Capítulo 31
Tema no estaba acostumbrada a que la tratasen como una reina. Y Dei, que era consciente de ello, se encargó de hacerla sentir bien en todos los sentidos, escuchándola, apoyándola y animándola, algo que ella agradeció.
En esos días le presentó a varios amigos, como él decía, guapos, estilosos y, por supuesto, con dinero, aunque a Tema no la impresionaban. Sin embargo, dispuesta a pasarlo bien, salía con ellos y la verdad era que se divertía, pero cada vez que recibía un wasap de Naruto preocupándose por ella, el corazón se le paraba.
¿Por qué no la dejaba en paz?
¿Por qué no se daba cuenta de que no quería saber nada de él?
Pasear por Rodeo Drive se convirtió en un ejercicio diario en el cual saludaban a los amigos de Dei y la joven sentía que el aire nuevo le sentaba bien. Eso era lo que necesitaba, olvidarse de todo y disfrutar.
¡Se lo merecía!
Pasó el tiempo y llegó el día en que Dei tenía aquella complicada reserva para cenar en el sitio donde supuestamente trabajaba el hombre que le estaba robando el amor de su Sasoriman.
Esa noche, cuando llegaron al restaurante, Dei y Tema se sentaron a esperar a Sasori. Él, con todo el glamur que era posible, miró a su alrededor y, al localizar a cierta persona, dijo, acercándose a su amiga:
—Mira el boy divine de tu derecha.
Tema lo hizo enseguida.
A pocos pasos de ella, un joven de unos treinta años, alto, moreno y con unos ojos increíblemente atrayentes, atendía una mesa. El tipo, como poco, era de admirar, y Dei cuchicheó:
—Ése es Harry Goodman. ¿Entiendes ahora el motivo de mi crazy ansiedad?
Ella asintió. Lo entendía mejor de lo que él podía imaginar.
En ese instante llegó Sasori, que besó a Dei en los labios y a ella en las mejillas y dijo con una sonrisa:
—¿Qué tal si pedimos ya?
Con gusto, los tres leyeron sus cartas, y a los pocos minutos Harry se acercó a su mesa y los saludó con una espectacular sonrisa.
Una vez que hubo tomado la comanda de las bebidas y se marchó, Sasori preguntó, mirando a Dei:
—¿Qué tal vuestro día?
Él, con su desparpajo habitual, le contó enseguida lo que habían hecho, y Sasori le prestó toda su atención sin mirar en ningún momento a aquel tipo.
Estaban hablando cuando otro camarero se aproximó para tomarles nota de la cena y, en cuanto se retiró, Sasori comentó, dirigiéndose a Tema:
—Por cierto, hoy he hablado de ti con una amiga.
—Espero que le hablaras bien —bromeó ella.
—¿Qué amiga? —quiso saber Dei.
Sasori le sonrió a la joven y luego miró a su chico y aclaró:
—Miranda Withman.
Dei, que sabía de quién se trataba, sonrió y preguntó:
—¿Y qué tienes tú que hablar con Miranda de mi queen?
Todos rieron y Sasori indicó:
—Me preguntó quién me había diseñado la página web y le conté que precisamente esa persona estaba alojada en casa en estos momentos, y quiere conocerte.
Dei sonrió. Que Miranda quisiera conocer a Tema podía ser una estupenda oportunidad para su trabajo, y le dijo:
—Uoooo, my love. Miranda es una de las directivas más potentes de Cadillac.
—¿Cadillac? ¿Los coches? —preguntó Tema.
—Pues claro, queen. Los coches de superlujo.
Ella miró a Sasori sorprendida.
—Te llamará mañana —señaló él—. Al parecer, Cadillac desea actualizar su página web a nivel mundial y no quieren a la misma empresa de siempre porque buscan un enfoque distinto. Algo más actual e innovador.
Tema asintió asombrada, y Dei cuchicheó:
—Baño de color en el pelo y ¡Cadillac! Un buen comienzo, ¿no crees?
Estaba sonriéndole a su amigo cuando con el rabillo del ojo se percató de que Sasori hacía un extraño movimiento con la cabeza cada vez que Harry pasaba por delante de él. A continuación, dejó la servilleta sobre la mesa y dijo:
—Disculpadme un segundo. He de ir al baño.
Dei, que no se había dado cuenta de nada, continuó hablando sobre los maravillosos coches de aquella marca. Al poco, dos hombres se acercaron a su mesa y Dei se apresuró a saludarlos. Eran Kakuzu y Hidan, unos amigos suyos. Cuando se los hubo presentado a Dei, a la que ahora daba a conocer como Temari, se enzarzó en una loca conversación con ellos sobre locales de ambiente; en ese momento ella se levantó y, tras hacerle una seña a su amigo, se dirigió a los aseos.
Cuando entró en la antesala de los mismos, se quedó parada.
