Capítulo 30
Cuando Tema se despertó, la sensación que tenía era de haber dormido una barbaridad.
Miró enseguida el reloj que había sobre la mesilla y, al ver que eran las nueve y veinte de la mañana, suspiró. Tampoco había dormido tanto.
Durante un rato estuvo mirando al techo. Estaba en Los Ángeles, a miles de kilómetros de Naruto, y de pronto se horrorizó.
Pero ¿qué había hecho?
¿Podría estar más de una semana sin verlo?
Estaba pensando en ello cuando recibió una llamada de un amigo llamado Jens, al que había conocido en su último viaje a Los Ángeles. Encantada, Tema le contó que estaría allí un tiempo, y quedaron en verse. Salir con Jens por la ciudad siempre era divertido.
Una vez que hubo terminado la conversación, vio que tenía varios wasaps de Naruto y, suspirando, los leyó:
¿Por qué no me contestas?
Necesito hablar contigo.
Tema, llámame.
Haciendo un gran esfuerzo, no le contestó ni tampoco lo llamó. Necesitaba desengancharse de él, y, dejando el teléfono a un lado, salió de la cama y se fue directa al baño, donde se dio una ducha que le sentó de maravilla.
Cuando, minutos después, salió de su cuarto para dirigirse al salón, oyó al pasar por delante de una habitación:
—¡Desastritooooooooooo!
Con una sonrisa, se detuvo, entró en la estancia y, al ver a Dei caminando sobre una cinta de correr, preguntó:
—¿Desde cuándo eres tan deportista?
Su amigo, vestido para la ocasión con un conjunto fosforito de mallas verdes y una camiseta de tirantes naranja, respondió:
—Desde que me como todo lo que pillo..., ¡qué ansiedad tengo!
Tema sonrió. Dei era un exagerado. Pero, cuando iba a acercarse a él, un tiarrón de dos metros por dos, musculado y guapo a rabiar, se colocó a su lado y dijo en inglés:
—Aún le quedan dieciséis minutos de cinta. No puede parar.
Tema asintió boquiabierta y, mirando a Dei, éste le aclaró:
—Es Brandon McQueen, mi personal trainer. Increíble, ¿verdad?
El entrenador miró a Tema, y ella, sonriendo, le dio la mano e indicó en su perfecto inglés:
—Encantada. Soy Temari, una amiga de España.
—Oh, my God! —Dei rio—. ¿Te has cambiado el nombre? ¿Ya no eres Tema?
La joven asintió y, segura de lo que iba a decir, afirmó:
—Mi nombre real es Temari, ya lo sabes. Pero todos me habéis llamado siempre Tema. Tú te llamas Deidara y todos te llamamos Dei. Pues bien, he decidido que a partir de ahora todo el que entre en mi vida ha de llamarme Temari. ¿Algún problema?
Sudoroso, él la miró y, sonriendo, canturreó:
—Temari... I just met a girl named Temariiii...
Tema sonrió. Reconocía aquella canción de la película West Side Story, y cuando iba a decir algo, Dei añadió:
—I love el nombre de Temari.
Brandon, que no había entendido ni una palabra de lo que decían en español, tras saludar a la tal Temari regresó a la mesita de la que se había levantado, momento en el que la joven se acercó un poco más a su acalorado amigo, que continuaba sobre la cinta, y, bajando la voz, le preguntó:
—Y este tío tan estupendo ¿de dónde lo has sacado?
Él sonrió y cuchicheó:
—Es el personal trainer de Bradley, Scarlett, Leonardo y Brad. Y, si ellos están tan divine, ¡yo no quiero ser menos! —Menchu asintió boquiabierta cuando éste añadió—: Y, ahora que me fijo..., creo que tampoco te vendría mal a ti.
Tema lo miró quitándose las gafas. ¡Ni loca!
El deporte y ella nunca habían sido buenos amigos; se tocó la barriguita, sonrió e indicó, saliendo de la estancia:
—Adiós, my love. Te espero desayunando en la cocina unas ricas tostaditas con mantequilla y mermelada.
Dei, al que llevaban rugiéndole las tripas desde hacía horas, siseó:
—¡Será perra!
.
.
.
Media hora después, cuando Tema ya iba por el segundo café, Dei y Brandon entraron en la cocina.
