Capítulo 34

Los días pasaron, y Tema y Dei no volvieron a comentar la extraña visita de Naruto, aunque sus mensajes cesaron a partir de entonces y ya no la molestó más.

Tema tuvo una reunión en sus oficinas con Miranda Withman, la directiva de Cadillac. La mujer le indicó lo que quería para su web, al igual que hizo con otros aspirantes, y, tras invitarla a ella y a sus amigos a una gala que organizaba la empresa en un precioso teatro, le dio la oportunidad de presentarle un proyecto en un plazo de diez días.

Estaba pensando en ello mientras Dei charlaba con Hanabi por teléfono, y lo oyó decir:

—¡Qué divine!

Aunque aún faltaban meses, estaban hablando de su fiesta de cumpleaños, que se había convertido en todo un acontecimiento entre sus amigos y conocidos.

Encantado, él la informaba, omitiendo la visita de Naruto.

—Que sepas, my love, que este año vendrá Gerard Butler.

—¡Noooooooo...! —gritó Hanabi.

Yessssss! —aulló Dei.

—Adoro a Gerard Butler.

—Lo sé, my love..., lo sé.

Tema, que estaba mirando una carpeta que se había llevado de la reunión en Cadillac, miró a su amigo cuando éste dijo:

—¡Y que sepas también que a nuestra Tema le están saliendo ofertas de empleo en Los Ángeles muy interesantes!

—¡¿Qué?! —preguntó Hanabi sorprendida.

Ella lo miró boquiabierta. Pero ¿qué le estaba contando?

—Lo que oyes, my queen. ¡Hoy ha ido a las oficinas de Cadillac y...!

No pudo continuar, puesto que ella le arrancó el teléfono de la mano.

—Hanabi, soy Tema. Sí, hoy he ido a las oficinas generales de Cadillac porque quieren hacer una página web nueva, pero sólo me dan diez días para presentarles el proyecto... ¿Qué pretenden que haga con tan poco tiempo?

Hanabi sonrió y, con seguridad, indicó:

—Pues ni más ni menos que tu magia.

Tema le pasó entonces de nuevo el teléfono a Dei y dijo, para que su amiga la oyera:

—Adiós, Hanabi. Tengo que hacer magia.

Minutos después, cuando él colgó, miró a la joven, que continuaba con sus papeles, y cuchicheó, consciente de lo que decía:

—No le has preguntado por Mariliendre.

Levantando la vista, Tema murmuró:

—¿Para qué?

Dei suspiró. Era un romántico, y la visita del policía, que no habían vuelto a comentar, le había hecho creer que entre ellos podría surgir algo, por lo que, dando un trago al Manhattan que tenía sobre la mesita, susurró:

—Es que es tan mono y tan sexy...

Tema le quitó la copa y dio un traguito.

—Naruto no es para mí —lo cortó, mientras se la devolvía—. Y te aseguro que a mí me duele más que a nadie, pero debo ser realista. Él nunca querrá nada serio conmigo porque busca el típico polvo de una noche y poco más.

—Pero, queen..., él...

—¡No! Ni se te ocurra comentarlo.

Dei se abanicó con la mano. Imaginarse a aquel adonis de cuerpo apolíneo haciendo semejante acto era, como poco, ¡impresionante!, y murmuró:

—Creo que...

—No, Dei. No es no.

Él resopló. Cuando su amiga se ponía imposible, no había manera de razonar con ella y, mirándola, dijo:

—Vale. No hablaré de mi adonis preferido, pero creo que ha llegado el momento de hacerte un radical change.

—Joder..., que no. A ver si te das cuenta de una vez de que yo no soy una estrellita de Hollywood. Soy una tía normal y corriente que vive en un pueblo, ¡sin más! Soy una informática que hace páginas web, y para mi trabajo no necesito estar despampanante.

Dei suspiró y, consciente de por qué quería hacer aquello, insistió:

—Adoro a Mariliendre, pero quiero que cuando regrese para mi cumpleaños vea lo que se ha perdido.

