Capítulo 36
Tema estaba confundida. ¿Cómo un hombre tan popular y poderoso como él había preferido sentarse con ella antes que con otra gente influyente?
Estaba mirando el primer plato sin dar crédito cuando Shisui, acercándose a ella, dijo:
—No te dejes impresionar por lo que te han contado sobre mí. Hace menos de media hora me has explicado que, cuando conociste a Sakura Haruno, te sorprendió por su naturalidad y su humanidad, y yo te pediría que siguieras mirándome con los mismos ojos con los que me conociste, no con los que me miras ahora.
Tema levantó la vista hacia él. Aquellas palabras y la sinceridad que vio en sus ojos la hicieron sonreír.
—¿Por qué no me dijiste quién eras y a qué te dedicabas? —cuchicheó.
Shisui dio un trago a su bebida y respondió:
—Tú tampoco me dijiste a qué te dedicabas ni quién eras. Sólo somos dos personas que se conocieron en una azotea y tuvieron una agradable charla y, por suerte, luego se reencontraron.
La joven asintió, cuando él prosiguió:
—No suelo ir diciendo a todo el mundo quién soy, Temari.
—Pero...
—Si algo me llamó la atención de ti fue que no lo sabías y eras natural. Estoy tan acostumbrado a que la gente no lo sea conmigo que me encanta cuando alguien lo es,
¡y simplemente lo disfruto!
—Y yo pidiéndote ese día que me soplaras en el ojo... —se mofó la joven al recordarlo.
Shisui sonrió.
—Lo creas o no —afirmó—, a mí también se me meten cosas en los ojos. Incluso en ocasiones me constipo, y si tomo algo en mal estado suele sentarme mal.
Tema rio. Oírlo a él era como oír a Sakura cuando le decía cuánto cambiaba la gente tan pronto como sabía quién era en realidad, y con sorna preguntó:
—¿En serio te constipas?
Shisui soltó una carcajada. Aquélla era la Temari que deseaba conocer, y afirmó:
—Tanto, que la última vez pasé una semana en cama e incluso tuvieron que pincharme.
—Vaya...
—Ni que decir tiene que, cuando me recuperé, ordené liquidar a todo aquel que había osado pincharme en el trasero.
Ella asintió divertida. Le encantaba su sentido del humor, y estaba mirándolo cuando Shisui le pidió:
—Por favor, sé mi amiga y sigue siendo tú. Sólo te pido eso.
Hechizada, Tema asintió. No sabía dónde se estaba metiendo, sólo sabía que aquel hombre le daba buenas vibraciones, y cuchicheó:
—Que sepas que ahora que sé quién eres, no quiero sólo diez bailes. ¡Quiero al menos veintiséis! Y más desde que me he enterado de que eres el caramelito de las mujeres.
Shisui rio satisfecho y afirmó:
—Serán todos tuyos.
A partir de ese instante, Tema y Shisui se incorporaron a la conversación del resto de la gente de la mesa. Además de ellos y Sasori y Dei, había un par de médicos, un reportero gráfico que no les quitaba ojo, una modelo con su novio y un par de cocineros de renombre.
Todos estaban encantados con el particular compañero de mesa que les había tocado, y todos lo observaban con devoción, cosa que no le pasó desapercibida a Tema.
Después de la cena, tras una charla por parte de los organizadores de la gala, todos los comensales pasaron a un salón colindante, donde una banda de música swing amenizaba la velada.
Tema, que tomaba algo junto a Sasori y Dei, observaba cómo Shisui charlaba al fondo del salón con Julia Roberts y su marido.
—Te apuesto lo que quieras a que Julia aparece en su próximo project —dijo Dei de pronto.
Sasori sonrió.
—Antes ha dicho que tenía una cita con Sakura cuando regresara a Los Ángeles.
Al recordar aquello, Dei sonrió y, llevándose la mano al cuello, cuchicheó:
—Julia y Sakura juntas en un filme... ¡Oh, my God, qué duelo de queens!
Tema asintió, sin duda sería estupendo, y exclamó:
—¡Un bombazo!
Dei aplaudió feliz:
—¡Taquillazo..., taquillazo!
Cinco minutos después, Shisui regresó junto a ella. Ambos se miraron cuando la banda comenzó a tocar Summer Wind, de Frank Sinatra, y el cineasta, parándose frente a Tema, le tendió la mano y preguntó:
—¿Me concede este baile, señorita?
La joven sonrió y, tras mirar a Dei, le guiñó el ojo y, cogiendo la mano de aquél, salieron a la pista y comenzaron a bailar.
