Capítulo 35

La gala que organizaba Cadillac con el fin de recaudar fondos para la investigación de tipos de cáncer poco frecuentes era todo un acontecimiento en Los Ángeles.
Mientras entraba junto a su chico en el bonito edificio donde se celebraba el evento, Dei miró a Tema y cuchicheó:

—¡Estás divine!

La joven sonrió.

Se había pasado horas en el salón de belleza de Chipens, donde le habían hecho un alisado japonés.

El nerviosismo de Tema era tangible. Todavía no sabía qué hacía allí, rodeada de tanto glamur.

—¿En serio no estoy ridícula? —preguntó.

Sasori, que la había oído, afirmó:

—Estás preciosa, Tema.

—Recuerda: aquí soy Temari, no Tema —corrigió ella con profesionalidad.

—Oh ..., ¡es verdad! Pues, Temari, estás divine —rectificó Sasori.

Ella asintió. Preciosa o no, su pelo largo había sufrido cambios y, cuando iba a decir algo, Dei añadió:

—Sin duda, con ese nuevo estilo de cabello y ese majestuoso vestido de Donna Karan causarás sensación.

Ella sonrió. Nunca había causado sensación en nadie. Ella no era ese tipo de mujer.

Pero cuando un par de hombres pasaron por su lado y se volvieron para mirarla, Dei exclamó feliz:

—¡Ahí lo tienes! Vamos por el buen camino.

Tema rio divertida. Ese simple gesto por parte de aquéllos le aportó seguridad y, junto a sus dos amigos, se dirigió a una mesa, donde se acreditaron y les entregaron unas tarjetitas que les indicaban el número de mesa en la que cenarían.

—Nos toca en la mesa 52 —indicó Sasori.

—¡Perfecto! —dijo Tema.

Oh, my God..., allí esta George Clooney —cuchicheó Dei—. Qué bien le sienta el traje de Ralph Laurent... ¿Estará en la misma mesa que nosotros?

—Lo dudo —se mofó Sasori.

Dei asintió. Cuando no iba a esa clase de eventos con su prima, la grandísima estrella de Hollywood Noelia Sakura Haruno Ponce, no lo sentaban a las mismas mesas que cuando ella lo acompañaba.

—¡Qué triste! —murmuró.

Los tres miraron entonces a su derecha, donde el famosísimo actor y su mujer charlaban cordialmente con un grupo de gente, y Dei, que era un gurú de la moda, añadió:

—¡El Carolina Herrera que lleva su mujer es divine!

Sasori y Tema sonrieron, y el primero, dirigiéndose a su chico, repuso:

—Disculpa, cariño, pero para guapo y divine estás tú con tu increíble traje de Tom Ford.

Encantado, Dei le sonrió al amor de su vida, y en ese momento un camarero se acercó hasta ellos y cogieron unas copas de champán. Estaban bebiéndolas cuando se encontraron con varios amigos de la pareja, a quienes enseguida presentaron a Tema.

Durante un rato hablaron y disfrutaron del evento antes de pasar a la cena en un salón colindante, hasta que de pronto Tema oyó:

—Tu mirada sigue siendo triste, Temari, la de los ojos verdes azulados.

Se dio la vuelta deprisa.

Aquel tipo. Su cara. Sus palabras. Su sonrisa.

Y entonces se acordó. Era el mexicano que había conocido una madrugada en la fiesta a la que había ido con Hanabi en Madrid, pero, por más que intentaba recordar su nombre, no lo lograba. Finalmente, sonrió y lo saludó, intentando disimular.

—Hombreeeee..., qué alegría verte.

Dei y Sasori la miraron boquiabiertos.

Pero ¿qué hacía?

Shisui, encantado y sorprendido de haberse encontrado con ella donde menos lo esperaba, preguntó:

—Temari, pero ¿qué haces tú por aquí? Cuando te he visto, no me lo podía creer.

La mente de la joven funcionaba a toda velocidad. ¿Cómo se llamaba? ¿Cómo se llamaba aquél?

Él recordaba su nombre y, sintiéndose fatal por no recordarlo ella, respondió:

—Ya ves... Pues..., aquí, con unos amigos. ¿Y tú? ¿Qué haces tú aquí?

—Vivo en Los Ángeles.

—¿En serio? —preguntó ella boquiabierta.

Divertido por cómo lo miraba, Shisui asintió y, acercándose a ella, le dio dos besos en las mejillas. Luego, intuyendo lo que rondaba por su cabeza, dijo:

—Mi nombre era Shisui Uchiha..., y, esta vez, por favor, no lo olvides.