—¡Otra vez con lo mismo!

—Ese tipo, por mucho que yo lo adore, se merece un «¡No!» tuyo muy grande.

Tema no pudo evitar sonreír.

—Vamos a ver, Dei...

Él se levantó.

Darling..., lo que veo es a una preciosa chica que no se saca partido. Y, si tú me dejas, con tiempo puedo hacer de ti una diosa of the Olympus.

—No te pases —dijo ella riendo.

Dei sonrió retirándose el flequillo de la cara y afirmó:

Sorry, lady..., soy estilista, así que no me subestimes. You are una diosa del Olimpo.

Tema resopló divertida.

Tanto él como Sakura, como la propia Hanabi, siempre le decían lo mismo, que tenía que sacarse partido. Y, dándose por fin por vencida, murmuró:

—De acuerdo...

Oh, my God! —chilló aquél—. ¡Eso es marvellous! —Y, cogiendo su teléfono, informó—: Llamaré a Chipens para que se ocupe de tu pelo, y...

No pudo decir más. Tema le quitó el teléfono y repuso:

—Eso tendrá que esperar. Primero debo presentar un proyecto. Porque si, por suerte, me sale este trabajo, sin duda me quedaré un tiempecito más por aquí.

Dei asintió y, recuperando su teléfono, afirmó:

OK. Pero, si no te importa, voy a ir pidiendo cita, que contigo tenemos trabajito.

Cuando se alejó, Tema maldijo. Pero ¿por qué habría dicho que sí?

No obstante, sin querer pensar más en ello, ni en Naruto, volvió a sumergirse en los papeles que tenía frente a sí y que podían suponer la firma de un buen contrato.

.

.

.

Una hora después, cuando Dei regresó a su lado con dos Manhattan, comentó:

—Solucionado, darling. Ya he cogido todas las citas necesarias para ti.

Ella asintió e, ignorándolo, exclamó:

—¡Diez días! ¿Cómo voy a presentarles un proyecto así en tan poco tiempo?

Sentándose a su lado, Dei se quitó la pamela que llevaba para que el sol le diera de lleno en el rostro y respondió:

—Ais, darling, pues haciendo esa magia que sólo you sabes hacer frente a un ordenador.

Tema lo miró.

—¡Otro! —soltó. Se estaba cansando de oír aquello de la magia—. Dei, que yo diseñe páginas web no quiere decir que sea ¡maga!

Su amigo sonrió. Él era un negado hasta para encender su portátil; agarró la invitación que Miranda le había dado para la gala benéfica y comentó:

—Te ayudará que esa woman divine te vea en esa gala. He llamado a Sasori, nos pasará a recoger a las siete e iremos los tres.

Tema resopló. Cuando había hecho la maleta sólo había metido cuatro cosas en ella.

—No sé qué voy a ponerme —replicó.

—Vayamos de shopping.

—¡Ni loca! Tengo que hacer el proyecto —protestó.

Pero Dei no se dio por vencido.

—Vamos a ver, ¿cuál es el problem?

Tema no respondió y, cogiendo la carpeta que su amiga miraba, él insistió:

—Ir a esa gala podría darte ideas para la web page, ¿no crees? —Ella seguía sin decir nada, y Dei continuó—: Vamos a ver, my love, ¿qué dijo Miranda que quería?

Menchu recordó lo que había hablado con la mujer y respondió:

—Dijo que quería una página dinámica, creativa, original y que aportara un valor diferencial de la empresa.

Durante un buen rato, Dei la dejó hablar del tema mientras ella iba anotando en un cuaderno que tenía sobre las piernas lo que se le iba ocurriendo. Cuando acabó y lo miró, él dijo:

—Pues ahí lo tienes. ¡Solucionado, queen! Y ahora vayamos a tomar un cóctel a Vanití y después iremos a ver a Chipens... You need un arreglito.