—Hoy tienes que tomar queso fresco, pavo, una barrita integral y un café con leche desnatada y sacarina —señaló el entrenador.
—¡Me muero por comerlo! —aplaudió Dei, abriendo el frigorífico.
Brandon, con su bolsa de deporte colgada del hombro, miró a Tema y se marchó. Y, en cuanto cerró la puerta, Dei chilló:
—I need dos tostadas con mermelada y mantequilla ¡ya! o me volveré ¡crazy!
Divertida, Tema, que tenía la tostadora a su lado, metió las dos rebanadas de pan mientras él sacaba del frigorífico la mermelada y la mantequilla, y cuando se sentó junto a ella, dijo:
—Lo sé. Esto no es lo que el divine Brandon me ha dicho, pero lo necesito.
Su amiga no dijo nada. Si alguien llevaba fatal los regímenes, ésa era ella.
Cuando Dei terminó de prepararse las tostadas, tras dar el primer bocado, los ojos le hicieron chiribitas, y murmuró, abriendo un cajón, de donde sacó una caja rosa:
—Estoy enganchado a todo lo que engorda. ¡No puedo vivir sin engullir! Amo los dónuts..., los amo..., los amo...
Divertida, Tema observó aquella caja con dónuts de colores y no dijo nada.
—¿Has hablado ya con tu amigo Jens? —le preguntó Dei.
—Sí —afirmó Tema—. He quedado en llamarlo para vernos.
—¡Qué majo es ese chico! Por cierto, coincidí con él en una party hace poco, ¿te lo dijo?
—Sí.
—Pues el día que quedes con él, dímelo, y si a Sasori le viene bien, nos tomamos algo juntos.
—OK —asintió la joven.
Un buen rato más tarde, después de que Dei se hubo metido en el cuerpo dos tostadas con mantequilla y mermelada, dos dónuts, un zumo de piña y un par de cafés, se sentaron en el jardín y estuvieron divirtiéndose con las perritas de aquél, que eran todas una monería. Tema cogió a Greta y le preguntó:
—¿Tú no querías una pomerania toy blanca?
Dei asintió y, tras suspirar, cuchicheó:
—Sí, pero Sasori no quiere más hijos. Dice que con cuatro loquitas ya vamos sobrados y, aunque me cueste reconocerlo, sé que tiene razón.
Se divertían al charlar de las perritas cuando él, soltando a la que tenía en las manos, murmuró con gesto dramático:
—¡Me siento fatal!
—¿Por qué? ¿Qué ocurre ahora?
Dei se llevó la mano al cuello, miró a su amiga y susurró:
—He desayunado como si no hubiera un tomorrow.
Tems iba a decir algo cuando él añadió:
—¡No tengo remedio! Soy un drogodónuts. Pero ¡si hasta los escondo!
La joven suspiró. Dei era Dei. Entonces éste anunció, cambiando de tema:
—Ya he reservado para cenar en el local donde trabaja el adonis ese con el que creo que me la está pegando mi Sasoriman. La reserva es para dentro de unos días.
—¡¿Qué?!
—¡Ay, my love! Si ves que cojo un tenedor y se lo voy a clavar, ¡párame! No quiero acabar vistiendo de naranja, ¡qué horreur! Me sienta fatal ese color.
Tema preguntó sin dar crédito:
—¿Y por qué reservas allí si trabaja ese tipo? ¿Acaso eres masoquista?
—Lo soy, mi queen. Pero si he reservado es para que me digas si ves las miraditas cómplices que yo veo entre los dos o soy yo, ¡que estoy crazy!
Tema asintió. Desde luego, no le había tocado un buen papel. Adoraba a Dei y también a Sasori. Ambos siempre eran maravillosos y cariñosos con ella, por lo que, tranquilizando a su amigo, indicó:
—Prometo contarte lo que vea.
—Thanks!
A continuación, se hizo un silencio incómodo entre ambos, hasta que Dei explicó:
—He hablado con Hanabi...
—Buenoooo...
—Y, antes de que continúes, he de decirte: ¿de verdad, my love, pensaste que me creería que ya no te revolcabas con el Mariliendre?
Tema asintió. Había llegado el momento de hablar de ello y, tomando aire, farfulló:
—Dei, lo intenté. Intenté alejarme de él, pero, cuanto más lo intentaba, más complicado era todo y... y, bueno..., él...