Al verse pillada, Tema resopló y cuchicheó, mirándolo avergonzada:

—Como ves, además de llevar lentillas para poder ver, ahora voy a tener que tomar pastillitas como las abuelas para no olvidar los nombres.

Shisui soltó una risotada y ella añadió, gesticulando:

—Perdón..., perdón..., pero en este instante no recordaba tu nombre.

Él asintió divertido. Aquélla volvía a ser la chica chispeante y nada artificial que había conocido aquella noche en Madrid y con la que tan cómodo había estado hablando durante media hora en aquella azotea.

Muchas habían sido las veces que había pensado en intentar localizarla, y ahora, sin esperárselo, estaba allí, ¡frente a él!

Gustoso, la contempló de arriba abajo. Estaba preciosa con aquel vestido azulón y, mirándole el pelo, preguntó:

—¿Qué le ha pasado a tu cabello?

Tema, que había pasado la tarde en el salón de belleza de Chipens, se encogió de hombros y se mofó:

—Alisado japonés, ¡renovarse o morir!

Él sonrió de nuevo.

—Luces bien linda. Enhorabuena por tu elección.

Tema rio encantada y, volviéndose hacia Dei y Sasori, que estaban a su lado, dijo:

—Chicos, os presento a Shisui Uchiha.

Sasori y Dei se miraron llenos de incredulidad. Shisui Uchiha era un prestigiosísimo y aclamado productor y director de cine con una increíble fama de antipático, pero, en cambio, allí estaba, sonriendo como un tonto delante de ellos y, lo mejor, ¡Tema lo conocía!

Ambos se apresuraron a saludarlo, y Dei dijo:

—Encantado, señor Uchiha.

—Shisui, por favor —insistió aquél.

Él sonrió y, tras soltar su mano, añadió:

—Un placer. Déjame decirte que mi prima es la divinísima Noelia Sakura Haruno Ponce, que trabajó contigo.

—¡No me digas! —exclamó Shisui. Dei asintió encantado, y él agregó—: Justo hoy he hablado con ella y me ha dicho que estaba en España. He quedado en verla cuando regrese a Los Ángeles para hablar de un proyecto.

Dei sonrió. Que el cineasta quisiera ver a Sakura era, como poco, muy bueno. Ya habían trabajado juntos en dos películas de éxito. Pero, cuando iba a añadir algo, Sasori lo cogió del brazo y dijo:

—Os dejamos. Vamos a saludar a unos amigos.

Dei miró a su chico y, antes de que pudiera abrir la boca, Sasori musitó, dirigiéndose a Tema:

—Temari..., estaremos allí.

Ella, divertida al ver cómo Dei gesticulaba mientras se alejaban, le cuchicheó al guapo mexicano:

—Creo que has impresionado a mi amigo.

Shisui sonrió. Su presencia solía impresionar a todo el mundo.

La joven clavó entonces sus bonitos ojos verdes azulados en él y preguntó:

—¿En serio has hablado con Sakura hoy?

—Totalmente en serio. —Y, de nuevo, preguntó sorprendido—: ¿Tú conoces a Sakura?

Ella asintió encogiéndose de hombros.

—Somos superamigas, y se puede decir que yo estoy aquí gracias a ella.

Sin entender a qué se refería, Shisui la agarró del brazo y, dispuesto a saber más de ella y de por qué conocía a Sakura, indicó:

—Ven, vayamos a por otra copa y me cuentas.

Boquiabierto, Dei observaba a Tema.

—¡Pellízcame! —dijo, mirando a su chico.

—¡¿Qué?!

—¡Pellízcame, my love, para saber que estoy despierto!

Divertido, Sasori lo hizo, y aquél añadió:

Oh, my God... Estoy despierto y mi desastrito está con el wonderful Shisui Uchiha.

—Sí, cariño —afirmó Sasori.

Dei, que seguía sin dar crédito a lo que veía, musitó:

—Guionista, productor y director con nueve Oscar en su haber.

—Eso dicen, cariño —asintió Sasori.

Dei no le quitaba ojo a su amiga.

—Por el amor de Diorrrr, ¿desde cuándo conoce Tema a that machote y por qué yo no lo sabía?