¿De verdad Sasori se la estaba pegando a Dei en los baños del restaurante con el tal Harry?
Indignada, esperó unos segundos y, al oír unas risitas que provenían del interior del aseo, algo en su interior se removió y, con toda su mala leche, abrió la puerta y, al ver a aquellos dos muy juntitos y sonrientes al fondo, exclamó:
—¡Qué vergüenza, Sasori! Dei enamorado de ti, y tú aquí, metiéndote mano con ese... ese... chico.
—Tema... —murmuró él.
—¡Ni Tema... ni Tema! —siseó, sin levantar en exceso la voz para no ser oída fuera—. ¡Gilipollas! ¿Por qué la mayoría de los tíos tenéis que tener ese puñetero gen infiel?
—Creo que...
—¿Crees? —replicó ella—. Lo que yo creo es que te voy a romper las manos para que nunca más puedas tocar el piano y después te...
—¡Tema! Por el amor de Dios —gritó él horrorizado.
La joven se retiró el pelo de la cara y, acercándose a ellos en actitud intimidatoria, espetó:
—No te pateo el trasero ahora mismo porque sé que Dei no me lo perdonaría, pero, si por mí fuera, sin duda los dos os llevaríais vuestro merecido.
Sasori y Harry dieron un paso atrás.
Aquella española, con su agresividad, no les hacía la más mínima gracia.
—¡Qué pena, Sasori! —continuó ella—. Te creía diferente. Te creía un hombre íntegro, decente, enamorado, y no un picaflor que va de capullo en capullo demandando algo que seguro que Dei te da en tu casa con holgura.
Ellos se miraron estupefactos, y cuando Sasori iba a decir algo, Tema gruñó, señalándolo con el dedo:
—Que sepas, o mejor, que sepáis los dos, que Dei no es tonto y se ha dado cuenta de vuestro jueguecito.
—¡¿Qué?! —preguntó Sasori.
—Lo que oyes. El hombre que está ahí fuera esperándote sufre, y sufre por ti, ¡capullo!
Bloqueado, Sasori no sabía qué decir, y cuando ella iba a dar media vuelta para salir de allí, sin tiempo que perder, le arrancó a Harry el móvil que éste tenía en la mano y dijo, sujetándola del brazo:
—No sé de qué hablas y, por supuesto, Dei no me ha dicho nada. Pero te informo de que si estoy aquí con Harry escondido en el baño, es por el regalo de cumpleaños de Dei.
Ella lo miró desconcertada y él añadió, mostrándole el teléfono:
—Harry y su marido, Dan, están pensando tener una camada de pomerania toy. Casualmente, tienen un macho y una hembra blancos, y como Dei siempre ha querido uno, yo...
Tema miró la pantalla del teléfono, en la que se veía a dos pomerania blancos.
—Entonces ¿no estás liado con Harry? —susurró.
Sasori negó con la cabeza.
—Pues claro que no, pero ¿por quién me tomas? ¡Yo adoro y amo a Dei!
Tema quería morirse, y Harry, recuperando su teléfono, indicó:
—Disculpe, señorita, pero yo estoy felizmente casado con mi marido.
Horrorizada por su metedura de pata, ella susurró:
—Por favor, perdonadme. ¡Qué vergüenzaaaaaaa!
Sasori sonrió. Le gustaba que su chico tuviera una amiga que diera así la cara por él; la abrazó y dijo:
—Gracias por querer a Dei como lo quieres. Y, antes de que añadas nada más, te diré que desde que estoy con él he aprendido a jugar al ajedrez para evitar que un mal movimiento me haga perder a mi reina. Él, y su locura, es lo único importante para mí.
—Ohhhh, qué bonitoooooooooo —murmuró Harry emocionado.
Tres minutos después, Sasori regresó junto a Dei, que seguía charlando muy animado con sus amigos. Cuando volvió Tema, la miró y le preguntó con disimulo:
—Pero ¿dónde te habías metido?
La joven sonrió. El secreto del cachorrito estaba a salvo con ella e, inventándose algo, dijo:
—He ido a investigar a Sasori, pero puedes estar tranquilo: el tal Harry ¡está con otro! Sus miraditas tienen un porqué que nada tiene que ver con lo sexual y que pronto tú mismo descubrirás.
—¿Y no me lo puedes decir tú?
—No, y fíate de mí, ¿vale? —Él asintió, y ella zanjó—: Así que deja de pensar cosas raras, porque tu chico..., sólo tiene ojos para ti.
A Dei le tembló la barbilla.
Sus sospechas no eran ciertas, y suspiró emocionado; Tema, con una preciosa sonrisa, se tocó el cabello y dijo:
—¿Sabes que estoy pensando en darme unas mechitas claras?
Dei sonrió y, por primera vez en mucho tiempo, volvió a sentirse la reina del lugar.