—Stop! Vayamos por partes. Hanabi me lo ha contado, pero I need que seas tú quien lo haga. ¿Qué intentaste?
—Él sigue siendo como es... —reconoció Tema, quitándose las gafas—, ya sabes...
—Un X-Men pretty, sexy y tentador —afirmó Dei.
—Exacto. Y uno de los días, tras verlo con una chica guapísima, no pude más y, enfadada, le señalé que a partir de ese instante se habían acabado ciertas licencias entre nosotros y sólo seríamos amigos.
—¡¿Sólo?! Eso no te lo crees tú ni crazy.
Tema asintió. Su amigo tenía razón.
—Pero volvimos a encontrarnos —prosiguió—. La rueda de mi coche se pinchó, discutimos, nos miramos, nos besamos, y él se ofreció a cambiarme la maldita rueda.
—¡Uoooooo! Tell me... Tell me... ¡Qué morbo imaginar al Mariliendre sudoroso y con grasita por el body!
Ella rio.
—Luego me invitó a comer, y yo acepté. Después dimos un paseo, hablamos, nos sinceramos y, bueno, pues ocurrió..., ¡eso!
—¿Te looo...?
Tema asintió.
—Al aire libre, en las ruinas de un viejo castillo.
—¡Qué marvellous! Tell me... Tell me...
Pero, no dispuesta a contar cómo había sido aquel momento, Tema dijo mirándolo:
—Y también le hice una proposición indecente.
Dei se llevó la mano al cuello en un gesto teatral. ¿Quién era aquélla y dónde estaba su Tema? Y canturreó:
—«La gata quiere gatooooo...»
Ambos rieron, y él insistió:
—¿Proposición como la de la película?
Al recordar a qué película se refería, ella sonrió, y él, encantado con la historia, la animó a seguir.
—Oh, my God! ¿Qué proposición le hiciste, so perrilla?
Tema suspiró.
—Sexo puro y duro —contestó—. Yo sería Temari...
—¡Uoooo, Temari...! Qué lanzada te noto.
—Y él sería Khal Drogo y...
—¡¿Khal Drogo?!
—Sí.
—¡Por el amor de Diorrr..., mira la Khaleesi!
Tema sonrió. Era inevitable oír esa respuesta. Tras hacer varios aspavientos, Dei murmuró:
—¡Khal Drogo! ¿Y aceptó?
—Sí.
—Oh, my Goddddddddddddddddddddd! —gritó él—. Oh-my-God!
Incapaz de no sonreír ante los gestos y los comentarios de su amigo, Tema continuó:
—Y desde entonces nos vemos en un hotel, donde pasamos horas practicando sexo sin límites de las formas más placenteras, morbosas e increíbles. Y ahora no sé si voy a poder estar sin verlo siquiera tres días.
Dei se abanicó con la mano. Imaginar al fibroso y sexy de Naruto, con todo su potencial, practicando ciertas cosas lo acaloró, ¡lo abrasó! Y, cogiendo la jarra de agua que había sobre la mesa, se la tiró por encima.
—¿Qué haces? —exclamó Tema sorprendida.
Limpiándose el agua que resbalaba por su rostro, Dei murmuró:
—Me abraso... ¡Qué scandal!
Tema soltó una carcajada, y él comentó:
—Naruto y Khal Drogo en un solo man..., ¿puede haber algo más morboso?
Ella negó con la cabeza y, tras darle a su amigo una servilleta para que se secara el rostro, prosiguió:
—El caso es que todo parecía ir bien, pues creía que había conseguido separar la amistad del sexo, pero entonces tuve que viajar a Málaga por trabajo y él se presentó allí...
—¿Qué me dicesssssss?
—Lo que oyes.
—¿Mi Batman te buscó?
—Sí.
Satisfecho al oír aquello, pues siempre había visto que entre aquellos dos había algo muy, pero que muy especial, Dei canturreó de nuevo:
—«El gato quiere gataaaaaaaa...»
—Se presentó en mi hotel —continuó ella—, dispuesto a pasar la noche conmigo para, al día siguiente, llevarme a una playa nudista.
—Creo..., creo que necesito más water fría, ¡congelada! —musitó Dei sorprendido.