Sasori suspiró. A pesar de llevar una vida glamurosa y de codearse todos los días con actores, Dei seguía sorprendiéndose por muchas cosas. Y, mirando a Tema, que en ese instante gesticulaba poniéndose bizca mientras el mexicano no paraba de reír, respondió:

—Sinceramente, amor, creo que Tema no tiene ni idea de con quién está hablando, porque, si lo supiera, te aseguro que no se comportaría así.

No muy lejos de ellos, ella contaba tan tranquila:

—... y desde entonces, la famosísima Sakura es mi amiga, y te aseguro que el hecho de que ella entrara en mi vida ha sido una de las mejores cosas que me han pasado.

Boquiabierto por la historia que Tema le había contado con respecto al modo en que se conocieron, Shisui señaló:

—Conocí al marido de Sakura en una fiesta que se celebraba en Bel-Air. Me pareció un tipo muy agradable, pero algo reservado.

—Sasuke es un amor de hombre que adora a Sakura, pero no le gusta aparecer en la prensa. Más que nada, por su trabajo.

Él asintió.

—Si mal no recuerdo, era policía, ¿verdad?

Ella sonrió. Sabía lo que Sasuke, Naruto y el resto responderían ante esa pregunta, y dijo:

—Pertenece al grupo de élite de la Policía Nacional Española. Los GEOS son un referente mundial y están especializados en intervenciones de alto riesgo.

—Vaya..., hablas con orgullo de ellos —señaló Shisui sonriendo.

Tema asintió. Para ella siempre había sido un orgullo conocer a muchos de aquellos «héroes».

—Sin duda, son un orgullo para mí, como para vosotros son los SWAT, ¿verdad?

Shisui cogió entonces dos copas de una bandeja de un camarero que pasaba y musitó:

—¿Qué te parece si me cuentas por qué estás aquí?

—¿En la gala o en Los Ángeles?

—Ambas cosas.

Tema asió la copa que él le tendía y, dando un trago, pensó qué responder.

—Pues estoy en la gala porque he de presentar un proyecto de página web a Cadillac y, cuando me invitaron, decidí venir con mis amigos para ver si se me ocurría algo original para incluir en ese proyecto.

—¿Diseñas páginas web?

—Sí. Me dedico a ello. Tengo mi propia empresa, chiquitita, pero yo soy mi jefa.

—¡Qué interesante! —afirmó él.

Tema asintió y prosiguió:

—Y estoy en Los Ángeles porque he venido a pasar un tiempo con mis amigos.

—¿Un tiempo?

Ella asintió de nuevo y, evitando contarle su propio drama, indicó:

—No sé si será un mes o dos o tres. El caso es que estoy aquí.

Shisui no quiso preguntar más para no ser indiscreto.

En ese momento, Miranda Withman, la directiva de Cadillac, se acercó a ellos y los saludó:

—Shisui, qué alegría ver que has aceptado la invitación.

El aludido dio dos besos a la mujer y respondió:

—Miranda, te dije que si podía vendría, y aquí me tienes.

—¡Qué maravilla! —afirmó ella feliz.

Ambos sonreían cuando Miranda se sorprendió al ver a Tema.

—Por supuesto, es un placer ver que tú también has venido.

La joven sonrió. Estaba claro que la mujer no se acordaba de su nombre.

—El placer es mío, señora Withman —murmuró.

Miranda, encantada, tras cruzar varias frases más con ellos, informó antes de marcharse:

—Va a dar comienzo la cena.

Cuando desapareció, Shisui aseguró, dirigiéndose a Tema:

—Si tu trabajo es bueno, te aseguro que el empleo es tuyo.

Boquiabierta, iba a hablar cuando él añadió:

—Miranda me debe muchos favores.

Sin saber qué contestar, ella pestañeó y musitó:

—No... no pretendo que...

—Tranquila —repuso él—. Yo no voy a decir nada, pero que te haya visto conmigo es un gran punto a tu favor. Sin embargo, si eso te incomoda, puedo decirle que...

—No..., no..., claro que no me incomoda —se apresuró a contestar Tema, pensando en su negocio.

Una vez aclarado ese punto, buscó a sus amigos con la mirada y, echando un vistazo al papelito que les habían dado cuando se habían acreditado al entrar y que aún tenía en las manos, preguntó:

—¿En qué mesa te ha tocado?

Shisui abrió la tarjetita que llevaba.

—En la mesa 36. ¿Y a ti?

—En la 52.

Al cineasta no le hizo mucha ilusión oír eso. Le habría gustado sentarse con ella durante la cena para charlar más, pero indicó resignado:

—Espero que, después de la cena, me reserves algún baile.

