba:

—Ese soplapollas no se habrá propasado con ella, ¿verdad?

Konohamaru, al que todos miraban con gesto serio, se encogió de hombros y, sin dudarlo, sacó su teléfono, marcó el número de Nagato y, tras hablar con él, dijo:

—Al parecer, la acompañó hasta su casa y se despidió de ella en el portal. Nada más.

—¿Nada más? ¿Y qué más quería? —soltó Naruto, al que le hervía la sangre.

Todos lo miraron, y Hanabi, mordiéndose la lengua, respondió:

—¡Pues sexo! Algo muy sano que tú, al igual que Tema y media humanidad, ¡practicas!

Naruto asintió y cerró la boca, al tiempo que por dentro bullía al saber que ella se había marchado. Pero ¿cómo podía haberlo hecho sin decirle nada?

Algo más tranquila, Sakura cogió su teléfono y, sin importarle que en España fuera la una del mediodía y en Los Ángeles las cuatro de la madrugada, llamó a Dei y conectó el manos libres. Un timbrazo...

Dos...

Tres...

Cuatro...

—¡¿Sí?!

La voz de dormido de Dei la hizo sonreír mientras todos la miraban a la espera de alguna aclaración por la repentina marcha de Tema. Sakura pidió silencio a los demás y lo saludó:

—Hola, cielo, siento despertarte a estas horas, pero...

Al reconocer su voz, Dei se sentó en la cama de golpe, se quitó el antifaz dorado con el que dormía y, alarmado, preguntó a gritos:

—¡Por el amor de my life, ¿qué ocurre, my queen?! ¿Estás bien? ¿Sasuke? ¿Sarada? ¿El abuelo Goyo? Oh, my loveeeeeeeeee, ¿qué pasa..., qué pasa?

Consciente del susto que se estaba llevando en ese momento, Sakura lo tranquilizó diciéndole que todos estaban bien. Finalmente, cuando él dejó de gritar como un loco, preguntó:

—¿Hablaste con Tema?

Dei se levantó de la cama. Le indicó a su Sasoriman, que lo miraba, que todo estaba bien y, alejándose unos pasos, se puso su batita de seda beige y contestó:

Yes!

Todos se miraron. Al menos, Dei podría aclararles todo aquello, y Sakura preguntó:

—¿Y qué te dijo?

—¡Uoooo! Pero qué curiosona eres, Cuchita. ¿Acaso yo te pregunto si tu X-Man ha vuelto a comprarte otro juguetito sexual como la mariposita pink esa con la que lo pasáis tan bien?

Sasuke la miró boquiabierto. Pero ¿qué le contaba su mujer?

Sakura, al ver las sonrisas de todos excepto la de su marido, se disponía a replicar cuando Dei, que no sabía que otros lo estaban escuchando, se colocó con glamur su cuidado pelo tras la oreja y explicó:

—Tema me llamó. Me dijo que aterrizaría en el aeropuerto de Los Ángeles a cierta hora y que fuera a buscarla.

Todos asintieron. Al menos, Dei estaba al tanto de su llegada. Entonces él bajó la voz y añadió, en tono lastimero:

—Viene por mí. Yo se lo pedí.

—¡¿Por ti?!... ¡¿Por qué?! —se interesó Sakura.

Dei fue a la cocina, abrió la nevera y, mirando en su interior, sacó un plato con patatas con mahonesa. Lo dejó sobre la encimera, cogió un tenedor y, pinchando una, murmuró:

—Creo que Sasoriman tiene un amante, y siento que..., que me voy a morir.

Nada más decir eso, todos los presentes exclamaron sorprendidos:

—¡¿Quéeeeeeeeeee?!

Dei dejó caer entonces el tenedor y exclamó en su habitual spanglish:

—Pero..., pero... ¡¿qué scandal es ése?! Cuchita..., ¿quién está escuchando nuestra más que private conversación?

Sakura miró a su alrededor y los regañó con la mirada. ¿Por qué eran tan bocazas? Y, resoplando, dijo:

—Haced el favor de saludar a Dei.

El primero en hacerlo fue su propio marido, que, avergonzado por haber sido pillado, dijo:

—Hola, Dei, soy Sasuke.

Oír la voz de aquel hombre al que tanto quería y admiraba hizo sonreír a Dei, que, ronroneando, susurró:

—Hola, guapísimo X-Man moreno y divine de mis sueños más húmedos y enrevesados. ¡Qué calladito estabas! Vaya..., vaya..., no conocía esa vena tuya de curious.

Sasuke resopló, y Sakura miró al siguiente, que saludó sin muchas ganas:

—¡¿Qué pasa, amigo?! Soy Naruto.

Dei suspiró.

Oh, my God! Mi Batman preferido. Hola, my love. Lo que daría yo ahora mismo por admirar con mis eyes adormilados tu body fibroso y apolíneo de macho man tentador y dangerous.

Naruto puso los ojos en blanco, no estaba para bromas; entonces Konohamaru saludó:

—Dei, soy Konohamaru.

—Uisss..., pero si también está mi heteropetarda sonriente. Hola, cuquito lindo. Por lo que sé, tus deseos se han convertido en realidad y mi queen Hanabi ha vuelto a fijar sus bonitos eyes en ti. Veamos cuánto duráis sin mataros...

Divertida, Sakura sonrió, y en ese momento Hanabi saludó:

—Aquí está tu queen Hanabi.

Dei soltó una risotada.

—¡So perrilla! Espero que estés disfrutando de tu reconciliación con el Hombre de Harrelson. ¡Ya me contarás si te satisface tanto como cierto dulce de milk!

—¡Vale! —afirmó Hanabi, ganándose una miradita seria de Konohamaru.

Sakura iba a hablar entonces, pero Dei la interrumpió.

—Mi secret a voces —musitó en plan lastimero, metiéndose una patata en la boca—. Vosotros tan estupendos y happy, y yo aquí, comiendo al más puro estilo ballenil. ¡Oh, my God, qué vergüenza!

A partir de ese instante, todos intentaron animarlo. Ninguno creía que Sasoriman pudiera estar haciéndole algo así y, cuando la tranquilidad de Dei estuvo tan repleta como su estómago de patatas con mahonesa, Sakura continuó:

—En cuanto a Tema, dices que ella va porque tú la llamaste.

—Sí. Le dije que la necesitaba y my baby, sin dudarlo, viene a mí. ¡Es un amor!

Todos asintieron. Eso los dejaba más tranquilos. Sin embargo, Naruto seguía sorprendido. ¿Cómo no le había hablado ella de ese viaje?

Cuando Sakura colgó el teléfono, miró a los demás y anunció con una grata sonrisa:

—Asunto aclarado.

Todos sonrieron, excepto Naruto, que se quedó algo pensativo.

En ese momento, Fugaku, el padre de Sasuke y de Hanabi, salió con Shizune, su pareja, y la pequeña Sarada de la cocina y exclamaron:

—¡Todos a comer! ¡Ya están las croquetas!