Tema lo sujetó, no quería que se moviera, y como necesitaba continuar con la historia, dijo:
—Pasamos una ardiente noche juntos y al día siguiente fuimos a la playa nudista y..., tras pasar un estupendo día, cuando pensábamos regresar a Sigüenza, él recibió una llamada de su hermana diciéndole que su madre estaba en el hospital, por lo que montamos en su moto y nos fuimos a Cádiz para visitarla.
—No sabía nada. ¿Está bien su mother? —preguntó él preocupado.
—Sí, tranquilo. Fue sólo un susto, Kushina está perfecta.
—Menos mal. —Suspiró aliviado.
—De pronto —contó Tema, levantando las manos—, me vi engullida por una familia cariñosa, escandalosa y divertida —evitó hablar más de ella—, y por un Naruto atento, caballeroso, cariñoso las veinticuatro horas del día, que nada tiene que ver con el que vive en Sigüenza, y te juro, Dei, que mi corazón no pudo soportarlo.
—Oh-my-God!
—Y yo me dejé querer —farfulló Tema—. Simplemente disfruté del momento, pero cuando regresamos a Sigüenza, la asquerosa realidad me arrancó el alma al ver que esa misma noche él ya estaba con otra mujer.
—Ay, mi Khaleesi... ¡Cuánto lo sorry!
—Lo habría matado —siseó malhumorada.
—Normal. ¡Es pa' matarlo!
Tema asintió. Le dolía recordarlo, y muy segura murmuró:
—Tengo que cambiar. No puedo seguir viviendo así. Hablé con Naruto mientras estuvimos en Cádiz, y él mismo me dijo que tenía que olvidarme de él porque nunca sería bueno para mí. Y... y tiene razón. ¡No puedo continuar siendo tan tonta! No puedo caer en sus brazos cada vez que él me mire o me sonría. Me manda mensajes que me niego a contestar y... y... Estoy rota y necesito reconstruirme. Se lo prometí a mamá Chiyo. Se lo firmé. Y he de hacerlo.
—Of course!
—Y luego Hanabi lo descubrió todo y, bueno..., imagino lo que has hablado con ella y ya sabes lo que quiere que haga.
—Yes! Una locura —cuchicheó aquél—. Aunque reconozco que nada me gustaría más que hacerle ver a ese Atila con cara de peligro que te sobran los hombres.
—Tampoco te pases.
Dei sonrió y, bajando la voz, continuó:
—My love, si jugamos, jugamos bien, y yo tengo muchas armas para jugar porque conozco a muchos pretty men. Adoro a Naruto, ¡lo amo!, pero disfrutaré viendo su cara cuando te vea despampanante y en compañía de otros hombres.
Tema se acaloró. Negó con la cabeza. En lo último que pensaba era en salir con otros.
Dei cogió entonces la jarra, en la que aún quedaba agua, y, sin más, la vació sobre ella.
Sorprendida y empapada, ella lo miró, y él declaró, dejando la jarra sobre la mesa:
—¡Se acabó! Y espero que esta agua aclare tus dudas.
Tema no dijo nada. Sólo lo miraba con el agua chorreándole por la cara, hasta que él le agarró las manos y susurró:
—Te I love you, y sólo espero que algún día encuentres a ese alguien especial que te abrace tan fuerte que consiga unir de nuevo esas partes rotas que hay en ti.
La joven suspiró y, necesitada de respuestas, preguntó:
—Y mientras tanto ¿qué hago? ¿Qué hago si sigue enviándome mensajes? ¿Qué hago si no me lo quito de la cabeza aunque lo intente?
Compadecido, Dei no supo qué decirle y, como necesitaba tiempo para pensar, hizo que ella se levantara y, cogiéndola de la mano, afirmó:
—De momento, te vas a quedar aquí con Sasori y conmigo, no vas a contestar a esos mensajes y lo vas a pasar fenomenal ¡porque te voy a presentar a muchos men estupendos!
—Ésa es otra..., no quiero molestaros.
—Ah, no..., tú no molestas. Es más, eres una invitada divine para Sasori y para mí, y deseamos que te quedes todo el tiempo que quieras.
Tema suspiró entristecida, pero él, tocándole su descontrolado cabello, indicó:
—Y, my love, para empezar, vamos a visitar a mi peluquero Chipens para que te corte esas puntas. ¡Y no acepto un no por respuesta!