Estaban en silencio cuando Shisui comentó:
—Un poco antigua, la canción, pero es agradable de bailar.
Ella asintió.
—A mí me encanta la música viejuna.
—¡¿Viejuna?! —Shisui rio.
Ella volvió a asentir y, al ver cómo la miraba, aclaró:
—No lo digo despectivamente, ¡Dios me libre!, sólo me refiero a que es música de otra época, que no todo el mundo sabe valorar.
—En eso estamos de acuerdo —afirmó él.
—Hoy por hoy, la gente no suele escuchar a Sinatra, pero a mí me gusta. Es más —añadió—, en casa tengo un par de CD suyos que compré el mismo día que...
Al decir eso, su mente dio un vuelco. Naruto. No quería pensar en él, no debía, pero Shisui, al ver su expresión, preguntó:
—¿El mismo día que compraste qué?
Maldiciendo para sus adentros por haber pensado en ello, Tema respondió:
—Un CD de Eric Benét.
—¡Eric! —exclamó él sonriendo—. ¡Qué gran tipo! ¿Lo conoces?
Tema negó con la cabeza. Pero ¿cómo iba a conocerlo ella?
—Es muy amigo mío —explicó él—. Cuando quieras, te lo presento. Por cierto, actúa dentro de tres semanas en un local muy chic de Los Ángeles para los amigos.
—¡Qué bueno!
—¿Te apetece venir conmigo? Te lo puedo presentar si quieres.
Ella parpadeó. ¿Iba a conocer a Eric Benét?
No sabía qué decir. Sólo podía pensar en Naruto, a él le encantaría conocerlo, y entonces Shisui insistió:
—¿Qué me dices? ¿Te animas?
Volviendo a la realidad, Tema miró a aquel que la contemplaba con una sonrisa en los labios y, recordando algo, dijo:
—Tengo diez días para presentar mi proyecto a Cadillac...
—¡¿Diez días?! —preguntó él sorprendido.
Tema asintió.
—Si quiero conseguir ese contrato y dejarte en buen lugar por ser tu amiga, voy a tener que emplearme a fondo.
Shisui asintió. Sabía lo que era el esfuerzo en su trabajo, e indicó:
—Lucha por ese contrato, y por el concierto no te preocupes: ya habrás acabado y presentado el proyecto para la fecha.
De pronto, varios flashes a su alrededor hicieron que Tema cerrara los ojos. Era lo que tenía estar rodeada de tanto famoso.
—De acuerdo —aceptó—. Me encantará ir a ese concierto.
Shisui sonrió.
—Ya verás lo bueno que es Eric en directo. ¡Es colosal!
Ella asintió, no lo dudaba ni por un segundo.
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Esa noche, cuando llegó el momento de despedirse, Shisui se resistía.
Era estupendo estar con aquella muchacha. Llevaba tiempo sin poder estar con alguien tan bien, sin poder charlar o reír con tanta naturalidad, y cuando Sasori y Deidara se acercaron a ellos para buscar a la joven, él dijo mirándola:
—Esta vez sí que nos daremos los números de celular. Ya no estamos tan lejos.
Tema sonrió y, cogiendo el teléfono que él le tendía, marcó su número y, una vez que hubo cortado la comunicación, informó:
—Ya tienes el mío y yo el tuyo.
Shisui asintió y, sin apartar los ojos de ella, comentó:
—¿Sabes? No pensaba venir a esta gala, pero me alegro mucho de haberlo hecho.
A continuación, le cogió la mano, le besó los nudillos y añadió:
—Temari de los ojos verdes azulados, ha sido un placer reencontrarme contigo.
—Lo mismo digo —afirmó Tema, hechizada por su caballerosidad. A pesar del deseo que veía en su mirada, no se había propasado lo más mínimo con ella en toda la noche.
Tras darles la mano a Sasori y a Dei, Shisui volvió a mirarla y señaló antes de marcharse.
—Te llamaré en unos días. ¡Suerte con el proyecto!
Ella asintió y, tras guiñarle un ojo, él dio media vuelta y se alejó. Se montó en un Ferrari F430 rojo y se marchó. Dei, que observaba el rostro de su amiga, se le acercó con disimulo y cuchicheó:
—Coge las bragas del suelo..., o te caerás al andar.
Su comentario la hizo reír y, boquiabierta, lo miró y exclamó, al más puro estilo Dei:
—Oh, my God! ¡Qué ordinariez!