—¡Y diez si quieres! No conozco a nadie aquí —se mofó Tema.

Con una sonrisa en los labios, Shisui la acompañó hasta el lugar donde estaban Sasori y Dei y, cogiéndole la mano, se la besó con galantería.

—Recuerda, Temari, la de los ojos verdes azulados, al menos me debes diez bailes.

Cuando dio media vuelta y se marchó, Tema miró a sus amigos, y Dei preguntó con sorna:

—Vaya..., vaya..., ¡Temari!

—Sí —afirmó Tema feliz.

Sasori y Dei intercambiaron una mirada, y luego este último dijo con disimulo:

—¿Con éste también eres Khaleesi en la intimidad?

Al oírlo, ella soltó una carcajada, y Sasori se mofó:

—¿Temari, la de los ojos verdes azulados?

—Eso dice Shisui. ¡Qué tonto es! —exclamó ella riendo.

A cada instante más sorprendido, Dei la miró.

—Pero ¿tú sabes quién es ese «tonto», my queen?

Tema observó cómo se alejaba Shisui y llegaba hasta la mesa con el número 36, y al ver que se sentaba con George Clooney y su mujer, que hablaban con Steven Spielberg tan tranquilos, murmuró sorprendida:

—Pues... pues..., Shisui..., un mexicano muy agradable y que, por lo que veo, está relacionado con el mundo del cine.

Dei y Sasori se miraron. Sin duda la joven no tenía ni idea.

—Por el amor de my life, de your life y de la life de todos los que estamos aquí... —susurró Dei.

Al oírlo decir eso con tanta parafernalia, Tema lo miró sorprendida, y él añadió:

—Ese adonis es... ¡Shisui Uchiha!

—Lo sé. Te lo acabo de presentar.

Sasori sonrió. Estaba más que claro que Tema no tenía ni idea y, acercándose a ella, le preguntó:

—¿Y de qué lo conoces?

Dei tomó asiento en la mesa 52 y, mientras sus amigos se sentaban también, respondió:

—Lo conocí en Madrid. Fui a una fiesta con Hanabi y...

Oh-my-God! ¿En serio no sabes quién es?

Ver a su amigo tan impresionado alarmó a Tema y, tras mirar al mexicano, que hablaba animadamente con otro hombre trajeado, preguntó:

—Por Dios, Dei, me estás asustando. ¿Quién es?

El aludido suspiró y, sin poder callar un segundo más, dijo:

—Shisui Uchiha. Hijo de la hipermegaactriz de Hollywood Susan McDough y el interesante filósofo mexicano Kagami Uchiha. Archirreconocido director de cine con nueve Oscar en su haber. También productor y guionista. Y, por si eso no te ha impresionado, te diré que es además uno de los cineastas norteamericanos más famosos de la industria mundial.

Tema volvió a mirar a Shisui, y Dei prosiguió:

—Viudo, sin hijos, las mujeres de medio mundo se lo rifan. Ah..., y también dueño de una de las mayores colecciones de coches de lujo que hay in the world.

Boquiabierta, Tema parpadeó. Ahora entendía que la tal Miranda quisiera agradarle.

Shisui le había parecido un tipo normal, por lo que balbuceó:

—No... no tenía ni idea.

Sasori y Dei se miraron, y el primero afirmó:

—Lo que yo decía.

La joven seguía sin dar crédito cuando, de pronto, Dei dijo:

—Uisss, ¡que viene! ¡Que viene!

Tema miró hacia donde su amigo señalaba.

Aquel hombre de apariencia tan normal caminaba hacia ella, y la joven no supo qué hacer. Se había amilanado al saber ahora toda aquella información sobre él, la acobardaba en cierto modo; pero éste, retirando la silla que había a su lado, declaró con una candorosa sonrisa:

—Solucionado. Me siento contigo.

Tema asintió y, con cierta dificultad, murmuró estupefacta:

—Pero en la mesa 36 están George Clooney y Steven Spielberg.

Sin dejarla terminar, Shisui sonrió. Por el modo en que ella lo miraba, intuyó que ya le habían dicho quién era, y afirmó:

—Exacto, pero no estás tú, y me pareces mucho más interesante que ellos.

Boquiabierta, la joven miró con cierto disimulo hacia Dei, que murmuró tan sorprendido como ella:

—Oh-my-God!

Minutos después dio comienzo la cena.